domingo, 24 de junio de 2018

TRUMP INICIA UNA CARRERA ARMAMENTISTA EN EL ESPACIO



INFORME ESPECIAL
La reciente decisión del presidente Trump de crear la “Fuerza Espacial” como la sexta rama de las fuerzas armadas estadounidenses detona una carrera armamentista con China y Rusia que acelera la militarización del espacio exterior, pero también abre las puertas para la una nueva expansión económica de su país.

El presidente Donald Trump ordenó, el lunes 18 de junio, al Pentágono la creación de una nueva “fuerza espacial”, prometiendo el “dominio estadounidense” en la exploración de la Luna y Marte, pero también en una eventual guerra por el espacio.

“Estados Unidos será siempre primero en el espacio”, dijo Trump durante un discurso en la Casa Blanca.

“No queremos que ni China, ni Rusia y otros países nos dominen”, añadió, señalando que su gobierno “retomará el legado de Estados Unidos como principal país en la exploración espacial”.

Aunque la decisión final quedará en manos del Congreso, el presidente ordenó al Departamento de Defensa comenzar el proceso de creación de la nueva rama de las fuerzas armadas.

“Me estoy dirigiendo al Departamento de Defensa y al Pentágono para que comiencen inmediatamente al proceso necesario para crear una fuerza espacial como la sexta división de las fuerzas armadas”, dijo Trump al comienzo del tercer encuentro del Consejo Nacional Espacial, un organismo consultivo a cargo del vicepresidente Mike Pence.

“Tendremos la fuerza aérea y tendremos la fuerza espacial separadas pero iguales”, añadió sobre la iniciativa.

“Cuando se trata de defender a Estados Unidos no basta con nuestra presencia en el espacio, tiene que haber un dominio estadounidense del espacio”.

La portavoz del Pentágono, Dana White, señaló que: “en unión con el Congreso será un proceso cuidadosamente pensado, que tomará en cuenta las recomendaciones de todos los actores”.

Trump, que no especificó los detalles ni el rol específico de esta fuerza espacial, ha insistido en el desarrollo del sector espacial desde que llegó al poder.
Ha llamado a aumentar el presupuesto de la NASA, y ordenó en diciembre a la agencia espacial estadounidense volver a la Luna por primera vez desde 1972, así como acelerar las misiones a Marte.

El presidente también ha defendido una desregulación para acelerar el proceso de autorización que las empresas privadas deben cumplir antes de lanzar un cohete o un satélite al espacio.

El sector espacial estadounidense está en pleno apogeo, pero la NASA ha cambiado su rol respecto a la época de las misiones Apolo (1961 – 1972) y los transbordadores (1981 – 2011), y es ahora más un cliente que un operador.

Desde 2012, la Agencia tiene un contrato con dos empresas, Space X, propiedad del magnate sudafricano Elon Musk, y Orbital ATK, para aprovisionar la estación espacial internacional. No envía astronautas desde 2011 y depende de las naves rusas Soyuz.
El gobierno de Trump quiere privatizar la estación espacial a partir de 2015, una idea controversial en el Congreso, para redirigir los recursos de la NASA al retorno de los astronautas a la Luna.

“Esta vez haremos más que plantar nuestra bandera y dejar nuestras huellas. Estableceremos una presencia de largo plazo […] y preparar las bases para una futura misión a Marte”, afirmó Trump, un objetivo que comparte el nuevo administrador de la NASA, Jin Bridenstine, un legislador republicano nombrado por el presidente.

LA MILITARIZACIÓN DEL ESPACIO
Los cohetes han interesado a científicos y militares desde hace siglos. Los chinos emplearon cohetes como armas ya en el siglo XI. El científico ruso Konstantín Tsiolkovski teorizó, en la década de 1880, sobre cohetes multi-fase propulsados por combustible líquido que podrían llegar al espacio, pero no fue hasta 1926 que el estadounidense Robert Goddard diseñó un cohete de combustible líquido práctico.

Goddard realizó sus trabajos sobre cohetería en la oscuridad, ya que la comunidad científica, el público e incluso The New York Times, se burlaban de él. Hizo falta una guerra para catapultar la cohetería a la notoriedad. Este resultó ser un precursor del futuro, ya que cualquier “carrera espacial” quedaría íntimamente vinculada a las necesidades estratégicas de las naciones implicadas, a pesar de su carácter mayoritariamente científico y de su retórica pacifista.

A mediados de la década de 1920, Los experimentos con cohetes propulsados por combustible líquido comenzaron en Alemania, promovidos por la sociedad para vuelos espaciales “Verein für Ramschiffahrt” o VFR, entre cuyos miembros se hallaba el joven genio Werner von Braun (1912 – 1977). Posteriormente, en 1934 con el ascenso del nazismo, estos trabajos, originalmente civiles, se transforman en actividad oficial financiada y controlada por la Wehrmacht bajo la dirección del capitán, luego general, Walter Dornberger, otorgándoseles unas instalaciones de investigación en Kummersdorf, Brandeburgo. En 1937, el equipo se trasladó a Peenemünde, en la costa báltica, con Dornberg, como jefe y von Braun como director técnico.

Estos científicos buscaban incrementar la eficacia de los cohetes y convertirlos en armas viables. Con este objeto se realizaron una serie de vehículos de prueba propulsados por alcohol y oxígeno líquido. 

El cohete V1, en alemán Vergeltunswaffen1 o arma de represalia 1, fue diseñada por Robert Lusser de la compañía Fieseler y por Fritz Gossau de la empresa Argus, con un fuselaje construido en su mayoría con hojas de acero soldadas y alas hechas con madera contrachapada. El sencillo reactor de pulso pulsaba cincuenta veces por segundo, y el característico zumbido le ganó el nombre de bomba zumbadora” o “doodlebug” (en inglés una serie de insectos australianos del género Armadillidiidae). Fue lanzado en 1942, convirtiéndose en el primer proyectil balístico de combate. ​

La V1 era lanzada desde plataformas muy parecidas a las empleadas para el salto en esquí.

El cohete V2, nombre técnico A4 (Aggregat 4), fue el primer misil balístico de combate​ de largo alcance del mundo y el primer artefacto humano conocido que hizo un vuelo suborbital. ​ Fue el progenitor de todos los cohetes modernos, ​ incluyendo los utilizados por los programas espaciales de los Estados Unidos y de la URSS

En la parte superior del misil se hallaba la ojiva, que pesaba 975 kg, de los cuales 910 eran la carga explosiva. La sustancia explosiva era amatol, un producto sin riesgo de explosión prematura incluso cuando el A4 realizaba la reentrada en la atmósfera y la envoltura exterior de acero templado se ponía al rojo sombra (600° C) a causa del rozamiento con el aire.

El sistema de guía era simple: una vez que el cohete se hallaba en posición de lanzamiento, la plancha superior de la plataforma de lanzamiento se giraba hasta que el misil se alineaba exactamente en acimut con la dirección del objetivo. Después del lanzamiento, dos giroscopios Lev-3 y acelerómetros integrados (que componían la guía inercial del aparato) inclinaban el cuerpo del misil en el ángulo necesario y cortaban el motor principal a la velocidad precisa, de forma que su trayectoria balística asegurase alcanzar al objetivo. El apogeo se situaba normalmente en los 96 km (que entonces representaba la mayor altura alcanzada por cualquier objeto construido por el hombre).

Al ascender, los A4 se inclinaban lentamente hasta alcanzar un ángulo de 40° o 45° en relación con la vertical, dependiendo de la distancia a que se hallara el blanco. Luego, una vez establecida la trayectoria al cabo de 68 segundos, se cortaba el motor. El tiempo total de vuelo desde el despegue hasta la caída era de unos cuatro minutos.

