Por expreso mandato del rey Mohammed
VI, el príncipe Moulay Rachid recibió a la selección nacional tras su actuación
en la Copa Africana de Naciones. El gesto, cuidadosamente escenificado en el
corazón institucional del Reino, vuelve a situar al fútbol como una pieza
central de la proyección estratégica y diplomática de Marruecos en África y en
el mundo.
Contenido:
En
el Palacio de los Huéspedes Reales de Rabat, uno de los espacios más cargados
de simbolismo de la monarquía marroquí, la recepción ofrecida por el príncipe
Moulay Rachid a los integrantes de la selección nacional de fútbol no fue un
acto protocolar más. Convocada por Altas Instrucciones del rey Mohammed VI, la
audiencia al equipo finalista de la Copa Africana de Naciones (CAN Marruecos
2025) se inscribió en una narrativa política más amplia, en la que el deporte
—y en particular el fútbol— se ha convertido en una herramienta de cohesión
interna, afirmación identitaria y proyección internacional.
El
hermano del Rey por encargo real saludó uno a uno a los protagonistas del ciclo
deportivo que volvió a situar a Marruecos entre las potencias futbolísticas del
continente. Junto a él estuvieron el presidente de la Federación Real Marroquí
de Fútbol, Fouzi Lekjaa, figura clave en la modernización del sector, y el
seleccionador nacional, Walid Regragui, artífice de un proyecto que combina
disciplina táctica, apuesta por el talento joven y una identidad de juego
reconocible. La fotografía oficial, difundida ampliamente por los medios
nacionales, selló una escena que el Palacio Real concibe como parte de un
relato de continuidad y estabilidad.
La
recepción fue leída en Rabat como una nueva manifestación de la “Alta
Benevolencia” con la que el monarca acompaña a la juventud marroquí y respalda
su realización a través del deporte. No se trata de una retórica
circunstancial. Desde su ascenso al trono, Mohammed VI ha promovido una
política sostenida de inversión en capital humano, en la que el fútbol ocupa un
lugar privilegiado como fenómeno social de masas y como escaparate
internacional del Reino. El mensaje de felicitación dirigido por el soberano a
los jugadores tras la final de la CAN insistió en valores como la
perseverancia, la seriedad y el espíritu de equipo, presentados no solo como
virtudes deportivas, sino como atributos de una nación en proceso de
modernización.
El
éxito relativo de los Leones del Atlas en los últimos años —con hitos que
trascienden el ámbito africano— ha reforzado la convicción del Palacio de que
el fútbol puede funcionar como un vector diplomático de primer orden. Marruecos
ha sabido articular sus resultados deportivos con una política exterior activa
en África, Europa y el mundo árabe, utilizando el deporte como lenguaje común y
como plataforma de influencia blanda. La organización de grandes competiciones,
la cooperación federativa con otros países africanos y la presencia de
dirigentes marroquíes en instancias internacionales del fútbol forman parte de
esa estrategia silenciosa, pero persistente.
La
recepción encabezada por Moulay Rachid se inscribe, además, en un momento clave
del calendario estratégico del Reino. Marruecos se prepara para asumir desafíos
organizativos de alcance global, con infraestructuras deportivas que el propio
rey ha señalado como ejemplo de resiliencia y estándares internacionales. La
modernización de estadios, centros de entrenamiento y redes logísticas no
responde únicamente a exigencias deportivas, sino a una visión de largo plazo
que vincula desarrollo urbano, imagen país y competitividad internacional.
En
este contexto, el fútbol aparece como un instrumento de diplomacia pública
capaz de proyectar una imagen de estabilidad, ambición y apertura. Cada
recepción oficial, cada mensaje real y cada gesto institucional buscan
consolidar una narrativa en la que el éxito deportivo es inseparable de un
proyecto nacional. La audiencia a la selección nacional tras la CAN 2025
reafirmó esa lógica: el reconocimiento no se limita al resultado en el campo,
sino que celebra el papel del deporte como embajador del Marruecos
contemporáneo.
Así,
bajo la mirada del príncipe Moulay Rachid y por mandato directo de Mohammed VI,
la selección fue recibida no solo como un equipo de fútbol, sino como un
símbolo de una estrategia de Estado. En Rabat, el balón vuelve a rodar más allá
del césped, convertido en una herramienta de proyección diplomática que
Marruecos ha decidido jugar con ambición y método.

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