martes, 6 de enero de 2026

Venezuela frente al abismo


 

Los intercambios de disparos registrados en la noche del lunes en las inmediaciones del Palacio de Miraflores no fueron un episodio aislado ni un mero sobresalto urbano. Fueron, más bien, el síntoma audible de un poder que se resquebraja. Tras la detención de Nicolás Maduro y ante la incapacidad de la presidenta Darcy Rodríguez para consolidar el control político y militar, Venezuela se adentra en su fase más peligrosa: la de la fragmentación del Estado, la proliferación de actores armados y la amenaza concreta de una guerra civil que tendría consecuencias devastadoras para toda América Latina.

Contenido:

La madrugada en Caracas volvió a llenarse del sonido de los disparos y del vuelo de drones. En la zona de Miraflores, corazón simbólico y operativo del poder venezolano, se escucharon intercambios de disparos, se desplegaron unidades armadas sin identificación clara y circularon versiones contradictorias sobre enfrentamientos entre facciones de seguridad. El Gobierno habló de “incidentes controlados”. En los barrios cercanos, la lectura fue otra: algo se está rompiendo en el centro mismo del poder.

Desde una perspectiva estratégica, esos intercambios de disparos adquieren un significado preciso. No se trató de un intento clásico de golpe de Estado ni de una ofensiva coordinada, sino de una señal de fragmentación del monopolio de la fuerza. Cuando distintas unidades armadas operan en un mismo perímetro estratégico sin una cadena de mando unificada y precisa, el mensaje es inequívoco: el Estado ya no controla plenamente su núcleo duro.

La detención de Nicolás Maduro, lejos de cerrar la crisis venezolana, ha abierto un escenario de alta volatilidad. Durante más de una década, el expresidente concentró poder político, control institucional y arbitraje entre facciones militares y económicas. Su caída dejó un vacío que la presidenta Darcy Rodríguez no ha logrado llenar. Su autoridad es formal, pero su capacidad de mando real —en especial sobre las Fuerzas Armadas— es limitada y decreciente.

Los informes que circulan en ámbitos diplomáticos y de seguridad regional coinciden en un punto central: la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ya no actúa como un bloque cohesionado. Gobernadores militares que responden a intereses locales, comandantes regionales con autonomía operativa y unidades que priorizan la protección de economías ilícitas antes que la obediencia institucional configuran un mapa inquietante. El riesgo no es una sublevación frontal, sino una disolución progresiva del mando.

En ese contexto, el mayor peligro para Venezuela no es un cambio de régimen fallido, sino la implosión del Estado unificado. La experiencia comparada —de Libia a Irak, de Siria a ciertas regiones del Sahel— muestra que cuando cae el poder central sin un reemplazo legítimo y funcional, el territorio se fragmenta. Y cuando eso ocurre, los actores mejor posicionados no son los políticos civiles, sino los grupos armados y las redes criminales.

Venezuela reúne todos los factores de riesgo. Desde hace años, vastas zonas del país funcionan al margen del Estado de derecho. El Arco Minero del Orinoco, las rutas del narcotráfico hacia el Caribe y el Pacífico, y los corredores fronterizos con Colombia y Brasil están controlados por una constelación de actores: organizaciones criminales, disidencias guerrilleras, colectivos armados y estructuras híbridas donde se entrelazan militares, contrabandistas y caciques locales.

La caída de Maduro no desmanteló ese entramado criminal. Por el contrario, amenaza con liberarlo de los últimos mecanismos de coordinación central que aún existían. Desde un enfoque estratégico, este es el escenario clásico previo a una guerra civil de baja intensidad: múltiples focos de violencia, alianzas cambiantes y una población civil atrapada entre poderes armados que compiten por territorio, rentas y legitimidad.

La hipótesis de guerra civil en Venezuela no remite a un conflicto convencional entre dos bandos definidos. Se perfila, más bien, una violencia fragmentada, prolongada y difícil de contener. Un conflicto sin frentes claros, pero con un enorme potencial de contagio regional. América Latina ya conoce los efectos de Estados colapsados: expansión del narcotráfico, tráfico de armas, migraciones masivas y desestabilización política en los países vecinos.

En este tablero, el papel de Estados Unidos ha sido cuidadosamente delimitado en el plano discursivo. El presidente Donald Trump ha evitado cualquier referencia a democracia, elecciones o transición política. Su narrativa es inequívoca: Washington define su accionar como una operación policial ampliada, orientada a cortar el flujo de drogas desde Venezuela y a desarticular redes criminales que, según sus agencias, convirtieron al país en un nodo central del narcotráfico hemisférico.

Trump ha sido igualmente explícito en otro punto clave: el petróleo. La administración estadounidense plantea la gestión y explotación de los recursos energéticos venezolanos a través de empresas estadounidenses como un objetivo estratégico. No se trata, en su discurso, de reconstrucción institucional ni de reconciliación política, sino de seguridad y control de activos. Ese enfoque refuerza la percepción, dentro y fuera de Venezuela, de que el futuro inmediato del país se discute más en términos geoeconómicos que democráticos.

Del lado venezolano, la presidenta Darcy Rodríguez tampoco ha ofrecido señales de distensión. No ha anunciado elecciones, ni una apertura política, ni una amnistía para presos políticos y exiliados. Tampoco ha tendido puentes creíbles hacia una oposición fragmentada y debilitada. Desde el punto de vista estratégico, esta ausencia de horizonte político es un factor multiplicador del riesgo: sin una salida institucional visible, los actores armados ganan centralidad.

El escenario más inquietante es la emergencia de señores de la guerra. Oficiales que controlan regiones, recursos y hombres armados, y que comienzan a presentarse como garantes del orden frente a un poder central vacilante. Venezuela ya ha mostrado indicios de este fenómeno, con mandos militares convertidos en autoridades políticas de facto y con unidades involucradas directamente en economías ilícitas.

