viernes, 23 de enero de 2026

Marruecos y Argentina sellan su adhesión al Consejo de Paz de Trump: un nuevo eje diplomático de coincidencias


 

Por Adalberto Agozino

La firma de la Carta Constitutiva del Consejo de Paz impulsado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, marca un hito en la diplomacia global de 2026. Marruecos, bajo las altas directivas del rey Mohammed VI y como primer país africano en integrarse, y Argentina, con la rúbrica del presidente Javier Milei, consolidan una alianza que refuerza sus vínculos estratégicos con Washington y reposiciona a ambos países en la escena internacional.

 

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En el corazón del Foro Económico Mundial de Davos, el 22 de enero de 2026 quedará inscrito como un punto de inflexión en la diplomacia internacional. En la emblemática ciudad suiza, decenas de jefes de Estado y representantes de gobiernos rubricaron la Carta Constitutiva del Consejo de Paz para Gaza, la ambiciosa iniciativa promovida por el presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, destinada inicialmente a supervisar la reconstrucción y estabilización de la Franja de Gaza tras más de dos años de conflicto.

Entre las firmas que destacan por su simbolismo y alcance geopolítico figuran las de Marruecos y Argentina, dos países con conexiones profundas con Washington que ahora alinean sus agendas diplomáticas con la del liderazgo estadounidense.

Marruecos: el primer país africano que responde al llamado real

Marruecos no solo se sumó a la iniciativa: fue el primer país africano en firmar la adhesión al Consejo de Paz. Lo hizo bajo las altas directivas de Su Majestad el rey, Mohammed VI, cuyo mandato político y diplomático fue determinante para que Rabat aceptara la invitación de Trump. El ministro de Relaciones Exteriores marroquí, Nasser Bourita, estampó su firma en presencia del mandatario estadounidense, activando formalmente la creación del organismo junto con Baréin y otros Estados fundadores.

Esta adhesión, más allá de la formalidad burocrática, responde a un posicionamiento estratégico profundo: Marruecos busca consolidar su papel como actor de equilibrio y mediación en Oriente Medio y en el tablero internacional. El rey Mohammed VI, además de jefe de Estado, desempeña desde hace años un papel central en la causa palestina como presidente del Comité Al-Quds, un organismo de la Organización de Cooperación Islámica dedicado a la defensa de los derechos del pueblo palestino y al estatus de Jerusalén.

La presidencia del Comité Al-Quds confiere al monarca alauí no solo una legitimidad política sino también una autoridad moral y religiosa, crucial en un conflicto donde las dimensiones espirituales y nacionales se entrelazan. Esta doble vara de liderazgo —como monarca y como custodio de la causa palestina— explica en parte por qué Marruecos emergió como uno de los primeros Estados dispuestos a respaldar la propuesta estadounidense.

Argentina: un socio clave en el tablero occidental

A la par de Marruecos, Argentina rubricó su adhesión al Consejo de Paz. El presidente Javier Milei firmó la adhesión en Davos, incorporando a nuestro país a este nuevo foro diplomático de alcance global. Aunque los detalles logísticos y financieros de la participación argentina —incluidos posibles compromisos económicos exigidos por la Casa Blanca— han generado debate interno, la decisión política subraya un alineamiento más estrecho de la Casa Rosada con las prioridades exteriores de la Administración Trump.

La presencia de Argentina en este organismo pone de relieve un fenómeno geopolítico notable: Estados Unidos, Marruecos y Argentina comparten no solo intereses en relación con la gestión de la crisis en Gaza, sino también lazos estratégicos recientes con la Administración Trump, que van desde acuerdos de cooperación hasta respaldos políticos en foros multilaterales. Esa base común de coincidencias crea un campo fértil para estrechar aún más las relaciones diplomáticas bilaterales, en un contexto global caracterizado por la fragmentación de alianzas tradicionales.

Una diplomacia en tiempos de incertidumbre

El Consejo de Paz impulsado por Trump llega en un momento de tensiones persistentes en Oriente Medio. Tras el alto el fuego y los esfuerzos por reconstruir Gaza, la iniciativa estadounidense —que algunos analistas consideran paralela y, en ciertos aspectos, competitiva frente a la diplomacia tradicional de la ONU— pretende establecer un nuevo régimen de cooperación internacional con mecanismos propios.

Para Marruecos, formar parte de este Consejo representa tanto una oportunidad como un desafío: reafirma su compromiso histórico con la causa palestina, pero lo inserta dentro de una arquitectura diplomática liderada desde Washington, con todas las implicancias políticas que ello conlleva en un escenario global polarizado. Para Argentina, la adhesión pone a prueba su proyección internacional en una coyuntura en que su política exterior está redefiniéndose y buscando espacios de influencia más amplios, aun si estos implican costosas inversiones o compromisos multilaterales complejos.

Una nueva cartografía de alianzas

La firma de Marruecos y Argentina se inscribe en un momento en que la diplomacia internacional parece reconfigurarse alrededor de nuevos centros de gravedad. La iniciativa del Consejo de Paz, aunque aún en sus etapas iniciales, ya refleja la capacidad de ciertos líderes y Estados de moldear cuerpos diplomáticos alternativos, y de colocar temas como la paz en Gaza en el centro de sus agendas globales.

Para Marruecos, el protagonismo no es accidental: responde a una visión monárquica que combina realismo político con un compromiso preexistente hacia la causa palestina, encarnado en la figura del rey Mohammed VI y en su liderazgo del Comité Al-Quds. Para Argentina, la firma es parte de una estrategia de reenganche global, con Washington como socio preferente. En conjunto, estas adhesiones ofrecen una pista sobre cómo podría reescribirse, en los próximos años, la geopolítica del siglo XXI: no solo en los centros tradicionales del poder, sino en redes dispersas que conectan dignidades nacionales, alianzas históricas y visiones compartidas de un orden internacional en transformación.

 

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