Por
Adalberto Agozino
Paraguay, Bolivia, Malí, Jamaica y
Mauricio han reafirmado o revisado en la Asamblea General su apoyo al plan
presentado por Rabat en 2007, en la estela de la Resolución 2797 y de una red
de respaldos atribuida al Rey Mohammed VI.
Contenido:
Buenos
Aires - Nueva York ha vuelto a funcionar, en los márgenes de la 81.ª Asamblea
General, como el escenario en el que se mide el pulso real del diferendo del
Sáhara. No ha sido un debate de hemiciclo, sino una sucesión de encuentros
bilaterales en los que el ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana
y Marroquíes Residentes en el Extranjero, Nasser Bourita, ha recogido
declaraciones que Rabat lee como la confirmación de una tendencia ya inscrita
en el texto del Consejo de Seguridad. Paraguay ha reiterado el reconocimiento
de la soberanía marroquí y su disposición a trabajar para que esa posición
quede consagrada en una resolución de Naciones Unidas. Bolivia ha anunciado su
voluntad de abrir una representación en Rabat y una oficina comercial en Dajla.
Malí ha recordado la declaración gubernamental de abril. Jamaica y Mauricio han
alineado su lenguaje con la fórmula de una autonomía bajo soberanía marroquí.
El conjunto no altera por sí solo el equilibrio jurídico del expediente, pero
sí describe el modo en que la diplomacia marroquí convierte cada periodo de
sesiones en una ampliación de su perímetro de apoyos.
El
marco normativo de esa lectura es la Resolución 2797, adoptada el 31 de octubre
de 2025. El Consejo prorrogó el mandato de la MINURSO hasta el 31 de octubre de
2026, tomó nota del respaldo de numerosos Estados miembros a la propuesta de
autonomía presentada por Marruecos al secretario general el 11 de abril de 2007
y afirmó que una verdadera autonomía bajo soberanía marroquí podría constituir
la única solución realista y factible. El texto encarga al secretario general y
a su enviado personal que faciliten negociaciones tomando esa propuesta como
base, mantiene la referencia a una solución política justa, duradera y
mutuamente aceptable que contemple la libre determinación, y pide a las partes
que entablen las conversaciones sin condiciones previas. Fue aprobada por once
votos a favor, con las abstenciones de China, Rusia y Pakistán y sin la
participación de Argelia. Para Rabat, el documento cierra el ciclo en el que la
iniciativa de 2007 era apenas “seria y creíble” y abre otro en el que opera
como referencia exclusiva de la negociación. Esa resolución ha dado lugar a que,
once meses después, varias cancillerías reproduzcan en Nueva York el
vocabulario del Consejo.
El
caso paraguayo es el más explícito de América Latina. El canciller Rubén Darío
Ramírez Lezcano declaró, tras reunirse con Bourita, que Paraguay reconoció la
soberanía de Marruecos sobre el Sáhara y que trabaja en el seno de Naciones
Unidas para lograr una resolución que consagre esa decisión. La posición no es
improvisada. Asunción la formalizó en septiembre de 2025, durante la 80.ª
Asamblea, y la ha acompañado de gestos materiales: una sede diplomática en
Dajla desde 2022 y, según la propia cancillería paraguaya, la voluntad de
elevar la relación tras una visita de trabajo a Rabat en septiembre de este
año. En la gramática de Rabat, un consulado o una oficina en las provincias del
sur no es un acto protocolario. Es la traducción territorial de un
reconocimiento político. Paraguay se sitúa así en una corriente latinoamericana
que, en la misma semana neoyorquina, Bourita vinculó también a Chile y a Perú,
este último con la decisión de apoyar la soberanía marroquí y de abrir un
consulado en Dajla.
Bolivia
ofrece un matiz distinto y, por eso, políticamente más revelador. El comunicado
conjunto firmado por Bourita y por el canciller Héctor Francisco Huanca
Gutiérrez toma nota de la propuesta de autonomía de 2007 y considera que puede
constituir una vía para hacer avanzar unas negociaciones destinadas a una
solución política justa, duradera y mutuamente aceptable. Al mismo tiempo
anuncia la disposición a abrir una representación diplomática en Rabat y una
oficina comercial en Dajla que sirva de plataforma de acceso a los mercados
africanos para los productos bolivianos. El texto reafirma el respeto de la
soberanía, de la integridad territorial y de la no injerencia, prevé reactivar
el Mecanismo de Consultas Políticas Bilaterales instituido en 1999 y se cerró
con un acuerdo de supresión de visados para pasaportes diplomáticos, oficiales,
de servicio y especiales, además de un memorando entre las academias
diplomáticas. La fórmula es prudente, pero el gesto de Dajla no lo es. Una
oficina comercial en esa ciudad implica aceptar, en la práctica administrativa,
la geografía que Marruecos defiende. Para un país andino con escasa proyección
africana, el atractivo no es solo ideológico: es la promesa de usar el Sáhara
marroquí como puerta al continente.
