El rey Mohammed VI presidió en Rabat
una reunión de trabajo del Gabinete Real con los principales responsables
políticos, diplomáticos y militares del Reino para establecer las directrices
de la etapa posterior al fin del mandato de la misión de Naciones Unidas.
Buenos
Aires - El Palacio Real de Rabat fue escenario el 4 de noviembre de una reunión
de trabajo del Gabinete Real presidida por el rey Mohammed VI y dedicada a
examinar las consecuencias de la no renovación del mandato de la Misión de las
Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO). El
encuentro, celebrado después de que el Consejo de Seguridad no consiguiera
aprobar una prórroga de la misión el 30 de octubre, constituye una señal
política de la importancia que la monarquía atribuye a esta nueva coyuntura y
de su voluntad de conducir el proceso mediante una estrategia coordinada entre
las instituciones civiles y militares del Estado.
Participaron
en la reunión la jefa del Gobierno, Fatima Ezzahra El Mansouri; el consejero
del monarca Fouad Ali El Himma; el ministro del Interior, Abdelouafi Laftit, y
el general de cuerpo de Ejército Mohammed Berrid, inspector general de las
Fuerzas Armadas Reales y comandante de la Zona Sur. La composición de los
asistentes no fue circunstancial. Reunió a la máxima autoridad del Ejecutivo, a
uno de los principales colaboradores políticos del soberano, al responsable de
la administración territorial y de la seguridad interior y al máximo
representante militar con responsabilidad operativa en el teatro meridional.
La
reunión expresó, por tanto, una concepción integral de la cuestión del Sáhara:
diplomática, institucional, económica y de seguridad. El mensaje central fue
que el final de las funciones de la MINURSO no modificará los fundamentos de la
política marroquí ni supondrá una alteración de las prioridades nacionales
establecidas por el Rey Mohammed VI.
Según
el comunicado del Gabinete Real, el soberano reiteró su compromiso con la
defensa de la integridad territorial y la soberanía de Marruecos sobre la
totalidad del territorio del Reino. Al mismo tiempo, impartió instrucciones
para garantizar la continuidad del consenso nacional, preservar la seguridad y
tranquilidad de los habitantes de las provincias del Sur y mantener el
desarrollo de los proyectos estructurantes destinados a transformar económica y
socialmente esa región.
La
dimensión económica de estas directrices resulta especialmente significativa.
Para Rabat, la consolidación de su posición territorial no se limita a la
actividad diplomática ni a la presencia administrativa y militar. Se apoya
también en una política de desarrollo humano, modernización de
infraestructuras, generación de empleo, conectividad y ampliación de las
oportunidades económicas. La continuidad de las inversiones en las provincias
meridionales constituye, en consecuencia, una de las prioridades expresamente
ratificadas por el monarca.
El
significado político y estratégico del retiro de la MINURSO
La
valoración marroquí del acontecimiento parte de una interpretación política
precisa: el dispositivo internacional establecido en 1991 habría agotado su
utilidad y sus funciones originales ya no responderían a las condiciones
actuales del conflicto. Desde esta perspectiva, el retiro de la MINURSO
representa un hecho positivo dentro de la hoja de ruta que Rabat considera
necesaria para alcanzar una solución definitiva del diferendo artificial en el
Sáhara.
La
misión fue creada mediante la resolución 690 del Consejo de Seguridad, el 29 de
abril de 1991, como resultado de los entendimientos alcanzados entre Marruecos
y el Frente Polisario. Su cometido original consistía en supervisar el alto el
fuego, contribuir a las condiciones necesarias para la organización de un
referéndum de autodeterminación y facilitar determinados aspectos del proceso
de paz, incluida la eventual repatriación de refugiados. Sin embargo, el
referéndum nunca llegó a celebrarse. Las discrepancias sobre el censo
electoral, la identificación de los votantes y las opciones políticas sometidas
a consulta terminaron paralizando aquel mecanismo.
