La nación más poblada del planeta y
quinta economía mundial ha dejado de ser una promesa para convertirse en un
actor central del sistema internacional. Entre Washington y Moscú, entre Pekín
y el Sur Global, India despliega una diplomacia de autonomía estratégica,
expande su influencia comercial y militar y reclama una reforma del orden
nacido en 1945.
Una
ambición global con raíces propias
Buenos Aires - En menos de dos décadas, India
ha pasado de ser considerada una potencia emergente a consolidarse como uno de
los vértices del nuevo tablero multipolar. Con más de 1.400 millones de
habitantes y un crecimiento que en los últimos años ha rondado el 7%, el país
asiático no solo ha superado al Reino Unido en tamaño económico, sino que
aspira a redefinir las reglas del orden internacional.
El
primer ministro Narendra Modi ha hecho de esa ambición un eje de su política
exterior. “Este no es el momento de la guerra”, dijo en 2022 al
referirse al conflicto en Ucrania, una frase que sintetiza la estrategia india:
autonomía estratégica, rechazo a la lógica de bloques y reivindicación de un
multilateralismo reformado.
Esa
visión fue formulada con claridad por el diplomático indio T. S. Tirumurti,
exembajador en España, quien defendió la necesidad de un “multilateralismo
reformado” que otorgue mayor representación al Sur Global. En su
diagnóstico, el sistema internacional nacido tras la Segunda Guerra Mundial no
refleja las realidades del siglo XXI y margina a las potencias emergentes.
India,
sostiene, que no puede seguir siendo un actor secundario en la gobernanza
global cuando es la nación más poblada del mundo y una de las mayores
economías.
Comercio
exterior: entre Estados Unidos, China y el Golfo
India
se ha convertido en un nodo esencial del comercio mundial. Sus principales
socios comerciales son Estados Unidos, China y Emiratos Árabes Unidos, seguidos
por Arabia Saudí y la Unión Europea.
Estados
Unidos se ha consolidado como su primer socio comercial individual, con un
intercambio que supera los 190.000 millones de dólares anuales. India exporta
servicios tecnológicos, productos farmacéuticos, textiles y manufacturas,
mientras importa tecnología avanzada, hidrocarburos y equipamiento militar. El
vínculo con Washington ha adquirido una densidad estratégica inédita, impulsada
por la rivalidad compartida con China.
Sin
embargo, la relación con Pekín es más ambigua. China es uno de los mayores
proveedores de bienes intermedios y tecnología industrial para India, pero al
mismo tiempo es su principal rival estratégico en Asia. Las tensiones
fronterizas en el Himalaya y la competencia por la influencia en el océano
Índico y el Sur de Asia coexisten con un comercio bilateral que supera los
130.000 millones de dólares.
En
el Golfo, India encuentra no solo proveedores energéticos, sino también socios
financieros clave. Millones de trabajadores indios en los Emiratos y Arabia
Saudí sostienen un flujo constante de remesas, mientras Nueva Delhi asegura su
abastecimiento de petróleo y gas.
BRICS
y la diplomacia del Sur Global
India
es miembro fundador de los BRICS, foro que comparte con Brasil, Rusia, China y
Sudáfrica, y que en los últimos años ha ampliado su membresía. En la cumbre de
Johannesburgo de 2018, Modi planteó por primera vez la idea de un orden
multilateral reformado, más representativo y menos dominado por las potencias.
Durante
su presidencia del G20 en 2023, India impulsó la incorporación de la Unión
Africana como miembro permanente, un gesto que buscó reforzar su liderazgo
entre los países en desarrollo. Nueva Delhi organizó además la Cumbre de la Voz
del Sur Global, con la participación de más de un centenar de países, para
trasladar sus demandas al foro de las grandes economías.
En
el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde ocupó un asiento no
permanente entre 2021 y 2022, India defendió la reforma del órgano y la
ampliación de sus miembros permanentes. “Se acabaron los días en que un
pequeño grupo de países decidía lo que el mundo debía hacer”, subrayó
Tirumurti.
El
músculo militar e industrial
La
autonomía estratégica no significa aislamiento. India participa activamente en
el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (Quad) junto a Estados Unidos, Japón y
Australia, un mecanismo concebido para contrapesar la expansión china en el
Indo-Pacífico. También mantiene una histórica cooperación militar con Rusia,
principal proveedor de armamento durante décadas, aunque en los últimos años ha
diversificado sus compras hacia Francia e Israel.
Paralelamente,
Nueva Delhi impulsa una ambiciosa política de producción nacional en defensa.
Empresas como Tata Advanced Systems han expandido su presencia internacional,
incluyendo acuerdos para fabricar vehículos militares en Marruecos, en una
estrategia que combina diplomacia económica y proyección de seguridad en África.
El
general retirado V. G. Pantakar subrayó recientemente que el Ejército indio
produce equipos “asequibles y confiables”, en un esfuerzo por posicionar
al país como exportador competitivo de tecnología
Rivalidades
estratégicas: China y Pakistán
La
proyección internacional de India no puede desligarse de su entorno inmediato.
Con Pakistán mantiene una rivalidad histórica centrada en Cachemira, una región
que ha sido escenario de guerras y enfrentamientos recurrentes. Con China, la
disputa territorial en Aksai Chin y Ladakh ha provocado choques militares en
los últimos años.
A
pesar de esas tensiones, India evita una alineación automática con Occidente.
Ha mantenido la compra de petróleo ruso pese a las sanciones por la guerra en
Ucrania y defiende una posición de equilibrio que le permita maximizar su
margen de maniobra.
Desafíos
internos, ambiciones globales
El
ascenso internacional convive con tensiones domésticas. Analistas como Shibu
Thomas advierten que el crecimiento demográfico, el desempleo juvenil y la
desigualdad podrían erosionar el dividendo demográfico si no se gestionan.
India
aspira a alcanzar la neutralidad de carbono en 2070 y enfrenta enormes retos
ambientales y sociales.
Sin
embargo, el país dispone de una ventaja estructural: una población joven, una
potente industria tecnológica y una clase media en expansión. En un mundo
marcado por la fragmentación geopolítica, India se presenta como un socio
alternativo, un contrapeso y, en ocasiones, un mediador.
Conclusión
India
ya no es un actor periférico ni una promesa futura. Es una potencia
indispensable en la arquitectura internacional contemporánea. Entre el
pragmatismo comercial y la reivindicación del Sur Global, entre la cooperación
con Washington y la competencia con Pekín, Nueva Delhi ha trazado un camino
propio.
La
pregunta ya no es si India será protagonista del siglo XXI, sino cómo ejercerá
ese protagonismo: si como árbitro entre bloques, como líder del Sur Global o
como potencia que, desde su autonomía estratégica, aspire a redefinir las
reglas del sistema internacional. En
cualquier caso, el mundo deberá contar con ella.






