martes, 7 de abril de 2015

LA GRAN GUERRA EN PERSPECTIVA

LA GUERRA QUE TERMINARÍA CON TODAS LAS GUERRAS

 “El siglo XX –nos dice E. J. Hobsbawn- no puede disociado de la guerra, siempre presente aun en los momentos en los que no se escuchaba el sonido de las armas y las explosiones de las bombas. La crónica histórica del siglo y, más concretamente, de sus momentos iniciales de derrumbamiento y catástrofe, debe comenzar con el relato de los 31 años de guerra mundial”[i] Esta apreciación del célebre historiador es comprensible, ya que desde hacía un siglo no se había producido en el mundo una guerra importante en la que se hubieran visto involucradas las grandes potencias, o al menos la mayor parte de ellas.

A principios del siglo XX, el mundo continuaba dominado por las seis grandes potencias europeas: Gran Bretaña, Francia, Rusia, Austria –Hungría, Prusia –desde 1871 extendida a Alemania- y, después de la unificación Italia, a las que se sumaban Estados Unidos en América y Japón en Asia. Todas estas grandes potencias poseían extensos imperios coloniales.

A pesar del aparente clima de prosperidad, entre los principales estados europeos existían graves tensiones. Sin embargo, desde el final de las guerras napoleónicas en 1815, sólo había habido un breve conflicto en el que participaron más de dos grandes potencias, la Guerra de Crimea (1854 – 1856), que enfrentó a Rusia con Gran Bretaña y Francia.

La mayor parte de los conflictos bélicos ocurridos desde entonces, en que se involucraban algunas de las grandes potencias, había tenido muy corta duración. El más prolongado de ellos no fue un conflicto internacional sino una guerra civil en los Estados Unidos (1861 – 1865), y lo normal era que las guerras duraran meses o incluso –como la guerra entre Prusia y Austria de 1866- semanas. Entre 1871 y 1914 no hubo ningún conflicto en Europa en el que los ejércitos de las grandes potencias atravesaran una frontera enemiga, aunque en el Extremo Oriente Japón se enfrentó con Rusia, a la que venció, en 1094 – 1905, en una guerra que aceleró el estallido de la Revolución Rusa.

Como muy bien señala Hobsbawn, anteriormente nunca se había producido una “guerra mundial”. En el siglo XVIII, Francia y Gran Bretaña se habían enfrentado en los campos de batalla en la India, en Europa, en América del Norte y en los diversos océanos del mundo. Sin embargo, entre 1815 y 1914 ninguna gran potencia se enfrentó a otra más allá de su región de influencia inmediata, aunque es verdad que eran frecuentes las expediciones agresivas de las potencias imperialistas, o de aquellos países que aspiraban a serlo, contra enemigos más débiles de ultramar.

La mayor parte de ellas eran enfrentamientos desiguales, como las guerras de los Estados Unidos contra México (1846 – 1848) y España (1898) y las sucesivas campañas de ampliación de los imperios coloniales británico y francés, aunque en alguna ocasión no salieron bien librados, como cuando los franceses tuvieron que retirarse de México en la década de 1860 y los italianos de Etiopía en 1896. Incluso los más firmes oponentes de los estados modernos, cuya superioridad en la tecnología de la muerte era cada vez más abrumadora, sólo podían esperar, en el mejor de los casos, retrasar la inevitable derrota.

Todo esto cambió en 1914. En la Primera Guerra Mundial participaron todas las grandes potencias y todos los estados europeos excepto España, los Países Bajos, los tres países escandinavos y Suiza. Además, diversos países de ultramar enviaron tropas, en muchos casos por primera vez, a luchar fuera de su región. Así, los canadienses lucharon en Francia, los australianos y neozelandeses forjaron su conciencia nacional en una península del Egeo –Gallípoli- y, lo que es aún más importante, los Estados Unidos desatendieron la advertencia de George Washington de no dejarse involucrar en los problemas europeos y trasladaron sus ejércitos a Europa, condicionando con esa decisión la trayectoria histórica del siglo XX. Los indios fueron enviados a Europa y al Próximo Oriente, batallones de trabajo chinos viajaron a Occidente y hubo africanos que sirvieron en el ejército francés. Aunque la actividad militar fuera de Europa fue escasa, excepto en el Próximo Oriente, también la guerra naval adquirió una dimensión mundial: la primera batalla se dirimió en 1914 cerca de las Islas Malvinas y las campañas decisivas, que enfrentaron a submarinos alemanes con convoyes aliados, se desarrollaron en el Atlántico Norte y medio.

La Primera Guerra comenzó como una guerra esencialmente europea desencadenada por el asesinato en la ciudad de Sarajevo, capital de Bosnia – Herzegovina, del archiduque Francisco Fernando –heredero del trono del Imperio Austrohúngaro-, en junio de 1914. Las pretensiones de Austria – Hungría sobre Serbia, su rechazo de la respuesta conciliatoria serbia y su ataque contra Belgrado condujeron a la movilización rusa en ayuda de su aliado serbio. Pero esto, a su vez, llevó al Estado Mayor prusiano a insistir en la inmediata puesta en práctica del Plan Schlieffen, es decir el ataque preventivo contra Francia, vía Bélgica, que tuvo además el efecto de hacer entrar en la guerra a los ingleses.

Inicialmente la guerra involucró a la Triple Alianza, constituida por Francia, Gran Bretaña y Rusia, y las llamadas Potencias Centrales: Alemania y Austria – Hungría. Serbia y Bélgica se incorporaron inmediatamente al conflicto como consecuencia del ataque austríaco contra la primera (que, de hecho, desencadenó el inicio de las hostilidades y del ataque alemán contra la segunda (que era parte de su estrategia guerra). Turquía y Bulgaria se alinearon poco después junto a las potencias centrales, mientras que en el otro bando la Triple Alianza dejó paso gradualmente a una gran coalición. En 1915, se compró la participación de Italia bajo la promesa de otorgarle territorio austrohúngaros que los italianos reivindicaban: El Trentino –en los Alpes- e Istria –sobre el mar Adriático-. La decisión italiana estuvo motivada más que por las posibles ganancias territoriales, por evitar que sus extensas y vulnerables costas quedaran a merced de las flotas anglo – francesas.  También tomaron parte en el conflicto Grecia, Rumania y, en menor medida, Portugal. Como era de esperar, Japón intervino casi en forma inmediata para ocupar posiciones alemanas en el Extremo Oriente y el Pacífico occidental, pero limitó sus actividades a esa región. Los Estados Unidos entraron en la guerra en 1917 y su intervención iba a resultar decisiva.

La Primera Guerra Mundial fue, ante todo y sobre todo, una guerra de ejércitos que sumaban millones de hombres. Tampoco antes se habían alineado tan enormes huestes para el combate. Nunca antes habían existido medios para mover el número de tropas, armarlas, mantenerlas provistas de víveres y municiones, a dirigir sus operaciones, etc. Los ejércitos de la Primera Guerra Mundial fueron ejércitos del pueblo. La proporción de soldados profesionales fue pequeña; la inmensa mayoría la formaban reservistas adiestrados sacados de nuevo de la vida civil, o reclutas novatos lanzados a la lucha, cualquiera que hubiese sido el tiempo durante el cual se les pudo preparar y adiestrar.

La guerra comenzaba con la orden de movilización. Cada Estado tenía un complejo plan para movilizar contra el adversario más probable. Cada uno de estos planes de movilización estaba sujeto a un plan general de operaciones para el despliegue de las tropas movilizadas, de manera que se asegurase su entrada en acción en las condiciones más ventajosas. La elección entre una ofensiva inmediata cuando se había completado el despliegue, y la permanencia a la defensiva esperando el ataque enemigo, se había hecho con anticipación. Cualquiera que fuese la decisión, de ataque o defensa, la movilización era automática una vez que se hubiese dado la orden; se consideraba que los cambios o dilaciones siguientes estaban fuera de cuestión. Por ende, la iniciación de las hostilidades se produciría cuando la dirección militar pudises persuadir a su correspondiente jefe de Estado que la necesidad militar exigía que se diese la orden de movilización, ya que una mayor dilación equivaldría a correr el riesgo de sufrir una derrota, al permitir que el adversario tomase una ventaja tal que probablemente, no se la podría superar.[ii]

Una vez que se daba la orden fatal no era posible volverse atrás. En consecuencia, las primeras semanas de la Gran Guerra presentaron el sorprendente espectáculo de inmensas mareas humanas, con todo y sus piezas de repuesto, funcionando en forma mecánica y avanzando, cuando menos de manera aproximada, según unos planes predeterminados e irreversibles (El Plan Schlieffen por parte de los alemanes y el llamado Plan XVII que los franceses  adoptaron en 1911 y que preveía la inmediata invasión de Alsacia y Lorena). Los millones de personas que constituían las máquinas rivales se comportaban casi como si hubiesen perdido la libertad e inteligencia individuales.