Durante
más de tres décadas, la MINURSO permaneció desplegada en el territorio sin
conseguir materializar su objetivo político fundacional
Finalmente,
el 30 de octubre de 2026. El Consejo de Seguridad no logró aprobar ninguno de
los dos proyectos de resolución presentados para definir el futuro de la
misión. La iniciativa estadounidense, que proponía renovar su mandato hasta
octubre de 2027, modificar su denominación y orientar las negociaciones sobre
la base de la propuesta marroquí de autonomía, obtuvo once votos favorables,
pero fue bloqueada por el veto de Rusia. Una propuesta alternativa rusa, que
planteaba una prórroga sin modificar sustancialmente el mandato, tampoco
consiguió los nueve votos necesarios. Obtuvo solamente tres votos favorables,
frente a uno en contra y once abstenciones.
La
consecuencia inmediata fue la expiración del mandato el 31 de octubre y el cese
de las operaciones de mantenimiento de la paz a partir del 1 de noviembre.
Conviene precisar que no se trató de una resolución del Consejo de Seguridad
que ordenara expresamente la disolución de la misión, sino del resultado de la
imposibilidad de acordar una nueva autorización para su funcionamiento.
Este
matiz es fundamental para comprender lo que está ocurriendo sobre el terreno.
El fin de las operaciones no significa que todos los efectivos, instalaciones y
equipos desaparezcan automáticamente. Se ha iniciado un proceso administrativo
y logístico de liquidación, que comprende la repatriación de aproximadamente
160 observadores militares, la reducción de unos 180 integrantes del personal
civil y asociado, el cierre de trece instalaciones y puestos de equipo, la
retirada o transferencia de vehículos y equipamientos, y la desactivación
progresiva de los sistemas de comunicaciones y apoyo logístico. También deberán
gestionarse los archivos, los contratos y los bienes pertenecientes a Naciones
Unidas y a los países contribuyentes de tropas.
La
Secretaría General de Naciones Unidas ha explicado que estas operaciones se
realizarán por etapas y bajo la supervisión de un equipo reducido dependiente
del Departamento de Apoyo Operacional. No existe, por el momento, un calendario
definitivo para completar el repliegue. La retirada exige coordinación con las
partes, garantías de seguridad para el personal y procedimientos
administrativos específicos.
La
decisión tiene, por consiguiente, una dimensión material y otra política. La
primera supone la desaparición progresiva de la presencia operativa de la
misión, de sus instalaciones y de sus medios de observación. La segunda abre un
período de incertidumbre sobre los mecanismos de supervisión de la seguridad y
sobre la continuidad del proceso negociador.
El
alto el fuego y la cooperación con Naciones Unidas
Uno
de los aspectos más importantes del comunicado del Gabinete Real es la
reafirmación del compromiso marroquí con el mantenimiento del alto el fuego. El
Rey Mohammed VI fue explícito al señalar que la desaparición de la misión no
modificará la voluntad del Reino de respetar sus compromisos en materia de
seguridad.
Rabat
sostiene que la MINURSO no siempre cumplió eficazmente su responsabilidad de
vigilar las violaciones del alto el fuego ni de establecer sus consecuencias.
Esta crítica constituye uno de los argumentos centrales de la interpretación
marroquí sobre el agotamiento de la misión.
La
nueva situación exigirá, en cualquier caso, una conducta particularmente
prudente de los actores involucrados. La desaparición de los observadores
internacionales puede reducir la disponibilidad de información independiente
sobre incidentes militares y dificultar la verificación de eventuales
vulneraciones. Por ello, el compromiso expresado por Marruecos deberá
traducirse en medidas concretas de contención, transparencia y prevención de
incidentes.
