lunes, 18 de enero de 2021

LIBIA NUEVO NARCOESTADO EN EL NORTE DE ÁFRICA


 

 

Los mayores volúmenes de droga decomisada en Libia o en rumbo a su territorio indican que el país del Norte de África se ha convertido en una pieza clave de las nuevas rutas empleadas por las organizaciones internacionales del narcotráfico.

 

LIBIA EN LA GEOPOLÍTICA DEL MEDITERRÁNEO

 

Situada en el centro de la costa africana del Mediterráneo, a menos de mil kilómetros de Roma y menos de dos mil de Madrid, Libia es un estado fracasado importante en términos de posición geopolítica en el contexto de África del Norte, el Mediterráneo Oriental y Europa del Sur.

 

Aunque Libia es un país dotado de grandes recursos petroleros y gasíferos, solo el 8% de sus 1.759.540 km² es apto para la vida humana y su economía se encuentra paralizada por una década de guerra civil que generó desplazamientos de población y destrucción de infraestructuras críticas.

 

En este contexto, Libia despierta el interés de las potencias regionales y mundiales que pretenden ganar influencia en el futuro de un territorio de gran valor geoestratégico. Pero no solo los Estados se sienten interesados por el destino de Libia, también los grupos criminales transnacionales han descubierto que el país magrebí puede jugar un papel clave en sus actividades de tráfico de estupefacientes y han modificado sus rutas tradicionales de tráfico estableciendo nuevas rutas terrestres y marítimas para aprovechar un gran espacio sin ley con 1.770 km de costas  tal como es hoy el territorio libio.

 

Según Alessandro Ford, en un artículo publicado en el portal InSight Crime el 9 de diciembre de 2020, inspectores de aduanas de Malta decomisaron 612 kilos de cocaína ocultos en un cargamento de aceite de cocina, un decomiso récord para la nación isleña en el Mediterráneo. El embarque zarpó de Ecuador e hizo escala en Colombia antes de su llegada a Freeport, en Malta.

Tres días antes, las autoridades del puerto de Guayaquil en Ecuador decomisaron 582 kilos de cocaína ocultos en 19 trozos de teca con destino a Libia y Siria.

Este no es el primer hallazgo de cocaína con destino a Libia en años recientes, pero sí el más grande. En mayo, las autoridades aduaneras brasileñas descubrieron 128 kilos de cocaína en dos contenedores dirigidos a Libia en el Puerto de Itajaí. En julio de 2018, la Policía Nacional colombiana capturó 43 kilos de cocaína en el puerto de Buenaventura. El embarque se encontraba camuflado en la estructura de un contenedor con destino al puerto de Benghazi, en Libia. Recordemos que en 2016, pescadores libios encontraron 70 kilos de cocaína flotando frente a una playa cerca de Tobruk.

Los vecinos regionales de Libia en el norte de África experimentan la misma fuerte marejada de decomisos de cocaína. En mayo de 2018, las autoridades argelinas interceptaron en el puerto de Orán 701 kilos de cocaína escondidos en un buque carguero que transportaba carne congelada procedente de Brasil con destino final en España. En esa ocasión también capturaron a seis miembros de una red de narcotraficantes.

Incluso Túnez rompió su récord de captura de drogas en 2017. El cuerpo de guardacostas tunecino capturó en aguas de su país un embarque de 31 kilogramos de cocaína valorada en más de seis millones de dólares.

La captura se produjo cuando los guardacostas tunecinos observaron una serie de “movimientos sospechosos” en una embarcación que navegaba frente al Cabo Bon, una península en el Estrecho de Sicilia. Dos hombres huyeron con el barco luego de lanzar una bolsa grande color rojo al mar. Al recuperarlo los funcionarios tunecinos descubrieron treinta bloques de cocaína de máxima pureza.[1]

Al parecer el incremento de los controles antinarcóticos en el África Occidental, un área de tránsito tradicional para la cocaína sudamericana está llevando a los traficantes a cambiar sus rutas terrestres hacia las costas mediterráneas de África del Norte.

Desde hace una década, un tercio de la cocaína que ingresa a Europa lo hace desde el África Occidental y Norte generando a los grupos criminales que operan en la zona ganancias estimadas por los expertos en 450  y 1.150 millones de dólares por año.[2]

Por otra parte, es muy probable que el porcentaje de cocaína proveniente de África del Norte se incremente porque la producción de este estupefaciente ha aumentado y es necesario distribuirlo y hacerlo llegar a cada vez más mercados. Además, la demanda continúa en alza en Europa y Asia, y en baja en los Estados Unidos, incluso  el dólar se ha depreciado frente al euro lo que hace aún más atractivo al mercado europeo.

Por lo tanto, Libia un Estado fracasado que carece de un gobierno y fuerzas armadas nacionales, con extensas costas sobre el Mediterráneo, con puertos como Misrata, al-Khoms, Benghazi o Tobruk, es el punto de tránsito ideal para la cocaína sudamericana que llega por vía marítima a través de grandes buques pesqueros o buques de carga, antes de transbordarse a buques más pequeños (lanchas rápidas, veleros, barcos de pesca costera) que navegan las aguas territoriales  hasta puertos del Golfo de Guinea y la costa atlántica de África. Una vez en el continente africano, las drogas son transportadas en pequeñas cantidades en vuelos comerciales, o por contrabandistas, a través de los caminos y rutas de la región del Sahel hasta la costa libia.

Algunos otros embarques también llegan por vía aérea desde Sudamérica (en especial provenientes de Venezuela y Brasil) o arriban por vía terrestre desde la lejana Sudáfrica a la región Sáharo - Saheliana.

El contrabando de drogas desde Argelia, Mali, Mauritania, Níger y Libia hacia las costas mediterráneas es relativamente sencillo, especialmente tomando en consideración la porosidad de las fronteras en esa región o simplemente la inexistencia de puestos fronterizos. Aunque en los últimos años con las iniciativas multinacionales contra el terrorismo en el Sahel, el transporte de la cocaína latinoamericana a través de la región se ha vuelto algo más difícil. Ello hace que el precio de los estupefacientes se incremente, pero no impiden su circulación.[3]

Múltiples factores hacen atractiva al África del Norte para el narcotráfico. En primer lugar, la debilidad institucional de los Estados ubicados en esa zona geográfica, que en muchos casos son incapaces de hacer cumplir la ley. La mayoría no controla la integridad de su territorio, y mucho menos es capaz de fiscalizar los flujos que traspasan sus fronteras o se mueven dentro de ellas.