El control se realizaba mediante cuatro deflectores de vectorización de flujos (aspas) de grafito situados en el chorro de gas, que le daban estabilidad al misil, y mediante pequeños timones aerodinámicos instalados en las cuatro grandes aletas, que eran efectivos una vez alcanzada gran velocidad. El A4 fue el primer misil en superar la velocidad del sonido.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética se embarcaron en una amarga Guerra Fría de espionaje y propaganda. La exploración espacial y la tecnología de satélites alimentaron la confrontación. El equipamiento a bordo de satélites permitía espiar a otros países, con cámaras de fotos y señales de radar, mientras que los logros espaciales servían de propaganda política, para demostrar la capacidad científica y el potencial militar de un país.

En 1955, tanto los Estados Unidos como la Unión Soviética anunciaron públicamente su intención de lanzar en los años siguientes satélites artificiales al espacio, como contribución al Año Geofísico Internacional (1957-1958).

La Unión Soviética tomó la delantera al lanzar, el 4 de octubre de 1957, el Sputnik 1, un satélite no tripulado puesto en órbita por un misil R-7ICBM. El Sputnik fue el disparo de largada de una loca carrera por la conquista del espacio que se prolongaría por los siguiente doce años hasta la llegada del hombre a la Luna.

El 31 de enero de 1958, los Estados Unidos replicaron lanzando su primer satélite el Explorer I. Previamente se habían producido varios lanzamientos fallidos que fueron muy publicitados de cohetes Vanguard desde las instalaciones espaciales de Cabo Cañaveral.

Los éxitos iniciales cosechados por el programa espacial soviético en los años cincuenta despertaron una notable preocupación en Washington.

La respuesta del presidente Dwight Eisenhower fue crear, el 29 de julio de 1958, firmó el National Aeronautics and Space Act, fundando la National Aeronautic and Space Administration (NASA). Cuando comenzó sus operaciones el 1° de octubre de 1958, la NASA consistía principalmente en cuatro laboratorios y unos 8.000 trabajadores de la agencia de investigación aeronáutica del gobierno, el National Advisory Commitee for Aeronautic (NACA), que ya tenía 46 años de antigüedad. Aunque su predecesor, el NACA, trabajaba con un presupuesto de cinco millones de dólares, el presupuesto de la NASA aumentó rápidamente a cinco mil millones de dólares por año, incluyendo las grandes sumas subcontratadas al sector privado.

Los primeros satélites se emplearon con fines científicos. El Sputnik contribuyó a determinar la densidad de la atmósfera superior y los datos de vuelo del Explorer I llevaron al descubrimiento del cinturón de radiación de Van Allen por James Van Allen.

Los primeros lanzamientos despertaron en todo el mundo un furor por el espacio. Los escolares seguían la sucesión de lanzamientos, y la construcción de réplicas de cohetes se convirtió en una afición popular. Generaciones enteras de jóvenes comenzaron a soñar con ser astronautas y seguir los pasos de John Glenn, Neil Armstrong, Edwin Aldrin, Valentina Tereschkova o Yuri Gagarin.

En Estados Unidos, durante las administraciones de John F. Kennedy, Lyndon B. Johnson e incluso Richard Nixon, el espacio se convirtió en la “Nueva Frontera” hasta que lograran poner al hombre en la Luna.

Seguidamente, las dos superpotencias desarrollan los primeros misiles anti-satélites defensivos, conocidos como ASAT. Además, los soviéticos, desarrollan armas orbitales como la primera serie de misiles balísticos intercontinentales (IBMC en inglés) o los sistemas de bombardeo fraccionado orbital (FOBS en inglés), mientras que los estadounidenses crearon los misiles antibalísticos Nike Zeus y Nike X, así como los programas Sentinel ó Safeguard, concebidos para neutralizar posibles ataques de los IBMC soviéticos y proteger las capacidades de disuasión nuclear de los Estados Unidos.

En los años ochenta, el presidente Ronald Reagan lanzó, en 1983, la “Iniciativa de Defensa Estratégica”, denominada por la prensa como la “Guerra de las Galaxias”, que pretendía articular un complejo sistema de defensa orbital y misiles balísticos lanzados desde submarinos (SLBM en inglés). Estas capacidades conformarían un escudo de defensa espacial antimisiles habilitado para detectar y destruir los misiles disparados por los enemigos en sus dos etapas de lanzamiento y navegación, lo que imposibilitaría un ataque por sorpresa de Moscú. No obstante, a pesar de la repercusión favorable de la Iniciativa de Defensa Estratégica, está terminó por ser fuertemente criticada y descartada por sus altos costos e inviabilidades técnicas.

Algunos años después, tras la desaparición de la URSS, en 1991, la militarización del espacio pierde momentáneamente importancia.

Ahora bien, la hegemonía estadounidense en la competencia por el control del espacio se consolidó dándole al país un predominio absoluto que le permitió articular sendas Estrategias de Seguridad Nacional, en 2001 y 2006, bajo el principio de “second-to-no-one”, que establece que América no puede quedar en inferioridad militar frente a cualquier otra potencia.

En 2001, la “Quadremial Defense Review”, del presidente George W. Bush establece que no se admitirá ninguna limitación a la libertad de acción y soberanía de los Estados Unidos en el espacio.

En procura de estos objetivos, dos meses después del 9/11 y en medio de la “Guerra al Terror”, la Administración Bush resolvió retirarse del Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM) suscripto en 1972 con la desaparecida URSS.

El propósito de esta medida era posibilitar el desarrollo de un escudo antimisiles que protegiera a los Estados Unidos contra un posible ataque procedente de un “Estado Canalla”.

Bajo ese argumento las fuerzas armadas estadounidenses desarrollaron sistemas de armas laser instaladas a bordo de naves espaciales (ABL), nuevos ASAT y otros armamentos destinados a proteger las instalaciones satelitales americanas de un posible ataque por sorpresa en el espacio.

Más tarde, en 2006, la Administración Bush anunció que, ante la no existencia de armas en el espacio tampoco era necesario regular su empleo a través de tratados internacionales. El presidente Bush mantuvo ese criterio hasta el fin de su mandato, aún después de que China llevara a cabo, en 2007, ensayos de armas ASAT.

Washington respondió a las pruebas espaciales chinas, con su propio ejercicio destruyendo un satélite USA-193. El presidente George W. Bush también afirmó que los astronautas estadounidenses retornarían a la luna en el año 2020.

Por su parte, la Administración Obama emitió en 2010 su propia “Estrategia Nacional del Espacio” destinada a consolidar la ventaja estratégica que los estadounidenses tenían en el espacio. Esto derivó en ensayos con misiles SM3 incorporados a los buques del sistema de combate Aegis (ACG) y en el lanzamiento del avión espacial X-37B de Boeing.

En 2014, el presidente Barack Obama suscribió un nuevo documento la “Iniciativa de Innovación de Defensa” destinado a reforzar las capacidades ofensivas y defensivas en el espacio para asegurar el dominio estratégico de los Estados Unidos en ese campo.

El presidente Obama anunció, en 2016, al final de su segundo mandato que Estados Unidos pondría a un hombre sobre el suelo de Marte en el año 2030.

LA COMPTENCIA INTERNACIONAL POR EL ESPACIO

Para los Estados Unidos mantener la supremacía en el espacio no será una tarea sencilla: China, Rusia, la Comunidad Europea, la India y hasta Israel muestran un activo interés por la investigación espacial. Veamos muy esquemáticamente en que estado se encuentra ese interés.

El programa espacial de la República Popular China, por ejemplo, es dirigido por la “Administración Espacial Nacional China” (CNSA). Sus antecedentes históricos se remontan a la mitad del siglo pasado.

El presidente Mao Zedong anunció su decisión de desarrollar un armamento estratégico que incluyera bombas nucleares y misiles para ojivas durante la reunión del Comité Central del Partido Comunista de China llevada a cabo el 15 de enero de 1955.

