El Noveno Congreso del Partido de los
Trabajadores se celebra en Pyongyang bajo una renovada confianza impulsada por
el eje con Moscú, mientras el régimen institucionaliza su hostilidad hacia el
Sur y prepara el terreno para una sucesión de cuarta generación.
Contenido:
Buenos
Aires - La liturgia del poder en Corea del Norte no admite el vacío ni la
improvisación. Este jueves, bajo las bóvedas del Palacio de la Cultura 25 de
Abril en Pyongyang, Kim Jong-un inauguró el Noveno Congreso del Partido de los
Trabajadores, la cita política más trascendente del régimen que marcará el
rumbo del país para el próximo lustro. Con un tono que oscila entre la
grandilocuencia mesiánica y un optimismo inusual, el líder norcoreano ha
proclamado el fin de los "peores tiempos" y el inicio de una "nueva
era" de prosperidad económica y músculo atómico.
Este
cónclave, que reúne a casi 5.000 delegados y 2.000 observadores, no es solo un
ejercicio de reafirmación ideológica; es el escaparate de una dictadura que,
lejos de implosionar bajo el peso de las sanciones internacionales, parece
haber encontrado en la guerra de Ucrania y en su alianza con Vladímir Putin un
balón de oxígeno inesperado.
La
península en el tablero global
La
importancia estratégica de la península de Corea trasciende sus fronteras.
Enclavada en un punto de fricción entre las ambiciones de China, la presencia
militar de Estados Unidos y el renovado expansionismo ruso, cualquier
movimiento en Pyongyang altera el equilibrio de seguridad en Asia-Pacífico.
Para Washington, la península sigue siendo un foco de inestabilidad que
justifica la presencia de unos 18.000 efectivos en el Sur, ante el temor de que
una retirada aliente una agresión del Norte.
El
régimen de los Kim ha sabido explotar históricamente su imagen de "reino
ermitaño", un Estado psicópata y peligroso que utiliza su arsenal nuclear
como moneda de cambio y garantía de supervivencia. Geográficamente, la falta de
defensas naturales una vez cruzado el río Yalu ha convertido a la península en
un eterno campo de batalla, lo que ha forjado un nacionalismo feroz mezclado
con un marxismo de corte estalinista.
Radiografía
de una monarquía comunista
Corea
del Norte sigue siendo el Estado menos democrático del mundo. Bajo la fachada
de una "república popular", opera una dinastía unifamiliar que
ejerce el control mediante un sistema de terror que incluye ejecuciones
sumarias, campos de concentración con más de 100.000 presos políticos y una
censura que alcanza niveles industriales. Las restricciones son totales: la ONU
advirtió el año pasado que no existe otra población en el mundo sometida a
tales privaciones de libertad, llegando a aplicarse la pena de muerte por el
simple consumo de música o películas extranjeras.
Sin
embargo, el Kim Jong-un que apareció en este congreso —vestido con traje y
corbata de corte occidental en lugar del tradicional atuendo Mao— busca
proyectar la imagen de un estadista moderno y seguro de sí mismo.
El
espejismo de la recuperación económica
El
plato fuerte del discurso inaugural de Kim fue la economía. El líder calificó
el último quinquenio como un "periodo de orgullo" con éxitos "notables,
amplios y radicales". Estas palabras contrastan drásticamente con el
congreso de 2021, donde admitió con una franqueza inaudita el "enorme
fracaso" de sus planes previos debido a la pandemia, los desastres
naturales y las sanciones.
Los
datos estadísticos, aunque opacos y procedentes en gran medida de estimaciones
surcoreanas, reflejan una tendencia de recuperación. Tras una contracción del
4,5% en el PIB en 2020, la economía norcoreana creció un 3,1% en 2023 y un 3,7%
en 2024, su ritmo más rápido en ocho años. Gran parte de este alivio proviene
de la reactivación del comercio con China, que sigue siendo el salvavidas del
90% de sus intercambios, y de la exportación de armas a Rusia para la contienda
en Ucrania. Además, el Servicio Nacional de Inteligencia de Seúl estima que el
régimen obtuvo unos 2.000 millones de dólares, en 2025, mediante el robo de
criptomonedas y actividades cibernéticas ilegales.
Purga
y renovación: la nueva guardia de Kim
Una
de las sorpresas del congreso ha sido la profunda reestructuración de la cúpula
del poder. Kim ha renovado a 23 de los 39 miembros del órgano ejecutivo del
Partido de los Trabajadores. Figuras históricas vinculadas a la vieja guardia
nuclear, como el exjefe de inteligencia Kim Yong Chol, han sido excluidas,
marcando un alejamiento de quienes protagonizaron la fallida diplomacia con
Donald Trump en 2019.
Mientras
los veteranos caen, los leales se consolidan. Jo Yong Won se mantiene como el
número dos de facto, y la influyente hermana del líder, Kim Yo Jong, ha
confirmado su posición en la primera línea del escenario. No obstante, todas
las miradas están puestas en Kim Ju-ae, la hija adolescente del mandatario.
Aunque no apareció en la sesión inaugural, el espionaje surcoreano cree que ya
ha sido "designada internamente como sucesora", lo que
supondría la institucionalización de la cuarta generación de los Kim, un
movimiento audaz en una cultura profundamente patriarcal.
Diplomacia
de trinchera y el eje del Este
En
cuanto a la política exterior, el congreso parece reafirmar el aislamiento
respecto a Occidente en favor de una integración total en el bloque
euroasiático. Pyongyang ha recibido mensajes de felicitación y respaldo
explícito de los gobiernos de China, Rusia, Laos y Vietnam, consolidando su
estatus dentro de una red de regímenes afines.
No
se espera un giro hacia la moderación. De hecho, uno de los puntos más
sensibles del congreso es la institucionalización de la doctrina que define a
Corea del Sur ya no como un hermano a reunificar, sino como un "Estado
hostil" y el principal enemigo. Con el despliegue de 11.000 soldados
en apoyo a Rusia y el desarrollo de misiles intercontinentales como el
Hwasong-20, capaces de portar múltiples ojivas nucleares, Kim Jong-un ha dejado
claro que su prioridad absoluta sigue siendo el "músculo militar más poderoso".
La
gran incógnita sigue siendo Donald Trump. Aunque el presidente estadounidense
ha sugerido su disposición para un nuevo encuentro, el régimen norcoreano ha
mantenido un silencio calculado, exigiendo que cualquier diálogo descarte de
antemano la desnuclearización. En este congreso, Corea del Norte no solo busca
sobrevivir; busca que el mundo acepte, de forma irreversible, su estatus como
potencia nuclear soberana.

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