Es importante también destacar los altos niveles de corrupción de los funcionarios públicos en los países de la región. De acuerdo con el índice de percepción de la corrupción de Transparency Internacional (2018), Libia ocupa el puesto 171 entre 180; Chad el 165, Guinea el 148, al igual que Nigeria y Mauritania, el 143. Los siguen muy cerca Mali, puesto 124; Argelia y Níger el 122.

A ello debe sumarse la baja rentabilidad de las economías legales y el alto nivel de desocupación que afecta especialmente a los jóvenes, lo que funciona como un incentivo para el incremento de las actividades ilegales. Las redes de negocios ilícitos son generadas, gracias al atractivo económico que implica participar en ellas. Para la mayoría de la gente en la región Sáharo – Saheliana, los mercados marginales e ilícitos representan oportunidades de enriquecimiento que no están presentes en la economía formal y suponen riesgos más bajos que los presentados por los negocios legales.

En esta región, los traficantes parecen conectarse de forma fácil con gente importante. Eso les permite establecer y operar redes sociales informales, con lo que evitan la detección por parte del aparato de seguridad. Asimismo, son capaces de cooptar dicho aparato cuando es necesario. De ahí que la corrupción de las fuerzas de seguridad y armadas y las agencias de control de aduanas y fronteras, por parte de las organizaciones criminales en los países de la región Sáhara -Saheliana constituye el principal problema para las iniciativas destinadas a controlar el tráfico de estupefacientes.

Incluso, en algunos países, la elite gobernante, los servicios de seguridad y grupos radicalizados están compitiendo en forma violenta por el acceso a los negocios ilícitos que genera el narcotráfico.

África ya no es solo una zona de tránsito para la cocaína sudamericana, actualmente es también una zona de consumo y producción de drogas. Alrededor del 30% de las drogas que transitan por África Occidental y del Norte se consume localmente. Debe tenerse en consideración que en muchos casos los costos del transporte de drogas (traslados, protección de los embarques, la corrupción de los funcionarios, etc.) se pagan en drogas y no con dinero. Según la Oficinal para las Drogas y el Crimen de Naciones Unidas (UNDOC) en el África Occidental hay 1.100.000 usuarios de cocaína.[4]

Para comprender mejor el porque Libia se ha convertido en un Estado fracasado atractivo para las organizaciones internacionales del narcotráfico debemos analizar cómo ha evolucionado la actual situación política y militar en ese país del Norte de África en la última década.

LA SITUACIÓN EN LIBIA

 

Desde febrero de 2011, se desarrolla en Libia una sangrienta guerra civil en la cual por el momento rige un alto al fuego. En esa fecha el país fue alcanzado por la onda expansiva de la “Primavera Árabe” que se iniciara poco antes en Túnez. La muerte de Muamar el Gadafi, en octubre de 2011, no trajo la paz sino que generó un enorme vacío de poder seguido de encendidas luchas tribales y religiosas.

 

Tras la caída de Gadafi, los jóvenes combatientes que habían luchado contra su régimen no entregaron las armas y pronto se adueñaron del gobierno asaltando el Parlamento y secuestrando al primer ministro. Luego de lo cual se repartieron los cargos públicos, se apropiaron del dinero y saquearon los bien provistos arsenales del dictador libio.

 

La existencia de numerosas milicias dotadas de artillería y armamento pesado hizo que al poco tiempo la guerra civil recrudeciera con inusual virulencia. El 14 de febrero de 2014, el mariscal Jalifa Haftar, quien había logrado movilizar a parte del antiguo ejército que había desertado de las filas de Gadafi en 2011, y que más tarde se había sentido marginado y amenazado por los islamistas, difundió un comunicado en el que ordenaba la suspensión del Congreso General Nacional –CGN-, dominado por los islamistas, tras el rumbo a la deriva que había tomado el país y proponía la formación de una comisión presidencial hasta que se celebraran nuevas elecciones. Después de cruentos combates entre islamistas y moderados el país quedó dividido en dos bandos.

 

Por un, lado están los islamistas, que controlan la capital, Trípoli. Su coalición, “Amanecer de Libia”, incluye a las Brigadas de Misrata, de las ciudades del Oeste del país y de la minoría bereber, así como a otros grupos de tendencia islamista. Han resucitado al Congreso General Nacional –el antiguo Parlamento- y han elegido un “gobierno de salvación nacional” encabezado por el primer ministro Fayez al Sarraj.

El otro bando, era el gobierno con sede en las ciudades de Tobruk y Al Baida, al este del país, y presidido por Abdulá al Thini. Cuenta con la Cámara de Representantes, el Parlamento elegido en las elecciones de junio de 2014.

Más tarde, este bando se fusionó formalmente con “Operación Dignidad”, el grupo que responde a la conducción del general Jalifa Haftar, a quien se designó como “Comandante en Jefe” de sus fuerzas el 2 de marzo de 2015.

También forman parte de esta coalición moderada las milicias de la ciudad de Zintán, situada al Oeste, las cuales, antes controlaban Trípoli y su aeropuerto internacional junto con los guardias “federalistas” de las instalaciones petrolíferas conducidas por Ibrahim Yadran.

Las dos facciones adoptaron posiciones políticas y religiosas diametralmente opuestas. Los que tienen su sede en Tobruk proclaman que están luchando contra los terroristas islamistas, mientras que los instalados en Trípoli afirman que lo hacen contra los residuos del régimen de Gadafi.

LA PARTICIPACIÓN INTERNACIONAL

El conflicto alcanzó dimensiones internacionales cuando diversos estados comenzaron a involucrarse enviando dinero y armas, luego llegaron los instructores militares y en los últimos meses tropas mercenarias.

Libia se convirtió en el teatro de operaciones donde se dirimen conflictos que se han originado en otros lugares y donde se pretenden resolver pujas geopolíticas generadas por la necesidad de controlar los recursos energéticos del Mediterráneo Oriental.

Los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Jordania, Egipto, Rusia, Sudán y subrepticiamente Francia unen sus esfuerzos para apoyar a la fuerzas del Ejército nacional de Libia, comandadas por el “mariscal” Jalifa Haftar que desde hace cinco años intenta infructuosamente controlar Trípoli, la capital libia.

La Fuerza Aérea de los Emiratos Árabes Unidos se instaló en la base aérea de Al Khadim, situada en el noroeste de Libia. Desde junio de 2016, allí operan los aviones de apoyo aéreo cercano AT-802 y los drones chino de tipo Wing Long armados con misiles antitanques LJ-7 “Blue Arrow” y aviones artillados Calidus B-250.

En enero de 2020, se agregaron a las medidas de seguridad de la base Al Khadim, baterías del sistema de defensa aérea de mediano alcance Hawk. Hasta entonces la base solo estaba protegida por sistemas de corto alcance Pantsir-S1.

En esta forma las fuerzas emiratíes se prepararon para posibles ataques de la Fuerza Aérea Turca.

