martes, 30 de diciembre de 2025

Prestigioso centro internacional evalúa el desarrollo de los conflictos en el mundo para 2026



El informe "Preventive Priorities Survey 2026" del Center for Preventive Action evalúa los conflictos actuales y potenciales en el mundo según su probabilidad de ocurrencia y su impacto en los intereses de Estados Unidos.

Contenido:

Metodología de la Encuesta

La metodología de la encuesta se divide en tres etapas para asegurar la relevancia y precisión de los datos.

  • Se solicitó sugerencias sobre posibles conflictos a través de redes sociales en octubre de 2025.
  • En noviembre de 2025, se realizó la encuesta a expertos en política exterior.
  • Los resultados se clasificaron en tres niveles de prioridad según un matriz de evaluación de riesgos.

En esta forma se arribó a los siguientes resultados que resumimos para el lector:

Conflictos de alta prioridad (Tier I)

Alta probabilidad y alto impacto

  1. Conflicto entre fuerzas de seguridad israelíes y palestinos en Cisjordania: Aumentan las tensiones por la construcción de asentamientos israelíes, los derechos políticos palestinos y la guerra en Gaza.
  2. Renovación de los enfrentamientos en la Franja de Gaza: Los choques entre militantes de Hamas y fuerzas israelíes agravan la crisis humanitaria y la inestabilidad regional.
  3. Intensificación de la guerra entre Rusia y Ucrania: Los ataques a infraestructuras críticas y centros poblados de ambos lados incrementan el conflicto.
  4. Operaciones militares de EE. UU. contra grupos criminales transnacionales en Venezuela: Estas acciones desestabilizan al gobierno de Maduro.
  5. Violencia política y disturbios en EE. UU.: La creciente polarización política y los despliegues de seguridad interna exacerban la violencia.

Probabilidad moderada y alto impacto

  1. Conflicto armado entre Irán e Israel: Las tensiones aumentan debido a los esfuerzos de Irán por reconstruir su programa nuclear y su red de grupos proxy anti-Israel.
  2. Ciberataque disruptivo habilitado por inteligencia artificial: Un ataque a infraestructuras críticas de EE. UU. podría tener consecuencias graves.
  3. Crisis en el estrecho de Taiwán: La presión militar, económica y política de China sobre Taiwán podría involucrar a otros países de la región y a EE. UU.
  4. Choques armados entre Rusia y países miembros de la OTAN: Las provocaciones rusas hacia estados europeos incrementan el riesgo de enfrentamientos.
  5. Pruebas nucleares de Corea del Norte: Estas tensiones podrían desencadenar un enfrentamiento armado con potencias regionales y EE. UU.

Alta probabilidad y bajo impacto

  1. Escalada de la guerra civil en Sudán: Se prevén atrocidades masivas, desplazamientos civiles y violencia en países vecinos.
  2. Clashes violentos en Haití: La disfunción política y el fracaso de los esfuerzos internacionales agravan la situación.
  3. Retrasos en elecciones en Sudán del Sur: Esto podría desencadenar enfrentamientos entre facciones étnicas y políticas.

Conflictos de prioridad moderada (Tier II)

Probabilidad moderada y impacto moderado

  1. Retiro de asistencia de seguridad de EE. UU. en Somalia: Esto podría aumentar los ataques terroristas y la expansión territorial de Al-Shabaab e ISIS.
  2. Ataques de los hutíes en Yemen: Las acciones contra Israel y el transporte internacional podrían intensificar la crisis humanitaria.
  3. Conflictos en Líbano: Los intentos fallidos de desarmar a Hezbollah y los ataques militares israelíes podrían desestabilizar el gobierno y provocar un conflicto sectario.
  4. Violencia sectaria y resurgimiento de ISIS en Siria: Las intervenciones militares de Israel y Turquía podrían fragmentar aún más el estado.
  5. Conflicto armado entre India y Pakistán: La actividad terrorista y la represión en Cachemira administrada por India podrían desencadenar enfrentamientos.

Conflictos de baja prioridad (Tier III)

Probabilidad moderada y bajo impacto

  1. Insurgencias en el Sahel (especialmente en Malí): La inestabilidad regional y el sufrimiento humano se agravan.
  2. Terrorismo islamista en Nigeria: La debilidad del estado incrementa la inseguridad y la inestabilidad política.
  3. Conflictos en la República Democrática del Congo: La violencia por recursos naturales y territorios se intensifica, involucrando a milicias respaldadas por Ruanda.
  4. Violencia política y religiosa en Bangladesh: La crisis de gobernanza y el aplazamiento de elecciones nacionales exacerban los conflictos.
  5. Actividad criminal y conflictos en Myanmar: La violencia entre la junta militar y grupos armados acelera el colapso del estado.
  6. Violencia en Ecuador: La represión política y el aumento de la violencia criminal generan inestabilidad y víctimas civiles.
  7. Choques entre militares etíopes y milicias respaldadas por Eritrea: Los intentos de Etiopía por acceder a puertos en el Mar Rojo reavivan la guerra en la región fronteriza.
  8. Insurgencia en Mozambique: La violencia en el norte del país causa desplazamientos y víctimas civiles.
  9. Conflicto entre Afganistán y Pakistán: Los ataques transfronterizos de militantes resurgentes incrementan las tensiones.
  10. Conflictos en Camerún: La violencia política y las insurgencias en el norte y oeste desestabilizan el gobierno central.

