miércoles, 23 de abril de 2025

El Tren de Aragua, la megabanda criminal venezolana que pone en jaque a Sudamérica


 

Por Adalberto Agozino

Su crecimiento como organización criminal transnacional ha convertido al Tren de Aragua en la principal amenaza para la seguridad interna de varios países de la región. Desde Venezuela hasta Chile, su presencia se atestigua por el incremento de la violencia, trata de personas y vínculos con otras mafias internacionales.

Contenido:

Una cárcel en Venezuela fue el punto de partida de uno de los grupos criminales más temidos del continente. Lo que nació como una banda de reclusos bajo el mando de un joven asesino conocido como el Niño Guerrero es hoy una estructura delictiva con presencia confirmada en más de diez países y considerada una amenaza mayor que el narcotráfico tradicional. Su nombre: el Tren de Aragua.

Desde su cuartel general en la Cárcel de Tocorón, el grupo fue construyendo un imperio criminal que combinaba la violencia extrema con una sorprendente capacidad de organización. Tocorón, intervenida en septiembre de 2023 por más de 11.000 efectivos venezolanos, no era una cárcel común: dentro de sus muros había una discoteca, campos deportivos, piscina y hasta un zoológico, según las investigaciones judiciales. El líder del Tren de Aragua, Héctor Rusthenford Guerrero Flores, (los Estados Unidos ofrecen cinco millones de dólares por información que permita su captura) vivía allí como un capo de película. Hasta que escapó, días antes del operativo, junto a unos 400 de sus hombres. Desde entonces, su paradero es desconocido.

Pero el Tren de Aragua no desapareció con Tocorón. Al contrario: la banda multiplicó su presencia regional, operando con redes descentralizadas que se replican en barrios pobres, pasos fronterizos y centros urbanos. Hoy se encuentra activa en Colombia, Perú, Chile, Brasil, Ecuador, Bolivia, Argentina, Costa Rica, Honduras e incluso Estados Unidos, donde ha sido reconocida como organización terrorista por el gobierno de Donald Trump este mismo año.

Exportando la violencia

Lo que distingue al Tren de Aragua no es solo su expansión geográfica. Es la brutalidad de sus métodos y su capacidad para adaptarse a distintos mercados delictivos. Desde la extorsión a comerciantes en Bogotá hasta la trata de mujeres en Santiago, desde la explotación de mineros ilegales en Venezuela hasta el narcotráfico en alianza con el Primer Comando de la Capital, en Brasil, la organización actúa como una multinacional del crimen.

En Perú, más de 520 integrantes han sido detenidos en los últimos 12 meses. En Chile, el secuestro y asesinato del exmilitar venezolano Ronald Ojeda, ejecutado con una precisión que recuerda a los carteles mexicanos, encendió todas las alarmas. En Colombia, su presencia en la frontera con Venezuela ha agravado la violencia en ciudades como Cúcuta y en zonas estratégicas para el contrabando de drogas y armas.

“El Tren de Aragua se instala allí donde el Estado no llega”, afirma un investigador chileno que prefiere mantenerse en el anonimato. “Se alimenta de la desesperación de los migrantes y del colapso institucional que vivimos en muchos países”.

Un sistema, no una banda

A diferencia de otras organizaciones criminales tradicionales, el Tren de Aragua no depende de un único rubro, sino que actúa como una red flexible que se ajusta a las oportunidades del entorno. Extorsión, secuestros, cobros ilegales, microcréditos usurarios, ciberdelitos, robos de viviendas, tráfico de armas, migrantes y drogas: todos estos rubros han sido documentados por organismos como INTERPOL, que lo considera ya una de las “principales amenazas transnacionales del hemisferio”.

Su estructura, al mismo tiempo jerárquica y celular, dificulta su desmantelamiento. Aunque las autoridades han capturado a figuras clave —como “Larry Changa”, uno de los responsables de su expansión en Chile—, la organización se rearma en forma de células locales con alto grado de autonomía.

En paralelo, se integra a redes delictivas preexistentes. En Brasil colabora con el Primer Comando de la Capital; en Colombia, con grupos como el Clan del Golfo; y en Chile, ha tejido lazos con bandas menores, en algunos casos desplazando a las locales con métodos de tortura y represión que recuerdan más a paramilitares que a simples pandilleros.

La amenaza de la fusión criminal

Los analistas advierten de un escenario aún más preocupante: la posible fusión del Tren de Aragua con otras organizaciones más grandes, como forma de supervivencia ante la presión policial. En algunos países ya se observan señales de que miembros de la banda han sido absorbidos por carteles regionales, lo que podría dar lugar a un nuevo actor híbrido, más peligroso y difícil de rastrear.

Mientras tanto, la organización sigue reclutando entre los sectores más vulnerables de la diáspora venezolana. Migrantes sin papeles, sin redes de apoyo, sin protección estatal. Es allí donde el Tren ofrece “seguridad” a cambio de silencio, obediencia o complicidad.

“La clave está en el terror”, señala una fuente policial en Lima. “Controlan barrios enteros sin disparar una bala, solo con su fama. Y cuando actúan, lo hacen con saña. Matan, descuartizan, filman. La idea es que nadie quiera enfrentarlos”.

¿Una respuesta a tiempo?

El desafío que plantea el Tren de Aragua exige más que redadas y detenciones esporádicas. Especialmente, porque una vez detenidos varios integrantes del Ten de Aragua en un mismo penal, al poco tiempo estos criminales toman el control internos de los establecimientos, sobornan o intimidan el personal penitenciario y captan a un grupo de internos y a través de ellos comienzan a cobrar “impuesto penitenciario” al resto de los internos. Por otra parte, los líderes del Tren de Aragua suelen coordinar y dirigir sus negocios ilícitos de fuera del penal desde sus lugares de reclusión sin mayores inconvenientes.

Según un informe de INTERPOL, es necesario un rediseño integral de los sistemas judiciales y penitenciarios de la región, con legislaciones más duras, mayor cooperación transfronteriza y cuerpos policiales blindados contra la corrupción.