Para reforzar al general Haftar, Vladimir Putin, por su parte, envió entre doscientos y quinientos mercenarios rusos (tiradores de élite, instructores y fuerzas especiales) pertenecientes al Grupo Wagner.

La “empresa de servicios militares” Grupo Wagner, con sede en Londres, está dirigida por el magnate gastronómico Yeugeni Prigozhin.

Prigozhin, es conocido en Rusia como “el Chef de Putin” (es propietario de cadenas gastronómicas como Concord Management y Concord Catering), es un empresario con fluidos contactos en el Kremlin.

En 2018, cuando el general Jalifa Haftar visitó Moscú en búsqueda de ayuda militar mantuvo una reunión con el ministro de Defensa ruso Sergey Shoigú, quien concurrió al encuentro acompañado de Yeugeni Prigozhin, tal como testimonian las imágenes difundidas por el canal de YouTube del Comando General del Ejército Nacional Libio.

Prigozhin, que sufre sanciones por parte del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, fue acusado por el asesor especial de los Estados Unidos, Robert Müller, por su gestión de la Agencia de Investigaciones en Internet, una “fábrica de trolls” empleada para campañas de desinformación y de la cual se sospecha que estuvo detrás de la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016.

Los mercenarios del Grupo Wagner hicieron su aparición en Ucrania, apoyando a las fuerzas separatistas prorrusas de Donbass. Luego el Grupo Wagner apareció en todos los escenarios bélicos donde se juegan los intereses rusos: Siria, Sudán, República Center Africana o Venezuela. En muchos casos cobran sus servicios en especies: petróleo, minas de oro, esmeraldas o diamantes de sangre, etc.

Los combatientes de Wagner (en su mayoría rusos, pero también ucranianos de Donbass, sirios o sudaneses) suelen recibir un salario mensual de unos dos mil dólares que se incrementan según sus capacidades especiales (paracaidista, buzo, tirador de élite, piloto, experto en explosivos, etc.) o experiencia de combate comprobada.

Los hombres del Grupo Wagner se diferencian de los “contratistas” (de diversas nacionalidades) que emplean las Fuerzas Armadas y otras Agencias de los Estados Unidos. Los contratistas estadounidenses suelen cumplir en general misiones secundarias de seguridad o logísticas (custodia de instalaciones, misiones de apoyo humanitario, seguridad e interrogatorio de prisioneros.) Habitualmente no se  involucran en acciones de combate a menos de ser atacados.

Los mercenarios rusos, por el contrario, cumplen especialmente misiones de combate. Participan activamente en las batallas como unidades de asalto de élite. En Siria, por ejemplo, demostraron ser sumamente eficaces, especialmente cuando las fuerzas locales se negaban a avanzar. Los rusos más aguerridos y con indiferencia por sus vidas, luchaban sin tomar en cuenta las pérdidas humanas. En caso de muerte en combate, la familia del mercenario recibe unos cincuenta mil dólares una cifra muy importante en cualquier lugar y en especial en Rusia.

Para los servicios de inteligencia y los expertos occidentales el Grupo Wagner es en realidad un apéndice del GRU (El Departamento Central de Inteligencia, en ruso: Главное Разведывательное Управление, o Glávnoye Razvédyvatelnoye Upravlenie) el organismo de inteligencia de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia.

Para operar en primer línea de combate en Libia, el Grupo Wagner ha reclutado a un millar de ex combatientes de la milicia sudanesa Janjaweed.

El término Janjaweed se traduce del árabe como “pistolero montado” o “demonio montado”. El núcleo original de los Janjaweed fueron pastores nómadas en el Norte de Darfur y en las zonas adyacentes de Chad que se dedicaban especialmente a la cría de camellos. Estos pastores que pertenecen a los subgrupos étnicos de la Mahamid y Mahariya de la etnia de los Rizeigat.

Los Janjaweed fueron armados en los años ochenta como milicias de autodefensa en la guerra del Chad. Actualmente, unos cinco mil hombres de la Janjaweed están integrados a las Fuerzas de Apoyo Rápido dependiente de los Servicios de Inteligencia y Seguridad de Chad a las ordenes Mohamed Hamdan Dagalo, vicepresidente del Consejo Militar de Transición del Chad, un hombre al que se le atribuyen sólidas relaciones con Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.

Los mercenarios chadianos de Janjaweed han sido acusados de genocidio y violaciones reiteradas a los derechos humanos contra la población de Darfur, en la Corte Penal Internacional.

El Grupo Wagner también ha contratado a través de la empresas de servicios militares Moran y Schit a mercenarios sirios que combatieron al servicio del dictador Bashar Háfez al-Ásad.

Para contrarrestar el apoyo extranjero que recibe el Ejército Nacional Libio del general Jalifa Haftar, las fuerzas del Acuerdo Nacional de Libia con sede en Trípoli ha solicitado ayuda al presidente Recep Tayyip Erdogan de Turquía.

El 27 de noviembre de 2019, Fayez al Serraj, líder del Gobierno del Acuerdo Nacional Libio, único gobierno reconocido por la ONU y el presidente turco Erdogan firmaron un acuerdo de cooperación en materia de defensa seguido de otro tratado que delimita las zonas económicas exclusivas en aguas del Mediterráneo de ambos países.

Así, al Serraj buscó básicamente evitar su derrota frente a Haftar que pretende eliminar toda huella del Islam político en Libia y acaparar el poder al estilo de la dictadura egipcia del general Abdelfatah al Sisi.

Mientras que Erdogan pretendía, como mínimo, frenar el proceso que Grecia, Chipre, Egipto e Israel, a través del llamado “Foro del Gas del Medio Oriente”, están desarrollando para explotar los hidrocarburos localizados en el Mediterráneo Oriental son contar con la participación de Ankara.

En principio, Erdogan, arrinconado por los países del Foro que han condenado el acuerdo, pretende sumar aliados a su causa con la intención final de llegar a tener un papel relevante en la futura red mediterránea de suministro de gas a los países de la Unión Europea. Por el momento, a la espera de ver en qué desemboca su controvertida exploración en aguas chipriotas, ya ha logrado convertir a la ciudad sureña de Ceyhan en el punto de llegada de hidrocarburos procedentes del mar Caspio y de Irak. Por otro lado, está a punto de entrar en servicio el gasoducto Turkstream por el que transitará gas ruso hacia Europa.

Ankara también pretende resarcirse de las pérdidas económicas acumuladas en estos años en los que sus cuantiosas inversiones en Libia han quedado paralizadas o destruidas por la guerra civil. Su objetivo es intentar reactivar los más de trescientos proyectos desarrollados por empresas turcas y que se encuentran en distintas fases de ejecución y que constituyen una inversión superior a los U$S 16.500 millones de dólares. Y a eso se une actualmente el interés por obtener una importante porción de los contratos para la reconstrucción de un país que cuenta con los suficientes recursos en hidrocarburos como para encarar seriamente la modernización y reparación de los daños provocados por una década de violencia fratricida.

