sábado, 28 de enero de 2017

AHORA MADURO SE CREE SUPERMAN


Como no le era suficiente hablar con el alma del Comandante Eterno Hugo Chávez encarnada en un pajarito, ahora el presidente Maduro también se cree Superman y quiere llevar a Venezuela volando hacia una superdictadura.

EL PAÍS MÁS CORRUPTO DE LATINOAMÉRICA

Al presidente Nicolás Maduro no parece preocuparle demasiado que Venezuela sea el país con la mayor inflación del mundo -estimada en 1.660% para este año- ni que los venezolanos carezcan de alimentos, medicamentos y otros insumos básicos, como plástico para tarjetas electrónicas o envases de gaseosas, sólo se preocupa por su continuidad en el poder.

Recientemente, ha afirmado: “Yo lo se todo. Soy como Superman: veo entre las paredes”. Es evidente que los superpoderes que dice tener Maduro no le han servido para ver e impedir la corrupción generalizada que impera en Venezuela.

Hace unos días, la prestigiosa ONG Transparencia Internacional calificó a Venezuela, por segundo año consecutivo, como el Estado más corrupto de América Latina y uno de los diez países más corruptos del mundo. Según el “Índice de Percepción de la Corrupción 2016”.

EL DILEMA DE LA OPOSICIÓN

También la democracia está seriamente cuestionada en Venezuela. La oposición reunida en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) ha decidido, ante la falta de avances concretos, abandonar la instancia de diálogo patrocinada, desde octubre de 2016, por el Vaticano y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).

Aunque todavía los dirigentes opositores no parecen haber encontrado un plan de acción eficaz para forzar al gobierno chavista a fijar una fecha para los comicios regionales que están demorados desde fines del año pasado.

El gobierno tiene control absoluto del Consejo Nacional Electoral (CNE) y ha logrado que esta instancia judicial demore sin justificaciones el establecimiento de una fecha concreta para la implementación de los comicios que, constitucionalmente, deberían haberse realizado en octubre de 2016.

Pero, fue precisamente el 18 de octubre de 2016, que la presidente del CNE, la oficialista Tibisay Lucena, anunció la realización de las elecciones para gobernadores y alcaldes en el 1° y 2° semestres de 2017, respectivamente.

No obstante, hasta el momento no ha llevado a cabo ninguna de las resoluciones y tareas necesarias para cumplir con ese impreciso calendario electoral.

En opinión de Luis Emilio Rondón, el único rector del CNE perteneciente a la oposición, se estaría agotando el tiempo mínimo.

La oposición está convencida de que el gobierno se niega a realizar las elecciones porque seguramente sería derrotado en las urnas.

EL CAMINO A LA DICTADURA

Mientras tanto, el gobierno de Nicolás Maduro refuerza su estructura de control y represión.
En diciembre último, Maduro sorpresivamente anunció que los billetes de cien bolívares -que constituían más del 60% del dinero circulante- dejarían de tener valor y debían ser canjeados en tan sólo 72 horas por billetes nuevos de mayor denominación. Con esa escusa Maduro cerró las fronteras con Colombia y Brasil. El problema fue que los nuevos billetes no estaban disponibles para el canje. La medida desató fuertes protestas y el gobierno debió dar marcha atrás y prorrogar el plazo de vigencia de los billetes de cien bolívares hasta que se pudiera concretar el canje.

Luego, Maduro anunció la implementación de una tarjeta electrónica de racionamiento que denominó “Carnet de la Patria”. Este nuevo documento tendrá múltiples funciones, y cada venezolano deberá inscribirse para obtener la suya. El Carnet de la Patria será necesario para adquirir cualquiera de los beneficios sociales que otorga el gobierno chavista a través de las llamadas “misiones”, desde los bolsones de comida que los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) distribuyen domiciliariamente a precio subsidiado a quince millones de venezolanos, hasta las viviendas construidas por el Estado, pasando por las prestaciones médicas más esenciales.

La oposición teme que la nueva tarjeta de racionamiento otorgue al gobierno un instrumento sin precedentes en el control de la población, mientras que otros observadores juzgan que potenciará aún más la economía clandestina en Venezuela.

Estas medidas económicas tuvieron también su contraparte en el plano político. Maduro designó al polémico abogado Tareck Al Aissami como vicepresidente de Venezuela. Al Aissami es un hombre con vinculaciones con las FARC, que tiene la confianza de los gobiernos de Cuba e Irán. Además, otras informaciones los consignan como uno de los líderes del Cartel de los Soles, que controla las redes de narcotráfico en el país caribeño.
Este es el dirigente al cual, además, Maduro le encomendó la conducción del “Comando Especial Antigolpe” un organismo recientemente creado para hostigar a los dirigentes opositores.

INDIFERENCIA GLOBAL

Todo este proceso tiene un solo propósito, la instauración de un gobierno de facto en Venezuela. Prácticamente todos los días Maduro toma alguna medida en ese sentido. Curiosamente, el mundo en general y los países latinoamericanos en particular, aceptan esta situación con gran indiferencia.

La opinión pública internacional está tan pendiente de las insólitas -y peligrosas- medidas que está adoptando el presidente Donald Trump, en el comando de la única potencia global del planeta, que presta poca atención a lo que sucede en Venezuela. No puede sorprendernos entonces que Maduro se crea Superman y sienta que puede hacer lo que desee en su país sin que nadie se lo impida. Quizá no sea su culpa. Quizá sea oportuno recordar la conocida frase de Edmund Burke, que resulta muy adecuada en este caso, Para que el mal triunfe, solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada.”