Rabat, en el centro de un creciente
consenso internacional sobre el Sáhara, proyecta una imagen de estabilidad y
ambición estratégica que analistas como los del Stimson Center definen como
propia de una “potencia intermedia estratégica”.
Contenido:
Buenos
Aires - En las últimas semanas, la diplomacia marroquí ha cosechado una serie
de respaldos explícitos que refuerzan su posición en el diferendo del Sáhara y,
al mismo tiempo, subrayan la transformación del Reino en un actor regional de
primer orden. Países de África, Europa y el Caribe han reafirmado, en
encuentros celebrados en Rabat, su apoyo a la integridad territorial marroquí y
al plan de autonomía propuesto por Rabat como la única vía realista para una
solución duradera. Este impulso diplomático llega en un momento en que think
tanks como el Stimson Center, con sede en Washington, describen a Marruecos
como un “puente pivotal” entre Europa, África y el Mediterráneo, una
nación que ha trascendido su rol tradicional de Estado tampón para convertirse
en un actor proactivo y estable en un entorno marcado por la competencia
geopolítica.
La
ofensiva diplomática marroquí se ha materializado en visitas de alto nivel y
comunicados conjuntos que destacan no solo el respaldo político, sino también
la voluntad de traducirlo en acciones concretas: consulados, inversiones y
cooperación en materia de desarrollo. Según el informe del Stimson Center
publicado en mayo de 2026, Marruecos aprovecha su posición geográfica única —en
la encrucijada del Atlántico, el Mediterráneo y la costa atlántica africana—
para posicionarse como una potencia media estratégica, capaz de alinear
intereses económicos, de seguridad y diplomáticos en un mundo multipolar.
Uno
de los apoyos más significativos ha llegado de Francia, socio histórico
y estratégico. El ministro francés de Europa y Asuntos Exteriores, Jean-Noël
Barrot, reiteró en Rabat que “el presente y el futuro del Sáhara se
inscriben en la soberanía de Marruecos”, en línea con la carta enviada por
el presidente Emmanuel Macron al rey Mohamed VI en julio de 2024. París no solo
respalda el Plan de Autonomía como base exclusiva para una solución negociada,
sino que ha detallado medidas prácticas: refuerzo de su presencia consular,
apertura de un centro de visados, una Alianza Francesa en El Aaiun y una nueva
escuela, junto con el acompañamiento de empresas francesas en inversiones en la
región. Esta postura, unida al aval de la resolución 2797 del Consejo de
Seguridad de la ONU (octubre de 2025), consolida un eje franco-marroquí que
trasciende el Sáhara y se extiende a la estabilidad del Sahel y el
mantenimiento de la paz en el continente africano.
Desde
Costa de Marfil, la ministra de Asuntos Exteriores Nialé Kaba reafirmó
durante su primera visita de trabajo a Rabat la “posición firme y constante”
de su país a favor de la integridad territorial y la soberanía marroquí sobre
todo su territorio, incluida la región del Sáhara. Abidján celebra el Plan de Autonomía
y la resolución 2797, y ve en la apertura de su Consulado General en El Aaiun,
en 2020, un símbolo de la asociación estratégica bilateral. Este respaldo de un
actor clave en África Occidental refuerza la narrativa marroquí de un consenso
creciente en el continente.
Guinea
ha sido igualmente clara. Su ministro de Asuntos Exteriores, Morissanda
Kouyaté, describió el apoyo de Conakry como “constante e inmutable” a la
marroquinidad del Sáhara y al plan de autonomía como “la única solución
creíble y realista”. Kouyaté vinculó esta posición a la dinámica impulsada
por el rey Mohamed VI y al consenso internacional plasmado en la resolución de
la ONU.
Desde
el Caribe, Haití ha reiterado su respaldo a través de su ministra de
Asuntos Exteriores, Raina Forbin. Puerto Príncipe defiende la soberanía
marroquí, el plan de autonomía y los avances socioeconómicos en las Provincias
del Sur bajo el Nuevo Modelo de Desarrollo. El comunicado conjunto recuerda la
apertura de la Embajada haitiana en Rabat y un Consulado General en Dajla en
2020, gestos que ilustran el alcance global de la diplomacia marroquí.
En
el océano Índico, Madagascar expresó su apoyo a la integridad
territorial del Reino y al Plan de Autonomía, saludando la resolución 2797 y
destacando el principio de integridad territorial de los Estados miembros de la
ONU. La ministra Alice N’Diaye subrayó el rol de Marruecos en la promoción del
desarrollo africano y la cooperación Sur-Sur, alineándose con la visión
continental del monarca alauí.
Guinea-Bisáu
ha reafirmado su “apoyo indefectible” a través de su ministro João
Bernardo Vieira, quien calificó la iniciativa de autonomía como “la única
solución creíble y realista” y elogió la resolución de la ONU. Este
posicionamiento, consistente a lo largo de los años, se suma a la apertura
previa de un consulado en Dajla.
La
República del Congo también ha estrechado lazos, centrando las
conversaciones en la cooperación política, económica y en asuntos regionales
africanos. Rabat ve en África Central una zona estratégica para expandir su
presencia financiera y comercial, en sintonía con una estrategia más amplia de “coproducción
y solidaridad” promovida por el rey Mohammed VI.
Estos
respaldos recientes se inscriben en un contexto más amplio de reconocimientos
internacionales. Estados Unidos mantiene su posición firme desde 2020, España
ha avalado el Plan de Autonomía, y más de un centenar de países —según fuentes
marroquíes— apoyan formalmente la propuesta de Rabat. La resolución 2797 del
Consejo de Seguridad marcó un hito al consagrar el plan marroquí como base
seria y creíble, con abstenciones notables pero sin votos en contra.
El
Stimson Center enfatiza que esta proyección no se limita al Sáhara. Marruecos
invierte en infraestructuras, agricultura, energías renovables y seguridad
alimentaria en el continente, posicionándose como un socio fiable frente a
modelos de influencia más extractivos. Su retorno a la Unión Africana en 2017 y
su papel en foros como la Iniciativa Atlántica refuerzan esta imagen de
potencia intermedia: ambiciosa pero pragmática, conectada con Europa sin dejar
de mirar al Sur.
Sin
embargo, este ascenso no está exento de desafíos. Argelia mantiene su
oposición, su representante, el Frente Polisario insiste en reclamar
autodeterminación y la situación humanitaria en los campamentos de Tinduf sigue
siendo delicada. Aun así, la dinámica actual favorece a Rabat: el diálogo
directo se reanuda bajo auspicios de la ONU y el apoyo occidental —Francia,
EE.UU., España— parece consolidado.
Para
el Reino de Mohammed VI, estos apoyos no son solo victorias diplomáticas
puntuales, sino piezas de una estrategia de largo aliento que busca convertir
su posición geográfica y su estabilidad institucional en influencia real. Como
señala el Stimson Center, Marruecos ya no es un actor pasivo en el tablero
euro-africano: es un protagonista que redefine alianzas y equilibrios en un
mundo en transición. En Rabat, la diplomacia activa y la visión realista
parecen estar dando sus frutos.






