Finlandia y Bélgica se suman al creciente respaldo internacional al plan
de autonomía marroquí, en un nuevo éxito de la estrategia diplomática impulsada
por el rey Mohammed VI para cerrar uno de los conflictos más prolongados del
norte de África.
Por
décadas, el contencioso del Sáhara ha sido uno de los últimos conflictos
heredados de la Guerra Fría en el norte de África. Sin embargo, en los últimos
años la balanza diplomática parece inclinarse progresivamente a favor de Rabat.
En una nueva señal de ese cambio de tendencia, Finlandia y Bélgica han
reafirmado en los últimos días su respaldo al plan de autonomía presentado por
Marruecos, que prevé un autogobierno para el territorio bajo soberanía
marroquí.
Estas
posiciones, expresadas tras sendos encuentros diplomáticos en Rabat, se
inscriben en una dinámica más amplia de apoyos internacionales que Marruecos ha
ido acumulando durante la última década. Para muchos observadores, el giro
refleja el resultado de una estrategia sostenida desde el Palacio Real por el
rey Mohammed VI, quien ha convertido la cuestión del Sáhara en el eje central
de la política exterior del país.
Finlandia
se suma al respaldo europeo
El
apoyo más reciente proviene de Elina Valtonen, quien durante una visita oficial
a Rabat expresó el respaldo de su país a la iniciativa marroquí.
Tras
reunirse con el ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Nasser Bourita, la
diplomacia finlandesa señaló que “una verdadera autonomía bajo soberanía
marroquí podría constituir la solución más factible” para resolver el
conflicto. Finlandia reafirmó además su apoyo al plan presentado por Marruecos,
considerándolo una base seria y creíble para alcanzar una solución política
definitiva y mutuamente aceptable.
La
declaración conjunta emitida tras la reunión subrayó también el respaldo de
ambos países a los esfuerzos de las Naciones Unidas para encontrar una salida
negociada al conflicto. En ese sentido, las dos delegaciones saludaron la
adopción de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad y reiteraron su apoyo a
la mediación impulsada por la ONU.
Aunque
Helsinki ha mantenido históricamente una postura prudente sobre el contencioso,
su respaldo explícito al plan marroquí supone un gesto significativo dentro del
marco europeo. En la práctica, la posición finlandesa se alinea con la de
varios países occidentales que en los últimos años han considerado la propuesta
de autonomía como la opción más realista para cerrar el conflicto.
Bélgica
refuerza su posición y anuncia medidas concretas
Pocas
horas después del pronunciamiento finlandés, Rabat recibió otro respaldo
diplomático importante desde Bruselas. El viceprimer ministro y ministro de
Asuntos Exteriores de Bélgica, Maxime Prévot, reafirmó el apoyo claro y
constante de su país a la iniciativa de autonomía marroquí.
Durante
su encuentro con Bourita, el jefe de la diplomacia belga describió el plan como
“la base más adecuada, seria, creíble y realista” para alcanzar una
solución política duradera al diferendo regional.
La
posición belga no se limita a una declaración política. Según explicó Prévot,
su Gobierno prevé actuar en consecuencia en los planos diplomático y
económico, lo que podría traducirse en un incremento de la cooperación y
las inversiones en las provincias del sur administradas por Marruecos.
Entre
las medidas previstas figura una futura visita del embajador belga a la región
del Sáhara para preparar iniciativas económicas, incluidas misiones
empresariales y ferias comerciales organizadas por las agencias regionales de
desarrollo.
Bélgica
también reiteró que su consulado general en Rabat tiene competencia sobre todo
el territorio marroquí sin distinción regional, incluida la región del
Sáhara, una señal diplomática que Rabat interpreta como un reconocimiento
implícito de su soberanía.
Una
estrategia diplomática de largo plazo
Los
nuevos apoyos europeos no se producen en el vacío. Forman parte de una
evolución diplomática que Marruecos viene construyendo desde hace más de dos
décadas.
Desde
su llegada al trono en 1999, Mohammed VI ha impulsado una política exterior
basada en tres pilares: la consolidación de alianzas estratégicas con potencias
occidentales, la expansión de la influencia marroquí en África y el
fortalecimiento de su papel como socio económico y de seguridad para Europa.
La
Iniciativa para la Negociación de un Plan de Autonomía presentada por Rabat ante
Naciones Unidas en 2007 fue el punto de inflexión de esa estrategia. El plan
propone dotar al territorio de amplias competencias políticas y administrativas
—incluido un parlamento regional y capacidad de gestión económica— bajo
soberanía marroquí.
Con
el paso de los años, cada vez más países han considerado esta fórmula como la
vía más pragmática para resolver un conflicto que lleva medio siglo bloqueado.
El
cambio del clima internacional
La
acumulación de respaldos internacionales ha sido notable en la última década.
Varios países occidentales, así como numerosos Estados africanos y árabes, han
expresado su apoyo a la iniciativa marroquí.
Paralelamente,
más de una veintena de países han abierto consulados en las ciudades de Dajla y
El Aaiún, un gesto diplomático que Rabat interpreta como reconocimiento de
facto de su administración sobre el territorio.
El
apoyo de países europeos como Finlandia y Bélgica reviste especial importancia
porque refuerza la tendencia dentro de la Unión Europea hacia una visión más
pragmática del conflicto.
El
Sáhara como eje de la diplomacia marroquí
Para
Marruecos, la cuestión del Sáhara no es simplemente un asunto de política
exterior. Rabat la considera una cuestión de integridad territorial y unidad
nacional, un principio reiterado por las autoridades marroquíes en cada
encuentro diplomático.
Ese
enfoque explica por qué el reino ha convertido la defensa de su soberanía sobre
el territorio en el eje central de su acción internacional.
En
este contexto, los respaldos recientes de Helsinki y Bruselas se interpretan en
Rabat como una nueva confirmación de que la estrategia diplomática del país
está dando frutos.
A
medida que crece el número de países que consideran el Plan de Autonomía como
la solución más viable, Marruecos busca consolidar una nueva realidad política
en torno al Sáhara: la de un conflicto cuya salida, según la narrativa
diplomática del reino, pasa inevitablemente por reconocer la soberanía marroquí
sobre la totalidad de su territorio.

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