miércoles, 21 de enero de 2026

Para Marruecos el futbol es mucho más que un deporte popular.



Por expreso mandato del rey Mohammed VI, el príncipe Moulay Rachid recibió a la selección nacional tras su actuación en la Copa Africana de Naciones. El gesto, cuidadosamente escenificado en el corazón institucional del Reino, vuelve a situar al fútbol como una pieza central de la proyección estratégica y diplomática de Marruecos en África y en el mundo.

Contenido:

En el Palacio de los Huéspedes Reales de Rabat, uno de los espacios más cargados de simbolismo de la monarquía marroquí, la recepción ofrecida por el príncipe Moulay Rachid a los integrantes de la selección nacional de fútbol no fue un acto protocolar más. Convocada por Altas Instrucciones del rey Mohammed VI, la audiencia al equipo finalista de la Copa Africana de Naciones (CAN Marruecos 2025) se inscribió en una narrativa política más amplia, en la que el deporte —y en particular el fútbol— se ha convertido en una herramienta de cohesión interna, afirmación identitaria y proyección internacional.

El hermano del Rey por encargo real saludó uno a uno a los protagonistas del ciclo deportivo que volvió a situar a Marruecos entre las potencias futbolísticas del continente. Junto a él estuvieron el presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol, Fouzi Lekjaa, figura clave en la modernización del sector, y el seleccionador nacional, Walid Regragui, artífice de un proyecto que combina disciplina táctica, apuesta por el talento joven y una identidad de juego reconocible. La fotografía oficial, difundida ampliamente por los medios nacionales, selló una escena que el Palacio Real concibe como parte de un relato de continuidad y estabilidad.

La recepción fue leída en Rabat como una nueva manifestación de la “Alta Benevolencia” con la que el monarca acompaña a la juventud marroquí y respalda su realización a través del deporte. No se trata de una retórica circunstancial. Desde su ascenso al trono, Mohammed VI ha promovido una política sostenida de inversión en capital humano, en la que el fútbol ocupa un lugar privilegiado como fenómeno social de masas y como escaparate internacional del Reino. El mensaje de felicitación dirigido por el soberano a los jugadores tras la final de la CAN insistió en valores como la perseverancia, la seriedad y el espíritu de equipo, presentados no solo como virtudes deportivas, sino como atributos de una nación en proceso de modernización.

El éxito relativo de los Leones del Atlas en los últimos años —con hitos que trascienden el ámbito africano— ha reforzado la convicción del Palacio de que el fútbol puede funcionar como un vector diplomático de primer orden. Marruecos ha sabido articular sus resultados deportivos con una política exterior activa en África, Europa y el mundo árabe, utilizando el deporte como lenguaje común y como plataforma de influencia blanda. La organización de grandes competiciones, la cooperación federativa con otros países africanos y la presencia de dirigentes marroquíes en instancias internacionales del fútbol forman parte de esa estrategia silenciosa, pero persistente.

La recepción encabezada por Moulay Rachid se inscribe, además, en un momento clave del calendario estratégico del Reino. Marruecos se prepara para asumir desafíos organizativos de alcance global, con infraestructuras deportivas que el propio rey ha señalado como ejemplo de resiliencia y estándares internacionales. La modernización de estadios, centros de entrenamiento y redes logísticas no responde únicamente a exigencias deportivas, sino a una visión de largo plazo que vincula desarrollo urbano, imagen país y competitividad internacional.

En este contexto, el fútbol aparece como un instrumento de diplomacia pública capaz de proyectar una imagen de estabilidad, ambición y apertura. Cada recepción oficial, cada mensaje real y cada gesto institucional buscan consolidar una narrativa en la que el éxito deportivo es inseparable de un proyecto nacional. La audiencia a la selección nacional tras la CAN 2025 reafirmó esa lógica: el reconocimiento no se limita al resultado en el campo, sino que celebra el papel del deporte como embajador del Marruecos contemporáneo.

Así, bajo la mirada del príncipe Moulay Rachid y por mandato directo de Mohammed VI, la selección fue recibida no solo como un equipo de fútbol, sino como un símbolo de una estrategia de Estado. En Rabat, el balón vuelve a rodar más allá del césped, convertido en una herramienta de proyección diplomática que Marruecos ha decidido jugar con ambición y método.

 

No hay comentarios: