jueves, 15 de mayo de 2025

El secuestro de Amir Boukhors desata una tormenta diplomática entre Argelia y Francia




Un escándalo de espionaje reaviva heridas coloniales, agrava tensiones geopolíticas, congela la cooperación bilateral y pone en evidencia la represión del régimen argelino.

 

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El 29 de abril de 2024, Amir Boukhors, exmilitar y feroz opositor al régimen argelino conocido como Amir DZ, fue secuestrado en las afueras de París. Veintisiete horas después, aparecía drogado y aturdido en una zona boscosa. Lo que parecía un caso aislado se ha convertido en una crisis diplomática de gran calado entre Francia y Argelia, marcada por acusaciones de injerencia, espionaje y violación del derecho internacional.

Según la Fiscalía Nacional Antiterrorista (PNAT), detrás del secuestro se encontraba una célula compuesta por agentes de los servicios de inteligencia argelinos (específicamente la temida Dirección General de Documentación y Seguridad Externa -DGDSE-) y personal del consulado argelino en Francia. El plan era trasladar a Boukhors en un vehículo diplomático hasta Alicante y desde allí a Argel. La operación fracasó por motivos logísticos y por la inesperada reacción del propio Boukhors, que logró convencer a sus captores de que era un refugiado político protegido por Francia.

Las detenciones de varios implicados, entre ellos un vicecónsul y el ex primer secretario de la embajada argelina, Salah-eddine S., han provocado una escalada sin precedentes. Francia expulsó a una docena de funcionarios diplomáticos argelinos. Argelia respondió con la misma moneda, alegando “detención ostentosa e injustificada” y acusando a París de "menospreciar deliberadamente" sus instituciones.

“El secuestro de un opositor bajo asilo político constituye un acto inaceptable de extraterritorialidad y una amenaza directa a la soberanía nacional”, declaró Jean-Noël Barrot, ministro francés de Exteriores. “Responderemos con firmeza, sin ambigüedades ni complacencias”.

Las relaciones entre ambos países, marcadas por una historia común dolorosa, han ido deteriorándose desde el verano de 2023. La decisión de Emmanuel Macron de alinearse con Marruecos en el contencioso del Sáhara llevó a Argelia a retirar a su embajador. Las tensiones se agravaron aún más este año cuando ambos países lanzaron la llamada “Asociación Excepcional Reforzada”, un marco de colaboración sellado entre el rey Mohammed VI y el presidente Emmanuel Macron,

Desde entonces, la tensión ha ido en aumento, agravada por la detención en Argel del escritor franco-argelino Boualem Sansal, condenado por “atentar contra la integridad territorial del país”.

Para Francia, el caso Boukhors ha cruzado una línea roja. No solo se trata de una violación de su soberanía, sino de un desafío abierto a los valores republicanos que garantizan el derecho de asilo. Para Argelia, en cambio, se trata de un pulso geopolítico en el que París estaría protegiendo a “delincuentes disfrazados de activistas”.

El abogado de Boukhors, Éric Plouvier, asegura que “la operación fue organizada al más alto nivel del Estado argelino”. Las órdenes de arresto que Francia emitirá en breve contra altos mandos como el general de división Abdelghani Rachedi y el coronel Souahi Zerguine se enfrentan a un muro político: Argelia no reconoce su implicación y no contempla su entrega. “Sería una rendición humillante”, apuntan fuentes diplomáticas.

La figura de Amir Boukhors, con más de un millón de seguidores en TikTok y miles en otras redes, se ha convertido en un símbolo. Desde su refugio en Francia, ha denunciado sin descanso la corrupción de las élites argelinas y los abusos en los centros de detención secretos de Ben Aknoun y Blida, comparándolos con las infames prisiones del régimen sirio.

Francia, que rechazó su extradición en 2022 por riesgo de tortura, considera que Boukhors fue víctima de una “operación de Estado” en suelo francés. “No es solo un crimen, es un asunto de Estado”, sentencia Plouvier.

Mientras tanto, la cooperación bilateral en materia de seguridad, migración y energía permanece congelada. Los gestos de acercamiento de los últimos meses han quedado en nada. Lo que debía ser una primavera diplomática se ha transformado en un invierno de hielo.

Amir Boukhors, cuya lucha desafía a dos gobiernos, simboliza ahora el coste personal de enfrentarse al poder. Y su caso —más que un hecho aislado— evidencia las fisuras profundas de una relación todavía cautiva de su pasado colonial.

  

miércoles, 14 de mayo de 2025

La Asociación Excepcional Reforzada entre Marruecos y Francia llega al Sáhara marroquí



La intensa relación de amistad entre Marruecos y Francia no es solamente fruto de la historia o la geografía, sino también de una voluntad compartida de encarar juntos los desafíos del desarrollo.

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La asociación entre el Reino de Marruecos, tejida a lo largo de décadas, ha conocido en los últimos meses un nuevo impulso en una región de enorme simbolismo político y económico: el Sáhara marroquí.

El reciente viaje de Rémy Rioux, director general de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), a la región de Dajla-Ued Edahab, confirma el interés de París por acompañar a Rabat en su estrategia de crecimiento equilibrado e integrador. Acompañado por una importante delegación francesa,

La Agencia Francesa de Desarrollo (Agence Française de Développement, AFD). Conocida entre 1992 y 1998 como Caisse Française de Développement (CFD), literalmente Fondo Francés para el Desarrollo. Es una institución financiera pública que contempla las políticas de desarrollo y solidaridad internacional de Francia.

En su visita el Director Rioux ha dejado claro que la cooperación bilateral trasciende las palabras y se traduce en acciones concretas. “La AFD, en nombre del Estado francés, desea explorar los medios de contribuir al desarrollo de la región de Dajla-Ued Edahab”, declaró tras reunirse con las autoridades locales.