Durante la etapa de cordiales relaciones chino – soviéticas de la década de 1950, la URSS llevó a cabo un programa de transferencia de tecnología a China bajo el cual entrenaron a científicos chinos y proporcionaron un cohete R-2.

El 8 de octubre de 1956, China creó la Quinta Academia del Ministerio de Defensa Nacional que comenzó a trabajar en el desarrollo de su primer misil balístico como parte de un Programa Aeroespacial chino de doce años.

La actividad espacial china se inició con la creación de la primera instalación secreta de prueba de misiles en China, denominada Base 20, el 20 de octubre de 1958. En esa fecha también se probó el primer misil balístico de corto alcance R-2 (SRBM), una versión actualizada del cohete alemán V-2. Su alcance era de 590 km, pesaba 20,5 toneladas y estaba propulsado con alcohol y oxígeno líquidos.

El 19 de febrero de 1960 se lanzó el primer cohete de diseño chino, el T-7 que tenía el doble de alcance que el R-2.

Los primeros esfuerzos de China en el campo espacial tripulado comenzaron en 1968 y se proponía poner a un astronauta chino en el espacio para 1973, pero no se concretó. Aunque China lanzó un satélite no tripulado en 1970 y ha mantenido un programa activo no tripulado desde entonces.

En 1994, Rusia vendió parte de su tecnología avanzada de aviación espacial a los chinos. En 1995, se firmó un acuerdo entre los dos países para la transferencia de la tecnología Soyuz, sistemas de soporte vital, sistema de acoplamiento y trajes espaciales. En 1966, dos astronautas chinos comenzaron a entrenar en el Centro de Entrenamiento de Cosmonautas Yuri Gagarin en Rusia. Después de completar el entrenamiento, los astronautas regresaron a China y comenzaron a adiestrar a otros aspirantes en instalaciones próximas a Beijing y Jiuquan.

El hardware y la información suministrada por los rusos condujeron a la realización de modificaciones en la nave espacial original de la Fase Uno, finalmente denominada Shenzhou (nave divina). Se construyeron nuevas instalaciones de lanzamiento en Jiuquan, en Mongolia interior.

El programa para el primer vuelo espacial tripulado chino se concretó el 15 de octubre de 2003, con la nave Shenzhou 5. Esto convirtió a China en el tercer país en enviar humanos al espacio a través de sus propios medios.

Como mencionáramos, en 2007, China realizó un ensayo empleando un misil balístico cinético KKV para destruir con éxito un antiguo satélite meteorológico Fengyn 1C.

En noviembre de 2011, China participó de un programa conjunto con Rusia que se proponía orbitar Marte. Pero, el Fobos – Grunt, una sonda destinada a la luna Fobos de Marte, tuvo problemas al abandonar la órbita terrestre y luego se destruyó en el reingreso el 15 de enero de 2012.

En 2015, el “Libro Blanco de la Defensa”, publicado por el Ejército de Liberación Popular (ELP) definió al espacio como la “cúspide de la competencia estratégica internacional”.
China ha desarrollado su propio sistema de posicionamiento global, el “BeiDou”, así como nuevos ASAT cinéticos y cibernéticos, armas de energía dirigida (DEW) y ha realizado importantes avances en el sistema C4ISR (comando, control, comunicaciones, computadoras, inteligencia, vigilancia y reconocimiento).

China incluso intenta desarrollar un “Programa Espacial de Energía Solar” para abastecerse de energías limpias y de minería en la cara oculta de la luna y en diferentes asteroides.

Incluso los chinos intentan concluir su propia estación espacial, denominada Tiangong, con el propósito de ponerla operativa para el año 2020.

El programa espacial ruso, por su parte, es controlado por la Agencia Espacial Federal Rusa, conocida como “Roskosmos”, que emplea en parte tecnología soviética remanente.

En un principio (1991) el programa espacial ruso tenía muchos problemas de presupuesto, pero aún así pudo participar en la construcción de la Estación Espacial Internacional. Roskosmos tuvo que encontrar varias formas para mantener a flote sus programas espaciales, como exportar tecnología espacial, vender espacios publicitarios en la estación MIR para comerciales de la televisión, y más recientemente vender viajes turísticos a millonarios a un costo de veinte millones de dólares.

A partir de 2005 la economía rusa se recuperó debido a los altos precios del petróleo y en 2006, la Duma asignó a Roskosmos un presupuesto de 11.000 millones de dólares.

En tanto que la “Doctrina Militar de Rusia” formulada en 2010 y actualizada en 2014 considera la militarización del espacio y el despliegue de armamento estratégico convencional de precisión como una de las principales amenazas para su seguridad.

La preocupación de Moscú se centra en la obsolescencia de su propia infraestructura espacial y de su sistema de vigilancia satelital buena parte del cual data de los tiempos de la URSS.

Además, del desarrollo de misiles ASAT, láseres o robots espaciales de destrucción, Rusia ha intensificado desde 2007 sus programas militares de alerta temprana, reconocimiento óptico, inteligencia, comunicaciones y navegación.

Roskosmos emplea principalmente la familia de los famosos cohetes R-7 comúnmente conocidos como cohete Soyuz, que son capaces de poner en órbita 7,5 toneladas de carga útil en la órbita baja de la Tierra. También los cohetes Protón (UK-500) desarrollados en los años sesenta y con capacidad de poner en órbita veinte toneladas de carga. Utilizan también otros cohetes pequeños como el Cosmos 3M y el cohete Rockot fabricando con la cooperación de Alemania.

En 2007, Vladimir Putin aprobó la construcción del cosmódromo Vostochni en Siberia, en proximidades de la frontera ruso – china (Vostochni significa oriental). El propósito del nuevo cosmódromo era complementar y, a largo plazo sustituir, al cosmódromo de Baikonur que, tras la desintegración de la URSS, quedó en territorio de Kazajistán.

La construcción de Vostochni comenzó en 2011. El 28 de abril de 2016, se lanzó el primer cohete no tripulado el Soyuz 2-1ª que transportaba a tres satélites. Uno de ellos denominado Lomonosov, un observatorio astronómico multifunción equipado con gran cantidad de instrumental. El satélite fue diseñado y construido por la Universidad Estatal Lomonosov de Moscú en colaboración con institutos de otros seis estados entre ellos Estados Unidos y España a través de la Universidad de Valencia.

A fines de 2017, Roskosmos perdió un satélite meteorológico lanzado desde Vostochni. Pero esto no detuvo los esfuerzos rusos. El 23 de enero de 2018, el Director General de Roskosmos, Igor Komarov anunció: “Prevemos una modernización profunda de nuestra red de satélites, así como 150 lanzamientos de satélites de aquí 2025 en el marco del programa espacial federal. La red rusa (de satélites) será considerablemente ampliada.”

Además, Roskosmos planea construir una nueva estación espacial rusa denominada “Federatsia” a partir de 2019 y con vuelo inaugural y primer atraque previsto para 2024.
Como China, Rusia está desarrollando su propio sistema de posicionamiento global, conocido como “Glonass”. Incluso ha suscriptos acuerdos para compartir este sistema con sus aliados de India, Kazajistán y Cuba.

La Comunidad Europea desarrolla sus actividades en el espacio a través de la Agencia Espacial Europea integrada por veintidós estados. Fue constituida el 31 de mayo de 1975. Actualmente emplea a dos mil personas y tiene un presupuesto anual de 5.750 millones de euros en 2017. Su sede principal está en París, aunque cuenta con instalaciones descentralizadas.

La Agencia Espacial Europea desarrolla parte de sus actividades en colaboración con Roskosmos. A tal efecto han construido un complejo de lanzamiento para el cohete Soyuz-ST en el cosmódromo de Kourou, situado en la Guayana Francesa, desde donde también se efectúan los lanzamientos de los vehículos Ariane 5.

La India, un país en vías de desarrollo en continúa competencia con China y que aspira a convertirse en potencia, también se ha sumado a la carrera espacial. Especialmente a la colonización de Marte.

