jueves, 20 de octubre de 2016

EL AUGE DEL CRIMEN ORGANIZADO TRANSNACIONAL


LA MAFIA INTERNACIONAL

También la globalización ha tenido incidencia en el ámbito delincuencial. En las dos últimas décadas se hizo evidente que las organizaciones criminales incrementaban sus actividades más allá de las fronteras nacionales. La tendencia parece haberse acelerado a partir de las fabulosas ganancias generadas por el narcotráfico. Y se consolidaron cuando se sumaron al negocio las organizaciones criminales de los antiguos países comunistas enriquecidas en el proceso de transición a la democracia capitalista.

Hoy asistimos al desarrollo de una "mafia internacional" que explota tanto las actividades criminales tradicionales -extorsión, juego, prostitución, contrabando- como nuevos delitos –comercio de material nuclear, contrabando de órganos humanos, tráfico de seres humanos, falsificación de productos de marca o robo de secretos industriales-.

Quizás quien mejor ha definido este problema fue el entonces Secretario General de las Naciones Unidas, Butros Gali. Al hablar en la apertura de la "Primera Conferencia de Naciones Unidas sobre el Delincuencia Transnacional Organizada", que tuvo lugar en la ciudad de Nápoles entre el 21 y el 23 de noviembre de 1994, Butros Gali afirmó que "El crimen organizado tiende hoy a adquirir un carácter impersonal y anónimo. Avalándose en las nuevas tecnologías se está convirtiendo en una fuerza universal y sus grupos en verdaderas multinacionales del crimen"... "La caída de los regímenes comunistas y la fragmentación de la Unión Soviética, la decadencia de las instituciones en los países en vías de desarrollo, la pérdida de consistencia del tejido social y la marginación en las sociedades desarrolladas han permitido el rápido crecimiento de las mafias a nivel internacional".

"Todo ello hace que el crimen organizado engangrene el mundo de los negocios, corrompa a la clase política, amenace el derecho de las personas, debilite la credibilidad de las instituciones y mine la vida democrática de la sociedad".[i]
Es por ello que 124 países suscribieron la “Convención de las Naciones Unidas contra el Crimen Organizado Transnacional” durante una conferencia  realizada entre el 12 y 15 de diciembre del 2000 en la localidad italiana de Palermo. Dicha convención fue concebida para permitir a los gobierno prevenir y combatir a la mafia global con más eficacia mediante un conjunto de instrumentos de técnicas legales penales y la colaboración internacional.

Ninguna convención de las Naciones Unidas ha tenido jamás tantos signatarios inmediatamente después de quedar abierta a la firma.

El acuerdo demanda que los estados miembros declaren ilegales algunas de las formas delictivas más frecuentemente utilizadas por los grupos criminales organizados. Entre las cuales figuran la obstrucción de justicia, el lavado de dinero, la corrupción de funcionarios públicos y la asociación ilícita.[ii]

La convención cuenta con tres protocolos cada uno de los cuales se concentra en un tipo particularmente peligroso de actividad criminal organizada para la cual la coordinación de los esfuerzos internacionales es esencial. Estos protocolos están destinados a:

§  Combatir el tráfico de personas.
§  La introducción ilegal de migrantes.
§  La fabricación y tráfico ilícito de armas de fuego.

La nueva convención ofrece una estructura para la confiscación y decomiso de las ganancias del crimen organizado y de la propiedad o el equipo empleado en actos delictivos. Se incluyen a este respecto cláusulas especiales para la cooperación internacional, una herramienta muy importante cuando se trata de recuperar bienes robados mediante la corrupción y enviados al exterior.

ALGUNAS CARACTERÍSTICAS DEL CRIMEN ORGANIZADO INTERNACIONAL

Una característica destacada de las organizaciones criminales internacionales y que hace particularmente difícil combatir su accionar es la base étnica que prima en la conformación de los cuadros criminales. La Yakuza recluta únicamente japoneses, al igual que las Tríadas chinas, y los Carteles mexicanos, o la mafia siciliana.  El carácter étnico los hace casi invulnerables al empleo de agentes encubiertos por parte de las fuerzas de aplicación de la ley.
La proximidad étnica y hasta la vecindad barrial reduce la posibilidad de que un miembo se convierta en “arrepentido” y colabore con las autoridades al saber que la organización mafiosa conoce a sus familiares y otros seres queridos y que tomará venganza sobre ellos si revela sus secretos. También fortalece los lazos entre sus miembros y le brinda un componente adicional de seguridad a sus comunicaciones, en especial porque sus miembros emplean en las conversaciones dialectos y/o jergas en lugar de idiomas puros -siciliano en lugar de italiano, dialectos cantoneses en lugar de chino mandarín, checheno o azerí en lugar de ruso, etc.-

Las organizaciones criminales han alcanzado tal nivel de sofisticación y complejidad que cuentan con verdaderos ejércitos privados, cuarteles y campamentos clandestinos. Sus servicios de inteligencia son tan eficientes  como los de cualquier Estado desarrollado, mantienen sólidos vínculos con el mundo político y se relacionan con bancos y empresas transnacionales. Sus filas incluyen especialistas sumamente adiestrados –como antiguos miembros de los organismos de inteligencia, ex integrantes de cuerpos de élite, pilotos, expertos en informática, científicos o especialista operaciones financieras internacionales- que son atraídos por las fabulosas ganancias que se obtienen en la actividad ilegal.

Así como las empresas multinacionales obtienen mayor poder e influencia mediante la adquisición y asociación con otras compañías en el mundo de los negocios lícitos, los grupos criminales entablan alianzas con sus homólogos de otros estados. Los gobiernos han podido constatar que los traficantes de drogas colombianos se vinculan con la N’drangheta de Calabria, Italia, y los grupos criminales de Nigeria para concretar la distribución de sus productos en Europa eludiendo el accionar de las autoridades europeas. Las ganancias provenientes de estos ilícitos generalmente se legalizan en cuatro países diferentes, antes de ser depositadas en su destino final: algún país de los denominados “paraíso fiscal”.

Como puede apreciarse las actividades legales e ilegales de la mafia global se proyectan por el mundo entero, por lo tanto, cuando es eficazmente combatido en su país o región simplemente traslada las operaciones a otro. Cuando un tipo de delito deja de ser rentable sencillamente cambian de rubro. En gran medida las “empresas criminales” muestran más dinamismo y poder de adaptación que sus homólogos legales. Tienen mayor capacidad de supervivencia porque se adaptan más rápido y mejor a los cambios.

Paradójicamente, el accionar de las fuerzas de seguridad contribuye ha hacer cada día más eficientes a las organizaciones criminales. Las autoridades al desarticular permanentemente las redes criminales y detener a muchos de sus miembros, realiza una suerte de involuntaria “selección natural” depurando al mundo criminal de sus elementos menos eficaces.

Para comprender más acabadamente la naturaleza de la amenaza a la seguridad que implica el crimen organizado transnacional, apelaremos a la opinión de Samuel Porteonus, analista estratégico del Servicio de Inteligencia y Seguridad de Canadá –CSIS-. Este experto considera que el crimen transnacional y sus actividades conexas provocan los siguientes males:

q  “Deterioran la sociedad civil, los sistemas políticos y la soberanía de los estados normalizando la violencia y el peculado e introduciendo el cáncer de la corrupción en las estructuras políticas.

q  Distorsionan peligrosamente los mecanismo de mercado, incluida parte de la actividad reguladora del gobierno, privando a consumidores y productores de los beneficios de contar con sistemas económicos y comerciales justos, libres y seguros. En casos extremos sectores económicos legítimos completos se ven dislocados por un comercio basado en actividades ilegales, subvirtiendo las lealtades al estado nacional y habituando a los individuos a operar fuera del marco legal.

q  Degradan los ecosistemas evadiendo las normas en materia de cuidado del medio ambiente.

q  Desestabilizan países estratégicamente importantes y obstaculizan el avance de las economías de transición y de las economías en desarrollo e interfieren también con los objetivos nacionales en materia de política exterior y con el sistema internacional.

q  Agobian a las sociedades con el enorme costo social y económico del tráfico de drogas.”[iii]

DEFINIENDO A UNA AMENAZA

Muchas actividades criminales implican la participación de más de dos personas y, constituyen de alguna manera una actividad cooperativa entre varias personas con propósitos criminales. De modo que son una suerte de “crimen organizado”. En consecuencia, resulta muy difícil establecer los límites entre el “crimen organizado transnacional”  y otras formas criminales locales o nacionales, más o menos organizadas.

Comenzaremos precisando que la delincuencia organizada transnacional es un fenómeno que se ha generalizado en las últimas décadas del siglo XX. La expresión comenzó a ser utilizada por la Rama de Prevención del Delito y Justicia Penal de Naciones Unidas en el año 1975. No obstante, diversos ordenamientos legales nacionales han penado en forma específica al crimen organizado:

El código penal del Estado de California en los Estados Unidos, por ejemplo, lo define en la siguiente forma: “Crimen organizado consiste en dos o más personas que, con un propósito de continuidad, se involucran en una o más de las siguientes actividades:
a)    la oferta de bienes ilegales y servicios, por ejemplo, el vicio, la usura, etcétera, y
b)    delitos de predación, por ejemplo, el robo, el atraco, etcétera.

Diversos tipos específicos de actividad criminal se sitúan dentro de la definición de crimen organizado. Estos tipos pueden ser agrupados en cinco categorías generales:

1)    Mafia: actividades criminales organizadas.

2)    Operaciones viciosas: negocio continuado de suministrar bienes y servicios ilegales, por ejemplo, drogas, prostitución, usura, juego.

3)    Bandas de asaltantes – vendedores de artículos robados: grupos que se organizan y se involucran continuadamente en un tipo concreto de robo como proyectos de fraude, documentos fraudulentos, robos con allanamiento de morada, robo de coches y secuestros de camiones y adquisición de bienes robados.

4)    Pandillas: grupos que hacen causa común para involucrarse en actos ilegales.