Una apuesta por el desarrollo regional

El objetivo es ambicioso pero estratégico: consolidar una red de cooperación que permita transformar a la bella ciudad – puerto de Dajla —puerta del Sáhara Atlántico— en un polo de desarrollo sostenible. Para ello, Francia pone sobre la mesa no sólo fondos, sino también conocimiento técnico y una red de colaboración institucional que articula los intereses del Estado francés con los del Reino marroquí.

La presencia de la AFD en esta región se inscribe en la llamada “Asociación Excepcional Reforzada”, un marco de colaboración sellado entre el rey Mohammed VI y el presidente Emmanuel Macron, cuyo alcance va más allá de los protocolos diplomáticos. Se trata de una hoja de ruta que contempla desde la financiación de infraestructuras hasta el refuerzo de capacidades locales.

Dajla: un enclave con vocación global

La delegación gala visitó las obras del puerto de Dajla Atlántico, una de las piezas clave del nuevo modelo de desarrollo impulsado por Rabat para las provincias del sur. Este proyecto emblemático no sólo persigue mejorar la conectividad marítima y logística, sino también dinamizar sectores como la pesca, el turismo y las energías renovables.

Rioux se mostró “impresionado” por las riquezas naturales y culturales de la región: el océano Atlántico, los paisajes desérticos, los yacimientos arqueológicos y la diversidad patrimonial forman un mosaico que, adecuadamente gestionado, podría convertirse en motor de crecimiento económico.

El interés francés por este enclave estratégico no es casual. Marruecos representa desde hace años un socio prioritario para París, tanto en el plano económico como en el geopolítico. La estabilidad institucional del Reino, su papel en la gestión de los flujos migratorios y su creciente protagonismo en el África subsahariana lo convierten en un aliado de primer orden para Francia en un contexto de reconfiguración de las alianzas globales.

Diplomacia de desarrollo

Pero más allá de las cifras y los proyectos, la visita de la AFD deja entrever una forma de diplomacia basada en la cooperación horizontal y el codesarrollo. En lugar de exportar modelos prefabricados, París apuesta por fortalecer las capacidades de los actores locales —los consejos regionales, las sociedades de desarrollo local, los servicios multiservicios— para que sean ellos quienes definan su hoja de ruta.

Este enfoque ha sido bien recibido por las autoridades marroquíes, que subrayan la importancia de construir una relación basada en el respeto mutuo y los intereses compartidos. “Esta cooperación se enmarca en una visión común del desarrollo integrador y sostenible”, afirmó Ali Khalil, wali de la región.

Lazos históricos, desafíos contemporáneos

Francia y Marruecos comparten una historia y elementos culturales comunes, pero también por una intensa relación humana y económica. Más de 1,3 millones de marroquíes viven en Francia, y el Reino es uno de los principales destinos de inversión de las empresas francesas en África.

Sin embargo, en los últimos años, la relación bilateral ha atravesado ciertos altibajos. La visita de la AFD a Dajla puede interpretarse también como un gesto de distensión, un intento de retomar el pulso a una cooperación que necesita actualizarse al ritmo de los nuevos desafíos: la lucha contra el cambio climático, la seguridad energética, la movilidad juvenil y la transformación digital.

Más allá del simbolismo

El compromiso de Francia en el Sáhara marroquí tiene también una carga simbólica. Al invertir en esta región, París envía una señal política que no pasa desapercibida en un contexto internacional en el que la cuestión del Sáhara Occidental sigue siendo objeto de tensiones diplomáticas. Marruecos, que defiende una solución basada en la autonomía bajo su soberanía, encuentra en Francia un socio dispuesto a acompañar su visión de desarrollo, sin interferencias políticas pero con una clara apuesta por la estabilidad regional.

Una alianza por redescubrir

La relación entre Rabat y París no se define ya únicamente por la historia o por la lengua común, sino por la capacidad de reinventarse frente a los desafíos del siglo XXI. En ese camino, el desarrollo de Dajla y de las provincias del sur se convierte en una metáfora de una relación bilateral que, lejos de agotarse, busca nuevos horizontes.

El Sáhara se consolida así como un escenario privilegiado para que Marruecos y Francia ensayen una diplomacia de futuro: una alianza basada en proyectos tangibles, respeto mutuo y una visión compartida del desarrollo. Una relación especial que, como el océano que baña Dajla, encuentra en la profundidad su mejor anclaje.

 

lunes, 12 de mayo de 2025

De la mano del rey Mohammed VI Marruecos refuerza su resiliencia ante catástrofes


En una muestra de previsión estratégica y liderazgo institucional, Marruecos ha iniciado un ambicioso programa de infraestructura humanitaria con la construcción de plataformas regionales de reservas de primera necesidad.

 

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Impulsado personalmente por Su Majestad el Rey Mohammed VI, el proyecto de construcción de una plataforma de reservas de primera necesidad constituye una piedra angular del modelo marroquí de resiliencia ante catástrofes naturales y emergencias complejas. La ceremonia inaugural de las obras en la región de Rabat-Salé-Kenitra, celebrada en la comuna de Ameur, marcó el punto de partida de una iniciativa que busca transformar la capacidad de respuesta del Reino frente a crisis humanitarias.

Una visión proactiva ante los desafíos del siglo XXI

La iniciativa, fruto de las expresas orientaciones del Rey Mohammed VI, pretende dotar a cada región de Marruecos de una plataforma de abastecimiento inmediato en situaciones de desastre. Inundaciones, seísmos, deslizamientos de tierra o incidentes químicos e industriales ya no encontrarán al país desprevenido. “Se trata de un modelo innovador, coherente con los principios de gobernanza preventiva y justicia territorial”, señalan fuentes del Ministerio del Interior.

