El azul profundo del Mar de China
Meridional se ha tornado, en la recta final de 2025, en el escenario más
volátil del planeta. Lo que comenzó hace décadas como una disputa sobre
derechos de pesca y soberanía de atolones deshabitados, ha mutado en una partida
de ajedrez militar de alto riesgo que involucra a superpotencias nucleares. Con
el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y el ascenso de una postura
ultranacionalista en Japón, las aguas que conectan el Índico con el Pacífico
son hoy una “zona de alto riesgo para conflictos armados”.
Una
arteria vital bajo asedio
Para
entender la magnitud del riesgo, hay que mirar el mapa no solo como geografía,
sino como economía. Por estas aguas transita aproximadamente un cuarto del
tráfico marítimo global y más de tres billones de dólares en comercio anual. Es
una arteria vital para China, por donde pasa el 80% de sus importaciones de
petróleo. Además, el subsuelo marino guarda una promesa de riqueza: 11.000
millones de barriles de petróleo y 190 billones de pies cúbicos de gas natural.
Sin
embargo, la “línea de los nueve puntos” de Pekín, una demarcación histórica
desestimada por La Haya en 2016 pero impuesta de facto por China,
reclama el 90% de esta área. Para consolidar este reclamo, China ha construido
una “Gran Muralla de Arena”: siete islas artificiales militarizadas con
pistas de aterrizaje, radares y misiles.
Intereses
cruzados y alianzas en tensión
La
dinámica actual ya no es un simple litigio regional; es un choque de bloques.
El
Protagonista Revisionista: China
Bajo
el liderazgo de Xi Jinping, China busca asegurar su "patio trasero"
estratégico. Su objetivo es doble: asegurar las rutas de suministro energético
y alejar a las potencias extrarregionales (EE. UU.) de sus costas. Pekín ve la
presencia militar estadounidense y las alianzas regionales como una estrategia
de contención. Su táctica ha sido la de los “hechos consumados”:
militarizar islas y utilizar a su Guardia Costera y milicias marítimas para
bloquear a sus vecinos, como se vio en el bloqueo al buque Sierra Madre
filipino.
La
Resistencia Frontal: Filipinas y Taiwán
- Filipinas:
Bajo la presidencia de Ferdinand Marcos Jr., Manila ha abandonado la
ambigüedad. Ha reforzado su alianza con Washington, permitiendo la
instalación del sistema de misiles Typhon (capaz de alcanzar territorio
chino) y recibiendo destructores de Japón. Filipinas se ha convertido en
la primera línea de defensa, sufriendo embestidas directas, colisiones y
marineros heridos en sus misiones de reabastecimiento.
- Taiwán:
constituye la “línea roja” absoluta de Pekín. Aunque es una disputa
distinta a la del Mar de China Meridional, están intrínsecamente ligadas.
Taiwán produce el 90% de los semiconductores avanzados del mundo. China ha
intensificado sus incursiones aéreas —llegando a 62 aviones militares en
48 horas en febrero de 2025— y advierte que la reunificación es una “tendencia
histórica imparable”.
Los
Garantes Externos: Estados Unidos y Japón
- Estados Unidos:
Con la Administración Trump retomando el poder, la política es “paz
mediante la fuerza”. EE. UU. ha advertido que su pacto defensivo con
Filipinas cubre ataques armados en el Mar de China Meridional. La
presencia de buques de guerra estadounidenses realizando operaciones que
garantizan la “libertad de
navegación” es constante.
- Japón:
Este país ha protagonizado el cambio estratégico más dramático de 2025. La
primera ministra Sanae Takaichi ha roto con la tradición pacifista,
declarando que una contingencia en Taiwán amenaza la supervivencia de
Japón. Tokio ha enviado destructores clase Abukuma a Filipinas y negocia
un pacto de asistencia recíproca, desatando la ira de Pekín.
Actores
no tan Secundarios
- Vietnam:
Silenciosamente, ha realizado la mayor expansión de sus puestos de
avanzada en las Spratly, creando más tierra artificial que China en el
último año.
- Indonesia y Malasia:
Intentan un equilibrio precario. Aunque tienen disputas con China (como en
las islas Natuna y los bajos de Luconia), mantienen fuertes lazos
económicos. Sin embargo, la agresividad china ha empujado a Indonesia a
reforzar su patrullaje y cooperación marítima.
- India y Australia:
Potencias del Indo-Pacífico que han comenzado a realizar ejercicios
navales en la zona, desafiando el dominio chino y apoyando a Filipinas.