Pero los “planes predetermiandos e irreversibles” estaban viciados por la existencia de una creencia común: la ilusión de la batalla decisiva, bajo circunstancias estratégicas y materiales que favorecían la tácticas defensiva, hasta el punto de que había la certidumbre virtual de que a la primera pérdida de impulso seguiría un sangriento estancamiento. Tal era, en forma más definida, la situación en el Oeste, donde los ejércitos, que al comienzo sumaban 3.700.000 hombres, se amontonaban en un estrecho frente que se extendía desde la neutral Suiza hasta el Canal de la Mancha. En el Frente Occidental una guerra de maniobras que terminase con una batalla decisiva quedaba más allá de toda razonable esperanza, excepto para los estrategas que la dirigían y que tenían, como modelo, las experiencias de 1866 y 1870. En lugar de ello, debieron afrontar la consolidación de posiciones fortificadas, con flancos imposibles de rodear y la conversión de la hipótesis de lograr una batalla decisiva en la más desagradable quimera de que la decisión podría aun logrársela por medio de la ruptura del frente, que nunca se produjo, a esta ilusión se sacrificaron en vano millones de vidas. En el Este, donde los rusos, siguiendo su práctica tradicional, podían trocar tiempo por espacio, había más campo para maniobrar, pero no había mejores perspectivas de que se produjera la batalla decisiva, mientras que la capacidad de los rusos para lanzar hombres al holocausto siguiera unida a su capacidad de poner armas en las manos de los nuevos reclutas.

Los alemanes se encontraron con una posible guerra en dos frentes, además del de los Balcanes al que les había arrastrado su alianza con Austria – Hungría (Sin embargo, el hecho de que tres de las cuatro potencias centrales pertenecieran a esa región –Turquía, Bulgaría y Austria- hacía que el problema estratégico que planteaba fuera menos urgente). El plan alemán consistía en aplastar rápidamente a Francia en el Oeste y luego actuar con la misma rapidez en el Este para eliminar a Rusia antes de que el imperio del zar pudiera organizar con eficacia todos sus ingentes efectivos militares. Al igual que ocurriría posteriormente, la idea de Alemania era llevar a cabo una campaña relámpago porque no podía actuar de otra manera.

El plan estuvo a punto de verse coronado por el éxito. El ejército alemán penetró en Francia por diversas rutas, atravesando entre otros el territorio de la Bélgica neutral, y sólo fue detenido a algunos kilómetros al Este de París, en el río Marne, cinco o seis semanas después de que se hubieran declarado las hostilidades. A continuación, se retiraron ligeramente y ambos bandos –los franceses apoyados por lo que quedaba de los belgas y por un ejército de tierra británico que muy pronto alcanzó grandes proporciones- improvisaron líneas paralelas de trincheras y fortificaciones defensivas que dejaron en manos de los alemanes una extensa zona de la parte oriental de Francia y Bélgica. Las posiciones apenas se modificaron durante los tres años y medio siguientes.

Ese era el “Frente Occidental”, que se convirtió probablemente en la maquinaria más mortífera que había conocido hasta entonces la historia del arte de la guerra. Millones de hombres se enfrentaban desde los parapetos de las trincheras formadas por sacos de arena, bajo los que vivían como ratas y piojos (y con ellos). De vez en cuando, sus generales intentaban poner fin a esa situación de parálisis. Durante días, o incluso semanas, la artillería realizaba un bombardeo incesante para ablandar al enemigo y obligarle a protegerse en los refugios subterráneos hasta que en el momento oportuno oleadas de soldados emergían por encima del parapeto, protegido por alambres de púa, hacia “la tierra de nadie” que separaba las hileras de trincheras, compuesta por un caos de cráteres de obuses anegados, troncos de árboles caídos, barro y cadáveres abandonados, para lanzarse hacia las ametralladoras que, como ya sabían, iban a cortar sus vidas.

Entre febrero y julio de 1916 los alemanes intentaron sin éxito romper la línea defensiva en Verdún, en una batalla en la que se enfrentaron dos millones de soldados y en la que hubo un millón de bajas. La ofensiva británica en el Somme, cuyo objetivo era obligar a los alemanes a desistir de la ofensiva en Verdún, costo a Gran Bretaña 420.000 muertos (60.000 sólo el primer día de batalla).

No es sorprendente que para los británicos y los franceses, que lucharon durante la mayor parte de la Primera Guerra Mundial en el Frente Occidental, aquella fuera la “Gran Guerra”, más terrible y traumática que la siguiente guerra mundial. Los franceses perdieron casi el 20% de sus hombres en edad militar, y si se incluye a los prisioneros de guerra, los heridos y los inválidos permanentes y desfigurados –los gueules cassés (caras partidas) que al acabar las hostilidades serían un vívido recuerdo de la guerra-, sólo algo más de un tercio de los soldados franceses salieron indemnes del conflicto. Esa misma proporción puede aplicarse a los cinco millones de soldados británicos. Gran Bretaña perdió una generación, medio millón de hombres que no habían cumplido aún los treinta años, en su mayor parte de las capas altas, cuyos jóvenes, obligados a dar ejemplo de su condición de oficiales, avanzaban al frente de sus hombres y eran, por tanto, los primeros en caer. Una cuarta parte de los alumnos de Oxford y Cambridge de menos de 25 años que sirvieron en el ejército británico en 1914 perdieron la vida. En las filas alemanas, el número de muertos fue mayor aún que en el ejército francés, aunque fue inferior la proporción de bajas en el grupo de población en edad militar, mucho más numeroso (13%). Incluso las pérdidas aparentemente modestas de los Estados Unidos 116.000, frente a 1,6 millones de franceses, casi 800.000 británicos y 1,8 millones de alemanes) ponen de relieve el carácter sangriento del frente occidental, el único en que lucharon y tan sólo durante un año y medio.[iii]     

La Primera Guerra Mundial ha quedado inigualada en cuento a sangrientos sacrificios para alcanzar logros militares por demás mezquinos. Casi todas las grandes ofensivas encallaron en una misma razón: la potencia de fuego de la artillería no podía destruir a la infantería ni a las ametralladoras protegidas en profundos refugios. Cada vez que los jefes planeaban un nuevo ataque, aseguraban que habría suficiente preparación de artillería o que esta vez no iba a quedar ninguna ametralladora en posición. Pero siempre las había. A medida que este proceso seguía absorbiendo vidas humanas, las ya extintas pesaban abrumadoramente sobre gobiernos y generales, imponiéndoles la terrible responsabilidad de demostrar que no habían sido inmoladas en vano, y para ello, en la siguiente ocasión, debían vencer empleando el mismo método. Poca fue la imaginación que se empleó en la búsqueda de otras formas de proceder para conseguir la victoria, y los hombres cuyo prestigio se basaba en la justificación de tantos sacrificios ya hechos, atacaban enconadamente a quienes sugerían que se probase un nuevo procedimiento.[iv]

Mientras el Frente Occidental se sumía en una parálisis sangrienta, la actividad proseguía en el Frente Oriental. Los alemanes pulverizaron a una pequeña fuerza invasora rusa en la batalla de Tannenberg en el primer mes de la guerra y a continuación, con la ayuda intermitente de los austríacos, expulsaron de Polonia a los ejércitos rusos. Pese a las contraofensivas ocasionales de estos últimos, era evidente que las potencias centrales dominaban la situación y que, frente al avance alemán, Rusia se limitaba a una acción defensiva en retaguardia.

En 1915, los anglo-franceses intentaron dar un audaz acto de imaginación estratégica: valerse de la movilidad por mar, para descargar un golpe anfibio contra los Dardanelos. Pero no aprestaron recursos suficientes para asegurar el triunfo a tiempo, no se logró la ventaja de la sorpresa inicial y los sucesivos refuerzos llegaron gota a gota. En Francia, quienes dirigían la guerra de trincheras se resistían a mandar hombres y municiones a los Dardanelos, porque consideraban que era casi criminal distraer fuerzas del “frente decisivo”. Sin embargo, el objeto principal de la operación era abrir una línea directa de abastecimiento para Rusia, muy necesitada de armas y municiones. Estas sólo podía facilitárselas la industria occidental, y solamente abriendo el mar Negro a la navegación era como podían llegar a Rusia en volumen suficiente. Si se hubiese hecho esto, Rusia hubiese podido muy bien librar la guerra a base de una “diversión estratégica” de un puñado de divisiones alemanas, con la cual se hubiese podido mantener combatiendo a todo el ejército ruso y que hubiese demostrado ser tan eficiente como cualquier otra operación de las que registra la historia bélica.

El problema para ambos bandos residía en cómo conseguir superar la parálisis en el Frente Occidental, pues sin la victoria en el oeste ninguno de los dos podía ganar la guerra, pero poseyendo cada bando millares de soldados desparramados en cientos de millas de territorio, era difícil (imposible en la Europa Occidental) lograr una solo victoria decisiva a la manera de Jena o de Sadowa; incluso una “gran ofensiva”, metódicamente proyectada y preparada con meses de anticipación, se desintegraba usualmente en cientos de acciones bélicas a pequeña escala e iba, también generalmente, acompañada de una ruptura casi total de las comunicaciones.

