El Reino de Marruecos, representado
por el ministro de Asuntos Exteriores Nasser Bourita, ha concretado en la
primera reunión del Consejo de Paz para Gaza, un significativo aporte humano y
financiero para la promoción de la seguridad, la salud, la tolerancia y la
coexistencia en Medio Oriente que ratifica su cada vez mayor protagonismo como
un actor internacional clave en la región.
Contenido:
Buenos
Aires - La primera reunión del Consejo de Paz convocado por el presidente
estadounidense Donald Trump en Washington ha marcado un nuevo intento de
recomposición diplomática en Medio Oriente, en un momento de extrema
volatilidad regional y con la guerra de Gaza como telón de fondo. Entre los
participantes, la presencia de Marruecos no pasó inadvertida. El Reino alauí
acudió no solo como aliado tradicional de Estados Unidos, sino como actor con
credenciales singulares en el mundo árabe: socio estratégico de Washington,
país con relaciones diplomáticas plenas con Israel tras la normalización de
2020 y Estado que mantiene una histórica defensa de la causa palestina bajo el
liderazgo del rey Mohammed VI.
La
reunión, concebida como un foro de coordinación política y de seguridad para
explorar vías de estabilización regional, reunió a representantes de países
occidentales, árabes y latinoamericanos. En ese marco, Marruecos reivindicó su
papel como puente operativo y diplomático en un escenario marcado por la
desconfianza cruzada. El ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita,
defendió ante sus homólogos que Rabat está dispuesto a asumir responsabilidades
concretas tanto en el plano financiero como en el despliegue de personal
especializado para tareas de estabilización, apoyo logístico y reconstrucción
institucional, siempre bajo un mandato claramente definido y con respaldo
multilateral.
Una
prolongada asociación estratégica
La
participación marroquí no puede entenderse al margen de la larga historia
compartida con Estados Unidos. Marruecos fue el primer país en reconocer la
independencia estadounidense en 1777, y desde entonces ambos Estados han
cultivado una relación sostenida que atravesó guerras mundiales, la Guerra Fría
y las convulsiones del siglo XXI. En diciembre de 2020, la Administración Trump
reconoció la soberanía marroquí sobre su Sáhara, un gesto de enorme calado
estratégico para Rabat, que consolidó una asociación que ya incluía cooperación
militar, inteligencia compartida y ejercicios conjuntos regulares. Ese
reconocimiento se convirtió en uno de los pilares de una alianza que Marruecos
considera estructural y no coyuntural.
En
Washington, Bourita subrayó que la triple condición de Marruecos —fuerzas
armadas profesionales y experimentadas, relaciones diplomáticas plenas con
Israel y una alianza estratégica consolidada con Estados Unidos— reduce de
manera significativa los costes de coordinación en cualquier arquitectura de
seguridad que se diseñe para Gaza y su entorno. La interlocución con el aparato
de seguridad israelí, recordó, no es indirecta ni hostil, sino institucional y
establecida. Al mismo tiempo, la comunicación con el Pentágono y el
Departamento de Estado es fluida desde hace décadas, con canales abiertos que
han funcionado en escenarios de alta sensibilidad.
Rabat
insiste en que esa singular posición le permite actuar como un interlocutor
creíble para múltiples actores. Marruecos es el único país árabe que mantiene
relaciones normalizadas con Israel sin ser percibido como enemigo por la
población gazatí ni por amplios sectores palestinos. Esa percepción se sustenta
en una política que no nació con los Acuerdos de Abraham, sino que forma parte
de una línea de Estado definida por Mohammed VI, quien en su calidad de
presidente del Comité de Al-Quds ha defendido reiteradamente los derechos
históricos y políticos del pueblo palestino. Bajo directrices expresas del
monarca, Marruecos ha enviado en diversas ocasiones ayuda humanitaria a Gaza,
incluidos convoyes médicos y suministros de emergencia destinados a aliviar la
situación de la población civil.
Esa
coherencia entre la normalización con Israel y la defensa activa de la causa
palestina constituye, a juicio de Rabat, una prueba de que la diplomacia
pragmática no está reñida con la solidaridad política. En la reunión del
Consejo de Paz, los representantes marroquíes enfatizaron que cualquier esquema
de estabilización debe contemplar no solo garantías de seguridad para Israel,
sino también un horizonte político creíble para los palestinos y un programa
sostenido de reconstrucción financiado por una coalición amplia de países.
Creciente
sintonía entre Rabat y Buenos Aires
El
encuentro contó asimismo con la participación del presidente argentino Javier
Milei, cuya presencia reflejó la voluntad de Buenos Aires de proyectarse en
debates globales más allá de su entorno inmediato. Milei ofreció la eventual
contribución de personal argentino en tareas de apoyo humanitario y de
estabilización, evocando la experiencia de los Cascos Blancos en misiones
internacionales. Esa convergencia de posiciones con Marruecos, basada en la
disposición a aportar recursos humanos y en la defensa de un enfoque coordinado
con Washington, fue interpretada por diplomáticos presentes como un signo del
creciente acercamiento entre Rabat y Buenos Aires.
En
los últimos años, Argentina y Marruecos han intensificado sus contactos
políticos y comerciales, y comparten intereses en foros multilaterales donde
ambos buscan reforzar su perfil como actores responsables y cooperativos. La
coincidencia en el Consejo de Paz añade una dimensión estratégica a esa
relación, en un momento en que la arquitectura internacional atraviesa una fase
de redefinición acelerada.
Para
Marruecos, la reunión convocada por Trump supone también la confirmación de su
estatus como socio indispensable en la ecuación de seguridad de Oriente Próximo
y el norte de África. La combinación de capacidades militares profesionales,
canales diplomáticos abiertos con actores enfrentados y una alianza estructural
con Estados Unidos coloca al Reino en una posición difícilmente replicable en
el mundo árabe. En un escenario saturado de rivalidades y vetos cruzados, Rabat
apuesta a que su perfil de puente fiable no solo contribuya a reducir tensiones
en Gaza, sino que consolide su proyección internacional como potencia regional
pragmática y alineada con Occidente, sin renunciar a su histórica defensa de la
causa palestina.

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