Sería conveniente apelar a un conjunto de estrategias de seguridad de tipo radical, tales como el empleo de policías y magistrados “sin rostro”, complementados con penales de alta seguridad similares al Centro de Confinamiento del Terrorismo, inaugurado en 2023, por el presidente Nayib Bukele, en El Salvador.

Estados como Perú, Ecuador y Argentina han dado un paso simbólico al declarar al Tren de Aragua como organización terrorista. Pero los expertos advierten que la ventana para erradicarlo se está cerrando. Si logra consolidarse, podría transformar zonas vulnerables del continente en territorios gobernados por el crimen, como ya sucede en partes de México o Centroamérica.

En esa dirección, la prioridad parece clara: impedir que el Tren de Aragua eche raíces definitivas en los países donde ya ha puesto un pie. Porque una vez dentro, la historia muestra que es mucho más difícil sacarlo.


Con información de INTERPOL, Insight Crime, CNN, y fuentes judiciales de América Latina.

 

sábado, 19 de abril de 2025

Marruecos refuerza su posición en el Sáhara gracias a una diplomacia estratégica liderada por el Rey Mohammed VI


 

La Propuesta de un Plan para la Negociación de un Estatuto de Autonomía para la Región del Sáhara, presentado por Rabat ante Naciones Unidas, en 2007, sigue cosechando en forma abrumadora respaldos internacionales en un contexto de creciente aislamiento de Argelia.

En una coyuntura diplomática cada vez más favorable para Marruecos y bajo una ofensiva internacional cuidadosamente diseñada por el Rey Mohammed VI, La ropuesta para la Negociación de un Plan de Autonomía para la Región del Sáhara, presentado por Rabat en 2007 ante las Naciones Unidas, gana terreno como única alternativa viable para la resolución de uno de los conflictos más antiguos y artficial del continente africano. La lista de países que han expresado su respaldo se ha convertido en un catálogo de apoyos estratégicos que refuerza, semana tras semana, la posición del Reino Magrebí.

Uno de los últimos en sumarse ha sido una nación árabe y musulana: el Sultanato de Omán. En el marco de la séptima comisión mixta entre ambos países, el ministro de Asuntos Exteriores del Sultanato, Badr Bin Hamad Al Busaidi, anunció desde Rabat que Mascate reconoce la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara y considera el plan de autonomía como “una base seria y realista” para la resolución definitiva del conflicto. No se trató de una declaración simbólica: el Sultanato anunció su voluntad de abrir consulados en Dajla y El Aaiún, alineándose con potencias regionales como Emiratos Árabes Unidos, Jordania o Comoras que ya han formalizado su presencia diplomática en las provincias del sur.

La arquitectura del Plan de Autonomía

La propuesta marroquí, registrada oficialmente ante la ONU en abril de 2007, se enmarca en una solución política negociada bajo soberanía marroquí y prevé un régimen amplio de autogobierno para la región del Sáhara marroquí. El plan propone que los saharauis administren sus propios asuntos en áreas como la economía, la cultura, el medio ambiente o el desarrollo social, mientras que el Estado marroquí mantendría el control sobre la defensa, la seguridad nacional y las relaciones exteriores.

Este modelo ha sido saludado por numerosos actores internacionales como una “solución seria, creíble y realista” —fórmula que se repite en todos los comunicados oficiales emitidos por los países aliados—. Bajo esa lógica, la resolución 2.756 del Consejo de Seguridad de la ONU (octubre de 2024) ha servido de catalizador para nuevos posicionamientos favorables a Rabat, en un contexto de aislamiento progresivo de Argelia, principal sostenedora del Frente Polisario.

Europa del Este: nuevos respaldos, nuevas dinámicas

En los últimos días, Hungría, Croacia, Moldavia y Estonia han dado un paso al frente en el tablero diplomático. En Chisináu, el ministro moldavo Mihai Popșoi calificó el plan marroquí como “la base más seria y creíble” para una solución duradera. Durante la visita oficial de su homólogo marroquí, Nasser Bourita, ambos países firmaron cinco acuerdos estratégicos que consolidan sus relaciones bilaterales.

Desde Tallin, Estonia también mostró su respaldo inequívoco. El ministro Margus Tsahkna expresó su entusiasmo por una solución basada en la propuesta de 2007 y animó a otros Estados europeos a sumarse a esta línea política.

En la misma jornada, Hungría reafirmó su compromiso con el plan, dando instrucciones a su embajador en Rabat para visitar la región del Sáhara y evaluar sobre el terreno la situación política y socioeconómica.

Las potencias occidentales: coherencia en el respaldo

España, Francia, Estados Unidos y Reino Unido figuran entre los apoyos más destacados y antiguos al plan de autonomía. En Madrid, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, reiteró que la propuesta marroquí es “la base más seria, realista y creíble” para resolver el contencioso, en plena sintonía con las prioridades expresadas por el Gobierno de Rabat y reconocidas por Naciones Unidas.

Francia, por su parte, ha calificado su posición de “intangible”. El Quai d'Orsay recordó, tras una reunión entre Bourita y el ministro francés Jean-Noël Barrot, la carta que el presidente Emmanuel Macron envió a Mohammed VI en julio de 2024, en la que se afirmaba que “el presente y el futuro del Sáhara Occidental se enmarcan en la soberanía marroquí”.

Estados Unidos, aunque con una retórica más discreta, mantiene desde 2020 su reconocimiento explícito a la soberanía marroquí sobre el Sáhara, decisión adoptada bajo la administración Trump y no revertida por el presidente Joe Biden. Fuentes diplomáticas en Nueva York aseguran que Washington “está decidido a cerrar el expediente del Sáhara Occidental” en el marco del 50º aniversario de la Marcha Verde.

Tras la reciente gira del ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana y Marroquíes Residentes en el Extranjero, Nasser Bourita, por varias capitales europeas, cuatro países europeos, a saber España y Francia reafirmaron su posición constante.