En este sentido, las empresas turcas tienen grandes posibilidades de participación tanto en el sector de la construcción de infraestructuras como en el aeronáutico, sin olvidar la venta de armamentos.

Por último, Erdogan esta imbuido de una visión neo-otomana cada vez más marcada. El presidente turco aspira a ser reconocido como el líder político del Islam suní, incluso por encima de Riad. Al igual que ocurre en Siria, también en Libia -uno de los últimos territorios perdidos del Imperio Otomano hace un siglo- se dirime en buena media la confrontación entre los aspirantes a un liderazgo que tradicionalmente han ejercido los saudíes[5].

Por lo tanto, la presencia turca en Libia significa para Erdogan no sólo desviar la atención sobre los problemas internos y alimentar el orgullo de una sociedad golpeada por la crisis, sino también aumentar el peso específico de Turquía en un delicado juego que lo está llevando a involucrarse en escenarios bélicos tan complejos como el sirio e iraquí.

La presencia militar turca en Libia comenzó con una Fuerza de Reacción Rápida con capacidad para cumplir misiones de “militares y policiales”, el establecimiento de una Oficina de Cooperación en Defensa y Seguridad “con suficientes expertos y personal”, transferencia de materiales e instrucción militar y compartir información de inteligencia.

Las tropas turcas comenzaron a llegar el lunes 6 de enero de 2020 a la ciudad – estado de Misrata, situada en la costa a unos cuatrocientos kilómetros al oeste de la ciudad de Trípoli, donde los turcos habían instalado una base que operaba las unidades de drones turcos clase “Bayraktar TB2”, que combatían con mucho éxito contra las fuerzas del general Jalifa Haftar.  

Los efectivos turcos estaban comandados por un teniente general al mando de  trescientos hombres de las fuerzas especiales reforzados por mercenarios sirios contratados por Ankara. En esta forma, mercenarios sirios combatieron al servicio del Gobierno del Acuerdo Nacional y otros mercenarios sirios lo hicieron para el otro bando, el Ejercito Nacional Libio de Haftar.

Después de algunos meses de cruentos combates la ofensiva de las tropas de Haftar se estancó e incluso perdió parte de los territorios conquistados. Finalmente, ambos bandos alcanzaron en octubre de 2020 un alto al fuego patrocinado por la ONU, Rusia y Turquía, que incluía el acuerdo del retiro de todas las tropas mercenarias en un plazo de tres meses y un intercambio de prisioneros que se llevó a cabo a fines de diciembre pasado. 

Los acuerdos también contemplan conversaciones a través del “Foro de Diálogo Político en Libia”, bajo los auspicios de Naciones Unidas, para crear las condiciones que permitan la celebración de elecciones el próximo 24 de diciembre de 2021. [6]

 

CONCLUSIONES

La constitución de un único gobierno nacional en Libia no significará automáticamente la normalización del país sino el inicio de un largo proceso de transición hacia la democracia y consolidación de la gobernabilidad que seguramente demandará al menos una década.

Mientras Libia permanezca sin un gobierno reconocido que ejerza el control de todo el territorio, con fuerzas de seguridad y armadas profesionales y disciplinadas, continuará siendo un “Estado fracasado” donde prosperarán todas los negocios del crimen organizado y en especial el tráfico de personas y de drogas hacia la Europa comunitaria y Asia a través de sus largas costas desprotegidas.

Una de las principales y más difíciles tareas de un nuevo gobierno libio será desarmar a los aproximadamente cinco mil bandas de milicianos y grupos de autodefensa de diversa dimensión y motivación, pero todos sumamente armados y violentos.

El cese de los combates y la desarticulación de los grupos milicianos dejará mucha “mano de obra desocupada”, que a falta de una ocupación legal o por el deseo de permanecer en actividades armadas pasaran a alimentar a los grupos del crimen organizado transnacional.

En síntesis, no deberá sorprender entonces que en los próximos meses surjan noticias sobre nuevos decomisos de drogas destinadas a Libia o aún dentro del propio territorio libio. Si no tenemos tales noticias probablemente se deberá más a la falla en los controles que a la interrupción de los flujos ilegales de droga sudamericana a través de este país norafricano.

 

 

 



[1] FORD, Alessandro: Libia y norte de África emergen como centros de tránsito de cocaína. Artículo publicado en el portal InSight Crime, el 11/01/2021. https://es.insightcrime.org/noticias/analisis/libia-norte-de-africa-transito-cocaina/

[2] SAMPÓ, Carolina: El tráfico de cocaína entre América Latina y África Occidental. Artículo publicado en https://revistas.flacsoandes.edu.ec/urvio/article/view/3700/2643, el  Bs. As. 29/09/2018.

[3] SAMPÓ, Carolina: El tráfico de cocaína entre América Latina y África Occidental. Artículo publicado en https://revistas.flacsoandes.edu.ec/urvio/article/view/3700/2643, el  Bs. As. 29/09/2018.

[4] EL YATTIOUI, Mohammed Badine y Claudia BARONA CASTAÑEDA: Narcotráfico entre América Latina y África: un caso contemporáneo entre seguridad y gobernanza. Universidad de las Américas, Puebla, México 22/02/2019. Artículo publicado en http://www.seguridadinternacional.es/resi/index.php/revista/article/view/110/190

 

[5] SÁNCHEZ TAPIA, Felipe: ¿Qué hace Turquía en Libia?. Atalayar, 07/03/2020. Artículo publicado en

https://atalayar.com/content/qu%C3%A9-hace-turqu%C3%ADa-en-libia

[6] EUROPA PRESS: AMPL.- Libia.- Las partes libias votan este lunes el método de selección del futuro gobierno de unidad. Madrid. 07/01/2021. Artículo publicado en https://www.notimerica.com/politica/noticia-partes-conflicto-libia-proceden-segundo-intercambio-prisioneros-acuerdo-alto-fuego-20210107121857.html

viernes, 15 de enero de 2021

BIDEN ELIGE A UN DIPLOMÁTICO PARA DIRIGIR LA CIA


 

El presidente Joe Biden envía un claro mensaje con la designación de un prestigioso internacionalista al frente de la Agencia Central de Inteligencia.

Tradicionalmente, la política estadounidense se caracterizó por gozar de una cierta continuidad. Es cierto que cada presidente (especialmente si pertenecían a distintos partidos) tenía su propia agenda y compromisos de campaña con el electorado y los grupos de poder que los habían llevado hasta la Oficina Oval, pero la política estadounidense gozaba por lo general de gran consenso y estabilidad.

