sábado, 18 de noviembre de 2017

MURIÓ TOTÓ RIINA, PADRINO DE LA MAFIA SICILIANA



Salvatore “Totó” Riina, capo de tutti i capi de la mafia siciliana y jefe de la “cosca” de los cornoleonesi, murió en la cárcel donde pasó más de treinta de sus ochenta y siete años.


“Uno jamás deja de ser sacerdote, ni tampoco mafioso”
Giovanni Falcone

El capo mafioso murió en la cárcel donde purgaba, desde 1993, trece condenas a cadena perpetua. Hasta su último momento se mantuvo fiel a las reglas del mundo en que había vivido y matado, sin arrepentirse de nada, cumpliendo con la “omerta”, la ley del silencio y afirmando desafiante: “Nunca podrán conmigo, aunque me condenen a tres mil años de cárcel”.

Totó Riina, conocido entre los mafiosos sicilianos como “u Cortú” -el bajo o petiso en dialecto siciliano, porque tan sólo medía 1,58 metros) o “La Bestia” por su ferocidad. 

Aunque nadie se refería a él por esos apodos en su presencia. Sólo unos pocos antiguos amigos podían tomarse la licencia de llamarlo “tío Totó”, para el resto de los mortales era “Don Riina” o el señor Riina. Nadie se tomaba libertades con un hombre que había asesinado con sus propias manos al menos a cuarenta personas y ordenado la muerte de un par de centenares más.

Totó Riina nació en 1930 en el pequeño pueblo siciliano de Corleone. Un lugar que inmortalizó el libro de Mario Puzzo, “El Padrino” y luego popularizó la trilogía fílmica de Francis Ford Coppola.

Creció como un “balicha” en tiempos del fascismo. Su infancia duró poco, en 1943, cuando los Aliados desembarcaban en su Isla, murieron su padre y su hermano mayor, mientras desarmaban una bomba de aviación para reciclar y vender el explosivo. Los Riina vivían de esa riesgosa actividad en esos duros años de la guerra.

A los trece años se convirtió en jefe de familia. En la Italia de la posguerra, Sicilia vivía de la ayuda estadounidense, el mercado negro, el bandidaje y, por supuesto, de los negocios de la mafia.

El joven Totó no tenía mucho donde elegir: la pobreza absoluta, emigrar o convertirse en mafioso. Eligió esto último y a los 18 años, realizó su juramento de fidelidad y se convirtió en un “hombre de honor” de la “cosca”, la familia o clan de los corleonesi. Para ganar su puesto debió matar y seguiría matando o mandando matar por el resto de su vida.

Al poco tiempo, en 1959, es detenido por primera vez por matar a otro mafioso en un tiroteo. Lo condenan a seis años de cárcel por homicidio. Riina cumplió su condena sin abrir la boca, después de todo, la cárcel es tan sólo “un accidente de trabajo” para un mafioso.

En 1958, Totó Riina y su amigo Bernardo “El tractor” Provenzano tomaron parte en el asesinato del jefe de los corleonesi, “Nuestro Padre” Michele Navarra.

Los jóvenes “soldados” seguían las órdenes de un nuevo y despiadado “capodecina”, Luciano Leggio, de tan sólo 33 años. El nuevo capo, luego de hacerse con el control del clan comenzó a incrementar el poder de los corleonesi dentro de la mafia siciliana.

En la década de 1950, Corleone era un pequeño y pobre pueblo siciliano, por lo tanto, los corleonesi no eran demasiado importantes dentro de la mafia siciliana, compuesta por un centenar de “coscas” o clanes distintos, la mitad de ellos pertenecientes a la ciudad de Palermo.

Más ricos y con mayor influencia política, los mafiosos palermitanos se referían despectivamente a los corleonesi como “i diddani” (los campesinos). Pero pronto cambiaría eso.

A comienzos de la década de 1960, Leggio y sus lugartenientes Riina y Provenzano había logrado eliminar a todos los partidarios de Navarra y controlaban el clan. Literalmente cazaron a decenas de mafiosos rivales asesinándolos donde los hallaban. La guerra entre los corleonesi ensangrentó las calles del pequeño pueblo e incluso continuo en Palermo.

Riina y sus socios debieron ocultarse para sobrevivir. Así, Totó comenzó lo que sería el resto de su vida. Deberá vivir en la clandestinidad o en la cárcel. Tendrá riqueza y poder, pero no podrá disfrutar muchos de ella ni llevar una vida pública.

El “don” mafioso Michele Cavataio desató una feroz guerra contra el resto de los clanes mafiosos para controlar totalmente la mafia siciliana. La gente de Cavataio detonó un coche bomba para asesinar a Salvatore “Ciaschideddu” Greco, jefe de la poderosa familia de Ciaculli. El atentado se cobró además la vida de siete servidores de la ley.

Poco después, Riina y Leggio son arrestados y juzgados, en 1969, por el asesinato de los partidarios de Navarra ocurridos unos años antes. Los mafiosos intimidaron a los jueces y testigos convirtiendo el juicio en una gran farsa. Resultaron absueltos.

No obstante, debieron pasar inmediatamente a la clandestinidad para sobrevivir. El 10 de diciembre de 1969, asesinaron a Cavataio en la “Matanza de Viale Lazio”. Riina pasará los siguientes 23 años ocultándose por este crimen y el resto de su vida en la cárcel.

En 1974 finalmente Luciano Leggio es detenido, juzgado y condenado por el asesinato de Michele Navarra cometido dieciséis años antes. Aunque Leggio siguió teniendo gran influencia en el clan entre rejas, Riina se convirtió en el auténtico líder de los corleonesi.

