sábado, 21 de febrero de 2026

Kim Jong-un busca blindar su dinastía en un congreso de supervivencia


 

El Noveno Congreso del Partido de los Trabajadores se celebra en Pyongyang bajo una renovada confianza impulsada por el eje con Moscú, mientras el régimen institucionaliza su hostilidad hacia el Sur y prepara el terreno para una sucesión de cuarta generación.

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Buenos Aires - La liturgia del poder en Corea del Norte no admite el vacío ni la improvisación. Este jueves, bajo las bóvedas del Palacio de la Cultura 25 de Abril en Pyongyang, Kim Jong-un inauguró el Noveno Congreso del Partido de los Trabajadores, la cita política más trascendente del régimen que marcará el rumbo del país para el próximo lustro. Con un tono que oscila entre la grandilocuencia mesiánica y un optimismo inusual, el líder norcoreano ha proclamado el fin de los "peores tiempos" y el inicio de una "nueva era" de prosperidad económica y músculo atómico.

Este cónclave, que reúne a casi 5.000 delegados y 2.000 observadores, no es solo un ejercicio de reafirmación ideológica; es el escaparate de una dictadura que, lejos de implosionar bajo el peso de las sanciones internacionales, parece haber encontrado en la guerra de Ucrania y en su alianza con Vladímir Putin un balón de oxígeno inesperado.

La península en el tablero global

La importancia estratégica de la península de Corea trasciende sus fronteras. Enclavada en un punto de fricción entre las ambiciones de China, la presencia militar de Estados Unidos y el renovado expansionismo ruso, cualquier movimiento en Pyongyang altera el equilibrio de seguridad en Asia-Pacífico. Para Washington, la península sigue siendo un foco de inestabilidad que justifica la presencia de unos 18.000 efectivos en el Sur, ante el temor de que una retirada aliente una agresión del Norte.

El régimen de los Kim ha sabido explotar históricamente su imagen de "reino ermitaño", un Estado psicópata y peligroso que utiliza su arsenal nuclear como moneda de cambio y garantía de supervivencia. Geográficamente, la falta de defensas naturales una vez cruzado el río Yalu ha convertido a la península en un eterno campo de batalla, lo que ha forjado un nacionalismo feroz mezclado con un marxismo de corte estalinista.

Radiografía de una monarquía comunista

Corea del Norte sigue siendo el Estado menos democrático del mundo. Bajo la fachada de una "república popular", opera una dinastía unifamiliar que ejerce el control mediante un sistema de terror que incluye ejecuciones sumarias, campos de concentración con más de 100.000 presos políticos y una censura que alcanza niveles industriales. Las restricciones son totales: la ONU advirtió el año pasado que no existe otra población en el mundo sometida a tales privaciones de libertad, llegando a aplicarse la pena de muerte por el simple consumo de música o películas extranjeras.

Sin embargo, el Kim Jong-un que apareció en este congreso —vestido con traje y corbata de corte occidental en lugar del tradicional atuendo Mao— busca proyectar la imagen de un estadista moderno y seguro de sí mismo.

El espejismo de la recuperación económica

El plato fuerte del discurso inaugural de Kim fue la economía. El líder calificó el último quinquenio como un "periodo de orgullo" con éxitos "notables, amplios y radicales". Estas palabras contrastan drásticamente con el congreso de 2021, donde admitió con una franqueza inaudita el "enorme fracaso" de sus planes previos debido a la pandemia, los desastres naturales y las sanciones.

Los datos estadísticos, aunque opacos y procedentes en gran medida de estimaciones surcoreanas, reflejan una tendencia de recuperación. Tras una contracción del 4,5% en el PIB en 2020, la economía norcoreana creció un 3,1% en 2023 y un 3,7% en 2024, su ritmo más rápido en ocho años. Gran parte de este alivio proviene de la reactivación del comercio con China, que sigue siendo el salvavidas del 90% de sus intercambios, y de la exportación de armas a Rusia para la contienda en Ucrania. Además, el Servicio Nacional de Inteligencia de Seúl estima que el régimen obtuvo unos 2.000 millones de dólares, en 2025, mediante el robo de criptomonedas y actividades cibernéticas ilegales.

Purga y renovación: la nueva guardia de Kim

Una de las sorpresas del congreso ha sido la profunda reestructuración de la cúpula del poder. Kim ha renovado a 23 de los 39 miembros del órgano ejecutivo del Partido de los Trabajadores. Figuras históricas vinculadas a la vieja guardia nuclear, como el exjefe de inteligencia Kim Yong Chol, han sido excluidas, marcando un alejamiento de quienes protagonizaron la fallida diplomacia con Donald Trump en 2019.

Mientras los veteranos caen, los leales se consolidan. Jo Yong Won se mantiene como el número dos de facto, y la influyente hermana del líder, Kim Yo Jong, ha confirmado su posición en la primera línea del escenario. No obstante, todas las miradas están puestas en Kim Ju-ae, la hija adolescente del mandatario. Aunque no apareció en la sesión inaugural, el espionaje surcoreano cree que ya ha sido "designada internamente como sucesora", lo que supondría la institucionalización de la cuarta generación de los Kim, un movimiento audaz en una cultura profundamente patriarcal.

Diplomacia de trinchera y el eje del Este

En cuanto a la política exterior, el congreso parece reafirmar el aislamiento respecto a Occidente en favor de una integración total en el bloque euroasiático. Pyongyang ha recibido mensajes de felicitación y respaldo explícito de los gobiernos de China, Rusia, Laos y Vietnam, consolidando su estatus dentro de una red de regímenes afines.

No se espera un giro hacia la moderación. De hecho, uno de los puntos más sensibles del congreso es la institucionalización de la doctrina que define a Corea del Sur ya no como un hermano a reunificar, sino como un "Estado hostil" y el principal enemigo. Con el despliegue de 11.000 soldados en apoyo a Rusia y el desarrollo de misiles intercontinentales como el Hwasong-20, capaces de portar múltiples ojivas nucleares, Kim Jong-un ha dejado claro que su prioridad absoluta sigue siendo el "músculo militar más poderoso".

La gran incógnita sigue siendo Donald Trump. Aunque el presidente estadounidense ha sugerido su disposición para un nuevo encuentro, el régimen norcoreano ha mantenido un silencio calculado, exigiendo que cualquier diálogo descarte de antemano la desnuclearización. En este congreso, Corea del Norte no solo busca sobrevivir; busca que el mundo acepte, de forma irreversible, su estatus como potencia nuclear soberana.

 

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