El proyecto va más allá del almacenamiento de suministros: establece un sistema descentralizado y escalable que permitirá una movilización veloz de recursos en las 12 regiones del Reino. En Rabat-Salé-Kenitra, la futura plataforma ocupará 20 hectáreas y contará con cuatro almacenes de gran capacidad, refugios logísticos, un helipuerto y estacionamientos, todo con una inversión de 287,5 millones de dírhams (28,75 millones de dólares). La entrega está prevista en un plazo de doce meses.

La huella del monarca en la arquitectura del socorro nacional

Mohammed VI ha sido el principal artífice de esta arquitectura nacional de respuesta. No se trata simplemente de una decisión técnica o administrativa, sino de una apuesta política con visión de largo plazo. El Rey, acompañado por el Príncipe Heredero Moulay El Hassan durante la presentación del proyecto, ha insistido en un enfoque integral y anticipatorio. Su estrategia busca evitar la improvisación ante desastres, una lección que Marruecos aprendió con crudeza tras el terremoto de Al Haouz.

La planificación contempla una inversión total de 7.000 millones de dírhams, de los cuales 2.000 millones se destinarán a la construcción de las plataformas y 5.000 millones a la adquisición de productos y equipos. Estas instalaciones albergarán reservas suficientes para atender hasta tres veces las necesidades que se presentaron tras el citado seísmo.

Infraestructura y humanidad: qué contienen las plataformas

Cada plataforma dispondrá de un amplio espectro de medios destinados a garantizar la supervivencia y dignidad de las poblaciones afectadas. Entre ellos destacan:

  • Alojamiento inmediato: con la adquisición de 200.000 tiendas de campaña multiusos, colchones, mantas y camas de campamento.
  • Restauración y alimentación: cocinas móviles, panaderías de campaña y kits alimentarios para familias damnificadas.
  • Agua y electricidad: equipos móviles de potabilización de agua y generadores eléctricos para garantizar servicios básicos.
  • Salud de emergencia: 12 hospitales de campaña, módulos quirúrgicos de urgencia y reservas estratégicas de medicamentos.
  • Rescate y salvamento: herramientas específicas para luchar contra inundaciones, terremotos, derrumbes y riesgos tecnológicos o químicos.

Además, todo el sistema estará gestionado por personal capacitado y sujeto a normas rigurosas, conforme a los estándares internacionales de ayuda humanitaria y protección civil.

Un cambio de paradigma

Esta red de plataformas no sólo responde a la lógica de la emergencia, sino que configura un ecosistema nacional orientado a la producción local de equipamientos de socorro. Desde Rabat hasta Laayún, el mapa de Marruecos se vertebra así en torno a una infraestructura invisible pero vital: la del cuidado y la protección en los peores momentos.

El emplazamiento de las plataformas ha sido determinado tras un estudio pormenorizado de los riesgos regionales y la densidad poblacional. En regiones como Casablanca-Settat o Marrakech-Safi, con mayores concentraciones humanas y exposición a peligros sísmicos, se han previsto centros logísticos de mayor envergadura.

Un modelo replicable

Expertos en gestión de catástrofes señalan que la iniciativa marroquí podría convertirse en un modelo a seguir para otros países del sur global. Al combinar centralización estratégica con despliegue regional, Marruecos logra un equilibrio entre eficacia operativa y equidad territorial. “Este programa refuerza la soberanía humanitaria del país”, afirma un alto funcionario del gabinete real.

En una región geopolíticamente volátil, expuesta al cambio climático y con importantes brechas de infraestructura, el liderazgo del Rey Mohammed VI en esta materia ofrece una respuesta moderna, estructural y empática. No se trata sólo de ayudar en la emergencia, sino de preparar al país para afrontarla con dignidad, eficacia y humanidad.

Esto marca una gran diferencia con la situación de otros países del Norte de África

Argelia, por ejemplo, segundo país en tamaño del continente africano, ha sido históricamente vulnerable a seísmos —como el devastador terremoto de Boumerdès en 2003— e incendios forestales. Aunque dispone de capacidades logísticas considerables a través de su ejército y la Protección Civil, su modelo sigue centrado en la reacción más que en la previsión estructurada.

La respuesta argelina a catástrofes suele depender de almacenes centrales y decisiones de emergencia. A diferencia de Marruecos, no existe un programa nacional de plataformas regionales preposicionadas, lo que puede alargar los tiempos de respuesta en zonas periféricas como la Cabilia o el Sahara argelino. Las recientes crisis climáticas han evidenciado lagunas en la gestión coordinada de recursos y en la descentralización operativa.

Túnez ha logrado avances institucionales en la gestión del riesgo desde la revolución de 2011, pero sus capacidades logísticas siguen siendo limitadas. El país depende en gran medida de la cooperación internacional para la provisión de equipos de emergencia y asistencia técnica. La Agencia Nacional de Protección Civil tiene un papel destacado, aunque con escasos recursos frente a eventos como inundaciones o incendios forestales.

En comparación con el programa marroquí, Túnez carece de una visión de largo plazo que integre reservas estratégicas y producción nacional de equipos de rescate. Las dificultades presupuestarias y la inestabilidad política han frenado proyectos de gran escala en este ámbito.

Egipto ha priorizado la modernización de sus infraestructuras críticas desde el mandato de Abdel Fattah al-Sisi. En el ámbito de la protección civil, cuenta con capacidades considerables, especialmente en El Cairo y Alejandría. Sin embargo, el enfoque egipcio tiende a concentrarse en grandes centros urbanos, dejando vulnerables a regiones como el Sinaí o el Alto Egipto.

El país ha desarrollado sistemas de alerta temprana, centros de mando unificado y almacenes militares, pero aún no ha desplegado una red descentralizada de reservas estratégicas como la que impulsa Marruecos. La centralización de los recursos puede entorpecer una intervención rápida en zonas alejadas del eje del Nilo.