El organismo espacial de India se denomina Indian Speace Research Organization (Agencia India de Investigación o ISRO).

La ISRO lanzó su primer satélite, denominado “Rohini”, el 18 de julio de 1980. Desde entonces ha llevado a cabo más de cien lanzamientos exitosos.

El 5 de noviembre de 2013 llevó a cabo su primera misión a Marte denominada Mangalyaan (formalmente Misión Orbitadora de Marte) convirtiéndose en el primer país de Asia y el cuarto del mundo en llegar al planeta rojo. Además, es el único que lo ha logrado en su primer intento.

El costo de la misión Mangalyaan fue de tan sólo 74 millones de dólares, menos de lo que costó filmar la película de Hollywood “Gravity” y la décima parte del presupuesto de la “Misión de la Evolución Atmosférica y Volátil de Marte” (MARVEN) implementada en simultáneo por la NASA, que insumió 671 millones de dólares.

La misión Mangalyaan se lanzó desde el centro espacial Satish Dhawan, en Sriharikota, en el noroeste del país.

ISRO planea llevar a cabo, entre octubre y noviembre de 2018, la misión Chandrayyan – 2 que será la primera para aterrizar un Rover cerca del polo sur de la Luna.

El Rover, equipado con ruedas, se moverá por la superficie lunar y realizará análisis químicos en el lugar. Los datos serán transmitidos a la Tierra a través del orbitador Chandrayyan – 2.

Como puede apreciarse, India se perfila también como un activo competidor para los negocios espaciales.

Por último, deben considerarse las actividades espaciales del Estado de Israel.

Israel lleva tres décadas siendo el octavo país del mundo que construyó su propio satélite y lo lanzó con su propio propulsor. Desde entonces las universidades israelíes, institutos de investigación y la industria privada trabajan en íntima relación por la Agencia Espacial de Israel.

El 19 de septiembre de 1988, Israel lanzó su primer satélite, el Ofek 1, empleando un vehículo de lanzamiento de tres etapas construido en Israel, el Shavit. Al construir en forma independiente y lanzar su propio satélite, Israel ingresó a un selecto grupo que incluye a Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, Japón, India, Francia y China.

Desde entonces, Israel ha progresado hasta convertirse en un facto significativo en la arena espacial comercial. Además, tiene acuerdos formales de cooperación en investigación espacial con Estados Unidos, Francia, Alemania, Rusia y Holanda. Los proyectos que estos acuerdos han producido permitirán a Israel mantener su lugar a la vanguardia de la investigación espacial.

La intensa competencia espacial de otros estados explica porque algunos militares estadounidenses, como el general John E. Hyten, de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, piensan que “En un futuro próximo (Rusia y China) serán capaces de utilizar sus capacidades para poner en peligro cualquier nave que tengamos en el espacio. Tenemos que evitarlo y la mejor manera de prevenir la guerra es estar listo para la guerra.”

EL IMPACTO EN LA ECONOMÍA

La decisión del presidente Trump de crear un comando independiente para la fuerza espacial estadounidense y de acelerar el programa de colonización en la Luna y Marte no sólo tendrá un gran impacto en el campo militar sino también en la economía y el avance científico tecnológico de los Estados Unidos. Porque la conquista del espacio es el mejor ejemplo de la conjunción entre ciencia pura y ciencia aplicada.

La decisión presidencial implica la asignación de importantes recursos para el sector espacial que beneficia, especialmente, a las empresas privadas proveedoras de equipos y servicios.

También creará millones de nuevos puestos de trabajo. Muchos de ellos en actividades que aún no han sido inventadas.

Para hacernos una idea aproximada de lo que esa decisión puede implicar basta con recordar que el esfuerzo de poner un hombre en la Luna tubo un costo de aproximadamente entre veinte y veinticinco mil millones de dólares, y creó quinientos mil puestos de trabajo indirecto y al menos otro tanto de puestos indirectos. El proyecto además reportó sensacionales avances en diversos campos tecnológicos que luego se emplearon en la industria civil.

Entre los productos originariamente desarrollados para poner al hombre en la Luna que luego se aplicaron a la vida cotidiana cabe mencionar: el código de barras, los detectores de humo, la pintura anticorrosiva, el sistema de ahorro de flujo de energía, nuevas técnicas de desinfección, el Kevlar que se emplea en los trajes antibala, el teflón, el cierre de velcro, el policarbonato, monitores cardíacos, termografías multicolor, termómetros digitales sin mercurio, el tubo dental, el tratamiento para purificar y reciclar el agua, el marcapasos, los lentes de contacto, los alimentos deshidratados, la tecnología láser, avances sustanciales en miniaturización de la computación, creación de microchips, circuitos integrados,  el posicionamiento global, etc.

Puede estimarse que cada dólar invertido en la conquista y colonización del espacio producirá cientos de dólares en avances tecnológicos. También abrirá nuevos negocios para las empresas de todo tipo y no sólo las espaciales o militares estadounidenses.

Así lo han comprendido las universidades, centros de investigación, empresas y grandes inversores estadounidenses. Jeff Bezos, el segundo hombre más rico del mundo después de Billy Gates, por ejemplo, ha resuelto vender mil millones de dólares anuales en acciones de su empresa Amazon para financiar sus planes de exploración espacial a través de la empresa Blue Origin.

Bezos aspira a crear naves espaciales reutilizables al estilo de los actuales aviones de pasajeros y a desarrollar con ellos el turismo espacial. Recordemos que, en 2001, el millonario estadounidense Dennis Tito, pagó veinte millones de dólares a una empresa rusa que lo llevó al espacio en un cohete Soyuz. El magnate estadounidense quería comprobar con su propia manzana que los efectos de la fuerza de gravedad, como afirmara Newton, desaparecen fuera de la Tierra.

Es por ello por lo que, la decisión de Donald Trump es totalmente coherente con su política de “América primero”. Si se cumplen los proyectos y se realizan las inversiones programadas esta Iniciativa abrirá para su país y para el mundo entero una nueva etapa de crecimiento científico tecnológico y posiblemente también de prosperidad económica.

Incluso otros países, universidades, centros de investigación y científicos extranjeros tendrán posibilidades de participar de esta Iniciativa proveyendo equipamiento y conocimientos que los estadounidenses no puedan desarrollar o producir, suministrando talento y otros insumos.

La reciente decisión de Donald Trump podría poner al mundo a las puertas de una nueva era de desarrollo. Curiosamente, las acciones del presidente estadounidense concuerdan con las propuestas y advertencias formuladas por el físico británico Stephen Hawking, poco antes de su muerte.

“Estamos quedándonos sin espacio y los únicos espacios a los que podemos ir son otros mundos.” […] “Es el momento de explorar otros sistemas solares. Expandirnos puede ser lo único que nos salve de nosotros mismos. Estoy convencido de que los humanos necesitan irse de la Tierra”, sentenció Hawking.

viernes, 15 de junio de 2018

EL VOTO QUE DESENMASCARA A ARABIA SAUDITA




La votación en el 68° Congreso de la FIFA para decidir la sede de la XXIII edición de la Copa Mundial de Fútbol, en 2026, desnudó el verdadero alcance de los vínculos entre Marruecos y Arabia Saudita.

Pocas personas en el mundo dudan de que el futbol se ha convertido, en las últimas décadas, en una gran industrial multinacional que opera con millones de dólares en publicidad y turismo.

Cada cuatro años, la Copa Mundial del Futbol organizada por la FIFA constituye un evento de gran magnitud que proporciona al país organizador no sólo importantes réditos económicos sino ola oportunidad de ganar visibilidad internacional. El país sede tiene la oportunidad de presentar al mundo su sociedad, de mostrar la pujanza de su economía y la estabilidad de sus instituciones.

