La República Checa considera la
autonomía bajo soberanía de Marruecos como la solución “más factible” al
conflicto y anuncia medidas concretas que consolidan el creciente apoyo
internacional al plan impulsado por Mohammed VI.
Contenido:
Buenos
Aires - En un movimiento que confirma la progresiva consolidación internacional
de la propuesta marroquí para el Sáhara, la República Checa ha dado un paso
significativo al respaldar explícitamente la Propusta para la Negociación de un
Plan de Autonomía para la región del Sáhara, presentado por Marruecos en 2007.
La declaración, formulada en Rabat tras un encuentro bilateral de alto nivel,
no se limita a una adhesión retórica, sino que incorpora compromisos
diplomáticos, económicos y consulares que revelan un alineamiento estratégico
con la posición marroquí en uno de los conflictos más prolongados del norte de
África.
El
pronunciamiento se produjo tras la reunión entre el ministro de Asuntos
Exteriores marroquí, Nasser Bourita, y el viceprimer ministro y jefe de la
diplomacia checa, Petr Macinka, en la primera visita oficial de este último al
reino alauí. En la declaración conjunta, Praga afirma que “una verdadera
autonomía bajo la soberanía marroquí constituye la solución más factible”
para resolver el contencioso, y añade su intención de actuar en consecuencia,
un matiz que otorga a su postura un carácter operativo inusual en la diplomacia
europea.
Ese
compromiso se traduce en decisiones concretas. La República Checa ha anunciado
que su embajador en Rabat se desplazará a la región del Sáhara con el objetivo
de preparar visitas de empresarios checos y fomentar iniciativas económicas
conjuntas. Asimismo, ampliará la cobertura consular de su embajada para incluir
el territorio del Sur, equiparándolo al resto del país, en una medida que tiene
implicaciones políticas evidentes al reconocer de facto la administración
marroquí sobre la zona.
El
respaldo checo se inscribe en una tendencia más amplia que ha ido tomando forma
en los últimos años, en la que diversos actores internacionales han convergido
en torno a la propuesta de Rabat como la base más realista y posible para una
solución negociada. La declaración conjunta subraya que el plan de autonomía
constituye “la base más adecuada, seria, creíble y realista” para
alcanzar una salida política duradera, en línea con los términos empleados
recurrentemente por el Consejo de Seguridad de la ONU en sus resoluciones más
recientes, incluida la 2797 (2025), cuya adopción fue saludada por ambas
partes.
Este
alineamiento no es casual. Responde a una estrategia diplomática sostenida por
el rey Mohammed VI, que ha convertido la cuestión del Sáhara en el eje central
de la política exterior marroquí. Bajo su liderazgo, Rabat ha desplegado una
intensa labor de persuasión en múltiples frentes —desde Europa hasta África y
Oriente Próximo—, combinando incentivos económicos, cooperación en materia de
seguridad y una narrativa centrada en la estabilidad regional.
Los
resultados de esa estrategia son visibles. En los últimos años, potencias como
Estados Unidos han reconocido la soberanía marroquí sobre el Sáhara, mientras
países europeos de peso como Francia o España han expresado su apoyo al Plan de
Autonomía como solución pragmática al conflicto. A ello se suma la apertura de
consulados de diversos países africanos y árabes en ciudades como Dajla y El
Aaiún, reforzando la legitimidad internacional de la posición marroquí.
El
respaldo de la República Checa adquiere relevancia en este contexto por su
pertenencia a la Unión Europea, donde las posiciones sobre el Sáhara han sido
tradicionalmente más matizadas. Aunque Bruselas mantiene oficialmente una
postura alineada con el proceso de Naciones Unidas, el creciente número de
Estados miembros que se inclinan por la propuesta marroquí refleja una
evolución gradual hacia un mayor pragmatismo.
La
relación bilateral entre Marruecos y la República Checa, si bien históricamente
discreta, ha experimentado un impulso en los últimos años, especialmente en
ámbitos como el comercio, la inversión y la cooperación industrial. La visita
de Macinka a Rabat simboliza ese acercamiento, que ahora se proyecta también en
el terreno político. La decisión de fomentar la presencia empresarial checa en
el Sáhara apunta a una dimensión económica de la relación que podría
consolidarse en el futuro.
En
paralelo, ambas partes reiteraron su apoyo al proceso liderado por las Naciones
Unidas y al enviado personal del secretario general para el Sáhara, en un
intento de encuadrar su posición dentro del marco multilateral. No obstante, el
énfasis en la autonomía bajo soberanía marroquí como única vía viable evidencia
la creciente marginalización de otras opciones, como el referéndum de
autodeterminación defendido por el Frente Polisario.
El
paso dado por Praga confirma así una tendencia que redefine lentamente el
equilibrio diplomático en torno al Sáhara. A medida que más países adoptan
posturas similares, el plan de autonomía promovido por Rabat se consolida no
solo como una propuesta, sino como el punto de convergencia de una comunidad
internacional cada vez más inclinada a privilegiar la estabilidad sobre la
incertidumbre. En ese tablero, la diplomacia de Mohammed VI parece haber
logrado transformar una reivindicación histórica en una realidad política cada
vez más tangible.

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