La relación entre Rabat y Washington
atraviesa uno de los momentos de mayor sintonía de su historia contemporánea.
El respaldo inequívoco de Donald Trump a la soberanía marroquí sobre el Sáhara,
la estrecha relación personal con el rey Mohammed VI y la decisión del Reino de
bautizar una de las mayores infraestructuras africanas con el nombre del
presidente estadounidense reflejan una asociación que trasciende la diplomacia
convencional y adquiere una dimensión estratégica para el equilibrio político y
de seguridad del norte de África.
Contenido:
Buenos
Aires - La historia de las relaciones entre Marruecos y Estados Unidos
constituye una de las más antiguas y estables del sistema internacional. Desde
que el sultanato marroquí se convirtiera en el primer Estado en reconocer la
independencia estadounidense, en 1777, ambos países han mantenido una
cooperación caracterizada por la continuidad y la convergencia de intereses.
Sin embargo, pocas etapas habían alcanzado el grado de proximidad política que
hoy exhiben Rabat y Washington bajo el liderazgo del rey Mohammed VI y del
presidente Donald Trump.
El
elemento que mejor sintetiza esta nueva fase de la relación bilateral es la
posición estadounidense respecto del Sáhara. En diciembre de 2020, durante el
primer mandato de Trump, Washington reconoció oficialmente la soberanía de
Marruecos sobre ese territorio, rompiendo con décadas de ambigüedad
diplomática. Desde entonces, la Administración estadounidense ha mantenido que
la propuesta marroquí de autonomía constituye la única base seria, creíble y
realista para alcanzar una solución definitiva al diferendo. Esa posición
volvió a ser reafirmada en 2025 y fue reiterada nuevamente en 2026 mediante un
mensaje dirigido por el presidente estadounidense al monarca marroquí.
En
ese mensaje, Donald Trump expresó una de las definiciones más contundentes
formuladas por un presidente estadounidense sobre esta cuestión: “Estados
Unidos es claro: reconocemos la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara y
apoyamos la propuesta marroquí de autonomía seria, creíble y realista como la
única base para una solución”. Asimismo, sostuvo que prolongar el statu quo
resultaba inaceptable y reafirmó el compromiso de Washington para impulsar una
resolución definitiva del conflicto.
Para
Rabat, estas palabras poseen un valor que trasciende el plano diplomático.
Representan la consolidación del principal respaldo internacional obtenido por
Marruecos en las últimas décadas respecto de una cuestión considerada
estratégica para su integridad territorial y para su política exterior.
La
respuesta del rey Mohammed VI no tardó en llegar. En una carta remitida al
presidente estadounidense, el soberano expresó una valoración excepcional de la
relación personal construida entre ambos dirigentes. “Si bien nuestras
relaciones han estado siempre cimentadas en una estrecha amistad y una
fidelidad constante, nunca habían sido tan sólidas y fructíferas como durante
vuestros dos mandatos presidenciales”, escribió el monarca.
El
Rey fue aún más explícito al referirse a la decisión estadounidense sobre el
Sáhara. “Vuestro histórico reconocimiento, en 2020, de la soberanía de
Marruecos sobre su Sáhara quedará para siempre grabado en la memoria de los
marroquíes, de generación en generación”, afirmó, destacando que aquella
decisión imprimió un impulso sin precedentes a las relaciones entre ambos
países.
Como
manifestación tangible de ese reconocimiento político, Mohammed VI anunció una
decisión cargada de simbolismo: bautizar la vía rápida Tiznit-Dajla con el
nombre de "Donald J. Trump Highway". La infraestructura, con
más de 1.055 kilómetros de longitud, constituye la carretera más extensa del
continente africano y conecta el norte del Reino con las provincias
meridionales, desempeñando un papel esencial en la integración económica y
territorial del país.