Otras preocupaciones destacadas

  1. Actividades militares de China y Rusia en el Ártico: Podrían desencadenar enfrentamientos armados con EE. UU. o aliados de la OTAN.
  2. Hostilidades entre Armenia y Azerbaiyán: Las tensiones territoriales podrían involucrar a Turquía y otras potencias regionales.
  3. Choques fronterizos entre Camboya y Tailandia: Esto podría agravar la crisis de refugiados y la inestabilidad política regional.
  4. Tensiones entre China y Japón por las islas Senkaku/Diaoyu: Disputas sobre Taiwán podrían provocar enfrentamientos en el Mar de China Oriental.
  5. Violencia en Colombia: La polarización política y la actividad de grupos armados podrían desestabilizar el proceso de paz y generar una guerra civil.
  6. Conflictos en los Balcanes Occidentales: La violencia étnica y política podría requerir intervención extranjera.

Este análisis destaca la diversidad de conflictos que afectan regiones clave del mundo, con especial énfasis en el impacto sobre los intereses de EE. UU. y la necesidad de estrategias preventivas.

 

 

Europa ante la guerra que nadie quiere nombrar


 


La advertencia ya no proviene de analistas marginales ni de informes confidenciales. Jefes militares, presidentes y primeros ministros hablan abiertamente de la necesidad de prepararse para una guerra con Rusia. Mientras la OTAN refuerza sus ejércitos y la sociedad europea empieza a ser mentalmente movilizada, el continente se asoma a un horizonte inquietante: la posibilidad real de un conflicto armado de gran escala antes de que termine la década.

Contenido

Durante décadas, Europa vivió bajo la convicción de que la guerra entre grandes potencias había quedado relegada a los libros de historia. La invasión rusa de Ucrania, en febrero de 2022, quebró ese consenso con una brutalidad que aún hoy sigue reordenando el tablero estratégico del continente. Tres años después, el lenguaje empleado en las principales capitales europeas ya no se limita a la disuasión o a la diplomacia: la palabra “guerra” ha dejado de ser impronunciable.

Francia, Alemania, Polonia y el Reino Unido —los pilares militares europeos de la OTAN— coinciden en un diagnóstico inquietante: Rusia no solo no ha renunciado a una confrontación más amplia con Occidente, sino que se está preparando para ella. La pregunta ya no es si Europa debe reforzar su defensa, sino si lo está haciendo con la rapidez suficiente.

Francia: prepararse para lo impensable

Francia ha asumido un rol central en este viraje estratégico. La decisión del presidente Emmanuel Macron de autorizar la construcción de un nuevo portaaviones nuclear —el PANG, destinado a convertirse en el mayor buque de guerra jamás construido en Europa— es tanto un proyecto militar como un mensaje político: París no renuncia a su condición de potencia estratégica autónoma.

Pero más reveladoras aún son las medidas que trascienden el ámbito estrictamente castrense. El Gobierno francés ha ordenado a su sistema sanitario prepararse para la eventual llegada de miles de heridos militares antes de 2026. Al mismo tiempo, se ha instado a la población civil a disponer de kits de emergencia, una recomendación que recuerda a los peores momentos de la Guerra Fría.

Las palabras de los jefes militares franceses han sido inusualmente explícitas. El general Fabien Mandon, jefe del Estado Mayor, advirtió ante el Parlamento que las Fuerzas Armadas deben estar listas para un “choque más violento” con Rusia en un plazo de tres a cuatro años. Su antecesor, Thierry Burkhard, fue aún más directo: “La guerra ya está en Europa”, afirmó, al tiempo que señalaba a Francia como uno de los objetivos prioritarios de Moscú.

Alemania despierta de su letargo estratégico

Alemania, tradicionalmente reacia a proyectar poder militar, ha iniciado una transformación que habría sido impensable hace apenas una década. Berlín avanza hacia la reintroducción de formas ampliadas de servicio militar voluntario y hacia la construcción del mayor ejército convencional del continente. Los servicios de inteligencia alemanes han alertado de que Rusia podría estar en condiciones de enfrentarse directamente a la OTAN antes de 2029.

El fondo extraordinario de 100.000 millones de euros para la Bundeswehr marca el abandono definitivo de la “cultura de contención” que caracterizó a Alemania tras 1945. La guerra ha regresado al centro de su planificación estratégica.

Polonia: la frontera como destino

Si existe un país que se prepara sin ambigüedades para un conflicto armado, ese es Polonia. Varsovia destina más del 4% de su PIB a defensa y aspira a disponer del mayor ejército terrestre de Europa. La amenaza rusa no es para los polacos una hipótesis académica, sino una experiencia histórica recurrente.

La militarización alcanza dimensiones sociales inéditas: formación en tiro en las escuelas, entrenamiento paramilitar de empleados públicos y una rápida expansión de las fuerzas territoriales de reserva. Polonia no solo se arma; se organiza como una sociedad preparada para resistir.

Sin embargo, incluso allí surgen voces críticas. Altos mandos retirados advierten que el verdadero desafío no reside únicamente en el volumen de armamento, sino en la falta de una estrategia coherente y de una industria de defensa plenamente autónoma que permita sostener un conflicto prolongado.

El Reino Unido y el norte de Europa

El Reino Unido, potencia nuclear y socio clave de Washington, ha reforzado su cooperación con Francia y los países nórdicos. Finlandia y Suecia, recientemente incorporadas a la OTAN, mantienen sistemas de defensa territorial robustos y una cultura de movilización que contrasta con la relajación que dominó Europa occidental durante años.

En conjunto, el mapa europeo muestra una tendencia clara: el rearme ya no es una opción política, sino una necesidad asumida.