Ese mismo año, Salvatore Riina se casó con su novia Ninetta Bagarella, hermana de su amigo y asociado Leoluca Bagarella. De esta unión nacerán cuatro hijos dos varones y dos mujeres. Los hijos de Totó seguirán con la tradición familiar serán mafiosos y terminarán sus días en la cárcel.

Durante la década de 1970, mientras se incrementaba el consumo de drogas en Europa y los Estados Unidos, Sicilia se convirtió en un territorio de tránsito en las rutas del narcotráfico y en albergue de los grandes laboratorios de refinamiento de la heroína que proviene de Turquía a través de los Balcanes.

El tráfico de drogas y sus inmensas ganancias estaban transformando el equilibrio de poder dentro de la mafia relegando a segundo plano otras actividades hasta entonces tradicionales: la prostitución, el juego clandestino, la extorsión, la usura, el reciclado de la basura o los negocios con la obra pública.

Toto Riina era un individuo casi analfabeto, pero sumamente astuto capaz de obrar con la mayor violencia y no sentir el menor remordimiento. Cuando pensó que la familia de Ninetta se oponía a su matrimonio con la joven habría dicho: “No quiero a ninguna otra mujer que no sea Ninetta, y si ellos (su familia) no me dejan casarme con ella, tendré que matar a algunos”. Inmediatamente, los Bagarella entendieron el mensaje. Totó hablaba de manera susurrante y era un padre y esposo devoto.

Cuando decidió tomar el control del mercado de drogas en Italia lo hizo de la única manera que sabía, declarando la guerra al resto de las familias mafiosas rivales y a los funcionarios del gobierno.

A finales de la década de 1970, Totó Riina organizó el asesinato de mafiosos rivales, jueces, fiscales e incluso oficiales de los Carabinieri.

Curiosamente la responsabilidad por estos crímenes recayó muchas veces sobre los rivales de Riina. Los padrinos de las otras familias mafiosas solían ser personalidades públicas que gozaban de prestigio y reconocimiento en sus comunidades, tenían gran influencia política. Solían apoyarse en los alcaldes y codearse con jueces y otras personalidades públicas, empleando sobornos y tráfico de influencias dejando la violencia para casos extremos.

Mientras que Riina y el resto de los corleonesi eran individuos marginales, brutales, viviendo siempre en la clandestinidad, ocultos incluso del resto de los mafiosos.

Por lo tanto, cuando asesinaban a un policía o a un funcionario judicial nadie los conocía ni pensaba en ellos. Todas las sospechas apuntaban inmediatamente sobre los mafiosos por todos conocidos. Especialmente, porque los corleonesi se cuidaban de desviar las sospechas sobre ellos cometiendo sus crímenes cuando sus víctimas se encontraban el territorio de sus rivales.

Riina envió a sus sicarios a dar caza a los jefes mafiosos rivales pertenecientes a las otras familias de Palermo. El 23 de abril de 1981, cae ametrallado Stefano Bontade. Cuando aún no se había apagado la conmoción provocada por este asesinato, el 11 de mayo, las balas de los corleonesi terminan con la vida del capo Salvatore Inzerillo.

Pero la muerte de los capos no detiene la sangrienta guerra. Sus “capodecina” y sus soldados son perseguidos y aniquilados sin piedad. Inclusos los familiares de sus enemigos caen acribillados o desaparecen sin dejar ningún rastro como castigo y para evitar que busquen venganza. Incluso el hijo de quince años de Inzerillo, que comete la imprudencia de jurar venganza en el entierro de su padre, es asesinado sin piedad. Sólo Gaetano Badalamenti logra escapar a este trágico final y es porque huye de Sicilia.

Durante los siguientes dos años las calles sicilianas continúan siendo un campo de batalla. El 30 de noviembre de 1982, por ejemplo, doce mafiosos son asesinados en Palermo en doce ataques distintos. Para algunos mafiosos no hay lugar posible donde puedan ocultarse. El hermano de Inzerillo es asesinado en Nueva Jersey donde había huido en busca de refugio. Totó no deja enemigos tras de sí que puedan volver para buscar revancha.

Las autoridades italianas están alarmadas por la guerra abierta entre los clanes mafiosos sicilianos y deciden intervenir. El general de los Carabinieri Carlo Alberto Dalla Chiesa, el héroe que logró desarticular y someter a la justicia a los terroristas de las temibles Brigatte Rose, es designado prefecto de Palermo.

Pero la mafia siciliana es una institución ancestral con profundas raíces en la sociedad de Sicilia, nada parecido a un grupo de intelectuales y estudiantes de izquierda con vocación por la lucha armada. En Sicilia la violencia tiene otra dimensión y otros recursos.

El 3 de septiembre de 1982, solo seis meses después de su llegada a la isla, el general Dalla Chiesa, su joven y bella esposa y uno de sus custodios caen bajo las balas de la mafia en una emboscada cuidadosamente planificada.

El asesino de Dalla Chiesa es Pino Greco, el sicario de más confianza de Riina. Un diestro tirador con su fusil AK 47. A “El Zapato”, como curiosamente se conoce a Greco en el círculo de la mafia, se le adjudican ochenta asesinatos ordenados por Totó Riina entre ellos las muertes de Bontade e Inzerillo.

Pronto la guerra mafiosa abierta comienza a diezmar las filas de la mafia siciliana. Entre 1981 y 1982 murieron asesinadas nada menos que mil personas y doscientas desaparecieron sin dejar rastros: hombres de honor, parientes y amigos, policías y ocasionales transeúntes inocentes. Se les disparaba en la vía pública, frente a su familiares y amigos, o se los llevaba a escondites secretos donde eran salvajemente torturados y finalmente estrangulados. Los cuerpos se disolvían en ácido, se enterraban en hormigón, eran arrojados al mar o cuidadosamente destazados se los daban como alimento a los cerdos. Muchas personas desaparecieron sin dejar el menor rastro.