Marruecos: modelo descentralizado, preventivo y escalable

En este contexto, el programa marroquí sobresale por su visión descentralizada, anticipatoria y sostenible. No solo abarca todas las regiones del Reino, sino que incorpora criterios de riesgo, densidad poblacional y proximidad logística. La inversión en hospitales móviles, generadores eléctricos, unidades potabilizadoras de agua y cocinas móviles coloca a Marruecos en una posición avanzada en la gestión humanitaria del siglo XXI.

Además, el desarrollo de un ecosistema industrial nacional para producir los equipos necesarios refuerza la autonomía del país y crea capacidades permanentes. Esta dimensión de soberanía logística y tecnológica es aún incipiente en otros países vecinos.

Hacia una arquitectura magrebí de resiliencia climática

Los desafíos que enfrentan los países del norte de África —cambio climático, urbanización acelerada, riesgos sísmicos y escasez hídrica— exigen respuestas innovadoras y cooperativas. El modelo marroquí podría inspirar una agenda magrebí de resiliencia compartida, donde la experiencia, la tecnología y los recursos se pongan al servicio de una región más preparada y cohesionada.

Sin embargo, para que esa cooperación avance, será necesario superar tensiones diplomáticas crónicas, especialmente entre Marruecos y Argelia. Mientras tanto, Marruecos consolida su liderazgo en este campo, demostrando que la previsión también es una forma de soberanía.

 

jueves, 1 de mayo de 2025

Marruecos abre el Atlántico al Sahel: la ambiciosa apuesta de Mohammed VI para integrar África


 

Por Adalberto Agozino

La Iniciativa Atlántica de Marruecos, lanzada por el Rey Mohammed VI en 2023, ha recibido el amplio apoyo de Alianza de Estados del Sahel y ha comenzado reconfigurar el panorama geopolítico africano.

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En un continente donde las fronteras terrestres pesan más que las marítimas y donde las carencias estructurales continúan condicionando el desarrollo, Marruecos ha decidido tender un puente de dimensiones históricas entre el Atlántico y el corazón árido del Sahel. Bajo la iniciativa personal del rey Mohammed VI, el Reino alauí ha lanzado la denominada Iniciativa Atlántica, un proyecto que trasciende las infraestructuras para situarse como una apuesta geoestratégica destinada a redibujar las rutas comerciales, energéticas y diplomáticas del oeste africano.

De las palabras a los hechos

Anunciada oficialmente en noviembre de 2023 y consolidada con una serie de encuentros diplomáticos en Rabat en abril de 2025, la Iniciativa Atlántica es fruto de la visión personal del Rey de Marruecos, Mohammed VI, quien ha reiterado que “los problemas que afrontan los países africanos del Sahel no se resolverán únicamente con medidas militares, sino con cooperación y desarrollo compartido”.

A diferencia de otras propuestas que han quedado atrapadas en los laberintos burocráticos de la Unión Africana o de las grandes potencias extranjeras, la apuesta de Marruecos se caracteriza por su enfoque pragmático, su base en la cooperación Sur-Sur y su respeto por la soberanía de los países socios. La iniciativa propone abrir un corredor comercial que permita a los países sin litoral de la Alianza de Estados del Sahel —Burkina Faso, Malí y Níger— un acceso directo al Océano Atlántico a través de infraestructuras modernas como el megapuerto de Dajla, actualmente en construcción en las provincias del Sur del Reino.

En palabras del presidente del Instituto Marroquí de Inteligencia Estratégica, Abdelmalek Alaoui, se trata de “conectar capacidades de producción aire-tierra-mar”, facilitando no solo la exportación e importación de bienes, sino también la circulación de personas, capitales y conocimientos​.

El Sahel, un socio estratégico que mira al Atlántico

La acogida de la propuesta no se ha hecho esperar. Los ministros de Asuntos Exteriores de los tres países de la Alianza de Estados del Sahel, D. Karamoko Jean Marie Traore, ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación Regional y Burkineses del Extranjero de Burkina Faso, D. Abdoulaye Diop, ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional de la República de Malí, y D. Bakary Yaou Sangare, ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación y Nigerinos en el Extranjero del Gobierno de Transición de la República de Níger, de visita en Rabat esta semana expresaron  su “apoyo total” a la iniciativa, que consideran una “oportunidad histórica” para diversificar sus rutas comerciales y fortalecer su autonomía económica. “No se trata solo de un acceso físico al mar, sino de una transformación profunda de nuestras economías”, aseguró el ministro burkinés Karamoko Jean Marie Traoré​.

Esta alianza emerge, además, en un contexto de tensiones crecientes con la CEDEAO (Comunidad Económica de Estados de África Occidental), de la que los tres países sahelianos se desvincularon en 2023. Desde entonces, la creación de la Alianza de Estados del Sahel (AES) y el giro hacia alianzas alternativas, como la que ofrece Rabat, suponen un giro en el tablero africano.

El respaldo de estos países no se limita a declaraciones diplomáticas. Los gobiernos de la AES ya han comenzado a trabajar en los niveles técnicos y logísticos necesarios para conectar sus territorios con las rutas que confluirán en el puerto de Dajla. Este puerto, cuya inversión supera los 12.000 millones de dírhams (unos 1.200 millones de euros), tendrá una capacidad proyectada de 37 millones de toneladas anuales, convirtiéndose en un hub logístico de primer nivel para la región​.

Integración energética, alimentaria y comercial

La iniciativa marroquí no se limita a lo portuario. Aglutina una serie de proyectos complementarios que incluyen la interconexión energética, el desarrollo de redes ferroviarias y carreteras, y programas como la Triple A (Adaptación de la Agricultura Africana) impulsados por Rabat para mejorar la seguridad alimentaria y la resiliencia agrícola del continente​.

El proyecto también se inscribe en la estrategia del gasoducto Nigeria-Marruecos, una obra titánica que pretende conectar a 14 países de la fachada atlántica africana, promoviendo la integración energética y la seguridad de suministro.