Para la región, el deterioro venezolano plantea un dilema de primer orden. Una guerra civil o una balcanización del país tendría efectos inmediatos sobre Colombia, Brasil y el Caribe, pero también sobre el conjunto de América Latina. El éxodo migratorio podría intensificarse de manera dramática y las redes criminales encontrarían un espacio aún más favorable para expandirse.

Los disparos escuchados en Miraflores no fueron solo un episodio de seguridad. Fueron una advertencia. La historia venezolana demuestra que la estabilidad autoritaria puede colapsar de forma súbita cuando se rompe el equilibrio interno de poder. Pero también enseña que la caída de un liderazgo no garantiza, por sí sola, la reconstrucción democrática.

Hoy, el mayor riesgo no es el retorno del autoritarismo clásico, sino algo más caótico y más peligroso: un país sin Estado, disputado por actores armados, convertido en epicentro de inestabilidad continental. Evitar ese escenario exige algo que, por ahora, no aparece en el horizonte: conducción política, acuerdos amplios y control efectivo del monopolio de la fuerza. Sin ello, Venezuela corre el riesgo de deslizarse hacia una guerra civil silenciosa y prolongada, cuyas consecuencias se sentirán mucho más allá de sus fronteras.

 

domingo, 4 de enero de 2026

Operación Resolución Absoluta: la noche en que los helicópteros cambiaron el poder en Caracas



La captura de Nicolás Maduro fue el desenlace de una operación milimétrica en la que el dominio aéreo, la guerra electrónica y los helicópteros del 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales resultaron decisivos

Contenido:

La madrugada del 2 de enero de 2026 no fue solo el final abrupto de Nicolás Maduro como hombre fuerte del chavismo. Fue también la consagración de una doctrina militar que Estados Unidos perfecciona desde hace décadas: la capacidad de penetrar, golpear y extraer en el corazón de un Estado hostil en cuestión de horas. La Operación Resolución Absoluta, ejecutada en Caracas, condensó ese saber acumulado y lo llevó a una escala inédita para América Latina desde la Guerra Fría.

Si la inteligencia permitió saber dónde estaba Maduro y cuándo era vulnerable, fue el componente aéreo —y en particular el cuerpo de helicópteros— el que hizo posible que la misión pasara del plano teórico al terreno real, en una capital densamente poblada, rodeada de montañas y defendida por sistemas antiaéreos de origen ruso.

Meses de preparación y un ensayo sin margen de error

Durante meses, la maquinaria militar estadounidense se movió en silencio. Equipos de la CIA, la NSA y la NGA reconstruyeron cada detalle del entorno presidencial venezolano. En paralelo, el Pentágono ordenó la creación de réplicas exactas del complejo donde se refugiaba Maduro, utilizadas por las fuerzas de asalto para entrenar hasta el agotamiento.

El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, lo resumió con crudeza: “No ensayamos para hacerlo bien, ensayamos para no equivocarnos”. La frase no era retórica. En una operación de extracción, un solo fallo —un helicóptero derribado, una defensa no neutralizada, un error de cálculo— podía derivar en una catástrofe política y militar.

Caracas desde el aire: un desafío extremo

Caracas es una de las capitales más complejas del continente para una operación aerotransportada. Separada del mar por la cordillera del Ávila, obliga a los helicópteros a volar a muy baja altura, siguiendo rutas estrechas y expuestas. A ello se sumaba la presencia de baterías antiaéreas Buk y S-300, radares, misiles portátiles y una red de vigilancia militar concentrada en torno a Fuerte Tiuna, el mayor complejo castrense del país.

Antes de que un solo helicóptero cruzara la costa, más de 150 aeronaves estadounidenses —cazas, bombarderos, drones y aviones de guerra electrónica— despegaron desde 20 bases y buques. El objetivo inicial fue cegar y desarticular las defensas venezolanas. Misiles de precisión y ataques electrónicos abrieron un corredor invisible hacia la capital.

Los Night Stalkers: el corazón de la operación

En el centro del dispositivo se encontraba el 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales (SOAR), conocido como los Night Stalkers. Este cuerpo de helicópteros es una unidad única dentro del Ejército estadounidense, creada tras el fracaso de la Operación Eagle Claw en Irán, en 1980, precisamente para evitar que una misión crítica volviera a fracasar por limitaciones aéreas.

Su lema —“Night Stalkers Don’t Quit”— no es decorativo. Sus pilotos están entrenados para volar de noche, a cota mínima, sin referencias visuales, guiándose por sensores infrarrojos y sistemas de navegación avanzados. En Caracas operaron principalmente con MH-60 Black Hawk y MH-47 Chinook, adaptados para misiones de asalto, inserción y extracción rápida de fuerzas especiales.

Estos helicópteros no son simples plataformas de transporte. Están equipados con sistemas de autoprotección, contramedidas electrónicas, armamento defensivo y capacidad para operar en entornos saturados de fuego enemigo. Cada aparato transportaba comandos de Delta Force, agentes del Departamento de Justicia y personal de apoyo, en una coreografía ensayada durante semanas.

El ingreso: segundos decisivos

A las 2:01 de la madrugada, los helicópteros cruzaron la cordillera y descendieron sobre el complejo donde se encontraba Maduro. Fue el momento más crítico. Según el mando estadounidense, las aeronaves recibieron disparos desde tierra. La respuesta fue inmediata y abrumadora. Uno de los helicópteros resultó alcanzado, pero logró mantenerse en vuelo, un detalle que subraya el nivel de redundancia técnica y entrenamiento de sus tripulaciones.

Mientras los Night Stalkers sostenían el puente aéreo, los comandos descendieron y avanzaron hacia el objetivo: el recinto en el que se escondía Maduro armados con sopletes y material de demolición que, finalmente, no emplearon. La resistencia se concentró en los accesos, defendidos por unidades venezolanas y por personal extranjero integrado al anillo de seguridad.