Filippo Marchese, por ejemplo, un sicario al servicio de Totó Riina, se hizo famoso por poseer un pequeño departamento en Palermo que llamaba “La habitación de la muerte”. Allí torturaba a sus infortunadas víctimas, luego las estrangulaba con sus propias manos y hacia que sus secuaces se deshicieran de los cadáveres.

Al igual que hizo Joseph Stalin en la URSS, Totó Riina no dejaba cabos sueltos. Con frecuencia pactaba con sus rivales para luego asesinarlos cuando dejaban de ser útiles y se creían a salvo. Ni siquiera sus hombres de confianza estaban a salvo de su desconfianza o su fría ira. Al igual que Stalin que primero uso a los hombres de la NKVD para sus sangrientas purgas y luego purgó sin piedad al servicio secreto comenzando por sus jefes. En 1983, Totó juzgó que Marchese sabía demasiado o había dejado de ser útil y ordenó a Greco que lo asesine. Tres años más tarde le llegó el turno a Greco, fue el propio capo quien le disparó cuando sospecho que se estaba volviendo demasiado ambicioso.

Entre las víctimas de las matanzas estaban dos hijos, un hermano, un sobrino, un cuñado y un yerno de un “hombre de honor” muy bien relacionado, Tommaso Bucetta. La prensa pronto lo denominó “El capo de dos mundos” debido a que operaba a ambos lados del Atlántico. Cuando los corleonesi lanzaron su ataque, ninguno de sus mundos siguió siendo seguro para él. Bucetta fue detenido en el Brasil. Tras ser extraditado a Italia intentó suicidarse ingiriendo la pastilla de estricnina que siempre llevaba para evitar ser torturado si era capturado con vida. Pero sobrevivió. Después de recuperarse comenzó a revelar al juez de instrucción Giovanni Falcone todo lo mucho que sabía de la mafia.

Había aparecido el primer “pentiti”, el primer arrepentido que rompía la omerta y hablaba de lo que nunca se debería hablar. Con el tiempo otros seguirían su ejemplo y unos 500 mafiosos brindarían su testimonio permitiendo asentar duros golpes al mundo criminal siciliano.

Junto con su estrecho colaborador Paolo Borsellino, Falcone verificó cuidadosamente sus testimonios y reunió 8.607 fojas de evidencias que integrarían el alegato fiscal del famoso “macro juicio” celebrado en un palacio de Justicia especialmente construido en Palermo, una especie de búnker a prueba de bombas.

El 16 de diciembre de 1987, después de un proceso de veintidós meses, el juez del macro juicio declaró culpable a 342 mafiosos, a los que condenó a un total de 2.665 años de cárcel.

En enero de 1992, el Tribunal de Casación confirmó las sentencias. Riina fue sentenciado a cadena perpetua por asesinato, pero debido a que seguía con paradero desconocido la condena fue dictada “in absentia”.

La sentencia rompió el pacto de impunidad entre los políticos de la Democracia Cristiana y la mafia siciliana y pronto comenzaron a caer las primeras víctimas. El primer muerto significativo fue Salvo Lima, asesinado el 12 de marzo de 1992, era el enlace entre la mafia siciliana y los políticos democristianos y había cometido el error de prometer que se anularía la sentencia del macro juicio.

El 23 de mayo de 1992, un joven sicario llamado Giovanni lo Scannacristiani Brusca -que luego se convertiría en pentiti- detonó una carga de cuatrocientos kilogramos de explosivos ocultos en una cañería de desagüe bajo un corto tramo de la autopista situado justo antes del desvío a la pequeña población de Capaci.

La explosión destruyó al convoy de tres automóviles que conducía al juez antimafia Giovanni Falcone. La detonación se llevó la vida del magistrado, de su esposa -también jueza de instrucción- y de tres miembros de su custodia.

Menos de dos meses después de la muerte de Falcone, la incredulidad y la indignación recorrieron una vez más toda Italia cuando el 19 de julio, Paolo Borsellino y cinco miembros de su custodia fueron asesinados con un coche bomba detonado frente a la casa de su madre. Ambos ataques fueron ordenados y planificados por Riina.

El capo mafioso siciliano cometió el mismo error de apreciación que el colombiano Pablo Escobar Gaviria, pensar que podía intimidar al Estado y sobrevivir sin protección política.

Los asesinatos de los magistrados antimafia conmocionaron a toda Italia y forzaron a las autoridades a tomar drásticas medidas. Se movilizaron siete mil soldados a la isla para relevar a la policía local. Se cambiaron las autoridades judiciales y políticas locales y Riina perdió la red de protección que lo cubría.

De pronto el hombre invisible a la ley apareció públicamente. Un pentiti, Balduccio di Maggio, brindó la información necesaria para la detención de “u Curtú”. El 15 de enero de 1993, cuatro hombres se abalanzaron tanto sobre él y su chofer en un semáforo de la “Piazza Einstein”. Riina que estaba desarmado y portaba documentación falsa, no ofreció ninguna resistencia, en un principio mostró claros signos de temor, que sólo se disiparon cuando entendió que era detenido por los Carabinieri, entonces fingió ser otra persona y aseguró que todo se trataba de un error. Al día siguiente de su detención, su mentor y padrino, Luciano Leggio, murió de un infarto en la cárcel. Una era había terminado.