Por lo general, un gobierno estadounidense no cambiaba bruscamente la política internacional de su predecesor. En otras palabras la política internacional y las alianzas de los Estados Unidos no cambiaban radicalmente cada cuatro años.

Esta tradición cambio con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. El temperamental empresario carecía de experiencia en la función pública y estaba dispuesto a hacer la cosas y tomar las decisiones a su propio estilo que en aprender como eran los procedimientos tradicionales o en buscar consensos con la oposición demócrata.

En muchos sentidos la “era Trump” marcó una ruptura con las presidencias anteriores. Ahora, la llegada de Joe Biden a la presidencia marca un retorno a la tradición administrativa y de gestión presidencial tradicional. Una suerte de “restauración” de la democracia republicana estadounidense y en gran medida un retorno de los hombres y las políticas vigentes durante la Administración Obama en la cual Biden era el vicepresidente.

Las primeras designaciones de funcionario claves por parte del presidente Joe Biden apuntan en tal sentido. Esto resulta evidente en la designación del nuevo director de la Agencia Central de Inteligencia.

Trump tuvo una difícil relación con los servicios de inteligencia, tanto con el FBI como con la CIA. Biden pretende revertir esa situación para lo cual envió una clara señal de la importancia que tendrá en su Administración el aparato de inteligencia y seguridad nacional al designar al frente de la Agencia Central de Inteligencia a un peso pesado del mundo diplomático estadounidense: Willians Burns.

Nacido en 1956, en Fort Bragg, Carolina del Norte. Se graduó en Historia en la Universidad La Salle y en Relaciones Internacionales por St. John´s College de Oxford. Posteriormente obtuvo una maestría y doctorado en Filosofía en la Universidad La Salle.

Este amigo personal de Bill Gates, habla fluidamente ruso, árabe y francés, posee cuatro doctorados honoris causa y tres premios presidenciales, además de diversas distinciones nacionales e internacionales.

Durante la Administración Reagan, en 1982, se incorporó al Cuerpo Diplomático de los Estados Unidos donde pasó treinta y dos años hasta su retiro en octubre de 2014. En enero de 2015 se convirtió en el noveno director del más antiguo e influyente think tank estadounidense sobre temas internacionales: La Fundación Carnegie para la Paz Internacional.

Desde su posición en la Fundación Carnegie no ahorró críticas al manejo de la política exterior por parte del presidente Trump. En 2019, por ejemplo, rechazó con duros argumentos la destitución de la embajadora en Ucrania, Maire Yovanovitch, en represalia por impedir las maniobras de ciertos estrechos colaboradores del primer mandatario que trataban de obtener pruebas para atacar al entonces candidato demócrata Joe Biden.

En su paso por el Departamento de Estado se desempeño como Secretario Ejecutivo del Departamento de Estado, asistente especial de los secretario Warren Christopher y Madeleine Albricht, ministro consejero de Asuntos Políticos de la Embajada de los Estados Unidos en Moscú, Director interino y subdirector principal del personal de planificación de políticas del Departamento de Estado y asistente especial del presidente y director senior para Asuntos del Cercano Oriente y Asia Meridional en el Consejo de Seguridad Nacional.

Embajador en Jordania entre 1998 y 2001, Subsecretario de Estado para Cercano Oriente entre 2001 y 2005, Embajador en la Federación de Rusia entre 2005 y 2008, Subsecretario de Estado para Asuntos Políticos de 2008 a 2011.

En 2013, junto a Jake Sullivan lideró el canal bilateral secreto entre los Estados Unidos e Irán que condujo al acuerdo interino entre Irán y P5+1 y luego al acuerdo nuclear con Irán.

Burns será el primer diplomático de carrera en conducir la Agencia Central de Inteligencia una poderosa estructura con veintiún mil funcionarios distribuidos por todo el planeta.

Podría argumentarse su falta de experiencia en temas de inteligencia, pero un análisis más detenido de su trayectoria en el campo internacional, los cargos que ha desempeñado, las funciones analíticas que los mismos requieren y las negociaciones vinculadas con la seguridad nacional que ha llevado a cabo indican que esta sobre capacitado para ese cargo. Esto hace pensar que no encontrará mayores problemas para que su postulación sea aprobada por el Congreso.

Incluso, podría especularse que la designación de un funcionario de tal alto perfil para director de la Agencia Central de Inteligencia es parte de una política destinada a devolverle a esta agencia la relevancia y prestigio que tuvo hasta los atentados del 11 de septiembre de 2001 o que Burns es un candidato de reserva para ocupar el Departamento de Estado al primer cambio de gabinete que resuelva el presidente Biden.

jueves, 14 de enero de 2021

UN GOBIERNO SIN PLANES NI RUMBO


La improvisación, marchas y contramarchas del gobierno agotan la paciencia y sumen al pueblo en la incertidumbre.

Muchos lectores pensaran que este artículo no les informa sobre ninguna novedad porque del presidente Alberto Fernández hacia abajo todos los funcionarios han reconocido claramente que carecen de planes, objetivos ha concretar en su gestión y de estrategias elaboradas para cumplirlos.

Incluso la prensa en todas sus expresiones visuales, orales y escritas ha comentado negativamente este hecho.

Pero lo cierto es que los tanteos, marchas y contramarchas, improvisaciones y contrasentidos del gobierno son tan continuos que no pueden ser pasados por alto a riesgo de convertirse el periodista en cómplice del relato oficialista.

Primero la pandemia nunca iba a llegar al país, después nos alegramos de que el Covid 19 llegara en ese momento y no bajo el gobierno de Mauricio Macri, porque con el ingeniero en la Casa Rosada habríamos estado todos muertos. Ahora, como estamos entre los diez países del mundo más afectados del mundo con un millón ochocientos mil afectados y 45.000 fallecidos, después de haber mantenido el “aislamiento social” más prolongado del planeta que destruyó la economía, el gobierno responsabiliza a la población por el incremento de los contagios.

Cuando en realidad han sido las autoridades nacionales quienes abandonaron sus responsabilidades sanitarias trasladando la responsabilidad de combatir la pandemia a los gobernadores e intendentes para no asumir más costos políticos.

Y esta si es una constante de la Administración Fernández el temor a afrontar algún tipo de costo político.

Un día decreta como un acto de “soberanía alimentaria” (sic.) la expropiación de la firma Vicentín. Pero, cuando la reacción popular es una movilización en rechazo de la medida, recurre a una elaborada maniobra judicial para dar marcha atrás sin quedar en evidencia. Y a partir de entonces no se habla más del tema.