Los caídos en Fuerte Tiuna

Documentos internos identifican entre los muertos, unos cuarenta en total, a efectivos del Batallón de Seguridad Presidencial N.º 6, el Escuadrón Bravo y el Batallón de Custodia N.º 3, además de personal cubano sin rango formal, identificado con las siglas GH, perteneciente al dispositivo de seguridad presidencial.

La nómina parcial de los caídos en Fuerte Tiuna a los siguientes efectivos:

Batallón de Seguridad Presidencial N.º 6

  • Tte. Barreto Yendis Cristofer Gregorio, C.I. 26.688.532
  • GH. Hurtado Ortuño Franyerson Javier, C.I. 31.715.580
  • C2. López Sánchez Luis Enrry, C.I. 32.393.193
  • GH. Parra Parra Jeampier Josué, C.I. 32.061.848
  • GH. Ilarraza González José Ángel, C.I. 32.810.180
  • GH. Aguilera Velásquez Jerry Antonio, C.I. 31.408.054
  • GH. Contreras Tochon Franco Abraham, C.I. 32.541.929
  • GH. Tovar Lamont Isaac Enrique, C.I. 31.715.967

Escuadrón Bravo

  • Tte. Rivero Chirinos Lerwis Geovanny, C.I. 28.602.642
  • S2. Rodríguez Bellorín Richard, C.I. 31.701.270

Batallón de Custodia N.º 3

  • S2. Molina Goenaga Anais Katherine, C.I. 31.082.050
  • S2. Oliveros Velásquez Alejandra del Valle, C.I. 30.911.330
  • Alum/I Pereira Martínez Saúl Abraham, C.I. 32.220.879
  • DTG Cordero Moreno Jhonatan Alexander, C.I. 27.431.666
  • GH Quiñónez Perozo Carlos Julio, C.I. 30.382.425

La lista de nombres, filiaciones y números de identidad reconstruye el costo humano de una operación que, vista desde Washington, fue “limpia”, pero que en Caracas dejó una huella de sangre imborrable.

Delta Force y las Avispas Negras

En tierra, el choque fue breve y desigual. Delta Force, la unidad más secreta del Ejército estadounidense, especializada en antiterrorismo y capturas de alto valor, actuó con la precisión que la caracteriza. Frente a ella se encontraban miembros de las Avispas Negras, la principal fuerza de élite de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, creadas en 1986 y con experiencia en conflictos como Angola.

Las Avispas Negras están entrenadas para resistir invasiones y proteger objetivos estratégicos, pero en Caracas se enfrentaron a una fuerza que dominaba el aire, el terreno y el tiempo. El combate fue intenso, pero corto.

Dos horas y veinte minutos que cambiaron el tablero

Maduro y Cilia Flores, al no poder refugiarse en la parte blindada de su bunker, se rindieron sin ofrecer resistencia directa. En cuestión de minutos fueron esposados, trasladados a los helicópteros y evacuados hacia el USS Iwo Jima. A las 4:29, la fuerza estadounidense abandonó el espacio venezolano. No hubo bajas estadounidenses confirmadas.

Significado estratégico

Resolución Absoluta será estudiada durante años como un ejemplo de integración total de fuerzas: inteligencia, ciberataque, supremacía aérea, helicópteros de operaciones especiales y comandos de élite. Pero también plantea interrogantes profundos sobre la soberanía, el derecho internacional y el precedente que deja en una región históricamente sensible a la intervención externa.

En Caracas, mientras tanto, los helicópteros ya no sobrevuelan el cielo. Pero su eco —el de los Night Stalkers descendiendo en la noche— seguirá resonando durante mucho tiempo en la memoria política de América Latina.

 

martes, 30 de diciembre de 2025

Prestigioso centro internacional evalúa el desarrollo de los conflictos en el mundo para 2026



El informe "Preventive Priorities Survey 2026" del Center for Preventive Action evalúa los conflictos actuales y potenciales en el mundo según su probabilidad de ocurrencia y su impacto en los intereses de Estados Unidos.

Contenido:

Metodología de la Encuesta

La metodología de la encuesta se divide en tres etapas para asegurar la relevancia y precisión de los datos.

  • Se solicitó sugerencias sobre posibles conflictos a través de redes sociales en octubre de 2025.
  • En noviembre de 2025, se realizó la encuesta a expertos en política exterior.
  • Los resultados se clasificaron en tres niveles de prioridad según un matriz de evaluación de riesgos.

En esta forma se arribó a los siguientes resultados que resumimos para el lector:

Conflictos de alta prioridad (Tier I)

Alta probabilidad y alto impacto

  1. Conflicto entre fuerzas de seguridad israelíes y palestinos en Cisjordania: Aumentan las tensiones por la construcción de asentamientos israelíes, los derechos políticos palestinos y la guerra en Gaza.
  2. Renovación de los enfrentamientos en la Franja de Gaza: Los choques entre militantes de Hamas y fuerzas israelíes agravan la crisis humanitaria y la inestabilidad regional.
  3. Intensificación de la guerra entre Rusia y Ucrania: Los ataques a infraestructuras críticas y centros poblados de ambos lados incrementan el conflicto.
  4. Operaciones militares de EE. UU. contra grupos criminales transnacionales en Venezuela: Estas acciones desestabilizan al gobierno de Maduro.
  5. Violencia política y disturbios en EE. UU.: La creciente polarización política y los despliegues de seguridad interna exacerban la violencia.

Probabilidad moderada y alto impacto

  1. Conflicto armado entre Irán e Israel: Las tensiones aumentan debido a los esfuerzos de Irán por reconstruir su programa nuclear y su red de grupos proxy anti-Israel.
  2. Ciberataque disruptivo habilitado por inteligencia artificial: Un ataque a infraestructuras críticas de EE. UU. podría tener consecuencias graves.
  3. Crisis en el estrecho de Taiwán: La presión militar, económica y política de China sobre Taiwán podría involucrar a otros países de la región y a EE. UU.
  4. Choques armados entre Rusia y países miembros de la OTAN: Las provocaciones rusas hacia estados europeos incrementan el riesgo de enfrentamientos.
  5. Pruebas nucleares de Corea del Norte: Estas tensiones podrían desencadenar un enfrentamiento armado con potencias regionales y EE. UU.