5)    Terroristas: grupos de individuos que se combinan para cometer actos criminales espectaculares como el asesinato o el secuestro de personas prominentes para erosionar la confianza del público en el gobierno establecido por razones políticas o para vengar por algún agravio.”[iv]

Mientras que el código penal alemán dice al respecto: “Crimen organizado es la violación planificada de la ley al objeto de adquirir beneficios económicos o poder, cuyos delitos son independientemente o en su conjunto de especial gravedad y se llevan a cabo por más de dos participantes que cooperan en el marco de un división laboral por un periodo de tipo prolongado o indeterminado utilizando:

a)    una división laboral por un periodo de tipo prolongado o indeterminado utilizando

b)    violencia u otros medios de intimidación,

c)     influencia en la política, en los medios de comunicación, en la administración pública, en el sistema de justicia y en la economía legítima.”[v]

Existen también varias definiciones elaboradas por organismos. Podemos comenzar citando la elaborada por la INTERPOL. Para este organismo el crimen organizado transnacional es “Cualquier grupo que tiene una estructura corporativa cuyo objetivo primario es obtener dinero a través de las actividades ilegales y sobrevive a menudo en el miedo y la corrupción”.[vi]

En tanto que el Comité Especial de las Naciones Unidas para elaborar la Convención Contra la Delincuencia Organizada Transnacional proponía la siguiente definición: “Se entiende por grupo delictivo organizado, un grupo estructurado, existente durante un período de tiempo y que tenga por fin la comisión de un delito transnacional grave, mediante la acción concertada, utilizando la intimidación, la violencia, la corrupción u otros medios, para obtener, directa o indirectamente, un beneficio económico u otro beneficio de orden material”.[vii]

Naciones Unidas realiza una larga y compleja enumeración de diversas actividades ilícitas que a criterio de los estados suscriptores de la Convención para el Crimen Organizado Transnacional constituyen crimen organizado:

a) “el tráfico ilícito de estupefacientes o sustancias sicotrópicas y el blanqueo de dinero, tal como se definen en la Convención de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas de 1998;

b) la trata de personas, tal como se define en el Convenio para represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena de 1949;

c) la falsificación de dinero, tal como se define en el Convenio internacional para la represión de la falsificación de moneda de 1929;

d) El tráfico ilícito o robo de objetos culturales, tal como se definen en la Convención sobre medidas que deben adoptarse para prohibir e impedir la importación, la exportación, la transferencia y propiedad ilícita de bienes culturales de 1970 y la Convención sobre bienes culturales robados o ilegalmente exportados de 1995 del Instituto Internacional para la Unificación del Derecho Privado de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura;

e) el robo de material nuclear, uso indebido o la amenaza de uso indebido en perjuicio de la población, tal como se define en la Convención sobre la protección física de los materiales nucleares de 1980;

f) los actos terroristas.

g) el tráfico ilícito o el robo de armas y materiales o dispositivos explosivos;

h) el tráfico ilícito o el robo de vehículos automotores;

i) la corrupción de funcionarios públicos”.[viii]

Por último, para la Unión Europea: “Existe criminalidad organizada cada vez que más de dos personas están implicadas en un proyecto criminal, a lo largo de un período indeterminado de tiempo, con el objetivo de obtener poder y beneficios, y por el cual el asociado asume funciones en el seno de la organización:

a)    Por medio de actividades comerciales conexas.
b)    Recurriendo a la violencia u otros medios de intimidación.

c)     Ejerciendo influencia sobre los medios políticos, judiciales, de comunicación, económicos.

Ello si fuera necesario para cometer delitos que, desde un punto de vista individual o colectivo, son considerados como infracciones penales graves”.[ix]

Pero no sólo los organismos internacionales han intentado definir al crimen organizado, para especialistas como Alfredo Nunzi con esta expresión se “identifica al fenómeno criminal que trasciende las fronteras internacionales, y que transgrede las leyes de diversos Estados, o que tienen un impacto sobre otro país. En resumen se hace referencia a la actividad delictiva que se extiende dentro de distintos países violando sus respectivas legislaciones”[x]

En tanto que Juan Miranda nos propone una más amplia definición: “es una actividad criminal de naturaleza seria cometida de manera planificada con un propósito de ganancia; involucra una continuidad empresarial con una división de trabajo estructurada jerárquicamente, que incluye sanciones y acciones disciplinarias; requiere el uso directo o indirecto de la violencia y la intimidación; y el ejercicio de la influencia sobre, o la corrupción de, varios oficiales del gobierno o de la estructura social así como líderes de opinión”.[xi]

MAFIA Y CORRUPCIÓN

La "mafia global" desarrolla su accionar no sólo con la tolerancia sino con la complicidad de los gobiernos, al menos de quienes ocupan los más altos niveles de conducción de los estados.

Para demostrar los vínculos entre la mafia y la corrupción política bastaría con mencionar el caso del general Manuel Antonio Noriega. Sus vínculos con el narcotráfico terminaron por originar la invasión de Panamá por parte de las fuerzas de los EE. UU. y su posterior condena a cadena perpetua por una corte criminal estadounidense. O el del general Ochoa, quien menos afortunado que Noriega, terminó sus días frente a un pelotón de fusilamiento en Cuba. Claro está que éstos no son los únicos ejemplos. Un caso similar involucró al entonces presidente colombiano Ernesto Samper Pizano, sospechado de haber recibió cinco millones de dólares del "Cartel de Calí" para financiar su campaña presidencial en 1994. Las sospechas tuvieron tal entidad que la Administración Clinton negó a Colombia la "certificación" de país que colabora en la lucha contra el narcotráfico.

Según Transparencia Internacional, Venezuela es uno de los países con mayor nivel de corrupción del mundo. El Índice de Percepción de Corrupción 2013, elaborado por esta ONG, Venezuela se ubicaba en el puesto 160 de los 177 países evaluados y en el continente americano era superado en nivel de corrupción por Haití.
En Venezuela la corrupción va de la mano del crimen organizado y el narcotráfico. Numerosos altos mandos de las fuerzas armadas han sido acusados de traficar con cocaína proveniente de las FARC.

Por ejemplo, el general Hugo Carvajal, antiguo jefe de la inteligencia militar fue denunciado por el gobierno de los Estados Unidos por liderar una organización de narcotraficantes conocida como el “Cartel de los Soles” que involucra a otros miembros del generalato venezolano, como N{estor Reverol actual Jefe de la Guardia Nacional.

En julio de 2016, dos sobrinos de la primera dama de Venezuela, Celia Flores, Francisco Flores Freitas y Efraín Antonio Campo fueron detenidos en Puerto Príncipe, Haití, por la polic{ia local y agentes de la Agencia para el Control de Drogas de los Estados unidos (DEA) y trasladados a Nueva York para ser juzgados.

Los sobrinos de Nicolás Maduro estaban involucrados en un plan para tratar de transportar varias toneladas de cocaína desde Venezuela hasta Honduras en una ruta destinada a introducirla en los Estados Unidos.

Los venezolanos se involucraron con presuntos narcotraficantes mexicanos que en realidad eran agentes encubiertos de la DEA.

Durante los interrogatorios a que fueron sometidos en Nueva York, Campoos Flores reveló que parte de las ganancias obtenidas del tráfico de cocaína estaban destinadas a financiar la campaña electoral de su tía, la primera dama venezolana.[xii]

Y para que no se piense que los vínculos entre mafiosos y políticos corruptos se reducen al Tercer Mundo, puede mencionarse el caso de Giulio Andreotti en Italia. El célebre político italiano, siete veces jefe de Gobierno se lo acusó de haber intercambiado votos por protección política con los grupos mafiosos de su país.

Un análisis más detallado de los vínculos entre estos sectores agregaría a la lista otros países, donde la clase política estaría sospechada de mantener vínculos más o menos estrechos con los grupos criminales. En esta lista sin duda figurarían países como Rusia, Birmania y Paraguay, para mencionar tan sólo los casos más notorios.

Los grupos criminales en la etapa inicial de su desarrollo, durante la primeras décadas del siglo XX, compraban la tolerancia de policías, jueces y/o autoridades locales. Actualmente, la "mafia global" para llevar adelante sus negocios financian a gobiernos enteros corrompiendo a las principales figuras de la clase dirigente de los países en que hacen pie.

NUEVAS FORMAS DE CRIMINALIDAD

Dicen Rabago y Nahy: "Hasta ahora los campos de acción de las mafias eran los tradicionales, es decir, la prostitución, el tráfico de armas y las drogas, pero actualmente estos grupos se dedican también al tráfico de tecnologías nucleares, reciclaje de dinero negro, comercio de órganos e ingreso clandestino de ciudadanos extranjeros".[xiii]

Hasta hace pocas décadas la criminalidad organizada circunscribía su accionar a rubros muy específicos: la trata de blancas, el contrabando de artículos de consumo tales como bebidas y cigarrillos, los juegos de azar prohibidos, la extorsión y/o venta de protección y la comercialización de drogas y armas. Pero hoy, siguiendo la misma tendencia económica de los grandes grupos financieros transnacionales, ha diversificado sus actividades. Actualmente la mafia ha entrado en actividades tales como tráfico de materiales nucleares, venta de bebés, tráfico de inmigrantes ilegales, tráfico de órganos para transplantes -los cuales generalmente provienen de personas asesinadas para extraerles sus órganos vitales, en la mayoría de los casos niños de los países del Tercer Mundo-, comercio de especies animales y vegetales exóticos, robo y falsificación de obras de arte y antigüedades, legalización de activos financieros -blanqueo de dinero-, robo de automóviles a escala internacional, falsificación de productos farmacéuticos, al mismo tiempo que mantienen estrechas vinculaciones con diversos grupos terroristas.
 
Algunas de las nuevas actividades delictivas desarrolladas por la “mafia global” pasan incluso desapercibidas por el gran público. Se trata de actividades “semilegales”, para el desarrollo de las cuales los grupos criminales en ocasiones cuentan incluso con la colaboración de ciertos gobiernos o funcionarios. El ejemplo más claro que ilustra sobre este tipo de actividades criminales es el comercio de productos falsificados de costosas marcas internacionales.

Según un informe elaborado en enero de 1996 por la cadena televisiva internacional de la Comunidad Europea, “Euronews”, el tráfico de productos falsificados comprende el cinco por ciento de todo el comercio internacional. En general se trata de productos falsificados del más diverso tipo. Desde perfumes hasta programas de computación y desde relojes de lujo a productos de marroquinería. Todos estos productos adulterados tienen en común el ser copias exactas, pero falsas, de productos originales comercializados a muy alto precio por las principales marcas internacionales: Rolex, Microsoft, Dior, Chanel, etc.

Las falsificaciones suelen fabricarse en países del Tercer Mundo -en especial de China y otros estados del Sudeste Asiático- donde la mano de obra es muy económica y donde los gobiernos preocupados por obtener un acelerado crecimiento económico, son tolerantes con las nuevas industrias. El rol de las mafias internacionales en esta “industria” suele comprender dos campos muy definidos. Por un lado, la realización de tareas de “espionaje industrial” destinadas a la obtención de los originales a ser falsificados. En especial ciertos productos que son falsificados aún antes de que el original sea lanzado al mercado. Esto provoca inumerables perjuicios a quienes han realizado grandes inversiones en el desarrollo de dicho producto.  Un claro ejemplo de ellos se produce en el campo del video, la música y los programas de computación. Algunos grupos mafiosos logran robar películas cinematográficas, que luego llegan al mercado clandestino del video, antes de su extremo comercial en las salas cine. En estos casos, los delincuentes obtienen copias sustraídas de los estudios de filmación o de los laboratorios fílmicos donde son procesadas.

Por otro lado, los mafiosos intervienen especialmente a la hora de introducir las copias en los mercados consumidores -muchas veces de contrabando- y en la comercialización clandestina de estos productos.

La actividad de la mafia en este campo se ve facilitada por la diversidad en la legislación penal de un país a otro y hasta en la tolerancia de las autoridades nacionales. Así, países como Francia o los Estados Unidos persiguen ferozmente los productos adulterados. Incluso aplican medidas extremas, tales como la incautación de los productos falsificacados en poder de “usuarios de buena fe”. Las autoridades de países como Italia, Paraguay, Argentina o Rusia permiten la libre comercialización de estos mercancias, sin establecer mayores  diferencias entre el producto original y el falsificado.

En Moscú, por ejemplo, todos los domingos en el parque Filioski se reúne un mercado informal donde cientos de improvisados comerciantes ofrecen libremente copias falsas de discos compactos, cassettes, CD Roms y programas de computación. Allí es posible obtener una copia exacta de un disco compacto de reciente edición por un costo inferior a los tres dólares estadounidenses y un CD Rom con la copia de una sofisticada enciclopedia interactiva por sólo cinco dólares.