El capo era un fugitivo de la justicia desde finales de la década de 1960. En aquel tiempo se había casado, había tomado su luna de miel en Venecia, había tenido hijos que inscribió en la escuela con su nombre real, había recibido tratamiento médico para la diabetes y había ejercido un férreo control sobre la vasta organización criminal. Incluso la lujosa villa con aire acondicionado en la que Riina y su familia habían pasado los últimos cinco años antes de su detención, estaba nada menos que en Uditore, la misma mafiosissima borgata que había sido sede de la cosca de Antonio Giammona allá en la década de 1870. ¿Cómo era posible que Riina hubiera logrado evitar su captura durante tanto tiempo?

A pesar de haber sido condenado ya por dos cadenas perpetuas. Riina fue nuevamente juzgado por más de cien asesinatos, incluso los ordenados contra Falcone y Borsellino. En 1998, Riina es sentenciado a una nueva cadena perpetua por el asesinato de Salvo Lima. En total reunió 26 condenas a cadena perpetua. Se le expropiaron 225 millones de dólares, que seguramente eran tan sólo una pequeña parte del botín que acumuló en su larga carrera criminal. También expropiaron la lujosa villa en que vivía donde hoy funciona el Istituto Professionale di Stato per l´Agricoltura de Corleone.

Tras su detención, el manejo de los asuntos diarios de la mafia siciliana pasó a manos de su cuñado y antiguo asociado Leoluca Bagarella y después de la detención de este a Salvatore El Tractor Provenzano.

Sus dos hijos varones, Giovanni y Giuseppe, siguieron los pasos de su padre y también terminaron encarcelados. En noviembre de 2001, con tan sólo 24 años, Giovanni es recluido de por vida por cuatro asesinatos cometidos en 1995. El 31 de diciembre de 2004, el hijo menor Giuseppe Riina, es también condenado a catorce años por varios crímenes.

Riina fue internado en un penal de máxima seguridad en Milán bajo el régimen del artículo 14 bis, el más duro del régimen penitenciario italiano. No se le permitía leer diarios ni mirar televisión. Además, sus visitas no podían acercarse a menos de un metro de distancia, debían verlo a través de un vidrio, no podían tocarlo, abrazarlo o darle un beso. Todas sus visitas eran videograbadas. A pesar de ello las autoridades creen que seguía enviando órdenes desde la cárcel y manejando ciertos asuntos de la mafia.

Después de 24 años en la cárcel y debido a su avanzada edad su salud fue deteriorándose. A los 87 años padecía de tumores cancerígenos en ambos riñones, serios problemas cardíacos, diabetes y mal de Parkinson. Pasó sus últimos días en un sector secreto de la Clínica Universitaria de Parma. Su celda – habitación estaba prácticamente lindada y era de 25 metros cuadrados, y cumpliendo con el régimen especial no podía contener nada, salvo materiales sanitarios. Solo veinte miembros del personal sanitario y agentes de seguridad tenían acceso al lugar.

Pasó los últimos cinco días en estado de coma hasta fallecer el jueves 16 de noviembre a los 87 años, una edad avanzada para un mafioso siciliano que tuvo el privilegio de morir en una cama aun cuando fuera la de una celda penitenciaria.





jueves, 16 de noviembre de 2017

LA CASA DE PIEDRA VIVE UN GOLPE DE ESTADO




Los militares de Zimbabue, la ex República de Rhodesia, decidieron poner fin a casi cuatro décadas de la dictadura de Robert Mugabe, el jefe de Estado más longevo del mundo con 93 años, y uno de los mandatarios más corruptos.

UN PAÍS EN CRISIS

Tras meses de puja por la sucesión de Robert Mugabe la situación se resolvió a través de un golpe de Estado militar.

Zimbabue, nombre que en dialecto shona significa: “casa de piedra”, fue conocido en un tiempo como el granero de África del Sur. Hoy pese a sus grandes riquezas naturales, es uno de los países más pobres del mundo, donde sus dieciséis millones de habitantes se enfrentan a una tasa de desempleo del 90% y el 21,4% (3,53 millones de personas) deben sobrevivir con menos de dos dólares diarios.

Con una inflación que según cifras oficiales ronda el 160.000% el papel moneda virtualmente ha desaparecido. Los billetes se han transformado en “compromisos de pago” que llevan impresa la fecha en que caduca su valor, unos pocos meses después de su emisión.

Ante la ausencia de papel moneda y la incertidumbre en los pagos de los salarios estatales, tal como suele acontecer en estos casos, opera en base a divisas (dólares o euros). Incluso el sistema bancario limita las extracciones de circulante al equivalente a veinte dólares diarios.

En 2010, Zimbabue se situó en el último ligar del Índice de Desarrollo Humano elaborado por la ONU. En 2016, ha mejorado sustancialmente ubicándose en el puesto 154 entre 188 naciones.

Conocida como Rhodesia del Sur y luego como República de Rhodesia -en honor al colonizador británico Cecil Rhodes-, el 18 de abril de 1984, luego de independizarse del Reino Unido, tomó su nombre actual de República de Zimbabue e inmediatamente cayó bajo el control de Robert Mugabe.

ROBERT MUGABE

Robert Gabriel Mugabe nació en 1924 en una aldea próxima a la misión jesuita de Kutama al noroeste de la ciudad de Harare. Era el cuarto de seis hermanos de los cuales llegaron a la edad adulta tan sólo cuatro niños.

Criado por los jesuitas, mostró desde temprana edad una gran capacidad intelectual. A los diecisiete años se graduó de “profesor de enseñanza elemental” en la Escuela Misional Empandeni. Después de trabajar como educador durante unos años, en 1948 viajó a Sudáfrica para perfeccionar sus estudios. En 1951 obtuvo una licenciatura en Letras de las prestigiosa Universidad de Fort Hare, la misma institución donde estudió Nelson Mandela.