Tres futuros posibles

El primero, y el más probable, es el de una disuasión tensa. Una Europa fuertemente armada frente a una Rusia igualmente militarizada, con incidentes híbridos, provocaciones y una guerra en Ucrania congelada o de baja intensidad. Un escenario de Guerra Fría sin nombre.

El segundo contempla una escalada limitada: un incidente en el Báltico, en Polonia o en el mar Negro que derive en enfrentamientos directos, contenidos pero peligrosos, entre fuerzas rusas y de la OTAN.

El tercero, el menos probable pero más devastador, es el de una guerra abierta en Europa oriental tras un ataque directo contra un país aliado. Un escenario que nadie desea, pero que condiciona todas las decisiones actuales.

Prepararse para evitar la guerra

Europa se enfrenta a una paradoja clásica de la estrategia: cuanto más se prepara para la guerra, más posibilidades tiene de evitarla; pero cuanto más se arma, mayor es el riesgo de un error de cálculo fatal. Rusia, por su parte, parece convencida de que el tiempo no juega a su favor si Europa consolida una capacidad militar creíble y autónoma.

En ese delicado equilibrio se decidirá el futuro del continente. Los próximos tres años no serán un simple compás de espera. Serán, probablemente, el período en el que Europa determine si logra estabilizar una paz armada o si vuelve a convertirse, una vez más, en el escenario de una guerra que creía desterrada de su historia.

 

lunes, 22 de diciembre de 2025

Las tierras raras, el nuevo eje invisible del poder global


  

De la transición energética a la industria militar, estos diecisiete elementos químicos se han convertido en un recurso estratégico comparable al petróleo del siglo XX. China domina su producción y refinado, Estados Unidos y Europa buscan reducir su dependencia y países como la Argentina aparecen en el radar geopolítico como reservas aún poco explotadas, atravesadas por dilemas ambientales, económicos y de soberanía.

Contenido:

Las tierras raras ya no son una cuestión de laboratorio ni una nota al pie en los informes científicos. En los últimos años han pasado a ocupar un lugar central en la disputa por el poder global, al punto de convertirse en uno de los insumos más sensibles de la economía mundial y de la seguridad internacional. Invisibles para el gran público, pero omnipresentes en la vida cotidiana, estos elementos químicos sostienen desde los teléfonos inteligentes hasta los misiles de última generación, desde los aerogeneradores que simbolizan la transición energética hasta los sistemas de guiado que definen la superioridad militar de las potencias.

Pese a su nombre, las tierras raras no son ni tierras ni particularmente raras. El término designa a un grupo de 17 elementos químicos —el escandio, el itrio y los quince lantánidos— relativamente abundantes en la corteza terrestre. Su “rareza” reside en otra parte: rara vez aparecen en concentraciones suficientemente altas como para que su explotación sea rentable y, sobre todo, su separación y refinado son procesos técnicamente complejos, costosos y altamente contaminantes. Ese cuello de botella explica por qué el verdadero poder no reside solo en poseer yacimientos, sino en dominar la cadena industrial que va de la mina al producto final.

Entre estos elementos hay nombres que se repiten una y otra vez en los documentos estratégicos. El neodimio y el praseodimio son esenciales para fabricar imanes permanentes de altísima potencia, indispensables para los motores de los vehículos eléctricos, las turbinas eólicas, los drones y los discos duros. El disprosio y el terbio aportan estabilidad térmica a esos imanes. El europio y el itrio permiten la luminiscencia de pantallas, luces LED y sistemas de señalización. El lantano y el cerio son claves en catalizadores industriales y refinerías, mientras que el gadolinio cumple un rol central en la medicina y la industria nuclear. La mitad del consumo mundial de tierras raras se concentra en imanes y procesos de catálisis, los segmentos de mayor valor económico y mayor sensibilidad geopolítica.

Su importancia económica se ha disparado al calor de la transición energética. Lejos de reducir la dependencia de los recursos naturales, el paso de los combustibles fósiles a las energías renovables ha trasladado esa dependencia hacia nuevos minerales críticos. La Agencia Internacional de la Energía estima que, si el mundo pretende cumplir los objetivos climáticos, la demanda de tierras raras deberá multiplicarse por diez antes de 2030. En ese escenario, garantizar el suministro se ha convertido en una prioridad estratégica comparable a la seguridad energética del siglo pasado.

El componente militar refuerza aún más esa centralidad. Las tierras raras están presentes en radares, sistemas de visión nocturna, satélites, misiles de precisión, aviones de combate y submarinos. La tecnología que define el equilibrio de poder en los conflictos contemporáneos depende de estos materiales. Por eso figuran en las listas de “minerales críticos” de Estados Unidos, la Unión Europea y sus aliados, y por eso su control se ha vuelto un asunto de seguridad nacional.

El mapa global muestra un dominio claro: China. El gigante asiático concentra cerca de la mitad de las reservas mundiales y controla alrededor del 70 % de la producción y casi el 90 % de la capacidad de refinado. Durante décadas, Pekín aceptó los costos ambientales y sociales que Occidente rechazó, desarrolló conocimiento técnico, infraestructura industrial y una política de largo plazo que hoy le permite utilizar las tierras raras como una poderosa herramienta geopolítica. Las restricciones a la exportación y los controles administrativos se han convertido en un instrumento de presión en el marco de las disputas comerciales y tecnológicas con Estados Unidos y Europa.