Por su parte, Eslovenia, a través de su viceprimera ministra y ministra de Asuntos Exteriores, Tanja Fajon, subrayó el viernes que aprecia la iniciativa de autonomía, presentada por Marruecos en 2007, como una buena base para una solución definitiva al diferendo regional sobre el Sáhara marroquí.

Esta posición de Eslovenia, actualmente miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, fue expresada en una conferencia de prensa tras la reunión mantenida en la capital eslovena entre Bourita y Fajon.

Latinoamérica y Centroamérica: Marruecos, socio estratégico

El Parlamento Centroamericano (PARLACEN), que agrupa a seis países —Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana— reiteró en Rabat su pleno respaldo a la integridad territorial de Marruecos. En declaraciones desde la capital marroquí, su presidente, Carlos René Hernández, enfatizó el respeto del organismo a la soberanía de los Estados y elogió los avances en infraestructura, salud y educación en las provincias del sur del Reino.

Este tipo de posicionamiento responde también a la intensa política de cooperación Sur-Sur impulsada por Rabat en la última década, donde Marruecos ha sido percibido como un puente entre África, América Latina y Europa.

Argelia, en la retaguardia

La creciente ola de reconocimientos al plan marroquí representa un revés profundo para la estrategia diplomática argelina. Argel, que durante décadas ha brindado apoyo político, financiero y militar al Frente Polisario, observa cómo varios de sus antiguos aliados se alinean progresivamente con la tesis de Rabat. El caso de Omán ha sido especialmente doloroso: pese a recientes visitas oficiales argelinas a Mascate, el Sultanato optó por apoyar sin ambigüedad la soberanía marroquí.

La diplomacia del rey Mohammed VI

Todo este entramado diplomático encuentra su arquitectura en la figura del Rey Mohammed VI. Desde su ascenso al trono, el monarca ha articulado una política exterior basada en la diversificación de alianzas, la estabilidad institucional y la defensa inquebrantable de la integridad territorial. A través de gestos simbólicos, visitas estratégicas y una diplomacia de desarrollo, ha conseguido situar el conflicto del Sáhara en el centro de las preocupaciones internacionales.

Con cada nuevo respaldo, Marruecos refuerza la percepción de que su propuesta de autonomía no sólo es una oferta de buena fe, sino un modelo exportable de resolución pacífica de conflictos territoriales en el siglo XXI. La batalla por el Sáhara se libra ya no solo en los despachos de la ONU, sino también en cada consulado que abre sus puertas en El Aaiún o Dajla.

El mapa político del Magreb se redefine lentamente, y Marruecos, con su Plan de Autonomía, parece haber convencido a una parte significativa de la comunidad internacional de que la solución al Sáhara no está en la confrontación, sino en el compromiso, el diálogo y la paz. Y ese compromiso tiene un nombre: autonomía bajo soberanía marroquí.

 

martes, 15 de abril de 2025

Sudán, la guerra olvidada



Una cruenta guerra civil azota a la nación sudanesa desde hace dos años con su secuela de víctimas civiles, trece millones de desplazados, violaciones a los derechos humanos y atroces hambrunas ante la criminal indiferencia de las principales naciones. Mientras el mundo clama por los niños palestinos muertos y heridos nadie menciona a los niños sudaneses que mueren de hambre o son reclutados como soldados.

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La República de Sudán​ es uno de los cincuenta y cuatro estados que forman el continente africano. Su capital es Jartum y la ciudad más poblada es Omdurmán.

Está situado al noreste de África y comparte frontera con Egipto al norte, con el mar Rojo al noreste, con Eritrea y Etiopía al este, con Sudán del Sur al sur, con la República Centroafricana al suroeste, con Chad al oeste y con Libia al noroeste.

La población de Sudán es una combinación de africanos originarios con lengua madre nilo-sahariana y descendientes de emigrantes de la península arábiga. Debido a un proceso de arabización, común al resto del mundo musulmán, hoy en día la cultura islámica predomina en Sudán.

El país tiene una larga historia, que se remonta a la Edad Antigua, cuando se entrecruza profundamente con el pasado de Egipto, y con el periodo de dominación colonial europea hasta obtener su independencia el 1° de enero de 1956. Sudán sufrió diecisiete años de conflicto armado durante la Primera Guerra Civil Sudanesa (1955-1972), seguidos de conflictos étnicos, religiosos y económicos entre la población del norte árabe-musulmana y la población del sur animista, nilótica-cristiana y negra que desembocaron en la Segunda Guerra Civil (1983-2005).

Debido al continuo desequilibrio político y militar, se llevó a cabo un golpe de Estado en el año 1989 encabezado por el entonces brigadier Omar Hassan Ahmad al-Bashir, quien terminó autoproclamándose, en 1993, presidente de Sudán. La segunda guerra civil terminó tras la firma, en 2005, del Acuerdo General de Paz que supuso la redacción de una nueva constitución​ y le dio autonomía a lo que en aquel momento era la región sur del país. En un referéndum llevado a cabo en enero de 2011,​ dicha región obtuvo los votos necesarios para independizarse, hecho que concretó el 9 de julio de 2011. El nuevo Estado secesionista adoptó la denominación de República de Sudán del Sur.

Desde hace dos años este sufrido Estado africano vive una cruenta guerra civil, en la cual el país más grande de África ha quedado reducido a un campo de batalla sin reglas, sin rumbo y sin testigos. Mientras los combates entre el ejército del general Abdel Fattah al-Burhan y las milicias paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), lideradas por Mohamed Hamdan Dagalo —alias Hemedti— continúan desangrando al país, la comunidad internacional observa en silencio. El precio lo pagan, como siempre, los civiles: más de 13 millones de desplazados, 30 millones en necesidad urgente de ayuda humanitaria y regiones enteras sumidas en la hambruna y el colapso sanitario.