Más tarde cursó estudios de Economía en la Universidad de Londres sin graduarse. Pero, más tarde, mientras cumplía una sentencia de cárcel de diez años por sus actividades independentistas, se graduó como abogado a través de un curso de educación a distancia dictado por la Universidad de Londres.

En 1963, cuando ejercía la Secretaría General del ilegal partido “Unión Nacional Africana de Zimbabue” (ZANU) fue detenido y condenado a diez años de cárcel.

Al ser liberado en 1973, se refugió en Mozambique. Recuperó su cargo de Secretario General y radicalizó sus posiciones pasando a la lucha armada contra el régimen dictatorial blanco de Ian Smith que aplicaba una estricta política de apartheid.

Mugabe creo para ello el “brazo armado” del ZANU, denominado “Ejército de Liberación Nacional Africano (ZANLA)” que contó con asistencia militar de la República Popular China y de Corea del Norte.

Mugabe pronto fue conocido como un aguerrido líder guerrillero, un ex preso político muy radicalizado, pero también como un destacado intelectual y un devoto cristiano.

En diciembre de 1979, cuando finalmente fue depuesto el régimen blanco de apartheid y se celebraron elecciones libres el partido de Mugabe, el “Unión Nacional Africana de Zimbabue – Frente Popular” (ZANU-PF), obtuvo 57 de los 80 escaños del Parlamento y el antiguo maestro se convirtió en Primer Ministro. Mugabe había llegado al poder en Zimbabue y no se apartaría de él por los siguientes 37 años.

En un principio, Mugabe mostró un gran pragmatismo y racionalidad como gobernante. Inicialmente buscó establecer buenas relaciones con la minoría blanca que conservaba gran parte del poder real. Un quinto de los escaños del Parlamento, el control del sistema financiero y bancario, el 40% de las tierras además de los conocimientos técnicos y profesionales necesarios para garantizar el funcionamiento del país.

Entre 1981 y 1984, Zimbabue vivió una cruenta guerra civil entre las étnicas shonas y ndebeles. Mugabe y el ZANU-FP tomaron partido por los shonas. Mientras que el ex ministro del Interior, Joshua Nkomo y el partido ZAPU por los ndebeles.

El conflicto étnico, como suele ocurrir en todas las guerras civiles, y especialmente en África, fue particularmente cruento y pronto derivó en sangrientas matanzas de “limpieza étnica”.

Mugabe fue finalmente el más fuerte, y los militares shonas los más crueles. Se Estima que el conflicto en Zimbabue produjo entre 10.000 y 30.000 víctimas civiles, en su gran mayoría campesinos ndebeles.

La guerra finalizó totalmente recién el 22 de diciembre de 1987 con la rendición de Nkomo y la disolución de ZAPU. El 31 de diciembre de 1987, después de una reforma constitucional y de pacificar el país, Mugabe acumuló un inmenso poder. Dejó su cargo de Primer Ministro para transformarse en presidente.

Fueron tiempos de prosperidad, Zimbabue se transformó en uno de los mayores productores agrícolas de África, tanto de cereales como de tabaco, del que el país se convirtió en gran exportador.

Mugabe combatió decididamente el analfabetismo hasta reducirlos en un diez por ciento y consiguió un importante crecimiento económico.

En 1990, renunció al modelo marxista de partido único, aunque cambiando el sistema presidencialista por otro presidencialista que incrementó notablemente sus facultades como gobernante. Mugabe se convirtió en una celebridad en los foros internacionales, en especial, en la Unión Africana y el Movimiento de Países No Alineados.

Pero, como no hay prosperidad que dure para siempre, a finales de los años noventa, la economía de Zimbabue comenzó a decaer.

En 1998, una decisión económica desacertada precipitó la tragedia. Una reforma agraria expropió el 32% de las tierras agrícolas hasta entonces en manos de la minoría blanca y las puso en manos de productores minifundistas negros.

Los pequeños campesinos carecían de conocimientos técnicos, capital y manejo de los circuitos de comercialización internacionales. La producción agrícola se derrumbó y el país pasó de exportador a vivir en una economía de subsistencia.

Para colmo de males, tanto los Estados Unidos como la Unión Europea aplicaron sanciones económicas en represalia por las expropiaciones a sus nacionales y sus empresas.

Mugabe siguió ganando elecciones cada vez más fraudulentas mientras el país se precipitaba al abismo. La esperanza de vida descendió hasta los 36 años, la mortalidad infantil en los primeros diez años de vida se incrementó a 650 muertos cada mil niños. El analfabetismo comenzó a crecer aceleradamente cuando el gobierno terminó con la enseñanza gratuita.

Mugabe apeló a precios máximo y a perseguir a los empresarios para contener a la inflación, la misma receta que aplicó su amigo Nicolás Maduro, para intentar contener el desborde hiperinflacionario. El resultado en Zimbabue fue el mismo que en Venezuela: un total fracaso, provocó emisión monetaria desbordada, desabastecimiento, mercado negro, fuga de capitales y de mano de obras calificada.

Mientras la economía se deterioraba a pasos acelerados, Mugabe se hacía cada vez más anciano e impopular. Se casó con su secretaria, una ex taquígrafa sudafricana 41 años menor que él, amante de los lujos y los viajes de placer por Asia.

El pueblo no tardó el bautizarla “Gucci Grace”. La primera dama comenzó a acumular lujosas mansiones, autos de alta gama y joyas mientras el país se debatía en la pobreza y el hambre.