Si bien la línea del frente podía avanzar o retroceder en ciertos sectores, la falta de medios para conseguir una verdadera penetración permitía a cada bando movilizar y traer reservas, más granadas, alambre de púa y artillería, a tiempo para el próximo choque que acabaría en un punto muerto. Hasta un período más avanzado de la guerra, ningún ejército fue capaz de descubrir la manera de hacer pasar sus propias tropas a través de las defensas enemigas, con frecuencia de seis kilómetros de profundidad, sin exponerse a devastadores contrataques o destrozando tanto el suelo con bombardeos previos que era difícil avanzar. Incluso cuando un ocasional ataque por sorpresa rompía las primeras líneas enemigas de trincheras, no había un equipo especial para explotar esta ventaja; las vías férreas estaban a kilómetros en retaguardia, la caballería era demasiado vulnerable (y dependiente de los suministros de forraje), los soldados de infantería no podían ir muy lejos y la actividad vital de la artillería era limitada por los largos convoyes de carros tirados por caballos.

Por otra parte, la guerra naval se encontraba en un punto muerto. Los aliados controlaban los océanos, donde sólo tenían que hacer frente a algunos ataques aislados, pero en el mar del Norte las flotas británica y alemana se hallaban frente a frente totalmente inmovilizadas. El único intento de entrar en batalla, se produjo en 1916, en Jutlandia, y concluyó sin resultado decisivo, pero en la medida que recluyó en sus bases a la flota alemana, puede afirmarse que favoreció a los aliados. La perspectiva de más encuentros era reducida por la amenaza planteada a los barcos de guerra por las minas, los submarinos y los ataques de aviones o  zepelines. Los comandantes navales de ambos bandos fueron cada vez más reticentes a sacar sus flotas, a menos (circunstancia sumamente improbable) que supiesen que barcos enemigos se acercaban a la propia costa.

Ambos bandos confiaban en la tecnología. Los alemanes –que siempre se habían destacado en el campo de la química- fueron los primeros en utilizar gas tóxico en el campo de batalla, donde demostró ser monstruoso e ineficaz, dejando como secuela el único auténtico acto de repudio oficial humanitario contra una forma de hacer la guerra, la Convención de Ginebra de 1925, en la que el mundo se comprometió a no utilizar la guerra química. En efecto, aunque todos los gobiernos continuaron fabricando armas químicas y creían que el enemigo la utilizaría, ninguno de los bandos recurrió a su empleo durante la Segunda Guerra Mundial, aunque los sentimientos humanitarios no impidieron que los italianos, españoles y japoneses emplearan gases tóxicos en sus guerras coloniales.

Ambos bandos usaron los nuevos y todavía frágiles aeroplanos y Alemania utilizó curiosas aeronaves en forma de cigarro (los zepelines), cargadas de helio, para experimentar el bombardeo aéreo, aunque afortunadamente sin mucho éxito. Si bien cuando, en 1918, la aviación comenzó a ser utilizada con imaginación proporcionó algunos resultados efectivos, no sólo como localizadora para la artillería o en misiones de reconocimiento, sino también interviniendo directamente en misiones de apoyo a los combates en tierra utilizando bombas y ametralladoras, en esta guerra el avión no alcanzó a jugar un papel decisivo.

También se utilizó la innovación tecnológica en las tácticas terrestres. El blindado fue la respuesta a la ametralladora, las trincheras y la trampa mortal que constituía la temible “tierra de nadie”, al dar al soldado atacante un medio protegido de maniobra. Pero los estrategas tradicionales, que tenían en su haber una pesada carga de vidas humanas inmoladas en estériles ofensivas, seguían mostrándose reacios a admitir la posibilidad de que existieran mejores medios, con la inevitable inferencia de que esta mejor forma hubieses debido ser creada antes. El tanque fue sugerido a finales de 1914; se lo diseño, en embrión, en 1915, y entró en combate en setiembre de 1916, aunque en pequeño número. No fue sino hasta noviembre de 1917 que los tanquistas británicos fueron autorizados –en Cambrai- a organizar un ataque blindado en gran escala, que pudo haber sido un éxito completo si el Alto Mando lo hubiese hecho continuar hasta el fin aprovechando las reservas disponibles. Sin embargo, hasta el año 1918 el tanque no hizo su entrada en el campo de batalla del Frente Occidental.

La única arma tecnológica que tuvo importancia para el desarrollo de la Gran Guerra fue el submarino, pues ambos bandos, al no poder derrotar al ejército oponente en el campo de batalla, trataron de provocar el hambre entre la población enemiga. Dado que Gran Bretaña recibía por mar todos los suministros, parecía posible provocar el estrangulamiento de las Islas Británicas mediante una actividad cada vez más intensa de los submarinos contra los navíos mercantes aliados. La campaña de ataques submarinos contra el comercio era lenta y agotadora, y sus verdaderos éxitos podían mediarse comparando el tonelaje de los barcos mercantes hundidos con el de los construidos en los astilleros aliados y, además, con el número de submarinos destruidos. No era una forma de guerra que prometiese rápidas victorias.[v]

No obstante, la campaña estuvo a punto de triunfar en 1917, antes de que fuera posible contrarrestarla con eficacia, pero fue el principal argumento que motivó la participación de los Estados Unidos en la guerra. Por su parte, los británicos trataron por todos los medios de impedir el envío de suministros a Alemania a fin de asfixiar su economía de guerra y provocar el hambre entre su población. Tuvieron más éxito de lo que cabía esperar, pues, la economía de guerra alemana no funcionaba con la eficacia y racionalidad de la que se jactaban los germanos. No puede decirse lo mismo de la maquinaria militar alemana que era muy superior a todas las demás.

La superioridad del ejército alemán como fuerza militar podía haber sido decisiva si los aliados no hubieran podido contar a partir de 1917 con los recursos prácticamente ilimitados de los Estados Unidos. Su fuerza productiva, fomentada por los pedidos de guerra aliados por miles de millones de dólares, no tenía igual. Su potencia industrial total y su parte en la producción manufacturera mundial eran dos veces y media más grandes que la que poseía la economía alemana. Podía construir cientos de buques mercantes, exigencia vital en un año en que los submarinos hundían mensualmente más de 500.000 toneladas de navíos británicos y aliados. Podía construir destructores en el asombroso tiempo de tres meses. Producía la mitad de las exportaciones mundiales de comestibles, que ahora podían ser enviados a Francia y a Italia, lo mismo que a su tradicional mercado británico.

Por consiguiente, en términos de poder económico, la intervención de los Estados Unidos en la guerra transformó completamente los equilibrios y compensó sobradamente el colapso de Rusia en la misma época.[vi]

Alemania, a pesar de la carga que suponía la alianza con Austria alcanzó la victoria total en el este, consiguió que el Imperio Zarista abandonara las hostilidades, y precipitó a Rusia en la revolución y en 1917 – 1918 le hizo renunciar a una gran parte de sus territorios europeos. Poco después de haber impuesto a Rusia unas duras condiciones de paz en Brest-Litovsk (marzo de 1918), el ejército alemán se vio con las manos libres para concentrarse en el oeste y así consiguió romper el frente occidental y avanzar de nuevo sobre París. Aunque los aliados se recuperaron gracias al envío masivo de refuerzos y pertrechos desde los Estados Unidos, durante un tiempo pareció que la suerte de la guerra estaba decidida. Sin embargo, era el último esfuerzo de una Alemania al borde de la derrota. Cuando los aliados comenzaron a avanzar en el verano de 1918, la conclusión de la guerra fue sólo cuestión de una pocas semanas.

Las potencias centrales no sólo admitieron la derrota sino que se derrumbaron. En el otoño de 1918, la revolución estalló en toda la Europa central y suroriental, como un año antes había barrido a Rusia.

La Gran Guerra terminó el 11 de noviembre de 1918. Había durado 1.563 días, había acabado con las vidas de alrededor de diez millones de soldados, herido a veinte millones más y devorado más de trescientos mil millones de dólares de las reservas mundiales. Destruyó imperios y destruyó dinastías: los Hohenzollern en Alemania, los Hausburgo en Austria, los Romanov en Rusia. En las horas finales de la guerra, nacían nuevos regímenes en Viena, Varsovia, Budapest, Praga y Dublín, mientras los revolucionarios lanzaban vivas en las calles de Berlín y San Petersburgo.

Una extraña quietud se instaló en los frentes de batalla, un amargo heraldo de dos décadas de tenso armisticio en la guerra de los Treinta Años del siglo XX.