Washington, que fue pionero en la explotación de estos minerales en la segunda mitad del siglo XX, perdió terreno y ahora intenta recuperar capacidades. Australia, Canadá, Brasil, Vietnam, Rusia y Groenlandia aparecen como proveedores alternativos en una estrategia de diversificación destinada a reducir la dependencia china. Europa, por su parte, promueve la exploración, el reciclaje y la reapertura de minas, aunque choca con resistencias sociales y regulaciones ambientales estrictas que encarecen y ralentizan los proyectos.

Esta competencia ha dado lugar a una nueva carrera extractiva global, una suerte de guerra fría mineral en la que se combinan inversiones, acuerdos diplomáticos, presiones comerciales y conflictos indirectos. Ucrania, con importantes reservas, se ha convertido en un ejemplo de cómo los minerales críticos se entrelazan con la geopolítica de la guerra, la ayuda militar y la reconstrucción económica.

En ese tablero aparece también la Argentina. Estudios oficiales han identificado la presencia de tierras raras en provincias como Salta, Jujuy, San Luis, Santiago del Estero, Córdoba, Buenos Aires, Chubut y Santa Cruz, además de indicios en la plataforma continental. Sin embargo, la experiencia productiva es mínima y remota: la única explotación registrada data de mediados del siglo XX. El país cuenta con capacidades científicas relevantes, universidades y centros de investigación que trabajan sobre estos elementos, pero enfrenta obstáculos estructurales: falta de inversiones, ausencia de tecnología de refinado, marcos regulatorios inestables y un debate social cada vez más intenso sobre los impactos ambientales de la megaminería.

La atención internacional sobre los minerales críticos ha vuelto a colocar a la Argentina en el radar de las grandes potencias. Memorandos de entendimiento, acuerdos de cooperación y promesas de financiamiento se entrelazan con la urgencia económica y con un modelo que vuelve a apostar por la explotación de recursos naturales como vía rápida de inserción global. El interrogante de fondo es si el país logrará convertir ese potencial en una estrategia de desarrollo industrial y tecnológico o si reproducirá, una vez más, un esquema primario-exportador, ahora bajo el ropaje verde de la transición energética.

Las tierras raras condensan, en definitiva, las tensiones del mundo contemporáneo. Son indispensables para la descarbonización y la revolución digital, pero su extracción conlleva costos ambientales elevados. Prometen autonomía energética, pero generan nuevas dependencias geopolíticas. Para la Argentina y para buena parte del Sur Global, el desafío consiste en decidir si estos minerales serán una palanca de soberanía y valor agregado o apenas el último botín de una competencia global cada vez más áspera y desigual.

 

sábado, 20 de diciembre de 2025


 Entrevista a Hach Ahmed Bericalla, Secretario del Movimiento Saharaui por la Paz

He tenido la posibilidad de realizar una entrevista al primer secretario del Movimiento Saharaui por la paz. Seguidamente transcribo nuestro diálogo.

 

1.- Adalberto Agozino: Para un mejor conocimiento del público latinoamericano, ¿cómo definiría al Movimiento Saharaui para la Paz?

Hach Ahmed Bericalla: Una propuesta oportuna razonable, realista y viable para lograr una solución digna a los saharauis tras medio siglo de guerra, dolor y exilio.

 

2.- A. A.:¿Cuándo, cómo y por qué nació el MSP?

H. A. B.: Nació para colmar un déficit democrático y la ausencia de un debate sincero dentro del Polisario. Es el fruto de una reflexión inevitable de gente que ha sufrido en carne propia las consecuencias del conflicto y que ya no comparte la idea de un viaje hacia ninguna parte ni de sacrificios inútiles

 

3.- A. A.: ¿Quiénes integran el MSP? ¿Cuáles son sus dirigentes?

H. A. B.: El MSP reúne a un conjunto heterogéneo de personalidades  y grupos representativos de la sociedad saharaui: desde ex militares que construyeron las glorias del pasado hasta notables descendientes de los miembros de la Asamblea del Sáhara durante la época española pasando por ex diplomáticos y altos cargos civiles del Polisario e incluso supervivientes de la represión que ejerció el Polisario durante los años de plomo en los campamentos de Tindouf. También personalidades y cuadros, mujeres y hombres jóvenes que nunca salieron del territorio.. Creo que es un mosaico  muy representativo de la opinión mayoritaria hoy día en el Sáhara Occidental.

 

4.- A. A.: ¿Desde su nacimiento, cuáles han sido los principales logros del MSP?.

H. A. B.: El principal logro es superar sanos y salvos  la enorme y feroz campaña de descrédito, manipulación y linchamiento social que suele desatar la maquinaria de propaganda del Polisario para desacreditar cualquier intento de salir de su “redil” y expresar libremente una opinión política. En estos cinco o seis años de existencia el MSP ha logrado afianzarse como el intento más serio y coherente de proponer una alternativa al proyecto utópico del Polisario.

En el territorio y en los campamentos de Tindouf, así como en Mauritania y en la diáspora contamos ya con una estructura organizativa sólida, un discurso político pragmático sólido y convincente

 En el plano Internacional el MSP ha tenido una presencia notable en los continentes americano y europeo. Visitamos Argentina, Paraguay, Estados Unidos y las instituciones europeas en Bruselas. Hemos organizado tres conferencias internacionales por la Paz con una presencia significativa de personalidades políticas de peso, la última de ellas en Canarias (España) a principios del año en curso. En términos generales el balance no es magro si se tiene en cuenta que el MSP nació en el comienzo de la epidemia de COVID, abril de 2020 y no contamos con el apoyo de ninguna potencia.

En términos políticos y de opinión publica creo que hemos demostrado que en la sociedad saharaui es posible y necesario el multipartidismo tras medio siglo de monopolio por parte del Polisario y que hay opciones alternativas y salidas honorables frente a  la capitulación y la incertidumbre de las utopías.