Un conflicto entre generales

El conflicto sudanés no tiene matices. Dos hombres luchan por el poder absoluto en un país donde la democracia fue apenas un espejismo tras la caída de Omar al-Bashir en 2019. Lo que comenzó como una alianza militar contra el autoritarismo terminó devorándose a sí misma tras el golpe de Estado de 2021. Desde entonces, Al-Burhan y Hemedti han convertido Sudán en un tablero de guerra. Las armas sustituyeron al diálogo. Las balas, a las urnas. Y la esperanza, al miedo.

Las FAR, que nacieron como una amalgama de milicias irregulares en la región de Darfur, se consolidaron bajo el mando de Hemedti como una maquinaria autónoma y brutal, con acceso a minas de oro, rutas de contrabando y aliados externos. El ejército regular, en cambio, apuesta por una imagen institucional y el control del espacio aéreo, mientras mantiene el apoyo de países como Egipto y, recientemente, Irán.

En medio de esta pugna, el Estado sudanés se ha disuelto. Ya no existe un Gobierno funcional. No hay justicia, ni servicios, ni seguridad. Solo hay guerra, hambre y muerte.

Un país dividido

Hoy, el norte y el este del país están en manos del ejército. El oeste y el sur, especialmente la región de Darfur, están bajo dominio de las FAR. La capital, Jartum, ha sido escenario de batallas encarnizadas y, tras ser recuperada por las fuerzas de Al-Burhan, ahora es símbolo de un gobierno militar que intenta reorganizarse.

Pero la guerra está lejos de terminar. La región de Darfur se ha convertido en el nuevo epicentro de los combates. Las FAR han intensificado su ofensiva y, según datos de Naciones Unidas, solo en la última semana más de 400 personas murieron en ataques a campos de desplazados como el de Zamzam, en Darfur Norte. La estrategia es clara: consolidar un gobierno paralelo en el oeste del país, controlando cuatro de las cinco capitales de Darfur. Si El Fasher, la última ciudad en disputa, cae, Sudán quedará definitivamente partido en dos.

Mujeres y niños, las víctimas invisibles

El 88% de los desplazados son mujeres y niños, según ACNUR. Son los rostros más invisibles de esta tragedia. Expuestas a la violencia sexual sistemática —documentada por Amnistía Internacional como crimen de lesa humanidad—, a la desnutrición y a la falta total de asistencia médica, muchas de ellas vagan sin rumbo entre fronteras o sobreviven en campos improvisados donde ya no llegan ni medicamentos ni alimentos.

La red sanitaria del país ha colapsado. Más del 70% de los hospitales no funciona. Los centros médicos son tomados por los combatientes. Médicos sin Fronteras ha denunciado el secuestro de personal sanitario por parte de las FAR para atender a sus heridos. Brotes de cólera, sarampión y difteria se extienden sin control. El sistema está tan destruido que muchas operaciones de urgencia ya no se realizan, y enfermedades tratables se convierten en sentencias de muerte.

Indiferencia global

Pese a la magnitud de la crisis, la respuesta internacional ha sido tibia, cuando no inexistente. A dos años del inicio del conflicto, solo el 6,6% de los fondos humanitarios solicitados por Naciones Unidas ha sido cubierto. La ONU no ha conseguido aprobar un embargo de armas integral, pese a las evidencias de crímenes de guerra en ambos bandos. Las principales potencias han evacuado a su personal diplomático y cerrado embajadas, mientras los países vecinos —Egipto, Chad, Sudán del Sur— reciben a millones de refugiados con infraestructuras al límite.

“El mundo ha decidido mirar hacia otro lado”, denuncia Erika Guevara Rosas, de Amnistía Internacional. “Vergüenza para los perpetradores, pero también para los gobiernos que permiten que esta barbarie continúe”.

España, por ejemplo, ha destinado apenas 1,5 millones de euros este año a la ayuda humanitaria en Sudán. Una cifra simbólica frente a una catástrofe humanitaria que, según la propia AECID, se ha triplicado en gravedad en los últimos doce meses.

La paz imposible

Ni Al-Burhan ni Hemedti han mostrado voluntad alguna de negociar. Las iniciativas impulsadas por Arabia Saudita, Egipto, la Unión Africana o la ONU han fracasado estrepitosamente. Las treguas duran horas, y cada nuevo intento de diálogo es desmentido a cañonazos.

La reciente conferencia organizada en Londres por la Unión Europea, Francia, Alemania y Reino Unido ni siquiera invitó a las partes en conflicto. El gesto, simbólico, refleja el grado de aislamiento en que han caído los beligerantes… y también el agotamiento de la diplomacia.

Entretanto, las FAR amenazan con lanzar una ofensiva desde Darfur hacia el norte. Atacan infraestructuras clave, como presas y aeropuertos, con drones de dudoso origen. El ejército responde con ataques aéreos masivos. Y el país se desangra.

La revolución traicionada

En 2019, Sudán fue símbolo de esperanza. Una revolución popular, liderada por jóvenes, mujeres y profesionales, tumbó a un dictador que llevaba tres décadas en el poder. Pero la transición democrática naufragó en apenas dos años, arrastrada por los mismos militares que prometieron protegerla. Hoy, aquellos manifestantes están muertos, exiliados o silenciados.

Sudán, cuna de civilizaciones antiguas, vuelve a ser rehén de sus guerras contemporáneas. Una tierra rota por la ambición de sus líderes y la indiferencia del mundo. Una típica tragedia africana sin titulares, pero con millones de víctimas.

 

lunes, 14 de abril de 2025

Los oscuros vínculos del Frente Polisario con el terrorismo


Un informe exclusivo de The Washington Post revela que cientos de mercenarios del autodenominado Ejército Popular Saharaui, brazo armado de los separatistas del Frente Polisario, entrenados por Irán, fueron capturados por el gobierno provisional sirio, después de haber combatido en las filas del exdictador Bashar al-Assad, durante la cruenta guerra civil de Siria.

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La caída del régimen sirio de Bashar al-Assad ha desvelado una de las redes más opacas de la geopolítica regional: la colaboración entre la República Islámica de Irán y el Frente Polisario, grupo separatista saharaui con base en los campamentos de Tinduf (Argelia). Fuentes diplomáticas y de inteligencia revelan que este vínculo va más allá del apoyo político y diplomático, incluyendo entrenamiento militar, tráfico de armas y lazos con redes yihadistas en el Sahel.