Luego propicia -incluso con la participación de funcionarios públicos- la ocupación de terrenos y hasta de explotaciones agropecuarias (Guernica, Bariloche, Lago Mascardi, Pinamar, estancia “La Nueva” de la familia Etchevehere, etc.). Nueva reacción popular seguida de otro retroceso del gobierno iniciando el desalojo de los intrusos.

Así podríamos seguir reseñando muchos otros casos de avances y retrocesos gubernamentales. Por ejemplo, hace unos días diversas voces del oficialismo comenzaron a reclamar un indulto o amnistía presidencial para los “presos políticos”. Eufemismo que en el kirchnerismo se emplea para denominar a los exfuncionarios con causas en la justicia por diversos hechos de corrupción, especialmente la señora vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Cuando se hace manifiesto el mal humor social ante la posibilidad de la implementación de una medida de esas características, el presidente Fernández convoca a los principales columnistas y periodistas del país para aclararles en charlas privadas individuales (nadie sabe por qué no realizó una conferencia de prensa como suele hacerse en la mayoría de los país) que en su gobierno no hay presos políticos y que nunca firmaría un indulto y que la amnistía dependía del Poder Legislativo y no del Poder Ejecutivo.

El presidente también aprovecho la ocasión para denunciar ante la prensa que dentro del gobernante Frente de Todos había dirigentes que pretendían llevar adelante “una revolución”.

Lamentablemente a ninguno de sus interlocutores periodistas se les ocurrió preguntarle al presidente si esa “revolución” implicaba romper el orden constitucional y por tanto era un delito, quienes eran los revolucionarios que llevaban a cabo dicha conspiración delictiva y que pensaba hacer al respecto.

Al parecer, la falta de ideas (o el miedo a expresarlas) parece ser un mal nacional y el gobierno no tiene el monopolio en este tema.

Es así como un grave tema institucional y delictivo paso como otras cosas más sin mayores repercusiones. Ni siquiera se convirtió en nota de tapa de los principales diarios.

Pronto se produjeron otras declaraciones y contramarchas que ocultaron los errores y desmesuras precedentes.

La Subsecretaria de Salud de la Nación, la médica Carla Bisotti alarmó a todo el mundo anunciando la vacunación contra Covid con la mitad de la dosis prescripta para la vacuna rusa Sputnick V. Nueva rectificación presidencial y retroceso gubernamental.

El debate sobre la vacuna no había aún terminado que el Gobierno decidió poner cepo a las exportaciones de maíz. Los productores rurales rechazaron medida y sobrevino un paro agropecuario que despertó el temor presidencial de revivir el “Conflicto con el Campo” del 2008. Nueva rectificación y anulación de la medida oficial una semana más tarde.

La última de estas versiones improvisadas que se lanzan a la opinión pública como una suerte de “globos de ensayo” para ver cual es la reacción que provocan en la ciudadanía, es el rumor de la creación de un supuesto “Tribunal Federal de Sentencias Arbitrarias” que asumiría en parte las funciones que la Constitucional Nacional asigna a la Corte Suprema de Justicia.

Resulta evidente para cualquier persona que un tribunal de tales características sería claramente anticonstitucional. Además, sería la propia Corte Suprema la que debería expedirse en última instancia sobre la constitucionalidad y vigencia del nuevo Tribunal.

Es decir, que una medida de tales características sería de difícil o imposible concreción. Por lo tanto, su anuncio, además de distraer a la opinión pública de los temas del Covid, la vacuna y los anuncios sobre la evolución de la inflación, tendría el propósito de medir la reacción de la gente ante procedimientos anticonstitucionales y al mismo tiempo  incrementar la presión sobre los magistrados de la Corte Suprema para que encuentren algún artilugio legal para detener los juicios contra la expresidenta.

Porque nadie debe confundirse el único programa de gobierno que tiene el Frente de Todos y que mantiene desde que llegó al gobierno es asegurar la impunidad de Cristina Kirchner, su familia y sus asociados en los juicios por corrupción.

 

 

lunes, 11 de enero de 2021

HISTÓRICA VISITA DE FUNCIONARIOS ESTADOUNIDENSES AL SÁHARA MARROQUÍ


Los vínculos entre el Reino de Marruecos y los Estados Unidos se consolidan e incrementan con la concreción de iniciativas diplomáticas e inversiones económicas.

La diplomacia marroquí con respecto al Sáhara ha entrado en una etapa de concreciones con la visita, el pasado sábado 9 de enero, de David Schenker, Subsecretario de Estado para Oriente Próximo y el Norte de África de la Administración Trump a la bella ciudad turística de Dakhla que cada día más abandona su rol turístico y pesquero para convertirse en un importante centro portuario y comercial no solo del Sáhara sino también del África Occidental.

En esta primera visita oficial de altos funcionarios estadounidenses  (incluido el embajador  acreditado en Rabat) a las provincias del Sur, el Subsecretario Schenker destacó que el reciente reconocimiento de su país a la soberanía marroquí sobre el Sáhara “fue posible gracias al liderazgo del Rey Mohammed VI en la promoción de una agenda de reformas audaces y de gran alcance en las últimas décadas.”

El alto funcionario del presidente Trump también destacó las valiosas contribuciones del Rey Mohammed VI a la paz en Medio Oriente, a la estabilidad y el desarrollo en África, a la seguridad regional en su conjunto y en especial al “promover la tolerancia y la armonía religiosa.”

La presencia del subsecretario Schenker constituye un gesto significativo que ratifica el compromiso de Washington de abrir a la brevedad un consulado con agregaduría comercial en Dahkla, acordado en la trascendente conversación telefónica que mantuvieron el Rey Mohammed VI y el presidente Donald Trump el pasado 10 de diciembre.

En esa oportunidad el presidente estadounidense se comprometió también a posibilitar que el Reino de Marruecos tenga un acceso privilegiado al Programa de Comercio e Inversión implementado bajo el contexto de la denominada iniciativa “Prosper Africa”.

La iniciativa “Prosper Africa” fue lanzada en 2018 por la Administración Trump con el propósito de incrementar los intercambios comerciales de los Estados Unidos con África, un continente que alberga a 54 Estados, con grandes recursos naturales y un dinámico mercado de más de mil millones de potenciales consumidores.

Prosper Africa busca, especialmente, incentivas a las empresas privadas estadounidenses a invertir en el continente africano buscando socios locales para sus emprendimientos.

No obstante, la iniciativa de la Casa Blanca involucra a diecisiete agencias federales (entre ellas la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional -USAID-, Exim Bank, Overseas Private Investment Corporation, Millennium Challenge Corporation, etc.) y otorga financiamiento y ayudas al desarrollo por valor de quinientos millones de dólares anuales durante cinco años.