En el primer semestre del año 2026 tenemos la oportunidad de hacer balance del proyecto a través de nuestro Segundo Congreso. El desafío no sólo estriba en afianzarnos para incidir en el curso de los acontecimientos y por consiguiente en la solución, sino en ser una referencia en la etapa post solución.

 

5.- A. A.: ¿Cuál es la relación del MSP con  otras organizaciones internacionales?

H. A. B.: Hemos abierto muchos canales de comunicación con distintas fuerzas políticas en Europa y los países de la región y algunas incursiones en las instituciones europeas. Este año el MSP ha conocido una progresión diplomática sin precedente como ha sido el ingreso como miembro de la Internacional Socialista y la participación en sus dos últimos Consejos en Estambul (Turquía) y la Valeta ( Malta). También ha sido importante la participación por primera vez en la Cuarta Comisión de la ONU en octubre pasado. Por primera vez emergió en estás tribunas una voz saharaui diferente que apuesta por la paz, por la solución sin vencidos ni ganadores, por la democracia y la pluralidad. Estás son las señas y el principal activo del MSP.

 

6.- A. A.: ¿Podría describir brevemente los objetivos que persigue el MSP a corto y mediano plazo?

H. A. B.: A corto plazo, sin duda es contribuir a que no se pierda la oportunidad representada por la nueva dinámica en favor de un arreglo político. No se sabe a ciencia cierta los próximos eventos ni la agenda que maneja el enviado de la ONU. Tenemos la sensación y se percibe indicios serios de que el año 2026 será decisivo.

A medio plazo entrar en la etapa de la consolidación de nuestro proyecto para estar listo de cara a la etapa post solución. El segundo Congreso será la ocasión para catapultar el MSP hacia el futuro de paz, reconciliación y convivencia  y prosperidad conque sueñan los saharauis en su conjunto

 

7.- A. A.: ¿Cuáles son los vínculos actuales con Naciones Unidas?

H. A. B.: Como le dije participamos por primera vez en la sesiones de la Cuarta Comision en octubre pasado.Nuestra intervención no ha dejado lugar a dudas respecto a nuestra independencia y al equilibrio, moderación y pragmatismo de nuestro enfoque. Pero quizá lo más relevante hasta ahora es la comunicación abierta que tenemos con el Enviado de la ONU y con el Secretario General, Antonio Guterres. Esperamos y deseamos que se democratice el proceso político y  podamos tener la posibilidad de contribuir a los diálogos.  Creo que es la mejor receta para salir del círculo vicioso que por décadas han alimentado dos posturas irreconcionables y evitar un nuevo colapso de las negociaciones…

 

8.- A. A.: ¿Qué propone el MSP para resolver el conflicto del Sáhara?.

H. A. B.: Nuestra propuesta sin entrar en detalles es una formula política en la que no haya vencidos ni vencedores. Soy de los que creen firmemente en el milagro de la paz y que cueste lo que cueste y con todas las desventajas que pueda implicar es el mejor destino que podemos ofrecer a nuestra gente tras medio siglo de sufrimiento y desesperanza. Por muy pesimista que pueda ser y aunque no hay punto de comparación siempre será infinitamente mejor que la “paz” de Gaza suscrita por potencias muy influyentes.

9.- A. A.: ¿Cuál es la posición del MSP con respecto de la Propuesta para la Negociación de un Estatuto de Autonomía para la región del Sáhara presentada, en 2007, por el Reino de Marruecos?

H. A. B.: Respecto a la propuesta tal y como quedó resumida en 2007 nuestra opinión es la que manifestamos en su momento: el contenido era insuficiente pero puede suponer un punto de partida para la búsqueda del arreglo. Esperamos la nueva versión, más ampliada y detallada que las autoridades marroquíes prometieron presentar tras la última resolución del Consejo de Seguridad. Soy optimista. Creo que el futuro es prometedor.

 

10.- A. A.: ¿Qué opina el MSP sobre la reciente resolución de Naciones Unidas considerando al Estatuto de Autonomía como la única solución posible y justa para el diferendo del Sáhara?

H. A. B.: Debo decir que es un escenario que no nos pillo por sorpresa y que lo anticipamos desde el primer momento. Lo que sorprende es la firmeza con la que ha sido formulada la resolución 2797 por parte de la nueva administración del Presidente Trump y la mayoría de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Ciertamente ha supuesto un cambio sustancial del concepto de la legalidad internacional respecto al problema saharaui. Ha cerrado todas las opciones mas allá de la propuesta autonómica marroquí. Es evidente que se trata de un paquete que se toma, o se toma. No hay otra opción. Lo mas relevante es que se insiste en que la solución final debe ser “auténtica” y presumimos que contara con garantías internacionales sólidas.

 

11.- A. A.: ¿El MSP está dispuesto a entablar negociaciones públicas con el Reino de Marruecos?

H. A. B.: Desde luego. De hecho, en las últimas dos Conferencias hemos propuesto la creación de una comisión amplia para el diálogo que incluye, junto a una representación del movimiento, notables tribales y otros representante de la sociedad civil saharaui. No hay otro instrumento mas legitimo, plural y democrático para sellar la solución final.

12.- A. A.: ¿Cómo imagina usted debería ser la hoja de ruta para avanzar en una solución posible y justa para ese diferendo?