Este fenómeno también se produce en América Latina. Recientemente un informe realizado por la “Alianza de la Propiedad Intelectual Internacional”, consignaba que las empresas estadounidenses habían perdido más de novecientos millones de dólares en 1995 como producto de la “piratería” de videos, grabaciones musicales, programas de computadoras y libros, tan sólo en los países de América Latina.[xiv]

En la Argentina, según un informe dado a conocer en febrero de 2005 por la Cámara Argentina de Comercio, la recaudación por la venta de mercadería falsificada llega 9.540 millones de pesos –unos 3.180 millones de dólares- con una pérdida para el fisco por subfacturación de 1.400 millones de pesos – aproximadamente 467 millones de dólares-. Tan sólo en la ciudad de Buenos Aires el comercio de productos falsificados alcanza a 1.046 millones de pesos –60 millones de dólares-.

El informe estima que la ganacia en esta actividad, que implica la comercialización de réplicas de artículos de marca ingresados ilegalmente al país, venta ilegal –generalmente realizada informalmente en la vía pública- y la producción local de copias ilegales, es del 1.000 por ciento. La mayoría de los talleres clandestinos se encuentran en las villas miseria y en barrios obreros del Gran Buenos Aires.[xv]

La piratería de productos de marca ha alcanzado tal dimensión que los Estados Unidos amenazaron a China con sanciones económicas si continúa violando el tratado que sobre protección de los derechos de propiedad intelectual que suscribieron ambos países en 1995.

El consumidor que tiene adquiere un producto de marca falsificado, con el desembolso de una suma inferior al diez por ciento de lo que pagaría por el original, no advierte que esta contribuyendo a la difusión del crimen organizado. Pero, los grupos criminales reinvierten parte de las ganancias obtenidas con la venta de productos falsificados en otras actividades criminales más repudiables aún. Tampoco parecen comprenderlo las autoridades de los países que toleran dicho comercio.

La posición de un Estado en este tema suele variar por el hecho de que las firmas afectadas sean propiedad de dicho país o de otro. En el segundo caso los gobiernos se muestran más proclives a dar preferencia a los intereses de sus consumidores que se ven favorecidos con la posibilidad de obtener productos costosos a un precio muy reducido.
Esta paradoja ha llevado a que ciertos expertos dijeran que el tráfico de productos falsificados es una actividad criminal tan lucrativa como el comercio de estupefacientes, pero mucho menos riesgosa.

Algo similar ocurre con el tráfico de especies animales y vegetales exóticas. Algunos datos ilustran sobre la dimensión de esta actividad criminal:

·       Más de cincuenta millones de primates son capturados anualmente y utilizados en laboratorios de investigación -los menos- o como animales de compañía.

·       Diez millones de pieles de reptil se destinan a la confección de zapatos, bolsos u otros productos de lujo. Una parte de los reptiles tiene más suerte y terminan sus días en terrarios particulares como exóticos animales de compañía.

·       Cinco millones de aves son capturadas con destino a los salones de casas de países desarrollados, restaurantes de lujo y coleccionistas privados.

·       Unos quince millones de pieles de mamífero -nutrias, felinos, etc- engrosan cada año lujosas peleterías en Estados Unidos, Japón y Europa.

·       Cerca de 250 millones de ranas -sobre todo, ranas toro- son capturadas en sus hábitats naturales con destino a restaurantes.

·       Entre 350 y 600 millones de peces ornamentales son capturados para abastecer acuarios y peceras en todo el mundo.

·       Ocho millones de cactus son recogidos clandestinamente. Su destino son hogares de los países desarrollados.

·       Casi nueve millones de orquídeas y flores de los bosques tropicales son recolectadas con destino a los países occidentales.

·       Más de dos toneladas de coral se convierten anualmente en ornamentos y objetos decorativos.

Es lógico que quien compra un pez ornamental u otro animal exótico para sus hijos en modo alguno puede comprender que está indirectamente vinculándose con las actividades de la mafia internacional y esto contribuye a facilitar el desarrollo de estos delitos.

Cabe mencionar que el problema del tráfico ilícito de especies animales y vegetales exóticas ha tomado en las últimas décadas tal dimensión que en 1973 se firmó el “Convención Internacional sobre el Comercio de Especies en Peligro” -CITES, según sus siglas en inglés-. Hoy suscriben 126 estados -entre ellos la República Argentina- destinado a controlar este problema, pero que en la práctica ha tenido poca eficacia.

El más claro ejemplo de la ineficacia de la CITES se produce con la comercialización del marfil. La convención sólo permite la venta de objetos fabricados con marfil antes de 1990. China ha sido, desde mediados de la década de los años noventa, el mayor importador de marfil ilegal del mundo, la mayoría procede del continente africano. En 2008, China adquirió legalmente 65,8 toneladas de marfil africano. Se calcula que entre 1979 y 1989 el continente africano perdió la mitad de su población de elefantes debido a la caza furtiva.

“El precio del marfil ha subido debido a un incremento de la demanda”, la economía china va bien y el poder adquisitivo ha aumentado”, afirma Nigel Hunter, director del Programa MIKE, encargado de evaluar la población y las matanzas ilegales de elefantes. Un colmillo grande puede alcanzar un precio de U$S 6.000.-, el equivalente a diez años de salario de un obrero keniano no calificado.[xvi]

Los países africanos más involucrados en la exportación ilegal de marfil son la República Democrática del Congo, Sudán, la República Centroafricana , Kenya y Chad. El número de elefantes en el Parque Nacional de Gramba, en el extremo nordeste de la República Democrática del Congo, en la frontera con Sudán, ha pasado de 11.000 ejemplares, en 1995, a 1.453 en 2003, debido a la impunidad con que la caza ilegal se practica en el país, según datos del Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales. En Sudán son los miembros del Ejército quienes matan a los elefantes con sus armas de fuego y utilizan posteriormente vehículos militares para transportar el marfil ilegal, tal como afirma Esmond Martín de la organización ecologista “Care for Wild International”.[xvii]

El crimen organizado, al incursionar en nuevos campos de actividad, no  descuida sus actividades tradicionales. Hemos visto que la mitad de sus ganancias anuales provienen del narcotráfico. Luego, en orden de importancia, le sigue el tráfico de armas. Al respecto cabe mencionar que esta última actividad ha cobrado nuevo impulso desde la caída del Muro de Berlín. Inicialmente se pensó que el fin de la Guerra Fría traería una paz generalizada, pronto se vio que esto no era así. No sólo no desaparecieron muchos de los conflictos bélicos anteriores -como Afganistán, Sudán y las actividades terroristas-, sino que surgieron nuevas áreas de tensión: Nagorno - Karabak, entre Armenia y Azerbaiján, Chechenia, Irak, Siria, Libia, etc. Todas ellas mercados potenciales para el tráfico de armas.

Por otra parte, la desaparición del Pacto de Varsovia distendió el control de grandes arsenales de material bélico de origen soviético. En algunos casos estos armamentos son sólo soviéticos en su diseño. Se trata de armas fabricadas en otros países del antiguo Bloque Socialista.

Los países de poseen dichos arsenales tiene serios problemas económicos que se conjugan con un clima generalizado de corrupción y aumento de la criminalidad. Estos países al ingresar a la OTAN deben modificar la doctrina y el equipamiento de sus Fuerzas Armadas para adaptarlos a los standeres de la alianza atlántica. Por lo cual se ven obligados a descartar sus antiguos armamentos.

En otras palabras, en Europa Oriental hay disponibles grandes arsenales de armas modernas sumamente sofisticadas. Ellas pueden ser comercializadas por sus poseedores a precios extremadamente bajos y sin hacer muchas preguntas sobre su destino final.

En consecuencia, es lógico que esta "oportunidad histórica" sea aprovechada por los canales internacionales del tráfico de armas aceleradamente tonificados por este flujo de "mercancías" de alta calidad a bajo precio. ¿Alguien puede sorprenderse entonces que los narcotraficantes brasileños diriman sus conflictos en las favelas cariocas con fusiles de asalto Kalashnikov?

Tampoco puede sorprendernos que algo similar ocurra con el tráfico de material nuclear. Los hechos prueban que los temores de los expertos, que advertían sobre la existencia de un creciente flujo de material nuclear, estaban fundados. Las existencias de uranio en los países de la ex URSS están en peligro constante de robo y venta ilegal. Así se hacien accesibles para gobiernos dictatoriales o incluso para grupos terroristas capaces de fabricar bombas atómicas de bolsillo que podrían volar manzanas enteras de una ciudad.

Hasta hace un tiempo, las historias de este tipo parecían una fantasía. Hasta la industria de Hollywood vio el potencial que el tema tenía. Sin embargo, esas historias se han revelado como ciertas y repetidas.

En agosto de 1994, la policía de Hungría detuvo a dos hombres mientras intentaban vender dos kilogramos de uranio en un estacionamiento al modesto precio de 80.000 dólares. Ese fue el cuarto incidente similar que se produjo en Hungría en cuatro años.

Poco tiempo después, Rusia se comprometió a suscribir un tratado internacional destinado a compartir información que permitiera combatir el tráfico de materiales radioactivos. En abril de 1996, el Grupo de los Siete principales países industrializados se reunió en Moscú y el Kremlin; una vez más se comprometió a llevar a cabo una cooperación sin precedentes en el tema. El acuerdo garantizaba mayores medidas de seguridad alrededor de las instalaciones atómicas del país, una mejora en los sistemas de contabilidad del material nuclear y el establecimiento de cooperación en inteligencia. Moscú estaba obligada a aceptar los pedidos del G-7 si es que aspiraba a obtener ayuda financiera del grupo. Para esa época ya se habían denunciado al menos seis robos de uranio enriquecido o plutonio en Rusia, los componentes básicos de una bomba atómica. Entre ellos, un resonante caso de contrabando a través de Alemania que complicó a los agentes del BND -el servicio de inteligencia alemán- residentes en España y que aún hoy es objeto de una fuerte polémica legal.

Sin embargo, las esperanzas quedaron rotas pronto. En noviembre de 1996, las autoridades italianas interceptaron en el puerto de Brindisi una embarcación proveniente de Albania en la que había cuatro kilogramos de mercurio líquido apto para propósitos militares. Antes, en junio de 1995, un barco con uranio se había hundido cerca de Otranto, en la costa italiana, y la policía había requisado mercurio blanco en una embarcación proveniente de Vlore.

Pero la lista de hechos delictivos no termina allí. En marzo de 1997, delincuentes albaneses robaron diez contenedores de una instalación militar en Fier, cerca de la capital Tirana y en noviembre de ese año, la policía de Rumania detuvo en el centro de Bucarest a un grupo de hombres - dos rumanos y dos moldavos- que se habían apoderado de 600 gramos de uranio, 235 en pastillas por valor de 600.000 dólares e intentaban comercializarlas.[xviii]

No obstante, el caso que mejor ilustra sobre cómo operan en forma coordinada las distintas organizaciones del crimen transnacional se puso de manifiesto el 20 de marzo de 1988, cuando las autoridades italianas detuvieron a Salvatore Tringale, miembro del clan mafioso de los Santapaola perteneciente a la mafia romana de la Magliana.

Policías italianos actuaron como “agentes encubiertos”; y se hicieron pasar por traficantes de armas interesados en adquirir una barra de uranio que figuraba en el “catálogo” de productos en venta ofrecido por los Santapaola.

La barra en cuestión pesaba algo menos de diez kilográmos y contenía 200 gramos de uranio del tipo 238 y 38 gramos de uranio 235. Al parecer, fue fabricada en 1971 por la empresa estadounidense General Atomic de San Diego y vendida al gobierno del entonces Zaire –actual República Democrática del Congo- para alimentar una central nuclear que finalmente no fue construída.

