El Rey Mohammed VI ha confiado por
primera vez en la historia del Reino la jefatura del Gobierno a una mujer.
Fatima Ezzahra El Mansouri, jurista, alcaldesa de Marrakech, exministra y
dirigente del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), deberá ahora formar un
Ejecutivo de coalición. Su designación culmina, además, un proceso de
incorporación creciente de la mujer marroquí a las instituciones y proyecta al
Reino hacia una nueva etapa política en el mundo árabe.
Contenido:
Buenos
Aires - La imagen tiene una fuerza simbólica que trasciende las fronteras de
Marruecos. El 29 de septiembre, en el Palacio Real de Rabat, el rey Mohammed VI
recibió a Fatima Ezzahra El Mansouri y, en aplicación del artículo 47 de la
Constitución, la nombró jefa del Gobierno y le encargó formar el nuevo
Ejecutivo. El comunicado de la Casa Real fue lacónico, como corresponde a la
naturaleza institucional del acto, pero sus consecuencias políticas y sociales
son de una dimensión considerable: por primera vez una mujer ocupará la
jefatura del Gobierno marroquí.
La
designación no constituye una ruptura con el procedimiento constitucional. El
Partido Autenticidad y Modernidad, cuya dirección colegiada coordina El
Mansouri, fue la formación más votada en las elecciones legislativas del 23 de
septiembre y obtuvo 97 de los 395 escaños de la Cámara de Representantes. La
Constitución establece que el monarca designa al jefe del Gobierno entre los
miembros del partido que haya obtenido el mayor número de escaños. La novedad,
por tanto, no reside en el procedimiento, sino en la persona elegida para
encabezar el Ejecutivo y en el significado histórico de que esa persona sea una
mujer.
El
resultado electoral, sin embargo, obliga a El Mansouri a construir una mayoría
parlamentaria. El PAM quedó por delante de la Reagrupación Nacional de
Independientes, que obtuvo 66 diputados, y del Partido Istiqlal, con 65. El
Partido de la Justicia y el Desarrollo, de orientación islamista, consiguió 54
escaños y ha anunciado su paso a la oposición. La nueva jefa del Gobierno
deberá, por tanto, negociar una coalición capaz de proporcionar estabilidad
parlamentaria al Ejecutivo. .
El
primer mensaje de El Mansouri después de la audiencia real fue deliberadamente
institucional. Dijo que trabajaría para presentar un Gobierno a la altura de
las expectativas del monarca y de los ciudadanos y anunció consultas con su
propia formación y con el resto de los partidos. También situó a los jóvenes en
el centro de las preocupaciones del nuevo Ejecutivo y prometió un programa
basado en “soluciones realistas y concretas”.
Una
jurista formada entre Marruecos, Francia y Estados Unidos
Fatima
Ezzahra El Mansouri, nacida en Marrakech el 3 de enero de 1976, llega a la
jefatura del Gobierno después de una trayectoria que combina formación
jurídica, experiencia municipal, actividad parlamentaria, gestión ministerial y
liderazgo partidario. Según la biografía oficial difundida tras su
nombramiento, posee una licenciatura en Derecho Privado por la Universidad
Mohammed V de Rabat, un DEA en Derecho de los Contratos de Negocios por la
Universidad de Montpellier y un certificado en Derecho Angloamericano por Pace University,
en Estados Unidos. Es abogada especializada en derecho inmobiliario y estuvo
inscrita en el Colegio de Abogados de Marrakech desde 2005.
Su
carrera política comenzó en el Movimiento de Todos los Demócratas, antecedente
del PAM, formación que participó en la fundación del partido en 2008. Dos años
después, El Mansouri alcanzó una posición que ya entonces tenía una fuerte
carga simbólica: en 2009 se convirtió en la primera mujer en ocupar la alcaldía
de Marrakech. Regresó al cargo en 2021, después de haber sido diputada durante
dos legislaturas y de haber presidido durante años el Consejo Nacional del PAM.
En 2021 ingresó en el Gobierno de Aziz Akhannouch como ministra de Ordenación
Territorial Nacional, Urbanismo, Vivienda y Política de la Ciudad. Desde 2024
coordinaba la dirección colegiada del PAM.
Su
trayectoria no se ha limitado al ámbito nacional. En 2014 fue incluida por
Forbes entre las jóvenes africanas más influyentes y ese mismo año fue
reconocida como Young Global Leader por el Foro Económico Mundial. Su perfil,
esencialmente jurídico y administrativo, ha contribuido a construir una imagen
política vinculada a la gestión, la modernización urbana y la capacidad de
interlocución institucional.
El
Mansouri procede, además, de una familia vinculada durante generaciones a la
administración y a la diplomacia marroquí. Su padre, Abderrahmane El Mansouri,
fue funcionario en Marrakech y posteriormente embajador en los Emiratos Árabes
Unidos. Este origen familiar, unido a sus vínculos con sectores influyentes de
la vida política y económica del Reino, ha sido señalado por distintos medios
como un elemento relevante para comprender su ascenso.
La
nueva jefa del Gobierno llega al poder, por tanto, no como una figura ajena a
las estructuras tradicionales del Reino, sino como una dirigente profundamente
integrada en ellas. Su ascenso representa una renovación generacional y, sobre
todo, una transformación en la representación de la autoridad política: una
mujer situada en el centro de las instituciones de un país cuya vida política
continúa teniendo a la monarquía como eje fundamental.
