La Unión Europea y la India sellan un
pacto comercial y estratégico de alcance histórico que trasciende el libre
comercio. Seguridad, defensa, ciberseguridad y autonomía industrial vertebran
una alianza concebida como contrapeso a la ofensiva arancelaria y diplomática
de la Administración estadounidense y al deterioro del orden internacional
basado en reglas.
Por
Adalberto Agozino
Contenido:
Buenos
Aires. La firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea y la India en
Nueva Delhi marca un punto de inflexión en la política exterior y estratégica
de Bruselas. Tras casi dos décadas de negociaciones erráticas, el pacto se
concreta en un momento de alta tensión geopolítica y adquiere un significado
que va mucho más allá de la reducción de aranceles. Europa busca, de forma
explícita, blindarse frente a un entorno internacional crecientemente hostil,
caracterizado por el uso del comercio, la tecnología y la seguridad como
instrumentos de coerción política.
El
acuerdo —calificado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der
Leyen, como “la madre de todos los acuerdos comerciales”— se suma al
recientemente rubricado con el Mercosur y responde a una misma lógica
estratégica: diversificar alianzas, reducir dependencias críticas y reforzar
la autonomía europea frente a una Administración Trump que ha convertido
los aranceles en una palanca de presión directa sobre sus aliados.
Del
libre comercio a la seguridad estratégica
En
términos económicos, el pacto prevé la eliminación o reducción de cerca del 90%
de los aranceles entre ambas partes, con un impacto directo sobre sectores
clave de la industria europea —automoción, maquinaria pesada, química,
farmacéutica y agroindustria— y un ahorro anual estimado de 4.000 millones de
euros en derechos aduaneros. Pero el núcleo político del acuerdo reside en sus
capítulos estratégicos.
Por
primera vez, un tratado comercial entre la UE y un gran actor asiático
incorpora mecanismos estructurados de cooperación en defensa, seguridad
marítima, industria militar y tecnologías de uso dual. El texto establece
marcos para la adquisición conjunta, la coproducción y el desarrollo compartido
de sistemas de defensa, con especial atención a drones, sistemas navales,
defensa antiaérea, espacio y vigilancia estratégica.
“La
cooperación industrial en defensa no es solo una cuestión económica, sino un
elemento central de nuestra autonomía estratégica”,
subrayó Von der Leyen en Nueva Delhi. “En un mundo en el que el comercio y
la seguridad se utilizan cada vez más como armas, Europa debe aprender a
protegerse”.
Ciberseguridad:
el nuevo frente común
Uno
de los elementos más novedosos del acuerdo es la incorporación explícita de la ciberseguridad
como pilar de la relación estratégica. Bruselas y Nueva Delhi se comprometen a
intensificar la cooperación frente a amenazas híbridas, ciberataques a
infraestructuras críticas, espionaje industrial y desinformación.
El
pacto prevé el intercambio de información entre agencias especializadas, la
coordinación de respuestas ante incidentes cibernéticos y el desarrollo
conjunto de estándares de seguridad digital aplicables tanto al sector civil
como al militar. También se abre la puerta a proyectos comunes en inteligencia
artificial, criptografía y protección de redes 5G y futuras infraestructuras
6G.
La
alta representante de la UE para Política Exterior y Seguridad, Kaja Kallas,
defendió recientemente que “la frontera entre seguridad económica y
seguridad nacional ha desaparecido”. “La ciberseguridad es hoy tan decisiva
como la defensa convencional”, afirmó, al señalar que la asociación con la
India se produce en un contexto en el que “el orden internacional basado en
reglas está sometido a una presión sin precedentes”.
Trump
como acelerador del giro europeo
Aunque
no se menciona de forma explícita en el texto del acuerdo, la sombra de Donald
Trump planea sobre todo el proceso. Desde su regreso a la Casa Blanca, el
presidente estadounidense ha intensificado una política de presión directa
sobre Europa: amenazas de aranceles diferenciados, exigencias para que los
europeos asuman el grueso de su propia defensa, respaldo condicionado a los
planes estadounidenses para Rusia y Gaza y una retórica abiertamente coercitiva
en torno a Groenlandia.
En
Bruselas, este enfoque se interpreta como una ruptura de facto de las reglas
tradicionales de la relación transatlántica. António Costa, presidente del
Consejo Europeo, fue claro tras la última cumbre extraordinaria: “La Unión
Europea defenderá sus intereses frente a cualquier forma de coacción. Tiene las
herramientas para hacerlo y está dispuesta a utilizarlas”.
El
acuerdo con la India —como el firmado con el Mercosur— es leído en ese contexto
como una respuesta estructural, no coyuntural, a una estrategia
estadounidense que concibe el comercio como un instrumento de subordinación
política.
La
India, socio imprescindible del nuevo equilibrio global
Para
la India, el pacto refuerza su posición como actor central del sistema
internacional. Cuarta economía mundial, país más poblado del planeta y con
tasas de crecimiento superiores al 7%, Nueva Delhi se consolida como
alternativa estratégica a China en las cadenas globales de valor y como socio
clave para las democracias industriales.
El
primer ministro Narendra Modi destacó que el acuerdo “refuerza el compromiso
compartido con la democracia y con un comercio basado en reglas”, y subrayó
que permitirá a la India “acceder a tecnología, capital e innovación
europeos” sin renunciar a su autonomía estratégica.
Ese
equilibrio es central para la diplomacia india. Mientras estrecha lazos con
Bruselas, mantiene relaciones energéticas con Rusia y evita una confrontación
directa con Pekín. El acuerdo con la UE amplía su margen de maniobra y reduce
su dependencia histórica de la industria militar rusa, especialmente en un
contexto marcado por las tensiones derivadas de la guerra en Ucrania.
Europa
ante el mundo que viene
Más
allá de sus cifras comerciales, el acuerdo UE-India simboliza un cambio
profundo en la forma en que Europa se concibe a sí misma. Tras décadas
confiando su seguridad a Estados Unidos y su prosperidad a un orden comercial
relativamente estable, Bruselas asume que ese mundo ha dejado de existir.
“El
tiempo de la ingenuidad estratégica ha terminado”,
advirtió recientemente el canciller alemán Friedrich Merz. En ese diagnóstico
converge una parte creciente de las capitales europeas: la cooperación
comercial ya no puede desligarse de la seguridad, la defensa y la soberanía
tecnológica.
El
pacto con la India, junto al acuerdo con el Mercosur, dibuja así una Europa que
busca dejar de ser terreno de disputa entre grandes potencias para convertirse
en un actor con capacidad de decisión propia. En un sistema internacional cada
vez más dominado por la fuerza, Bruselas ensaya una respuesta basada en
alianzas, diversificación y autonomía. El resultado de esa apuesta definirá su
lugar en el mundo durante las próximas décadas.






