domingo, 14 de enero de 2018

ELECCIONES EN LA FEDERACIÓN DE RUSIA 2018


VLADIMIR PUTIN Y VLADIMIR ZHIRINOVSKY

El próximo 18 de marzo los comicios en Rusia decidirán quién será el habitante del Kremlin hasta 2024.

En las últimas dos décadas los ciudadanos rusos han elegido jefe de Estado en seis ocasiones, encargando a tres políticos —Borís Yeltsin, Vladímir Putin y Dimitri Medvedev— la conducción del país. Dos presidentes, Yeltsin y Putin, consiguieron la reelección y Medvedev ostentó el cargo durante un mandato de cuatro años. En 2012 Vladímir Putin vuelve a ponerse al frente de Rusia para un tercer mandato de seis años.
Las primeras elecciones presidenciales de la historia de Rusia se celebraron el doce de junio de 1991, antes de la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas -URSS-. Tuvieron un carácter particular: los ciudadanos no elegían al jefe de Estado —en aquel momento el puesto del presidente de la URSS lo ocupaba Mijaíl Gorbachov-  sino al jefe de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR, la mayor república de la Unión Soviética). En ese entonces, el presidente de la RSFSR se elegía para cinco años.

Borís Yeltsin, ganó los comicios tras obtener el apoyo del 57,3 % de los electores convirtiéndose de este modo en el primer presidente ruso elegido a través de una votación popular.

Su primer mandato duró hasta 1996. Uno de los principales logros de Yeltsin durante este periodo fue la aprobación de la nueva Constitución, que entró en vigor en diciembre de 1993. El nuevo texto constitucional ampliaba considerablemente los poderes del presidente.

De acuerdo con la Constitución modificada, los siguientes comicios se celebraron el dieciséis de junio de 1996 tras la expiración del mandato de Yeltsin y resultaron los únicos en la historia del Estado que se llevaron a cabo dos rondas de votación.

La campaña electoral se caracterizó por una tensa competición entre los once candidatos que se disputaban la presidencia. Los principales rivales fueron Borís Yeltsin y el líder del Partido Comunista de la Federación de Rusia, Guennadi Ziugánov.


En la votación del dieciséis de junio ninguno de los aspirantes consiguió obtener más de 50 % de los sufragios, mínimo para ser elegido presidente. El mejor resultado fue el alcanzado por Yeltsin (35,28 % de los votos), seguido por Ziugánov con el 32,03 %. En virtud de la legislación electoral rusa, los dos candidatos tuvieron que enfrentarse en una segunda ronda.
De cara a la siguiente votación la situación política se caldeó. Los partidarios del nuevo sistema democrático —principalmente los ciudadanos de Moscú y San Petersburgo, de localidades industriales, del Norte ruso, de Siberia, el Lejano Oriente ruso y los electores en el extranjero— tomaron partido por Yeltsin, mientras que los adeptos del régimen comunista —en su mayoría habitantes de zonas rurales— apoyaron a Ziugánov.

Durante la segunda vuelta, el tres de julio, 40,2 millones de ciudadanos (el 53,82 % de los votantes que acudieron a las urnas) dieron su voto a Borís Yeltsin, que superó considerablemente a Ziugánov, apoyado por 30,1 millones de los rusos (40,31 % de los sufragios). En aquel momento se hizo patente que la mayoría de los ciudadanos no quería volver al pasado comunista pese a todos los problemas que tuvo que afrontar el país tras el colapso de la URSS.

Yeltsin permaneció en el cargo casi hasta el final de su segundo mandato. En el umbral del año siglo, el treinta y uno de diciembre de 1999, anunció su renuncia tras entregar los poderes presidenciales al primer ministro ruso de entonces, Vladimir Putin.

Tras la dimisión de Yeltsin, el Consejo de la Federación de Rusia convocó comicios anticipados para el veintiséis de marzo de 2000. 

En esta ocasión como candidatos a la presidencia se presentaron once personas. Entre ellos figuraba Putin, entonces presidente interino del país, que recibió el apoyo del electorado de centro.

En la lista de aspirantes había también políticos “veteranos” de las campañas anteriores: en particular, el líder comunista, Guennadi Ziugánov; el ultranacionalista Vladímir Zhirinovsky, que encabezaba el Partido Liberal-Democratico ruso; el jefe del movimiento democrático liberal  Yabloko, Grigori Yavlinski (quien fue propuesto a la presidencia en 1996, aunque ocupó solo el cuarto puesto tras obtener el 7,35 % de los votos); y el independiente Amán Tuleyev (desde 1997 gobernador de la región de Kémerovo, una de las principales provincias mineras del país), para quien era el tercer intento de ocupar el cargo de jefe de Estado.

Por primera vez en la historia de Rusia una mujer optó también a la presidencia del país, la influyente política Ela Pamfílova, que encabezó el Ministerio de Asuntos Sociales ruso en los años 90.
Desde el inicio, Vladímir Putin encabezó las encuestas y se perfiló como el candidato con mayores posibilidades para ser elegido.

Finalmente, triunfó en la primera vuelta electoral con un 52,99 % de los votos, es decir, tras recibir el apoyo de casi 40 millones de electores. El nuevo presidente ruso tomó posesión del cargo en mayo del año 2000.

Los resultados de los siguientes comicios presidenciales que se celebraron en Rusia fueron predecibles desde el inicio: según las encuestas electorales, el presidente Vladimir Putin, que se postuló para un segundo mandato, superaba considerablemente a todos sus rivales. Además, resultó ser el único candidato que había participado en las campañas anteriores.

Entre los seis candidatos a la presidencia registrados por la Comisión Central Electoral no figuraban ni Guennadi Ziugánov, ni Vladímir Zhirinovsky, ni Grigori Yavlinski ni Amán Tuleyev, que rechazaron postularse por diferentes motivos.

Los partidos de Ziugánov y Zhirinovsky —Partido Comunista y Partido Liberal-Democratico— propusieron otros representantes para la carrera electoral, unos novatos en estas lides: el diputado comunista de la Duma Estatal (Cámara Baja de la legislatura nacional) Nikolái Jaritónov, y el jefe del aparato central del Partido Liberal-Democratico, Oleg Malyshkin.

Por primera vez en las papeletas electorales de 2004 figuraron también el entonces presidente del Consejo de la Federación, Serguéi MIrónov, en representación de la agrupación de centro izquierda Partido de la Vida; uno de los líderes del bloque patriótico Patria, Serguéi Gláziev; y la derechista independiente Irina Jakamada.