La pareja presidencial no se privó de organizar fastuosas celebraciones. En 2015, por ejemplo, cuando Mugabe celebró sus 91 años, realizó un gran festín para 22.000 invitados que demandó sacrificar, entre otros animales, a dos elefantes y dos búfalos para alimentar a los comensales.

LOS SOCIOS INTERNACIONALES

Como era de esperarse el descrédito de Robert Mugabe en el ámbito internacional era total. Sólo China, Corea del Norte, Venezuela y el Movimiento de Países No alineados lo apoyaban.

Mugabe siempre gozó de excelentes relaciones con Beijín que desde el año 2000 ha invertido en al menos 120 proyectos en Zimbabue. Este país y Tanzania son los principales compradores de armamento chino y receptores de entrenamiento militar.

Las compañías chinas también están comprometidas activamente en inversiones en las áreas de telecomunicaciones, educación, construcción, irrigación y electricidad.

Beijín también financió y construyó, con un costo de cien millones de dólares, la primera academia militar del país denominada Colegio de Defensa Nacional de Zimbabue y el centro comercial Longcheng Plaza, en Harare, con una inversión de doscientos millones de dólares.

En 2015, la empresa estatal Corporación de Construcción de Energía de China, firmó un acuerdo por 1.200 millones de dólares para expandir la Central Termoeléctrica de Hwange, la mayor planta generadora de electricidad de Zimbabue. Empresas chinas también suscribieron tres contratos para desarrollar energía solar.

Beijín también acordó invertir otros 46 millones de dólares en un nuevo edificio para el Parlamento en Harare, otros cinco millones en un centro de computación para la Universidad de Zimbabue.

Los chinos también acordaron enviar su personal sanitario para atender las necesidades del país y recibir estudiantes de medicina zimbabuenses.

En 2016, el presidente Xi Jinping anunció que su país incrementaría las donaciones de fondos de inversión directa en Zimbabue a cuatro mil millones de dólares en los siguientes tres años.

Por otra parte, un hecho insólito ilustra del aislamiento internacional que sufre el régimen de Mugabe. Hace unos meses, el nuevo director de la Organización Mundial de la Salud -OMS-, el etíope Tedros Adhnom Ghebreyesus, primer africano en dirigir esta entidad decidió designar a Mugabe como “embajador de buena voluntad” de esta organización internacional.

La noticia desató inmediatamente un clamor de rechazo de una designación que parecía una burla dado el historial de violaciones a los derechos humanos de Mugabe y la situación sanitaria imperante en Zimbabue. Tedros debió anular la designación.

EL GOLPE DE ESTADO

El evidente deterioro en la salud de Robert Mugabe dada su avanzada edad -por ejemplo, su costumbre de quedarse dormido durante el desarrollo de las ceremonias oficiales y reuniones de gabinete desataron una sórdida lucha por su sucesión. No obstante, el nonagenario presidente anunció que se presentaría para su octava reelección en 2018.

Por un lado, se situó la primera dama Grace Mugabe rodeada de un núcleo de jóvenes dirigentes, de entre 40 y 50 años, conocida como “Generación 40”, que pretende el relevo de los dirigentes históricos de la Unión Nacional Africana de Zimbabue – Frente Patriótico que condujeron los años de lucha por la independencia.

El líder de los dirigentes históricos es el vicepresidente Emmerson Mnangagwa, de 75 años, quien cuenta con el respaldo del Ejército.

El pasado 6 de noviembre, Mugabe pateó el tablero al destituir a Mnangagwa -quien recientemente había sobrevivido a un intento de envenenamiento, acusándolo de “deslealtad y escasa honradez en la ejecución de deberes”. Mnangagwa se refugió en la vecina Sudáfrica.

El miércoles 15, en horas de la madrugada llegó la réplica de los militares.

Las calles de Harare, la capital de Zimbabue, amanecieron en medio de un gran despliegue de vehículos blindados. Los militares, liderados por el jefe de las Fuerzas Armadas, general Constantine Chiwenga, tomaron el control del país.

Después de tomar el control de la emisora estatal, el mayor general Sibusiso Moyo anunció que no se trataba de un golpe de Estado, sino que las Fuerzas Armadas “Sólo estamos buscando a los criminales que están alrededor (del presidente) que están cometiendo delitos que están causando un sufrimiento social y económico al país para llevarlos ante la justicia” […] “Tan pronto como cumplamos nuestra misión, esperamos que la situación vuelva a la normalidad.”

Los militares recluyeron al presidente Robert Mugabe en el complejo “Casa Azul de Harare” bajo arresto domiciliario. Algunos de sus funcionarios más cercanos fueron detenidos, entre ellos el ministro de Finanzas, Ignatius Chombo, el titular de Educación Superior, Jonathan Moyo y el de Gobierno Local, Obras Públicas, Vivienda y Comercia, Saviour Kasukuwere.

Luego del golpe la actividad en las calles de la capital mantiene cierta normalidad en medio de mar de especulaciones sobre la suerte del presidente, su esposa y las principales figuras del régimen.

Distintas personalidades intentan mediar entre el presidente y los militares. Mientras tanto Robert Mugabe insiste en negarse a renunciar y completar su mandato al menos hasta 2018.

El presidente sudafricano, Jacob Zuma, en su calidad de presidente de la Comunidad para el Desarrollo de África Meridional (SADAC, según sus siglas en inglés) ha convocado a una reunión urgente de la organización regional en Botsuana para analizar la crisis.