El material nuclear fue robado de Zaire por la mafia rusa y pasó a integrar un cargamento de nueve barras que este grupo criminal introdujo ilegalmente en Italia, a mediados de 1997, con el propósito de comercializarlas con la colaboración de sus colegas italianos. El embarque tenía un valor estimado en 118 millones de dólares.

Los mafiosos italianos pretendían vender la barra de uranio en 22,22 millones de dólares, pero después de un intenso regateo los policías encubiertos acordaron concretar la transacción por un precio de 12,22 millones de dólares. Al intentar llevar a cabo el intercambio, los traficantes fueron detenidos y el material nuclear incautado.[xix]

UN NEGOCIO MUY PROSPERO

En opinión de expertos de las Naciones Unidas, el crimen organizado ha descubierto que las fronteras pueden constituir una gran ventaja. No sólo proporcionan santuarios legales, sino que también pueden ofrecer un valor diferencial para las mercancías ilegales, paraísos turísticos donde refugiarse cuando la situación se torna demasiado comprometida en sus respectivos países o simplemente para legalizar sus ganancias. No es de sorprender entonces que la criminalidad internacional haya crecido hasta convertirse en un gigantesco "pulpo", cuyos tentáculos operan como auténticas sociedades anónimas que realizan operaciones en Bolsa o compran empresas; es decir, reciclan masivamente sus beneficios en la economía legal con una rapidez extraordinaria y mueven cada año capitales por un volumen de 6,5 billones de dólares.[xx]

Esta cifra es considerada muy conservadora por Roy Godson, del Washington's National Strategy Information Center, quien estima que dicha cifra se eleva en realidad al trillón de dólares, es decir, casi el mismo monto del presupuesto federal de los Estados Unidos.[xxi]

Estas cifras quizás estén algo sobredimensionadas, pero el hecho que nadie puede discutir es que las organizaciones criminales se comportan en la actualidad como verdaderas "multinacionales", que han organizado su propia división internacional del trabajo y realizan inversiones por todo el planeta operando con capitales que superan ampliamente los presupuestos nacionales de muchos estados. Cuando una "industria" opera en un nivel financiero de tal envergadura está en condiciones -aseguran los expertos de la ONU- de "corromper a funcionarios de todos los niveles y minar la fe básica de la población en el gobierno para mantener la ley y el orden".

LA MAFIA ¿INDUSTRIA O ESTADO?

El desarrollo de la “Mafia Global” ha despertado no sólo la preocupación de las autoridades sino también el interés de los científicos sociales. Estos últimos han dividido sus interpretaciones del fenómeno mafioso. Mientras algunos se inclinan  por una interpretación “clausewitziana” según la cual la mafia global es solo una continuación de los negocios por medios delictivos.[xxii] Es decir que interpretan el comportamiento de los grupos del crimen organizado similar al de otras empresas que producen bienes y servicios para los cuales hay demanda; sólo que sus productos y métodos de comercialización contradicen las normas legales.

Este punto de vista es el sostenido en algunos casos por el gobierno estadounidense con respecto a los “carteles de la droga”. Así el informe: “Estrategia Nacional para el Control de Drogas” publicado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos en febrero de 1991, afirmaba categóricamente: “dejando de lado el hecho obvio que sus actividades son destructivas e ilegales, las organizaciones de tráfico de drogas pueden ser vistas como análogas a cualquier otra empresa comercial: ellas crean un producto partiendo de ciertas materias primas, transportan ese producto al mercado, y luego lo distribuyen a mayoristas y minoristas que lo venden a consumidores individuales”.[xxiii]

En el último cuarto del siglo XX, nos dice Pino Arlacchi, Director Ejecutivo de la Oficina de las Naciones Unidas para el Control de Drogas y la Prevención del Crimen, las empresas del crimen organizado pudieron explotar la misma liberalización económica y las mismas fronteras abiertas que dieron lugar a la expansión de las corporaciones multinacionales. Las oportunidades de la mundialización son aprovechadas por los grupos del crimen organizado que intervienen en actividades ilegales o trafican con mercancías ilícitas.[xxiv]

Profundizando la comparación de las organizaciones criminales con las empresas multinacionales, el funcionario de la ONU aclara que los grupos que integran la mafia global tienen mayor capacidad para aprovechar las ventajas que ofrece la mundialización. Las empresas legales deben ajustarse a las leyes y regulaciones administrativas establecidas por su propio país y los de los países donde operan. En tanto que las organizaciones criminales consiguen, mediante el empleo de la corrupción, la extorsión y la intimidación, explotar de una manera más eficiente y beneficiosa, las facilidades que ofrece la sociedad abierta.

Eludir el control de la aplicación de la ley nacional es un principio operativo fundamental del crimen organizado transnacional. En esta forma los territorios extranjeros se convierten en una suerte de “santuario” donde los criminales se ocultan para planificar nuevas acciones, realizar inversiones y escapar a la acción de autoridades.

En la mayoría de los casos resulta muy difícil identificar a los grupos del crimen organizado debido a que éstos suelen emplear empresas de importación y exportación, industrias de servicios y aún instituciones financieras multinacionales, todas ellas legales, como cobertura de sus actividades ilícitas. En ocasiones, la organización criminal sólo utiliza una parte de una empresa más amplia que ignora sus actividades; en otras, la controla realmente. La línea que separa las actividades del delito financiero de la mafia global es muy tenue.

Según Pino Arlacchi existen tres tipos básicos de corporaciones relacionadas con el crimen transnacional:

  • Estructuras empresariales ilegales, como los carteles de la droga.
  • Firmas legales que se involucran en el delito financiero como los bancos que, de hecho, se especializan en facilitar el lavado de dinero y la evasión impositiva.

  • Empresas lícitas creadas, total o parcialmente, con fondos provenientes del crimen organizado.[xxv]

Actuando como “empresas”, las organizaciones criminales proveen ciertos productos y llevan a cabo ciertos servicios para los cuales hay demanda; productos y servicios que un estado o sociedad dados no quiere –o no puede- proveer por razones de política, salud pública, religión, preocupaciones étnicas o normas culturales. Su móvil final es, como para cualquier empresa, obtener un rédito financiero.

En Argentina, por ejemplo, se han detectado diversos casos de organizaciones que distribuyen drogas por el sistema de “delivery”. En junio de 2004, el presidente del Consejo Deliberante del partido de 25 de Mayo en la provincia de Buenos Aires, Hugo Melían, denunció la existencia, en su ciudad, de una organización que distribuía cocaína y marihuana por el sistema de delivery.

Un mes más tarde, el 23 de julio de 2004, la Policía Federal Argentina desarticuló una organización de narcotraficantes que distribuían drogas a pedido en los hospedajes de la ciudad de San Miguel de Tucumán en el norte argentino. Pero la empresa criminal más sofisticada fue neutralizada el 6 de agosto de 2004, cuando personal de la Policía Federal Argentina, arrestó, en la ciudad de Buenos Aires, a un conjunto de narcotraficantes que distribuían a domicilio marihuana de las variedades Pino y Scam.[xxvi] Los narcotraficantes habían montado una sofisticada organización. Contaban con una base de datos que reunía a 1.200 clientes de alto poder adquisitivo, registrados por su nombre, teléfono y dirección. La base con conexión telefónica y detector del número de llamada permitía mantener un control sobre los llamados. Los pedidos eran distribuidos por una red de siete vehículos que recorrían la ciudad, de lunes a viernes, entre las 11.00 y 17.00 horas. Como cualquier producto, la marihuana se entregaba en bolsitas confeccionadas en tela de jean y con la leyenda “Charly” –nombre del jefe de la organización un narcotraficante conocido como el “Turco Charly”- conteniendo 20 gramos de droga a un precio de 20 dólares la bolsita de la variedad Pino y 27 dólares la variedad Scam.[xxvii]  

Otros autores, consideran que la mafia constituye una suerte de Estado dentro del Estado.

Los analistas que ven a la mafia como una especie de Estado, señalan que la especialidad básica de las organizaciones delictivas consiste en imponer las leyes en determinados territorios -ya sean estos geográficos u operativos- para poder reclamar un pago. Es decir, cobrar una suerte de impuesto extorsivamente y establecer sus propias reglas para los negocios tanto legales como ilegales. Un claro ejemplo de este comportamiento fue el impuesto que el jefe mafioso Marcio Amaro de Oliveira cobró al cantante Michael Jackson para permitirle grabar un video en la favela carioca de “Doña Marta”.

Claro está que con el fin de imponer esas reglas -es decir, su propio ordenamiento jurídico- los grupos criminales, al igual que los gobiernos, comienzan por asegurarse el monopolio del uso de la fuerza. En las favelas cariocas los narcotraficantes ocupan los espacios que la asistencia social, que el gobierno federal, estatal y comunal, han abandonado. Incluso invierten parte de sus fabulosas ganancias construyendo canchas polideportivas, adquiriendo y distribuyendo medicamentos, velando por la seguridad de los favelados y, por supuesto, impartiendo su justicia brutal y despiadada.[xxviii]

Han pasado los tiempos en que la mafia siciliana se oponía a la actividad de los partidos de izquierda –socialistas, anarquistas y comunistas en Italia.[xxix] Hoy el crimen organizado está dispuesto a pagar “impuestos” para poder desarrollar sus actividades sin ser molestado. Para los mafiosos globales es lo mismo pagar a funcionarios gubernamentales que a líderes guerrilleros. Mientras que los grupos terroristas, al perder el apoyo financiero y político que recibían del antiguo Bloque Socialista, han encontrado en el narcotráfico, los secuestros extorsivos y el cobro de “impuestos revolucionarios” a las empresas extractivas transnacionales una fuente alternativa de recursos que les ha permitido la supervivencia y el crecimiento político.

En conclusión, podemos decir que las organizaciones del crimen organizado transnacional se comportan como estados en la medida que el estado de derecho se retira de ciertas áreas o de ciertos territorios.

En realidad, las dos interpretaciones del fenómeno mafioso tienen sus propias limitaciones. Por empezar, las organizaciones mafiosas combinan siempre su actividad en los mercados ilegales con operaciones en los mercados legales. Así, por ejemplo, la mafia siciliana se ha especializado en obtener la adjudicación de contratos que derivan de proyectos financiados con fondos de la Unión Europea y la yakuza japonesa se dedica a las inversiones inmobiliarias.

Tampoco los grupos mafiosos pueden siempre asegurarse, al estilo de un gobierno centralizado, el monopolio absoluto de la fuerza en los territorios en que operan. En este sentido los grupos criminales, al igual que los estados, sufren los efectos desestabilizadores de verdaderos “golpes de Estado” intragrupos y de “guerras” intergrupales.

Habida cuenta de la complejidad y amplitud de las actividades de la delincuencia organizada, no debe sorprender que una sola interpretación resulte insuficiente para explicar todas las situaciones y circunstancias que abarca este fenómeno.

Es así que la mayoría de los estudiosos del accionar criminal se valen, con buen resultado, tanto del ejemplo de la mafia como empresa, como de la mafia como forma de Estado para ilustrar no sólo sobre los incentivos e impedimentos que afrontan en su accionar las organizaciones criminales sino también para recomendar cuáles son los mejores procedimientos para contrarrestarlas.

La analogía de la mafia como una empresa resulta especialmente útil para analizar las estructuras internas de los grupos mafiosos, y también su accionar dentro de ciertos “mercados”. Si una organización criminal penetra en un mercado de fácil acceso y en el que las economías de escala son grandes -como las redes de prostitución-, es probable que a corto plazo se enfrente a la competencia de otros grupos mafiosos.