En
su carta, el soberano explicó el significado de ese gesto. Señaló que la
autopista simboliza la unidad territorial de Marruecos y añadió una frase de
fuerte contenido político: “Al igual que esta vía une el norte y el sur de
nuestro país, vuestro liderazgo ha acercado a nuestras dos naciones de una
manera sin precedentes”.
Trump
respondió públicamente mediante un mensaje difundido en Truth Social, en el que
agradeció el homenaje del monarca marroquí y manifestó su deseo de recorrer
personalmente la totalidad de la autopista algún día. El presidente calificó el
gesto como un gran honor y volvió a elogiar al rey Mohammed VI.
La
sintonía política entre ambos dirigentes no constituye únicamente un fenómeno
personal. Se encuentra respaldada por una cooperación estratégica cada vez más
amplia. Marruecos se ha consolidado como uno de los principales aliados
estadounidenses fuera de la OTAN, desempeñando un papel destacado en materia de
lucha contra el terrorismo, intercambio de inteligencia, estabilidad regional y
cooperación militar.
Los
ejercicios militares African Lion, organizados conjuntamente desde hace
años, representan uno de los mayores despliegues multinacionales del continente
africano y reflejan el elevado nivel de interoperabilidad alcanzado entre las
fuerzas armadas de ambos países. A ello se suma una creciente cooperación en
materia de defensa, innovación tecnológica, inteligencia artificial, minerales
estratégicos y desarrollo industrial, ámbitos que la Administración Trump ha
identificado como prioritarios para la nueva etapa de la relación bilateral.
Washington
también ha destacado el papel desempeñado por Marruecos en la consolidación de
los Acuerdos de Abraham y en la estabilidad del Sahel. En su mensaje con motivo
de la Fiesta del Trono, Trump definió al «sabio liderazgo» del rey
Mohammed VI como “un pilar de estabilidad”, subrayando el compromiso
marroquí con la paz, la lucha contra el extremismo y la seguridad compartida
entre ambos países.
La
dimensión económica tampoco ha permanecido al margen de esta aproximación. El
presidente estadounidense afirmó haber instruido a sus equipos para profundizar
el desarrollo económico y social conjunto, incluyendo proyectos en el Sáhara, y
destacó que la tecnología estadounidense continuará siendo un socio estratégico
de Marruecos durante las próximas décadas, especialmente en sectores
considerados críticos para la economía del siglo XXI.
Esta
convergencia refleja una lógica geopolítica más amplia. En un contexto
caracterizado por la competencia entre grandes potencias, la inestabilidad del
Sahel y la creciente importancia estratégica del Atlántico africano, Marruecos
ha reforzado su posición como socio privilegiado de Washington. La estabilidad
institucional del Reino, su política de modernización económica y su ubicación
geográfica convierten al país en un punto de apoyo esencial para la proyección
estadounidense hacia África y el Mediterráneo.
La
relación bilateral, además, se beneficia de una narrativa histórica compartida.
En un mensaje enviado con motivo del 250.º aniversario de la independencia
estadounidense, Mohammed VI recordó que Marruecos fue el primer país en
reconocer a Estados Unidos y afirmó que las relaciones entre ambas naciones “nunca
habían sido tan ricas y fructíferas” como durante los dos mandatos de
Donald Trump.
Lejos
de limitarse a una sucesión de gestos protocolarios, el intercambio de mensajes
entre el presidente estadounidense y el soberano marroquí confirma la
existencia de una asociación política que ambos gobiernos consideran
estratégica para sus respectivos intereses nacionales. El respaldo
estadounidense a la posición marroquí sobre el Sáhara, la cooperación en
materia de seguridad, la ampliación de los vínculos económicos y el inusual
homenaje representado por la Donald J. Trump Highway constituyen
expresiones visibles de una relación que, desde la perspectiva de ambos
gobiernos, aspira a proyectarse como uno de los pilares de la arquitectura
estratégica del norte de África y del Atlántico en los próximos años.

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