Otra versión habla de formación de un gobierno de coalición provisorio, encabezado por el ex vicepresidente Emmerson Mnangagwa y en alianza con otros partidos políticos zimbabuenses como el Movimiento por el Cambio Democrático, liderado por Morgan Tsvangirai. El líder opositor que derrotó a Mugabe en la primera ronda electoral de 2008. Tsvangirai regresó a Zimbabue tras dos meses de tratamiento oncológico en Sudáfrica. Su Secretario General, Douglas Mwonzora, ya ha demostrado su disposición a entrar en un gobierno de transición.

Por la escasa popularidad de Mugabe y la prudente actitud de los militares anunciando su intención de normalizar a la brevedad la institucionalidad, ni los partidos políticos ni representantes de la sociedad civil han condenado el golpe de Estado.

REACCIONES INTERNACIONALES

Tampoco ha habido reacciones adversas desde el extranjero. China, que como hemos visto tiene grandes intereses económicos y políticos en el país, parece haber estado al tanto de los acontecimientos. El general Chiwenga estuvo manteniendo reuniones de alto nivel con funcionarios del ministerio de Defensa chino la semana pasada y posiblemente haya anticipado sus planes a los anfitriones.

El periódico oficial del Partido Comunista de China, “Global Times”, afirmó en editorial el jueves que “el incidente del miércoles (en Zimbabue) no afectará los lazos bilaterales”.

Sólo la Unión Africana, presidida en la actualidad por el mandatario guineano Alpha Conde, ha afirmado que “nunca aceptará el golpe de Estado militar” y ha demandado el retorno al orden constitucional.

Tanto los Estados Unidos, la Unión Europea y la mayoría de los países africanos han preferido “desensillar hasta que acabe” y se decante la situación en Harare.






domingo, 12 de noviembre de 2017

LA HORA DE LOS POLÍTICOS ANTISISTEMA



En Brasil, la aparición de un candidato presidencial que debe su lugar en las encuestas -se ubica segundo en las preferencias electorales- a un discurso de odio, antisistema y políticamente incorrecto lleva a los politólogos a preguntarse que provoca la creciente popularidad de este tipo de dirigentes.

Jair Bonsonaro, un ex capitán de paracaidistas de 62 años es diputado federal desde 1991. Después de ganar siete elecciones consecutivas como diputado, sumando veinticinco años como legislador, período en que presentó pocos proyectos de ley y no logró que fuera aprobado ninguno, ahora se presenta como candidato presidencial con grandes posibilidades de triunfar, si finalmente Luis Inacio “Lula” da Silva termina siendo inhabilitado y obligado a cumplir una condena de siete años de cárcel que tiene pendiente.

Bonsonaro carece de un programa político, pero en sus frecuentes presentaciones públicas, en entrevistas periodísticas, o en sus intervenciones a través de las redes sociales no duda en mostrarse como un nacionalista xenófobo y autoritario, un racista homofóbico, misógino y partidario de la mano dura contra el delito.

Jair Bonsonaro parece odiar y despreciar a todo el mundo: a los izquierdistas, a los gay y lesbianas, a los inmigrantes, a los negros, a los indígenas, al Movimiento de Campesinos Sin Tierra, etc.

Se propone terminar con la delincuencia distribuyendo un arma en cada casa del Brasil, imponiendo la pena de muerte, reduciendo la edad de imputabilidad y hasta aplicando la tortura para hacer confesar a los presuntos criminales.

Por muy bizarro que parezca este discurso político ha calado profundamente en la baja clase media muy afectada por la delincuencia y de ideas ultraconservadoras.

No es extraño que Bonsonaro, después de migrar por varios partidos políticos brasileños, haya recalado en el Partido Social Cristiano dirigido por pastores evangélicos.

Si bien, Bonsonaro hoy carece de una estructura partidaria a nivel nacional para impulsar su candidatura, no debe menospreciarse el poder de las iglesias evangélicas para orientar el voto de sus feligreses.

También es muy probable que, si Bonsonaro finalmente se perfila como un candidato con reales posibilidades de triunfar en las elecciones presidenciales de 2018, algunos políticos brasileños comenzaran a rodearlo y a apoyar sus aspiraciones.

El fenómeno Bonsonaro lleva a los politólogos a interrogarse acerca de los factores que hacen que en los últimos tiempos adquieran protagonismo expresiones políticas de este tipo.

Resulta evidente que las crisis económicas o los mega escándalos de corrupción, como el “Mani Pulite” en Italia, en “Lava Jato” en Brasil o el “caso Odebrecht” en diversos países latinoamericanos suelen llevar a renovaciones sustanciales dentro de la clase política de los países que los padecen.

Estos suelen ser los escenarios políticos ideales para que afloren nuevos actores políticos, en muchos casos con un provocador discurso marcadamente antisistema e incluso políticamente incorrecto.

Suele tratarse de outsiders con capacidad para desarrollar una nueva forma de hacer política.

En muchos casos consiste en políticos hasta entonces marginales o de figuras populares en otros ámbitos, personas exitosas en el deporte, el espectáculo o el mundo de los negocios.

Estos personajes suelen aprovechar su celebridad y la imagen de éxito que proyectan para abrirse camino en el campo político.

Quizás el precursor de este tipo de políticos fue el ingeniero peruano Alberto Fujimori. Recordemos que en sus comienzos era tan solo rector de la Universidad Nacional Agraria y luego, Presidente de la Asamblea Nacional de Rectores, que hacía campaña recorriendo el país en un tractor.

Este insólito candidato logró ingresar en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del Perú, en 1990, con tan sólo el 20% de los votos, para finalmente derrotar al escritor Mario Vargas Llosa hasta entonces el triunfador de la primera ronda y favorito en las encuestas.