Una manera de reducir al mínimo el riesgo de la competencia -y conservar el control monopólico de dicho mercado- podría consistir en invertir en armas y “soldados” -pistoleros- y en “protección política” a los efectos de “controlar” los intentos de penetración de eventuales competidores en “su mercado” o territorio.

En forma similar se comportan las empresas legales cuando invierten en investigación y desarrollo o publicidad. También están protegiendo su control del mercado tratando de evitar el ingreso de otras firmas competidoras.

Por otro lado, ciertas actividades ilegales, como el lavado de dinero o el narcotráfico, son más lucrativas en una escala mayor. Es decir, se benefician a partir de la economía de escala.

Pero las firmas ilegales afrontan una limitación respecto de su crecimiento, algo que no les ocurre a las compañías legítimamente establecidas. Puesto que no pueden depender de la convalidación externa de los acuerdos. Los grupos mafiosos no pueden recurrir a la policía si uno de sus miembros viola un pacto. En este sentido, son iguales a los estados, con respecto al incumplimiento de tratados internacionales. Por lo tanto, el agrandarse demasiado puede ser perjudicial para ciertos grupos. La firma ilegal debe imponer sus propios acuerdos. Cuanto más grande se vuelva, tanto mayores serán los costos para imponerlos.

Los grupos mafiosos pueden también multiplicar las ganancias por medio de acuerdos de sociedad entre sí, como en el caso de un convenio industrial.

Pensar en la mafia organizada como firmas multiplicadoras de las ganancias puede ayudar a clarificar la mejor estrategia de disuasión para los gobiernos.

Pero, la analogía entre la mafia y las empresas no puede por si sola explicar el desarrollo de la “mafia global”. Por ello debe apelarse a otro tipo de interpretaciones. En los bastiones del crimen organizado, como en Rusia, las principales actividades del Estado parecen haber sido usurpadas. Con un poder de coerción casi monopólico, la mafia proporciona una estructura relativamente estable dentro de la cual se desarrollan actividades tanto legales como ilegales.

Sus miembros garantizan un imperio de la ley -o algo muy similar- y un sistema para resolver controversias, y se convierten en distribuidores del dispendio gubernamental. A cambio garantizan un apoyo financiero a los políticos solidarios.[xxx]

En síntesis, podría decirse que el actual auge de la mafia global corresponde a la descripción que, en 1975, consignaba la Gran Enciclopedia Soviética de 1975, al decir que “El crimen constituye la característica de las sociedades basada en la propiedad privada, la explotación y la desigualdad social”.







[i] LARA, Juan: “Gali: el crimen organizado aprovecha la debilidad de los estados”. Cable de agencia EFE, del 21 de noviembre de 1994.
[ii] VERVILLE, Elizabeth: “Estados Unidos se une a la Convención Mundial Contra el Crimen Organizado Transnacional”. Artículo publicado en “Cuestiones Mundiales” Periódico Electrónico del Departamento de Estado de Estados Unidos. Agosto de 2001, Vol. 6, Nº 2. p.8
[iii] PORTEOUS, Samuel: “La amenaza del crimen transnacional: una perspectiva de inteligencia”. Traducción de la Escuela Nacional de Inteligencia. Bs. As. 1999. Archivo del autor.
[iv] RESA NESTARES, Carlos: “Crimen organizado transnacional: definición causas y consecuencias”. Universidad Autónoma de Madrid. Investigación publicada en http://www.uam.es/personal_pdi/economicas/cresa/text11.html Pág. 7.
[v] [v] RESA NESTARES, Carlos: “Crimen organizado transnacional: definición causas y consecuencias”. Universidad Autónoma de Madrid. Investigación publicada en http://www.uam.es/personal_pdi/economicas/cresa/text11.html. Pág. 7.
[vi] DUARTE, Roberto Eleuterio: “La globalización y el riesgo del crimen organizado transnacional”. Ponencia publicada en http://www.enee.ser2000.org.ar/penenciasiv/duarte.htm Pág. 5.
[vii] DUARTE, Roberto Eleuterio: Op. cit. Pág. Pág. 5.
[viii] RESA NESTARES, Carlos: “Crimen organizado transnacional: definición causas y consecuencias”. Universidad Autónoma de Madrid. Investigación publicada en http://www.uam.es/personal_pdi/economicas/cresa/text11.html
[ix] SANDOVAL, Mario: “Impactos de los conflictos de baja intensidad y las amenazas no militares en la seguridad internacional del año 2000. Aspectos actuales y perspectivas”. Disertación presentada en el marco del “Seminario Seguridad Internacional y Conflictos de Baja Intensidad”, realizado por el ISCO el 24 de junio de 1999. Publicado en http://www.ba.ucsa.edu.ar/isco/doc/Se4.htm Pág. 3.
[x] NUNZI, Alfredo: “The elaboration of the United Nations convention against Transnational Organized Crime”, presentado por ISISC en el XVI Congreso Internacional de Derecho Penal, Budapest, Hungría, septiembre de 1999. Citado en LLERENA, Patricia Marcela: “La criminalidad organizada transacional y finanzas”. Reforma Legal y Justicia y Control de la Corrupción en América Latina y el Caribe. Programa de educación para Bolivia, Colombia, Ecuador, Guatemala, México y Perú. Del 23 de mayo al 3 de julio de 2002.
[xi] MIRANDA, Juan: “Crimen transnacional organizado, globalización y comercio sexual: aproximaciones preliminares”. Monografía publicada en http://www.monografias.com/trabajos7/crimen/crimen.shtml. Pág. 2.
[xii] FAUS, Joan: “Los sobrinos de Maduro detenidos en EE. UU. Admiten integrar una red de narcotráfico”. Artículo publicado en el diario El País, Madrid 25/7/2012
[xiii] RABAGO, Joaquín y Attila NAHY: “Mafias rusas, chinas y otras se dedican al tráfico de emigrantes”. Cable de la Agencia EFE, del 25 de junio de 1995.
[xiv] AMBITO FINANCIERO: Bs. As. 22/2/1996. P.6.
[xv] DIARIO INFOBAE: “El negocio de la Argentina trucha”, Artículo publicado en Bs. As. el 12/02/05 en http://www.infobae.com/nota/nota_imprimir.php?Idx=1666797
[xvi] HRISTY, Bryan: “Devoción marfil”. Artículo publicado en la revista National Geographic en español, Vol. 31, N| 4, Ocubre de 2012. Ps. 2 a 34.
[xvii] LA NACIÓN: “Miles de elefantes abatidos por el comercio de marfil”. Artículo publicado en http://www.lanacion.com.ar Bs. As. 15/03/05.
[xviii] ARTHUR, Charles: diario Ámbiyo Financiero, Bs. As. 26/11/1997.
[xix] DIARIO CLARÍN: “Cae una banda de la Cosa Nostra que traficaba uranio”. Bs. As. 21/3/98, p. 40.
[xx] ELLIOT, Michael, Douglas WALLER y otros: “Mafia global”, artículo de tapa de Newsweek, del 13 de diciembre de 1993. p. 12
[xxi] ELLIOT, Michael, Douglas Waller y otros: op. cit. p. 13
[xxii] WILLIAMS, Phil: “Crimen organizado y crimen cibernético: sinergias, tendencias y respuestas”. Artículo publicado en “Cuestiones Mundiales”, periódico electrónico del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Agosto de 2001. Vol. 6. Nº 2, p. 23.
[xxiii] DEPARTAMENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA: “Estrategia nacional para el control de drogas”, Washington. Febrero de 1991. P. 8
[xxiv] ARLACCHI, Pino: “Las naciones forjan alianzas para detener el crimen organizado”. Artículo publicado “Cuestiones Mundiales”, periódico electrónico del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Agosto de 2001, Vol. 6, Nº 2. p. 28
[xxv] ARLACCHI, Pino: ob. cit. p. 29
[xxvi] VARIEDADES DE MARIHUANA: La variedad Pino es de origen asiático y se cultivan en el sur de la Argentina. La planta es más pequeña que la normal, pero más potente. La variedad Scam surge de una mezcla de plantas colombianas y peruanas que fue desarrollada en Holanda en la década de los años 80.
[xxvii] SAGASTI, Ramiro: “Cayó una banda que recibía pedios telefónicos y vendía droga a domicilio”. Artículo publicado en http://www.lanacion.com.ar Bs. As. 7 de agosto de 2004. ps. 1 a 4.
[xxviii] PROVINCIA DE MISIONES: “Anuario narcotráfico 2003”. Informe publicado en http://www.igeo.ufrj.br/fronteiras/anuario2003/incautaciones_de_cocaina.htm
[xxix] MARINO, Giuseppe Carlo: “Historia de la mafia. Un poder en las sombras”. Ed. Vergara. Bs. As. 2002. p. 101
[xxx] LA NACIÓN: reproducción de un artículo de “The Economist”, con el título de “La mafia estudiada por economistas”. Traducción de L. H. Pressenda. Bs. As. 11 de febrero de 1996.

miércoles, 19 de octubre de 2016

LA GEOPOLÍTICA DE HENRY KISSINGER



Denostado por unos, admirado por otros, Henry Kissinger ha sido una figura central en la política internacional del último medio siglo. Hoy a los 91 años el ex Asesor de Seguridad Nacional y Secretario de Estado durante las administraciones de Richard Nixon y Gerald Ford (1969 – 1976), es el último gran exponente vivo de la geopolítica estadounidense.

UNA VIDA INTENSA

En 1938 llegaba a los Estados Unidos un joven judío alemán que se refugiaba allí, junto a su familia, de los horrores del nazismo y sus campos de exterminio. En ese entonces nadie podía imaginar que ese inmigrante adolescente estaba destinado a ocupar los más altos cargos que un extranjero puede alcanzar en los Estados Unidos.

Tampoco se podía imaginar que el joven Heinz Alfred Kissinger sería uno de los estadistas más brillantes del siglo XX y que estaba destinado a moldear la política mundial de la Guerra Fría.

Su accionar siempre estuvo orientado por el “realismo” más absoluto, la razón de Estado y la búsqueda de un orden internacional estable.

Por último, Kissinger fue el pensador y académico que logró rescatar a la “geopolítica” de todos aquellos que la condenaban por considerarla una “ciencia nazi”. El Dr. Kissinger empleó el término “geopolítica” centenares de veces en los documentados tres tomos de memorias y en artículos y otras contribuciones académicas.   

Nació con el nombre de Heinz Alfred Kissinger nació en Fuerth, Alemania, en 1923. A los quince años emigró con su familia a los Estados Unidos escapando de la persecución nazi a los judíos. Allí realizó una brillante carrera académica y política. En 1943 debió interrumpir sus estudios en Harvard al nacionalizarse (oportunidad en que cambió su nombre de Heinz por Henry) y ser reclutado por el Ejército estadounidense. Sirvió como traductor en la inteligencia militar de la 84ava. División de Infantería. Su brillante desempeño lo llevó a desempeñar en tareas de contrainteligencia para la Oficina de Servicios Estratégicos –Office Strategic Service- el organismo de inteligencia estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial precursor de la Agencia Central de Inteligencia.
Vuelto a la vida civil, recibió el grado Summa del Bachillerato en Artes Cum Laude en la Universidad de Harvard en 1950, la Maestría en 1952 y el Doctorado en Ciencias en 1954. Comenzó luego una intensa actividad profesional donde alternó la docencia con el asesoramiento a distintas esferas del gobierno americano.