Según un informe publicado por The Washington Post, las nuevas autoridades sirias han detenido a centenares de combatientes del Polisario en Alepo y otras regiones del país. Estos milicianos, afirman fuentes occidentales, fueron enviados a Siria por Irán y Argelia, con pasaportes argelinos, y recibieron instrucción en técnicas de combate urbano y uso de drones, en colaboración con asesores militares iraníes.

La información ha sido confirmada por el Frente de Salvación Nacional de Siria, cuyos portavoces señalan que al menos 200 militantes del Polisario fueron desplegados en zonas sensibles como Daraa y Sweida, en bases militares controladas por Teherán. En paralelo, documentos obtenidos en antiguos centros de inteligencia sirios revelan la existencia de entrenamientos conjuntos entre el Polisario y la Guardia Revolucionaria iraní, una fuerza clave en la estrategia militar exterior de Irán.

Respecto a Siria, las relaciones entre la dinastía Al-Assad y el Polisario se remontan a 1978. Desde entonces, Damasco ha brindado apoyo diplomático y logístico a la milicia saharaui. Siria, bajo la dictadura de Bashard al-Assad, era además uno de las pocos estados en el mundo que reconocía a la inexistente República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

Los vínculos con Teherán

Marruecos ya había roto relaciones con Irán en 2018, tras denunciar que la milicia libanesa Hezbollah, aliada de Teherán, estaba entrenando a combatientes saharauis en los campamentos de Tinduf. El ministro de Exteriores, Nasser Burita, aseguró contar con “pruebas concluyentes” de que diplomáticos iraníes en Argel actuaban como intermediarios entre Hezbollah y el Polisario, facilitando envíos de armas —incluidos misiles SAM-9 y Strela-3— y cursos de táctica de guerra.

La conexión entre el régimen iraní y la causa saharaui no es nueva, pero sí ha adquirido una dimensión más peligrosa en el contexto actual de tensiones en el norte de África. El rearme del Polisario, sus ataques esporádicos contra posiciones marroquíes en el Sáhara y su papel en zonas de conflicto internacional, han desdibujado las fronteras entre insurgencia local y terrorismo internacional.

Del separatismo al yihadismo

El Frente Polisario asesino a 289 ciudadanos españoles durante las décadas de los años 70 y 80. Los pescadores españoles que faenaban en la zona de El Aaiún o los trabajadores que picaban piedras en las minas de fosfato de Fosbucraá fueron aniquilados en masa. Barcos con toda la tripulación pasada a machete, secuestros, torturas físicas y psicológicas o fusilamientos con ráfagas de ametralladora eran algunas de las desastrosas “postales” que dejaron los terroristas separatistas que nunca fueron debidamente investigadas ni sancionadas, según afirma la Asociación Canaria de Víctimas del Terrorismo (ACAVITE).

Uno de los casos más paradigmáticos, registrados recientemente, es el de Adnan Abu Walid al-Sahraoui, antiguo miembro del Polisario y fundador del grupo Estado Islámico en el Gran Sáhara. Desde 2015, al-Sahraoui lideró ataques en Mali, Burkina Faso y Níger, incluidos atentados contra tropas francesas, nigerinas y estadounidenses. Estados Unidos ofrecía cinco millones de dólares por su captura antes de su muerte en 2021.

Fuentes marroquíes y europeas han advertido que los campamentos de Tinduf se han convertido en un “caldo de cultivo” para la radicalización. El propio Mohamed Lamin Buhali, exministro de Defensa de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática (RASD), admitió en una entrevista al diario ABC la presencia de al menos 25 saharauis en las filas de Al Qaeda y otros grupos salafistas en el Sahel.

Un informe del Instituto Flamenco para la Paz, una prestigiosa institución financiada por la Unión Europea, vincula además al Polisario con el tráfico de armas procedentes del colapso del régimen de Muhammad Gadafi en Libia. Fusiles, lanzacohetes y otros pertrechos fueron redistribuidos por miembros del grupo saharaui, algunos de los cuales combatieron como mercenarios en la guerra civil libia.

El Congreso de EE UU considera designar al Polisario como grupo terrorista

La escalada de denuncias ha llevado a sectores del Congreso estadounidense a considerar la clasificación oficial del Frente Polisario como organización terrorista extranjera. Joe Wilson, congresista republicano y miembro del Comité de Relaciones Exteriores, ha promovido un proyecto de ley que respalda exclusivamente el plan de autonomía marroquí y denuncia la “conexión directa” del Polisario con Irán y grupos radicales.

“El verdadero camino hacia la paz en la región pasa por una autonomía real bajo soberanía marroquí”, declaró Wilson tras reunirse con el ministro marroquí Nasser Bourita. Según el congresista, el Polisario “amenaza la seguridad del norte de África y de aliados estratégicos como España y Francia”.

España y Europa en alerta

El Ministerio de Defensa español ha advertido en varias ocasiones sobre el riesgo de atentados y secuestros en la región de Tinduf y otras zonas del Sahel. En 2011, tres cooperantes europeos —la madrileña Ainhoa Fernández Rincón, el mallorquín Eric Gonyalons y la italiana Rossella Urru— fueron secuestrados en Rabuni, sede administrativa del Polisario en Argelia, por elementos del grupo en colaboración con Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). Fueron liberados tras el pago de un rescate que no fue oficialmente cuantificado.

Un informe de la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude (OLAF) ya había advertido en 2008 sobre el desvío sistemático de ayuda humanitaria en Tinduf, en colaboración entre altos cargos del Polisario y autoridades argelinas, lo que refleja la economía paralela en que se sustenta parte de la estructura saharaui.