Alta probabilidad y bajo impacto

  1. Escalada de la guerra civil en Sudán: Se prevén atrocidades masivas, desplazamientos civiles y violencia en países vecinos.
  2. Clashes violentos en Haití: La disfunción política y el fracaso de los esfuerzos internacionales agravan la situación.
  3. Retrasos en elecciones en Sudán del Sur: Esto podría desencadenar enfrentamientos entre facciones étnicas y políticas.

Conflictos de prioridad moderada (Tier II)

Probabilidad moderada y impacto moderado

  1. Retiro de asistencia de seguridad de EE. UU. en Somalia: Esto podría aumentar los ataques terroristas y la expansión territorial de Al-Shabaab e ISIS.
  2. Ataques de los hutíes en Yemen: Las acciones contra Israel y el transporte internacional podrían intensificar la crisis humanitaria.
  3. Conflictos en Líbano: Los intentos fallidos de desarmar a Hezbollah y los ataques militares israelíes podrían desestabilizar el gobierno y provocar un conflicto sectario.
  4. Violencia sectaria y resurgimiento de ISIS en Siria: Las intervenciones militares de Israel y Turquía podrían fragmentar aún más el estado.
  5. Conflicto armado entre India y Pakistán: La actividad terrorista y la represión en Cachemira administrada por India podrían desencadenar enfrentamientos.

Conflictos de baja prioridad (Tier III)

Probabilidad moderada y bajo impacto

  1. Insurgencias en el Sahel (especialmente en Malí): La inestabilidad regional y el sufrimiento humano se agravan.
  2. Terrorismo islamista en Nigeria: La debilidad del estado incrementa la inseguridad y la inestabilidad política.
  3. Conflictos en la República Democrática del Congo: La violencia por recursos naturales y territorios se intensifica, involucrando a milicias respaldadas por Ruanda.
  4. Violencia política y religiosa en Bangladesh: La crisis de gobernanza y el aplazamiento de elecciones nacionales exacerban los conflictos.
  5. Actividad criminal y conflictos en Myanmar: La violencia entre la junta militar y grupos armados acelera el colapso del estado.
  6. Violencia en Ecuador: La represión política y el aumento de la violencia criminal generan inestabilidad y víctimas civiles.
  7. Choques entre militares etíopes y milicias respaldadas por Eritrea: Los intentos de Etiopía por acceder a puertos en el Mar Rojo reavivan la guerra en la región fronteriza.
  8. Insurgencia en Mozambique: La violencia en el norte del país causa desplazamientos y víctimas civiles.
  9. Conflicto entre Afganistán y Pakistán: Los ataques transfronterizos de militantes resurgentes incrementan las tensiones.
  10. Conflictos en Camerún: La violencia política y las insurgencias en el norte y oeste desestabilizan el gobierno central.

Otras preocupaciones destacadas

  1. Actividades militares de China y Rusia en el Ártico: Podrían desencadenar enfrentamientos armados con EE. UU. o aliados de la OTAN.
  2. Hostilidades entre Armenia y Azerbaiyán: Las tensiones territoriales podrían involucrar a Turquía y otras potencias regionales.
  3. Choques fronterizos entre Camboya y Tailandia: Esto podría agravar la crisis de refugiados y la inestabilidad política regional.
  4. Tensiones entre China y Japón por las islas Senkaku/Diaoyu: Disputas sobre Taiwán podrían provocar enfrentamientos en el Mar de China Oriental.
  5. Violencia en Colombia: La polarización política y la actividad de grupos armados podrían desestabilizar el proceso de paz y generar una guerra civil.
  6. Conflictos en los Balcanes Occidentales: La violencia étnica y política podría requerir intervención extranjera.

Este análisis destaca la diversidad de conflictos que afectan regiones clave del mundo, con especial énfasis en el impacto sobre los intereses de EE. UU. y la necesidad de estrategias preventivas.

 

 

Europa ante la guerra que nadie quiere nombrar


 


La advertencia ya no proviene de analistas marginales ni de informes confidenciales. Jefes militares, presidentes y primeros ministros hablan abiertamente de la necesidad de prepararse para una guerra con Rusia. Mientras la OTAN refuerza sus ejércitos y la sociedad europea empieza a ser mentalmente movilizada, el continente se asoma a un horizonte inquietante: la posibilidad real de un conflicto armado de gran escala antes de que termine la década.

Contenido

Durante décadas, Europa vivió bajo la convicción de que la guerra entre grandes potencias había quedado relegada a los libros de historia. La invasión rusa de Ucrania, en febrero de 2022, quebró ese consenso con una brutalidad que aún hoy sigue reordenando el tablero estratégico del continente. Tres años después, el lenguaje empleado en las principales capitales europeas ya no se limita a la disuasión o a la diplomacia: la palabra “guerra” ha dejado de ser impronunciable.

Francia, Alemania, Polonia y el Reino Unido —los pilares militares europeos de la OTAN— coinciden en un diagnóstico inquietante: Rusia no solo no ha renunciado a una confrontación más amplia con Occidente, sino que se está preparando para ella. La pregunta ya no es si Europa debe reforzar su defensa, sino si lo está haciendo con la rapidez suficiente.

Francia: prepararse para lo impensable

Francia ha asumido un rol central en este viraje estratégico. La decisión del presidente Emmanuel Macron de autorizar la construcción de un nuevo portaaviones nuclear —el PANG, destinado a convertirse en el mayor buque de guerra jamás construido en Europa— es tanto un proyecto militar como un mensaje político: París no renuncia a su condición de potencia estratégica autónoma.