De acuerdo con los resultados de la votación, el catorce de marzo de 2004, Vladímir Putin fue electo para un segundo mandato tras ganar en la primera vuelta con el 71 % de los votos.

Según la Constitución rusa, el puesto de jefe de Estado solo puede ocuparse en dos ocasiones consecutivas de cuatro años. Como consecuencia, Vladímir Putin no tuvo derecho a presentarse para la reelección tras expirar su mandato en 2008.
De cara a los comicios de aquel año el todavía presidente expresó su apoyo al primer viceprimer ministro, Dimitri Medvedev. Posteriormente esa candidatura fue propuesta para la presidencia por el partido gobernante, Rusia Unida. Además, contaba con el respaldo de varias fuerzas centristas y liberales, como la social demócrata Rusia Justa, la liberal Fuerza Civil y el Partido Agrario de Rusia.

Los dos participantes habituales de las elecciones presidenciales, Guennadi Ziugánov y Vladímir Zhirinovsky volvieron a participar en los comicios. La campaña electoral de 2008 destacó también por la participación de Andréi Bogdánov del Partido Democrático Ruso.
Medvedev no solo ganó los comicios de marzo de 2008 sino que además alcanzó un récord histórico en número absoluto de votos obtenidos. Porcentualmente se hizo con el 70,28 % de los sufragios. Sus rivales, Ziugánov, Zhirinovsky y Bogdánov, recibieron el apoyo de 17,72 %, 9,35 % y 1,30 % de los electores respectivamente.
En comparación con los comicios anteriores, las presidenciales 2012 se diferenciaron por una innovación importante: por primera vez un jefe de Estado de la Rusia postsoviética se elegía para un mandato de seis años en lugar de cuarto.
Cinco candidatos rivalizaron por el cargo más importante del Estado: el primer ministro, Vladímir Putin, propuesto por el partido gobernante Rusia Unida; los líderes de otras tres influyentes fuerzas políticas —Partido Comunista, Partido Liberal-Demócrata y Rusia Justa— Guennadi Ziugánov, Vladímir Zhirinovsky y Serguéi Mirónov, respectivamente; y, además, el multimillonario y propietario de uno de los más grandes fondos de inversión de Rusia, el grupo Onexim, Mijaíl Prójorov, que participó como candidato independiente.

La campaña electoral de 2012 se caracterizó por ser una de las más tensas de la historia del país debido a las manifestaciones multitudinarias convocadas tras las elecciones parlamentarias del cuatro de diciembre de 2011. Después de aquella votación los oponentes de Rusia Unida, vencedora de los comicios, organizaron acciones en Moscú, San Petersburgo y otras ciudades del país, en las que denunciaban las supuestas irregularidades cometidas durante el proceso electoral. Por su parte, miles de simpatizantes del partido oficialista respondieron con múltiples convocatorias.


Para evitar el fraude electoral y garantizar la transparencia de las elecciones presidenciales del cuatro de marzo de 2012, las autoridades tomaron una medida sin precedentes: equiparon los colegios electorales con más de 180.000 cámaras de vigilancia que transmitieron a través del sitio especial webvybory2012.ru, lo que permitió a cualquier ciudadano supervisar el proceso electoral en línea.
Vladímir Putin ganó las elecciones con el 63,6 % de los votos. Le siguió el líder comunista, Guennadi Ziugánov, con el 17,18 %, y el empresario Mijaíl Prójorov, quien obtuvo el 7,98 %. Vladímir Zhirinovsky logró el 6,22%, mientras Serguéi Mirónov recibió el apoyo del 3,85 % de los electores. Tras la jornada electoral se celebraron varias manifestaciones en apoyo de Putin y en su contra en varias grandes ciudades de Rusia.
Para los comicios de este año se han presentado por el momento tan sólo tres candidatos: el presidente Vladimir Putin candidato por Rusia Unida, quien encabeza las encuestas, el veterano ultranacionalista diputado de la Duma, Vladimir Zhirinovsky candidato del Partido Liberal-Demócrata, el empresario Pavel Grudinin por el Partido Comunista de la Federación de Rusia y el diputado de la Duma Serguei Mironov candidato por el partido Rusia Justa.
Por el momento, las encuestas favorecen al presidente Putin que se impondría en la primera ronda electoral. En segundo lugar, con apoyos que rondarían entre el 10 y el 15% en las encuestas, se sitúa el intempestivo y verborrágico Vladimir Zhirinovsky quien confía en llegar a una segunda ronda de votación.
Además, de las encuestas preelectorales a favor del triunfo de Vladimir Putin está la tradición. Según una tradición rusa, en el siglo XX y XXI se ha producido una alternancia entre “peludos” -es decir, personas con la cabellera completa- y “calvos” en la jefatura de Rusia. Veamos cómo ha sido.
El siglo XX comenzó con el reinado de Nicolás II que tenía su cabellera completa, fue reemplazado por Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, que era calvo. A la muerte de este, lo reemplazó el georgiano Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin, “peludo”, quien a su turno cedió el cargo al ucraniano Nikita Jrushchov calvo. Leonid Brezhnev, peludo sucedió al anterior y fue sucedido por un “calvo” Yuri Andropov. Konstantin Chernenko, un “peludo” sucedió a Andropov y, a su vez fue reemplazado por Mijaíl Gorbachov quien lucía una brillante calvicie. Su reemplazante, Boris Yeltsin en cambio tenía una frondosa cabellera. Putin es calvo y su reemplazante Dimitri Medvedev tiene una gran cabellera.

Por lo tanto, Putin puede sucederse a si mismo, por lo que continuaría el dominio de los calvos o ser reemplazado por un candidato con cabellera. Zhirinovsky, a sus setenta años, cuenta con buena cabellera al igual que los otros dos candidatos presidenciales. Por lo tanto, seguramente veremos un nuevo mandato del presidente Putin, o será reemplazado por un “peludo”. Si Putin repite su mandato habrá que esperar un candidato con cabellera (¿probablemente un nuevo mandato de Medvedev?) para 2024.

martes, 9 de enero de 2018

NO ES NOVEDAD. TRUMP ENFRENTA UN NUEVO ESCÁNDALO


El presidente estadounidense Donald Trump cumple un año en la Casa Blanca donde su administración se ha caracterizado por una seguidilla de escándalos mediáticos.

Los escándalos mediáticos se han convertido en una constante en la vida del magnate inmobiliario devenido en presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

El presidente, desde sus tiempos de empresario y luego de candidato, ha estado en los medios de comunicación defendiéndose de imputaciones de todo tipo.