H. A. B.: Ya hicimos publica en la Conferencia de Dakar de 2023 nuestra propia hoja de ruta. Sigue vigente. En términos generales define los contornos de un acuerdo sobre el Estatuto Especial para la nueva entidad saharaui. Hay aspectos que habrá que ajustar en un  proceso negociador pero la propuesta cubre el conjunto de recursos, instituciones y las competencias exclusivas así como los vínculos de co-soberanía y los de soberanía entre el Sáhara Occidental y el Reino de Marruecos.. La hoja de ruta prevee el desarme, la reinserción y el desplazamiento y asentamiento de decenas de miles de refugiados, la amnistía general, la compensación de las víctimas, la cobertura social de las viudas y huérfanos y familias afectadas. Es una propuesta para poner encima de la mesa e incluso compartir con el Enviado de la ONU y las demás partes.

 

13.- A. A.: ¿Qué debe hacer Marruecos para avanzar en este proceso?

H. A. B.: Abrir una vía paralela y no depender de los plazos y ritmos que pueda marcar un proceso negociador de la ONU que se arrastra desde 1991. En esta última etapa la mayor parte de las guerras, crisis y controversias se han resuelto mediante un modo de “diplomacia multilateral alternativa” al margen de los organismos internacionales. La ONU suele llegar tarde.

 

14.- A. A.:  A su criterio cuál sería una “hoja de ruta” aceptable y justa para llevar a cabo el retorno de la población de los campamentos de Tinduf a su hogar en el Sáhara marroquí.

H. A. B.: En nuestra hoja de ruta de contempla esa importante y decisivos etapa. Se propone construir no menos de 40 mil viviendas sociales y 50 mil nuevos  puestos de trabajo. Habrá que detallar un plan íntegro que persuada a gente que lleva medio siglo viviendo en condiciones difíciles pero al menos recibe una ración de supervivencia. Incluso para esa etapa sugerimos la creación de un fondo internacional para la reconstrucción.

La población es pequeña y los recursos deberían ser suficientes para aspirar a niveles de prosperidad notables .Pero evidentemente será crucial la buena gobernanza y la corrección, a través de leyes firmes anomalías y excesos como la corrupción, el enriquecimiento  ilícito, el nepotismo y otras prácticas indeseables.

 

15.- A. A.:  En base a su conocimiento personal de la dirigencia del Frente Polisario y la información que posee sobre lo que ocurre en los campamentos de Tinduf, ¿Cuál será la actitud del esta organización respecto a la reciente resolución de Naciones Unidas?

H. A. B.: Creo que está en una posición poco envidiable. Por un lado, la presión que implica la nueva dinámica resultante de la resolución 2797 y por el otro los condicionantes y limites de un discurso inflexible forjado por décadas. El liderazgo se ha vuelto rehén de sus posiciones radicales. En la actualidad se carece de carisma y autoridad moral para desplazarse hacia enfoques más moderados. No tengo duda que puede haber, incluso hay dirigentes que a nivel individual tienen opiniones distintas pero la ausencia de un debate interno abierto dificulta la reflexión y el tránsito hacia visiones de conjunto más pragmáticas. De aquí la necesidad y oportunidad de voces como el del MSP.

 

16.- A. A.: ¿Cuál debe ser el papel que debe cumplir Argelia en este proceso?

H. A. B.: Argelia no desconoce la realidad y complejidad del momento. Tambien esta ante un disyuntiva: elegir entre la lealtad a principios de solidaridad sagrados o participar en una dinámica indetenible y lograr las mayores ventajas posibles o lo que es lo mismo, perder lo menos posible como potencia influyente en la región..

 

17.- A. A.: ¿Cómo imagina el futuro del Sáhara en los próximos años?.

H. A. B.: Yo soy optimista. Me imagino un futuro mucho mejor que el pasado. Y no es ,”pedir peras al olmo”. No cesare de repetir que cualquier paz es mejor que la guerra más heroica.

 

18.- A. A.: ¿Qué mensaje final enviaría a la comunidad internacional interesada en el futuro del pueblo saharaui?

H. A. B.: Mi confianza no es literalmente en la Comunudad Internacional sino en lo que los saharauis como victimas y actores principales estamos dispuestos a hacer por nosotros mismos, por nuestras futuras generaciones. La guerra y el exilio permanente son las peores opciones.

 

Adalberto Agozino: Muchas gracias Hach Ahmed por su tiempo. Seguiremos atentamente las actividades del Movimiento Saharaui por la Paz.

viernes, 19 de diciembre de 2025

¿Debe ser el presidente Donald Trump considerado como “el hombre del año 2025”?


Donald Trump en su segundo mandato presidencial ha logrado situarse en el centro del escenario global. ¿Este este hecho suficiente para que obtenga el premio Nobel a la Paz o incluso para ser designado “Hombre del Año”. El debate está abierto

Contenido:

No por consenso, ni por aplauso unánime o por estatura moral, sino por impacto, capacidad de disrupción y centralidad política. Donald J. Trump vuelve a ocupar el centro del escenario global y, le guste o no al mundo, define buena parte de la agenda de 2025. Su figura domina la política estadounidense, condiciona a aliados y adversarios, y actúa como un poderoso catalizador de transformaciones que exceden con mucho las fronteras de Estados Unidos. Por esa razón —y no por adhesión ideológica ni valoración moral— el presidente estadounidense debe ser considerado el hombre del año.

El regreso de Trump a la Casa Blanca, tras haber sido derrotado en 2020 y luego de atravesar un período marcado por causas judiciales, enfrentamientos institucionales y una polarización extrema que incluso ha llevado a un intento de terminar con su vida; constituye un hecho de enorme densidad histórica. No se trata únicamente de una alternancia política ni de un cambio de signo partidario. Es la consagración de un fenómeno político persistente, resistente al desgaste y capaz de reinventarse en condiciones adversas. El trumpismo, lejos de diluirse tras su primera presidencia, se consolidó como una fuerza estructural del sistema político estadounidense y encontró en 2024 la vía para regresar al poder con mayor cohesión y con una agenda más definida.