Pero más reveladoras aún son las medidas que trascienden el ámbito estrictamente castrense. El Gobierno francés ha ordenado a su sistema sanitario prepararse para la eventual llegada de miles de heridos militares antes de 2026. Al mismo tiempo, se ha instado a la población civil a disponer de kits de emergencia, una recomendación que recuerda a los peores momentos de la Guerra Fría.

Las palabras de los jefes militares franceses han sido inusualmente explícitas. El general Fabien Mandon, jefe del Estado Mayor, advirtió ante el Parlamento que las Fuerzas Armadas deben estar listas para un “choque más violento” con Rusia en un plazo de tres a cuatro años. Su antecesor, Thierry Burkhard, fue aún más directo: “La guerra ya está en Europa”, afirmó, al tiempo que señalaba a Francia como uno de los objetivos prioritarios de Moscú.

Alemania despierta de su letargo estratégico

Alemania, tradicionalmente reacia a proyectar poder militar, ha iniciado una transformación que habría sido impensable hace apenas una década. Berlín avanza hacia la reintroducción de formas ampliadas de servicio militar voluntario y hacia la construcción del mayor ejército convencional del continente. Los servicios de inteligencia alemanes han alertado de que Rusia podría estar en condiciones de enfrentarse directamente a la OTAN antes de 2029.

El fondo extraordinario de 100.000 millones de euros para la Bundeswehr marca el abandono definitivo de la “cultura de contención” que caracterizó a Alemania tras 1945. La guerra ha regresado al centro de su planificación estratégica.

Polonia: la frontera como destino

Si existe un país que se prepara sin ambigüedades para un conflicto armado, ese es Polonia. Varsovia destina más del 4% de su PIB a defensa y aspira a disponer del mayor ejército terrestre de Europa. La amenaza rusa no es para los polacos una hipótesis académica, sino una experiencia histórica recurrente.

La militarización alcanza dimensiones sociales inéditas: formación en tiro en las escuelas, entrenamiento paramilitar de empleados públicos y una rápida expansión de las fuerzas territoriales de reserva. Polonia no solo se arma; se organiza como una sociedad preparada para resistir.

Sin embargo, incluso allí surgen voces críticas. Altos mandos retirados advierten que el verdadero desafío no reside únicamente en el volumen de armamento, sino en la falta de una estrategia coherente y de una industria de defensa plenamente autónoma que permita sostener un conflicto prolongado.

El Reino Unido y el norte de Europa

El Reino Unido, potencia nuclear y socio clave de Washington, ha reforzado su cooperación con Francia y los países nórdicos. Finlandia y Suecia, recientemente incorporadas a la OTAN, mantienen sistemas de defensa territorial robustos y una cultura de movilización que contrasta con la relajación que dominó Europa occidental durante años.

En conjunto, el mapa europeo muestra una tendencia clara: el rearme ya no es una opción política, sino una necesidad asumida.

Tres futuros posibles

El primero, y el más probable, es el de una disuasión tensa. Una Europa fuertemente armada frente a una Rusia igualmente militarizada, con incidentes híbridos, provocaciones y una guerra en Ucrania congelada o de baja intensidad. Un escenario de Guerra Fría sin nombre.

El segundo contempla una escalada limitada: un incidente en el Báltico, en Polonia o en el mar Negro que derive en enfrentamientos directos, contenidos pero peligrosos, entre fuerzas rusas y de la OTAN.

El tercero, el menos probable pero más devastador, es el de una guerra abierta en Europa oriental tras un ataque directo contra un país aliado. Un escenario que nadie desea, pero que condiciona todas las decisiones actuales.

Prepararse para evitar la guerra

Europa se enfrenta a una paradoja clásica de la estrategia: cuanto más se prepara para la guerra, más posibilidades tiene de evitarla; pero cuanto más se arma, mayor es el riesgo de un error de cálculo fatal. Rusia, por su parte, parece convencida de que el tiempo no juega a su favor si Europa consolida una capacidad militar creíble y autónoma.

En ese delicado equilibrio se decidirá el futuro del continente. Los próximos tres años no serán un simple compás de espera. Serán, probablemente, el período en el que Europa determine si logra estabilizar una paz armada o si vuelve a convertirse, una vez más, en el escenario de una guerra que creía desterrada de su historia.

 

lunes, 22 de diciembre de 2025

Las tierras raras, el nuevo eje invisible del poder global


  

De la transición energética a la industria militar, estos diecisiete elementos químicos se han convertido en un recurso estratégico comparable al petróleo del siglo XX. China domina su producción y refinado, Estados Unidos y Europa buscan reducir su dependencia y países como la Argentina aparecen en el radar geopolítico como reservas aún poco explotadas, atravesadas por dilemas ambientales, económicos y de soberanía.

Contenido:

Las tierras raras ya no son una cuestión de laboratorio ni una nota al pie en los informes científicos. En los últimos años han pasado a ocupar un lugar central en la disputa por el poder global, al punto de convertirse en uno de los insumos más sensibles de la economía mundial y de la seguridad internacional. Invisibles para el gran público, pero omnipresentes en la vida cotidiana, estos elementos químicos sostienen desde los teléfonos inteligentes hasta los misiles de última generación, desde los aerogeneradores que simbolizan la transición energética hasta los sistemas de guiado que definen la superioridad militar de las potencias.

Pese a su nombre, las tierras raras no son ni tierras ni particularmente raras. El término designa a un grupo de 17 elementos químicos —el escandio, el itrio y los quince lantánidos— relativamente abundantes en la corteza terrestre. Su “rareza” reside en otra parte: rara vez aparecen en concentraciones suficientemente altas como para que su explotación sea rentable y, sobre todo, su separación y refinado son procesos técnicamente complejos, costosos y altamente contaminantes. Ese cuello de botella explica por qué el verdadero poder no reside solo en poseer yacimientos, sino en dominar la cadena industrial que va de la mina al producto final.