Muchas son las acciones del presidente que derivan en un escándalo de proporciones variadas. Cuando no es un inoportuno Twitter racista o misógino, Trump desliza algún comentario desubicado sobre la esposa de algún mandatario extranjero, despide en forma arbitraria y desconsiderada a algún alto funcionario o se involucra en una intranscendente disputa con el dictador norcoreano Kim Jong-un por aluna nimiedad, como quien tiene el botón nuclear más grande.

Donald Trump parece tener una habilidad especial para situarse a sí mismo y a su gobierno en el ojo de la tormenta. Si no es el mismo es alguno de sus más cercanos colaboradores o familiares los cuestionados por alguna declaración inoportuna, por mantener contactos reservados con diplomáticos extranjeros o por realizar operaciones financieras poco claras. Aunque la opinión pública parece estarse cansando de este circo mediático y cada vez da menos importancia a los incidentes.

Ahora, no sólo el presidente sino todos los funcionarios de la Casa Blanca resultan cuestionados en el libro “Fire and fury: Inside the Trump’s White House” (El fuego y la furia: dentro de la Casa Blanca de Trump), del periodista sensacionalista Michael Wolff.

A los 64 años, Wolff a lo largo de una dilatada carrera como periodista ha escrito para medios prestigiosos como Vanity Fair, The Guardian y Hollywood Reporter. Su especialidad en revelar secretos y escándalos del mundillo de los ricos y poderosos de Manhattan. No goza de una especial credibilidad por su trabajo, pero, con los años, ha hecho numerosos enemigos.

En 2008, por ejemplo, Wolff escribió una biografía de Rupert Murdoch, el magnate de los medios de comunicación propietario de News Corp. (empresa a la que pertenece Fox News). El libro titulado “El hombre dueño de las noticias”, provocó el enojo de Murdoch, quien en un principio había colaborado con Wolff para la elaboración del mismo.

Para escribir este nuevo libro, Wolff afirma haber realizado unas doscientas entrevistas a personas del entorno de Donald Trump e incluso haber conversado un total de tres horas con el propio presidente, en diversas ocasiones. Sin embargo, la fuente principal parece haber sido el ex estratega presidencia e ideólogo de la derecha alternativa Steve Bannon.

Bannon que en agosto pasado debió dejar su puesto en la Casa Blanca y retornar a su cargo de editor del semanario Breithart News, está particularmente resentido con los hijos de Trump: Donald Jr., Ivanka y su yerno Jared Kushner.

Lo que se ha conocido del libro no parece ser de mayor transcendencia. El texto parece ser un conjunto de anécdotas menores y que piensa o dijo quien de quien. Una suerte de libro de chimentos de la vida privada del presidente y de los miembros de la Cas Blanca. Muchas de las supuestas revelaciones son cosas conocidas por demás.

Supuestas revelaciones de que Donald Trump no esperaba realmente convertirse en presidente, de que ocupa habitaciones separadas de su esposa Melania o de que le gusta comer cheeseburger en McDonald’s, son cuando menos intrascendentes.

Nadie se va a sorprender tampoco por el hecho de que el presidente, que llegó a la función sin experiencia previa en el desempeño de cargos públicos, desconozca cómo funciona la burocracia de Washington. Tampoco que Trump sea reticente a la hora de leer los cientos de informes que son remitidos a diario al presidente de los Estados Unidos.

Poco puede sorprender el hecho de que un gran empresario que ha dedicado su vida a los negocios inmobiliarios no sea un gran intelectual. Los jefes de Estado del siglo XXI no se parecen en nada a figuras del siglo XX como Lenin o Winston Churchill. Por nombrar tan sólo a algunos de un indudable porte intelectual.

Pero, tildar a Trump de semi analfabeto en menospreciar su carrera empresarial. También es ignorar el hecho de que alcanzó la presidencia en su primer intento derrotando a Hillary Clinton quien, con muchísima mayor experiencia, probada capacidad intelectual e idoneidad como abogada y política, fracasó en sus dos intentos.

Seguir especulando sobre la idoneidad de Trump como presidente o sobre su real estado mental, por su temor a ser envenenado y otras rarezas, no agrega mucho. Por lo tanto, el libro no aporta ningún elemento nuevo sobre el tema.

Fire and Fury parece, por el contrario, el medio que ha elegido Bannon para ajustar cuentas con quienes responsabiliza por su alejamiento de la Casa Blanca. Y Wolff se ha aprovechado de ello.

El matrimonio Kushner son, precisamente, el principal blanco de la ira de Bannon. El editor acusa a Ivanka de poseer una ambición desmedida por aspirar a convertirse en la primera mujer presidente de los Estados Unidos. La misma imputación podría hacérsele a otras importantes mujeres estadounidenses como Hillary Clinton o quizás a Ophra Winfrey.

Mucho más serio es calificar a Donald Jr. de “traidor” y “antipatriota”, como hace Bannon, por sus contactos reservados con funcionarios rusos durante la campaña presidencial de 2015. O afirmar con malicia que el propio presidente no podía ignorar esas reuniones.

También son graves las acusaciones sobre que Jared Kushner ha realizado maniobras de lavado de dinero a través del sistema bancario estadounidense.

No obstante, aunque las acusaciones son serias no se aportan pruebas concretas que respalden esas opiniones o supuestas revelaciones. Los dichos de Bannon, objetivamente evaluados no son más que las especulaciones de un hombre resentido y que nada hizo cuando tuvo conocimiento de los hechos que hoy censura.

En síntesis, Fire a Fury no parece ser un libro de gran importancia o mayor impacto en la vida política estadounidense. Su celebridad se debe más a la torpeza con que la Administración Trump ha tratado de impedir su publicación que a lo que el libro realmente interesa.

Michael Wolff ha obtenido sus cinco minutos de celebridad y unos buenos dividendos -el libro se convirtió inmediatamente en el mayor best seller de la temporada en la tienda on line Amazon- debido a la poca tolerancia que tiene Trump a las críticas.

Pero, el libro es solo uno más en una larga serie de los escándalos a que nos tiene acostumbrado el presidente Trump. Nada nuevo ni importante, tan sólo el material del que vivimos y prosperamos los periodistas.  


domingo, 7 de enero de 2018

LOS INTERESES DE CHINA EN AFRICA


China otorga, desde hace décadas, un especial interés en extender su presencia comercial e influencia política y militar en el continente africano como parte de una estrategia de expansión global.

LAZOS HISTÓRICOS

La historia de la presencia china en África no es nueva, se remonta al siglo XV, cuando navegantes y comerciantes chinos a las órdenes del almirante Zheng arribaron a las costas de Mozambique. Sin embargo, las relaciones entre China y África en tiempos modernos tienen sus orígenes en la etapa posterior al triunfo de la Revolución China y especialmente en el período de descolonización. China incrementó su presencia en el continente en el marco de una política de solidaridad con los países en desarrollo.