Este retorno ha reconfigurado el clima político interno. Trump ya no gobierna como un outsider que irrumpe en Washington desconociendo sus códigos, sino como un dirigente que ha aprendido a utilizar los resortes del Estado, a disciplinar a su partido y a rodearse de cuadros leales. En 2025, su liderazgo es menos improvisado y más consciente de sus objetivos. El presidente ha reducido el margen de autonomía de la burocracia tradicional, ha impuesto su impronta sobre el Partido Republicano y ha reforzado una lógica de confrontación permanente que se ha convertido en el eje del debate público.

El trumpismo, en este segundo mandato, se presenta como una propuesta de orden frente a lo que describe como el caos heredado. Trump habla a sectores amplios de la sociedad estadounidense que se sienten desplazados por la globalización, por la transformación cultural acelerada y por unas élites políticas y económicas a las que perciben como distantes. Ese vínculo emocional, más que programático, explica buena parte de su fortaleza. El presidente no solo canaliza el malestar; lo organiza políticamente y lo convierte en una identidad colectiva reconocible, capaz de sostenerse en el tiempo.

La polarización, lejos de atenuarse, se ha profundizado. Trump no busca reducirla ni administrarla: la utiliza como herramienta de gobierno. Su liderazgo obliga a tomar partido, a definirse a favor o en contra, y desplaza el centro de gravedad del debate hacia dilemas fundamentales sobre soberanía, identidad nacional, inmigración, globalización y el papel del Estado. En ese sentido, Trump no solo gobierna Estados Unidos: impone temas, lenguajes y marcos interpretativos que se replican en otros países.

El impacto internacional de su regreso ha sido inmediato. En política exterior, Trump ha reafirmado una visión transaccional y pragmática, en la que los compromisos multilaterales quedan subordinados al interés nacional entendido en términos estrictos. La presión sobre los aliados de la OTAN para que aumenten su gasto militar, el cuestionamiento de organismos internacionales y el uso de la política comercial como instrumento de poder han alterado equilibrios que parecían consolidados desde el final de la Guerra Fría.

Europa ha debido acelerar debates largamente postergados sobre su autonomía estratégica, consciente de que Estados Unidos ya no garantiza de manera automática su rol de paraguas defensivo. América Latina observa una Casa Blanca menos interesada en la retórica democrática y más enfocada en resultados concretos en materia de comercio y control migratorio. En Asia, la relación con China se ha definido definitivamente como una competencia estratégica total, no solo comercial, sino también tecnológica y geopolítica.

Trump no persigue el consenso internacional ni la construcción paciente de acuerdos multilaterales. Persigue ventajas. Su diplomacia se basa en la presión directa, en la amenaza creíble y en la negociación personalizada con líderes extranjeros. Ese estilo, criticado por su imprevisibilidad, ha demostrado sin embargo una notable capacidad para forzar movimientos en el tablero global. En 2025, ningún actor relevante ignora que una decisión tomada en Washington puede alterar de forma abrupta cadenas de suministro, alianzas militares o mercados financieros.

En el plano interno, su forma de ejercer el poder continúa desafiando los equilibrios institucionales tradicionales. Su relación conflictiva con la prensa, su desconfianza hacia el aparato burocrático y su tendencia a personalizar las decisiones han generado fricciones constantes con el Poder Judicial y con sectores del establishment político. Pero esa misma tensión ha reabierto debates de fondo sobre los límites del poder presidencial, el rol de los jueces y la función de los medios en una democracia profundamente fragmentada.

Trump incomoda porque expone las fragilidades del sistema estadounidense. Su figura funciona como un espejo que devuelve una imagen poco complaciente de una democracia atravesada por desigualdades, resentimientos y una crisis de representación. En ese sentido, su centralidad no es solo política, sino también simbólica. Trump es, al mismo tiempo, causa y consecuencia de una transformación más profunda.

El último discurso del presidente, pronunciado desde la Casa Blanca y difundido en cadena nacional, volvió a confirmar esa lógica de poder como narrativa permanente. No fue un mensaje institucional en sentido clásico, sino una pieza híbrida en la que se mezclaron balance de gestión, promesa de futuro y confrontación política. Trump habló como gobierna: simplificando, polarizando y personalizando. Reivindicó logros económicos, prometió un nuevo ciclo de crecimiento y volvió a señalar a inmigrantes y élites políticas como responsables de los problemas estructurales del país.

Incluso medidas concretas, como el anuncio de un pago único para miembros de las fuerzas armadas, fueron presentadas envueltas en un fuerte simbolismo patriótico. La política pública aparece así convertida en gesto, en mensaje identitario, en reafirmación de una idea de nación que Trump presenta como amenazada y en proceso de recuperación bajo su liderazgo.

Ser considerado el hombre del año no implica ser el más admirado ni el más virtuoso. Implica ser el más influyente. En 2025, ninguna conversación relevante sobre política internacional, economía global, democracia o soberanía puede prescindir de Donald Trump. Sus decisiones generan adhesión fervorosa o rechazo visceral, pero nunca indiferencia. Marca la agenda, condiciona estrategias y obliga a reaccionar.