El
monarca también quiso dejar constancia del espíritu de responsabilidad y
cooperación con que Rabat ha caracterizado históricamente su relación con
Naciones Unidas. Para materializar esa disposición, impartió instrucciones para
que la Oficina de Coordinación con la MINURSO, dependiente del Ministerio del
Interior, acompañe las operaciones de liquidación y retirada. Su cometido será
facilitar los procedimientos, coordinar las actuaciones necesarias y procurar
que el repliegue se desarrolle de manera ordenada, sin perturbaciones y con las
garantías correspondientes.
Esta
decisión resulta relevante porque permite distinguir la satisfacción política
marroquí por el fin de las operaciones de la misión de una eventual actitud de
obstrucción frente a Naciones Unidas. Marruecos pretende demostrar que la
defensa de su soberanía y el cumplimiento de sus responsabilidades
internacionales no son objetivos incompatibles.
Una
nueva etapa diplomática, pero no el final automático del expediente
internacional
Para
Marruecos, el retiro de la MINURSO debe interpretarse dentro de una
transformación más amplia de las condiciones diplomáticas que rodean la
cuestión del Sáhara. El Gobierno marroquí considera que ha conseguido ampliar
considerablemente el respaldo internacional a su propuesta de autonomía bajo
soberanía marroquí y que ese cambio de correlación diplomática permite abordar
el futuro del territorio desde parámetros diferentes de los que prevalecieron
durante las últimas décadas.
El
comunicado del Gabinete Real destaca precisamente el reconocimiento de la
soberanía marroquí sobre el Sáhara por parte de países amigos y aliados, así
como el apoyo creciente a la autonomía como fórmula de solución política. Para el
Rey Mohammed VI, este proceso constituye el resultado de una estrategia
diplomática sostenida, desarrollada mediante acuerdos bilaterales, asociaciones
regionales y una política exterior orientada a fortalecer la posición
internacional del Reino.
En
este contexto, la reunión presidida por Mohammed VI adquiere una significación
que trasciende la mera coordinación administrativa del retiro de los efectivos
internacionales. El soberano ha querido anticiparse a las consecuencias de un
cambio institucional que puede modificar las condiciones de seguridad,
diplomáticas y políticas en el territorio. La presencia simultánea de los
responsables del Gobierno, del Ministerio del Interior, de la asesoría real y
de las Fuerzas Armadas refleja esa voluntad de mantener una dirección
estratégica unificada.
La
continuidad de los proyectos de desarrollo humano y crecimiento económico en
las provincias del Sur ocupa un lugar central en esta estrategia. La monarquía
entiende que la consolidación de su posición debe acompañarse de mejoras
tangibles en las condiciones de vida de la población, ampliación de las
infraestructuras, modernización productiva y generación de oportunidades
económicas. El desarrollo territorial se convierte así en una dimensión
esencial de la política de integración que impulsa el Rey Mohammed VI.
La
reunión del 4 de noviembre deja, finalmente, un mensaje político inequívoco:
Marruecos no considera que el final de la MINURSO represente un punto de
llegada, sino el comienzo de una nueva fase. El Reino pretende transformar el
cambio institucional producido en Naciones Unidas en un impulso para consolidar
su posición diplomática, mantener la estabilidad territorial y acelerar el
desarrollo de sus provincias meridionales.
El
desafío consistirá ahora en demostrar que el repliegue internacional puede
desarrollarse sin una escalada de tensiones y que la ausencia de la misión no
se traduce en un deterioro de las condiciones de seguridad. La responsabilidad
de las partes será determinante. Para el Rey Mohammed VI, la defensa de la
soberanía nacional, el respeto de los compromisos internacionales y la
continuidad del desarrollo económico constituyen dimensiones inseparables de
una misma estrategia de Estado.
La
etapa que comienza estará marcada, por tanto, por la capacidad de Marruecos
para convertir un acontecimiento diplomático de considerable importancia en una
realidad política estable y duradera, sin perder de vista que la solución
definitiva del diferendo todavía requiere superar las diferencias entre los
actores implicados.