Los chinos supieron aprovechar muy bien el hecho de que su presencia no suscitaba los mismos temores y rencores por los abusos coloniales que los europeos y estadounidenses.
La República Popular China buscaba el apoyo de las nuevas naciones africanas en su puja con la República de China (Taiwán). Esa estrategia dio sus frutos cuando en 1971, los votos africanos fueron decisivos a la hora de que la ONU votara la expulsión de los taiwaneses de la organización e incorporara a Beijing como miembro permanente del Consejo de Seguridad.

Desde el punto de vista político las relaciones entre China y los gobiernos africanos se sustenta en la aplicación por parte de los primeros del “Principio de No Interferencia”. Este principio, que forma parte de los cinco principios de la coexistencia pacífica[i]. Fueron formulados por el primer ministro Zhou Enlai, en 1954.

Al final de Guerra Fría, en la década de 1990, mientras algunos países se distendían en cuanto a sus relaciones con África, pensando que no sería una región de gran importancia geopolítica, China penetraba son toda su fuerza en el continente incluso en las economías más inestables, algunas devastadas por conflictos civiles como Angola, Sudán y Zimbabue.

INTERESES ECONÓMICOS

En 1999, cuando China decidió iniciar una nueva fase de su desarrollo económico con la búsqueda de una mayor presencia en los mercados internacionales las relaciones con África cobraron un nuevo impulso.

En el año 2000 se creó el “Foro para la Cooperación China – África” (FOCAC) un mecanismo colectivo de consulta y diálogo entre China y los países africanos, que es el primero de este tipo en la historia de las relaciones entre las dos partes. El FOCAC reúne cada tres años prácticamente a la totalidad de los países africanos, a excepción de aquellos que reconocen a Taiwán.

Durante su desarrollo, el FOCAC ha creado un mecanismo de diálogo de múltiples niveles entre los ministros, altos funcionarios entre otros; así como en una plataforma de consulta para los líderes de sus miembros, ministros de Exteriores y embajadores africanos en China.[ii]

El creciente interés de China por África es evidente y se refleja a través del comercio, la Inversión Extranjera Directa (IED), los prestamos estatales del China Eximbank y del China Development Bank, la creación de zonas económicas especiales (SEZ, según sus siglas en inglés), los contratos para grandes construcciones, etc.

Este interés se sustenta fundamentalmente en el hecho de que el rápido crecimiento del sector industrial y manufacturero chino ha provocado una mayor demanda interna de recursos naturales, incluyendo gas petróleo, metales preciosos, aluminio, cobre y minerales en general. China importa petróleo de Nigeria y Sudán; tabaco de Zimbabue; diamantes de Sudáfrica; manganeso de Gabón y Ghana; algodón de Benín y Burkina Faso; etc.

África proporciona el 30% de las necesidades de China y Sudán suministra un tercio del total de las exportaciones africanas de petróleo a China.

Además, la creciente población africana, que comprende mil doscientos millones se doblará en 2050, superando a China e India sumados. Estos son millones de posibles consumidores, con una clase media en expansión, que incrementará aún más consumo ofreciendo a las empresas locales y extranjeras grandes posibilidades de desarrollo en el futuro.  Por lo tanto, se ha convertido en un mercado potencialmente importante para China.

Por otra parte, el gigante asiático posee enormes reservas de divisas y su intención es seguir invirtiendo a pesar del entorno políticamente inestable de algunos países africanos.
China está presente prácticamente en la mayoría de los países africanos, las estimaciones sobre el número de empresas chinas establecidas en África supera las dos mil entidades. La mayoría de la IED china está en manos de un pequeño grupo de compañías estatales, pero hay también gran presencia de pymes chinas. La presencia de empresas chinas se concentra, especialmente, en el sector de las industrias extractivas.

Es importante destacar la ventaja comparativa que tiene China respecto del resto de los inversores extranjeros no sólo por la fuerza de su demanda, sino por las facilidades que acompañan sus inversiones; su principal vehículo es el Chinees Eximbank, así como el China Developmente Bank. En la última década, los préstamos de estas dos entidades bancarias a África totalizaron 67.200 millones de dólares, superando en 12.000 millones a los préstamos otorgados por el Banco Mundial a la región, según la agencia noticiosa Xinhua.[iii]

China elige financiar proyectos de infraestructura que constituyen el 80% de sus inversiones en el continente. Las condiciones financieras otorgadas por estos dos bancos chinos son insuperables con márgenes del orden de 2,85% para préstamos a más de veinte años y con períodos de gracia de entre tres y siete años. Esto ha convertido, en los últimos nueve años, a China en el mayor socio comercial de África, muy por delante de Francia y Alemania.

En todos estos proyectos los chinos imponen la condición básica de que deben realizarse con mano de obra, proveedores y subcontratistas chinos. Esto ha promovido un flujo migratorio chino al continente. Aunque es muy difícil contar con datos certeros, las estimaciones más prudentes señalan la presencia de dos millones de chinos trabajando o viendo por largos periodos en África.

Según el Ministerio de Comercio chino, el volumen de intercambio comercial entre China y África alcanzó, en 2016, a 149.200 millones de dólares (56.900 millones en importaciones y 92.300 millones en exportaciones chinas).

Las empresas manufactureras chinas tienen la ventaja de producir textiles, electrónica y otros productos a un costo relativamente muy bajo lo que les permite vender sus productos a precios más competitivos a aquellas economías menos desarrolladas de África. Por ejemplo, el relativo bajo precio de los teléfonos celulares en África se debe al influjo de los móviles chinos que inundan el mercado y permiten el acceso a este tipo de telefonía a millones de africanos.

Las exportaciones chinas hacia África están diversificadas, pero destacan tres áreas sobre el resto y comprenden: maquinaria y electrónica, textiles y equipo de transporte y manufacturas. Están concentradas en un 60% en cinco países: Sudáfrica con el 21%, Egipto con el 12%, Nigeria con el 10%, Argelia con el 7% y Benín con el 5%.
Por otro lado, las importaciones chinas se concentran en un 70% en cuatro países: Angola con el 34%; Sudáfrica con el 20%; Sudán con el 11% y la República Democrática de Congo con el 8%.

En términos absolutos, si bien puede afirmarse que la inversión y el comercio entre China y África ha aumentado un 2.116% en las últimas décadas, no debe obviarse que este incremento se produce en el marco de un crecimiento exponencial tanto de la inversión como del comercio global de China en el exterior.