Trump encarna el espíritu de una época signada por el cuestionamiento del orden establecido, el ascenso de los nacionalismos y la crisis de las élites tradicionales. Representa, con todas sus contradicciones, el signo de los tiempos. Por eso, más allá de simpatías o rechazos, se impone como la figura que mejor define el año político que atravesamos. El hombre del año 2025 no es el más consensual, sino el más decisivo. Y en ese terreno, Donald J. Trump sigue sin tener rivales.

 

 

jueves, 18 de diciembre de 2025

El rey Mohammed VI moviliza al Estado marroquí frente al invierno más duro: una respuesta coordinada para proteger a los más vulnerables


 

Las duras condiciones climáticas que se abaten sobre el territorio de Marruecos ha despertado la preocupación del Rey Mohammed VI, siempre antento a las necesidades de todos los marroquíes, quien ha impartido estrictas directivas para paliar el impacto climático.

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Por instrucciones directas de Su Majestad el rey Mohammed VI, Marruecos ha activado en las últimas semanas un amplio dispositivo institucional, logístico y humanitario destinado a atemperar los efectos de una de las temporadas invernales más severas de los últimos años. Olas de frío intenso, precipitaciones excepcionales y nevadas copiosas en las zonas montañosas han obligado al Reino a desplegar una respuesta de Estado que combina previsión, asistencia social y presencia territorial reforzada, con un objetivo claro: proteger a las poblaciones más expuestas y evitar que la adversidad climática derive en una crisis humanitaria.

El epicentro de esta estrategia es el Plan Nacional de Lucha contra los Efectos de las Olas de Frío para la temporada invernal 2025-2026, puesto en marcha en ejecución de las Altas Instrucciones Reales y coordinado por el Ministerio del Interior. El plan afecta a 28 provincias y prefecturas, muchas de ellas situadas en el Alto y Medio Atlas, donde las condiciones geográficas y la dispersión de los asentamientos multiplican la vulnerabilidad de las comunidades rurales.

Una movilización sin precedentes

El Ministerio del Interior activó su centro nacional de pilotaje y vigilancia, al tiempo que ordenó la creación y puesta en funcionamiento de comités provinciales de seguimiento, encargados de supervisar en tiempo real la evolución de la situación meteorológica y coordinar las respuestas sobre el terreno. Walis y gobernadores recibieron instrucciones precisas para reforzar la vigilancia, anticipar riesgos y adoptar medidas preventivas capaces de limitar daños humanos y materiales, en coherencia con las orientaciones marcadas desde el Palacio.

La estrategia se apoya en una actualización exhaustiva de los datos de campo, la ampliación del ámbito de intervención y la diversificación de los medios de actuación, con especial atención a las aldeas aisladas (douares) y a las zonas de gran altitud, donde la nieve puede superar los 80 centímetros y cortar los accesos durante días enteros.

La operación “Gran Frío”: solidaridad como política de Estado

En paralelo a la acción gubernamental, la Fundación Mohammed V para la Solidaridad lanzó, por Altas Instrucciones del monarca, la operación “Gran Frío”, concebida como una respuesta humanitaria de emergencia frente al descenso brusco de las temperaturas. De alcance nacional, la operación beneficiará a 73.000 hogares considerados vulnerables, que recibirán alimentos básicos y mantas, con prioridad para las familias más expuestas a los avatares climáticos.

El despliegue logístico es considerable. Equipos formados por personal médico, asistentes sociales y cuadros de la Dirección General de los Servicios Sociales de las Fuerzas Armadas Reales trabajan sobre el terreno en estrecha coordinación con las autoridades locales, las Fuerzas Armadas Reales y la Gendarmería Real. El objetivo es llegar incluso a los núcleos más remotos, donde el aislamiento geográfico convierte cada invierno en un desafío existencial.

Infraestructuras, ganado y comunicaciones

La respuesta estatal no se limita a la ayuda alimentaria. El dispositivo incluye el suministro regular de productos de primera necesidad y material de calefacción, el despliegue preventivo de medios logísticos cerca de ejes viales susceptibles de quedar bloqueados y la garantía de intervenciones inmediatas en situaciones críticas. También se ha previsto el aporte de forraje para proteger al ganado, un elemento clave para la subsistencia de muchas familias rurales

La continuidad de los enlaces viales y telefónicos figura entre las prioridades del plan, en un contexto en el que las perturbaciones meteorológicas ya han provocado tragedias, como las inundaciones en la provincia de Safi, que causaron decenas de víctimas mortales y pusieron de relieve la violencia de los fenómenos climáticos que atraviesa el país.

Llamamiento a la prudencia

Consciente de que ninguna política preventiva es eficaz sin la colaboración ciudadana, el Ministerio del Interior ha instado a la población a extremar la vigilancia, respetar las consignas de seguridad y evitar desplazamientos innecesarios por vías susceptibles de quedar interrumpidas. La Dirección General de Meteorología, por su parte, recomienda seguir de forma periódica los boletines de alerta en un periodo marcado por una inestabilidad atmosférica excepcional

El invierno como prueba de gobernanza

Más allá de la coyuntura climática, la respuesta articulada por Marruecos pone de relieve un modelo de gobernanza en el que la anticipación, la coordinación interinstitucional y la solidaridad se erigen como ejes centrales. Las Altas Directivas del rey Mohammed VI han convertido el invierno en una prueba de la capacidad del Estado para proteger a sus ciudadanos, especialmente a aquellos que viven en los márgenes geográficos y sociales del país.

En un contexto global de creciente vulnerabilidad climática, Marruecos ensaya así una respuesta que combina autoridad política, presencia territorial y acción social, con la ambición de que el rigor del frío no se traduzca en abandono ni en olvido.