Entre estos elementos hay nombres que se repiten una y otra vez en los documentos estratégicos. El neodimio y el praseodimio son esenciales para fabricar imanes permanentes de altísima potencia, indispensables para los motores de los vehículos eléctricos, las turbinas eólicas, los drones y los discos duros. El disprosio y el terbio aportan estabilidad térmica a esos imanes. El europio y el itrio permiten la luminiscencia de pantallas, luces LED y sistemas de señalización. El lantano y el cerio son claves en catalizadores industriales y refinerías, mientras que el gadolinio cumple un rol central en la medicina y la industria nuclear. La mitad del consumo mundial de tierras raras se concentra en imanes y procesos de catálisis, los segmentos de mayor valor económico y mayor sensibilidad geopolítica.

Su importancia económica se ha disparado al calor de la transición energética. Lejos de reducir la dependencia de los recursos naturales, el paso de los combustibles fósiles a las energías renovables ha trasladado esa dependencia hacia nuevos minerales críticos. La Agencia Internacional de la Energía estima que, si el mundo pretende cumplir los objetivos climáticos, la demanda de tierras raras deberá multiplicarse por diez antes de 2030. En ese escenario, garantizar el suministro se ha convertido en una prioridad estratégica comparable a la seguridad energética del siglo pasado.

El componente militar refuerza aún más esa centralidad. Las tierras raras están presentes en radares, sistemas de visión nocturna, satélites, misiles de precisión, aviones de combate y submarinos. La tecnología que define el equilibrio de poder en los conflictos contemporáneos depende de estos materiales. Por eso figuran en las listas de “minerales críticos” de Estados Unidos, la Unión Europea y sus aliados, y por eso su control se ha vuelto un asunto de seguridad nacional.

El mapa global muestra un dominio claro: China. El gigante asiático concentra cerca de la mitad de las reservas mundiales y controla alrededor del 70 % de la producción y casi el 90 % de la capacidad de refinado. Durante décadas, Pekín aceptó los costos ambientales y sociales que Occidente rechazó, desarrolló conocimiento técnico, infraestructura industrial y una política de largo plazo que hoy le permite utilizar las tierras raras como una poderosa herramienta geopolítica. Las restricciones a la exportación y los controles administrativos se han convertido en un instrumento de presión en el marco de las disputas comerciales y tecnológicas con Estados Unidos y Europa.

Washington, que fue pionero en la explotación de estos minerales en la segunda mitad del siglo XX, perdió terreno y ahora intenta recuperar capacidades. Australia, Canadá, Brasil, Vietnam, Rusia y Groenlandia aparecen como proveedores alternativos en una estrategia de diversificación destinada a reducir la dependencia china. Europa, por su parte, promueve la exploración, el reciclaje y la reapertura de minas, aunque choca con resistencias sociales y regulaciones ambientales estrictas que encarecen y ralentizan los proyectos.

Esta competencia ha dado lugar a una nueva carrera extractiva global, una suerte de guerra fría mineral en la que se combinan inversiones, acuerdos diplomáticos, presiones comerciales y conflictos indirectos. Ucrania, con importantes reservas, se ha convertido en un ejemplo de cómo los minerales críticos se entrelazan con la geopolítica de la guerra, la ayuda militar y la reconstrucción económica.

En ese tablero aparece también la Argentina. Estudios oficiales han identificado la presencia de tierras raras en provincias como Salta, Jujuy, San Luis, Santiago del Estero, Córdoba, Buenos Aires, Chubut y Santa Cruz, además de indicios en la plataforma continental. Sin embargo, la experiencia productiva es mínima y remota: la única explotación registrada data de mediados del siglo XX. El país cuenta con capacidades científicas relevantes, universidades y centros de investigación que trabajan sobre estos elementos, pero enfrenta obstáculos estructurales: falta de inversiones, ausencia de tecnología de refinado, marcos regulatorios inestables y un debate social cada vez más intenso sobre los impactos ambientales de la megaminería.

La atención internacional sobre los minerales críticos ha vuelto a colocar a la Argentina en el radar de las grandes potencias. Memorandos de entendimiento, acuerdos de cooperación y promesas de financiamiento se entrelazan con la urgencia económica y con un modelo que vuelve a apostar por la explotación de recursos naturales como vía rápida de inserción global. El interrogante de fondo es si el país logrará convertir ese potencial en una estrategia de desarrollo industrial y tecnológico o si reproducirá, una vez más, un esquema primario-exportador, ahora bajo el ropaje verde de la transición energética.

Las tierras raras condensan, en definitiva, las tensiones del mundo contemporáneo. Son indispensables para la descarbonización y la revolución digital, pero su extracción conlleva costos ambientales elevados. Prometen autonomía energética, pero generan nuevas dependencias geopolíticas. Para la Argentina y para buena parte del Sur Global, el desafío consiste en decidir si estos minerales serán una palanca de soberanía y valor agregado o apenas el último botín de una competencia global cada vez más áspera y desigual.

 

sábado, 20 de diciembre de 2025


 Entrevista a Hach Ahmed Bericalla, Secretario del Movimiento Saharaui por la Paz

He tenido la posibilidad de realizar una entrevista al primer secretario del Movimiento Saharaui por la paz. Seguidamente transcribo nuestro diálogo.

 

1.- Adalberto Agozino: Para un mejor conocimiento del público latinoamericano, ¿cómo definiría al Movimiento Saharaui para la Paz?

Hach Ahmed Bericalla: Una propuesta oportuna razonable, realista y viable para lograr una solución digna a los saharauis tras medio siglo de guerra, dolor y exilio.

 

2.- A. A.:¿Cuándo, cómo y por qué nació el MSP?

H. A. B.: Nació para colmar un déficit democrático y la ausencia de un debate sincero dentro del Polisario. Es el fruto de una reflexión inevitable de gente que ha sufrido en carne propia las consecuencias del conflicto y que ya no comparte la idea de un viaje hacia ninguna parte ni de sacrificios inútiles

 

3.- A. A.: ¿Quiénes integran el MSP? ¿Cuáles son sus dirigentes?