Según los datos disponibles para 2016, la inversión de China en África representa tan sólo el 3% del total, mientras que el comienzo alcanza un escaso 5%. Los principales socios comerciales chinos son la Unión Europea, los Estados Unidos, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, Hong Kong y Japón, situándose el continente africano a mucha distancia de ellos.[iv]

INTERESES ESTRATÉGICOS

Paralelamente a los intereses comerciales, China ha desarrollado importantes intereses estratégicos.

Los chinos han desplegado fuerzas navales en las aguas de Somalia, en el Golfo de Adén, desde 2008, con la excusa de proteger su comercio de la piratería marítima.
Paralelamente, China ha expandido sus lazos militares por toda África en los últimos años.
Mientras la Administración Trump ha recortado en mil millones de dólares sus aportes económicos a las misiones de paz de la ONU y reduce su presencia militar en África, China sigue el camino inverso.

En 2015, el presidente Xi Jinping comprometió ocho mil hombres para las fuerzas de mantenimiento de paz de ONU. Ese contingente constituye una quinta parte del total de 40.000 efectivos, provenientes de cincuenta países, con que cuentan las Naciones Unidas para sus misiones de paz.

Por otra parte, China también comprometió un aporte de cien millones de dólares a la fuerza de reserva de la Unión Africana y otros mil millones de dólares para reforzar el Fondo Fiduciario de Paz y Desarrollo de la ONU.

China ha desplegado unos 2.500 soldados y policías como cascos azules en las misiones de paz de Naciones Unidas en África. Sus mayores presencias se registran en Sudán del Sur (1.051 efectivos), Liberia (666 hombres) y Malí (402 soldados).

En 2016, China firmó un acuerdo con el gobierno de Djibouti, un pequeño pero estratégico país situado en el denominado Cuerno de África, para instalar una base militar permanente, en Obock, la ciudad portuaria ubicada al norte de la capital del país. Una zona relevante para el abastecimiento energético del mundo, por la cercanía con el estrecho de Bab el Mandeb que comunica el océano Índico con el Mar Rojo y con ello al Canal de Suez, puerta de entrada al Mediterráneo y los mercados europeos.

Por esa ruta transitan navíos con cuatro millones de barriles de petróleo por día y el 90% de las exportaciones de crudo a Japón y el 40% del abastecimiento energético de Europa.
Beijing acordó pagar durante los siguientes diez años cien millones anuales por el arrendamiento de esta base militar.
Los chinos esperan que Djibouti sirva para su expansión a través del continente africano, conectando de ese modo el Mar Rojo con el Atlántico y satisfaga sus necesidades de mercados y materias primas.

CONCLUSIONES

A nivel estrictamente político, el continente africano sólo representa un papel secundario de apoyo en la estrategia internacional de China.

China aborda las relaciones con los países africanos desde cinco ejes fundamentales. En primer lugar, desde una perspectiva política que busca el apoyo sobre la existencia de una única China.

En segundo lugar, los países de África proporcionan un importante apoyo diplomático a las iniciativas chinas en los foros internacionales cuando se hacen necesarios.

En tercer lugar, desde una perspectiva económica en la que el continente africano es visto como una importante fuente de recursos naturales y un mercado de 1.200 millones de consumidores para los productos chinos.

En cuarto lugar, desde una perspectiva de seguridad la presencia militar china en África se convierte en una necesidad para proteger sus inversiones y la seguridad de sus connacionales residentes en el continente.

Por último, desde una perspectiva política, como un espacio geográfico donde extender su influencia y exportar el “modelo chino” de desarrollo.




[i] COEXISTENCIA PACÍFICA: Los cinco principios de coexistencia pacíficas formulados por China, India y Myanmar son: respeto mutuo por la soberanía y la integridad territorial, la no agresión mutua, la no interferencia en los asuntos internos de otros países, igualdad y beneficio mutuo, y la coexistencia pacífica.
[ii] GÓMEZ-JORDANA MOYA, Rafael: “China en África. Breve análisis de la estrategia china en el continente africano”. Banco de Santander. Barcelona. 2014.
[iii] BASSINE, Mar: “Economía: China, ahora socio financiero líder de África”. Publicado en Le360 Afrique, el 27/11/2017.
[iv] MORALES, Samuel: “China en África a través de la seguridad y la evolución del principio de no interferencia”, Análisis GESI, 14/2016, publicado el 25/5/2016.

viernes, 5 de enero de 2018

EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI DESTRUYE VENEZUELA



La llamada “Revolución Bolivariana” que pretendía llevar a Venezuela al “socialismo del siglo XXI sólo ha sido capaz de sumir en la bancarrota al país con mayores reservas de petróleo del mundo.

La economía de Venezuela, al igual que la de Argelia, depende en un 95% de sus exportaciones de petróleo. Esto no debería ser un problema para un país que tiene las mayores reservas de petróleo del mundo. Según algunas estimaciones, la sudoriental Faja Petrolífera del Orinoco, de 55.000 kilómetros cuadrados, albergaría 1,4 billones de barriles de crudo. Sobre todo petróleo extra pesado, del cual Venezuela considera tener reservas probadas de 270.000 millones de barriles.

Sin embargo, el descenso de los precios internacionales del petróleo, la disminución de la producción, la gran corrupción, la falta de insumos y el desmanejo empresario de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) han destruido la única fuente de divisas del país caribeño. A mediados de esta década las exportaciones de petróleo significaban el 20% del PBI venezolano, hoy han caído sustancialmente.

La producción de petróleo, que en 2013 alcanzó los 2.894.000 barriles diarios, descendió en 2017 a 1.837.000 barriles diarios y se prevé que en 2018 continuará descendiendo hasta cubrir tan sólo 1.500.000 barriles diarios.

La corrupción, inoperancia y lucha de poder en torno de PDVSA quedó explicitada el mes pasado cuando la Fiscalía General encarceló a 67 directivos y gerentes de la empresa estatal por “peculado y atentado a la soberanía del país”. Entre los detenidos se encuentran dos ex ministros de Petróleo y presidentes de PDVSA y de su filial estadounidense Citgo, Eulogio del Pino y Nelson Martínez. Mientras que el ex ministro Rafael Ramírez, quien dirigió la empresa entre 2002 y 2014, se encuentra prófugo y se ha refugiado en los Estados Unidos mientras se lo investiga por lavado de dinero a través de la entidad Banca Privada de Andorra.

El mayor comprador del petróleo venezolano fue durante un siglo los Estados Unidos, pero en la última década gran parte de la producción de PDVSA se destina a China (600.000 barriles diarios) para cumplir con los pagos de la deuda externa contraída con este país. China ha financiado al régimen chavista con 50.000 millones de dólares, buena parte de ellos en compras de armamentos.