La importancia que este evento ha adquirido es de tal dimensión que países como los Estados Unidos, Canadá y México han archivado sus múltiples diferencias y desencuentros -en materia de política migratoria, muros fronterizos, NAFTA y cambio climático, etc.- para forjar una candidatura conjunta como país sede.

Es que el futbol también se ha infiltrado en la agenda diplomática de los Estados y es una pieza más el tablero geopolítico internacional. A tal punto que no puede sorprender que el presidente Donald Trump haya aprovechado un encuentro en la Casa Blanca con el presidente nigeriano Muhammad Buhari para presionar en favor de la candidatura de su país. “Espero que todos los países africanos y del resto del mundo apoyen nuestra candidatura con Canadá y México para la Copa del Mundo 2016. Estaremos mirando muy de cerca y cualquier ayuda que nos den será apreciada, dijo en tono de advertencia el primer mandatario estadounidense.

En estas ocasiones los países suelen privilegiar la solidaridad regional. Votan en bloque a algún país de su región o a alguno de sus aliados internacionales como candidato a país sede.

América Latina, por ejemplo, voto por la candidatura conjunta de los tres países americanos. La única excepción fue Brasil. Muy cuestionado por sus vecinos por esta aptitud discordante.

Es por ello por lo que no deja de sorprender la aptitud poco solidaria asumida por el gobierno de Arabia Saudita al votar contra la candidatura de Marruecos. En especial porque no solo se trató de un voto en contra, sino que Riad hizo campaña en favor de la candidatura conjunto ante los gobiernos de otros países árabes.

En Rabat la aptitud saudita fue vivida como una auténtica traición. Marruecos siempre ha sido un aliado firme y confiable de la monarquía saudí. Marruecos siempre ha estado presente con su apoyo a los sauditas en todos los casos en que se le requirió, en especial en su disputa con el régimen shíi de Irán.

Como entender entonces esta defección de Riad, en una votación en que Marruecos cosechó la solidaridad de la mayoría de los países africanos -incluso de su rival regional: Argelia- y árabes, reuniendo por sí solo 65 votos frente a los 134 votos reunidos por tres importantes estados: la superpotencia de los Estados Unidos, sumada a Canadá y México.

La explicación más sencilla sería pensar que la monarquía saudita procedió en esa forma buscando congraciarse con Washington. Pero puede haber algo más.

En los últimos tiempos, en especial desde que el príncipe Mohamed ibn Salmán se ha convertido en el poder tras el trono, Riad ha comenzado a mirar con suspicacia el creciente soft power de Marruecos y el gran prestigio que como estadista tiene Mohamed VI en todo el mundo. En especial, el incremento de la influencia de Marruecos en África.

Además, lo saudíes no pueden perdonar que Marruecos no los haya acompañado en su rompimiento con el emirato de Qatar.

El 5 de junio de 2017, Riad y un conjunto de países aliados (Baréin, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Libia, Maldivas y Yemen) rompieron relaciones diplomáticas con Qatar.
La causa fue el pago, por parte del gobierno de Qatar, de una gran suma de dinero a las milicias shiís en Irak como rescate por 26 rehenes cataríes (entre ellos miembros de la familia real Thani). Arabia Saudita y sus aliados acusaron a Qatar de financiar a grupos terroristas.

En esa ocasión Marruecos, dio una muestra de prudencia y prefirió buscar un entendimiento entre países musulmanes. Riad no encajó bien esa muestra de independencia por parte del país magrebí y esperó arteramente la oportunidad de hacerle pagar esa “factura” a su tradicional aliado.

Posiblemente esto explique el comportamiento de Arabia Saudita. Al mismo tiempo, Marruecos, como sede de la Copa Mundial de Futbol 2026, se habría proyectado aún más claramente como una nación líder en el ámbito global, opacando la influencia saudita en el mundo árabe.

Como es de esperar, Marruecos tampoco olvidará fácilmente la afrenta infligida por Arabia Saudita y el hecho seguramente tendrá repercusiones posteriores en el mundo árabe.  
Cada vez es más evidente que en los estadios de la Copa Mundial de la FIFA se juega algo más que un resultado deportivo. Podríamos decir, en términos clausewitzcianos, que el futbol se ha convertido en una “guerra por otros medios” donde se juegan negocios y el prestigio de los países.

Lo único cierto por el momento es que Marruecos ha intentado infructuosamente seis veces ser país sede y el tema se ha convertido en una cuestión de orgullo nacional. Por lo cual, seguramente el Reino intentará nuevamente, en 2022, ser designado el país organizador de la Copa Mundial de la FIFA 2030. Esperemos que en esa ocasión no sufra nuevas traiciones de quienes considera sus amigos y hermanos.


martes, 12 de junio de 2018

LA CERTERA DIPLOMACIA DE MOHAMED VI COSECHA NUEVOS ÉXITOS




La visita del presidente nigeriano Muhammadu Buhari a Rabat abre una nueva etapa en las relaciones entre ambas naciones y en la política internacional africana.

La potente política de Mohamed VI hacia África y al fortalecimiento de los vínculos sur – sur ha cosechado esta semana un nuevo éxito con la visita oficial de trabajo y amistad llevada a cabo por el presidente de la República Federal de Nigeria, Muhammadu Buhari a Rabat.

La visita, una retribución a la efectuada en diciembre de 2016 por el monarca marroquí a Ayuba, constituye la primera de un presidente nigeriano al reino magrebí.

La presencia del presidente Buhari en Rabat fue la ocasión propicia para la firma de tres trascendentes convenios bilaterales.

El primer convenio consiste en una declaración conjunta entre Marruecos y Nigeria sobre la implementación de una nueva fase del proyecto estratégico, suscripto en Rabat el 15 de mayo de 2017, para construir la mayor obra de infraestructura llevada a cabo por africanos en asociación con africanos.

Un gasoducto de 6.500 kilómetros de extensión que conectará los recursos gasíferos de Nigeria con los mercados europeos a través de Marruecos y las naciones del África Occidental. La obra abastecerá las necesidades energéticas de los países involucrados y de Europa al menos por los siguientes 25 años.

El segundo convenio bilateral de cooperación fue suscripto por la Oficina Jerifiana de Fosfatos y el Fondo Soberano de Nigeria “Nigeria Sovereign Investment Authority” para el desarrollo conjunto de una plataforma industrial en Nigeria para la producción de amoníaco y productos derivados. Cabe destacar que desde los primeros acuerdos en este campo firmados por Mohamed VI en su visita de 2016, catorce plantas nigerianas productoras de fertilizantes NPK (nitrógeno, fósforo y potasio) han reactivado su producción.

El tercer acuerdo suscripto es un convenio de cooperación para la formación profesional en el campo de la producción agrícola.

Además, la visita ha resultado una ocasión propicia para que el presidente Muhammadu Buhari conociera en forma personal las instalaciones y el trabajo que se lleva a cabo en el “Instituto Mohamed VI para la Formación de Imanes”, con sede en Rabat.

En la institución religiosa marroquí, que promueve un Islam tolerante, se forman actualmente más de doscientos alumnos nigerianos becados por el reino alauí.

En el plano social, el presidente Buhari compartió un “iftar” (desayuno para romper el ayuno de Ramadán) con Mohamed VI, el príncipe heredero Moulay Hassan y el príncipe Moulay Rachid.  También de una reunión a solas con el rey de Marruecos.

La visita del presidente nigeriano a Marruecos constituye un nuevo y muy serio revés para los separatistas del Frente Polisario y sus sponsors argelinos.

Tanto Nigeria como Sudáfrica eran importantes apoyos para la diplomacia argelina y del Polisario en África. Sin embargo, en los últimos tiempos, en especial desde el retorno de Marruecos al seno de la Unión Africana en enero de 2017, ambos países están revisando esa posición y aproximándose ostensiblemente al reino magrebí.