Las autoridades marroquíes estiman que la potenciación de los vínculos diplomáticos y económicos con los Estados Unidos, país con el cual el Reino tiene un tratado de libre comercio que ha duplicado desde su aplicación en 2006 los intercambios comerciales bilaterales, generará un flujo aún mayor de inversiones estadounidenses que podrían alcanzar en los próximos años un monto de entre mil y tres mil millones de dólares.

Esas inversiones estadounidenses redundarán en la creación de miles de pequeñas y medianas empresas marroquíes generando un número aún mayor de puestos de empleo en el sector privado.

Los logros internacionales y las inversiones que hoy recibe el Reino de Marrueco no son fruto del azar sino el resultado lógico de los largos años de tratativas diplomáticas, gestiones y esfuerzos personales que el Rey Mohammed VI ha llevado a cabo en defensa de la marroquidad del Sáhara y para el desarrollo del Reino.

 

 

domingo, 10 de enero de 2021

LA ERA DEL POPULISMO


El siglo XXI posiblemente sea recordado por la pandemia del Covid 19, pero también será la era del auge populista.

El período entre ambas guerras mundiales, 1918 – 1939, marca la era dorada del fascismo. Regímenes fascistas prosperaron y se expandieron como hongos después de la lluvia en la muy civilizada Europa y difundieron su ideario con diverso éxito por América y Asia.

Detener el delirio fascismo costó veinticinco millones de muertos en la Segunda Guerra Mundial.

De igual modo la llegada del siglo XXI marca el tiempo del auge del populismo. Los regímenes populistas que hasta hace pocos años se consideraban un mal endémico de los países del Tercer Mundo gracias a la modernidad líquida han desbordado sus límites territoriales contagiando con sus patógenos a las sociedades tecnotrónicas del mundo desarrollado.

Así aparecieron líderes populistas como Donald Trump, el británico Boris Johnson, los españoles Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, el turco Recep Tayyip Erdoğan o el húngaro Víktor Orbán que se sumaron a los populistas latinoamericanos: Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Evo Morales, Rafael Correa, Cristina Fernández de Kirchner o Jair Bolsonaro.

Los graves incidentes producidos el pasado 6 de enero en el Capitolio de los Estados Unidos son una clara evidencia de los riesgos que implican los líderes populista.

“El líder populista -nos dice Enrique Krauze- arenga al pueblo contra el no pueblo, anuncia el amanecer de la historia, promete el cielo en la tierra. Cuando llega al poder, micrófono en mano, decreta la verdad oficial, desquicia a la economía, azuza el odio de clase, mantiene a las masas en continua movilización, desdeña los Parlamentos, manipula las elecciones y acota las libertades”.

Los más sorprende del fenómeno populista posiblemente sea la existencia de grandes sectores de la población dispuestos a abandonar toda racionalidad para creer fanática y violentamente las consignas de la propaganda populista.

En el caso de los seguidores del presidente Trump que asaltaron el Capitolio de Washington se movilizaron convocados por el “stop the steal”. La afirmación de que el presidente no había perdido las elecciones presidenciales del pasado mes de noviembre sino que fue víctima de un fraude monumental por parte de Joe Biden y el Partido Demócrata.

Allí se reunieron militantes de diversos grupos extremistas. Desde los miembros de la derecha alternativa, los racistas de la supremacía blanca, miembros de los “Proud Boys” y fanáticos creyentes en las disparatadas profecías de Q. Los partidarios de Qanom sostienen las afirmaciones de un personaje del cual nadie sabe su identidad pero que sostiene la existencia de una conspiración de caníbales pedófilos liderados por el financista George Soros, Hilary Clinton, Bill Gates y Barack Obama.

Según Qanom, solo Donald Trump puede terminar con esa conspiración y castigar a los culpables llevando a cabo “La Tormenta”, o sea, la detención de miles de estos caníbales en Guantánamo.

Todos los líderes populistas se caracterizan por construir un discurso político propio y exótico. No hay entre ellos una argumentación común. Algunos líderes populistas son marcadamente estatistas mientras que otros tienen posiciones promercado. Hay quienes postulan el antiimperialismo y defienden el socialismo de Estado otros son marcadamente anticomunistas, nacionalistas, militaristas, xenófobos y patrioteros. Los hay homofóbicos, machistas y misóginos frente a quienes defienden la ideología de género, el feminismo y el derecho al aborto.

Pero, todos pretenden perpetuarse en el poder, son autoritarios, practican el nepotismo más descarado y abusan el culto a la personalidad y el führerprinzip.

No importa lo disparatado e incoherente del discurso de un líder populista sus seguidores los aceptarán como una verdad revelada sin discutirlo ni revisarlo racionalmente.

Maduro dirá que habla con el alma del “presidente eterno” Hugo Chávez Frías, transformado en un pájaro. Bolsonaro afirmará que el Covid 19 es solo una “gripezinha”. Donald Trump afirmará que Barack Obama no nació en los Estados Unidos o que “los migrantes mexicanos son violadores y algunos, asumo, son buenas personas”. Mientras que Cristina Kirchner considerará a la soja como “un yuyo”. Digan la barbaridad que digan sus partidarios escucharán sus dislates sin horrorizarse o dejar de apoyarlos incondicionalmente.

En Argentina, por ejemplo, los partidarios del populismo kirchnerista son particularmente ciegos ante las claras evidencias de las mentiras e incongruencias del gobierno que apoyan.

Condena a Mauricio Macri por ser un millonario que se dedicó a la política. No piensan que tanto Cristina Fernández de Kirchner como su hijo Máximo poseen una fortuna igual o mayor que la del expresidente. Tampoco reconocen el hecho de que mientras que Macri llegó a la política cuando era un empresario exitoso y millonario, los Kirchner, por el contrario, nunca ejercieron ninguna otra profesión o actividad económica que la de ser políticos profesionales rentados por el Estado. Una profesión que les ha permitido acumular una cuantiosa fortuna.

También creen firmemente que un Estado que ha fracasado reiteradamente en el cumplimiento de sus funciones básicas y esenciales: tales como garantizar la salud y la educación pública, el mantenimiento de las rutas nacionales o la seguridad de los habitantes frente al delito, será más eficiente como administrador y empresario que los empresarios privados que arriesgan su propio capital y trabajo.

Muchos funcionarios, intelectuales, artistas y docentes kirchneristas defienden denodadamente a la “escuela pública” pero envían a sus hijos a las más exclusivas y costosas escuelas y universidades privadas que pueden costear.

Son los mismos que viven denunciando al imperialismo yanqui y que, a la primera oportunidad, salen corriendo a vacacionar y comprar en Miami.