Refiriéndose al balance de la Gran Guerra, el historiador militar Paul Kennedy anota lo siguiente: “Aunque sería completamente equivocado sostener que el resultado de la Primera Guerra Mundial estaba predeterminado, las pruebas presentadas aquí sugieren que el desarrollo total de aquel conflicto –el primitivo punto muerto entre los bandos, la ineficacia de la participación italiana, el lento agotamiento de Rusia, el carácter decisivo de la intervención americana para mantener las presiones aliadas, y el colapso de las potencias centrales- estuvo íntimamente relacionado con la producción económica e industrial y con las fuerzas eficazmente movilizadas que cada alianza tuvo a su disposición durante diferentes fases de la lucha. Desde luego, los generales tuvieron que dirigir (o mal dirigir) sus campañas, las tropas tuvieron que apelar al valor moral de los individuos para atacar las posiciones enemigas, y los marinos tuvieron que soportar la guerra en el mar; pero la Historia indica que estas cualidades y talentos existieron en ambos bandos y no fueron disfrutados en medida desproporcionada por una de las coaliciones. Lo que fue disfrutado por un bando, particularmente después de 1917, fue una marcada superioridad en fuerzas productivas. Como en anteriores y largas guerras de coalición, aquel factor resultó, al fin, decisivo.”[vii]    


                                                                                                                                                                                                         
                                                                                                                                                                                                                 



[i] HOBSBAWN, E. J.: “Historia del siglo XX”  Ed. Crítica. Bs. As. 1999. Pág. 30
[ii] ELIOT, George Fielding: “Panorama general de la guerra”, en Vicent J. Esposito, “Breve historia de la Primera Guerra Mundial”, Ed. Diana, México, 1979, Págs. 17 a 48, Pág. 21.
[iii] HOBSBAWN, E. J.: Op. Cit. Pág. 34 y 35
[iv] FERRO, Marc: “La gran guerra 1914 – 1918” Ed. Alianza, Madrid, 1970. Pág. 34.
[v] KENNEDY, Paul: “Auge y Caída de las Grandes Potencias” Ed. Plaza & Janes / Cambio 16. Barcelona 1988. Pág. 329.
[vi] KENNEDY, Paul: Op. Cit. Pág. 342.
[vii] KENNEDY, Paul: Op. Cit. Pág. 346

lunes, 16 de marzo de 2015

MARRUECOS SEDE DE UN IMPORTANTE FORO INTERNACIONAL


UN ESCENARIO NATURAL DE ENSUEÑO
Situada en una mágica bahía de la costa africana del océano Atlántico, la pintoresca ciudad marroquí de Dakhla fue, entre el 12 y 14 de marzo, sede de un evento internacional de gran transcendencia: la 26ª reunión del Foro Crans Montana sobre África y la cooperación Sur – Sur.
Dakla una ciudad de algo más de 55.000 habitantes, situada en una estrecha península del Atlántico, distante a unos quinientos kilómetros del Aaiún, la capital de la región del Sáhara marroquí, reúne, además de sus impactantes bellezas naturales y las bondades de sus aguas termales de fama mundial, una posición geoestratégica excepcional que la potencia como centro económico y comercial en plena expansión.
EL FORO CRANS MONTANA
Surgido en 1985 en el seno del Club de Lausana, el Foro Crans Montana (FCM), actualmente con sede en el Principado de Mónaco, es hoy en día uno de los think thank más relevantes del mundo que rivaliza con el Foro de Davos al momento de congregar a las personalidades más influyentes del momento a nivel internacional. Pero, a diferencia del encuentro de Davos donde se privilegia fundamentalmente a los aspectos económicos, el eje central en los debates del FCR es la cooperación Sur – Sur.
El Foro Crans Montana debe su éxito a la tesonera labor de su presidente el Embajador Jean Paul Carteron quien reunió a un conjunto de personalidades preocupadas por los cambios que provocaría en el escenario internacional el final de la Guerra Fría.
El FCM realiza una reunión central anual y un variado conjunto de actividades regionales. La primera sesión anual se llevó a cabo, en la bella localidad suiza de Crans Montana, en junio de 1990 y la correspondiente al año 2015 tendrá lugar en la ciudad de Bruselas del 10 al 13 de junio.
El Foro Crans Montana trabaja en estrecha cooperación con la ONU, la UNESCO, la ONUDI, ISCESCO, la OTAN, la Unión Europea, el Consejo del Fondo para el Desarrollo Internacional y otras prestigiosas instituciones internacionales en la construcción de un mundo más humano e imparcial, dedicado al mantenimiento de un alto nivel de estabilidad, equidad y seguridad.
En este sentido sus actividades han contribuido al intercambio de ideas y al desarrollo de vínculos y redes de trabajo entre expertos y autoridades que han contribuido a la resolución de importantes conflictos internacionales.
CRANS MONTANA EN DAKHLA
Desde el año 2004, el Foro Crans Montana dedica una reunión anual al estudio y análisis de la realidad política y socioeconómica del continente africano y del mundo árabe en general, prestando especial atención a las interacciones económicas surgidas de la cooperación Sur – Sur-
En 2015, la ha tocado el honor de albergar este encuentro a la ciudad marroquí de Dakhla, allí se han dado cita un conjunto de relevantes personalidades internacionales.
El Foro Crans Montana sobre África y al cooperación Sur – Sur, contó con el especial patrocinio del monarca marroquí, Mohamed VI, debido a que el Reino de Marruecos ostenta una larga tradición de vinculación y participación en las actividades de este Foro.
El evento internacional realizado en Dakhla sumó también el apoyo de la Organización Islámica para la Educación, la Ciencia y la Cultura (ISESCO) con sede en Rabat. La ISESCO, fue creada en mayo de 1981, por decisión del tercer Congreso de la Cumbre Islámica realizado en 1981.
La ISESCO forma parte de la Organización de Cooperación Islámica (creada en 1969 en la Conferencia de Rabat) con la denominación de Organización de la Conferencia Islámica y reúne a 57 países islámicos, incluyendo a representación de la Autoridad Nacional Palestina. La Organización adoptó su actual denominación en 2011.
El Foro Crans Montana en Dakla ha contado con la presencia de las personalidades más relevantes de Europa, África y el Mundo Árabe. Allí se dieron cita jefes de Estado y de Gobierno, Ministros, representantes de organizaciones internacionales y regionales, de entidades bancarias, legisladores, directivos de empresas, académicos de prestigio internacional y delegados de organizaciones profesionales.
Aunque es muy difícil citar la presencia de los asistentes más destacados no podemos dejar de mencionar a algunos de ellos: a Philippe Douste-Blazy, Secretario General Adjunto de Naciones Unidas en representación del Secretario General Ban Ki-moon; como orador principal al ex presidente de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza; al Director General de la ISESCO, Abdulasiz O. Altwaijiri; al presidente de la República de Macedonia, Gjorge Ivanov; Primer Ministro de la República de Guinea, Saïd Fofana, el ex Presidente de Gobierno de España, el socialista José Luis Zapatero, el Primer Ministro de Malí, Cheick Modibo Diarra, el ex Primer Ministro de Kenia, Raila Odinga Amollo, el ex Primer Ministro de Croacia, Jadranka Kosor, el Primer Ministro de Rumanía, Petre Roman, el Secretario General de la Asociación de Países Árabes Exportadores de Petroleo, Abbas Al Naqi; Ntombenhle Perpetua Msiza, hija del presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma encabezando una numerosa delegación del Congreso Nacional Africano y muchos otros importantes líderes mundiales.
En términos generales, puede decirse sin lugar a dudas, que los asistentes al Foro compartían el común anhelo de, mediante debates informales e intensos intercambios de ideas, arribar a acuerdos y conclusiones que aporten soluciones y elementos para construir la hoja de ruta más conveniente para resolver los desafíos que hoy enfrenta África no sólo a nivel continental sino también en el marco de la creciente cooperación Sur – Sur.
Los debates e intercambios tuvieron dos ejes vertebradores: por un lado, el análisis de cómo África debe construir una nueva visión para encarar los cambios que el mundo transitará en el siglo XXI; y por el otro la exploración de cómo convertir a la cooperación Sur - Sur en una estrategia válida para la integración de África.
Para un trabajo más dinámico el Foro Crans Montana dividió sus actividades en una serie de encuentros temáticos para debatir sobre problemáticas específicas, ellos fueron:
-       El Club del África Atlántica: destinado a nuclear a los países africanos con costas sobre este océano. Llevó a cabo su sesión inaugural en Dakhla y sus miembros resolvieron realizar una convocatoria anual tanto en África como en el extranjero.
-       Club de Puertos: “Industria marítima e interior de África”: allí se dieron cita los actores claves de la industria marítima en los ámbitos de la logística, gestión portuaria y se seguridad con sus contrapartes financieras, técnicas y comerciales incluidas la OTAN para los temas de seguridad.
-       FCM Nuevos Líderes: “Estabilidad y desarrollo en África. La hora de la juventud ha llegado”: tiene como objetivo contribuir a la formación y participación de las élites locales en la gobernabilidad democrática de su región la única que puede permitir el desarrollo económico y social. Para ello reúne a una comunidad singular de jóvenes promesas que se destacan en los campos empresariales y gubernamentales.
-       Foro de la Mujer Africana: analiza las problemáticas de género en el contexto de la sociedad y la cultura africana.
-       Turismo, Industria y Desarrollo: se ocupa de temas económicos.
-       Industria Alimentaria y Gestión de Recursos Pesqueros.
-       Acceso a través de Energía Renovables: analizó la actividad de los parques eólicos en la región del Sáhara marroquí.
Si bien las conclusiones del Foro Crans Montana en Dakhla recién se conocerán en el transcurso de los próximos meses, resulta evidente que Marruecos al albergar este importante evento ha dado un paso más en la proyección de su liderazgo en el continente africano. No son muchos los países africanos que pueden mostrar un clima de estabilidad, desarrollo y progreso como para ser sede de un evento internacional de tamaña envergadura.