Por otra parte, la visita es también un importante avance para el propósito de Marruecos de incorporarse a la Comunidad Económica de Estados de África Occidental.

Todos ello ha sido posible por la acertada estrategia diplomática implementada por el rey Mohamed VI, actualmente el principal estadista africano.


sábado, 9 de junio de 2018

LA IZQUIERDA ANTICAPITALISTA ESPAÑOLA INTENTA ROMPER EL BIPARTIDISMO





Unidos Podemos, el partido populista de la izquierda española pretende aprovechar la debilidad del gobierno socialista encabezado por Pedro Sánchez y la crisis del Partido Popular para convertirse en alternativa de gobierno en el 2020.

La crisis del sistema político español, caracterizado en las últimas décadas por la alternancia del Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español, parece crear las condiciones propicias para que nuevas formaciones políticas lleguen al Palacio de La Moncloa.

Al menos así lo cree el Secretario General del partido populista de izquierda Unidos Podemos, el singular Pablo Iglesias

Recordemos que Podemos es un partido político español financiado por el gobierno de los ayatolas de Irán. Una agrupación que se ha caracterizado por defender al régimen dictatorial venezolano de Nicolás Maduro y a los terroristas del Frente Polisario.

Su Secretario General, Pablo Iglesias se caracteriza por la reiterada descortesía con que trata al rey Felipe VI y por practicar un descarado nepotismo impulsando la carrera política de su pareja la diputada Irene Montero.

Recientemente, la diarquía que conduce Cambiemos dio señales de su creciente aburguesamiento al adquirir un fastuoso chalé, de 660.000 euros, en un selecto vecindario de las afueras de Madrid. Seguramente, Iglesias y Monteros proyectan planificar desde allí la revolución proletaria que llevará a España al socialismo.

Mientras tanto Cambiemos se propone hostigar todo lo posible al débil gobierno del socialista Pedro Sánchez.

En una entrevista televisiva, Iglesias ha advertido que concederá tan sólo una “cortesía mínima” de tres semanas a los socialistas, luego se dedicará a amargarles la vida.

“Ha tardado 24 horas en olvidarse quien le ha hecho presidente”, reprocho Iglesias con resentimiento al nuevo Jefe de Gobierno debido a que no incluyó a miembros de Cambiemos ni a personas afines a la izquierda radicalizada en el nuevo gabinete.

Luego sentenció: “Normalmente el que se desgasta es el que está en el Gobierno. No hay Gobierno que no se desgaste, y pasar por Moncloa con el gobierno más débil de la historia de España probablemente vaya a ser un calvario para Pedro Sánchez.”

Para acelerar ese proceso, Cambiemos ha conformado un “gabinete en las sombras” que integran la mayoría de los miembros del Comité Ejecutivo de la formación anticapitalista, incluidos Iñigo Errejón, Juan Carlos Monedero, el economista Vincenc Navarro, el ex Jefe de Estado Mayor de la Defensa, Julio Rodríguez y la diputada gallega Carolina Bescansa.

Más allá de las predicciones y deseos de Iglesias, lo cierto es que la tarea de Pedro Sánchez no será sencilla ni agradable. Por primera vez gobierna en la Península un político que nunca ganó una elección y que incluso en dos ocasiones obtuvo las peores derrotas de un líder socialista (90 diputados en 2015 y 84 en 2016) y que sólo cuenta con 84 diputados de los 350 que integran las Cortes. Sánchez es también el líder de un partido que pierde adhesiones año a año, de elección en elección…

Los socialistas conducen lo que el periodismo español ha bautizado como un “gobierno Frankenstein”. Es decir, un gobierno que nació muerto y que sólo vive gracias aun cadáver (el PSOE) y los retazos de otros cuerpos (en este caso partidos nacionalistas vascos y catalanes que pretenden separar a sus regiones de España).

El PSOE no sólo debe preocuparse por la hostilidad de la izquierda más radicalizada sino también por los partidos de la derecha.

Tanto el Partido Popular como Ciudadanos parecen muy poco dispuestos a colaborar con los socialistas. Por el contrario, esperan que en el año y medio que falta hasta el final de la legislatura los socialistas se desgasten y pierdan aún más adhesiones. En especial de la clase media moderada propensa a cambiar su voto hacia la derecha.

Tan pronto como el Partido Popular renueve su conducción (tras la renuncia de Mariano Rajoy) y comience a superar las heridas internas dejadas por el caso Gütrel, la mayor trama de corrupción política de España que condujo a la cárcel a 29 personas comenzará a pensar en nuevas elecciones para retornar al gobierno.

Otro tanto hará Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, un partido de derechas más “aggiornado”, honesto y presentable, que los esperpénticos dirigentes, con tufillo a corruptos, del PP. Por el momento, Ciudadanos es la fuerza política con mayor respaldo social que aspira (al igual que Podemos) a salir ganador de la crisis y las contradicciones de un débil gobierno del PSOE para romper con el bipartidismo y proyectarse a La Moncloa.

El gobierno socialista, además, deberán hacer frente al separatismo intransigente de los catalanes sin el apoyo del PP o de Ciudadanos.

Este complejo cuadro de situación parece augurar que España se encuentra a las puertas de una seria crisis de gobernabilidad. En las próximas semanas veremos si Pedro Sánchez y los socialistas son capaces de campear el temporal.    

lunes, 4 de junio de 2018

MARRUECOS: ENTRE LA OPORTUNIDAD PERDIDA DE LA UMA Y LA APUESTA ACERTADA EN ÁFRICA




En el Marco del “Seminario sobre las Regiones de África. Oportunidades de Negocios, Desarrollo y Potenciales”, organizado por la Comisión de Relaciones Exteriores de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, el Dr. Adalberto C. Agozino pronunció la conferencia titulada “Marruecos: entre la oportunidad perdida de la UMA y la apuesta acertada en África”, cuyo texto reproducimos seguidamente.
¿QUÉ ES EL MAGREB?