Mauritania sufre la presión separatista

Mauritania, vecina de la zona en conflicto, ha recibido también presiones directas por parte del Polisario. El 23 de noviembre de 2023 se presentó en Nuakchot, una delegación del Frente Polisario encabezada por Mohamed Salem Ould Salek entregó al presidente Mohamed Ould Cheikh El Ghazouani una carta del secretario general del Polisario, Brahim Ghali, en la que advertía que la estabilidad regional dependía del “respeto a las fronteras”. Fuentes diplomáticas interpretan esta misiva como una amenaza velada en caso de que Nuakchot refuerce sus lazos con Rabat.

¿Hacia una redefinición internacional del Polisario?

El Frente Polisario ha evolucionado, según múltiples informes, desde un movimiento de liberación nacional hacia un grupo terrorista internacional con ramificaciones en el crimen organizado, el yihadismo y las alianzas geopolíticas más controvertidas del mundo árabe. Sus vínculos con Irán, Hezbollah y grupos salafistas en el Sahel ponen en cuestión su legitimidad como representante de la minoría saharaui retenida en Tinduf.

La comunidad internacional, especialmente la Unión Europea y Naciones Unidas, enfrenta ahora el desafío de revisar su postura ante un grupo terrorista que, bajo el amparo de una falsa causa identitaria, participa activamente en redes de desestabilización regional. En este escenario, ignorar la evidencia ya no es una opción.

 

miércoles, 9 de abril de 2025

Estados Unidos reafirma su apoyo irrestricto a la soberanía marroquí sobre su Sáhara


Washington consolida el giro estratégico iniciado por Donald Trump y envía un mensaje firme y claro a Argelia y al Frente Polisario: no hay alternativa a la autonomía bajo soberanía marroquí

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El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha sellado este martes en Washington la continuidad del reconocimiento de la soberanía marroquí sobre su Sáhara, confirmando que la posición adoptada por el expresidente Donald Trump, en diciembre de 2020, sigue siendo la hoja de ruta diplomática de la Casa Blanca en relación con el largo y espinoso conflicto del Sáhara. “Una autonomía auténtica bajo soberanía marroquí es la única solución factible”, sentenció Rubio en una declaración que cierra la puerta a cualquier otra vía política, incluyendo la tradicional exigencia de un referéndum de autodeterminación impulsado por el Frente Polisario y apoyada por Argelia.

La reunión con el ministro marroquí de Exteriores, Nasser Bourita, se desarrolló en un clima de firme sintonía bilateral y tuvo lugar en un momento en el que Rabat, siguiendo expresas directivas del Rey Mohammed VI, busca afianzar su estatus como potencia regional clave en el Magreb.

La portavoz del Departamento de Estado, Tammy Bruce, por su parte, fue categórica al afirmar que la Propuesta para la Negociación de un Plan de Autonomía para la Región del Sáhara, presentada ante Naciones Unidas por el Reino de Marruecos, en 2007, era “seria, creíble y realista” y que constituye la única base viable para una solución política justa y duradera a este diferendo.

Un conflicto enquistado y una apuesta clara

El respaldo estadounidense no es menor. Estados Unidos no solo reitera un apoyo diplomático, sino que también abre la posibilidad de suspender su contribución financiera a la misión de Naciones Unidas (MINURSO), una medida que apunta a presionar a las partes para que se sienten en la mesa de negociación sin condiciones previas.

La disputa sobre el Sáhara, antigua colonia española que Marruecos ha recuperado para su soberanía, lleva cinco décadas sin una solución definitiva. Tras la retirada de España en 1975, el conflicto derivó en un enfrentamiento armado entre Marruecos y el Frente Polisario, que declaró la inexistente y autodenominada República Árabe Saharaui Democrática (RASD), que carece de reconocimiento internacional. Desde entonces, la tensión ha sido una constante, alimentada por la pugna geopolítica entre Rabat y Argel, que se remonta a la derrota argelina en la Guerra de las Arenas, en 1963.

El gesto de Washington no ha dejado indiferente a la región. En Rabat, se interpreta como una consolidación del liderazgo marroquí construido por el Rey Mohammed VI. En Argel, en cambio, la incomodidad es evidente. Las altas esferas del régimen argelino observan con creciente preocupación cómo el apoyo internacional a la opción de autonomía gana fuerza, mientras la exigencia de un referéndum pierde vigor en las principales capitales occidentales.

Ecos internacionales y consecuencias diplomáticas

La posición estadounidense ha tenido un amplio eco mediático y político. Medios como Reuters, NBC y CBS han destacado el carácter inequívoco del mensaje emitido por Rubio. Asimismo, agencias como EFE y Anadolu han puesto el foco en la implicación geopolítica del respaldo estadounidense, que refuerza la alianza con Marruecos en un contexto de tensiones crecientes en el norte de África y Oriente Medio.

Francia y España, dos actores históricos en la región, ya habían respaldado la propuesta marroquí en años anteriores, incluso la semana pasada El Eliseo ha ratificado públicamente su respaldo a la soberanía marroquí sobre su Sáhara. La posición de Washington, en cambio, ha sido más contundente: no hay plan B, solo la autonomía bajo soberanía marroquí.

Estabilidad regional y alianzas estratégicas

Más allá del Sáhara, la reunión entre Bourita y Rubio abordó otros asuntos sensibles: la evolución de los Acuerdos de Abraham, el conflicto en Gaza, y la situación de los rehenes en manos de Hamás. Estados Unidos elogió el papel de Marruecos como mediador regional y socio fiable. No es una cuestión menor. Desde 2005, Rabat y Washington mantienen un tratado de libre comercio, Marruecos es aliado extra OTAN de los Estados Unidos y celebran anualmente las maniobras militares African Lion, consideradas las más importantes del continente africano.

Este nuevo espaldarazo al plan marroquí se enmarca en una lógica más amplia de consolidación de alianzas estratégicas. En un mundo marcado por la multipolaridad y el auge de tensiones regionales, Marruecos se perfila como un pilar de estabilidad en el Magreb, una condición que Washington valora como esencial para su política en el norte de África.

