domingo, 4 de enero de 2026

Operación Resolución Absoluta: la noche en que los helicópteros cambiaron el poder en Caracas



La captura de Nicolás Maduro fue el desenlace de una operación milimétrica en la que el dominio aéreo, la guerra electrónica y los helicópteros del 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales resultaron decisivos

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La madrugada del 2 de enero de 2026 no fue solo el final abrupto de Nicolás Maduro como hombre fuerte del chavismo. Fue también la consagración de una doctrina militar que Estados Unidos perfecciona desde hace décadas: la capacidad de penetrar, golpear y extraer en el corazón de un Estado hostil en cuestión de horas. La Operación Resolución Absoluta, ejecutada en Caracas, condensó ese saber acumulado y lo llevó a una escala inédita para América Latina desde la Guerra Fría.

Si la inteligencia permitió saber dónde estaba Maduro y cuándo era vulnerable, fue el componente aéreo —y en particular el cuerpo de helicópteros— el que hizo posible que la misión pasara del plano teórico al terreno real, en una capital densamente poblada, rodeada de montañas y defendida por sistemas antiaéreos de origen ruso.

Meses de preparación y un ensayo sin margen de error

Durante meses, la maquinaria militar estadounidense se movió en silencio. Equipos de la CIA, la NSA y la NGA reconstruyeron cada detalle del entorno presidencial venezolano. En paralelo, el Pentágono ordenó la creación de réplicas exactas del complejo donde se refugiaba Maduro, utilizadas por las fuerzas de asalto para entrenar hasta el agotamiento.

El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, lo resumió con crudeza: “No ensayamos para hacerlo bien, ensayamos para no equivocarnos”. La frase no era retórica. En una operación de extracción, un solo fallo —un helicóptero derribado, una defensa no neutralizada, un error de cálculo— podía derivar en una catástrofe política y militar.

Caracas desde el aire: un desafío extremo

Caracas es una de las capitales más complejas del continente para una operación aerotransportada. Separada del mar por la cordillera del Ávila, obliga a los helicópteros a volar a muy baja altura, siguiendo rutas estrechas y expuestas. A ello se sumaba la presencia de baterías antiaéreas Buk y S-300, radares, misiles portátiles y una red de vigilancia militar concentrada en torno a Fuerte Tiuna, el mayor complejo castrense del país.

Antes de que un solo helicóptero cruzara la costa, más de 150 aeronaves estadounidenses —cazas, bombarderos, drones y aviones de guerra electrónica— despegaron desde 20 bases y buques. El objetivo inicial fue cegar y desarticular las defensas venezolanas. Misiles de precisión y ataques electrónicos abrieron un corredor invisible hacia la capital.

Los Night Stalkers: el corazón de la operación

En el centro del dispositivo se encontraba el 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales (SOAR), conocido como los Night Stalkers. Este cuerpo de helicópteros es una unidad única dentro del Ejército estadounidense, creada tras el fracaso de la Operación Eagle Claw en Irán, en 1980, precisamente para evitar que una misión crítica volviera a fracasar por limitaciones aéreas.

Su lema —“Night Stalkers Don’t Quit”— no es decorativo. Sus pilotos están entrenados para volar de noche, a cota mínima, sin referencias visuales, guiándose por sensores infrarrojos y sistemas de navegación avanzados. En Caracas operaron principalmente con MH-60 Black Hawk y MH-47 Chinook, adaptados para misiones de asalto, inserción y extracción rápida de fuerzas especiales.

Estos helicópteros no son simples plataformas de transporte. Están equipados con sistemas de autoprotección, contramedidas electrónicas, armamento defensivo y capacidad para operar en entornos saturados de fuego enemigo. Cada aparato transportaba comandos de Delta Force, agentes del Departamento de Justicia y personal de apoyo, en una coreografía ensayada durante semanas.

El ingreso: segundos decisivos

A las 2:01 de la madrugada, los helicópteros cruzaron la cordillera y descendieron sobre el complejo donde se encontraba Maduro. Fue el momento más crítico. Según el mando estadounidense, las aeronaves recibieron disparos desde tierra. La respuesta fue inmediata y abrumadora. Uno de los helicópteros resultó alcanzado, pero logró mantenerse en vuelo, un detalle que subraya el nivel de redundancia técnica y entrenamiento de sus tripulaciones.