En el mundo árabe se han distinguido tradicionalmente dos grandes subconjuntos regionales: el Magreb o Poniente de la astronomía árabe y el Machrek u Oriente árabe. La denominación árabe Al-Maghrib era inicialmente un término astronómico que significaba poniente, “la región donde se pone el sol”, que, por extensión, se pasó a denominar a la tierra lejana y desconocida hacia donde se dirigieron los árabes en el siglo VII y donde implantaron el Islam.
El Magreb alberga a cinco estados: Libia, Argelia, Túnez, Marruecos y Mauritania. Sumados estos Estados ocupan un territorio de 4.287.560 km² que lo equipara en extensión con la Europa comunitaria (4.324.782 km²) aunque lamentablemente la mayor parte de ese territorio es desértico o semidesértico.
El Magreb constituye algo más de 14% del territorio africano y el 42% de la superficie combinada del mundo árabe y el 30% de su población. Es también la región de África con menor densidad de población: 11,1 habitantes por kilómetro cuadrado, el 50% de los cuales es urbano.
LA UNIÓN DEL MAGREB ÁRABE (UMA)
La integración económica de los países del Magreb reconoce, al menos, dos grandes iniciativas frustradas. En octubre de 1964, la creación del Comité Permanente Consultivo Magrebí (CPCM), con sede en Túnez, surgido de la Primera Conferencia de Ministros de Economía de Marruecos, Túnez, Libia y Argelia. 
El Comité Permanente tenía objetivos sumamente ambiciosos: impulsar el desarrollo de los intercambios intramagrebíes, el establecimiento de una política aduanera común, política industrial coordinada, armonización de la política de negociación con la CEE, etc.
Lamentablemente, los conflictos territoriales entre los Estados magrebíes archivaron esta iniciativa después de tan sólo cinco reuniones de los ministros de economía. La integración económica del Magreb entró en un cono de sombras hasta 1989.
El 17 de febrero de 1989, se concretó la segunda de estas iniciativas. Los cinco jefes de Estado de los países del Magreb, el rey Hassan II de Marruecos, el presidente Chadli de Argelia, el coronel Gadafi de Libia, el coronel Taya de Mauritania y el presidente Ben Alí de Túnez firmaron en la bella ciudad de Marrakech el tratado de constitución de la “Unión del Magreb Árabe” (UMA).
Por desgracia, desde su firma, la UMA no se ha materializado. Los litigios fronterizos , la cuestión artificialmente mantenida en torno a las provincias saharianas de Marruecos, las crisis internas, como la “Primavera Árabe”, la guerra civil en Libia, las polarizaciones intramagrebíes, las relaciones verticales con la Unión Europea, el predominio de la diplomacia bilateral con los países europeos y la pobreza de los intercambios horizontales han frustrado también esta iniciativa.
Tras 30 años, no se logró ninguno de los grandes objetivos de la UMA. La seguridad y la política eclipsan la atención. En el momento en el que el mundo se mueve para la formación de bloques económicos y mercados de consumo integradas, el Magreb sigue ausente de la escena internacional, y económicamente no pesa, aunque disponga de enormes posibilidades y riquezas.
El impacto de la crisis económica global y las revueltas que sucedieron desde 2011 han impactado profundamente en las economías norteafricanas, contribuyendo a un aumento del proteccionismo comercial y a un debilitamiento de la inversión. Los países del Magreb no pueden esperar y ganar tiempo, ya que se arriesgan a no poder cumplir con las exigencias del mercado, y no pueden desatender este frente si quieren luchar contra la radicalización religiosa, estimular la diversificación económica y el crecimiento de empleo que necesitan para mantener una estabilidad política y social.
En el conjunto de los países del Magreb viven cien millones de personas con una media de edad de 24 años, una riqueza estimada en 500.000 millones de dólares, un superávit fiscal que alcanzó los 30.000 millones de dólares, en 2017, y con reservas de divisas que superan los 300.000 millones de dólares.
Una reactivación del proceso de integración es clave para satisfacer las necesidades del crecimiento y fortalecer la resistencia a los choques externos. La solución está en casa: sumando sus fuerzas los países de la región tienen todo para ganar: unas economías de escala importante, un potencial real de crecimiento, y un gran mercado de consumidores que tiene unos márgenes de progresión muy significativos. Además cuenta con grandes recursos y riquezas en los campos de la energía, la agricultura, el turismo, los minerales, los recursos humanos y la proximidad a los mercados europeos, árabes y africanos.
A falta de un real proceso de integración económica regional, la principal plataforma de ingreso a África en el Magreb para empresarios e inversionistas los constituye el Reino de Marruecos.
MARRUECOS PLATAFORMA DE INGRESO A ÁFRICA
Marruecos por su posición geopolítica, su proximidad cultural con los países de la región y su infraestructura, servicios y mano de obra capacitada constituye una puerta de acceso privilegiada al continente africano.
Situado a tan solo 14,4 kilómetros de las costas europeas, al otro lado del Estrecho de Gibraltar, Marruecos cuenta con una posición geográfica que favorece las comunicaciones aéreas y marítimas con los mercados del África del Norte, África Central y África Occidental en comparación con otros países de la región.
La proximidad geográfica de Marruecos con la Unión Europea presenta ventajas adicionales en términos logísticos, a los que se agregan su dotación de infraestructuras y sus buenas conexiones marítimas y aéreas, que convierten al reino alauí en una plataforma privilegiada de acceso a África.
Sin embargo, las comunicaciones terrestres se ven dificultadas por el cierre de la frontera con Argelia desde 1994. Por lo tanto, el abordaje al resto de África por tierra se ve accesible únicamente a través de Mauritania. Es por ello que, algunas compañías logísticas marroquíes han establecido servicios regulares por carretera entre Marruecos, Senegal y Malí atravesando el territorio de Mauritania. Sus camiones también llegan hasta Guinea, Burkina Faso, Costa de Marfil y Níger.
A pesar de las limitaciones en la logística terrestre, la cara atlántica de África queda plenamente cubierta por las infraestructuras aéreas y portuarias que ofrece Marruecos.
Las infraestructuras logísticas de Marruecos lo convierten en un enclave estratégico para el comercio exterior, especialmente en lo que hace al transporte marítimo. Así, por ejemplo, más del 40% de las mercancías que hacen transbordo en el puerto de Tánger Med tiene como origen o destino a África Occidental.
Además del puerto Tánger Med, con capacidad para 8,5 millones de containers, Marruecos dispone de otros puertos como el de Agadir al sur del país, especializado en productos pesqueros y agro alimentos, los de Jorf Lasfar y Sali especializados en fosfatos, el de Casablanca y el de Mohammedia, de hidrocarburos. También existen otros proyectos en marcha que reforzarán la dimensión atlántica de Marruecos, como los puertos de Kenitra Atlantique, Dakhla y Nador Westmed.
Los tres principales puertos (Casablanca, Jorf Lasfar y Tánger Med) cuentan con líneas regulares semanales que conectan a Marruecos con los puertos de veinte países africanos.
En lo que respecta a la infraestructura aérea, Marruecos dispone de 14 aeropuertos internacionales. El aeropuerto de Casablanca permite conectar directamente con los principales aeropuertos africanos. En 2016, el tráfico aéreo de mercancías exportadas de Marruecos al resto de África aumentó un 6,52% respecto del año anterior, alcanzando las 68.436, 24 toneladas.
Para el tráfico de pasajeros hay vuelos regulares a África del Norte, Oeste y Central. Royal Air Maroc vuela a 22 destinos en el África subsahariana.
Aunque los intercambios comerciales de Marruecos siguen dominados por Europa (el 64% de las importaciones y el 70% de las exportaciones las protagonizan países europeos), la cifra de las transacciones comerciales entre Marruecos y África Subsahariana no ha dejado de crecer en los últimos años presentando un incremento anual promedio de 9,1% para el periodo 2008 – 20016.
Marruecos exportó al África Subsahariana mercancías por valor de 1.394 millones de euros en 2016. Por su parte, las importaciones a Marruecos desde África subsahariana, se han mantenido siempre estables entre 250 y 450 millones de euros. Esto se traduce en una balanza comercial excedentaria que pasó de los 121 millones de euros en 2008 a 1.112 millones de euros en 2016.
En las últimas décadas, las empresas marroquíes han mejorado su competitividad y accedido a países africanos dándose a conocer en el resto del continente no sólo por la calidad y precio de sus productos y servicios sino también por la proximidad, la conexión cultural, económica y social que mantiene Marruecos con África.
De hecho, Marruecos ha mejorado su clima de negocios en los últimos siete años, avanzando sesenta puestos en el ranking “Doing Business” lo que le permitió posicionarse en el número 68 del ranking global y el primero de África del Norte. También ocupa el primer puesto de esta región en el índice de libertad económica elaborado por la Fundación Heritage y el Wall Street Journal y en la calificación de riesgo país de COFACE (valoración A4, frente a sus vecinos magrebíes con calificación menor.)
EL CAPITAL HUMANO
Marruecos dispone de dieciséis universidades y de 370.000 estudiantes de educación superior. Además, 43.000 estudiantes marroquíes cursan sus estudios en el extranjero, de los cuales más del 60% de los que finalizan sus estudios en universidades extranjeras vuelven a trabajar en Marruecos.
Además del alto nivel de formación, buena parte de la población habla varios idiomas ya que existen aproximadamente veinte millones de personas francófonas y más de cinco millones de hispanohablantes, estas últimas ubicadas sobre todo en el norte del país. Existe también una fuerte difusión del inglés entre graduados jóvenes y ejecutivos de empresas, así como del árabe clásico en la administración pública y la prensa escrita.
Marruecos, por tanto, comparte lengua de trabajo con 31 países del África francófona (120 millones de personas francófonas) entre los que se encuentran Benín, Burkina Faso, Camerún, República Democrática del Congo, Costa de Marfil, Yibuti, Gabón, Guinea Ecuatorial, Kenia, Mali, Mauritania, Guinea, Senegal, Togo, Túnez y Argelia.
LA POLÍTICA AFRICANA DE MOHAMED VI
Desde el comienzo del reinado de Mohamed VI, en 1999, Marruecos se ha caracterizado por una política exterior dirigida a desarrollo sostenible y cooperativo, al fortalecimiento de las relaciones sur – sur y a priorizar los vínculos con África.

