Por
Adalberto Agozino
La firma de la Carta Constitutiva del
Consejo de Paz impulsado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump,
marca un hito en la diplomacia global de 2026. Marruecos, bajo las altas
directivas del rey Mohammed VI y como primer país africano en integrarse, y
Argentina, con la rúbrica del presidente Javier Milei, consolidan una alianza
que refuerza sus vínculos estratégicos con Washington y reposiciona a ambos
países en la escena internacional.
Contenido:
En
el corazón del Foro Económico Mundial de Davos, el 22 de enero de 2026 quedará
inscrito como un punto de inflexión en la diplomacia internacional. En la
emblemática ciudad suiza, decenas de jefes de Estado y representantes de
gobiernos rubricaron la Carta Constitutiva del Consejo de Paz para Gaza,
la ambiciosa iniciativa promovida por el presidente de los Estados Unidos, Donald
J. Trump, destinada inicialmente a supervisar la reconstrucción y
estabilización de la Franja de Gaza tras más de dos años de conflicto.
Entre
las firmas que destacan por su simbolismo y alcance geopolítico figuran las de Marruecos
y Argentina, dos países con conexiones profundas con Washington que
ahora alinean sus agendas diplomáticas con la del liderazgo estadounidense.
Marruecos:
el primer país africano que responde al llamado real
Marruecos
no solo se sumó a la iniciativa: fue el primer país africano en firmar la
adhesión al Consejo de Paz. Lo hizo bajo las altas directivas de Su
Majestad el rey, Mohammed VI, cuyo mandato político y diplomático fue
determinante para que Rabat aceptara la invitación de Trump. El ministro de
Relaciones Exteriores marroquí, Nasser Bourita, estampó su firma en presencia
del mandatario estadounidense, activando formalmente la creación del organismo
junto con Baréin y otros Estados fundadores.
Esta
adhesión, más allá de la formalidad burocrática, responde a un posicionamiento
estratégico profundo: Marruecos busca consolidar su papel como actor de
equilibrio y mediación en Oriente Medio y en el tablero internacional. El
rey Mohammed VI, además de jefe de Estado, desempeña desde hace años un papel
central en la causa palestina como presidente del Comité Al-Quds,
un organismo de la Organización de Cooperación Islámica dedicado a la defensa
de los derechos del pueblo palestino y al estatus de Jerusalén.
La
presidencia del Comité Al-Quds confiere al monarca alauí no solo una
legitimidad política sino también una autoridad moral y religiosa, crucial en
un conflicto donde las dimensiones espirituales y nacionales se entrelazan.
Esta doble vara de liderazgo —como monarca y como custodio de la causa
palestina— explica en parte por qué Marruecos emergió como uno de los primeros
Estados dispuestos a respaldar la propuesta estadounidense.
Argentina:
un socio clave en el tablero occidental
A
la par de Marruecos, Argentina rubricó su adhesión al Consejo de Paz. El
presidente Javier Milei firmó la adhesión en Davos, incorporando a
nuestro país a este nuevo foro diplomático de alcance global. Aunque los
detalles logísticos y financieros de la participación argentina —incluidos
posibles compromisos económicos exigidos por la Casa Blanca— han generado
debate interno, la decisión política subraya un alineamiento más estrecho de la
Casa Rosada con las prioridades exteriores de la Administración Trump.
La
presencia de Argentina en este organismo pone de relieve un fenómeno
geopolítico notable: Estados Unidos, Marruecos y Argentina comparten no solo
intereses en relación con la gestión de la crisis en Gaza, sino también lazos
estratégicos recientes con la Administración Trump, que van desde acuerdos
de cooperación hasta respaldos políticos en foros multilaterales. Esa base
común de coincidencias crea un campo fértil para estrechar aún más las
relaciones diplomáticas bilaterales, en un contexto global caracterizado
por la fragmentación de alianzas tradicionales.
Una
diplomacia en tiempos de incertidumbre
El
Consejo de Paz impulsado por Trump llega en un momento de tensiones
persistentes en Oriente Medio. Tras el alto el fuego y los esfuerzos por
reconstruir Gaza, la iniciativa estadounidense —que algunos analistas
consideran paralela y, en ciertos aspectos, competitiva frente a la diplomacia
tradicional de la ONU— pretende establecer un nuevo régimen de cooperación
internacional con mecanismos propios.
Para
Marruecos, formar parte de este Consejo representa tanto una oportunidad como
un desafío: reafirma su compromiso histórico con la causa palestina, pero lo
inserta dentro de una arquitectura diplomática liderada desde Washington, con
todas las implicancias políticas que ello conlleva en un escenario global
polarizado. Para Argentina, la adhesión pone a prueba su proyección
internacional en una coyuntura en que su política exterior está redefiniéndose
y buscando espacios de influencia más amplios, aun si estos implican costosas
inversiones o compromisos multilaterales complejos.
Una
nueva cartografía de alianzas
La
firma de Marruecos y Argentina se inscribe en un momento en que la diplomacia
internacional parece reconfigurarse alrededor de nuevos centros de gravedad. La
iniciativa del Consejo de Paz, aunque aún en sus etapas iniciales, ya refleja
la capacidad de ciertos líderes y Estados de moldear cuerpos diplomáticos
alternativos, y de colocar temas como la paz en Gaza en el centro de sus
agendas globales.
Para
Marruecos, el protagonismo no es accidental: responde a una visión monárquica
que combina realismo político con un compromiso preexistente hacia la causa
palestina, encarnado en la figura del rey Mohammed VI y en su liderazgo del
Comité Al-Quds. Para Argentina, la firma es parte de una estrategia de
reenganche global, con Washington como socio preferente. En conjunto, estas
adhesiones ofrecen una pista sobre cómo podría reescribirse, en los próximos
años, la geopolítica del siglo XXI: no solo en los centros tradicionales del
poder, sino en redes dispersas que conectan dignidades nacionales, alianzas
históricas y visiones compartidas de un orden internacional en transformación.

No hay comentarios:
Publicar un comentario