Rabat consolida una ofensiva
diplomática que gana apoyos en América y Occidente mientras la propuesta de
autonomía marroquí se afianza como la principal vía de solución al contencioso
sahariano
Contenido:
Buenos
Aires - La diplomacia marroquí atraviesa uno de los momentos de mayor
consolidación internacional en torno a su propuesta de autonomía para la región
del Sáhara. En las últimas semanas, Rabat ha logrado capitalizar una sucesión
de respaldos políticos y diplomáticos que refuerzan la estrategia impulsada por
el rey Mohammed VI para presentar el Plan de Autonomía como la única salida
viable, realista y duradera al prolongado diferendo regional.
El
más reciente de esos apoyos llegó desde Panamá, cuyo Gobierno reafirmó en Rabat
su respaldo explícito a la iniciativa marroquí bajo soberanía del Reino. La
declaración no fue presentada como un simple gesto protocolar. En la capital
marroquí fue interpretada como una señal política de enorme relevancia en un
contexto internacional marcado por la progresiva acumulación de apoyos
occidentales y latinoamericanos a la posición defendida por Marruecos.
La
postura panameña fue expresada por el viceministro de Relaciones Exteriores,
Carlos Arturo Hoyos Boyd, durante una visita oficial en la que mantuvo
reuniones con el ministro marroquí de Exteriores, Nasser Bourita. Allí, Panamá
definió el plan de autonomía presentado por Marruecos en 2007 como “la única
base seria, creíble y realista” para alcanzar una solución definitiva al
conflicto, en consonancia con el proceso auspiciado por Naciones Unidas.
El
respaldo panameño fue todavía más lejos al reivindicar expresamente la
soberanía y la integridad territorial marroquí. Rabat considera especialmente
significativo que Panamá haya recordado que su representación diplomática en
Marruecos ejerce competencias consulares sobre todo el territorio del país,
incluidas las denominadas Provincias del Sur, una formulación utilizada por la
diplomacia marroquí para referirse a su Sáhara.
La
declaración también incluyó un apoyo explícito a la resolución 2797 del Consejo
de Seguridad de Naciones Unidas, texto que Marruecos considera clave dentro de
su estrategia diplomática porque mantiene la definición de la propuesta
marroquí como una base “seria y creíble” para una solución política
negociada.
El
acercamiento entre Rabat y Panamá refleja además un movimiento geopolítico más
amplio. Marruecos lleva años reforzando sus vínculos con América Latina, una
región donde históricamente el Frente Polisario había conseguido espacios
diplomáticos relevantes. El Reino alauí ha intensificado en la última década
una política exterior orientada a ampliar alianzas políticas, comerciales y
estratégicas con países latinoamericanos, particularmente aquellos que
priorizan la estabilidad regional, la cooperación Sur-Sur y la seguridad
marítima.
Durante
la visita, ambas delegaciones destacaron la voluntad de elevar las relaciones
bilaterales hacia una asociación estratégica más profunda. Las consultas
políticas celebradas en Rabat fueron calificadas como “históricas” por
las autoridades panameñas y marcaron el inicio de un mecanismo formal y
permanente de diálogo diplomático entre ambos países.
Panamá
definió además a Marruecos como un socio estratégico para África, el mundo
árabe y el espacio atlántico y mediterráneo, subrayando coincidencias en
materias como la lucha contra el extremismo violento, la cooperación
internacional, el desarrollo sostenible y la defensa de la soberanía estatal.
Pero
el movimiento diplomático más observado en Rabat fue, sin duda, la reciente
visita de una delegación del Congreso de Estados Unidos encabezada por el
congresista republicano Trent Kelly. La presencia de legisladores
estadounidenses volvió a colocar el foco sobre el respaldo estratégico de
Washington a Marruecos y sobre el papel central que desempeña el Reino dentro
de la arquitectura de seguridad regional en el norte de África y Oriente
Próximo.
Kelly
reiteró públicamente su apoyo al plan marroquí de autonomía y vinculó
expresamente esa posición con la resolución 2797 del Consejo de Seguridad. En
Rabat, el gesto fue interpretado como un importante aval político procedente de
sectores influyentes del Congreso estadounidense.
La
visita tuvo además una fuerte carga simbólica. La diplomacia marroquí difundió
ampliamente las imágenes del encuentro entre Kelly y Bourita, consciente de la
importancia que tiene para Rabat mantener visible el respaldo estadounidense.
Distintos análisis publicados en Marruecos subrayaron que, aunque la posición
oficial de Washington no haya experimentado modificaciones recientes, cada
gesto procedente del Congreso estadounidense contribuye a consolidar
internacionalmente la narrativa marroquí.
El
propio Kelly evocó los históricos vínculos entre ambos países, recordando que
Marruecos fue uno de los primeros Estados en reconocer la independencia
estadounidense. La referencia histórica apuntó a reforzar la idea de una
alianza estratégica de largo plazo entre Rabat y Washington.
La
delegación estadounidense también mantuvo encuentros con responsables militares
marroquíes para profundizar la cooperación en materia de defensa y seguridad.
Las conversaciones giraron en torno a la implementación de la hoja de ruta
bilateral de cooperación militar, la lucha contra el terrorismo y la
estabilidad regional.
En
paralelo, ambas partes destacaron la relevancia de ejercicios conjuntos como “African
Lion”, convertido en uno de los mayores ejercicios militares
multinacionales del continente africano y en un instrumento esencial de
interoperabilidad militar entre Marruecos, Estados Unidos y numerosos aliados
occidentales y africanos.
La
estrategia marroquí busca precisamente integrar la cuestión del Sáhara dentro
de un marco geopolítico más amplio donde Rabat aparece como un actor
indispensable para la estabilidad africana, el control de flujos migratorios,
la seguridad atlántica y la lucha contra el terrorismo yihadista en el Sahel.
Esa narrativa ha encontrado creciente receptividad entre países occidentales y
aliados regionales que consideran a Marruecos un socio estratégico fiable en un
escenario internacional marcado por la fragmentación y la incertidumbre.
En
los últimos años, numerosos países han expresado respaldo al plan marroquí de
autonomía, entre ellos España, Francia, Alemania y varios Estados árabes y
africanos. La posición española, particularmente desde el giro diplomático
impulsado por el Gobierno de Pedro Sánchez en 2022, marcó un punto de inflexión
en Europa al considerar la propuesta marroquí como la base “más seria, creíble
y realista” para resolver el conflicto.
Rabat
interpreta este progresivo alineamiento internacional como la confirmación de
que su propuesta se ha convertido en la principal referencia diplomática para
cerrar un conflicto enquistado desde hace casi medio siglo. El objetivo
marroquí consiste ahora en transformar esos apoyos políticos en una legitimidad
internacional irreversible que termine desplazando definitivamente las tesis
independentistas defendidas por el Frente Polisario.
La diplomacia marroquí parece convencida de que el tiempo juega a su favor. Y cada nueva declaración de respaldo, ya provenga de Washington, de Panamá o de capitales europeas, es presentada en Rabat como una pieza más dentro de una arquitectura internacional cuidadosamente construida para consolidar la soberanía marroquí sobre el Sáhara.

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