La capital marroquí acoge en
mayo la 31ª edición del Salón Internacional de la Edición y el Libro, con
Francia como invitada de honor, en el marco de un ambicioso programa que la
proyecta como Capital Mundial del Libro 2026 y símbolo de una estrategia cultural
impulsada desde la más alta instancia del Estado.
Contenido:
Buenos
Aires - Rabat se prepara para convertirse, una vez más, en epicentro de la
cultura escrita en el mundo árabe y africano. Entre el 1 y el 10 de mayo, la
ciudad acogerá la 31ª edición del Salón Internacional de la Edición y el Libro
(SIEL), un evento que este año adquiere una dimensión singular al integrarse en
el programa más amplio de Rabat como Capital Mundial del Libro 2026,
designación otorgada por la UNESCO. En este cruce de agendas, Marruecos
despliega no solo una feria editorial de gran escala, sino una declaración de
principios sobre el papel estratégico de la cultura en su modelo de desarrollo.
La
edición de 2026 del SIEL, organizada bajo el Alto Patrocinio del rey Mohammed
VI, contará con Francia como país invitado de honor, en un gesto que refleja la
intensidad de las relaciones culturales entre ambos países. La participación
francesa no será meramente simbólica: incluirá 125 actividades y la presencia
de 15 escritores de primer nivel, entre ellos figuras de renombre internacional
como Annie Ernaux. Esta presencia se inscribe en una dinámica de cooperación
reforzada tras la destacada participación marroquí en el Festival del Libro de
París en 2025, consolidando un eje cultural franco-marroquí basado en el
intercambio intelectual y literario.
El
SIEL de este año reunirá a 891 expositores procedentes de 61 países, con más de
130.000 títulos y alrededor de tres millones de ejemplares expuestos, cifras
que confirman su posición como una de las mayores ferias del libro del mundo y
la más importante del continente africano. La temática elegida, centrada en el
relato de viajes y el legado del célebre viajero marroquí Ibn Battuta, añade
una dimensión histórica y simbólica que conecta la tradición literaria con la
apertura contemporánea.
Más
allá de las cifras, el contenido del programa refleja una clara orientación
hacia la democratización del acceso a la cultura. Encuentros con autores,
debates, conferencias, talleres y actividades dirigidas a jóvenes buscan
devolver el libro al centro de la vida pública, en un contexto marcado por la
competencia de las nuevas tecnologías. La apuesta por la juventud será
especialmente visible en el pabellón francés, concebido como un espacio de
interacción directa entre escritores y lectores, en línea con la temática
cultural del Instituto Francés de Marruecos.
Esta
edición del SIEL no puede entenderse al margen del ambicioso programa Rabat
Capital Mundial del Libro 2026, que se desarrollará entre abril de este año y
abril de 2027 con más de 340 actividades. El proyecto articula una visión
integral basada en cuatro ejes: el desarrollo de la industria editorial, la
inclusión social, la mediación cultural y el fortalecimiento de alianzas. Se
trata de una estrategia que trasciende la celebración puntual de eventos para
aspirar a la creación de un ecosistema sostenible en torno al libro.
La
designación de Rabat por parte de la UNESCO reconoce precisamente ese
ecosistema en expansión: una red de 54 editoriales, un tejido creciente de
librerías y una feria internacional que actúa como motor cultural. Pero también
pone el acento en el impacto social de estas políticas, orientadas a mejorar la
educación, promover la lectura entre jóvenes y mujeres, y combatir el
analfabetismo en sectores desfavorecidos.
Durante
la presentación oficial del programa, el ministro de Juventud, Cultura y
Comunicación, Mehdi Bensaïd, subrayó que este reconocimiento internacional
constituye “una proclamación del triunfo del saber” y una oportunidad para
consolidar la cultura como un derecho accesible. Sus palabras reflejan una
concepción de la política cultural como herramienta de cohesión social y
proyección internacional, en la que el libro se convierte en vehículo de
diálogo entre culturas.
Esa
visión no es improvisada. Responde a una estrategia de largo plazo impulsada
desde la jefatura del Estado. La política cultural de Marruecos sigue las
directrices expresas del rey Mohammed VI, orientadas a situar la cultura en el
centro del desarrollo nacional, no solo como patrimonio, sino como industria y
como instrumento de diplomacia. Bajo su impulso, el país ha invertido en
infraestructuras culturales —teatros, museos, bibliotecas— y ha promovido
iniciativas destinadas a ampliar el acceso al conocimiento.
El
propio Bensaïd ha señalado que esta dinámica responde a una “visión real” que
concibe la cultura como motor económico y social, integrando las industrias
creativas en el modelo de crecimiento. En este contexto, la feria del libro
deja de ser un evento aislado para convertirse en plataforma de diálogo global,
donde se cruzan editores, autores, lectores y responsables políticos.
El
programa de Rabat Capital Mundial del Libro incluye iniciativas innovadoras
como la creación de bibliotecas urbanas, actividades en espacios públicos y
proyectos específicos para colectivos con acceso limitado a la lectura. La
intención es clara: sacar el libro de los espacios tradicionales y convertirlo
en un elemento cotidiano, accesible y compartido.
La
dimensión territorial también juega un papel clave. Autoridades locales y
regionales han subrayado la importancia de integrar la cultura en las
estrategias de desarrollo, apostando por el libro como motor económico y
atractivo turístico. En una ciudad con más de dos mil años de historia y
reconocida como Patrimonio de la Humanidad, la cultura se presenta como puente
entre tradición y modernidad.
En
este entramado, el SIEL actúa como catalizador. Durante diez días, Rabat se
transforma en un foro internacional donde se debaten ideas, se construyen redes
y se proyecta una imagen de Marruecos como espacio de encuentro entre África,
Europa y el mundo árabe. La elección de Francia como invitada de honor refuerza
esta vocación de apertura, al tiempo que simboliza una relación cultural basada
en la reciprocidad.
La
edición de 2026, por tanto, no es solo una feria del libro. Es la expresión
visible de una política cultural coherente, sostenida y profundamente
estratégica. En un mundo marcado por tensiones identitarias y fragmentaciones,
Rabat apuesta por la literatura como territorio común, donde el conocimiento se
convierte en herramienta de entendimiento.
Así,
entre pabellones repletos de libros y encuentros entre autores y lectores,
Marruecos ensaya una narrativa propia: la de un país que hace de la cultura no
solo un patrimonio, sino una promesa de futuro.






