martes, 30 de diciembre de 2025

Europa ante la guerra que nadie quiere nombrar


 


La advertencia ya no proviene de analistas marginales ni de informes confidenciales. Jefes militares, presidentes y primeros ministros hablan abiertamente de la necesidad de prepararse para una guerra con Rusia. Mientras la OTAN refuerza sus ejércitos y la sociedad europea empieza a ser mentalmente movilizada, el continente se asoma a un horizonte inquietante: la posibilidad real de un conflicto armado de gran escala antes de que termine la década.

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Durante décadas, Europa vivió bajo la convicción de que la guerra entre grandes potencias había quedado relegada a los libros de historia. La invasión rusa de Ucrania, en febrero de 2022, quebró ese consenso con una brutalidad que aún hoy sigue reordenando el tablero estratégico del continente. Tres años después, el lenguaje empleado en las principales capitales europeas ya no se limita a la disuasión o a la diplomacia: la palabra “guerra” ha dejado de ser impronunciable.

Francia, Alemania, Polonia y el Reino Unido —los pilares militares europeos de la OTAN— coinciden en un diagnóstico inquietante: Rusia no solo no ha renunciado a una confrontación más amplia con Occidente, sino que se está preparando para ella. La pregunta ya no es si Europa debe reforzar su defensa, sino si lo está haciendo con la rapidez suficiente.

Francia: prepararse para lo impensable

Francia ha asumido un rol central en este viraje estratégico. La decisión del presidente Emmanuel Macron de autorizar la construcción de un nuevo portaaviones nuclear —el PANG, destinado a convertirse en el mayor buque de guerra jamás construido en Europa— es tanto un proyecto militar como un mensaje político: París no renuncia a su condición de potencia estratégica autónoma.

Pero más reveladoras aún son las medidas que trascienden el ámbito estrictamente castrense. El Gobierno francés ha ordenado a su sistema sanitario prepararse para la eventual llegada de miles de heridos militares antes de 2026. Al mismo tiempo, se ha instado a la población civil a disponer de kits de emergencia, una recomendación que recuerda a los peores momentos de la Guerra Fría.

Las palabras de los jefes militares franceses han sido inusualmente explícitas. El general Fabien Mandon, jefe del Estado Mayor, advirtió ante el Parlamento que las Fuerzas Armadas deben estar listas para un “choque más violento” con Rusia en un plazo de tres a cuatro años. Su antecesor, Thierry Burkhard, fue aún más directo: “La guerra ya está en Europa”, afirmó, al tiempo que señalaba a Francia como uno de los objetivos prioritarios de Moscú.

Alemania despierta de su letargo estratégico

Alemania, tradicionalmente reacia a proyectar poder militar, ha iniciado una transformación que habría sido impensable hace apenas una década. Berlín avanza hacia la reintroducción de formas ampliadas de servicio militar voluntario y hacia la construcción del mayor ejército convencional del continente. Los servicios de inteligencia alemanes han alertado de que Rusia podría estar en condiciones de enfrentarse directamente a la OTAN antes de 2029.

El fondo extraordinario de 100.000 millones de euros para la Bundeswehr marca el abandono definitivo de la “cultura de contención” que caracterizó a Alemania tras 1945. La guerra ha regresado al centro de su planificación estratégica.

Polonia: la frontera como destino

Si existe un país que se prepara sin ambigüedades para un conflicto armado, ese es Polonia. Varsovia destina más del 4% de su PIB a defensa y aspira a disponer del mayor ejército terrestre de Europa. La amenaza rusa no es para los polacos una hipótesis académica, sino una experiencia histórica recurrente.

La militarización alcanza dimensiones sociales inéditas: formación en tiro en las escuelas, entrenamiento paramilitar de empleados públicos y una rápida expansión de las fuerzas territoriales de reserva. Polonia no solo se arma; se organiza como una sociedad preparada para resistir.

Sin embargo, incluso allí surgen voces críticas. Altos mandos retirados advierten que el verdadero desafío no reside únicamente en el volumen de armamento, sino en la falta de una estrategia coherente y de una industria de defensa plenamente autónoma que permita sostener un conflicto prolongado.

El Reino Unido y el norte de Europa

El Reino Unido, potencia nuclear y socio clave de Washington, ha reforzado su cooperación con Francia y los países nórdicos. Finlandia y Suecia, recientemente incorporadas a la OTAN, mantienen sistemas de defensa territorial robustos y una cultura de movilización que contrasta con la relajación que dominó Europa occidental durante años.

En conjunto, el mapa europeo muestra una tendencia clara: el rearme ya no es una opción política, sino una necesidad asumida.

Tres futuros posibles

El primero, y el más probable, es el de una disuasión tensa. Una Europa fuertemente armada frente a una Rusia igualmente militarizada, con incidentes híbridos, provocaciones y una guerra en Ucrania congelada o de baja intensidad. Un escenario de Guerra Fría sin nombre.

El segundo contempla una escalada limitada: un incidente en el Báltico, en Polonia o en el mar Negro que derive en enfrentamientos directos, contenidos pero peligrosos, entre fuerzas rusas y de la OTAN.

El tercero, el menos probable pero más devastador, es el de una guerra abierta en Europa oriental tras un ataque directo contra un país aliado. Un escenario que nadie desea, pero que condiciona todas las decisiones actuales.

Prepararse para evitar la guerra

Europa se enfrenta a una paradoja clásica de la estrategia: cuanto más se prepara para la guerra, más posibilidades tiene de evitarla; pero cuanto más se arma, mayor es el riesgo de un error de cálculo fatal. Rusia, por su parte, parece convencida de que el tiempo no juega a su favor si Europa consolida una capacidad militar creíble y autónoma.

En ese delicado equilibrio se decidirá el futuro del continente. Los próximos tres años no serán un simple compás de espera. Serán, probablemente, el período en el que Europa determine si logra estabilizar una paz armada o si vuelve a convertirse, una vez más, en el escenario de una guerra que creía desterrada de su historia.

 

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