Un problema adicional es el precio subsidiado del combustible en Venezuela destinado a un parque automotor de cuatro millones de vehículos. Un litro de gasolina cuesta un bolívar, que al tipo de cambio oficial equivale a 10 centavos de dólar, pero a la tasa del mercado negro imperante en el país equivale a milésimo de dólar. Es decir, que con un billete de cien dólares se pueden comprar 100.000 litros de combustible. Una verdadera locura.

El demencial precio del combustible genera un lucrativo negocio de contrabando de gasolina hacia Colombia, Brasil y los países del Caribe.

Hoy la economía venezolana se encuentra absolutamente desquiciada. A una deuda externa de 100.000 millones de dólares se suma la mayor inflación del mundo, que según la consultora financiera Ecoanalítica, alcanzó en 2017 a 2.735%. El dólar que en diciembre al 31 de diciembre de 2016 se situaba a 3.164,72 bolívares, el 31 de diciembre de 2017 se ubicaba a 111.413,23 bolívares.

La canasta básica familiar, según cifras del Centro de Documentación y Análisis Social (CENDAS), alcanzó los 13.883.365 bolívares, es decir, unos 125 dólares, lo que equivale a más de 70 salarios mínimos, que se sitúan en 177.000 bolívares, aproximadamente a 1,5 dólares estadounidenses.

Al menos nominalmente, el salario mínimo mensual de un venezolano es similar a lo que gastan en un día los habitantes de los países más pobres y atrasados del África donde la población debe subsistir con un dólar diario.

Venezuela produce tan sólo el 30% de la comida que consume su población. Pero no tiene dólares para pagar sus deudas. Esta en default real. Sus divisas no le alcanzan para importar alimentos, medicamentos y los insumos más elementales para el funcionamiento de una sociedad. Su PBI cayó 12% en 2016 y de lo que quedaba otro 10% en 2017. El PBI venezolano se contrajo un 50% desde 2010.

El régimen chavista atribuye sus males económicos a embargos internacionales y complots de los Estados Unidos, el sistema financiero internacional, los empresarios corruptos y hasta al sabotaje de la oposición.

Las últimas festividades navideñas transcurrieron en medio de protestas, saqueos provocadas por el desabastecimiento y la inflación desbocada que padece la población más necesitada. El gobierno, que había prometido distribuir alimentos gratuitos a través de los Comités Locales de Abastecimientos y Producción, se limitó a culpar a la oposición de estar “conspirando para que nadie le venda ni un solo producto a Venezuela, para que no llegue a Venezuela un barco, para que las importaciones necesarias no lleguen”, en palabras del dictador Nicolás Maduro y a reprimir con dureza las protestas.

Hoy el régimen chavista se encuentra aislado internacionalmente. Incluso tiene problemas con sus mayores aliados Cuba y China por el incumplimiento en sus entregas de petróleo y gasolina.

La desastrosa situación económica explica la gran diáspora de venezolanos por 98 países. En la última década, dos millones de venezolanos han dejado su país debido a la crisis económica y el establecimiento de una férrea dictadura.

El mayor receptor de población venezolana es Colombia con 900.000 inmigrantes de este origen (incluyendo personas con doble nacionalidad). Le siguen muy lejos Estados Unidos y España, en segundo y tercer lugar. Luego están Brasil, Perú, Canadá, Argentina y los países del Caribe.

La destrucción que hoy presenta Venezuela es típica de los países donde el populismo demagógico se consolida en el poder engañando al pueblo con sus cantos de sirena. No hay, atajos en el camino al desarrollo sustentable y la búsqueda de bienestar. Tampoco  hay complots internacionales contra los pueblos o los países. Sólo hay demagogos irresponsables que no dudan en oprimir y saquear a sus pueblos para su exclusivo provecho.


Estos tiranos tienen nombre: Fidel y Raúl Castro, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Abdelaziz Bouteflika, Robert Mugabe, Rafael Correa, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, la lista es larga.

lunes, 1 de enero de 2018

HACE 59 AÑOS FIDEL CASTRO ENTRABA EN LA HABANA


  
El triunfo de la Revolución Cubana no trajo la democracia en Cuba sino una larga dictadura familiar que lleva en el poder casi seis décadas de opresión y sufrimientos.


El 10 de marzo de 1952, Fulgencio Batista dio un golpe de Estado. El nuevo gobierno fue inmediatamente reconocido por los Estados Unidos. El abogado Fidel Castro, apoyado por unos 170 jóvenes universitarios, comenzó a organizar un plan de lucha armada con el objetivo de derrocar a Batista. Su primera acción fue el sangriento asalto al cuartel de Moncada, una base del Ejército con una dotación de mil hombres, efectuado el 26 de julio de 1953, y que fracasó estruendosamente. Los sobrevivientes fueron juzgados y recibieron duras condenas. Pero a los dos años gracias a la intervención del arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Pérez Serantes, Batista indultó a los rebeldes y les permitió marchar al exilio en los Estados Unidos. Hacia fines de 1955, luego de dos años de cárcel, Castro se reunió en México con un grupo de revolucionarios cubanos y de otros países latinoamericanos que se sumaron a la lucha contra Batista y fundo el Movimiento 26 de julio. Durante casi un año se entrenaron, en territorio mexicano, en la táctica de la guerra de guerrillas.

De acuerdo con plan trazado previamente, los revolucionarios debían arribar a Cuba el 30 de noviembre de 1956, en coordinación con un levantamiento civil en Santiago de Cuba, organizado por los integrantes del Movimiento que se encontraban en la isla. Pero el arribo del yate “Granma” -que transportaba a la fuerza guerrillera de 82 hombres- se demoró, el 2 de diciembre de 1956 desembarcaron en Los Cayuelos, cerca de Las Coloradas, Cuba, procedentes de Santiago de la Peña, un lugar próximo a Tuxpan, Méjico. Tras siete días de pesadilla para los navegantes.

El levantamiento civil fue aplastado y las fuerzas de Batista se encontraron en condiciones de repeler el desembarco de los guerrilleros con bombas de napalm. Sólo sobrevivieron Fidel Castro, su hermano Raúl, Ernesto “Che” Guevara y nueve hombres más que se refugiaron en la Sierra Maestra, un agreste cordón montañoso situado al oeste de la isla.