Entre 1954 y 1971 se desempeñó como profesor del Departamento de Gobierno y del Centro para los Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard. Entre 1957 y 1960 fue Director Asociado del Centro para los Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard. Entre 1955 y 1956 fue Director de Estudios del Programa de Armas Nucleares y Política Exterior del Consejo para las Relaciones Exteriores. Entre 1956 y 1958, fue Director de Estudios Especiales de la Fundación Rockefeller.

Entre los principales cargos que desempeñó en el gobierno de los Estados Unidos figura el de Asesor del Departamento de Estado (1965 – 1966), Asesor sobre el Control de Armamentos para la Agencia de Desarme (1961 – 1968). Funcionario del Consejo de Seguridad Nacional (1961 – 1962). Miembro del Grupo de Análisis de las Prestaciones del Sistema de Armas de la Junta de Comandantes en Jefe (1959 – 1960). Se desempeñó como Consejero para Asuntos Internacionales y de Seguridad Nacional y secretario particular del presidente Richard Nixon, desde enero de 1969. Fue el principal negociador de la reconciliación China - EE.UU., culminada con la visita de Nixon a Pekín -1971-, de las distensiones con la Unión Soviética, y de la paz en Vietnam, tras arduas gestiones con el gobierno de Hanói en París.

Ha sido presidente del Consejo de Seguridad Nacional (1969 – 1976) y secretario de Estado (1973 – 1977). En 1983, el presidente Ronald Reagan lo nombró presidente de la Comisión Bipartidaria para América Central del gobierno de los Estados Unidos.

Desde 1977 se ha desempeñado como profesor de Diplomacia de la Universidad de Georgetown. Transcurridos cinco años desde el momento en que dejó el cargo de Secretario de Estado, Henry Kissinger creó una firma de consultoría en “diplomacia pública” denominada “Kissinger Associates” para mejorar la imagen internacional de algunos gobiernos o apoyarlos en promocionar ciertas causas. También desarrollo una fecunda actividad como conferencista, escritor y analista periodístico en diversas publicaciones internacionales.

A lo largo de su vida a recibido numerosas distinciones académicas y diplomáticas entre las que cabe mencionar que se le concedió el premio Novel de la Paz en 1973, compartido con el norvietnamita Le Duc Tho. En enero de 1977 fue condecorado con la medalla presidencial de la Freedom y en 1986 la medalla Liberty. La Academia Diplomática de Rusia reconociendo sus méritos como un intelectual de gran influencia en el mundo, le otorgó el título de “Doctor Honoris Causa” y la prestigiosa revista Forbes lo incluyó entre los cien intelectuales más prestigiosos del planeta.
Entre sus múltiples publicaciones se cuentan: “Armas nucleares y política exterior” (1957), “La necesidad de una elección”, “Política exterior americana”,Un mundo restaurado: Metternich, Castlereagh y los problemas de la paz: 1812 y 1822” (1957), “Memorias” (1977 y 1982), “¿Crisis en la seguridad europea?”, “Diplomacia” (1994), “China” (2012), “Orden mundial (2014) y numerosos artículos.[i]

La visión geopolítica de Kissinger se deriva de su análisis de la Europa de principios del siglo XX. En A Worls Restores -Un mundo restaurado-, basado en su tesis doctoral, Kissinger escribió: “El éxito de la ciencia física depende de la selección del experimento crucial; el de la ciencia política en el campo de los asuntos internacionales, en la selección del período crucial. He elegido para mi tópico el período que va de 1812 a 1822, en parte, soy franco en decirlo, porque sus problemas me parecen análogos a los de nuestro tiempo. Pero no insisto en esta analogía.”

La fascinación de Kissinger con este período se basa en las reflexiones que pueden ofrecer acerca del ejercicio del poder hombres de Estado tales como Castlereagh y Metternich para el desarrollo de una estructura internacional que contribuyó a la paz en el siglo que va entre el Congreso de Viena y el estallido de la Primera Guerra Mundial. Kissinger estudió la naturaleza y calidad del liderazgo político, el efecto de las estructuras políticas internas y la relación entre política diplomática y militar en los sistemas internacionales estables y revolucionarios.

Como ha escrito Stephen R. Graubard: “Kissinger consideraba fundamental la elección para todo el proceso político. Era de la mayor importancia para él que un Estado dado optara por una política específica por un motivo más que por otro; porque su burocracia determinaba que sólo había un curso de acción seguro; porque sus líderes estaban ansiosos de probar las reacciones del adversario; porque la opinión interna exigía una política específica; porque el liderazgo político estaba confundido y veía la necesidad de crear la ilusión de que todavía era capaz de acción.”[ii]

Remitiéndose en gran medida el período 1815 - 1822, Kissinger postula que la paz se logra no como un fin en sí mismo, sino que por el contrario emerge como el resultado de un sistema internacional estable, por contraste con uno revolucionario. En consecuencia, Kissinger desarrolla dos modelos para el estudio de la política internacional: primero, un sistema estable y segundo, un sistema revolucionario. Plantea, que la estabilidad ha sido el resultado no ya “de la búsqueda de la paz, sino de una legitimidad general aceptada.” Según la definición de Kissinger, legitimidad significativa “no más que un acuerdo internacional acerca de la naturaleza de los arreglos factibles y sobre las metas permisibles y los métodos de la política internacional.” La legitimidad implica una aceptación del marco de orden internacional por parte de todas las grandes potencias. El acuerdo entre las grandes potencias respecto del marco del orden internacional no elimina los conflictos, pero limita su alcance. El conflicto dentro del marco ha sido más limitado que el conflicto acerca del marco. La diplomacia, a la que Kissinger define como “ajuste de diferencias a través de la negociación”, se vuelve posible sólo en los sistemas internacionales donde “la legitimidad rige”. En el modelo de Kissinger, el objetivo primordial de los agentes nacionales no es preservar la paz. De hecho, “siempre que la paz -concebida como elusión de la guerra- ha sido el objetivo primordial de una potencia o un grupo de potencias, el sistema internacional ha estado a merced del miembro más brutal de la comunidad internacional.” Por contraste, “toda vez que el orden internacional ha reconocido que en ciertos principios no podía transarse siquiera en aras de la paz, la estabilidad basada en un equilibrio de fuerzas al menos era concebible.”

Se puede derivar del modelo de estabilidad de Kissinger una comprensión de las características de un orden mundial revolucionario. Cualquier orden en el cual una gran potencia está tan insatisfecha que busca transformar dicho orden, es revolucionario. En la generación anterior a 1815, la Francia revolucionaria presentaba un gran desafío al orden existente. “Las disputas no se referían más al ajuste de diferencias dentro de un marco aceptado, sino a la validez del marco mismo; la lucha política se ha vuelto doctrinal; el equilibrio de poder que había operado de forma tan intrincada a lo largo del siglo XVIII súbitamente perdió su flexibilidad y el equilibrio europeo pasó a parecer una protección insuficiente para las potencias enfrentadas con una Francia que proclamaba la incompatibilidad de sus máximas políticas con las de los demás estados.”

Rastreando la diplomacia de las potencias europeas entre 1812 y 1822, Kissinger llega a la conclusión de que la restauración de un orden estable depende de varios factores:

          1.- La disposición de los que apoyan la legitimidad a negociar con una potencia revolucionaria mientras que al mismo tiempo están preparados a usar el poder militar.

          2.- La capacidad de los defensores de la legitimidad de eludir el estallido de una guerra total, dado que tal conflicto amenazaría el marco internacional que las potencias partidarias del statu quo quieren mantener.

          3.- La capacidad de las unidades nacionales de usar medios limitados para lograr objetivos limitados. Ninguna potencia está obligada a rendirse incondicionalmente; las potencias derrotadas en una guerra limitada no se eliminan del sistema internacional. Ninguna potencia, sea victoriosa o derrotada, está completamente satisfecha o completamente insatisfecha. Las limitaciones planteadas a los medios y metas hacen posible la restauración de un equilibrio de poder entre los vencedores y los vencidos.

En otros escritos, Kissinger ha aplicado conceptos derivados de su estudio de la historia diplomática europea de principios del siglo XX al sistema internacional contemporáneo. Los problemas planteados por el gran potencial destructivo de las armas nucleares fue una gran preocupación para él. Como en el pasado, es necesario para las naciones desarrollar medios limitados a fin de lograr objetivos limitados. “Una política militar de todo o nada... jugaría en manos de la estrategia soviética de la ambigüedad, que busca molestar el equilibrio estratégico en pequeños grados y que combina presiones políticas, psicológicas y militares para inducir al mayor grado de incertidumbre y hesitación en la mente del oponente.” Si los encargados de trazar políticas americanas han de tener otra opción que “las temidas alternativas de rendirse o suicidarse”, deben adoptar conceptos de guerra limitada derivados de la experiencia de la guerra del siglo XIX. En ese momento el objetivo de la guerra “era crear un cálculo de riesgos según el cual la constante resistencia apareciera como más costosa que los términos pacíficos que se buscaba imponer.” Una estrategia de guerra limitada le daría a Estados Unidos los medios “de establecer una relación razonable entre el poder y la disposición a usarlo, entre los componentes físicos y psicológicos de la política nacional.”

Escribiendo en los años sesenta, Kissinger planteaba que si Estados Unidos tenía que eludir las rígidas alternativas del suicidio o la rendición, debía tener tanto fuerzas convencionales como armas nucleares tácticas en gran escala. Kissinger estableció tres requisitos para las capacidades de guerra limitada:

          a.- Las fuerzas de guerra limitadas deben ser capaces de impedir que el agresor potencial cree un fait accompli.

          b.- Deben ser de naturaleza tal que convenzan al agresor de que su uso, si bien invoca un creciente riesgo de guerra total, no es un preludio inevitable a ella.

          c.- Deben acompañarse con una diplomacia que tenga éxito en comunicar que una guerra total no es la única respuesta a la agresión y que existe una disposición a negociar un acuerdo que no sea la rendición incondicional.

Si las naciones han de desarrollar una estrategia de guerra limitada deben desarrollar una comprensión de aquellos intereses que no amenazan la supervivencia nacional. Los encargados de tomar decisiones deben poseer la capacidad de contener a la opinión pública si surge el desacuerdo acerca de si la supervivencia nacional está en juego. Dada una comprensión tácita entre las naciones acerca de la naturaleza de los objetivos limitados, es posible librar tanto conflictos convencionales como guerras nucleares limitadas sin que escalen hacia una guerra total.

En el ajuste de las diferencias entre naciones, Kissinger le asigna un papel importante a la diplomacia. Históricamente, la negociación se vio ayudada por las capacidades militares que una nación podía aplicar si la diplomacia fracasaba. El amplio aumento de capacidad destructiva ha contribuido a la perpetuación de las disputas. “Nuestra era enfrenta el problema paradójico de que debido a que la violencia de la guerra ha crecido fuera de toda proporción con los objetivos que se busca conseguir, no se ha resuelto ningún tema.”

Más aún, la reducción en el número de potencias que tienen una fuerza de aproximación equiparable, ha aumentado la dificultad de conducir la diplomacia: “En la medida en que ninguna nación era lo suficientemente fuerte como para eliminar a todas las otras, cambiar de coalición podría usarse para ejercer presión o dirigir el apoyo. Sirven en un sentido como sustitutos del conflicto físico. En los períodos clásicos de diplomacia de gabinete del siglo XVIII y XIX, la flexibilidad diplomática de un país y su posición de negociación dependen de su disponibilidad como socio para tantos otros países como sea posible. Como resultado, ninguna relación se consideró permanente y ningún conflicto fue llevado hasta sus últimas consecuencias.”[iii]

“Si bien se produjeron guerras, las naciones no arriesgaron la supervivencia nacional y pudieron, por el contrario, usar medios limitados para lograr objetivos limitados.”

