La captura de Nicolás Maduro fue el
desenlace de una operación milimétrica en la que el dominio aéreo, la guerra
electrónica y los helicópteros del 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones
Especiales resultaron decisivos
Contenido:
La
madrugada del 2 de enero de 2026 no fue solo el final abrupto de Nicolás Maduro
como hombre fuerte del chavismo. Fue también la consagración de una doctrina
militar que Estados Unidos perfecciona desde hace décadas: la capacidad de penetrar,
golpear y extraer en el corazón de un Estado hostil en cuestión de horas. La Operación
Resolución Absoluta, ejecutada en Caracas, condensó ese saber acumulado y lo
llevó a una escala inédita para América Latina desde la Guerra Fría.
Si
la inteligencia permitió saber dónde estaba Maduro y cuándo era vulnerable, fue
el componente aéreo —y en particular el cuerpo de helicópteros— el que hizo
posible que la misión pasara del plano teórico al terreno real, en una capital
densamente poblada, rodeada de montañas y defendida por sistemas antiaéreos de
origen ruso.
Meses
de preparación y un ensayo sin margen de error
Durante
meses, la maquinaria militar estadounidense se movió en silencio. Equipos de la
CIA, la NSA y la NGA reconstruyeron cada detalle del entorno presidencial
venezolano. En paralelo, el Pentágono ordenó la creación de réplicas exactas
del complejo donde se refugiaba Maduro, utilizadas por las fuerzas de asalto
para entrenar hasta el agotamiento.
El
general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, lo resumió con crudeza: “No
ensayamos para hacerlo bien, ensayamos para no equivocarnos”. La frase no era
retórica. En una operación de extracción, un solo fallo —un helicóptero
derribado, una defensa no neutralizada, un error de cálculo— podía derivar en
una catástrofe política y militar.
Caracas
desde el aire: un desafío extremo
Caracas
es una de las capitales más complejas del continente para una operación
aerotransportada. Separada del mar por la cordillera del Ávila, obliga a los
helicópteros a volar a muy baja altura, siguiendo rutas estrechas y expuestas.
A ello se sumaba la presencia de baterías antiaéreas Buk y S-300, radares,
misiles portátiles y una red de vigilancia militar concentrada en torno a Fuerte
Tiuna, el mayor complejo castrense del país.
Antes
de que un solo helicóptero cruzara la costa, más de 150 aeronaves
estadounidenses —cazas, bombarderos, drones y aviones de guerra electrónica—
despegaron desde 20 bases y buques. El objetivo inicial fue cegar y
desarticular las defensas venezolanas. Misiles de precisión y ataques
electrónicos abrieron un corredor invisible hacia la capital.
Los
Night Stalkers: el corazón de la operación
En
el centro del dispositivo se encontraba el 160.º Regimiento de Aviación de
Operaciones Especiales (SOAR), conocido como los Night Stalkers. Este
cuerpo de helicópteros es una unidad única dentro del Ejército estadounidense,
creada tras el fracaso de la Operación Eagle Claw en Irán, en 1980,
precisamente para evitar que una misión crítica volviera a fracasar por
limitaciones aéreas.
Su
lema —“Night Stalkers Don’t Quit”— no es decorativo. Sus pilotos están
entrenados para volar de noche, a cota mínima, sin referencias visuales,
guiándose por sensores infrarrojos y sistemas de navegación avanzados. En
Caracas operaron principalmente con MH-60 Black Hawk y MH-47 Chinook, adaptados
para misiones de asalto, inserción y extracción rápida de fuerzas especiales.
Estos
helicópteros no son simples plataformas de transporte. Están equipados con sistemas
de autoprotección, contramedidas electrónicas, armamento defensivo y capacidad
para operar en entornos saturados de fuego enemigo. Cada aparato transportaba
comandos de Delta Force, agentes del Departamento de Justicia y personal de
apoyo, en una coreografía ensayada durante semanas.
El ingreso: segundos decisivos
A
las 2:01 de la madrugada, los helicópteros cruzaron la cordillera y
descendieron sobre el complejo donde se encontraba Maduro. Fue el momento más
crítico. Según el mando estadounidense, las aeronaves recibieron disparos desde
tierra. La respuesta fue inmediata y abrumadora. Uno de los helicópteros
resultó alcanzado, pero logró mantenerse en vuelo, un detalle que subraya el
nivel de redundancia técnica y entrenamiento de sus tripulaciones.