Durante los primeros meses de 1957, los guerrilleros comenzaron a instalar bases en la Sierra Maestra y a librar encarnizados combates con las fuerzas de Batista. Los guerrilleros lograron el apoyo de los campesinos a quienes prometían expropiar las haciendas –latifundios- y entregar la tierra a quienes la trabajaban. En las ciudades la adhesión inicial sólo correspondió a los sectores universitarios, el movimiento obrero no comunista se mantuvo fiel al gobierno, el Partido Comunista se declaró neutral, los sectores medios urbanos y el movimiento obrero comunista se sumaron a la revolución recién cuando ésta hubo triunfado.

Fueron seis años de combate de guerrillas, ataques y atentados que no lograban hacerse con el control de Cuba, ni siquiera de alguna capital de alguna provincia.

Fulgencio Batista recibía desde Washington armamento que llegó a incluir el napalm, pero en marzo de 1958, el gobierno del presidente Dwight Eisenhower, presionado por la opinión pública, anunció que dejaría de vender armas al gobierno cubano, y entonces todo cambió.
El embargo de los Estados Unidos a la venta de armas a Batista marcó el destino del frágil gobierno dictatorial. Para diciembre, los únicos que apoyaban a Batista eran los propietarios de tierras y empresarios cubanos que se había beneficiado económicamente de su dictadura.

El 15 de diciembre de 1958, los guerrilleros lograron abrir un segundo frente en el este de la isla aislando a la mayor parte de las fuerzas gubernamentales, establecidas en la ciudad de Santa Clara, una zona estratégica en el centro de Cuba, paso obligado para el transporte terrestre, y el último bastión defensivo hasta La Habana.

El Ejército Rebelde necesitaba dejar incomunicado el Occidente del Oriente de Cuba, controlar toda la provincia de Las Villas, forzando a que los traslados de tropas enemigas hacia Oriente tuviesen que hacerse por vía aérea, aviones que ya no tenía Batista. Además, aumentaría la credibilidad del Ejército Rebelde.

Pero Santa Clara contaba con una importante guarnición, tanques, morteros y buen armamento, además de aviación.
Los ataques comenzaron por Fomento, Nazareno, Remedios, el cierre de la vía Báez-Santa Clara, los cuarteles de Cabaiguán, Guayos, Sancti Espíritu, Placetas y el derribo del Puente de Falcón, en el tramo de la Carretera Central entre Placetas y Santa Clara.

Con la ola de ataques se terminó con un total de armamento y equipamiento militar capturado para abastecer a unos doscientos efectivos, y así se organizaron dos nuevos pelotones de reclutas. Todo quedó listo para el ataque a Santa Clara.

Guevara asignó al comandante Víctor Bordón la ocupación del territorio al oeste de Santa Clara, al comandante Camilo Cienfuegos el cierre de la costa norte, y al comandante Faure Chomón el cierre del puerto de Casilda.

El ejército cubano organizó la defensa con un sistema de puntos de resistencia dentro del municipio capital de la provincia de Villa Clara, y también concedió suma importancia a la defensa de la retaguardia por la Carretera Central con destino a La Habana.

El 28 de diciembre las milicias comandadas por Ernesto Guevara iniciaron el ataque contra la ciudad, gozando de apoyo popular, lo que permitía que, lentamente, ganaran terreno sobre la ciudad.

Los soldados de Batista habían sido asignados a los puntos más altos de la ciudad, y desde las terrazas tenían un mejor alcance. También tenían morteros y tanques, aunque en las calles del municipio los vehículos blindados no podían lucirse mucho.

En total, unos cuatro mil soldados contra un ejército guerrillero de cuatrocientos hombres pobremente armados.

En el combate el primer gran golpe guerrillero fue el descarrilamiento de un tren blindado que llegaba con enormes suministros y refuerzos para la defensa de la ciudad. El sabotaje fue todo un éxito y permitió a los guerrilleros recursos para el combate.

El “Che” pensaba que se necesitaría un mes de lucha para conseguir el control completo de Santa Clara, pero en los dos últimos días de diciembre, las tropas gubernamentales sólo mantenían bajo su control el Gran Hotel y el cuartel de la policía. La ciudad se llenó de barricadas levantadas por los revolucionarios. Siempre se habló de que la CIA estadounidense había sobornado a los altos mandos de Batista para que no resistieran en Santa Clara.

El 20 de diciembre de 1958 se rindió Santa Clara, sitiada por la cuarta columna del ejército revolucionario comandada por el “Che” Guevara.

El Movimiento 26 de Julio y el Partido Socialista Popular, de orientación comunista, declararon la huelga general en todo el país.

En Cuba, todo se aceleró. El 31 de diciembre Batista decidió huir hacia Santo Domingo, en un avión con una fortuna próxima a los cien millones de dólares, junto con el presidente electo Andrés Rivero Agüero. Cuba quedó a cargo del general Eulogio Cantillo. De República Dominicana, Batista viajó a la isla de Madeira, Portugal, y luego consiguió asilo en España, gobernada por Francisco Franco, donde falleció en 1973.

Fidel Castro ingresó a Santiago de Cuba, y la declaró capital provisional de Cuba. A su vez, las tropas del 2do. Frente Nacional del Escambray, comandadas por Eloy Gutiérrez Menoyo, entraron a La Habana, donde un día más tarde llegaron también las tropas del Movimiento 26 de Julio comandadas por Camilo Cienfuegos y el “Che” Guevara. 

Una vez en el poder, Castro inmediatamente realizó una durísima represión de los ex partidarios de Batista, “las cárceles de la Cabaña en La Habana y de Santa Clara fueron escenario de ejecuciones masivas. Según la prensa extranjera, en un período de cinco meses esta depuración sumaria causó 6.000 víctimas entre los partidarios de Batista. Se organizaron tribunales de ejecución exclusivamente con el fin de pronunciar condenas. ‘Las formas de los procesos y los siguientes sobre los cuales se concebía el derecho eran altamente significativos: la naturaleza totalitaria del régimen estaba definida en ellos desde el principio’... Se celebraban simulacros de juicios en un ambiente de fiesta: una muchedumbre de 18.000 personas reunidas en el Palacio de los Deportes ‘juzgó’ apuntando con los pulgares hacia el suelo al comandante (pro – Batista) Jesús Sosa Blanco, acusado de cometer varios asesinatos. El comandante exclamó: ‘¡Esto es digno de la Roma antigua!’. Fue fusilado”.

El “Che” Guevara se encargo de los juicios y fusilamientos en “La Cabaña”, una tenebrosa fortaleza colonial de piedra donde fueron ejecutados miles de opositores -reales o potenciales-. Pronto los cubanos comenzarían a conocer a Guevara como “El carnicero de La Cabaña”.