Kissinger ve con desagrado la inyección de ideología en el sistema internacional. La ideología no sólo contribuye al desarrollo de objetivos nacionales ilimitados, sino que eventualmente crea estados cuyas metas son derrocar al sistema internacional existente. En ausencia de acuerdo entre las potencias acerca del marco del sistema -o su legitimidad-, la conducción de la diplomacia se vuelve difícil, aun imposible. De allí el énfasis de la política exterior Nixon - Ford - Kissinger en crear una estructura estable para el sistema internacional: “Todas las naciones, adversarias y amigas por igual, deben tener una participación en la preservación del sistema internacional. Deben sentir que sus principios se repiten y sus intereses nacionales se aseguran. Deben, en resumen, ver un incentivo positivo para mantener la paz, no sólo los peligros de quebrarla.”

Semejante concepción para fines del siglo XX se remitía con fuerza al marco teórico desarrollado por Kissinger en A World Restored. Más aún, su búsqueda, como encargado de trazar una política para un sistema internacional estable, se remitía a la creencia en la necesidad de un “cierto equilibrio entre potenciales adversarios”; es decir, Estados Unidos y Unión Soviética. En sus memorias, Kissinger escribió: “Si la historia nos enseña algo es que no puede haber paz sin equilibrio y no puede haber justicia sin restricción.” Pero el sistema global de los años setenta difería substancialmente del de principios del siglo XIX descripto por Kissinger en A World Restored.

“El concepto clásico de equilibrio de poder incluía constantes maniobras para obtener ventajas marginales respecto de los demás. En la era nuclear, esto no es realista debido a que cuando ambos lados poseen un poder tan enorme, los pequeños incrementos adicionales no pueden traducirse en ventaja tangible o siquiera en fuerza política utilizable. Y es peligroso porque los intentos por obtener ganancias tácticas pueden llevar a una confrontación, lo que sería una catástrofe”.[iv]

Sin embargo, el concepto de equilibrio de poder impregnó la política exterior de Estados Unidos en este período: la apertura a China fue un medio, en parte al menos, de ejercer influencia en la Unión Soviética para que mitigara las tensiones entre Washington y Moscú en la llamada diplomacia de la détente; inclinarse hacia Pakistán en la guerra con la India en 1971 y presionar para un cese el fuego y una interrupción del combate entre las fuerzas en la guerra de octubre de 1973, cuando Israel estaba a punto de destruir lo que quedaba del ejército egipcio. Cada uno de estos ejemplos ilustra un elemento central de la teoría del equilibrio de poder, es decir, apoyar al más débil de dos protagonistas a fin de detener el ascenso del más fuerte.

Como Secretario de Estado, Henry Kissinger propuso varias iniciativas pensadas para reforzar la cohesión de la Alianza Atlántica, si bien su concepción de un mundo de varios centros de poder, el énfasis puesto en la flexibilidad diplomática y la sorpresa y la necesidad percibida de desarrollar una forma de diplomacia de detente tanto con la Unión Soviética como con la República Popular China, crearon formidables problemas a principios de los años setenta para las relaciones de alianza de Estados Unidos, tanto con Europa Occidental como con Japón. El dilema era el de mantener y reforzar el vínculo con los aliados, mientras se buscaban nuevas relaciones bilaterales con los adversarios, contra los cuales las alianzas se formaron originariamente. En especial, luego de la guerra de octubre de 1973, Kissinger vio la necesidad de desarrollar marcos entre Estados Unidos, Europa Occidental y Japón para la resolución de problemas tales como el suministro de energía y otros temas globales de fines del siglo XX. Entre 1973 y 1977, Estados Unidos tomó iniciativas tendientes a establecer la Agencia Internacional de Energía, manteniendo negociaciones comerciales multilaterales y creando un diálogo entre países industrializados y en desarrollo, entre estados productores y consumidores y entre países industrializados, simbolizados en encuentros cumbres de jefes de gobierno para discutir importantes temas económicos.

Kissinger, como muchos de los pensadores que suscriben a la realpolitik, ha pretendido separar la política interna de la política exterior. Opinaba que la conducción de una diplomacia eficaz era difícil, sino imposible, si debía someterse en su concepción y ejecución, al constante escrutinio de la opinión pública en una democracia como la de Estados Unidos. La flexibilidad, característica del estilo diplomático de Kissinger, puede lograrse en secreto más fácilmente que en un proceso político abierto a la luz de la publicidad.

A diferencia de quienes suscriben el idealismo o utopismo wilsoniano, Kissinger no busca transformar las estructuras políticas internas, en la creencia que los sistemas políticos democráticos son un prerrequisito para un mundo pacífico: “Nunca estaremos de acuerdo con la supresión de las libertades fundamentales. Instaremos al respeto de los principios humanitarios y usaremos nuestra influencia para promover la justicia. Pero el tema llega hasta los límites de tales esfuerzos. ¿Con cuánta fuerza podemos presionar sin provocar a la dirigencia soviética a que vuelva a prácticas en su política exterior que aumentan las tensiones internacionales?... Durante medio siglo hemos objetado los esfuerzos comunistas por alterar la estructura interna de otros países. Durante una generación de Guerra Fría buscamos compensar los riesgos producidos por las ideologías en competencia. ¿Daremos ahora una vuelta de trescientos sesenta grados e insistiremos en la compatibilidad interna del progreso?”[v]

Aquí la concepción geopolítica de Kissinger contrasta con la visión de que una precondición para el desarrollo de una relación estable con la Unión Soviética es la transformación de su sistema político a fin de que se adecue a los principios de los derechos humanos y la libertad política valoradas en Occidente. Como máximo, calmar las tensiones entre Estados es un proceso complejo que depende de la diplomacia, el interés mutuo y “un fuerte equilibrio militar y una postura de defensa flexible.” En resumen, la política exterior debería basarse en el poder y el interés nacional, más que en principios moralistas abstractos o en cruzadas políticas.

Sin embargo, en la visión geopolítica de Kissinger, la estructura política interna de los estados es un elemento clave. Sus modelos de sistema estable y revolucionario de política internacional señalados antes, están vinculados con las estructuras políticas internas y se basan en nociones compatibles respecto de los medios y metas de política exterior. Por definición, los gobiernos con estructuras políticas internas estables no recurren a políticas exteriores revolucionarias o aventureras para restaurar o preservar la cohesión interna. Por contraste, los sistemas revolucionarios contienen agentes cuyas estructuras políticas internas contrastan agudamente entre sí.

Kissinger plantea que “cuando las estructuras internas -y el concepto de legitimidad sobre el cual se basan- difieren ampliamente, los hombres de Estado todavía pueden cumplir, pero su capacidad para convencer se ha visto reducida pues ya no hablan más el mismo lenguaje... Pero cuando un Estado o más reclaman la aplicabilidad universal de su estructura particular, el cisma sin duda se vuelve profundo.”

Así Kissinger, en efecto, vincula su concepción de la estructura política interna no sólo con sus modelos de sistemas estables y revolucionarios, sino también con la noción de legitimidad planteada en A World Restored. Supuestamente, las estructuras políticas internas que son compatibles llevan al desarrollo de consenso o legitimidad, en el nivel internacional. Aquellas eras de estabilidad entre los estados coinciden con la presencia, en el nivel nacional, de estructuras políticas compatibles basadas en una proporción módica de estabilidad.

DIPLOMACIA

Su gran obra fue “Diplomacia”, publicada en 1994. Un monumental trabajo que en su edición en castellano[vi] abarca casi novecientas páginas distribuidas en treinta y un capítulos.

En esta obra Kissinger recrea las categorías geopolíticas que han sido su preocupación central en otros escritos: el equilibrio de poder, el realismo y el idealismo, el aislacionismo americano y los valores morales.
          
“Diplomacia” comienza y termina con dos capítulos en los que Kissinger analiza lo que denomina “Nuevo Orden Internacional”, es decir, el escenario internacional tal como ha quedado conformado después del fin de la Guerra Fría. En los veintinueve capítulos restantes Henry Kissinger se dedica a analizar la historia diplomática de las grandes potencias. Como en otros trabajos del ex Secretario de Estado, el análisis está focalizado en la política exterior implementada por algunas grandes figuras de la historia. Kissinger inicia el estudio de visión realista en política internacional con la “raison d’etat” enunciada por Armand Jean du Plessis, Cardenal de Richelieu en la primera mitad del siglo XVIII. Luego pasa a la “realpolitik” del canciller de hierro, Otto von Bismarck en el siglo XIX.
El estudio de la historia diplomática en el siglo XX ocupa la mayor parte del libro e involucra la política ejecutada por personajes como Woodrow Wilson, Franklin Delano Roosevelt, José Stalin, Winston Churchill, Dwight D. Eisenhower, Lyndon B. Johnson, Richard Nixon y Ronald Reagan.

Kissinger dedica cuatro capítulos a explicar la guerra de Vietnam y la diplomacia americana durante las administraciones de Richard Nixon y Gerald Ford. Época en que el autor ocupaba las más altas responsabilidades en la formulación de esa diplomacia.

Tal como se ha señalado, los capítulos primero y treinta y uno de “Diplomacia” incursionan en el futuro diseño del escenario internacional, debido a su mayor interés geopolítico y a necesidades de espacio se transcriben algunos párrafos del primer capítulo para ilustrar al lector sobre el pensamiento de Kissinger.

Comienza el Capítulo I diciendo: “Casi como efecto de alguna ley natural, en cada siglo parece surgir un país con el poderío, la voluntad y el ímpetu intelectual y moral necesarios para modificar todo el sistema internacional, de acuerdo con sus propios valores” … “En el siglo XX, ningún país ha influido tan decisivamente en las relaciones internacionales, y al mismo tiempo con tanta ambivalencia, como los Estados Unidos. Ninguna sociedad ha insistido con mayor firmeza en lo inadmisible de la intervención en asuntos internos de otros Estados, ni ha afirmado más apasionadamente que sus propios valores tenían aplicación universal. Ninguna nación ha sido más pragmática en la conducción cotidiana de su diplomacia, ni más ideológica en la búsqueda de sus convicciones morales históricas. Ningún país se ha mostrado más renuente a aventurarse en el extranjero, mientras formaba alianzas y compromisos de alcance y dimensiones sin precedente.”

“Las singularidades que los Estados Unidos se han atribuido durante toda su historia han dado origen a dos actitudes contradictorias hacia la política exterior. La primera es que la mejor forma en que los Estados Unidos sirven a sus valores es perfeccionando la democracia en el interior, actuando, así como faro para el resto de la humanidad; la segunda, que los valores de la nación imponen la obligación de hacer cruzada por ellos en todo el mundo. Desgarrado entre la nostalgia de un pasado prístino y el anhelo de un futuro perfecto, el pensamiento americano ha oscilado entre el aislacionismo y el compromiso, aunque desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hayan predominado las realidades de la interdependencia.”