El desafío de Argelia

Para Argelia, el mensaje de la Casa Blanca representa un nuevo revés diplomático difícil de disimular. La tradicional defensa del “derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación” choca de frente con la realidad impuesta por las grandes potencias. Argel ha reiterado su rechazo a participar en cualquier negociación que no contemple la independencia como opción. Sin embargo, su margen de maniobra parece reducirse conforme se consolida un consenso internacional favorable a la vía marroquí, mientras que Argel enfrenta tensiones con sus vecinos del sur, la Alianza de Países del Sahel y un creciente aislamiento internacional que incluso afecta su alianza tradicional con Moscú.

La incomodidad argelina se traduce en un repliegue discursivo y en el reforzamiento de su alianza con actores internacionales muy cuestionados como Irán, pero cada vez resulta más difícil justificar el mantenimiento de un conflicto que la comunidad internacional comienza a ver como un obstáculo para la estabilidad regional.

¿Punto de inflexión?

La reafirmación estadounidense podría marcar un punto de inflexión. Las conversaciones auspiciadas por Naciones Unidas continúan estancadas, y la mediación del enviado especial no ha logrado desbloquear la situación. Pero si algo ha dejado claro la diplomacia estadounidense es que el tiempo del inmovilismo ha terminado. Con Washington alineado firmemente con Rabat, la presión sobre el Polisario y Argelia aumenta considerablemente.

El futuro del Sáhara está claramente determinado como una parte indivisible del territorio marroquí. La propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí gana enteros como única solución pragmática y posible. La pelota está ahora en manos de Argel.

 

Tensiones en el Sahel



La influencia de Argelia sobre la estratégica región del Sahel se ve desafiada por la Alianza de Estados del Sahel que amenaza consolidar un nuevo espacio de poder basado en su alianza con el Reino de Marruecos y con Rusia.

La estabilidad de la estratégica región del Sahel vuelve a tambalearse. A medida que se consolida la Alianza de Estados del Sahel —una coalición militar, formada en septiembre de 2024, e integrada por Mali, Burkina Faso y Níger—, Argelia observa con creciente preocupación el auge de una estructura que desafía su histórica influencia regional y que se alinea progresivamente con otros actores como son Rabat y Moscú.

Las tensiones entre Argel y sus vecinos del sur no son nuevas, pero sí lo es la velocidad con la que estos tres países han buscado romper con los marcos tradicionales de cooperación regional, especialmente con organismos como la CEDEAO (Comunidad Económica de Estados de África Occidental), en los que Argelia mantenía una interlocución indirecta. El reciente fortalecimiento de esta alianza militar, acompañado de un discurso soberanista y antioccidental, plantea nuevos interrogantes sobre el futuro geopolítico de la región.

Un liderazgo cuestionado

Argelia ha desempeñado históricamente un papel clave en los equilibrios del norte de África y el Sahel, apostando por una diplomacia de no injerencia y mediación. La aparición de un bloque cohesionado, con vocación de autonomía militar y respaldo externo, supone un desafío directo a esa postura.

Las autoridades argelinas temen que la alianza del Sahel se convierta en un instrumento de presión regional que limite su margen de maniobra, y sobre todo, que abra la puerta a una creciente presencia militar extranjera, especialmente de Rusia, actor con el que Argel mantiene una compleja relación estratégica y que es su principal proveedor de armamentos.

“Para Argelia, lo que está en juego es su papel como potencia estabilizadora en el continente”, señala un experto en política africana del Instituto Elcano. “Pero los nuevos equilibrios regionales obligan a redefinir prioridades y alianzas”.

La estrategia del Sahel

Desde los golpes de Estado que sacudieron a Mali, Burkina Faso y Níger, sus juntas militares han promovido un discurso de ruptura con el modelo poscolonial impuesto por Occidente. La creación de una alianza militar conjunta responde tanto a razones de seguridad —frente a la amenaza yihadista— como a una narrativa política de soberanía.

La alianza ha dado pasos firmes hacia la integración: ejercicios militares conjuntos, retirada de acuerdos de defensa con Francia y acercamiento explícito a Moscú. Esta nueva arquitectura regional sitúa a la coalición como un bloque alternativo que desafía la hegemonía diplomática tradicional de Argel.

Especialmente, desde que los miembros del Ejército de Malí han comenzado a recibir entrenamiento militar por parte de las Fuerzas Armadas Reales de Marruecos. El Reino magrebí es el tradicional rival geopolítico de Argel en el Norte de África, desde la Guerra de las Arenas de 1963.

Argelia cerró su frontera terrestre en 1994, suspendió unilateralmente sus suministros de gas a través de la gasoducto Magreb - Europa en octubre de 2021 y cerró su espacio aéreo a los aviones marroquíes en septiembre de 2021 tras la ruptura de las relaciones diplomáticas. Desde entonces, los medios de comunicación estatales argelinos han intensificado su retórica antimarroquí, difundiendo a menudo información errónea y hostil.

El papel de Moscú

En este tablero en transformación, Rusia gana protagonismo. Con vínculos históricos con Argelia, el Kremlin ha reforzado su presencia en África a través de acuerdos militares, venta de armas y la actuación —más o menos oficial— de compañías de servicios militares como el grupo Wagner, recientemente rebautizado con el curioso nombre de “África Corps”.

Para los países del Sahel, el respaldo ruso ofrece una vía de apoyo militar sin las condiciones políticas que suelen imponer los países occidentales. Para Moscú, se trata de ampliar su radio de influencia en un continente donde los recursos naturales y las alianzas estratégicas cotizan al alza.

Sin embargo, este giro hacia Moscú también podría generar fricciones con Argelia. Aunque ambos países han mantenido una relación sólida, el desequilibrio que provocaría un apoyo ruso excesivo a la Alianza del Sahel podría tensar sus vínculos históricos.

¿Una nueva guerra fría regional?

El avance de este bloque militar, en un contexto de debilitamiento de las estructuras multilaterales africanas, plantea dudas sobre la posibilidad de una escalada de tensiones regionales. Si bien una confrontación directa entre Argelia y la Alianza del Sahel parece improbable en el corto plazo, los desacuerdos podrían derivar en conflictos diplomáticos, o incluso, en una competencia armamentística con respaldo externo.