En La Cabaña se fusilaba de lunes a viernes, en horas de la madrugada, poco después de dictar sentencia y lugar a apelaciones. Allí se hacinaban contingentes de ochocientas personas en un espacio calculado para trescientas personas. Los detenidos eran militares y policías del régimen de Batista, pero también periodistas, empresarios y comerciantes a quienes se consideraba como “enemigos de la Revolución”.

El padre Javier Arzuaga, quien ofició de capellán en La Cabaña dijo al respecto: “El “Che” nunca trató de ocultar su crueldad, por el contrario, entre más se le pedía compasión más el se mostraba cruel. El estaba completamente dedicado a su utopía. La Revolución le exigía que hubiera muertos, el mataba; ella le pedía que mintiera, el mentía. En La Cabaña, cuando las familias iban a visitar a sus parientes encarcelados, Guevara, en el colmo del sadismo, llegaba a exigirles que pasaran delante del paredón manchado de sangre fresca.”

En ocasiones, Guevara mandaba al paredón a los condenados con tan sólo una breve nota: “Dale aspirina”.

El propio Ernesto “Che” Guevara reconocería más tarde esto al declarar: “Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que hemos expresado siempre ante el mundo. Fusilamientos, sí hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte. Nosotros sabemos cual sería el resultado de una batalla perdida y también tienen que saber los gusanos cual es el resultado de la batalla perdida hoy en Cuba.”

Fidel Castro asumió como “primer ministro” y designó como presidente a Manuel Urrutia Lleó, representante de las clases medias urbanas. Aunque el poder político siempre estuvo en manos de Fidel y el control de las fuerzas armadas –por entonces denominadas “Ejército Rebelde”- bajo el control de su hermano Raúl Castro. Como hemos visto, inicialmente la Revolución Cubana contó con la aprobación y el apoyo de los Estados Unidos que impulsaban la democratización de América Latina.

Pero pronto la orientación de los cambios económicos en general y de la reforma agraria en particular, provocó el alejamiento de los sectores moderados. En julio de 1959, Urrutia exigió la convocatoria a elecciones y Castro lo destituyó. En los meses siguientes se registró un éxodo hacia Miami de los integrantes más acomodados de dichos sectores. El comunista Osvaldo Dorticós Torrado fue designado presidente, bajo la tutela de Castro.

Inmediatamente –mayo de 1959- el gobierno revolucionario lanzó la reforma agraria que afectó los intereses económicos de las empresas estadounidenses radicadas en la isla y durante 1960 se sucedieron una serie de agresiones económicas y militares de parte de los Estados Unidos contra Cuba –circunstancias en las cuales Cuba contó con el apoyo de la Unión Soviética. Como respuesta, el gobierno cubano expropió las compañías de capital estadounidense. El gobierno estadounidense decretó entonces un embargo comercial sobre todas las mercancías –excepto productos alimenticios y medicinales- destinados a la isla.

En diciembre de 1960, Cuba firmó tratados comerciales y de asistencia técnica con Rumania, la República Popular China, Alemania Oriental y Hungría. Estos tratados multiplicaron los mercados para el azúcar y posibilitaron, a través de convenios de trueque, la instalación de fábricas montadas por soviéticos y alemanes orientales.

En enero de 1961, después del fracaso de una invasión de exiliados cubanos en Bahía de los Cochinos –Playa Girón para los castristas- organizada por la Agencia Central de Inteligencia –CIA- de los Estados Unidos, que fracasó, Fidel Castro declaró el carácter socialista de la Revolución Cubana. Con lo cual la Guerra Fría irrumpió en América Latina. El gobierno de Washington quiso contar con el apoyo de los gobiernos latinoamericanos y revalorizó el papel político de los militares anticomunistas en la región.

Algunos sectores tenían una imagen romántica y un tanto idílica de los sucesos ocurridos en Cuba y creían que el ejemplo cubano debía ser seguido para “liberar” al país de la oligarquía y el imperialismo. 

Después de Bahía de los Cochinos, el presidente Kennedy lanzó un programa de ayuda para el desarrollo económico de América Latina que denominó “Alianza para el Progreso”, según el cual se invertirían veinte mil millones en la región en un plazo de veinte años.
En agosto de 1961, a los efectos de poner en marcha la Alianza para el Progreso se llevó a cabo en un balneario uruguayo la denominada “Conferencia de Punta del Este”. Al respecto recuerda Oscar Camilión, quien tuvo un importante papel en la organización de la misma: “La presencia de Cuba en la reunión de Punta del Este fue extremadamente importante y traumática. El enfrentamiento que planteó el jefe de la delegación cubana, Ernesto Guevara, desde el primer momento, fue indisimulado. Cuba había llegado con la decisión muy clara de separarse de América Latina y de señalar que tenía su propio camino hacia el desarrollo económico, que no se confundía con el camino latinoamericano. El famoso discurso de Guevara criticando a la Alianza con la imagen de las letrinas fue un momento muy dramático en la política continental, uno de los más emotivos que el sistema interamericano tuvo en el curso de su historia. Fue una brillante pieza de retórica la que pronunció Guevara, aunque a nuestro juicio totalmente alejada de la realidad y de los intereses verdaderos del pueblo cubano, como lo ha demostrado la historia”.
Pero el balance fundamental fue que Estados Unidos fue acompañado por la región en su conjunto, y que la llamada Carta de Punta del Este resultó un compromiso más o menos aceptable para todos los países. Brasil se sintió totalmente satisfecho. La Argentina, un poco menos. El gobierno de Kennedy pudo decir al final de la reunión que había conseguido por una parte aislar a Cuba, ya que había decidido tomar su propio camino, y por otra que los acuerdos básicos alcanzados con Brasil, la Argentina, Chile, México, abrían una expectativa de cooperación promisoria.”

A partir de ese momento, Cuba comenzaría a exportar su Revolución por los países del Tercer Mundo. La Revolución Cubana ensangrentó a América Latina durante los siguientes cincuenta años. La isla comenzó a apoyar financiera y políticamente a diversos grupos radicalizados dispuestos a conquistar el poder por medio de la “lucha armada” siguiendo el ejemplo del “foco guerrillero”. También los asistió con entrenamiento militar y armas.

En África, no solo brindaron apoyo y entrenamiento a los grupos guerrilleros, sino que fueron las mismas tropas cubanas -que en algún momento alcanzaron a 40.000 hombres- que se involucraron en los conflictos africanos, especialmente en Angola, pero también el Congo y en Argelia.


La Revolución Cubana, llevada a cabo en nombre de la democracia, terminó por sumir a Cuba en la dictadura y ensangrentar a muchos países del Tercer Mundo. La utopía se convirtió en pesadilla.