“Lo que Marruecos está proponiendo es una plataforma regional flexible, moderna y conectada que sitúa a la costa atlántica como un área clave para la energía, el comercio, la inversión y la seguridad marítima”, subraya la ministra marroquí de Transición Energética, Leila Benali​.

Repercusiones continentales y nuevo liderazgo africano

La Iniciativa Atlántica de Mohammed VI no solo reconfigura las relaciones de Marruecos con el Sahel, sino que proyecta una nueva arquitectura de alianzas para todo el continente. Frente a la creciente presencia de China, Rusia y Turquía en África, Marruecos ofrece un modelo alternativo basado en la cooperación regional, la estabilidad institucional y una economía emergente que aspira a ser locomotora continental.

El respaldo de actores internacionales como Estados Unidos, España y Francia que ven en la iniciativa marroquí una oportunidad para contrarrestar la influencia de otras potencias en África, podría consolidar aún más este liderazgo​.

Además, la iniciativa se enmarca en la aspiración de Rabat de convertirse en un socio esencial en la diplomacia africana. Marruecos no solo busca consolidar su posición en la Unión Africana —a la que regresó en 2017 tras décadas de ausencia— sino también posicionarse como un interlocutor privilegiado ante la comunidad internacional, especialmente de cara a eventos como la Copa Mundial de 2030, que coorganizará junto a España y Portugal.

Un proyecto de largo aliento

A diferencia de los megaproyectos que suelen languidecer en las etapas iniciales, la Iniciativa Atlántica ha comenzado a materializarse a pasos agigantados. Según fuentes diplomáticas en Rabat, las primeras fases de conexión terrestre y acuerdos logísticos se pondrán en marcha en el segundo semestre de 2025, con la expectativa de que el puerto de Dajla inicie operaciones parciales en 2027.

Para Mohammed VI, esta apuesta no es solo una cuestión de estrategia, sino de legado. La construcción de una “comunidad afro-atlántica” —como la denominan en círculos oficiales marroquíes— se presenta como el proyecto que podría definir su reinado en las próximas décadas.

El éxito o fracaso de la iniciativa dependerá, no obstante, de la estabilidad política de los países socios, de la continuidad de las inversiones y de la capacidad del Reino de  Marruecos para mantener un delicado equilibrio entre cooperación y liderazgo. Por ahora, Rabat parece haber comprendido mejor que nadie que, en África, las alianzas sólidas se construyen tanto en los puertos como en las mesas de negociación.

 

martes, 29 de abril de 2025

India y Paquistán: el viejo conflicto de Cachemira se asoma al abismo nuclear


 

El subcontinente indio, una de las regiones más densamente pobladas y sensibles del planeta, vuelve a estremecerse. Tras el brutal atentado en Pahalgam, Cachemira, que dejó 26 muertos —en su mayoría turistas indios—, las tensiones entre India y Pakistán han escalado peligrosamente, reavivando un conflicto que durante décadas ha oscilado entre el enfrentamiento abierto y la tensa calma militarizada.

El atentado que encendió la mecha

El 22 de abril, hombres armados irrumpieron en la popular estación montañosa de Pahalgam. Las víctimas, mayoritariamente hindúes, fueron atacadas en un asalto que evocó los peores años de violencia en Cachemira durante la década de 1990. La reivindicación del ataque por parte del Frente de Resistencia (TRF), un grupo insurgente vinculado a Lashkar-e-Taiba, conocido por su historial de atentados en India, no ha servido para calmar los ánimos. Nueva Delhi señala directamente a Pakistán, acusándolo de seguir patrocinando el “terrorismo transfronterizo”. Islamabad lo niega tajantemente.

Las respuestas no tardaron en llegar: India suspendió unilateralmente el Tratado de Aguas del Indo —un acuerdo vital para la seguridad hídrica de Pakistán desde 1960—, prohibió el acceso aéreo a aerolíneas pakistaníes, redujo su representación diplomática y expulsó a 5.000 ciudadanos paquistaníes residentes den Delhi. Pakistán, por su parte, expulsó diplomáticos indios, cerró su espacio aéreo y advirtió que cualquier manipulación del caudal del Indo sería considerada “acto de guerra”.

Actores e intereses en juego

India: una potencia emergente bajo presión

El gobierno del primer ministro Narendra Modi, inmerso en una campaña electoral anticipada, se enfrenta al reto de mantener su narrativa de fortaleza nacionalista. Desde la revocación en 2019 del estatus de autonomía especial de Jammu y Cachemira, el Ejecutivo indio ha prometido una “normalización” de la región. El atentado, sin embargo, pone en cuestión ese relato y exige una respuesta contundente.

Para Modi, el conflicto también es una cuestión de prestigio internacional. India, convertida ya en la quinta economía del mundo, con un crecimiento del productor bruto interno de entre el 7 y 8% anual, aspira a reformar el multilateralismo global y a obtener un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU​. Ceder ante un atentado sería incompatible con esa ambición.

India tiene una de las industrias de defensa más grandes del mundo después de los Estados Unidos, Rusia, China y Alemania. El país fabrica helicópteros, drones y artillería además de armas ligeras. Al mismo tiempo, India se ha convertido en uno de los principales compradores de armas a nivel mundial debido a la creciente amenaza de seguridad y la necesidad de modernizar su Ejército. La India ha estado invirtiendo en el desarrollo de una fuerza militar moderna y se ha comprometido a aumentar sus compras de armamento para fortalecer su seguridad.

Pakistán: atrapado entre la presión interna y el aislamiento exterior

Pakistán, bajo el liderazgo de Shehbaz Sharif, atraviesa una profunda crisis económica y de legitimidad política. Aislado de sus antiguos aliados árabes, que ahora priorizan la modernización económica sobre el respaldo ideológico, Islamabad ha volcado sus esfuerzos diplomáticos en China e Irán​. Su tradicional estrategia de internacionalizar el conflicto de Cachemira encuentra ahora poco eco en las cancillerías occidentales y árabes.

