viernes, 20 de febrero de 2026

Gran protagonismo del Reino de Marruecos en la primera reunión del Consejo de Paz para Gaza


 

El Reino de Marruecos, representado por el ministro de Asuntos Exteriores Nasser Bourita, ha concretado en la primera reunión del Consejo de Paz para Gaza, un significativo aporte humano y financiero para la promoción de la seguridad, la salud, la tolerancia y la coexistencia en Medio Oriente que ratifica su cada vez mayor protagonismo como un actor internacional clave en la región.

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Buenos Aires - La primera reunión del Consejo de Paz convocado por el presidente estadounidense Donald Trump en Washington ha marcado un nuevo intento de recomposición diplomática en Medio Oriente, en un momento de extrema volatilidad regional y con la guerra de Gaza como telón de fondo. Entre los participantes, la presencia de Marruecos no pasó inadvertida. El Reino alauí acudió no solo como aliado tradicional de Estados Unidos, sino como actor con credenciales singulares en el mundo árabe: socio estratégico de Washington, país con relaciones diplomáticas plenas con Israel tras la normalización de 2020 y Estado que mantiene una histórica defensa de la causa palestina bajo el liderazgo del rey Mohammed VI.

La reunión, concebida como un foro de coordinación política y de seguridad para explorar vías de estabilización regional, reunió a representantes de países occidentales, árabes y latinoamericanos. En ese marco, Marruecos reivindicó su papel como puente operativo y diplomático en un escenario marcado por la desconfianza cruzada. El ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, defendió ante sus homólogos que Rabat está dispuesto a asumir responsabilidades concretas tanto en el plano financiero como en el despliegue de personal especializado para tareas de estabilización, apoyo logístico y reconstrucción institucional, siempre bajo un mandato claramente definido y con respaldo multilateral.

Una prolongada asociación estratégica

La participación marroquí no puede entenderse al margen de la larga historia compartida con Estados Unidos. Marruecos fue el primer país en reconocer la independencia estadounidense en 1777, y desde entonces ambos Estados han cultivado una relación sostenida que atravesó guerras mundiales, la Guerra Fría y las convulsiones del siglo XXI. En diciembre de 2020, la Administración Trump reconoció la soberanía marroquí sobre su Sáhara, un gesto de enorme calado estratégico para Rabat, que consolidó una asociación que ya incluía cooperación militar, inteligencia compartida y ejercicios conjuntos regulares. Ese reconocimiento se convirtió en uno de los pilares de una alianza que Marruecos considera estructural y no coyuntural.

En Washington, Bourita subrayó que la triple condición de Marruecos —fuerzas armadas profesionales y experimentadas, relaciones diplomáticas plenas con Israel y una alianza estratégica consolidada con Estados Unidos— reduce de manera significativa los costes de coordinación en cualquier arquitectura de seguridad que se diseñe para Gaza y su entorno. La interlocución con el aparato de seguridad israelí, recordó, no es indirecta ni hostil, sino institucional y establecida. Al mismo tiempo, la comunicación con el Pentágono y el Departamento de Estado es fluida desde hace décadas, con canales abiertos que han funcionado en escenarios de alta sensibilidad.

Rabat insiste en que esa singular posición le permite actuar como un interlocutor creíble para múltiples actores. Marruecos es el único país árabe que mantiene relaciones normalizadas con Israel sin ser percibido como enemigo por la población gazatí ni por amplios sectores palestinos. Esa percepción se sustenta en una política que no nació con los Acuerdos de Abraham, sino que forma parte de una línea de Estado definida por Mohammed VI, quien en su calidad de presidente del Comité de Al-Quds ha defendido reiteradamente los derechos históricos y políticos del pueblo palestino. Bajo directrices expresas del monarca, Marruecos ha enviado en diversas ocasiones ayuda humanitaria a Gaza, incluidos convoyes médicos y suministros de emergencia destinados a aliviar la situación de la población civil.

Esa coherencia entre la normalización con Israel y la defensa activa de la causa palestina constituye, a juicio de Rabat, una prueba de que la diplomacia pragmática no está reñida con la solidaridad política. En la reunión del Consejo de Paz, los representantes marroquíes enfatizaron que cualquier esquema de estabilización debe contemplar no solo garantías de seguridad para Israel, sino también un horizonte político creíble para los palestinos y un programa sostenido de reconstrucción financiado por una coalición amplia de países.

Creciente sintonía entre Rabat y Buenos Aires

El encuentro contó asimismo con la participación del presidente argentino Javier Milei, cuya presencia reflejó la voluntad de Buenos Aires de proyectarse en debates globales más allá de su entorno inmediato. Milei ofreció la eventual contribución de personal argentino en tareas de apoyo humanitario y de estabilización, evocando la experiencia de los Cascos Blancos en misiones internacionales. Esa convergencia de posiciones con Marruecos, basada en la disposición a aportar recursos humanos y en la defensa de un enfoque coordinado con Washington, fue interpretada por diplomáticos presentes como un signo del creciente acercamiento entre Rabat y Buenos Aires.

En los últimos años, Argentina y Marruecos han intensificado sus contactos políticos y comerciales, y comparten intereses en foros multilaterales donde ambos buscan reforzar su perfil como actores responsables y cooperativos. La coincidencia en el Consejo de Paz añade una dimensión estratégica a esa relación, en un momento en que la arquitectura internacional atraviesa una fase de redefinición acelerada.

Para Marruecos, la reunión convocada por Trump supone también la confirmación de su estatus como socio indispensable en la ecuación de seguridad de Oriente Próximo y el norte de África. La combinación de capacidades militares profesionales, canales diplomáticos abiertos con actores enfrentados y una alianza estructural con Estados Unidos coloca al Reino en una posición difícilmente replicable en el mundo árabe. En un escenario saturado de rivalidades y vetos cruzados, Rabat apuesta a que su perfil de puente fiable no solo contribuya a reducir tensiones en Gaza, sino que consolide su proyección internacional como potencia regional pragmática y alineada con Occidente, sin renunciar a su histórica defensa de la causa palestina.

 

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