Mientras
los Night Stalkers sostenían el puente aéreo, los comandos descendieron
y avanzaron hacia el objetivo: el recinto en el que se escondía Maduro armados
con sopletes y material de demolición que, finalmente, no emplearon. La
resistencia se concentró en los accesos, defendidos por unidades venezolanas y
por personal extranjero integrado al anillo de seguridad.
Los
caídos en Fuerte Tiuna
Documentos
internos identifican entre los muertos, unos cuarenta en total, a efectivos del
Batallón de Seguridad Presidencial N.º 6, el Escuadrón Bravo y el Batallón de
Custodia N.º 3, además de personal cubano sin rango formal, identificado con
las siglas GH, perteneciente al dispositivo de seguridad presidencial.
La
nómina parcial de los caídos en Fuerte Tiuna a los siguientes efectivos:
Batallón
de Seguridad Presidencial N.º 6
- Tte. Barreto Yendis Cristofer
Gregorio, C.I. 26.688.532
- GH. Hurtado Ortuño Franyerson Javier,
C.I. 31.715.580
- C2. López Sánchez Luis Enrry, C.I.
32.393.193
- GH. Parra Parra Jeampier Josué, C.I.
32.061.848
- GH. Ilarraza González José Ángel,
C.I. 32.810.180
- GH. Aguilera Velásquez Jerry Antonio,
C.I. 31.408.054
- GH. Contreras Tochon Franco Abraham,
C.I. 32.541.929
- GH. Tovar Lamont
Isaac Enrique, C.I. 31.715.967
Escuadrón Bravo
- Tte. Rivero
Chirinos Lerwis Geovanny, C.I. 28.602.642
- S2. Rodríguez
Bellorín Richard, C.I. 31.701.270
Batallón
de Custodia N.º 3
- S2. Molina Goenaga
Anais Katherine, C.I. 31.082.050
- S2. Oliveros Velásquez Alejandra del
Valle, C.I. 30.911.330
- Alum/I Pereira Martínez Saúl Abraham,
C.I. 32.220.879
- DTG Cordero Moreno Jhonatan Alexander,
C.I. 27.431.666
- GH Quiñónez Perozo Carlos Julio, C.I.
30.382.425
La
lista de nombres, filiaciones y números de identidad reconstruye el costo
humano de una operación que, vista desde Washington, fue “limpia”, pero que en
Caracas dejó una huella de sangre imborrable.
Delta
Force y las Avispas Negras
En
tierra, el choque fue breve y desigual. Delta Force, la unidad más secreta del
Ejército estadounidense, especializada en antiterrorismo y capturas de alto
valor, actuó con la precisión que la caracteriza. Frente a ella se encontraban
miembros de las Avispas Negras, la principal fuerza de élite de las Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Cuba, creadas en 1986 y con experiencia en
conflictos como Angola.
Las
Avispas Negras están entrenadas para resistir invasiones y proteger objetivos
estratégicos, pero en Caracas se enfrentaron a una fuerza que dominaba el aire,
el terreno y el tiempo. El combate fue intenso, pero corto.
Dos
horas y veinte minutos que cambiaron el tablero
Maduro
y Cilia Flores, al no poder refugiarse en la parte blindada de su bunker, se
rindieron sin ofrecer resistencia directa. En cuestión de minutos fueron
esposados, trasladados a los helicópteros y evacuados hacia el USS Iwo Jima.
A las 4:29, la fuerza estadounidense abandonó el espacio venezolano. No hubo
bajas estadounidenses confirmadas.
Significado
estratégico
Resolución
Absoluta será estudiada durante años como un ejemplo de integración total de
fuerzas: inteligencia, ciberataque, supremacía aérea, helicópteros de
operaciones especiales y comandos de élite. Pero también plantea interrogantes
profundos sobre la soberanía, el derecho internacional y el precedente que deja
en una región históricamente sensible a la intervención externa.
En
Caracas, mientras tanto, los helicópteros ya no sobrevuelan el cielo. Pero su
eco —el de los Night Stalkers descendiendo en la noche— seguirá
resonando durante mucho tiempo en la memoria política de América Latina.