Mientras los Night Stalkers sostenían el puente aéreo, los comandos descendieron y avanzaron hacia el objetivo: el recinto en el que se escondía Maduro armados con sopletes y material de demolición que, finalmente, no emplearon. La resistencia se concentró en los accesos, defendidos por unidades venezolanas y por personal extranjero integrado al anillo de seguridad.

Los caídos en Fuerte Tiuna

Documentos internos identifican entre los muertos, unos cuarenta en total, a efectivos del Batallón de Seguridad Presidencial N.º 6, el Escuadrón Bravo y el Batallón de Custodia N.º 3, además de personal cubano sin rango formal, identificado con las siglas GH, perteneciente al dispositivo de seguridad presidencial.

La nómina parcial de los caídos en Fuerte Tiuna a los siguientes efectivos:

Batallón de Seguridad Presidencial N.º 6

  • Tte. Barreto Yendis Cristofer Gregorio, C.I. 26.688.532
  • GH. Hurtado Ortuño Franyerson Javier, C.I. 31.715.580
  • C2. López Sánchez Luis Enrry, C.I. 32.393.193
  • GH. Parra Parra Jeampier Josué, C.I. 32.061.848
  • GH. Ilarraza González José Ángel, C.I. 32.810.180
  • GH. Aguilera Velásquez Jerry Antonio, C.I. 31.408.054
  • GH. Contreras Tochon Franco Abraham, C.I. 32.541.929
  • GH. Tovar Lamont Isaac Enrique, C.I. 31.715.967

Escuadrón Bravo

  • Tte. Rivero Chirinos Lerwis Geovanny, C.I. 28.602.642
  • S2. Rodríguez Bellorín Richard, C.I. 31.701.270

Batallón de Custodia N.º 3

  • S2. Molina Goenaga Anais Katherine, C.I. 31.082.050
  • S2. Oliveros Velásquez Alejandra del Valle, C.I. 30.911.330
  • Alum/I Pereira Martínez Saúl Abraham, C.I. 32.220.879
  • DTG Cordero Moreno Jhonatan Alexander, C.I. 27.431.666
  • GH Quiñónez Perozo Carlos Julio, C.I. 30.382.425

La lista de nombres, filiaciones y números de identidad reconstruye el costo humano de una operación que, vista desde Washington, fue “limpia”, pero que en Caracas dejó una huella de sangre imborrable.

Delta Force y las Avispas Negras

En tierra, el choque fue breve y desigual. Delta Force, la unidad más secreta del Ejército estadounidense, especializada en antiterrorismo y capturas de alto valor, actuó con la precisión que la caracteriza. Frente a ella se encontraban miembros de las Avispas Negras, la principal fuerza de élite de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, creadas en 1986 y con experiencia en conflictos como Angola.

Las Avispas Negras están entrenadas para resistir invasiones y proteger objetivos estratégicos, pero en Caracas se enfrentaron a una fuerza que dominaba el aire, el terreno y el tiempo. El combate fue intenso, pero corto.

Dos horas y veinte minutos que cambiaron el tablero

Maduro y Cilia Flores, al no poder refugiarse en la parte blindada de su bunker, se rindieron sin ofrecer resistencia directa. En cuestión de minutos fueron esposados, trasladados a los helicópteros y evacuados hacia el USS Iwo Jima. A las 4:29, la fuerza estadounidense abandonó el espacio venezolano. No hubo bajas estadounidenses confirmadas.

Significado estratégico

Resolución Absoluta será estudiada durante años como un ejemplo de integración total de fuerzas: inteligencia, ciberataque, supremacía aérea, helicópteros de operaciones especiales y comandos de élite. Pero también plantea interrogantes profundos sobre la soberanía, el derecho internacional y el precedente que deja en una región históricamente sensible a la intervención externa.

En Caracas, mientras tanto, los helicópteros ya no sobrevuelan el cielo. Pero su eco —el de los Night Stalkers descendiendo en la noche— seguirá resonando durante mucho tiempo en la memoria política de América Latina.