En paralelo, la Unión Africana observa con inquietud la deriva de una región clave en términos de seguridad y recursos. Mientras tanto, Argelia se enfrenta al dilema de mantener su tradicional política exterior de autonomía o redefinir su papel en un continente donde los equilibrios de poder ya no son los de antaño.

El principal perjudicada por este clima de tensiones en el Sahel, es Argel, porque a sus conflictos con Marruecos por el Sáhara, ahora suma un clima prebélico con sus vecinos del Sur y un serio diferendo con su principal aliado internacional: Rusia.

En esta forma, el conflicto abierto en el Sahel no hace más que aumentar el aislamiento internacional de Argelia.

martes, 8 de abril de 2025

Nuevo triunfo diplomático del Rey Mohammed VI: Francia Ratifica la Soberanía de Marruecos sobre el Sáhara


 

En un giro geopolítico trascendental, Francia ha dado un paso firme al reconocer oficialmente la soberanía de Marruecos sobre su Sáhara. Esta histórica ratificación consolida no solo la posición internacional del Reino en relación con su integridad territorial, sino que también simboliza el fortalecimiento de los lazos estratégicos entre Rabat y París, bajo el liderazgo visionario del Rey Mohammed VI.

Una declaración que refuerza una alianza estratégica

El ministro francés de Europa y Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, ha reiterado la posición de Francia, expresada al más alto nivel del Estado, de apoyo a la soberanía de Marruecos sobre su Sáhara. “Hace unos meses, expresamos nuestra visión del presente y del futuro del Sáhara Occidental, que se enmarcan en la soberanía marroquí como consecuencia directa del plan marroquí de autonomía”, dijo el jefe de la diplomacia francesa en una comparecencia, hoy miércoles, ante la Comisión de Asuntos Exteriores de la Asamblea Nacional francesa.

“No hay otras soluciones realistas y creíbles hoy en día”, insistió. Esto se enmarca en “una solución política duradera y mutuamente aceptable en las Naciones Unidas y apoyamos los esfuerzos de la ONU para llevar a cabo este diálogo”, precisó Barrot, añadiendo que tendrá la oportunidad de “hablar de este asunto dentro de unos días con mi homólogo marroquí Nasser Bourita en París”.

La confirmación por parte de Francia se inscribe en una dinámica global que reconoce el enfoque pragmático y pacífico del Reino de Marruecos en la resolución del diferendo regional sobre el Sáhara. Francia, tradicional aliado del Reino, ha optado por reafirmar su apoyo a la propuesta marroquí de autonomía como base seria, creíble y realista, en línea con el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

 

Mohammed VI: Arquitecto de una diplomacia de influencia

Este logro es, ante todo, resultado directo de la acción diplomática determinada, coherente y proactiva del Rey de Marruecos Mohammed VI. Bajo su reinado, Marruecos ha diversificado y fortalecido sus alianzas internacionales, cimentando su papel como potencia regional y puente entre África, Europa y el mundo árabe.

La estrategia diplomática de Mohammed VI se caracteriza por la firmeza en los principios, especialmente en lo que respecta a la soberanía nacional, y la apertura estratégica a alianzas multilaterales basadas en el respeto mutuo, los intereses compartidos y la estabilidad regional. Esta visión ha permitido a Marruecos ganar apoyos claves, entre ellos Estados Unidos, España, Alemania e Israel, y ahora, de forma inequívoca, Francia.

 

Una relación franco-marroquí revitalizada

Más allá del expediente saharaui, la decisión francesa reaviva una relación bilateral rica y multifacética. Francia y Marruecos comparten vínculos históricos, culturales, económicos y humanos profundos. En los últimos años, las relaciones atravesaron momentos de fricción, pero esta declaración oficial abre una nueva etapa de cooperación, basada en la confianza mutua y el reconocimiento de los intereses estratégicos compartidos.

Sectores como la seguridad, la lucha contra el terrorismo, el desarrollo económico, la transición energética y la cooperación africana se verán reforzados con esta nueva sintonía diplomática. Marruecos, gracias a su estabilidad política, su dinamismo económico y su apertura continental, se posiciona como socio privilegiado de Francia en África.

 

Repercusiones regionales y globales

La ratificación francesa tiene implicaciones geopolíticas de amplio alcance. Envía una señal clara a la comunidad internacional sobre la viabilidad y legitimidad de la propuesta marroquí de autonomía. Al mismo tiempo, aísla aún más las tesis separatistas y refuerza la vía de una solución política, negociada y definitiva, conforme a los parámetros de la ONU.

Además, al alinear su posición con la de otras potencias globales, Francia contribuye a la consolidación de una mayoría internacional favorable a la soberanía marroquí sobre el Sáhara, lo que podría acelerar el desenlace de uno de los conflictos más longevos del norte de África.

 

Una victoria para la estabilidad y el desarrollo

La posición francesa también es una apuesta por la estabilidad, la paz y el desarrollo regional. Marruecos ha demostrado con hechos su compromiso con la prosperidad del Sáhara, invirtiendo masivamente en infraestructuras, energías renovables, conectividad y desarrollo humano. Las regiones de Laayún-Sakia El Hamra y Dajla-Oued Eddahab son hoy modelos de desarrollo territorial y polos emergentes de atracción de inversiones.

El respaldo francés valida estos esfuerzos y los proyecta hacia nuevas oportunidades de cooperación y codiseño de políticas de desarrollo inclusivo.

 

Reflexión Final

La ratificación de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara por parte de Francia constituye un momento clave en la historia diplomática del Reino. Es, a la vez, la coronación de una estrategia diplomática madura y constante liderada por el Rey Mohammed VI, y el reflejo de una relación bilateral que renace con fuerza y ambición. Este gesto no solo refuerza la posición de Marruecos en el escenario internacional, sino que augura un futuro de colaboración renovada entre dos naciones que comparten historia, valores y visión de futuro.