sábado, 4 de marzo de 2017

SUDÁN DEL SUR AL BORDE DE UNA CATASTROFE HUMANITARIA


Tres años de cruenta guerra civil han convertido al Estado más joven de las Naciones Unidas en el escenario de una tragedia humanitaria provocada por el hambre, el deterioro de las condiciones sanitarias y la violencia étnica.

Después de sufrir por décadas el colonialismo a mano de egipcios, británicos y belgas, en 1956, se constituyó la República de Sudán.

El nuevo estado era un polvorín geopolítico. El norte era predominantemente árabe y musulmán mientras que en el sur eran mayoría las etnias nilóticas que profesaban el cristianismo con influencias animistas. Para agudizar el problema, el sur contaba con importantes recursos petrolíferos.

Esto hizo inevitable que pronto se iniciará un conflicto separatista entre un gobierno en el norte con capital en Jartum y un Movimiento de Liberación del Sur de Sudán.
Después de guerras y periodos de paz intermitentes, en enero de 2011, se llevó a cabo un referendo en que el 98,83% de la población se expidió por el independentismo. El 9 de julio de 2011 se proclamó oficialmente la República de Sudán del Sur. Pero, lamentablemente la independencia no trajo la paz al Sur de Sudán.

El primer presidente de Sudán del Sur, es Salva Kiir Mayardit, perteneciente a la etnia mayoritaria, los dinka y su vicepresidente era Riek Machar de la etnia nuer.

Pero, como ha ocurrido en muchas repúblicas africanas la independencia no trajo ni paz ni estabilidad. Después de décadas de guerra civil había mucha gente que no conocía otros medios de vida que la guerra y el pillaje, también había demasiadas armas dando vueltas. 

Faltaba una elite formada profesionalmente, una burocracia con idoneidad y experiencia para gestionar los asuntos públicos y sobraban los conflictos intertribales.

En este contexto, era imposible que la gobernabilidad y la paz durara mucho tiempo.

El 14 de diciembre de 2013, efectivos de la guardia presidencial se enfrentaron con una facción del Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán, en el área de Munuki, al sur de la capital del país, la ciudad de Yuba.

El 26 de diciembre, el presidente Kiir denunció que se había producido un intento de golpe de Estado organizado por su vicepresidente Riek Machar, y aunque afirmó que la situación estaba bajo control, instauró el toque de queda y ordenó la detención de políticos partidarios de Machar.

El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon aumentó el número de efectivos de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en la República de Sudán del Sur (UNMISS), hasta alcanzar los 12.000 hombres. Sin embargo, las fuerzas de paz no lograron atemperar el conflicto ni garantizar la distribución de la ayuda humanitaria.

Los rebeldes lograron capturar la segunda ciudad en importancia del país, Malakal, una suerte de capital de la principal región petrolera del país, en el Alto Nilo. Durante tres años de guerra civil esta ciudad cambio de manos ocho veces.

La contienda sigue sin definirse, los intentos de mediación o de lograr un alto al fuego han fracasado reiteradamente. La única realmente derrotada es la población civil que padece continuamente la violencia étnica y la rapiña de los combatientes.

La economía del país se ha derrumbado el PBI es el 139 entre los 196 países de la ONU. La inflación se disparado hasta el 900% y el precio de los alimentos se ha cuadruplicado en el último año. El incremento en el precio de la gasolina ha provocado que la mayoría de las industrias locales han tenido que cerrar. Entre ellas la imprescindible planta potabilizadora y embotelladora de agua.

Los hospitales no cuentan con medicinas ni combustible para operar los generadores que iluminan los quirófanos.

En este contexto, la única inversión extranjera que ha logrado el presidente Kiir es una fábrica de municiones instalada por inversores libaneses.

Unicef denunció, recientemente, que unos 17.000 niños han sido reclutados en forma forzosa como soldados o porteadores por ambos bandos en lucha. En otros casos, los combatientes asesinan a los niños para evitar que, cuando crezcan, busquen venganza contra quienes asesinaron a sus padres y familiares.

El conflicto ha despoblado las áreas rurales. Los campesinos suelen abandonar sus viviendas y campos de cultivo ante la proximidad de grupos armados. Los combatientes ocupan las aldeas destruyendo, robando y asesinando a todos y a todo lo que encuentran a su paso, como verdaderas mangas de langostas.

La ayuda humanitaria proveniente de organismos de Naciones Unidas y otras ONG es frecuentemente saqueada. Incluso los voluntarios y el personal sanitario son frecuentemente intimidados o atacados.

Mientras que al menos cien mil personas están amenazadas por una terrible hambruna y otros 4,9 millones de sursudaneses -de una población total de 12 millones de personas- se encuentran en una situación de grave insuficiencia alimentaria -el 25% de los menores de cinco años padecen desnutrición aguda global y el 8,1% sufre desnutrición aguda grave-, el tráfico de productos provenientes de la ayuda humanitaria es uno de los negocios más lucrativos del país.

Las perspectivas para los próximos meses no son muy prometedoras. Con la actual temporada de sequía y con combates francos en muchas zonas del país, el alimento y la atención sanitaria comienzan a ser un bien cada vez más escaso.

La comunidad internacional debe intensificar todos sus esfuerzos para evitar una tragedia anunciada. Debemos perseguir sin cesar soluciones políticas para el conflicto, y tomar medidas para asegurar el acceso a aquellas ONG -incluyendo a agencias de la ONU como la FAO, Unicef y el Programa Mundial de Alimentos- que tratan de aliviar la situación de las personas más vulnerables que a menudo viven en zonas de difícil acceso.

Si no se actúa rápidamente, Sudán del Sur vivirá un drama humanitario similar al que atravesó Ruanda en 1994.