En
África occidental, Malí ha optado por la reiteración. Abdoulaye Diop, ministro
de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional, recordó en Nueva York la
declaración del Gobierno maliense del 10 de abril de 2026, según la cual Bamako
apoya el plan de autonomía como la única base seria y creíble para resolver el
diferendo y considera que una verdadera autonomía bajo soberanía marroquí
constituye la solución más realista. Diop añadió el pleno apoyo a la Resolución
2797, que calificó de etapa importante, y expresó el deseo de que la Asamblea
General permita concretarla. Subrayó además que la cooperación con Marruecos
descansa en el respeto de la soberanía y de la integridad territorial de ambos
Estados, y evocó la Comisión Mixta celebrada en julio en Bamako como cimiento
de una relación densa en clave Sur-Sur. El enunciado importa porque Malí no es
un observador lejano. Comparte con Rabat la preocupación por el Sahel, el
tránsito atlántico y una vecindad en la que Argelia también disputa influencia.
Al fijar la autonomía como única base seria, Bamako se aparta de la ambigüedad
que durante años permitió a varias capitales africanas votar resoluciones
técnicas sin pronunciarse sobre el fondo.
Jamaica
y Mauricio desplazan el mismo argumento al Caribe y al Índico. Kamina Johnson
Smith suscribió con Bourita un comunicado en el que Kingston se felicita por la
Resolución 2797 y considera que una verdadera autonomía bajo soberanía marroquí
podría ser una de las soluciones más realizables. El texto recoge el pleno
apoyo al secretario general y a su enviado personal para llevar las
negociaciones tomando como base el plan marroquí, y felicita los esfuerzos
diplomáticos destinados a crear consenso bajo el impulso del Rey Mohammed VI.
Dhananjay Ramful, ministro mauriciano de Asuntos Exteriores, Integración Regional
y Comercio Internacional, fue más categórico: calificó la propuesta de solución
más creíble y precisó que ofrece la salida más realista, justa y duradera. La
revisión, adoptada en un Consejo de Ministros y referida expresamente a la
Resolución 2797, convierte a Port Louis en un caso de cambio de postura, no de
simple continuidad. Que dos Estados insulares, alejados del teatro militar del
diferendo y atentos a su propia inserción comercial, adopten ese lenguaje
sugiere que la autonomía ha dejado de ser un expediente magrebí para
convertirse en una posición de alineamiento multilateral.
Estas
declaraciones no pueden separarse de la arquitectura que Rabat recibió del Rey
Mohammed VI. Desde la presentación del plan en 2007, la estrategia real ha
consistido en sustituir la expectativa de un referéndum, bloqueado durante
décadas por el desacuerdo sobre el censo, por una oferta de autogobierno
regional bajo soberanía marroquí, con competencias locales y con la reserva de
los atributos de soberanía en defensa, relaciones exteriores y asuntos
religiosos para el Reino.
El
reconocimiento estadounidense de 2020, el giro español de 2022 y la posición
francesa, consolidada tras la visita de Estado de Emmanuel Macron en octubre de
2024, dieron a esa oferta el aval de tres capitales decisivas. La Resolución
2797 la trasladó al lenguaje del Consejo. En vísperas de la votación, fuentes
diplomáticas cifraban en más de un centenar los países que respaldaban el plan
y en unas tres decenas los que habían abierto consulados en el Sáhara, una
cifra que la prensa española situó entonces por encima de los 120 apoyos. La
semana de Nueva York de 2026 funciona, en esa secuencia, como cosecha y no como
punto de partida. Bourita lo formuló al término de la Asamblea: varios países
de continentes distintos se han inscrito en la dinámica de apoyo a la
marroquinidad del Sáhara y al plan de autonomía, una dinámica que el ministro
vincula de manera explícita al Rey.
Hay
también una base material que las cancillerías invitadas a Dajla pueden
observar. El Banco Mundial describe 2025 como el ciclo de crecimiento más
intenso de Marruecos en más de una década, con un avance del PIB real del 4,9%,
una inflación contenida en el 0,8% y un déficit fiscal reducido al 3,5% del
PIB. El Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento del 4,4% en 2026,
sostenido por la agricultura y por la inversión pública en infraestructuras,
pese al efecto del conflicto en Oriente Próximo sobre la energía y el flete.
Standard & Poor’s ha devuelto al Reino al grado de inversión. El aparato
exportador, en particular el automóvil, y el programa de obras vinculado al
Mundial de 2030 refuerzan la imagen de un Estado capaz de ejecutar. En el
Sáhara, esa imagen tiene obras con nombre. La vía expresa Tiznit-Dajla, de
1.055 kilómetros, está concluida. El puerto de Dajla Atlántico, presupuestado
en unos 12.650 millones de dirhams, avanzaba en torno al 66%. El puerto
fosfatero de El Aaiún rozaba la finalización. A ello se añade la iniciativa
real de facilitar al Sahel una salida al Atlántico, que Malí y otros socios del
hinterland leen como una oferta de conectividad y no solo como un argumento de
soberanía. La oficina comercial que Bolivia contempla en Dajla se entiende
mejor sobre ese mapa que sobre un comunicado.
Lo
que la semana neoyorquina muestra es que la autonomía bajo soberanía marroquí
ha dejado de ser una propuesta aislada de Rabat para convertirse en la
referencia que un número creciente de Estados, de Asunción a Bamako y de
Kingston a Port Louis, está dispuesto a repetir. Esa repetición es el resultado
visible de una diplomacia real pacientemente construida, de un crecimiento que
vuelve creíble la promesa de desarrollo en el Sáhara marroquí y de una red de
apoyos que ya no se limita a los aliados tradicionales del Reino.