Para Sharif, aceptar las acusaciones de India sería políticamente suicida en un país donde Cachemira sigue siendo una causa nacionalista transversal. A su vez, responder de manera desproporcionada podría desencadenar una guerra abierta que Pakistán, debilitado, difícilmente podría sostener.

Otros actores: el papel de las grandes potencias

Estados Unidos, en plena redefinición de su política exterior tras el desgaste en Ucrania y Oriente Medio, mantiene una postura ambigua, llamando a la “moderación” pero sin ofrecer una mediación activa. Irán y Egipto han ofrecido sus buenos oficios para una posible negociación, aunque con escasas perspectivas de éxito real​.

China, aliada estratégica de Pakistán pero también rival de India en los Himalayas, observa los acontecimientos con interés pero evita por ahora un involucramiento directo que pueda afectar sus propios planes de expansión económica en Asia meridional.

Aunque India y Pakistán son los protagonistas de esta historia, China también posee una pieza estratégica del rompecabezas. En la parte noreste de la región, Shaksgam y Aksai Chin son administradas por el gigante asiático, pero reclamadas por India. Si bien el valle de Shaksgam apenas está habitado debido a su difícil geografía, Aksai Chin es crucial para la conectividad terrestre entre Tíbet y la región occidental de Xinjiang.

China estableció su control sobre Aksai Chin en la década de 1950 por medio de la construcción de una carretera que unía Xinjiang con Tíbet, atravesando un territorio reclamado por India. Este país se opuso a la presencia china en la zona, y las tensiones se intensificaron hasta la breve pero intensa guerra chino-india de 1962. Después de ese conflicto, China retuvo el control de Aksai Chin y lo ha administrado desde entonces. En los últimos años, Pekín ha ampliado su presencia militar a lo largo de la disputada Línea de Control Real, destinada a demarcar la frontera entre China e India, lo que ha llevado a frecuentes enfrentamientos entre tropas de ambos bandos.

¿Un nuevo conflicto armado?

La dinámica de escalada recuerda peligrosamente a la crisis de Pulwama de 2019, cuando India lanzó ataques aéreos en territorio paquistaní tras otro atentado en Cachemira​. Esta vez, sin embargo, el escenario es aún más inestable: se han destruido los pocos puentes de diálogo que quedaban, incluidos los acuerdos bilaterales de Simla (1972) y el marco de cooperación sobre el agua.

Los analistas temen que un pequeño error de cálculo pueda desembocar en un conflicto mayor entre dos potencias nucleares. La militarización extrema de Cachemira —con más de 750.000 soldados indios desplegados— y la presencia de grupos insurgentes bien armados elevan el riesgo de incidentes imprevisibles.

Además, el retiro de moderadores regionales —como Arabia Saudí o los Emiratos Árabes Unidos, centrados en su transformación interna— deja a India y Pakistán sin canales de mediación efectivos​.

Escenarios posibles

1. Escenario más favorable: Contención diplomática y desescalada progresiva

En el mejor de los casos, la presión internacional —particularmente de China, Estados Unidos y la Unión Europea— lograría imponer una lógica de contención. Bajo este escenario, ambas partes aceptarían establecer canales de comunicación de emergencia, quizás a través de Egipto o Irán como mediadores discretos.

India reduciría sus operaciones militares a medidas antiterroristas internas en Cachemira, evitando ataques a gran escala contra Pakistán. Islamabad, a su vez, actuaría para limitar las actividades de grupos insurgentes en su territorio, incluso si es solo de forma simbólica.

Aunque la tensión seguiría latente, se restaurarían parcialmente los acuerdos de cooperación sobre el agua y se reabrirían canales diplomáticos básicos. La violencia disminuiría a niveles "controlados" y ambos países podrían centrarse en sus desafíos económicos internos.

2. Escenario más probable: Conflicto de baja intensidad prolongado

El escenario más probable apunta a una prolongación de la crisis bajo la forma de un conflicto de baja intensidad. En este contexto, se producirían enfrentamientos regulares en la Línea de Control, atentados esporádicos en Cachemira y campañas diplomáticas hostiles en foros internacionales.

Nueva Delhi incrementaría su presencia militar y adoptaría medidas más duras en Cachemira, mientras Islamabad reforzaría su retórica de apoyo a los derechos de los cachemires. La ruptura del Tratado del Indo añadiría nuevas tensiones medioambientales y humanitarias.

Este escenario mantendría a ambos países atrapados en una espiral de desconfianza, sin un conflicto abierto pero con un riesgo constante de escalada accidental.

3. Escenario menos probable: Escalada militar y guerra limitada

En el peor de los casos, un nuevo atentado o un incidente fronterizo grave podría desencadenar ataques militares directos. India podría optar por ataques "quirúrgicos" sobre campamentos de insurgentes en territorio pakistaní, como ya hizo en 2016 y 2019.

Pakistán respondería militarmente para evitar aparecer débil, lo que iniciaría una guerra limitada a Cachemira, con combates terrestres y ataques aéreos. A pesar de la posesión de armas nucleares por ambas partes, los analistas creen que existe un umbral "convencional" antes de cualquier consideración nuclear. Sin embargo, el riesgo de error de cálculo sería extremadamente alto, con consecuencias desastrosas para toda la región.

En este escenario, además del colapso económico y humanitario en ambas naciones, el conflicto podría internacionalizarse si China o Estados Unidos se ven obligados a intervenir de algún modo

sábado, 26 de abril de 2025

Marruecos acelera hacia el futuro


Con el sonido inaugural del silbato ferroviario en la estación de Rabat - Agdal, Marruecos ha vuelto a marcar un hito en su modernización no solo del Reino sino también que impulsa el progreso de todo el continente africano.

