Las precipitaciones triplican las del
año pasado, anegan más de 110.000 hectáreas y fuerzan evacuaciones masivas en
el norte y el oeste del país. Por Altas Instrucciones Reales, el Gobierno
declara la catástrofe y activa un amplio programa de ayudas para viviendas,
agricultores e infraestructuras.
Contenido:
Buenos
Aires — Marruecos atraviesa una de las crisis hidrometeorológicas más severas
de las últimas décadas. Tras meses de precipitaciones persistentes y episodios
de lluvias torrenciales reforzados por ríos atmosféricos que también han
afectado a la Península Ibérica, el norte y el oeste del país han quedado bajo
el agua. Las inundaciones han anegado más de 110.000 hectáreas y provocado el
desplazamiento de cerca de 188.000 personas en las provincias de Larache,
Kenitra, Sidi Kacem y Sidi.
El
impacto humano y material ha sido inmediato: ciudades parcialmente desalojadas,
carreteras cortadas, escuelas cerradas y barrios enteros convertidos en lagunas
improvisadas. En Ksar El Kebir, una de las localidades más castigadas por el
desbordamiento del Loukkos, hasta el 85% de sus habitantes tuvo que abandonar
sus hogares ante el riesgo inminente de crecidas.
Un
episodio meteorológico excepcional
Desde
septiembre, el acumulado medio de precipitaciones alcanzó los 150 milímetros,
un 35% más que la media histórica desde los años noventa y el triple de lo
registrado en el mismo periodo del año pasado. En apenas 24 horas, algunas
zonas superaron los 90 litros por metro cuadrado.
El
ministro de Equipamiento y Agua, Nizar Baraka, describió la situación como “excepcional
en condiciones meteorológicas”, aunque aseguró que el país ha entrado en la
fase final del episodio más crítico. Marruecos registró además un récord de
nevadas, con una cobertura inicial superior a los 55.000 kilómetros cuadrados,
lo que incrementó de forma notable el volumen almacenado en los embalses.
Entre
septiembre y febrero ingresaron en las presas más de 12.000 millones de metros
cúbicos de agua, elevando la tasa media de llenado al 69,4%. Sin embargo, esta
abundancia hídrica se convirtió también en amenaza: embalses como el de Oued El
Makhazine alcanzaron niveles críticos, obligando a desfogues controlados de
hasta 800 metros cúbicos por segundo para proteger a las poblaciones aguas
abajo.
Las
descargas anticipadas —4.200 millones de metros cúbicos liberados desde
diciembre— se realizaron, según el Gobierno, con base en modelos hidrológicos
avanzados y seguimiento permanente de las subcuencas, lo que permitió ejecutar
evacuaciones preventivas 48 horas antes de los picos de crecida.
La
respuesta del Estado: un programa de 3.000 millones de dirhams
Ante
la magnitud del desastre, el rey Mohammed VI dio Altas Instrucciones al
Gobierno para desplegar un amplio programa de ayuda y apoyo en favor de las
familias damnificadas.
Fiel
a su “constante solicitud hacia sus súbditos” y decidido a preservar su
seguridad y mejorar sus condiciones de vida, el monarca ordenó actuar con
celeridad y sentido de responsabilidad.
El
jefe del Gobierno emitió un decreto que declara las inclemencias como
acontecimiento catastrófico y reconoce como zonas damnificadas a los municipios
de las cuatro provincias más afectadas.
El
plan de emergencia, dotado con un presupuesto provisional de 3.000 millones de
dirhams (unos 275 millones de euros), se articula en cuatro ejes principales.
- 775 millones de dirhams
destinados al realojamiento, compensación por pérdida de ingresos,
rehabilitación de viviendas y pequeños comercios, y reconstrucción de
casas derrumbadas.
- 225 millones de dirhams
en ayudas en especie y refuerzo de intervenciones de emergencia para
cubrir necesidades inmediatas.
- 300 millones de dirhams
para agricultores y ganaderos afectados por la pérdida de cultivos y
ganado.
- 1.700 millones de dirhams
para la rehabilitación de infraestructuras viarias, sistemas
hidroagrícolas y redes básicas dañadas.
El
comunicado subraya que el Rey instruyó que el programa se ejecute con “ejemplaridad,
celeridad y sentido de responsabilidad”, a fin de permitir que los
ciudadanos recuperen cuanto antes condiciones de vida normales.
Evacuaciones
masivas y logística de emergencia
Más
de 150.000 personas fueron evacuadas en cuestión de días, especialmente en
Larache y Kenitra. Equipos de rescate emplearon embarcaciones, helicópteros y
vehículos anfibios para auxiliar a vecinos atrapados en zonas bajas.
Campamentos provisionales se habilitaron para acoger a familias enteras lejos
de los cauces desbordados.
En
la región de Chefchaouen, los desprendimientos cortaron carreteras y aislaron
comunidades rurales. En Kenitra, autoridades locales y voluntarios reforzaron
diques, limpiaron canales de drenaje y trasladaron ganado a zonas seguras,
distribuyendo cebada para sostener la alimentación de los animales.
El
balance provisional incluye al menos cuatro víctimas mortales y un desaparecido
en la provincia de Tetuán, arrastrados por riadas súbitas. Las crecidas rápidas
de wadis —barrancos normalmente secos— sorprendieron a poblaciones poco
habituadas a fenómenos de tal intensidad.
Entre
la sequía y el exceso: el desafío climático
Paradójicamente,
estas inundaciones se producen tras años de sequía prolongada que habían
reducido drásticamente los niveles de las presas. Expertos en climatología
advierten que el cambio climático intensifica la alternancia entre periodos
secos extremos y lluvias concentradas en cortos intervalos, lo que multiplica
el riesgo de desbordamientos.
El
Gobierno marroquí sostiene que la gestión anticipada de los embalses y la
movilización preventiva de recursos evitaron un balance más grave. La
estrategia, centrada en la protección de la población como prioridad absoluta,
ha sido presentada como ejemplo de coordinación interministerial y previsión
técnica.
La
dimensión política y social
En
el centro de la respuesta institucional figura la actitud personal del monarca.
Mohammed VI quien ha reiterado en múltiples ocasiones que la cohesión social y
la protección de los más vulnerables constituyen pilares de su reinado. En esta
crisis, las Altas Instrucciones Reales han marcado el ritmo de la actuación
gubernamental, reforzando la imagen de un liderazgo atento a las emergencias y
comprometido con la reconstrucción.
La
puesta en marcha de un programa de ayudas de tal magnitud en un plazo breve
busca no solo aliviar el sufrimiento inmediato, sino también restaurar la
actividad económica en regiones agrícolas estratégicas como el Gharb y el
Loukkos.
Mientras
las aguas comienzan lentamente a retirarse y se inicia el recuento definitivo
de daños, Marruecos enfrenta el reto de reconstruir infraestructuras y reforzar
su resiliencia ante fenómenos extremos que, según las proyecciones científicas,
podrían repetirse con mayor frecuencia.
En
esta encrucijada entre abundancia hídrica y vulnerabilidad estructural, la
rápida movilización ordenada por el Rey y ejecutada por el Gobierno aspira a
convertir la adversidad en oportunidad: modernizar sistemas de drenaje,
fortalecer presas y consolidar una cultura de prevención que proteja a la
población. La magnitud del desafío es proporcional a la violencia del temporal,
pero también a la determinación declarada de que ninguna familia quede
desamparada ante la furia del agua.

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