Luego vendrían otros candidatos similares. El empresario tabacalero Horacio Carles en Paraguay, el también empresario Pedro Pablo Kuczynski en Perú y hasta Lenin Moreno en Ecuador, otro empresario devenido en presidente.

Tampoco faltaron otros empresarios que primero buscaron popularidad a través de los medios de comunicación, los realities televisivos y el mundo del deporte. En esta lista se sitúan Silvio Berlusconi, Donald Trump y Mauricio Macri.

Estos “neopolíticos” que terminan triunfando sobre los políticos profesionales de corte tradicional suelen ser hombres carismáticos, que dominan las técnicas de la comunicación televisiva, saben cómo conducirse frente a una cámara o en una entrevista periodística, comprenden la importancia de las redes sociales y saben como aprovecharlas.

Son hábiles para organizar equipos y administrar organizaciones, pero suelen carecer de preparación política.

La clave de su éxito suele radicar en que son diferentes de los políticos que están.

Suelen carecer de una clara orientación ideológica. Intuitivos y pragmáticos suelen despreciar los planteos ideológicos o programáticos. Se manejan en función de estrictos cálculos de costo – beneficio. No se aferran a ideas, a planes preestablecidos o personas.

Si deben retroceder, cambiar de idea o desprenderse en un estrecho y fiel colaborador que está siendo cuestionado por la opinión pública no dudan un instante en hacerlo.


No son ni buenos, ni malos, son los estadistas que las redes sociales y las nuevas tecnologías de la información y la imagen del siglo XXI han generado. 

sábado, 11 de noviembre de 2017

¿CUÁL ES EL PRECIO DE LA PAZ EN COLOMBIA?




Aunque faltan seis meses largos para que los colombianos elijan a su nuevo presidente, todo el país debate encendidamente por la participación de las FARC en las elecciones.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia son una organización narcoterrorista y sus crímenes no lo borran ni un tratado de paz ni un cosmético cambio de denominación (por Fuerza Alternativa Revolucionario del Común) para transformarse en un partido político democrático.

Porque no puede haber una auténtica democracia sin justicia.

El presidente Juan Manuel Santos no suscribió un tratado de paz con un movimiento de liberación nacional sino un acuerdo de impunidad con un cartel de narcotraficantes.

El Secretariado de las FARC acumula 56 sentencias en las cuales los jueces colombianos los han condenado a 1.629 años de cárcel, es decir, más de dieciséis siglos tras las rejas.

Esas sentencias, al menos las de público conocimiento, incluyen 184 asesinatos, 129 lesiones graves, 198 secuestros, más de 827.000 millones de pesos colombianos en multas para resarcir a las víctimas y cubrir los incontables daños a la infraestructura y los inmuebles particulares ocasionados por los insurgentes en ataques a tomas de poblados.

Según la Policía Nacional de Colombia, las FARC son responsables por la muerte de al menos dos mil personas y la desaparición forzada de otras cinco mil personas. Pero muy probablemente el número de víctimas provocado durante décadas por el accionar de esta letal organización narcoguerrillera sea muy superior.

Para el gobierno de los Estados Unidos las FARC son una organización terrorista desde 1997. En 2002 la justicia estadounidense levantó los primeros cargos contra esta organización por narcotráfico. Según el FBI, unos cien estadounidenses fueron secuestrados por las FARC y 13 de ellos asesinados, tan sólo entre 1980 y 2003.

La Drug Enforcement Administration (DEA) considera que las FARC producen y distribuyen el sesenta por ciento de la cocaína que se consume en el mundo.

Al menos unos cien miembros de las FARC, entre ellos todos los miembros del Secretariado General, del Estado Mayor y jefes de cada uno de los “Frentes” tienen pedidos de extradición formulados por el FBI y circulares rojas de Interpol.

El gobierno estadounidense también ofrece un total de 37, millones de dólares en recompensa para quienes faciliten la detención de trece altos miembros de las FARC a los cuales considera simplemente como jefes de una organización de narcotraficantes.

Por su parte, la Corte Penal Internacional (CPI) tiene conocimiento de 218 condenas contra miembros de las FARC por “conductas que constituyen crímenes de competencia de la CPI”. Incluye sentencias contra Rodrigo Londoño Echeverri, alias “Timochenko” y Luciano Marín Arango, alias “Iván Márquez”.

Según la Corte Penal Internacional las condenas contra las FARC comprenden quince sentencias por desplazamientos forzados y dos en curso, cuatro por desapariciones forzadas y 20 en curso; cinco por torturas y ocho actuaciones en curso; treinta y una por reclutamiento forzada y utilización de niños y una en curso y diecinueve por ataques contra indígenas y afrocolombianos.

Los colombianos, o al menos algunos de ellos, después de cinco décadas de violencia pueden querer sacrificar la justicia en aras de lograr la paz. Pero fuera de Colombia la cuestión se ve de otra manera.

La Corte Penal Internacional se ha creado para perseguir y castigar los crímenes de lesa humanidad como los que cometieron los líderes de las FARC y esos delitos no pueden ni deben quedar impunes.

Si la CPI no procesa a los criminales de las FARC no tiene sentido que exista. Porque una justicia selectiva que responda a las conveniencias políticas no es verdadera justicia.

Tampoco parece posible que los Estados Unidos pase por alto los crímenes cometidos contra sus ciudadanos ni que permanezcan indiferentes ante las toneladas de cocaína colombiana que las FARC han volcado sobre su territorio.

No podemos imaginarnos ni a Timichenko convertido en presidente de Colombia, en 2018, y mucho menos al presidente Donald Trump recibiéndolo en los jardines de la Casa blanca con una sonrisa…