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El Rey Mohammed VI, acompañado por responsables del Gobierno y directivos del sector ferroviario, dio luz verde, el pasado jueves, a las obras de la nueva Línea de Alta Velocidad (LAV) Kenitra-Marrakech. Se trata de una infraestructura que no sólo simboliza el progreso técnico del país, sino que refleja una ambición continental: convertir al Reino en un referente africano en movilidad sostenible y conectividad regional.

La futura línea, de 430 kilómetros y con una velocidad prevista de 350 km/h, permitirá unir Tánger con Marrakech en apenas 2 horas y 40 minutos, una hazaña impensable hace una década. El ahorro de tiempo, que llega a superar las dos horas en algunos trayectos, supone una transformación radical de la movilidad y del acceso entre los principales polos económicos y turísticos del país.

La visión de un monarca modernizador

Desde que en 2018 se inaugurara el primer tren de alta velocidad africano —el Al-Boraq, que une Tánger con Casablanca— Marruecos se posicionó como pionero del sector ferroviario en el continente. Detrás de este impulso se encuentra la figura del monarca alauí. El Rey Mohammed VI ha convertido el desarrollo ferroviario en un eje central de su proyecto de país: moderno, integrado y competitivo. Su implicación directa en los lanzamientos, como el de esta nueva LAV, no es casual. Representa una visión estratégica que combina innovación, cohesión territorial y sostenibilidad.

Bajo su liderazgo, Marruecos ha trazado un ambicioso plan de inversiones: 96.000 millones de dirhams (unos 9.600 millones de dólares) destinados no solo a la construcción de nuevas líneas, sino también a la renovación integral de la flota ferroviaria y a la creación de un ecosistema industrial propio. De esta inversión, 53.000 millones serán asignados exclusivamente a la línea Kenitra-Marrakech.

Francia, país que se ha convertido en socio estratégico del proyecto ferroviario marroquí fue el primer Estado en felicitar a Su Majestad el Rey Mohammed VI por el exitoso lanzamiento de este innovador proyecto ferroviario.

“¡Viva la amistad entre Marruecos y Francia!”, se felicitó Macron en sus cuentas oficiales de Instagram y X, aplaudiendo el hecho de que “¡la cooperación franco-marroquí avanza a gran velocidad!”.

“Su Majestad el Rey Mohammed VI inauguró la nueva línea de alta velocidad entre Kenitra y Marrakech. Es el resultado concreto de las asociaciones establecidas entre nuestras empresas (en referencia a la Oficina Nacional de Ferrocarriles -ONCF- de Marruecos y la Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses -SNCF-) durante mi visita de Estado a Marruecos el pasado octubre”, subrayó el jefe de Estado francés.

Un país sobre raíles

La Oficina Nacional de Ferrocarriles (ONCF), verdadero brazo ejecutor del plan ferroviario, ha lanzado un programa sin precedentes para adquirir 168 nuevos trenes, entre los que se incluyen 18 unidades de alta velocidad, 60 lanzaderas rápidas y 50 trenes para redes metropolitanas en Casablanca, Rabat y Marrakech. Estas ciudades, que concentran más del 65 % del PIB nacional, se verán así conectadas de manera más eficaz con los aeropuertos, puertos y zonas industriales del país.

Más allá del impacto sobre los tiempos de desplazamiento, esta nueva red permitirá liberar capacidad en las líneas convencionales, que se reorientarán hacia servicios de cercanías y trenes regionales. La meta es clara: que el tren no sea sólo una opción para los grandes desplazamientos, sino una alternativa cotidiana al automóvil en los entornos urbanos.

Sostenibilidad como principio rector

El componente ecológico es otro de los pilares del proyecto. Gracias a que el 90 % de los trenes operarán con electricidad y bajo criterios de eficiencia energética, se estima que se evitará la emisión de un millón de toneladas de CO al año. El tren se consolida así como la punta de lanza de la descarbonización del transporte en Marruecos, país que aspira a cumplir con los objetivos climáticos globales y a liderar la transición verde en el norte de África.

El Plan Raíl Marruecos 2040, diseñado por la ONCF, pretende extender las líneas de alta velocidad hasta los 1.500 kilómetros y conectar 43 ciudades con más de 100.000 habitantes, 15 aeropuertos internacionales y 12 puertos comerciales. La LAV Kenitra-Marrakech es sólo la primera gran pieza de ese rompecabezas.

Un motor económico nacional

A este esfuerzo estructural se suma la creación de un ecosistema ferroviario industrial local. Más del 40 % del programa será producido con integración marroquí, lo que supondrá la creación de miles de empleos y el surgimiento de nuevas pymes proveedoras del sector. La colaboración con empresas extranjeras —como Alstom (Francia), Hyundai Rotem (Corea del Sur) y CAF (España)— no sólo ha permitido dotar al país de trenes de última generación, sino también formar a centenares de técnicos e ingenieros locales.

La ONCF ha calculado que sólo el plan Cap 2030 generará más de 10.000 empleos directos y multiplicará por cuatro la oferta diaria de trenes, alcanzando los 1.000 servicios diarios. En 2024, el sistema ferroviario marroquí transportó a 53 millones de pasajeros, una cifra que se espera duplicar con la entrada en funcionamiento de las nuevas líneas, en especial ante el desafío logístico que supondrá la organización del Mundial de Fútbol de 2030, compartido con España y Portugal.

Para dimensionar con mayor exactitud la importancia del proyecto ferroviario que está implementando Marruecos basta con señalar que en América Latina y el Caribe no existe ninguna línea ferroviaria de alta velocidad.

