domingo, 2 de agosto de 2026

Trump y Mohammed VI consolidan un eje estratégico en el Norte de África


  

La relación entre Rabat y Washington atraviesa uno de los momentos de mayor sintonía de su historia contemporánea. El respaldo inequívoco de Donald Trump a la soberanía marroquí sobre el Sáhara, la estrecha relación personal con el rey Mohammed VI y la decisión del Reino de bautizar una de las mayores infraestructuras africanas con el nombre del presidente estadounidense reflejan una asociación que trasciende la diplomacia convencional y adquiere una dimensión estratégica para el equilibrio político y de seguridad del norte de África.

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Buenos Aires - La historia de las relaciones entre Marruecos y Estados Unidos constituye una de las más antiguas y estables del sistema internacional. Desde que el sultanato marroquí se convirtiera en el primer Estado en reconocer la independencia estadounidense, en 1777, ambos países han mantenido una cooperación caracterizada por la continuidad y la convergencia de intereses. Sin embargo, pocas etapas habían alcanzado el grado de proximidad política que hoy exhiben Rabat y Washington bajo el liderazgo del rey Mohammed VI y del presidente Donald Trump.

El elemento que mejor sintetiza esta nueva fase de la relación bilateral es la posición estadounidense respecto del Sáhara. En diciembre de 2020, durante el primer mandato de Trump, Washington reconoció oficialmente la soberanía de Marruecos sobre ese territorio, rompiendo con décadas de ambigüedad diplomática. Desde entonces, la Administración estadounidense ha mantenido que la propuesta marroquí de autonomía constituye la única base seria, creíble y realista para alcanzar una solución definitiva al diferendo. Esa posición volvió a ser reafirmada en 2025 y fue reiterada nuevamente en 2026 mediante un mensaje dirigido por el presidente estadounidense al monarca marroquí.

En ese mensaje, Donald Trump expresó una de las definiciones más contundentes formuladas por un presidente estadounidense sobre esta cuestión: “Estados Unidos es claro: reconocemos la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara y apoyamos la propuesta marroquí de autonomía seria, creíble y realista como la única base para una solución”. Asimismo, sostuvo que prolongar el statu quo resultaba inaceptable y reafirmó el compromiso de Washington para impulsar una resolución definitiva del conflicto.

Para Rabat, estas palabras poseen un valor que trasciende el plano diplomático. Representan la consolidación del principal respaldo internacional obtenido por Marruecos en las últimas décadas respecto de una cuestión considerada estratégica para su integridad territorial y para su política exterior.

La respuesta del rey Mohammed VI no tardó en llegar. En una carta remitida al presidente estadounidense, el soberano expresó una valoración excepcional de la relación personal construida entre ambos dirigentes. “Si bien nuestras relaciones han estado siempre cimentadas en una estrecha amistad y una fidelidad constante, nunca habían sido tan sólidas y fructíferas como durante vuestros dos mandatos presidenciales”, escribió el monarca.

El Rey fue aún más explícito al referirse a la decisión estadounidense sobre el Sáhara. “Vuestro histórico reconocimiento, en 2020, de la soberanía de Marruecos sobre su Sáhara quedará para siempre grabado en la memoria de los marroquíes, de generación en generación”, afirmó, destacando que aquella decisión imprimió un impulso sin precedentes a las relaciones entre ambos países.

Como manifestación tangible de ese reconocimiento político, Mohammed VI anunció una decisión cargada de simbolismo: bautizar la vía rápida Tiznit-Dajla con el nombre de "Donald J. Trump Highway". La infraestructura, con más de 1.055 kilómetros de longitud, constituye la carretera más extensa del continente africano y conecta el norte del Reino con las provincias meridionales, desempeñando un papel esencial en la integración económica y territorial del país.

En su carta, el soberano explicó el significado de ese gesto. Señaló que la autopista simboliza la unidad territorial de Marruecos y añadió una frase de fuerte contenido político: “Al igual que esta vía une el norte y el sur de nuestro país, vuestro liderazgo ha acercado a nuestras dos naciones de una manera sin precedentes”.

Trump respondió públicamente mediante un mensaje difundido en Truth Social, en el que agradeció el homenaje del monarca marroquí y manifestó su deseo de recorrer personalmente la totalidad de la autopista algún día. El presidente calificó el gesto como un gran honor y volvió a elogiar al rey Mohammed VI.

La sintonía política entre ambos dirigentes no constituye únicamente un fenómeno personal. Se encuentra respaldada por una cooperación estratégica cada vez más amplia. Marruecos se ha consolidado como uno de los principales aliados estadounidenses fuera de la OTAN, desempeñando un papel destacado en materia de lucha contra el terrorismo, intercambio de inteligencia, estabilidad regional y cooperación militar.

Los ejercicios militares African Lion, organizados conjuntamente desde hace años, representan uno de los mayores despliegues multinacionales del continente africano y reflejan el elevado nivel de interoperabilidad alcanzado entre las fuerzas armadas de ambos países. A ello se suma una creciente cooperación en materia de defensa, innovación tecnológica, inteligencia artificial, minerales estratégicos y desarrollo industrial, ámbitos que la Administración Trump ha identificado como prioritarios para la nueva etapa de la relación bilateral.

Washington también ha destacado el papel desempeñado por Marruecos en la consolidación de los Acuerdos de Abraham y en la estabilidad del Sahel. En su mensaje con motivo de la Fiesta del Trono, Trump definió al «sabio liderazgo» del rey Mohammed VI como “un pilar de estabilidad”, subrayando el compromiso marroquí con la paz, la lucha contra el extremismo y la seguridad compartida entre ambos países.

La dimensión económica tampoco ha permanecido al margen de esta aproximación. El presidente estadounidense afirmó haber instruido a sus equipos para profundizar el desarrollo económico y social conjunto, incluyendo proyectos en el Sáhara, y destacó que la tecnología estadounidense continuará siendo un socio estratégico de Marruecos durante las próximas décadas, especialmente en sectores considerados críticos para la economía del siglo XXI.

Esta convergencia refleja una lógica geopolítica más amplia. En un contexto caracterizado por la competencia entre grandes potencias, la inestabilidad del Sahel y la creciente importancia estratégica del Atlántico africano, Marruecos ha reforzado su posición como socio privilegiado de Washington. La estabilidad institucional del Reino, su política de modernización económica y su ubicación geográfica convierten al país en un punto de apoyo esencial para la proyección estadounidense hacia África y el Mediterráneo.

La relación bilateral, además, se beneficia de una narrativa histórica compartida. En un mensaje enviado con motivo del 250.º aniversario de la independencia estadounidense, Mohammed VI recordó que Marruecos fue el primer país en reconocer a Estados Unidos y afirmó que las relaciones entre ambas naciones “nunca habían sido tan ricas y fructíferas” como durante los dos mandatos de Donald Trump.

Lejos de limitarse a una sucesión de gestos protocolarios, el intercambio de mensajes entre el presidente estadounidense y el soberano marroquí confirma la existencia de una asociación política que ambos gobiernos consideran estratégica para sus respectivos intereses nacionales. El respaldo estadounidense a la posición marroquí sobre el Sáhara, la cooperación en materia de seguridad, la ampliación de los vínculos económicos y el inusual homenaje representado por la Donald J. Trump Highway constituyen expresiones visibles de una relación que, desde la perspectiva de ambos gobiernos, aspira a proyectarse como uno de los pilares de la arquitectura estratégica del norte de África y del Atlántico en los próximos años.

 

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