jueves, 21 de mayo de 2026

Marruecos, la potencia intermedia que consolida su influencia en el tablero global



Rabat, en el centro de un creciente consenso internacional sobre el Sáhara, proyecta una imagen de estabilidad y ambición estratégica que analistas como los del Stimson Center definen como propia de una “potencia intermedia estratégica”.

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Buenos Aires - En las últimas semanas, la diplomacia marroquí ha cosechado una serie de respaldos explícitos que refuerzan su posición en el diferendo del Sáhara y, al mismo tiempo, subrayan la transformación del Reino en un actor regional de primer orden. Países de África, Europa y el Caribe han reafirmado, en encuentros celebrados en Rabat, su apoyo a la integridad territorial marroquí y al plan de autonomía propuesto por Rabat como la única vía realista para una solución duradera. Este impulso diplomático llega en un momento en que think tanks como el Stimson Center, con sede en Washington, describen a Marruecos como un “puente pivotal” entre Europa, África y el Mediterráneo, una nación que ha trascendido su rol tradicional de Estado tampón para convertirse en un actor proactivo y estable en un entorno marcado por la competencia geopolítica.

La ofensiva diplomática marroquí se ha materializado en visitas de alto nivel y comunicados conjuntos que destacan no solo el respaldo político, sino también la voluntad de traducirlo en acciones concretas: consulados, inversiones y cooperación en materia de desarrollo. Según el informe del Stimson Center publicado en mayo de 2026, Marruecos aprovecha su posición geográfica única —en la encrucijada del Atlántico, el Mediterráneo y la costa atlántica africana— para posicionarse como una potencia media estratégica, capaz de alinear intereses económicos, de seguridad y diplomáticos en un mundo multipolar.

Uno de los apoyos más significativos ha llegado de Francia, socio histórico y estratégico. El ministro francés de Europa y Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, reiteró en Rabat que “el presente y el futuro del Sáhara se inscriben en la soberanía de Marruecos”, en línea con la carta enviada por el presidente Emmanuel Macron al rey Mohamed VI en julio de 2024. París no solo respalda el Plan de Autonomía como base exclusiva para una solución negociada, sino que ha detallado medidas prácticas: refuerzo de su presencia consular, apertura de un centro de visados, una Alianza Francesa en El Aaiun y una nueva escuela, junto con el acompañamiento de empresas francesas en inversiones en la región. Esta postura, unida al aval de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU (octubre de 2025), consolida un eje franco-marroquí que trasciende el Sáhara y se extiende a la estabilidad del Sahel y el mantenimiento de la paz en el continente africano.

Desde Costa de Marfil, la ministra de Asuntos Exteriores Nialé Kaba reafirmó durante su primera visita de trabajo a Rabat la “posición firme y constante” de su país a favor de la integridad territorial y la soberanía marroquí sobre todo su territorio, incluida la región del Sáhara. Abidján celebra el Plan de Autonomía y la resolución 2797, y ve en la apertura de su Consulado General en El Aaiun, en 2020, un símbolo de la asociación estratégica bilateral. Este respaldo de un actor clave en África Occidental refuerza la narrativa marroquí de un consenso creciente en el continente.

Guinea ha sido igualmente clara. Su ministro de Asuntos Exteriores, Morissanda Kouyaté, describió el apoyo de Conakry como “constante e inmutable” a la marroquinidad del Sáhara y al plan de autonomía como “la única solución creíble y realista”. Kouyaté vinculó esta posición a la dinámica impulsada por el rey Mohamed VI y al consenso internacional plasmado en la resolución de la ONU.

Desde el Caribe, Haití ha reiterado su respaldo a través de su ministra de Asuntos Exteriores, Raina Forbin. Puerto Príncipe defiende la soberanía marroquí, el plan de autonomía y los avances socioeconómicos en las Provincias del Sur bajo el Nuevo Modelo de Desarrollo. El comunicado conjunto recuerda la apertura de la Embajada haitiana en Rabat y un Consulado General en Dajla en 2020, gestos que ilustran el alcance global de la diplomacia marroquí.

En el océano Índico, Madagascar expresó su apoyo a la integridad territorial del Reino y al Plan de Autonomía, saludando la resolución 2797 y destacando el principio de integridad territorial de los Estados miembros de la ONU. La ministra Alice N’Diaye subrayó el rol de Marruecos en la promoción del desarrollo africano y la cooperación Sur-Sur, alineándose con la visión continental del monarca alauí.

Guinea-Bisáu ha reafirmado su “apoyo indefectible” a través de su ministro João Bernardo Vieira, quien calificó la iniciativa de autonomía como “la única solución creíble y realista” y elogió la resolución de la ONU. Este posicionamiento, consistente a lo largo de los años, se suma a la apertura previa de un consulado en Dajla.

La República del Congo también ha estrechado lazos, centrando las conversaciones en la cooperación política, económica y en asuntos regionales africanos. Rabat ve en África Central una zona estratégica para expandir su presencia financiera y comercial, en sintonía con una estrategia más amplia de “coproducción y solidaridad” promovida por el rey Mohammed VI.

Estos respaldos recientes se inscriben en un contexto más amplio de reconocimientos internacionales. Estados Unidos mantiene su posición firme desde 2020, España ha avalado el Plan de Autonomía, y más de un centenar de países —según fuentes marroquíes— apoyan formalmente la propuesta de Rabat. La resolución 2797 del Consejo de Seguridad marcó un hito al consagrar el plan marroquí como base seria y creíble, con abstenciones notables pero sin votos en contra.

El Stimson Center enfatiza que esta proyección no se limita al Sáhara. Marruecos invierte en infraestructuras, agricultura, energías renovables y seguridad alimentaria en el continente, posicionándose como un socio fiable frente a modelos de influencia más extractivos. Su retorno a la Unión Africana en 2017 y su papel en foros como la Iniciativa Atlántica refuerzan esta imagen de potencia intermedia: ambiciosa pero pragmática, conectada con Europa sin dejar de mirar al Sur.

Sin embargo, este ascenso no está exento de desafíos. Argelia mantiene su oposición, su representante, el Frente Polisario insiste en reclamar autodeterminación y la situación humanitaria en los campamentos de Tinduf sigue siendo delicada. Aun así, la dinámica actual favorece a Rabat: el diálogo directo se reanuda bajo auspicios de la ONU y el apoyo occidental —Francia, EE.UU., España— parece consolidado.

Para el Reino de Mohammed VI, estos apoyos no son solo victorias diplomáticas puntuales, sino piezas de una estrategia de largo aliento que busca convertir su posición geográfica y su estabilidad institucional en influencia real. Como señala el Stimson Center, Marruecos ya no es un actor pasivo en el tablero euro-africano: es un protagonista que redefine alianzas y equilibrios en un mundo en transición. En Rabat, la diplomacia activa y la visión realista parecen estar dando sus frutos.

 

 

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