miércoles, 22 de febrero de 2017

ECUADOR SE ENCAMINA A UNA SEGUNDA VUELTA ELECTORAL LLENA DE TENSIONES


Finalmente se cumplieron las predicciones, en Ecuador la presidencia se resolverá en una segunda ronda electoral signada por el fantasma del fraude.

LAS PRIMERAS HORAS

Si bien la emisión del voto, en los comicios presidenciales del pasado domingo en Ecuador, se desarrolló con normalidad el panorama se complicó en el recuento de votos y en la comunicación de los resultados.

Los comicios cerraron a las 17.00 horas de Ecuador, inmediatamente, tal como suele ocurrir en todas las elecciones en América Latina, los candidatos presuntamente más votados hablaron ante la prensa declarándose vencedores en función de encuestas realizadas a “boca de urna”.

Las encuestas a “boca de urna” recogen datos de los electores que acaban de emitir su voto y manifiestan voluntariamente al encuestador por quien han votado. Este tipo de encuestas suelen ser extremadamente imprecisas y solo son útiles para crear un clima triunfalista.

El primero en hablar fue el candidato oficialista de “Frente País”, Lenin Moreno, que mostró un “boca de urna” que le asignaba un 46% de los votos, y una marcada distancia con su más cercano competidor que sólo alcanzaba el 28%, dándose por vencedor en la primera vuelta electoral y futuro presidente de Ecuador.

En respuesta el candidato opositor del “Movimiento Creo”, el empresario Guillermo Lasso, que mostró otra encuesta de boca de urna -confeccionada por una empresa distinta- que, aunque daba ganador a Moreno, le asignaba menos del 40% de los votos y por tanto hacia necesaria una segunda vuelta entre Lasso y Moreno para determinar quién sería el próximo presidente.

La tensión y la incertidumbre se mantuvo hasta que el Comité Nacional Electoral (CNE) dio a conocer los primeros datos oficiales aproximadamente hacia las 21.00 horas.

Los datos oficiales confirmaban las afirmaciones del candidato opositor en el sentido de que Ecuador se encaminaba a una segunda vuelta electoral el 2 de abril.

Las cifras asignaban el 38,5% a Moreno, 28,30% para Lasso y 15,5% para la candidata socialcristiana Cynthia Viteri. A medida que se conocían datos adicionales de más urnas escrutadas la tendencia inicial se confirmaba. El candidato oficial, Moreno nunca alcanzó el 40% y el candidato opositor por su parte nunca descendió del 28%.

CRECEN LAS SOSPECHAS

Sorpresivamente, en horas de la madrugada sin que se conociera el motivo real se suspendió la publicación de los datos cuando aparentemente faltaba escrutar el 12% de las mesas electorales.

Mientras las sospechas de fraude crecían, el CNE informó que demoraría 72 horas en escrutar el 12% de las urnas restantes debido a “irregularidades” en la confección de las actas.

Esto no hizo más que disparar todas las alarmas sobre la posibilidad de que el régimen de Rafael Correa impusiera fraudulentamente a su candidato en la primera vuelta.

Los observadores internacionales por un lado reclamaban calma a los votantes y transparencia a las autoridades gubernamentales.

El candidato opositor Guillermo Lasso insistió en que había segunda vuelta y pidió a sus seguidores que se movilizaron para demandar a las autoridades que dieran a conocer la totalidad de los datos.

Mientras tanto, la candidata Cynthia Viteri que se situaba tercera con el 16% de los votos, no sólo reclamaba la segunda vuelta, sino que anunciaba que apoyaría a Guillermo Lasso en los comicios de abril.

También, el alcalde de la ciudad de Guayaquil, el socialcristiano, Jaime Nebot, advirtió el martes: “Desde hoy mismo vamos a promover una gigantesca movilización para, de ser necesario, defender la democracia en las calles.”

La tensión en las calles de las ciudades de Quito y Guayaquil se intensificó despertando la preocupación de los altos mandos del Ejército ecuatoriano.

El 20 de febrero, el Consejo de Generales del Ejército dio a conocer un comunicado diciendo: “Las Fuerzas Armadas se permiten hacer un llamado a las organizaciones del Estado a velar por el respeto estricto a la voluntad de nuestros mandantes expresada en las urnas, ya que es deber sagrado de las instituciones no desconocer la voluntad ciudadana.”

Incluso la Conferencia Episcopal Ecuatoriana consideró necesario fijar su posición en defensa de la legalidad electoral y llamó al CNE y a la ciudadanía a colaborar para que “la verdad se vea democráticamente reflejada en la tempestiva publicación de los anhelados resultados de estas importantes elecciones, donde se ha expresado la voluntad política de los ecuatorianos.”

La presión popular fue tanta que el presidente del Comité Nacional Electoral, Juan Pablo Pozo, se vio obligado a reconocer que: “la tendencia no podría cambiar, porque está marcada”, aunque reconoció que por el momento los resultados no son definitivos.

Finalmente, a las 13.00 horas del miércoles 22, casi a las 72 horas del cierre de los comicios, el presidente Rafael Correa se presentó en la televisión reconociendo que, aunque su partido “Frente País” había triunfado en las elecciones, el candidato Lenin Moreno no había alcanzado el 40% de los votos y era necesario realizar una segunda vuelta electoral para definir quién ocupará la presidencia.

LAS ELECCIONES DE SEGUNDA VUELTA

La demora del gobierno en reconocer los resultados reales de la elección ha reforzado las dudas preexistentes de que Correa podría apelar al fraude para imponer a su sucesor.
Es que los populismos solo ganan elecciones en épocas de prosperidad y derroche generoso de empleos públicos, subsidios y repartos de todo tipo. Las pierden, en cambio, en períodos recesivos donde cae el empleo, la actividad económica y los subsidios no alcanzan para aliviar la situación de la población. Y esto es precisamente lo que está ocurriendo en Ecuador.

Si a este panorama agregamos las acusaciones de corrupción por el caso Oderbercht, las persecuciones a la prensa independiente y el agotamiento del régimen después de diez años en el poder se entiende el porqué del limitado éxito del candidato Lenin Moreno.

En estos casos, los candidatos oficialistas se sitúan en una posición incómoda. Un candidato oficial carga con los errores del gobierno y no pueden presentarse como algo nuevo e incontaminado. Son más de lo mismo y sus votantes son esencialmente aquellas personas que aprueban lo hecho o se han beneficiado notoriamente con el estado de cosas existente.

Mientras que el candidato opositor, puede criticar todo, no tiene compromisos con el pasado, o con un gobierno que ha cometido errores y arrastra escándalos de corrupción. Es automáticamente el candidato del cambio y de la esperanza, juega con la ilusión del votante de una época mejor.

En las elecciones de segunda vuelta, la oposición que concurrió dividida a la primera ronda, se agrupa instantáneamente, no por decisión de sus dirigentes sino por decisión propia y autónoma del electoral. En estas elecciones el votante suele expresar su opinión de a quien no quiere en la presidencia del país. Se suele votar al candidato menos malo y no al preferido.

Las elecciones de segunda vuelta electoral suelen resolverse por escaso margen: en un 48 a 50%. Esto fue lo que ocurrió, por ejemplo, en Argentina entre el oficialista Daniel Scioli y el opositor Mauricio Macri. Scioli se impuso por 37,05% a 34,15% en la primera vuelta, pero en la segunda Macri lo derrotó por 51,4% a 48,6%.

En el caso de Ecuador, el final está abierto, el 2 de abril sabremos quién será el próximo presidente de Ecuador si el continuista Lenin Moreno o el candidato del cambio, el empresario liberal Guillermo Lasso.