Por otra parte, la elección de la ciudad de Dakhla como sede el Foro ha permitido mostrar al mundo el esfuerzo que ha realizado el pueblo marroquí para lograr el desarrollo de sus provincias del Sáhara y de las comunidades que albergan.

jueves, 12 de marzo de 2015

EL TERRORISMO NIGERIANO SE EXPANDE


El Estado Islámico ha logrado una franquicia en Nigeria, la primera economía de África que alberga a la cuarta parte de la población del continente, que amenaza la estabilidad de toda la región.

Nigeria se destaca en África por diversos factores. No sólo es la mayor economía, el principal productor de petróleo y la democracia más grande. También es el país donde –según la consultora Maplecroft- los atentados terroristas provocan mayor número de víctimas mortales. Si bien, Irak, Afganistán, Pakistán y Somalia superan a Nigeria en cantidad de ataques, la letalidad del terrorismo nigeriano es mayor.

Este hecho sitúa a Nigeria en el quinto lugar de la lista de países con riesgo extremo, seguida de Yemen, Siria, Filipinas, Líbano, Libia, Colombia y Kenia.

El principal responsable del terrorismo nigeriano es el grupo yihadista Jama’atu Ahlissunnah lidda’awati wal Jihad, más conocido por el nombre de Boko Haram –traducido del hausa como “la educación occidental está prohibida”-, que pretende la implantación y seguimiento riguroso de la sharía o ley islámica bajo su gobierno.

Boko Haram controla actualmente un área del noreste de Nigeria de alrededor de 20.000 kilómetros cuadrados, con especial presencia en los estados de Borno, Adawama y Yobe donde se concentra la mayor parte de la población musulmana.

Las autoridades nigerianas atribuyen a Boko Haram, desde el inicio de sus acciones en 2009, la responsabilidad por la muerte de más de trece mil personas. Sus actividades alcanzaron especial relevancia internacional con el secuestro, en abril de 2014, de más de doscientas niñas, alumnas de un colegio en Chibock, estado de Borno.

Desde comienzos de año, Boko Haram ha incrementado su accionar en la región fronteriza provocando más de dos mil muertos, según Amnistía Internacional. En la mayoría de los casos se trató de ataques suicidas llevados a cabo por niñas de muy corta edad -7 a 10 años-, que detonaron chalecos cargados de explosivos en mercados públicos y otros ámbitos muy concurridos.

Incluso extendió sus ataques terroristas a las poblaciones fronterizas que habitaban territorios pertenecientes a Camerún, Chad y Níger lo que produjo cruentos combates con las tropas de estos países.

Los ataques de Boko Haram provocaron la reacción de la Unión Africana. En una cumbre celebrada a comienzo de año, aprobó el despliegue de 8.700 soldados pertenecientes a una coalición militar integrada por Nigeria, Camerún, Chad, Níger y Benín creada para hacer frente a la amenaza terrorista del grupo islamista Boko Haram.

La respuesta del grupo yihadista llegó del modo habitual, a través de un vídeo difundido por la Fundación Al Urwah Al Wuthqa, su vocero mediático, donde el emir Abubakar Shekau amenazó: “Su alianza no llevará a nada, junten todas sus armas y luchen contra nosotros, son bienvenidos” “¿Qué envían 7.000 soldados?” “¿Por qué no 70 millones?” “Por Alá que el número es pequeño”.

Sin embargo, Shekau tomó muy seriamente la amenaza que significaba la coalición militar que se había forjado en su contra y decidió buscar un aliado que nivelase el tablero. Encontró ese aliado en el Estado Islámico, el grupo salafista que pretende construir un nuevo califato en los territorios que comprenden el noreste de Siria y el noroeste de Irak.

Así, el “emir” Abubakar Shekau expresó su bayah –juramento de lealtad- al “califa” Ibrahim al Bagdadi, al que juró “escuchar y obedecer en lo fácil y en lo difícil”, tanto en aquello “que le agrade como en lo que le desagrade” y llamó a todos los musulmanes a hacer lo mismo.

Hasta el momento no ha trascendido la resolución del Consejo de la Shura del Estado Islámico, máximo órgano de dirección del grupo yihadista, al respecto.

Al expresar su adhesión al Estado Islámico, Shekau espera recibir no sólo apoyó político y religioso, sino abastecimiento de armamento y la asistencia de combatientes con experiencia militar para reorganizar a sus milicias. Hasta el momento las filas de Boko Haram se nutren especialmente de niños soldados y cuadros muy jóvenes casi sin entrenamiento militar. Por el contrario, el Estado Islámico cuenta con cuadros muy preparados y con experiencia de combate, muchos de ellos provenientes de países europeos, capaces de emplear armamento más sofisticado y complejo que los fusiles Kaláshnikov que emplean los terroristas nigerianos.

De concretarse en los hechos, la adhesión de Boko Haram al Estado Islámico contribuirá a una mayor desestabilización para el continente africano y una nueva preocupación para las potencias occidentales.

Por último cabe acotar que, otro fenómeno social puede agravar aún más las cosas, el Islam está ganando adeptos en todos los países del África subsahariana. La población cristiana se está convirtiendo aceleradamente en musulmana. Diversos factores se conjugan para ello: el proselitismo de los imanes radicales que recorren la región, el temor de los cristianos ante el avance de los grupos yihadistas y especialmente por el hecho de que la poligamia islámica es más atractiva a los hombres que la monogamia que predica el cristianismo. El aumento de conversos sin lugar a dudas incrementará también las adhesiones al yihadismo.

 

 

miércoles, 25 de febrero de 2015

LA REVOLUCIÓN DE LA GENEROSIDAD

EL AUGE DE LA FILANTROPÍA

La filantropía en un fenómeno social que se originó a comienzos del siglo XX, a medida que los grandes empresarios que habían introducido la modernidad fueron creando las fundaciones que iban a dominar las actividades benéficas durante un siglo.

Magnates como John D. Rockefeller y Andrew Carnegie se aliaron con reformadores sociales para hacer donaciones a universidades y crear institutos autónomos como el Instituto Rockefeller de Investigaciones Médicas, que se convirtió en modelo para instituciones similares.

En 1915, Estados Unidos poseían veintisiete fundaciones benéficas dedicadas a fines no específicos. Pero, en las últimas décadas el mundo ha sido testigo de una verdadera “revolución de la generosidad”. Hoy hay multitud donantes que brindan su tiempo, su trabajo y su dinero más que nunca a una mayor cantidad de gente necesitada.

Entre 2003 y 2012, el total de ayuda oficial y privada al desarrollo en todo el mundo pasó de 136.000 millones de dólares a 509.000 millones. En 2012, tan sólo los estadounidenses aportaron 316.000 millones de dólares a diversas causas y en 2011 había más de un millón de organizaciones caritativas de todo tipo, mientras que sólo las fundaciones filantrópicas son casi cien mil, cinco veces más que en 1975.

Las donaciones privadas (personales y de instituciones) a países pobres y a minorías en situación de riesgo ya alcanzan, y a veces superan, a las que hacen los gobiernos de las economías más grandes. Durante los años noventa, las donaciones internacionales de personas e instituciones estadounidenses se multiplicaron por cuatro. Volvieron a duplicarse entre 1998 y 2007 hasta alcanzar 39.600 millones de dólares un cincuenta por ciento más de lo que desembolsa el Banco Mundial.

Además, la filantropía está adquiriendo un nuevo rostro, ya sea el de los 81 multimillonarios que hasta 2012 habían adquirido el compromiso de donar la mayor parte de sus fortunas, los miles de usuarios de telefonía móvil que donaron millones de dólares, a través de mensajes de texto, para las labores de ayuda tras el terremoto de Haití, o los compradores que otorgaron los centavos remanentes de sus compras en los supermercados y grandes tiendas, o las legiones de nuevos filántropos que habiendo amasado recientemente (y súbitamente) grandes fortunas en las finanzas, las empresas de tecnología, la música, el deporte, etc., han decidido dedicar gran parte de su dinero y mucho de su tiempo a crear organizaciones para ayudar a otros y promover causas nobles.