H. A. B.: El MSP reúne a un conjunto heterogéneo de personalidades  y grupos representativos de la sociedad saharaui: desde ex militares que construyeron las glorias del pasado hasta notables descendientes de los miembros de la Asamblea del Sáhara durante la época española pasando por ex diplomáticos y altos cargos civiles del Polisario e incluso supervivientes de la represión que ejerció el Polisario durante los años de plomo en los campamentos de Tindouf. También personalidades y cuadros, mujeres y hombres jóvenes que nunca salieron del territorio.. Creo que es un mosaico  muy representativo de la opinión mayoritaria hoy día en el Sáhara Occidental.

 

4.- A. A.: ¿Desde su nacimiento, cuáles han sido los principales logros del MSP?.

H. A. B.: El principal logro es superar sanos y salvos  la enorme y feroz campaña de descrédito, manipulación y linchamiento social que suele desatar la maquinaria de propaganda del Polisario para desacreditar cualquier intento de salir de su “redil” y expresar libremente una opinión política. En estos cinco o seis años de existencia el MSP ha logrado afianzarse como el intento más serio y coherente de proponer una alternativa al proyecto utópico del Polisario.

En el territorio y en los campamentos de Tindouf, así como en Mauritania y en la diáspora contamos ya con una estructura organizativa sólida, un discurso político pragmático sólido y convincente

 En el plano Internacional el MSP ha tenido una presencia notable en los continentes americano y europeo. Visitamos Argentina, Paraguay, Estados Unidos y las instituciones europeas en Bruselas. Hemos organizado tres conferencias internacionales por la Paz con una presencia significativa de personalidades políticas de peso, la última de ellas en Canarias (España) a principios del año en curso. En términos generales el balance no es magro si se tiene en cuenta que el MSP nació en el comienzo de la epidemia de COVID, abril de 2020 y no contamos con el apoyo de ninguna potencia.

En términos políticos y de opinión publica creo que hemos demostrado que en la sociedad saharaui es posible y necesario el multipartidismo tras medio siglo de monopolio por parte del Polisario y que hay opciones alternativas y salidas honorables frente a  la capitulación y la incertidumbre de las utopías.

En el primer semestre del año 2026 tenemos la oportunidad de hacer balance del proyecto a través de nuestro Segundo Congreso. El desafío no sólo estriba en afianzarnos para incidir en el curso de los acontecimientos y por consiguiente en la solución, sino en ser una referencia en la etapa post solución.

 

5.- A. A.: ¿Cuál es la relación del MSP con  otras organizaciones internacionales?

H. A. B.: Hemos abierto muchos canales de comunicación con distintas fuerzas políticas en Europa y los países de la región y algunas incursiones en las instituciones europeas. Este año el MSP ha conocido una progresión diplomática sin precedente como ha sido el ingreso como miembro de la Internacional Socialista y la participación en sus dos últimos Consejos en Estambul (Turquía) y la Valeta ( Malta). También ha sido importante la participación por primera vez en la Cuarta Comisión de la ONU en octubre pasado. Por primera vez emergió en estás tribunas una voz saharaui diferente que apuesta por la paz, por la solución sin vencidos ni ganadores, por la democracia y la pluralidad. Estás son las señas y el principal activo del MSP.

 

6.- A. A.: ¿Podría describir brevemente los objetivos que persigue el MSP a corto y mediano plazo?

H. A. B.: A corto plazo, sin duda es contribuir a que no se pierda la oportunidad representada por la nueva dinámica en favor de un arreglo político. No se sabe a ciencia cierta los próximos eventos ni la agenda que maneja el enviado de la ONU. Tenemos la sensación y se percibe indicios serios de que el año 2026 será decisivo.

A medio plazo entrar en la etapa de la consolidación de nuestro proyecto para estar listo de cara a la etapa post solución. El segundo Congreso será la ocasión para catapultar el MSP hacia el futuro de paz, reconciliación y convivencia  y prosperidad conque sueñan los saharauis en su conjunto

 

7.- A. A.: ¿Cuáles son los vínculos actuales con Naciones Unidas?

H. A. B.: Como le dije participamos por primera vez en la sesiones de la Cuarta Comision en octubre pasado.Nuestra intervención no ha dejado lugar a dudas respecto a nuestra independencia y al equilibrio, moderación y pragmatismo de nuestro enfoque. Pero quizá lo más relevante hasta ahora es la comunicación abierta que tenemos con el Enviado de la ONU y con el Secretario General, Antonio Guterres. Esperamos y deseamos que se democratice el proceso político y  podamos tener la posibilidad de contribuir a los diálogos.  Creo que es la mejor receta para salir del círculo vicioso que por décadas han alimentado dos posturas irreconcionables y evitar un nuevo colapso de las negociaciones…

 

8.- A. A.: ¿Qué propone el MSP para resolver el conflicto del Sáhara?.

H. A. B.: Nuestra propuesta sin entrar en detalles es una formula política en la que no haya vencidos ni vencedores. Soy de los que creen firmemente en el milagro de la paz y que cueste lo que cueste y con todas las desventajas que pueda implicar es el mejor destino que podemos ofrecer a nuestra gente tras medio siglo de sufrimiento y desesperanza. Por muy pesimista que pueda ser y aunque no hay punto de comparación siempre será infinitamente mejor que la “paz” de Gaza suscrita por potencias muy influyentes.

9.- A. A.: ¿Cuál es la posición del MSP con respecto de la Propuesta para la Negociación de un Estatuto de Autonomía para la región del Sáhara presentada, en 2007, por el Reino de Marruecos?

H. A. B.: Respecto a la propuesta tal y como quedó resumida en 2007 nuestra opinión es la que manifestamos en su momento: el contenido era insuficiente pero puede suponer un punto de partida para la búsqueda del arreglo. Esperamos la nueva versión, más ampliada y detallada que las autoridades marroquíes prometieron presentar tras la última resolución del Consejo de Seguridad. Soy optimista. Creo que el futuro es prometedor.