El
PAM, entre el liberalismo económico y el reformismo social
El
Partido Autenticidad y Modernidad nació en 2008 y se configuró como una
formación centrista y modernizadora, en buena medida como alternativa al
crecimiento del Partido de la Justicia y el Desarrollo. Su posición política
combina una defensa de la economía de mercado, la atracción de inversiones y la
modernización de las infraestructuras con políticas sociales destinadas a
mejorar el poder adquisitivo y los servicios públicos.
El
programa electoral del PAM para 2026 se articula en torno a cinco grandes
compromisos relacionados con el poder adquisitivo, la integración de los
jóvenes, la ciudadanía y los servicios públicos, la seguridad estratégica y el
crecimiento sostenible. La formación calcula un coste global de 350.000
millones de dírhams para cinco años y plantea la creación de al menos un millón
de empleos netos durante el período 2027-2031.
El
empleo constituye probablemente la principal apuesta económica. El partido
aspira a reducir el desempleo hasta el 7% en 2031 mediante el impulso de los
servicios de mayor valor añadido, la industria y la sustitución de
importaciones, la agricultura, el turismo y la economía vinculada al deporte.
El programa concede especial importancia a la juventud, las mujeres y el mundo
rural como componentes activos del crecimiento.
En
materia social, el PAM plantea una concepción de la mujer que va más allá de
las políticas asistenciales. La formación sostiene que la incorporación
femenina debe alcanzar la producción económica, la autonomía social y los
centros de decisión política. En su programa, las cuestiones relacionadas con
el empleo femenino, la participación económica y la presencia de las mujeres en
los espacios de poder forman parte de una concepción más amplia del desarrollo
nacional.
Esta
orientación encaja con el perfil de El Mansouri: una dirigente que ha
construido su carrera en la administración pública y en la política
institucional y que ahora deberá transformar los compromisos electorales de su
formación en políticas de Estado.
Una
decisión que trasciende a Marruecos
La
dimensión más visible del nombramiento es, sin embargo, la simbólica. El
Mansouri se convierte en la primera mujer en dirigir un Gobierno marroquí y en
una de las escasas mujeres que han alcanzado la jefatura de un Ejecutivo en el
mundo árabe. Después de Najla Bouden en Túnez, que encabezó el Gobierno entre
2021 y 2023, y de Sara Zaafarani, también en Túnez desde 2025, su llegada
confirma una tendencia todavía minoritaria en la región.
El
significado regional resulta especialmente relevante porque la presencia de
mujeres en las instituciones árabes ha avanzado de manera desigual. Marruecos
ha optado durante las últimas décadas por una política gradual de incorporación
femenina a la vida pública, vinculada a reformas legislativas, administrativas
y constitucionales. En 2025, las autoridades marroquíes señalaban que las
mujeres representaban el 24,3% de la Cámara de Representantes tras las
elecciones de 2021 y que constituían el 41,23% del funcionariado. También
destacaban la presencia de seis ministras y el incremento de mujeres en puestos
de responsabilidad administrativa.
La
diplomacia ofrece otro ejemplo. Samira Sitaïl ejerce como embajadora de
Marruecos en Francia, una de las representaciones diplomáticas de mayor
importancia estratégica para Rabat. La política exterior marroquí ha defendido,
además, la incorporación de las mujeres a la diplomacia y a los mecanismos
internacionales de protección de los derechos humanos. En abril de 2025,
Marruecos impulsó ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas una
resolución sobre el papel de las mujeres en la diplomacia y su participación en
la defensa y promoción de los derechos humanos, adoptada por consenso.
La
política de Mohammed VI hacia la condición femenina tiene antecedentes
anteriores a la llegada de El Mansouri a la jefatura del Gobierno. Uno de los
momentos decisivos fue la reforma de la Mudawana, el Código de Familia,
impulsada por el monarca a comienzos de su reinado y aprobada en 2004. La
reforma introdujo, entre otras medidas, una concepción de responsabilidad
compartida dentro de la familia, reconoció la tutela matrimonial como derecho
de la mujer adulta y fijó en 18 años la edad general para contraer matrimonio,
aunque con excepciones judiciales.
Desde
entonces, la incorporación de mujeres a ministerios, alcaldías, embajadas,
parlamentos y altos puestos administrativos ha formado parte de una evolución
institucional sostenida. El nombramiento de El Mansouri lleva ahora ese proceso
a su expresión más elevada: una mujer no solo participa en el Gobierno, sino
que pasa a dirigirlo.
El
desafío será convertir el símbolo en política pública
El
nombramiento de Fatima Ezzahra El Mansouri posee dos dimensiones inseparables.
Es, por un lado, la consecuencia de una trayectoria política personal y de la
victoria electoral del PAM. Pero es también el resultado visible de una
evolución institucional en la que la mujer marroquí ha ido ocupando espacios
cada vez más relevantes en la administración, la diplomacia, el Parlamento y el
Gobierno.
Al
recibir el encargo, El Mansouri definió su designación como “un momento
histórico” y dijo que constituía un motivo de orgullo para las mujeres del
país. Ahora comienza la parte menos simbólica y más exigente de su mandato:
transformar ese gesto histórico en resultados concretos. La primera mujer que
llega a la jefatura del Gobierno marroquí deberá demostrar que su ascenso no es
solamente el final de una larga marcha hacia la representación política
femenina, sino también el comienzo de una nueva etapa en la que esa
representación se traduzca en empleo, servicios públicos, igualdad efectiva y
mayor participación ciudadana.

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