Con un encuentro en El Aaiún
políticos y representantes saharauis conmemoraron el 6to Aniversario de la
creación de Movimiento Saharaui por la Paz.
Contenido:
Buenos
Aires - En un momento particularmente sensible para la evolución del conflicto
del Sáhara, el sexto aniversario del Movimiento Saharaui por la Paz (MSP) se
convirtió en mucho más que una ceremonia partidaria. El encuentro celebrado el
28 de abril en la ciudad de El Aaiún reunió a dirigentes, cuadros políticos,
notables tribales, representantes de la sociedad civil, jóvenes militantes y
organizaciones afines en una demostración de cohesión que el movimiento
considera decisiva para consolidar una alternativa política saharaui favorable
a una solución negociada y realista del diferendo regional.
La
conmemoración tuvo lugar en medio de un escenario internacional marcado por la
creciente aceptación diplomática de fórmulas de compromiso para resolver un
conflicto enquistado desde hace medio siglo y cuya prolongación ha condicionado
la estabilidad del Magreb. En ese contexto, los dirigentes del MSP aprovecharon
la ocasión para reivindicar el papel de la organización como expresión de una
corriente saharaui partidaria del diálogo, la convivencia y la búsqueda de un
estatuto de autonomía para el territorio bajo soberanía marroquí.
Durante
la jornada se presentó un balance político y organizativo de los seis años de
existencia del movimiento, así como las líneas estratégicas para el próximo
período, centradas especialmente en la preparación de su Segundo Congreso,
previsto para este verano boreal. Los organizadores describieron ese futuro
cónclave como una etapa de “redefinición política y estructural”
destinada a reforzar la implantación territorial y ampliar la proyección
internacional de la organización.
Las
distintas comisiones del MSP expusieron sus actividades en ámbitos tan diversos
como las relaciones exteriores, la comunicación política, la coordinación con
organizaciones juveniles y de mujeres, la articulación con notables tribales y
la elaboración de estudios estratégicos sobre el futuro institucional del
Sáhara. Los dirigentes subrayaron asimismo la importancia de los encuentros
organizados en los últimos años tanto en el territorio sahariano como en
escenarios internacionales, especialmente en Las Palmas de Gran Canaria y
Dakar, ciudades convertidas en centros de reflexión y diplomacia paralela sobre
el conflicto.
El
acto sirvió también para reafirmar el posicionamiento político que el MSP viene
defendiendo desde su nacimiento en abril de 2020: la necesidad de superar la
lógica de confrontación permanente entre Marruecos y el Frente Polisario
mediante una “tercera vía” sustentada en la negociación política, el
pluralismo interno saharaui y el abandono definitivo de la opción militar.
La
aparición del Movimiento Saharaui por la Paz constituyó, desde el principio, un
fenómeno político singular dentro del universo saharaui. Su creación estuvo
impulsada por antiguos cuadros y dirigentes del Frente Polisario que comenzaron
a cuestionar públicamente el funcionamiento interno de esa organización,
denunciando la ausencia de mecanismos democráticos, la concentración del poder,
la corrupción estructural y el inmovilismo político que, a juicio de los
disidentes, había condenado a decenas de miles de refugiados saharauis a una
situación de precariedad permanente en los campamentos de Tinduf, en el sur de
Argelia.
Entre
los antecedentes inmediatos del MSP destacó la llamada Iniciativa Saharaui por
el Cambio, una corriente reformista surgida en 2017 dentro del propio Frente Polisario
y que intentó sin éxito promover mecanismos de apertura política y
democratización interna. La detención y posterior encarcelamiento de varios de
sus activistas en los campamentos de Tinduf terminó acelerando la ruptura
definitiva con la dirección separatista tradicional.
Fue
en ese clima de desencanto político cuando un centenar de militantes, antiguos
diplomáticos, activistas de derechos humanos, intelectuales saharauis y
descendientes de miembros de la histórica Yema —la asamblea de notables
existente durante el período colonial español— constituyeron formalmente el
Movimiento Saharaui por la Paz. Desde sus primeros comunicados, la nueva
organización insistió en la defensa de la convivencia, la justicia social, la
protección de los derechos humanos y el rechazo a toda forma de autoritarismo
político.
El
lema adoptado por el movimiento, “Paz, Justicia y Concordia”, sintetiza
la identidad ideológica que sus dirigentes pretenden imprimirle: un
nacionalismo saharaui moderado, compatible con fórmulas de autonomía
territorial y orientado a la reconciliación regional.