 

10.- A. A.: ¿Qué opina el MSP sobre la reciente resolución de Naciones Unidas considerando al Estatuto de Autonomía como la única solución posible y justa para el diferendo del Sáhara?

H. A. B.: Debo decir que es un escenario que no nos pillo por sorpresa y que lo anticipamos desde el primer momento. Lo que sorprende es la firmeza con la que ha sido formulada la resolución 2797 por parte de la nueva administración del Presidente Trump y la mayoría de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Ciertamente ha supuesto un cambio sustancial del concepto de la legalidad internacional respecto al problema saharaui. Ha cerrado todas las opciones mas allá de la propuesta autonómica marroquí. Es evidente que se trata de un paquete que se toma, o se toma. No hay otra opción. Lo mas relevante es que se insiste en que la solución final debe ser “auténtica” y presumimos que contara con garantías internacionales sólidas.

 

11.- A. A.: ¿El MSP está dispuesto a entablar negociaciones públicas con el Reino de Marruecos?

H. A. B.: Desde luego. De hecho, en las últimas dos Conferencias hemos propuesto la creación de una comisión amplia para el diálogo que incluye, junto a una representación del movimiento, notables tribales y otros representante de la sociedad civil saharaui. No hay otro instrumento mas legitimo, plural y democrático para sellar la solución final.

12.- A. A.: ¿Cómo imagina usted debería ser la hoja de ruta para avanzar en una solución posible y justa para ese diferendo?

H. A. B.: Ya hicimos publica en la Conferencia de Dakar de 2023 nuestra propia hoja de ruta. Sigue vigente. En términos generales define los contornos de un acuerdo sobre el Estatuto Especial para la nueva entidad saharaui. Hay aspectos que habrá que ajustar en un  proceso negociador pero la propuesta cubre el conjunto de recursos, instituciones y las competencias exclusivas así como los vínculos de co-soberanía y los de soberanía entre el Sáhara Occidental y el Reino de Marruecos.. La hoja de ruta prevee el desarme, la reinserción y el desplazamiento y asentamiento de decenas de miles de refugiados, la amnistía general, la compensación de las víctimas, la cobertura social de las viudas y huérfanos y familias afectadas. Es una propuesta para poner encima de la mesa e incluso compartir con el Enviado de la ONU y las demás partes.

 

13.- A. A.: ¿Qué debe hacer Marruecos para avanzar en este proceso?

H. A. B.: Abrir una vía paralela y no depender de los plazos y ritmos que pueda marcar un proceso negociador de la ONU que se arrastra desde 1991. En esta última etapa la mayor parte de las guerras, crisis y controversias se han resuelto mediante un modo de “diplomacia multilateral alternativa” al margen de los organismos internacionales. La ONU suele llegar tarde.

 

14.- A. A.:  A su criterio cuál sería una “hoja de ruta” aceptable y justa para llevar a cabo el retorno de la población de los campamentos de Tinduf a su hogar en el Sáhara marroquí.

H. A. B.: En nuestra hoja de ruta de contempla esa importante y decisivos etapa. Se propone construir no menos de 40 mil viviendas sociales y 50 mil nuevos  puestos de trabajo. Habrá que detallar un plan íntegro que persuada a gente que lleva medio siglo viviendo en condiciones difíciles pero al menos recibe una ración de supervivencia. Incluso para esa etapa sugerimos la creación de un fondo internacional para la reconstrucción.

La población es pequeña y los recursos deberían ser suficientes para aspirar a niveles de prosperidad notables .Pero evidentemente será crucial la buena gobernanza y la corrección, a través de leyes firmes anomalías y excesos como la corrupción, el enriquecimiento  ilícito, el nepotismo y otras prácticas indeseables.

 

15.- A. A.:  En base a su conocimiento personal de la dirigencia del Frente Polisario y la información que posee sobre lo que ocurre en los campamentos de Tinduf, ¿Cuál será la actitud del esta organización respecto a la reciente resolución de Naciones Unidas?

H. A. B.: Creo que está en una posición poco envidiable. Por un lado, la presión que implica la nueva dinámica resultante de la resolución 2797 y por el otro los condicionantes y limites de un discurso inflexible forjado por décadas. El liderazgo se ha vuelto rehén de sus posiciones radicales. En la actualidad se carece de carisma y autoridad moral para desplazarse hacia enfoques más moderados. No tengo duda que puede haber, incluso hay dirigentes que a nivel individual tienen opiniones distintas pero la ausencia de un debate interno abierto dificulta la reflexión y el tránsito hacia visiones de conjunto más pragmáticas. De aquí la necesidad y oportunidad de voces como el del MSP.

 

16.- A. A.: ¿Cuál debe ser el papel que debe cumplir Argelia en este proceso?

H. A. B.: Argelia no desconoce la realidad y complejidad del momento. Tambien esta ante un disyuntiva: elegir entre la lealtad a principios de solidaridad sagrados o participar en una dinámica indetenible y lograr las mayores ventajas posibles o lo que es lo mismo, perder lo menos posible como potencia influyente en la región..

 

17.- A. A.: ¿Cómo imagina el futuro del Sáhara en los próximos años?.

H. A. B.: Yo soy optimista. Me imagino un futuro mucho mejor que el pasado. Y no es ,”pedir peras al olmo”. No cesare de repetir que cualquier paz es mejor que la guerra más heroica.

 

18.- A. A.: ¿Qué mensaje final enviaría a la comunidad internacional interesada en el futuro del pueblo saharaui?

H. A. B.: Mi confianza no es literalmente en la Comunudad Internacional sino en lo que los saharauis como victimas y actores principales estamos dispuestos a hacer por nosotros mismos, por nuestras futuras generaciones. La guerra y el exilio permanente son las peores opciones.

 

Adalberto Agozino: Muchas gracias Hach Ahmed por su tiempo. Seguiremos atentamente las actividades del Movimiento Saharaui por la Paz.