Marruecos como hub continental

El impulso de Mohammed VI no se limita al ámbito nacional. Marruecos, gracias a su privilegiada posición geográfica, se perfila como puerta de entrada al África occidental y centro logístico estratégico entre Europa y el continente africano. Las conexiones ferroviarias de alta velocidad refuerzan esa vocación, proyectando la red nacional hacia el futuro corredor magrebí y abriendo el camino a futuras cooperaciones regionales.

El Rey no ha dudado en calificar la alta velocidad como una “palanca económica estratégica”. Una afirmación que ya empieza a tomar forma sobre los raíles y que promete redefinir el mapa del Marruecos del siglo XXI.

 

 

 

jueves, 24 de abril de 2025

La Argentina alienta al optimismo


 

El fin de siete años de cepo cambiario y la reducción de la inflación crean un panorama esperanzador para la Argentina gobernada por el libertario Javier Milei después del desquicio provocado por dos décadas de populismo kirchnerista.

A contracorriente de los vientos proteccionistas que azotan la economía global, y con una región marcada por el estancamiento, Argentina se perfila este 2025 como una excepción de peso en el mapa latinoamericano. El Fondo Monetario Internacional, tradicionalmente escéptico respecto a las variables argentinas, ha tenido que reconfigurar sus previsiones para ubicar al país austral entre las cinco economías con mayor crecimiento del planeta. La causa de esta mutación económica tiene un nombre propio: Javier Milei.

La economía argentina, tras dos años de contracción consecutiva, ha experimentado un rebote sorprendente. El Producto Interior Bruto creció un 5,7% interanual en febrero y el FMI estima un 5,5% de crecimiento total para el año. Aunque aún se trata de una recuperación desde una base baja, el ritmo y el contexto macroeconómico en que se produce son inéditos. La recuperación se da sin recurrir a políticas expansivas tradicionales, ni a controles de precios ni subsidios generalizados, sino más bien con una política de ajuste del gasto fiscal que ha sido tan severa como efectiva.

El fin del cepo

El pasado 11 de abril, el Gobierno de Milei anunció el desmantelamiento del cepo cambiario, vigente desde 2019, y la entrada en vigor de la Fase 3 de su plan económico. Lejos de provocar una corrida cambiaria, el levantamiento fue seguido por una apreciación del peso, que sorprendió incluso a los operadores más optimistas. El tipo de cambio oficial, ahora dentro de bandas de flotación, ha sido entregado al mercado, eliminando la noción de “dólar atrasado” tan arraigada en la historia económica argentina.

El ministro de Economía, Luis Caputo, y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, articularon una estrategia que conjuga disciplina fiscal, independencia monetaria y liberalización cambiaria. Esta arquitectura técnica ha logrado estabilizar precios relativos sin desatar la hiperinflación que algunos auguraban. El FMI lo resumió con una fórmula precisa: “ajuste fiscal fuerte y recuperación de la confianza”.

Una macroeconomía sobria

El éxito técnico contrasta, sin embargo, con el estilo político de Milei. Su liderazgo, incendiario en redes sociales y frontal en las formas, ha generado fisuras en el Congreso y tensiones con sectores moderados de la oposición. El desafío es claro: lograr que las reformas estructurales—tributaria, previsional y laboral—no sólo sean aprobadas, sino que adquieran carácter irreversible, aun en caso de alternancia política.

La paradoja argentina reside hoy en su convivencia entre una macroeconomía ortodoxa, digna de manuales liberales, y una praxis política más cercana a los vaivenes de la polarización global. “La brecha más difícil de cerrar ya no es la cambiaria, sino la institucional entre la macro y la política”, señala un asesor gubernamental.

El motor de la recuperación

Detrás del rebote económico destacan sectores puntuales como la gestión financiera (+30,2%), la pesca (+28,3%) y el comercio (+7,4%). La reactivación del crédito, ha revitalizado a las fintech y a la banca tradicional. La minería, otro pilar estratégico, también ha contribuido al nuevo impulso productivo.

No obstante, el crecimiento es desigual. Servicios esenciales como la salud (-0,5%) y la educación (+0,5%) siguen rezagados. El recorte del gasto público, necesario para sanear las cuentas fiscales, ha afectado a las capas más vulnerables, especialmente a los pensionados y trabajadores informales. La pobreza, aunque se redujo sustancialmente del 52,9% heredado del gobierno de Alberto Fernández al 38,1% de la población, una significativa caída de 14,8 puntos porcentuales, aún se mantiene escandalosamente alta.

Perspectivas y desafíos

El plan económico de Milei ha logrado sortear con éxito lo que históricamente ha arrastrado a sus antecesores: una crisis cambiaria con efectos hiperinflacionarios. Hoy, con una brecha cambiaria bajo control, inflación contenida y confianza en ascenso, Argentina ofrece señales de previsibilidad que vuelven a seducir a los inversores.

Pero el gran desafío es la sostenibilidad. Como lo señala Jorge Vasconcelos, economista jefe del IERAL, la estabilidad macro es condición necesaria pero no suficiente. Hace falta una fiscalidad ordenada, un marco laboral moderno y una apertura económica con sesgo productivo. Es decir, el "triángulo del crecimiento sustentable": estabilidad, sustentabilidad fiscal e inserción global.

En octubre, las elecciones legislativas pondrán a prueba el modelo Milei. El presidente deberá demostrar que puede construir mayorías parlamentarias estables sin ceder a la lógica del clientelismo o la improvisación. Por el momento, al menos, todo parece indicar que el gobierno de Javier Milei implementa un cambio estructural en la historia económica argentina.

Conclusión

Argentina parece haber encontrado en Milei una figura capaz de implementar un plan económico coherente y duradero, en un país donde la coherencia ha sido históricamente efímera. Si logra cerrar la brecha entre la institucionalidad técnica y la política, el país podría no solo recuperar terreno, sino marcar el inicio de un nuevo ciclo económico permanente. Si fracasa, el péndulo podría oscilar nuevamente hacia el populismo económico, una trágica historia por demás conocida.