Son como su líder Cristina Kirchner que critica y pretende suprimir a la medicina privada, impidiendo a los argentinos la posibilidad de elegir que médico y en que establecimiento atenderse, pero que cuando necesito tratamiento médico ella y su hijo se atendieron en las mejores clínicas privadas y no en el hospital público.

En verdad las incongruencias del populismo kirchnerista son muchas: dirigentes sindicales que en realidad son ancianos empresarios que hace mucho tiempo han superado la edad máxima de retiro, gobernadores eternizados en el gobierno de provincias empobrecidas, o la creencia de que se puede instaurar un sistema asistencial generalizado y prolongado en el tiempo sobre la base de la asfixia fiscal del sector privado, único realmente productivo.

Precisamente, allí reside el mayor peligro que el populismo presenta a las sociedades contemporáneas. No es el autoritarismo o las restricciones a las libertades individuales que en un caso extremo y transitorio podrían sacrificarse en aras de un bienestar general. El problema radica en que el populismo no proporciona ningún bienestar al pueblo. Es un régimen de gobierno ineficaz y estéril que solo multiplica la pobreza, la marginalidad y el atraso de las sociedades que toca. El bienestar, la riqueza y los privilegios se acumulan exclusivamente en la camarilla gobernante.

 

 

 

 

domingo, 3 de enero de 2021

EL REY MOHAMMED VI CONVIERTE A MARRUECOS EN UNA POTENCIA RECTORA EN ÁFRICA



Pese a la pandemia del Covid 19 que azota al mundo, el año 2020 puede ser un período transcendente en el reinado del rey Mohammed VI.

Ni la pandemia del Covid 19 ha conseguido frenar la infatigable labor diplomática del Rey Mohammed VI. En ese azaroso año 2020, el monarca alauí ha consolidado el reconocimiento mundial de la soberanía marroquí sobre sus provincias saharianas y al mismo tiempo la conseguido la consagración de Marruecos como una potencia rectora en África.

Como parte de esa actividad diplomática, el Rey Mohammed VI mantuvo una conferencia telefónica con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu que se desarrollo en un tono “cálido y de amistad”, en que ambos mandatarios “se congratularon por la reanudación de relaciones diplomáticas” entre sus respectivos países.

La conversación se llevó a cabo después de que una delegación conjunta estadounidense israelí encabezada por el asesor presidencial y yerno de Donald Trump y el asesor de Seguridad Nacional de Israel, Meir Ben Shabat arribara en un avión comercial de la aerolínea israelí El Al al aeropuerto internacional de Rabat - Sal en una histórica visita en que se suscribieron seis acuerdos de cooperación económica y científico tecnológica entre los tres países, que le permitirá a Marruecos recibir tres mil millones de dólares en inversiones.

Previamente, el rey Mohammed VI había enviado algunas señales de distensión hacia Israel, como visitar una sinagoga y fotografiarse con rabinos. Recordemos que el Reino de Marruecos es el único país árabe que reconoce su herencia hebrea en el texto de su Constitución. El Preámbulo de la Ley Fundamental marroquí reconoce que la identidad nacional forma una “unidad, forjada por la convergencia de sus componentes árabe – islámico, amazigh y saharo-hassani, se nutrió y enriqueció con sus componentes africanos, hebreos y mediterráneos.”

En su diálogo con el premier israelí, el Rey Mohammed VI reiteró la posición coherente, constante y que permanece inalterable del Reino de Marruecos respecto a la Cuestión Palestina así como el papel pionero del Reino para la promoción de la paz y la estabilidad en Medio Oriente.

Rabat mantiene con respecto a esa región una clara posición diplomática basada en tres principios fundamentales: una solución basada en dos Estados que convivan en paz y seguridad, la negociación entre las partes interesadas como camino a dicha solución y la preservación del carácter árabe islámico de la ciudad santa de Al Quds – Jerusalén.

Mientras la atención internacional esta centrada en la conversaciones en la cumbre, la diplomacia marroquí orientada por el monarca sigue inaugurando nuevos consulados en las ciudades saharianas de El Aaiún y Dakhla.

En la actualidad, estas ciudades convertidas en centros diplomáticos regionales de Marruecos reúnen un total de dieciocho legaciones consulares de países, africanos, árabes y americanos. El 14 de diciembre abrieron sus puertas los de Haití y Omán en Dakhla. Además, según las declaraciones del presidente Trump a la brevedad los Estados Unidos será la primera superpotencia en contar con una delegación consular en el Sáhara marroquí.

Al implementarse el consulado estadounidense, algunos países europeos podrían imitar adoptar una actitud similar. Especialmente si la Unión Europea resolver que cada país miembro tenga libertad para adoptar una posición individual en el tema del Conflicto artificial del Sáhara.

Mientras tanto, Marruecos continúa atrayendo nuevas inversiones internacionales. Hasta ahora España y Francia ocupaban un papel privilegiado como los mayores inversores en el reino magrebí. Con el reconocimiento de la soberanía marroquí en el Sáhara por parte de los Estados Unidos e Israel esta situación podría modificarse a corto plazo.

Recordemos que Marruecos es aliado extra-OTAN de los Estados Unidos y que aproximadamente un millón, de los nueve millones de personas que forman la población israelí, son de origen marroquí y en muchos casos conservan sus tradiciones y afecto por el país de sus antepasados. Esto hace pensar que tanto el turismo como las inversiones israelíes comenzaran a llegar a Marrueco en los próximos años.

Estos avances internacionales del Reino de Marruecos se producen en un momento en que su principal rival regional, Argelia, atraviesa por un prolongado proceso de inestabilidad política y económica. Incluso circulan diversas versiones sobre el real estado de salud del presidente Abdelmadjid Tebboune.

Para incrementar aún más la incertidumbre sobre la situación en Argelia el Ministerio de Defensa ha anunciado en un comunicado que la presidenta del Partido de los trabajadores, de ideología comunista, Louise Hanoun y el ex jefe de los servicios secretos, el temido Mohamad Mediéne “Tawfik”, han recobrado la libertad y lo mismo podría ocurrir con otras destacadas figuras de la era Bouteflika, como el general Athmane Tartag o incluso el hermano menor del expresidente Saïd Bouteflika.

Ante la incertidumbre de los que ocurre en el opaco régimen argelino no puede sorprender que las inversiones destinadas a la región se orienten especialmente hacia el Reino de Marruecos que ofrece mayor estabilidad política, seguridad jurídica y un mejor clima de negocios. Tampoco puede sorprender que están en crisis su principal sostén internacional el Frente Polisario pierda apoyos y se acentúe su crisis interna.

En este contexto, la hábil diplomacia del Rey Mohammed VI se convierte en un factor clave para que Marruecos se convierta en la potencia rectora de África del Norte.