Esta política comenzó con la cada vez mayor intervención de tropas marroquíes en las misiones de paz de Naciones Unidas en el continente y con el otorgamiento de becas para estudiantes africanos. En 2016, estaban estudiando 18.000 alumnos extranjeros provenientes de 42 países, de los cuales 6.500 eran becarios. La participación en la formación de imanes, el envío de ayuda humanitaria y medicamentos para los pueblos necesitados de África y muchas otras iniciativas similares.

Actualmente, Marruecos, con 1.700 millones de dólares en inversiones, es el segundo inversor africano en el continente, después de Sudáfrica y aspira a convertirse en el primero.

La presencia de Mohammed VI acompañado de delegaciones de funcionarios y empresarios marroquíes se hizo algo habitual en los países de la región. Cada visita del monarca alauí a un país africano dejaba al país anfitrión un saldo de donaciones y ventajosos convenios de cooperación bilateral.

Marruecos ha suscripto una serie de acuerdos regionales para el libre intercambio de mercancías y para favorecer las inversiones entre el Reino  y el resto del continente africano. Desde 1956 a 1999 se firmaron 515 acuerdos con los países africanos; mientras que, desde entonces, han sido 949 los acuerdos firmados hasta la fecha, es decir, más del doble. Esos acuerdos abarcan todo tipo de materias que van desde los intercambios meramente comerciales a la colaboración en materias concretas como la educación o la cultura. 

Esta diplomacia económica emprendedora y su fuerte compromiso en el campo de la diplomacia cultural y religiosa pusieron de manifiesto la preocupación del Rey de Marruecos por las necesidades de los pueblos hermanos del África.

Marruecos se ha convertido, en las últimas décadas, en una potencia económica y diplomática dentro de África, lo que se tradujo en la imposibilidad de que el Reino se mantuviera ausente de la escena diplomática continental o de su organización la Unión Africana. Marruecos propició la creación de este organismo por impulso del entonces rey Mohamed V que convocó a la Conferencia de Casablanca, en 1961, y luego se incorporó a la entonces Organización de la Unidad Africana (OUA) en 1963, y de la cual se alejó en 1984 por acciones que amenazaban su soberanía territorial.

En 2016, el rey Mohamed VI, en su discurso de conmemoración de un nuevo aniversario de “La Marcha Verde”, que permitió a Marruecos recuperar su integridad territorial al restablecer su soberanía sobre las provincias del Sur, en 1975, dijo el monarca: “Marruecos está de vuelta para recuperar su lugar natural en África”.

Luego aclaró: “El regreso de Marruecos a la Unión Africana no es una decisión táctica, ni debida a cálculos coyunturales. Es más bien una decisión lógica resultante de una profunda reflexión. Así pues, al anunciar nuestra vuelta, no pedimos el permiso de nadie para obtener nuestro legítimo derecho.”

Este regreso se concretó en enero de 2017 y en ese mismo año Mohamed VI fue nombrado como “Líder de la Unión Africana sobre la Cuestión de la Migración”.

En 2018, en la XXIIª Sesión Ordinaria del Consejo Ejecutivo del Bloque Panafricano como preludio de la XXXª Cumbre de la Unión Africana, realizada en la ciudad de Addis Abeba, Etiopia, Marruecos fue designado miembro del Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana, máximo organismo de la entidad regional.

Además, Marruecos se encuentra negociando su incorporación a la Comunidad Económica de Estados de África Occidental, un mercado regional que comprende a 16 Estados y 750 millones de potenciales consumidores.
Marruecos ha establecido estrechas relaciones con algunos importantes países africanos, a cuyos ciudadanos ha exonerado de visado para ingresar a su territorio: Argelia, Congo, Costa de Marfil, Guinea Conakry, Libia, Mali, Níger, Senegal y Túnez. De esta manera, puede ser más fácil para una empresa instalada en Marruecos reunirse en este país con sus clientes africanos que en un país europeo, ya que éstos suelen tener condiciones de entrada más restrictivas para los visitantes extracomunitarios.
Marruecos fortalece la cooperación Sur – Sur, destinado aproximadamente trescientos millones de euros anuales en ayuda pública al desarrollo de África que se canalizan a través de distintos cauces de cooperación institucional como la Agencia Marroquí de Cooperación Internacional (AMCI), órgano encargado de programas tripartitos de cooperación en los que intervienen Marruecos como canalizador de la ayuda, otro país africano como beneficiario y un tercer país u organismo internacional. Por ejemplo, Japón gestiona parte de su ayuda al desarrollo en África en colaboración con la AMCI. En este caso, Marruecos actúa como país puerta de África en el ámbito de la cooperación internacional.
Cabe destacar la labor de algunas fundaciones marroquíes que ayudan a financiar proyectos de cooperación con África. Por ejemplo, la fundación de riqueza soberana de Marruecos Ithmar Capital junto con la Autoridad de Inversión Soberna de Nigeria (NSIA) se han asociado para invertir en el proyecto de gasoducto que conectará Nigeria con la Europa Comunitaria, pasando por Marruecos.
Además, existen otras fundaciones de inversión marroquíes como la Fundación de Desarrollo Industrial y de Inversiones y la Fundación Hassan II que favorecen la inversión de proyectos en determinados sectores tanto a nivel local como a nivel internacional, siempre que estén dirigidos por una empresa marroquí. Por otro lado, Marruecos también forma parte de la Fundación África 50 que facilita la inversión en aquellos proyectos destinados a mejorar las infraestructuras del continente.
Esa estabilidad y liderazgo atraen inversiones extranjeras a su territorio, le dan un mayor protagonismo en  las misiones de paz de Naciones Unidas, lo convierten en sede de eventos internacionales como la “Cumbre de la Tierra – Río 1992” (que ha albergado en dos ocasiones en 2001 y 2016) de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP22), la Cumbre Africana para la Acción (2016) o  la Conferencia Intergubernamental de Adopción del Pacto Mundial, así como el Foro Global para la Migración y el Desarrollo que se realizarán en Marruecos en diciembre de 2018.
Gracias a la COP22, 26 países africanos han firmado la Promesa de Marrakech de Fomentar Mercados de Capital Verde, en África, destinados a financiar proyectos de energías renovables.
Finalmente, Marruecos organiza periódicamente distintos foros empresariales y de inversiones orientados especialmente hacia el continente africano, como el foro Invest Africa Expo del cual participaron 26 países africanos.
Estos eventos son útiles para que las empresas marroquíes entren en contacto con empresas de otros países africanos con el objetivo de crear contactos y descubrir posibles oportunidades de colaboración.
Por otro lado, sirven también para evidenciar el compromiso de Marruecos con el desarrollo de los países y la economía africana. Una muestra de ello fueron el Fórum África Developpement y los Spécial Recontres d’Affaires Africa que estuvieron lugar en abril de 2017 en Casablanca, y son una referencia para la comunidad de negocios y una plataforma para los inversores interesados en el continente africano.
Otro evento significativo son los Fórum Crans Montana, que tienen lugar en la ciudad puerto de Dakhla, cuyo objetivo son garantizar a toda la población africana acceso a los bienes básicos (agua, electricidad, comida y medicamentos). De estos eventos participaron representantes de 137 países.
Esos son pues brevemente los factores que convierten a Marruecos en una puerta para África desde el Magreb.