miércoles, 27 de mayo de 2026

Panamá y Washington refuerzan el respaldo internacional al plan marroquí para el Sáhara


Rabat consolida una ofensiva diplomática que gana apoyos en América y Occidente mientras la propuesta de autonomía marroquí se afianza como la principal vía de solución al contencioso sahariano

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Buenos Aires - La diplomacia marroquí atraviesa uno de los momentos de mayor consolidación internacional en torno a su propuesta de autonomía para la región del Sáhara. En las últimas semanas, Rabat ha logrado capitalizar una sucesión de respaldos políticos y diplomáticos que refuerzan la estrategia impulsada por el rey Mohammed VI para presentar el Plan de Autonomía como la única salida viable, realista y duradera al prolongado diferendo regional.

El más reciente de esos apoyos llegó desde Panamá, cuyo Gobierno reafirmó en Rabat su respaldo explícito a la iniciativa marroquí bajo soberanía del Reino. La declaración no fue presentada como un simple gesto protocolar. En la capital marroquí fue interpretada como una señal política de enorme relevancia en un contexto internacional marcado por la progresiva acumulación de apoyos occidentales y latinoamericanos a la posición defendida por Marruecos.

La postura panameña fue expresada por el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Arturo Hoyos Boyd, durante una visita oficial en la que mantuvo reuniones con el ministro marroquí de Exteriores, Nasser Bourita. Allí, Panamá definió el plan de autonomía presentado por Marruecos en 2007 como “la única base seria, creíble y realista” para alcanzar una solución definitiva al conflicto, en consonancia con el proceso auspiciado por Naciones Unidas.

El respaldo panameño fue todavía más lejos al reivindicar expresamente la soberanía y la integridad territorial marroquí. Rabat considera especialmente significativo que Panamá haya recordado que su representación diplomática en Marruecos ejerce competencias consulares sobre todo el territorio del país, incluidas las denominadas Provincias del Sur, una formulación utilizada por la diplomacia marroquí para referirse a su Sáhara.

La declaración también incluyó un apoyo explícito a la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, texto que Marruecos considera clave dentro de su estrategia diplomática porque mantiene la definición de la propuesta marroquí como una base “seria y creíble” para una solución política negociada.

El acercamiento entre Rabat y Panamá refleja además un movimiento geopolítico más amplio. Marruecos lleva años reforzando sus vínculos con América Latina, una región donde históricamente el Frente Polisario había conseguido espacios diplomáticos relevantes. El Reino alauí ha intensificado en la última década una política exterior orientada a ampliar alianzas políticas, comerciales y estratégicas con países latinoamericanos, particularmente aquellos que priorizan la estabilidad regional, la cooperación Sur-Sur y la seguridad marítima.

Durante la visita, ambas delegaciones destacaron la voluntad de elevar las relaciones bilaterales hacia una asociación estratégica más profunda. Las consultas políticas celebradas en Rabat fueron calificadas como “históricas” por las autoridades panameñas y marcaron el inicio de un mecanismo formal y permanente de diálogo diplomático entre ambos países.

Panamá definió además a Marruecos como un socio estratégico para África, el mundo árabe y el espacio atlántico y mediterráneo, subrayando coincidencias en materias como la lucha contra el extremismo violento, la cooperación internacional, el desarrollo sostenible y la defensa de la soberanía estatal.

Pero el movimiento diplomático más observado en Rabat fue, sin duda, la reciente visita de una delegación del Congreso de Estados Unidos encabezada por el congresista republicano Trent Kelly. La presencia de legisladores estadounidenses volvió a colocar el foco sobre el respaldo estratégico de Washington a Marruecos y sobre el papel central que desempeña el Reino dentro de la arquitectura de seguridad regional en el norte de África y Oriente Próximo.

Kelly reiteró públicamente su apoyo al plan marroquí de autonomía y vinculó expresamente esa posición con la resolución 2797 del Consejo de Seguridad. En Rabat, el gesto fue interpretado como un importante aval político procedente de sectores influyentes del Congreso estadounidense.

La visita tuvo además una fuerte carga simbólica. La diplomacia marroquí difundió ampliamente las imágenes del encuentro entre Kelly y Bourita, consciente de la importancia que tiene para Rabat mantener visible el respaldo estadounidense. Distintos análisis publicados en Marruecos subrayaron que, aunque la posición oficial de Washington no haya experimentado modificaciones recientes, cada gesto procedente del Congreso estadounidense contribuye a consolidar internacionalmente la narrativa marroquí.

El propio Kelly evocó los históricos vínculos entre ambos países, recordando que Marruecos fue uno de los primeros Estados en reconocer la independencia estadounidense. La referencia histórica apuntó a reforzar la idea de una alianza estratégica de largo plazo entre Rabat y Washington.

La delegación estadounidense también mantuvo encuentros con responsables militares marroquíes para profundizar la cooperación en materia de defensa y seguridad. Las conversaciones giraron en torno a la implementación de la hoja de ruta bilateral de cooperación militar, la lucha contra el terrorismo y la estabilidad regional.

En paralelo, ambas partes destacaron la relevancia de ejercicios conjuntos como “African Lion”, convertido en uno de los mayores ejercicios militares multinacionales del continente africano y en un instrumento esencial de interoperabilidad militar entre Marruecos, Estados Unidos y numerosos aliados occidentales y africanos.

La estrategia marroquí busca precisamente integrar la cuestión del Sáhara dentro de un marco geopolítico más amplio donde Rabat aparece como un actor indispensable para la estabilidad africana, el control de flujos migratorios, la seguridad atlántica y la lucha contra el terrorismo yihadista en el Sahel. Esa narrativa ha encontrado creciente receptividad entre países occidentales y aliados regionales que consideran a Marruecos un socio estratégico fiable en un escenario internacional marcado por la fragmentación y la incertidumbre.

En los últimos años, numerosos países han expresado respaldo al plan marroquí de autonomía, entre ellos España, Francia, Alemania y varios Estados árabes y africanos. La posición española, particularmente desde el giro diplomático impulsado por el Gobierno de Pedro Sánchez en 2022, marcó un punto de inflexión en Europa al considerar la propuesta marroquí como la base “más seria, creíble y realista” para resolver el conflicto.

Rabat interpreta este progresivo alineamiento internacional como la confirmación de que su propuesta se ha convertido en la principal referencia diplomática para cerrar un conflicto enquistado desde hace casi medio siglo. El objetivo marroquí consiste ahora en transformar esos apoyos políticos en una legitimidad internacional irreversible que termine desplazando definitivamente las tesis independentistas defendidas por el Frente Polisario.

La diplomacia marroquí parece convencida de que el tiempo juega a su favor. Y cada nueva declaración de respaldo, ya provenga de Washington, de Panamá o de capitales europeas, es presentada en Rabat como una pieza más dentro de una arquitectura internacional cuidadosamente construida para consolidar la soberanía marroquí sobre el Sáhara.Principio del formulario

 

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