¿Por
qué debería importarle al mundo?
Un
conflicto abierto en esta región no sería local. Las consecuencias serían
sistémicas e inmediatas:
Colapso
Económico: La interrupción del tráfico comercial en el
Estrecho de Malaca y el Mar de China Meridional detendría la cadena de
suministro global. La economía mundial, dependiente de los semiconductores
taiwaneses, sufriría una parálisis tecnológica que afectaría desde la
producción de automóviles hasta la inteligencia artificial.
Crisis
Energética: Con el bloqueo de las rutas petroleras
hacia Asia Oriental (China, Japón, Corea del Sur), los precios de la energía se
dispararían, provocando inflación global.
Activación
de Alianzas: El Tratado de Defensa Mutua entre EE. UU.
y Filipinas o la legislación de seguridad de Japón podrían arrastrar a
Washington a una guerra directa con China, potencialmente involucrando a la
OTAN y aliados del Indo-Pacífico como Australia.
Tres
Escenarios no deseados
Basándonos
en la trayectoria actual de finales de 2025, se perfilan tres escenarios:
Escenario
1: La "Zona Gris" Permanente (Probabilidad: Alta)
China
continúa su estrategia de presión máxima sin disparar el primer tiro letal.
- Desarrollo:
Aumentan las colisiones intencionales (como las de Sabina Shoal y
Scarborough). China utiliza cañones de agua y láseres de grado militar
contra barcos filipinos y vietnamitas. Se intensifica la guerra híbrida:
ciberataques y sanciones económicas selectivas (como la suspensión de
importaciones de mariscos japoneses).
- Resultado:
Desgaste logístico de Filipinas y normalización de la presencia china en
las ZEE de sus vecinos, mientras EE. UU. duda en intervenir militarmente
por incidentes "no armados".
Escenario
2: El Accidente Escalado (Probabilidad: Media)
La
militarización del mar y el aire provoca un error de cálculo fatal.
- Desarrollo:
Un incidente similar al lanzamiento de bengalas contra el avión
australiano o una maniobra agresiva de interceptación aérea sale mal,
resultando en el derribo de una aeronave o el hundimiento de un buque de
la guardia costera (filipino o japonés).
- Resultado:
Activación de protocolos de defensa. EE. UU. despliega activos de combate
directo. China responde con bloqueos navales totales alrededor de los
arrecifes disputados. El comercio global se desvía, causando pánico en los
mercados.
Escenario
3: El Frente de Taiwán (Probabilidad: Baja a corto plazo, Alta a largo plazo)
Pekín
decide que la ventana de oportunidad se cierra y actúa sobre Taiwán, usando el
Mar de China Meridional como flanco sur.
- Desarrollo:
Ante la declaración de Japón de que defenderá a Taiwán, y la acumulación
de misiles estadounidenses en Filipinas, China lanza una operación anfibia
o de bloqueo sobre Taiwán, simultáneamente atacando bases en Filipinas y
Japón para neutralizar la respuesta aliada.
- Resultado:
Guerra regional a gran escala. China ha advertido a Japón de una “derrota
militar aplastante” si interviene.
Evolución
Probable: Hacia una “Guerra Fría” asiática
La
evolución más probable para 2026 no es necesariamente la Tercera Guerra Mundial
inmediata, sino la consolidación de bloques rígidos y una ruptura diplomática y
económica severa.
La
postura de la administración Trump de “paz mediante la fuerza”,
combinada con la doctrina Takaichi en Japón, sugiere que la contención contra
China se volverá más agresiva. Es probable que veamos:
- Más “botas sobre el
terreno”: Un aumento de bases rotatorias y
sistemas de misiles (como el Typhon) en Filipinas y potencialmente en
islas japonesas cercanas a Taiwán.
- Desacople económico
forzado: China castigará a los aliados de EE.
UU. (especialmente Japón y Filipinas) con barreras comerciales totales,
obligando a estos países a reorientar sus economías.
- Conflictos satélite:
China evitará el choque directo con EE. UU., pero aumentará la presión
sobre los eslabones más débiles (barcos pesqueros de Vietnam o patrullas
de Indonesia) para probar la cohesión de la alianza anti-China.
El
Mar de China Meridional ha dejado de ser una disputa por rocas y peces. A
finales de 2025, es el termómetro que mide la fiebre de un orden mundial que se
fractura. La pregunta ya no es si habrá tensión, sino si los mecanismos de
control de daños podrán evitar que una colisión entre dos barcos guardacostas
se convierta en la chispa que incendie el Pacífico.

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