jueves, 8 de enero de 2026

Histórico hallazgo refuerza el papel del Reino de Marruecos como una de las cunas de la Humanidad.


 

Durante décadas, la pregunta sobre el origen del ser humano moderno ha dividido a la comunidad científica entre hipótesis africanas y euroasiáticas, con África oriental como epicentro casi indiscutido del relato evolutivo. Sin embargo, un hallazgo reciente en el norte de África obliga a ampliar el mapa y a replantear viejas certezas.

 

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En una cantera de Casablanca, a orillas del Atlántico marroquí, un conjunto de fósiles humanos datados en unos 773.000 años ha irrumpido con fuerza en el debate sobre los orígenes de nuestra especie, aportando nuevas pruebas de la profunda raíz africana del linaje humano y del papel decisivo del Reino de Marruecos en esa historia.

Los restos —mandíbulas, dientes y fragmentos vertebrales— fueron descubiertos en el yacimiento conocido como Thomas Quarry I, en una cavidad denominada significativamente Grotte à Hominidés. Aunque el hallazgo se produjo en 2008, su análisis exhaustivo y su datación precisa, ahora publicados en la prestigiosa revista de divulgación científica Nature, han permitido situarlos en un momento clave de la evolución humana, cuando los linajes que darían origen al Homo sapiens, a los neandertales y a los denisovanos comenzaban a divergir

Un mosaico de rasgos antiguos y modernos

Lo que hace excepcional a los fósiles de Casablanca no es solo su antigüedad, comparable a la del Homo antecessor hallado en Atapuerca, sino su morfología. Los investigadores describen una combinación poco habitual de rasgos arcaicos —vinculados a poblaciones próximas al Homo erectus— y características más derivadas, algunas de ellas cercanas a las que definen a los humanos modernos. Ese mosaico anatómico sitúa a estos homínidos cerca del punto de bifurcación evolutiva entre África y Eurasia, en una fase todavía poco documentada del registro fósil africano.

Juan Luis Arsuaga, uno de los principales referentes europeos en paleoantropología, ha subrayado que estos restos norteafricanos deben compararse cuidadosamente con los de Atapuerca, ya que ambos yacimientos se sitúan cronológicamente en un umbral decisivo de la evolución humana. Las diferencias morfológicas, no obstante, sugieren trayectorias evolutivas distintas, reforzando la idea de que África albergó una diversidad de poblaciones humanas mucho mayor de lo que se pensaba hace apenas unos años.

Marruecos en el centro del relato evolutivo

El hallazgo de Casablanca no es un episodio aislado. En 2017, el descubrimiento en Jebel Irhoud, al sur de Marruecos, de restos de Homo sapiens de unos 315.000 años ya había desplazado hacia el noroeste africano el foco tradicional del origen de nuestra especie. Ahora, los fósiles de casi 800.000 años refuerzan esa tendencia y sugieren que el norte de África fue un escenario clave durante cientos de miles de años, mucho antes de la emergencia del Homo sapiens plenamente reconocido.

Según los responsables del estudio, estas poblaciones humanas arcaicas del Magreb podrían representar uno de los mejores candidatos conocidos al último ancestro común de los humanos modernos y de las ramas europeas y asiáticas del género Homo. Los datos paleogenéticos sitúan a ese ancestro en un intervalo comprendido entre hace 765.000 y 550.000 años, una franja temporal que encaja de manera notable con la antigüedad de los restos de Casablanca.

África, origen indiscutido del homo sapiens

Más allá de los matices técnicos, el mensaje de fondo es claro: el origen del ser humano moderno es africano. Frente a hipótesis que durante años concedieron a Europa un papel central en la génesis de nuestra especie, los fósiles marroquíes inclinan de nuevo la balanza hacia África, no como un punto único de origen, sino como un continente dinámico, poblado por múltiples grupos humanos que interactuaron, se separaron y evolucionaron a lo largo de cientos de miles de años.

El director de la misión franco-marroquí de Prehistoria de Casablanca, Abderrahim Mohib, ha señalado que estos restos “llenan un vacío importante en el registro fósil africano” y confirman “la antigüedad y la profundidad de las raíces africanas de nuestra especie”, subrayando además el papel estratégico del norte de África en las grandes etapas de la evolución humana.

Una historia aún abierta

Como ocurre con todos los grandes hallazgos paleoantropológicos, la prudencia acompaña al entusiasmo. Los restos son parciales y no permiten, por sí solos, definir una nueva especie ni cerrar definitivamente el debate sobre el último ancestro común de la humanidad. Pero su valor reside precisamente en eso: en abrir nuevas preguntas y en ampliar el horizonte geográfico y cronológico de nuestra propia historia.

La bella ciudad-puerto de Casablanca, hoy conocida por su dinamismo urbano y su peso económico, emerge así como un escenario inesperado de la prehistoria humana. Bajo sus canteras yacen huellas de un pasado remoto que recuerda que la historia del ser humano comenzó en África, y que Marruecos, lejos de ser un margen del relato, ocupa un lugar central en la larga y compleja gestación de la Humanidad.

 

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