Las grandes fundaciones estadounidenses (Rockefeller, Carnegie, MacArtur, Ford), las grandes agencias de ayuda (Cruz Roja, Oxfam, Médicos sin Frontera, Amnesty, Human Rights) y los grandes organismos gubernamentales (USAID, el Departamento de Desarrollo Internacional británico, DFID, instituciones multilaterales como el Banco Mundial, ACNUR, UNICEF, UNESCO, etc.) siguen desempeñando un papel muy importante en la canalización de fondos y asistencia técnica a los pobres y desgraciados del mundo. De hecho, en muchos aspectos, incluidos los desembolsos totales siguen mandando en ese terreno.

Pero el ímpetu actual lo tienen los nuevos actores: megafundaciones que han saltado a primera línea como la Fundación Bill & Melinda Gates (1994), que se ha convertido en la mayor del mundo en apenas una década, o la Fundación Open Society del financista George Soros (la segunda más grandes).

Y también fundaciones individuales y a menor escala, que han brotado en todas partes en los últimos quince años, así como una constelación de plataformas de ayuda privada, mercados y consultorías que están construyendo nuevos modelos, como micropréstamos para la máquina de coser de una madre india o las iniciativas de financiación pública – privada para ayudar a agricultores de Haití a exportar mangos.

Muchos de los nuevos filántropos constituyen lo que la prestigiosa revista The Economist ha denominado “celentropía” (de celebridades y filantropía); el cantante Bono con su Fundación One, Matt Damon y su labor para facilitar el acceso al agua potable, Brad Pitt promoviendo las viviendas ecológicas en la reconstrucción de Nueva Orleans o Sakira, con su fundación para ayudar a los niños y la educación, George Clooney financia un satélite sobre la frontera entre Sudán del Sur y Sudán del Norte para detectar el movimiento de tropas que puedan atacar a la población civil. Estrellas del deporte como Tiger Woods, Andrea Agassi o Leonel Messi poseen fundaciones que controlan activos por decenas o cientos de millones de dólares. Pero, hay muchas más que son pequeñas fundaciones personales de jugadores corrientes de la NFL, la NBA o las ligas de fútbol europeas cuyos nombres son poco conocidos fuera de los círculos de aficionados, pero no por ello su aporte a la caridad es menos importante.

EL LADO OSCURO DE LA FILANTROPÍA

En muchos casos, los nuevos filántropos y ciertas entidades gubernamentales de ámbito local, como un municipio de España que realiza una donación, carecen de medios adecuados para determinar con exactitud a que causa humanitaria están ayudando y, más frecuentemente aún, para saber en manos de quien termina la ayuda enviada.

En muchas ocasiones los fondos y materiales enviados con gran esfuerzo y dedicación  por donantes individuales en remotas latitudes terminan en manos inescrupulosas que, o bien los destinan para la adquisición de armamentos y equipos militares, o con mayor frecuencia los utilizan para su provecho personal.

En países en conflicto, la ayuda humanitaria suele ser monopolizada por los señores de la guerra que la asignan en forma exclusiva para abastecer a sus tropas o la distribuyen entre sus parientes y los de sus principales seguidores. En muchos mercados regionales de África se comercializan productos que fueron donados por fundaciones europeas o americanas y las ganancias de ese comercio ilícito e inmoral beneficia en forma exclusiva a las oligarquías que tienen el poder militar en sus manos y que llevan una confortable vida en centros urbanos mientras la población que dicen representar intenta sobrevivir en condiciones muy precarias en áreas remotas e inhóspitas.

TINDOUF BAJO OBSERVACIÓN

Recientemente, un caso muy evidente de malversación de la ayuda humanitaria tuvo como protagonistas a altos dirigentes del Frente Polisario involucrados en el desvío de la ayuda humanitaria suministrada por la Unión Europea.

Kristalina Georgieva, vicepresidente de la Comisión Europea encargada del Presupuesto y los Recursos Humanos, dio a conocer un informe de la Oficina Europea Antifraude (OLAF) en el cual se menciona la existencia de reiteradas prácticas fraudulentas en la distribución de los recursos que la Oficina de Ayuda humanitaria de la Comisión Europea,  la ACNUR y varias ONGs internacionales suministran a la población de los campos de Tindouf. El monto de esta ayuda supera a los diez millones de euros anuales.

Para reducir la posibilidad de las prácticas fraudulentas detectadas, añadió Georgieva, la ayuda europea comprenderá desde ahora en adelante productos alimentarios que son "menos sujetos al desvío" visto su bajo valor, el problema que representan en el almacenamiento y las dificultades de su conservación (en especial cuando se trata de productos rápidamente perecederos).

Desde hace años, diversas organizaciones como Human Rights han denunciado la venta ilícita de productos alimenticios y elementos de enfermería que llevan en el empaque etiquetas que los identifican como provenientes de la ayuda humanitaria enviada a Tindouf, en los mercados regionales de Mauritania, incluso se han detectado vehículos cedidos por algunos municipios españoles en manos de civiles mauritanos que los adquirieron ilegalmente.

Otro elemento que facilita al gobierno de Argelia y a los dirigentes del Frente Polisario apropiarse ilegalmente de parte de la ayuda comunitaria enviada por organizaciones filantrópicas de EE. UU. y Europa es su persistente negativa a realizar un censo imparcial de la población marroquí retenida ilegalmente en los campos de Tindouf.

Así lo ha reconocido el eurodiputado Gilles Pargneaux, que es miembro de la Comisión del Control Presupuestario en el Parlamento Europeo, al señalar que: "Hay que ser muy conscientes de que es la sobrestimación de la población de los campos de Tindouf lo que permitió el establecimiento de este sistema elaborado de desvío y de reventa de la ayuda alimentaria europea".

Este hecho permite a quienes controlan los campamentos solicitar un volumen mayor de recursos del que realmente necesita la población. De forma tal que la ayuda humanitaria excedente es fácilmente desviada para abastecer a los grupos armados de la región y en provecho de los seudo “funcionarios y enviados” que el Frente Polisario mantiene fuera de Argelia, viviendo lujosamente en el extranjero, con la sola misión de seguir recaudando fondos y apoyos políticos para dicha organización.

En muchos casos la ayuda humanitaria no proviene de grandes organizaciones humanitarias con capacidad de fiscalización de sus remesas de ayuda a Tindouf, sino de municipios españoles, escuelas y otras pequeñas organizaciones filantrópicas sin capacidad alguna para saber que ocurre con los productos y materiales que tan generosamente envían a los marroquíes de los campamentos.

La ayuda humanitaria que tiene estas características en la más fácil de revender o contrabandear y una vez transformada en dinero fluye hacia las cuentas bancarias clandestinas que nutren los privilegios de la burocracia del Frente Polisario.

Como puede verse, en casos como el protagonizado por el Frente Polisario, la filantropía solamente sirve para enriquecer a una dirigencia corrompida que, aprovechándose de la buena fe y el altruismo de mucha gente honesta de las sociedades en desarrollo, oprime insensiblemente a una minoría en riesgo amparándose en argumentos ideológicos y actuando al servicio de los oscuros intereses geopolíticos del gobierno que la alberga. 

miércoles, 14 de enero de 2015

LOS NIÑOS TERRORISTAS





CUANDO LAS NIÑAS SE CONVIERTEN EN TERRORISTAS

En los últimos días los atroces atentados terroristas que desde Francia sacuden al mundo han ocultado otros terribles acontecimientos, ocurridos en regiones más remotas y pobres, que nos llevan a preguntarnos sobre la verdadera naturaleza humana.

Una niña terrorista de tan sólo diez años se inmoló con un cinturón cargado de explosivos en un mercado de Maiduguri, una remota región del Noroeste de Nigeria cercana a la frontera con Chad. El atentado suicida provocó la muerte de al menos veinte personas y heridas de diversa gravedad a otras dieciocho.

Aunque aún ningún grupo se ha atribuido el hecho las autoridades nigerianas sospechan que el mismo fue perpetrado por el grupo terrorista salafista Jama’atu Ahlissunah Lidd’awati wal Jihad, más conocido por el nombre de Boko Haram, liderado por el emir Abubakar Shekau.

Este grupo alcanzó cierta notoriedad cuando entre el 14 y el 15 de abril atacó un establecimiento educativo en la localidad de Chibok, Estado de Borno, en el norte de Nigeria, donde secuestraron a 223 niñas, de las cuales al menos un centenar de ellas continúan en su poder.

Boko Haram ha declarado su adhesión al Estado Islámico (ISIS), que también pretende imponer el islamismo salfista en Siria e Irak y, según las últimas informaciones en Afganistán.