Dentro
de esa construcción política, la figura de Hach Ahmed Bericalla ocupa un lugar
central. Nacido en Dakhla en 1957, Bericalla representa una de las trayectorias
más relevantes del antiguo aparato diplomático del Frente Polisario. Durante
décadas desempeñó funciones de representación exterior en España y América
Latina, además de ocupar responsabilidades ministeriales dentro de la
autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática.
Su
ruptura con el Polisario se produjo gradualmente a partir de 2015, cuando
comenzó a cuestionar abiertamente la deriva interna de la organización y el
bloqueo político del conflicto. Quienes lo conocen lo describen como un
dirigente pragmático, dotado de una extensa experiencia internacional y
consciente de los límites geopolíticos que enfrenta la causa saharaui.
Desde
su elección como primer secretario general del MSP, Bericalla ha intentado
proyectar la imagen de un liderazgo alternativo basado en el diálogo y el
realismo político. En numerosas intervenciones públicas ha defendido la idea de
que el referéndum de autodeterminación impulsado históricamente por el
Polisario se ha vuelto inviable por razones demográficas, jurídicas y
regionales, y sostiene que la única salida practicable pasa por una solución
negociada sustentada en una amplia autonomía para el territorio.
Ese
posicionamiento ha convertido al MSP en un interlocutor observado con creciente
interés por ciertos sectores diplomáticos internacionales, especialmente en
Europa y América Latina. El movimiento ha intensificado sus contactos con
organizaciones multilaterales, centros de estudios estratégicos, partidos
políticos y organismos vinculados a la defensa de los derechos humanos.
Uno
de los momentos de mayor visibilidad internacional del MSP se produjo durante
su primer congreso, celebrado con la presencia del expresidente del Gobierno
español José Luis Rodríguez Zapatero, cuya participación fue interpretada por
el movimiento como una señal de legitimación política de la llamada “tercera
vía saharaui”. Zapatero defendió entonces la necesidad de privilegiar la
convivencia, la cooperación y el diálogo como únicos instrumentos capaces de
superar décadas de enfrentamiento estéril.
En
los años siguientes, el MSP consolidó una red de apoyos académicos, políticos e
intelectuales que le permitió organizar conferencias internacionales sobre paz
y seguridad en Canarias, incorporando a expertos europeos, dirigentes
socialistas, juristas internacionales y representantes tribales saharauis
favorables a una solución pactada.
La
organización insiste en que su existencia desmonta el principio de
representación exclusiva históricamente reivindicado por el Frente Polisario
ante la comunidad internacional. Para el MSP, la pluralidad política dentro de
la sociedad saharaui constituye un hecho irreversible que obliga a replantear
las bases mismas de cualquier futura negociación auspiciada por Naciones
Unidas.
Precisamente
esa reivindicación del pluralismo fue uno de los ejes centrales del acto
celebrado en El Aaiún. Los participantes defendieron la necesidad de integrar
nuevas voces saharauis en los procesos diplomáticos internacionales y
reclamaron que cualquier solución futura contemple no solo las posiciones del
Polisario, sino también las de aquellos sectores que apuestan por fórmulas de
autonomía y coexistencia regional.
En
los discursos pronunciados durante el aniversario apareció de forma reiterada
la idea de que el contexto internacional atraviesa un momento de inflexión. Los
dirigentes del MSP consideran que el creciente respaldo internacional a
iniciativas de autonomía impulsadas por Marruecos, sumado al interés de Estados
Unidos y varios países europeos en estabilizar el Magreb, abre una oportunidad
inédita para promover una solución política definitiva.
El
movimiento interpreta además que el agotamiento del conflicto y el deterioro de
las condiciones sociales en los campamentos de Tinduf están alimentando entre
numerosos saharauis una demanda creciente de alternativas políticas viables.
Bajo esa lógica, el MSP busca presentarse como una estructura capaz de
canalizar democráticamente esas aspiraciones, articulando identidad saharaui,
autonomía territorial y reconciliación regional.
Seis
años después de su creación, el Movimiento Saharaui por la Paz continúa siendo
un actor minoritario frente a la histórica maquinaria política y diplomática
del Frente Polisario. Sin embargo, su persistencia organizativa, su creciente
visibilidad internacional y su capacidad para introducir una narrativa
alternativa dentro del conflicto han comenzado a modificar, al menos
parcialmente, un escenario que durante décadas permaneció dominado por
discursos inmutables.
En
un Magreb marcado por rivalidades estratégicas, tensiones fronterizas y
desafíos de seguridad crecientes, el MSP intenta abrir un espacio político
nuevo: el de una corriente saharaui que ya no concibe la solución del conflicto
en términos de victoria militar o maximalismo ideológico, sino como un proceso
de negociación capaz de garantizar estabilidad regional.

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