domingo, 2 de abril de 2017

MASIVA MARCHA DE AUTOCONVOCADOS EN APOYO AL PRESIDENTE MACRI


En Argentina una mayoría de la sociedad, hasta ahora silenciosa, se expresó en favor del cambio y en apoyo al gobierno.

UN ALIVIO INESPERADO

Después de un agotador mes de marzo en que los sectores más combativos de la oposición: organizaciones piqueteras, docentes, gremios de izquierda y agrupaciones de derechos humanos ganaron la calle y virtualmente se apoderaron del centro porteño, el gobierno de Cambiemos cosecho un éxito inesperado, por el que poco y nada había hecho, y que revierte el clima destituyente que acosaba al oficialismo.

Una multitudinaria marcha de apoyo convocada por la gente a través de las redes sociales ratificó que un gran sector de la ciudadanía mantiene inalterable su apoyo a la gestión del presidente Mauricio Macri a pesar de que la economía argentina no pasa por su mejor momento.

Una inmensa multitud compuesta por al menos doscientas mil personas se apropió de la Plaza de Mayo y sus calles adyacentes.

Históricamente, la Plaza de Mayo fue el escenario natural de los sectores populares que suelen acompañar al peronismo y a algunos grupos de izquierda.

Ese punto no fue el único escenario de expresión de la voluntad popular. Algunos vecinos se congregaron en esquinas características de la ciudad -como la intersección de la Avenida Rivadavia con la calle Acoyte, en el barrio de Caballito- con el mismo propósito. El escenario se repitió en las principales ciudades del interior del país donde también proliferaron las marchas y concentraciones de ciudadanos en apoyo del gobierno nacional.

LA MAYORÍA SILENCIOSA

Esta vez fue la clase media, que abandonó su rol tradicional de pasiva mayoría silenciosa que solo se expresa a través del sufragio para asumir un nuevo protagonismo.
La convocatoria no fue organizada por ningún partido político -ni siquiera el oficial- ni organización social, no fue alentada por ninguna figura política, por lo tanto, no contó con organizadores ni líderes, tampoco hubo oradores o una consigna unificadora. La multitud estaba formada especialmente por personas de clase media, que superaban los treinta años, entre ellos muchas familias. Por lo general, se trataba de gente proveniente de la clase media urbana que marchaba pacíficamente portando banderas argentinas y cantando el himno nacional. Algunos portaban precarios carteles expresando, según los casos, el rechazo al kirchnerismo, demandando la cárcel para los políticos y funcionarios corruptos o el fin de las huelgas politizadas y la agitación callejera.

Pese a la ausencia casi total de personal policial la concentración se realizó en todos los lugares sin que se produjeran incidentes y en medio de un clima festivo.

La movilización popular del sábado 1° de abril es particularmente significativa porque no fue convocada ni apoyada por el gobierno, sino que, pese al temor oficial de no ser lo suficientemente convocante, la gente resolvió auto convocarse para expresar que tipo de país quería y demostrar que estaba dispuesto a luchar por él.

La concurrencia no fue apoyada por autobuses que trasladaran a los manifestantes, como suele ocurrir en las convocatorias organizadas por agrupaciones piqueteras, gremios o sectores de izquierda, ni incentivada por amenazas, entregas de alimentos o dinero. 

Tampoco se trasladó a los manifestantes en forma compulsiva desde sus lugares de trabajo o de los comedores comunitarios.

Todo lo contrario, se organizó en la tarde de un día feriado y los asistentes dejaron la tranquilidad y comodidad de sus hogares en un día de descanso para movilizarse y expresar su apoyo al tipo de futuro que promete el gobierno.

La masiva convocatoria causó un directo impacto en aquellos dirigentes y sectores que estaban seguros que la mayoría del pueblo había abandonado al gobierno y de que podrían derrotarlo fácilmente en las elecciones del próximo mes de octubre. El apoyo al gobierno parece seguir en gran medida intacto y el retorno del populismo no es algo inevitable. Por ahora, al menos el helicóptero está muy lejos.

EL FIN DEL CLIMA DESTITUYENTE

Esta masiva y espontánea movilización popular contrasta radicalmente con las marchas opositoras de los últimos días: el acto conmemorativo de un nuevo aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la marcha de los docentes en huelga y la convocatoria del sindicalismo combativo de la CTA y del kirchnerismo.

En todas estas movilizaciones imperaba un clima crispado, con encendidos discursos apelando al odio entre los argentinos, descalificaciones al presidente y abiertas invocaciones a la interrupción del orden constitucional.


Estados dos “Plazas”, la que sueña con un futuro mejor para la Argentina y la que pretende volver al ciclo eterno de inestabilidad política, golpes de Estado y gobiernos populistas, son el símbolo evidente de la división que hoy sufre la sociedad argentina. Una profunda grieta generada por doce años de populismo autoritario y de confrontación entre argentinos que, lamentablemente, aún no ha soldado en un proyecto común como nación. 

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