En julio de 2014, otra niña de diez años fue detenida portando también un cinturón con explosivos en el estado nigeriano de Katsina. Boko Haram recluta a estas niñas suicidas por la fuerza, las adoctrina y prepara para cometer atentados sin que comprendan en su totalidad la acción que están por llevar a cabo y luego provoca el estallido de las cargas empleando un mando a distancia.

El catastrófico atentado en Maiduguri se produjo una semana después de un ataque especialmente sangriento del grupo salafista, en la población pesquera de Baga, al norte del estado de Borno, quizás el peor de los últimos años. La aldea y como mínimo dieciséis asentamientos en torno al lago Chad fueron arrasados totalmente, y como mínimo veinte mil personas perdieron sus hogares y más de dos mil murieron durante el ataque.

Los hechos de Chibok y Maiduguri exponen crudamente una práctica cada vez más difundida el empleo de niños como parte de grupos terroristas y criminales por todo el mundo.

LOS NIÑOS EN LA GUERRA

Con frecuencia niños son secuestrados –reclutados por la fuerza- para engrosar las filas de los grupos terroristas de la más diversa ideología y motivación en Afganistán, Colombia, Kenia, Myanmar, Nigeria, el sur de Argelia (Tinduf), Uganda y Nepal entre otros países.

Los niños son obligados a tomar parte en todo tipo de actividades ilícitas o bélicas y de apoyo: son empleados como informantes, centinelas, vigilantes, cocineros, porteadores, “esposas” o esclavas sexuales, sicarios, combatientes en el frente de batalla o como hemos visto, terroristas suicidas si la ocasión lo amerita.

Se desconoce el número exacto de niños sometidos a esta terrible forma de esclavitud, según Naciones Unidas la cifra sería de entre 250.000 y 300.000 niños de entre 10 y 18 años de edad.

Aunque por lo general se asocia a los “niños soldados” con los conflictos en países de África, pueden encontrarse niños forzados a tomar parte en hechos de violencia prácticamente en todas las regiones. Por ejemplo, en la actualidad hay niños combatiendo en Colombia, Irak, Siria y cinco países de Asia (Afganistán, India, Indonesia, Myanmar, Filipinas y Tailandia).

Los principales responsables del reclutamiento de niños soldados son los grupos criminales y las organizaciones terroristas, docenas de estos grupos emplean a niños.

En Sudamérica, algunos niños carenciados que habitan en “villas miseria” y “favelas” de Argentina y Brasil terminan reclutados por las organizaciones de narcotraficantes que los emplean como informantes, “dealers” o incluso como “sicarios”.

Por su parte, la Defensoría del Pueblo de Colombia estiman que al menos diez niños al mes son reclutados por la fuerza por las Bacrim (“Bandas Criminales”, denominación que se da a los grupos formados esencialmente por paramilitares de ultraderecha desmovilizados desde el proceso de paz, como el Clan Usuga o Los Rastrojos) o las organizaciones guerrilleras marxistas: el Ejército de Liberación Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

En el Magreb, la Asociación Saharaui para la Defensa de los Derechos Humanos denunció ante el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, que miembros del Frente Polisario, con la aprobación del gobierno de Argelia, reclutan niños saharauis como soldados, directamente en las escuelas donde se encontraban estudiando, sin el conocimiento de sus familias.

Además, la dirigencia polisaria obliga a las familias marroquíes forzosamente retenida en los campos de Tinduf a enviar a sus niños a “estudiar” (es decir, a recibir adoctrinamiento político e instrucción militar) en Cuba y Venezuela, por periodos que en algunos casos alcanzan hasta los diez años.

En otras ocasiones los envían de “vacaciones” a España sabiendo que existe el riesgo de que terminen retenidos en los países de acogida por causas médicas o de otra índole, tal como ha ocurrido en distintas ocasiones o sometidas a las diversas formas de explotación.

Estas imposiciones pueden parecer a simple vista menos terribles que involucrar a los niños en acciones de combate y hasta habrá quien vea algún aspecto positivo en la medida que los niños adquieren educación y reciben tratamiento médico y mejor alimentación. Pero, debe considerarse que una persona forzosamente separada durante una década de su familia, de su cultura y de su religión será por el resto de su vida un desarraigado que no tendrá una auténtica pertenencia a ningún lugar. ¿Además, es justo arrancar de los brazos de su madre a un pequeño niño porque así conviene a los intereses políticos de algún grupo de dirigentes?

El sur de El Líbano, es territorio controlado de la organización terrorista chiita Hezbolla, liderada por Hasan Nasrallah y apoyada por Siria e Irán. El Hezbollah o “Partido de Dios” fue la organización terrorista responsable de los atentados a la Embajada de Israel y la sede de la AMIA en Buenos Aires. En El Líbano, el Hezbolla tiene una rama juvenil denominada Iman al-Mahdi, que imparte a sus integrantes, en su totalidad niños que ingresan a la temprana edad de siete años, instrucción militar al tiempo que los educan en el islam radical preparándolos para que se conviertan en futuros mártires de la fe.

Según Human Rights Watch, en los territorios de Siria e Irak bajo control del grupo salafista Estado Islámico de Irak y Sham (ISIS), se reclutan niños vulnerables que han visto cómo sus familias han sido asesinadas, sus escuelas bombardeadas y sus comunidades destruidas. El ISIS alista a los niños en sus filas mediante campañas de educación gratuita que incorporan el entrenamiento con armas, incluso los preparan para llevar a cabo decapitaciones ensayando con muñecas de plástico vestidas con uniforme a las que deben cortar la cabeza. Está demás señalar que toda esta preparación militar va acompañada de un intenso adoctrinamiento en los principios del Islam en su interpretación salafista.

Hasta junio de 2014, el Centro de Documentación de Violaciones, un grupo de derechos humanos de Siria, había documentado 194 muertes de niños muertos “no civiles” en Siria desde septiembre de 2011.

Pero los grupos rebeldes no son ni mucho menos los únicos que emplean niños en sus filas. Según datos de la Coalición para Acabar con el Uso de Niños Soldados, en la actualidad al menos nueve Estados emplean niños en la guerra, entre ellos Myanmar, Chad, República Democrática del Congo, Somalia, Sudan y Uganda. Al menos otros catorce estados apoyan también a milicias o grupos de autodefensa que emplean niños soldados.

¿SOLDADOS O VÍCTIMAS?

La vida de un niño soldado no es fácil. La formación militar es agotadora, con largas horas de entrenamiento físico, adoctrinamiento político o religioso, prácticas de tiro, a veces sin suficiente comida o descanso. Por lo general, a los niños pequeños y mal alimentados les resulta muy difícil superar las exigencias del entrenamiento.

Los niños descubren enseguida que, una vez reclutados, no pueden cambiar de idea sin más o dejarlo. En la mayoría de los ejércitos y grupos criminales, el castigo por escapar es brutal. En Colombia, por ejemplo, los niños que intentan escapar de las FARC pueden ser ejecutados, en especial si huyen con un arma. Los muchachos atrapados se enfrentan a un “consejo de guerra”, donde todos los  miembros de la compañía participan en lo que en esencia constituye un juicio a uno de los miembros. A mano alzada se decide si al niño hay que ejecutarlo o debe recibir una sentencia más leve. Otras infracciones que pueden tener como resultado la pena de muerte son: quedarse dormido durante una guardia, entregar o perder un arma, ser delator y consumir en exceso drogas o alcohol. En algunos casos, los muchachos que intentan defender al acusado son los elegidos para ejecutarlo.

En combate, los niños están expuestos a los mismos peligros que cualquier soldado e incluso corren más riesgo, ya que su menor tamaño corporal y debilidad hace que a menudo las heridas sean mortales. Nadie sabe con certeza cuantos niños han muerto en la guerra.

LAS NIÑAS EN LA GUERRA

Para las niñas, las cargas pueden ser incluso mayores que para los varones. El estereotipo de niño soldado es un muchacho africano armado con un rifle AK-47 pero, de hecho, un número considerable de ellos son niñas. Un estudio sobre los conflictos bélicos en 38 países donde intervienen niños soldados, determinó que en 34 intervienen niñas como combatientes y que en algunos de ellos (Uganda, Nigeria, etc.) las niñas forman el 40% de la fuerza de combate infantil.

Las niñas llevan a cabo las mismas tareas que los varones, y en la mayoría de los países eso supone emplear armas y participar en los combates. Pero a muchas las explotan también sexualmente. En el Norte de Uganda, las niñas secuestradas por el Ejército de Resistencia del Señor (ERS) son obligadas a convertirse en “esposas” de los mandos y sometidas a repetidas violaciones, expuestas a enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados. De acuerdo con algunos cálculos, hay más de tres mil hijos de muchachas esclavizadas sexualmente por el ERS que luego integran las filas insurgentes. El Nigeria, como hemos visto ocurre lo mismo con las niñas secuestradas por Boko Haram, con el agregado que este grupo suele subastar a las niñas secuestradas para que se conviertan en esposas o concubinas de quienes las adquieran o las convierten en “terroristas suicidas”.  En 2009, tan sólo en Afganistán, los talibanes llevaron a cabo quinientos atentados suicidas en los cuales la carga era transportada por niños, en su mayoría niñas.  

Para los que logran sobrevivir a la prueba, las consecuencias de haber sido niño soldado son profundas. Los que tienen la fortuna de no morir en combate o durante las duras condiciones de su cautiverio, son separados de sus familias durante largos períodos de tiempo, y carecen de la socialización familiar y comunitaria de la mayoría. El trato brutal y la exposición a la violencia extrema generan heridas emocionales permanentes. Los niños soldados recuperados sufren por el resto de su vida de trastornos del sueño, problemas alimenticios, ansiedad y temor por el futuro y por sí mismo.

Los niños soldados son una de las grandes tragedias de nuestro tiempo que al desarrollarse en ámbitos remotos y afectar a la población más pobre del planeta suele escapar a los titulares de los grandes diarios y a la conciencia de los pueblos que con su indiferencia la toleran.

lunes, 5 de enero de 2015

CAMBIOS GEOPOLÍTICOS DEBILITAN AL FRENTE POLISARIO


Una serie de cambios geopolíticos, producidos hacia finales de 2014, tienden a debilitar los apoyos internacionales de que ha disfrutado hasta hoy el Frente Polisario.

ARGELIA EN LA ENCRUCIJADA

Como es bien sabido, el Frente Polisario ha sido una creación del gobierno argelino. Este grupo de separatistas marroquíes ha sido siempre de gran utilidad a los gobernantes de Argel para intentar frenar el desarrollo de Marruecos y su influencia regional. Debido al conflicto del Sáhara, Marruecos durante décadas ha debido destinar importantes recursos económicos, esfuerzos diplomáticos y medios militares para reafirmar su soberanía en las provincias del Sur. Al mismo tiempo, el diferendo abierto sobre el Sáhara ha sido un factor limitante para la consolidación de la Unión del Magreb Árabe –UMA-, además de mantener a Marruecos lejos de la Unión Africana.

Ahora bien, Argelia es un país esencialmente petrolero cuya economía depende de sus exportaciones de petróleo y gas. El 97% de los ingresos de Argel provienen de sus exportaciones de combustibles fósiles, los que a su vez componen un 26,2% del PBI del país.

Pero el precio del petróleo ha caído bruscamente en el último año. En julio de 2014, por un barril de Brent se pagaban 110 dólares estadounidenses, pero en diciembre pasado el precio había descendido a menos de 60 dólares. Lo que es aún más grave, algunas estimaciones formuladas por expertos, como la realizada por el banco Morgan Stanley, consideran que el precio del barril se podrían acercar a los 43 dólares durante el segundo trimestre de 2015.

El actual precio del crudo está poniendo en jaque la estabilidad presupuestaria y el crecimiento de aquellos países cuya economía está fuertemente ligada a sus exportaciones de hidrocarburos. Se trata  en especial de Argelia, Venezuela, Ecuador e Iraq, que dependen de un precio de entre 115 y 120 dólares por barril para que sus economías funcionen óptimamente.

Esta situación se ha hecho evidente, hace pocos días, cuando el presidente argelino Abdelaziz Buteflika a admitir que “Argelia atravesará grandes dificultades por las graves perturbaciones que padece el mercado internacional de hidrocarburos.”

En consecuencia, Argel con menores recursos financieros deberá reprogramar sus prioridades y reducir sus gastos. Con menos dinero disponible, Buteflika deberá decidir cuantos fondos asignará a apoyar las actividades del Polisario y a mantener una estéril carrera armamentista en el Magreb y cuántos recursos destinará a cubrir las legítimas necesidades del pueblo argelino.

VENEZUELA TAMBIÉN EN PROBLEMAS

Lo mismo le ocurrirá al presidente venezolano Nicolás Maduro, que deberá dedicar todos sus esfuerzos a evitar que Venezuela entre el default y a encontrar los recursos financieros necesarios para importar los productos de primera necesidad –en especial alimentos y medicinas-  de los que hoy carece el pueblo venezolano.

El Banco Central de Venezuela confirmó hace unos días que el PBI del país se contrajo en un 2,3%, al mismo tiempo la inflación es la más alta del continente -63,6%- y hay una acuciante escasez de uno de cada cuatro productos básicos.

Las exportaciones de Venezuela se componen en un 96% de hidrocarburos, pero el precio del crudo venezolano es de solo 46,77 dólares por barril.

Enfrentado a una crítica situación económica, el gobierno de Caracas difícilmente encuentre el tiempo y las energías necesarias para seguir auspiciando los viajes y otras actividades propagandísticas de los activistas del Polisario en América Latina, tal como ha hecho en los últimos años.

LOS CAMBIOS EN CUBA

Además de una reducción en la ayuda que recibía de Argelia y Venezuela, el Frente Polisario también deberá hacer frente a los grandes cambios que se están operando en Cuba. En las últimas décadas, Cuba ha recibido petróleo gratis de Venezuela, ahora éste último país además de la caída en el precio del barril se ha visto obligado a importar este hidrocarburo de Argelia y a reducir sus exportaciones a la Isla. Cuba recibe de Venezuela unos doce mil millones de dólares al año en pago de servicios profesionales –como el programa denominado “Misión Barrio Adentro”- y exportaciones de petróleo en el marco de la alianza energética Petrocaribe.

La reducción del apoyo económico venezolano ha contribuido a que Raúl Castro haya arribado a un entendimiento sin precedentes con los Estados Unidos terminando con cincuenta años de rivalidades y enfrentamientos.

Ahora bien, para mantener sus buenas relaciones con Washington, el gobierno cubano deberá revisar su sistema de alianzas internacionales. Aunque posiblemente los cambios sean sutiles y graduales, Castro dejará paulatinamente de invertir recursos para patrocinar a diversos movimientos insurreccionales que durante años han sido sus clientes y aliados en los más diversos escenarios del Tercer Mundo.

Entre estos movimientos apoyados por Cuba se encuentra el Frente Polisario. Los separatistas polisarios han recibido armamento, entrenamiento militar y “becas educativas”, además de apoyo político y diplomáticos de los cubanos. Los dirigentes del Polisario se enfrentan actualmente con la posibilidad de que el reciente viraje de la política exterior cubana los deje sin este apoyo.

Actualmente, Raúl Castro está más interesado en que Cuba sea vista en el mundo como un país estable y confiable en transición hacia una economía de mercado, para atraer las inversiones extranjeras que tanto necesita su estancada economía, que en continuar siendo un centro promotor de “revoluciones socialistas” y añejas utopías separatistas.

MARRUECOS EN UN BUEN MOMENTO

Mientras el Frente Polisario se ve sometido a una reducción de sus apoyos internacionales, Marruecos, por el contrario, ve reforzada su posición internacional. Marruecos, que a diferencia de Argelia no tiene una economía dependiente de sus exportaciones de combustibles fósiles, como importador de petróleo se ve favorecido por la baja en el precio del barril de Brent.

El rey Mohamed VI ha llevado a cabo una política especialmente orientada hacia sus vecinos del Sur de África que ha consolidado su liderazgo regional. Pero, al mismo tiempo ha sabido cultivar una buena relación con la Unión Europea y, en particular, con España.

Europa valora especialmente la cooperación que Marruecos ha bridado en el control de la inmigración subsahariana y de las actividades de los grupos fundamentalistas islámicos, entre otros factores.

En tanto que las relaciones entre Rabat y Madrid atraviesan por un período de singular armonía, alimentado especialmente por la fluida relación personal entre Mohamed VI y Felipe VI. España ha incrementado sus inversiones en el país del Magreb y ambos estados han arribado a equitativos acuerdos en materia de explotación pesquera.

Las buenas relaciones entre Marruecos y España no favorecen a los intereses del Polisario que también depende de la abultada ayuda humanitaria que recibe de diversos municipios y ONG’s españolas y que será aún más vital si se reducen los fondos que los separatistas reciben de otras fuentes.

Por otra parte, en la Península ha disminuido considerablemente la simpatía que antes despertaba la causa separatista. Los españoles enfrentados a sus propios problemas de separatismo, en Cataluña y en el País Vasco, han perdido el romanticismo con que veían a los polisarios.

UN BUEN MOMENTO PARA EL REALISMO

Este complejo panorama internacional, que seguramente se agravará en los próximos años, puede servir de base a los dirigentes del Frente Polisario para que realicen un acto de realismo similar al que llevó a cabo Cuba.

Es el momento oportuno para terminar con cuatro décadas de un conflicto artificial que solo ha beneficiado a Argelia y a un conjunto de autodesignados dirigentes al precio de miles de víctimas confinadas en un estéril desierto de piedra.

En este sentido la Iniciativa Marroquí para la Negociación de un Estatuto de Autonomía en la Región del Sáhara establece las bases correctas para arribar a un acuerdo realista que contemple los intereses de todas las partes involucradas.