“Ambas escuelas de pensamiento –de los Estados Unidos como faro y de los Estados Unidos como cruzado- consideran normal un orden global internacional fundamentado en la democracia, el libre comercio y el derecho internacional. Como tal sistema no ha existido nunca, a menudo su evocación les parece utópica, por no decir ingenua, a otras sociedades. Y sin embargo, el escepticismo extranjero nunca hizo mella en el idealismo de Woodrow Wilson, Franklin Roosevelt o Ronald Reagan o, de hecho, de ningún otro de los presidentes americanos del siglo XX. Si algo ha hecho, ha sido intensificar la fe del país en que es posible superar la historia, y que si el mundo realmente desea la paz, tendrá que aplicar las prescripciones morales de los Estados Unidos.” […]

“… en el naciente orden mundial…, por vez primera, los Estados Unidos no pueden retirarse del mundo ni tampoco dominarlo. Esta nación no puede modificar la forma en que ha concebido su papel a lo largo de su historia, ni lo desea.” […]

“Los imperios no tienen ningún interés en operar dentro de un sistema internacional aspiran a ser ellos el sistema internacional. Los imperios no necesitan un equilibrio del poder.” […] “En ningún momento de su historia han participado los Estados Unidos en un sistema de equilibrio de poder. Antes de las dos guerras mundiales se beneficiaron del funcionamiento del equilibrio de poder sin verse atrapados en sus maniobras, mientras se daban el lujo de censurarlo a su gusto. Durante la Guerra Fría, los Estados Unidos participaron en una lucha ideológica, política y estratégica con la Unión Soviética, en que el mundo de dos potencias operaba siguiendo principios totalmente distintos de los de un sistema de equilibrio de poder. En un mundo con predominio de dos potencias, nadie puede decir que el conflicto conducirá al bien común, todo lo que gane un bando lo perderá el otro. La victoria sin guerra fue, de hecho, lo que los Estados Unidos lograron en la Guerra Fría, victoria que ahora los ha obligado a enfrentarse al dilema que describió George Bernard Shaw: “Hay dos tragedias en la vida. Una consiste en no lograr lo que más se desea. La otra, lograrlo.”

“Los dirigentes americanos han dado por sentados sus valores hasta tal punto que rara vez reconocen lo muy revolucionarios y perturbadores que estos valores pueden parecerles a otros. Ninguna otra sociedad ha afirmado que los principios de la conducta ética se aplican a la conducta internacional, de igual manera que a individual: concepto exactamente opuesto a la raison d’etat de Richelieu. Los Estados Unidos han sostenido que prevenir la guerra es un desafío tanto jurídico como diplomático, y que no se resisten al cambio como tal, sino al método de cambio, especialmente al empleo de la fuerza. Un Bismarck o un Disraeli habrían ridiculizado la idea de que la política exterior consiste más en el método que en la sustancia, si es que la realidad la hubiese comprendido. Ninguna nación se ha impuesto a sí misma las exigencias morales que los Estados Unidos se han impuesto, y ningún país se ha atormentado tanto por el divorcio entre sus valores morales, que por definición son absolutos, y la imperfección inherente a las situaciones concretas a las que deben aplicarse.” […]

“El orden que hoy está surgiendo deberán edificarlo estadistas que representan culturas sumamente distintas. Administran enormes burocracias de tal complejidad que, a menudo, la energía de estos estadistas se gasta más atendiendo la maquinaria administrativa que definiendo un propósito. Han llegado a la cumbre del poder por unas cualidades que no siempre son las necesarias para gobernar y son aún menos apropiadas para edificar un orden internacional. Y el único modelo que tenemos de un sistema multiestatal fue construido por las sociedades occidentales, que muchos de los participantes podrían repudiar.” […]

“El estudio de la historia no nos ofrece un manual de instrucciones que pueda aplicarse automáticamente: la historia enseña por analogía, dándonos luz sobre las probables consecuencias de situaciones comparables. Más cada generación deberá determinar por sí misma cuáles circunstancias de hecho son comparables.”

Kissinger finaliza el primer capítulo con una interesante comparación entre las tareas del analista y del ejecutor de la política internacional. Dice este autor: “Los intelectuales analizan las operaciones de los sistemas internacionales; los estadistas los construyen. Y hay una gran diferencia entre la perspectiva de un analista y la de un estadista. El analista puede elegir el problema que desea estudiar, mientras que los problemas del estadista se le imponen. El analista puede dedicar todo el tiempo que juzgue necesario para llegar a una conclusión clara: para el estadista, el desafío abrumador es la presión del tiempo. El analista no corre riesgos. Si sus conclusiones resultan erróneas, podrá escribir otro tratado. Al estadista sólo se le permite una conjetura; sus errores son irreparables. El analista dispone de todos los hechos: se le juzgará por su poder intelectual. El estadista debe actuar basado en evaluaciones que no pueden demostrarse en el momento en que las está haciendo, será juzgado por la historia según la sabiduría con que haya conservado la paz. Por todo ello, examinar cómo estadistas se han enfrentado al problema del orden mundial –qué funcionó bien, o qué no funcionó, y por qué- no es el fin de comprender la diplomacia contemporánea, aunque sí pueda ser un principio.”

CHINA

En su libro de 2012, China, Kissinger ofrece un recorrido muy buen documentado desde los orígenes de la cultura china, anclada en un pasado infinito, hasta nuestros tiempos. Nos conduce por la expansión económica que vive este país, el cual, desde antaño, se ha considerado a sí mismo el centro del mundo y a todos los que provenían de fuera del Reino Medio, “bárbaros”.

Mientras actualmente muchos debaten sobre el papel geopolítico de China en el nuevo orden mundial, Kissinger proporciona una visión privilegiada, que puede resumirse mediante la creencia que define la forma en que hasta ahora el gigante asiático percibía su rol en el contexto internacional: “El mundo no puede ser conquistado. Los gobernantes sabios únicamente esperan armonizarse con sus tendencias.” Durante las tres últimas décadas, hemos sido testigos de la increíble transformación que ha vivido este país, que ha pasado de ser la “fábrica del mundo” a uno de los mercados más atractivos para cualquier tipo de negocio. Es un proceso que culminará en 2018 cuando, según las previsiones de la OCDE, China se convierta en la principal potencia económica mundial.

Para poder comprenderlo en toda su magnitud, es recomendable acudir a los conocimientos de quienes tuvieron una visión privilegiada de los espacios donde se produjo buena parte de esta historia. Uno de estas figuras es, sin duda, Henry Kissinger  que ha contribuido a configurar las relaciones de China con Occidente. En este libro, el antiguo secretario de Estado nos acerca a la historia de un país que conoce muy de cerca por haberlo visitado en setenta y ocho oportunidades.

Partiendo de la idea de que las principales líneas de una sociedad están dibujadas por los valores que definen sus objetivos más elevados, Kissinger ofrece un excelente análisis de la sociedad, la cultura y las costumbres de la civilización milenaria china, que durante la mayor parte de su historia vivió aislada del resto del mundo y se consideraba a sí misma el Reino Medio. Ninguna otra civilización moderna tiene una historia continua tan larga, en parte gracias a uno de los elementos más destacados en el complejo sistema de valores chino: la continuidad.

El autor destaca este valor continuista de la tradición china explicando que, durante muchos siglos, cada nueva dinastía se acogía a los principios de gobierno de la dinastía previa para asegurar la continuidad, incluso cuando el cambio dinástico había sido el resultado de la conquista mediante la guerra. Para ilustrarlo, Kissinger acude al ejemplo de uno de los interlocutores que tuvo durante las negociaciones de acercamiento entre China y Estados Unidos, Deng Xiaoping, quien de víctima de la revolución cultural se convirtió en el sucesor y defensor de la China de Mao. “Una de las características más asombrosas del carácter de la gente de China es la manera en que muchos de ellos preservan su dedicación a la sociedad, independientemente de la agonía y de la injusticia que sufrieron”, señala Kissinger.

Tras un breve recorrido por la milenaria historia de China, Kissinger se centra en explicar, desde primera línea de los acontecimientos, los cambios políticos que acompañaron a las evoluciones prácticas, las reformas económicas y la apertura diplomática. A partir de documentos históricos y de las conversaciones mantenidas con los líderes chinos durante los últimos cuarenta años, examina el modo en que China ha abordado la diplomacia, la estrategia y la negociación a lo largo de su historia. Todo ello puede resumirse en un recorrido que va desde la voluntad de distanciamiento de la tradición confucionista que buscaba Mao hasta el regreso a Confucio durante la última década.

Según Kissinger, el punto de inflexión que llevó al gigante asiático a emprender un nuevo rumbo se puede resumir en la modernización de los cuatro sectores que subrayaba Zhou Enlai, su principal interlocutor y el primer ministro de Mao. Estos cuatro sectores son la industria, la agricultura, la defensa nacional y la tecnología. Posteriormente, encontraron continuidad en la iniciativa de Deng, que hizo especial hincapié en la ciencia, la mano de obra profesionalizada y, finalmente, el talento y la iniciativa individual, cualidades que estuvieron oprimidas durante el mandato de Mao. A pesar de varios episodios nefastos producidos por las decisiones de Mao, que llevaron a la población a un gran sufrimiento, los posteriores líderes chinos mantuvieron firme su compromiso con sus principales ideas.

En buena parte, gracias a la forma de entender los sucesos en su expresión cíclica, en que no hay acontecimientos aislados. Para ilustrarlo, el autor recoge las palabras de Mao: “El ciclo, que es infinito, evoluciona desde el desequilibrio hacia equilibrio, y al revés. Sin embargo, cada ciclo nos brinda un alto nivel de desarrollo. El desequilibrio es normal y absoluto, mientras que el equilibrio es temporal y relativo.” Se trata de un punto de vista que conviene tener en cuenta, ya que puede resultar muy útil en los tiempos actuales. Mediante la filosofía que reflejan estas palabras, Kissinger invita a entender el estilo de liderazgo en China, diciendo que la contribución distintiva de los líderes consiste en operar en los límites de lo que la situación permite. En este camino, la estrategia china muestra generalmente tres aspectos estratégicos: el análisis meticuloso de las tendencias a largo plazo, el estudio riguroso de las opciones tácticas y la exploración continua de las decisiones operacionales.

ORDEN MUNDIAL

En 2014, Henry Kissinger presento un nuevo libro titulado “Orden Mundial. Reflexiones sobre el carácter de las naciones y el curso de la historia”, editado en español por el Grupo Editorial Penguin Random House con traducción de Teresa Arijón, en 2016.
En su edición en castellano, Orden Mundial tiene 426 páginas divididas diez capítulos (incluidas sus conclusiones).
En este texto el antiguo Secretario de Estado repite muchas de las ideas anteriormente expuestas en sus obras “Diplomacia” y “China”, en especial su devoción por el estadista francés Armand-Jean Du Plessis, Cardenal de Richelieu y por el conde germano Otto Von Bismark.
En la revista española “Estudios de Política Exterior” N° 170, marzo – abril 2016, Manuel Muñiz publicó un artículo titulado: “La confusión de Estados Unidos en un mundo desordenado” donde realiza un pormenorizado y exacto análisis del último libro de Kissinger. Nos parece muy apropiado reproducir los aspectos más destacados de este análisis.
“Kissinger pretende con Orden mundial abordar la que él considera la cuestión central de nuestro tiempo: la forma y el contenido del orden mundial del siglo XXI. Para responder a esa pregunta, el autor mira al pasado y subraya los contornos de órdenes anteriores, ya que estos pueden ayudar a entender lo que deparan las próximas décadas. Los distintos casos de relevancia que destaca Kissinger tienen, a su parecer, una doble manifestación: un marco normativo que rige las relaciones internacionales y una distribución de fuerzas que lo sustenta. Ese binomio, que él denomina de legitimidad y poder, es la piedra angular de los distintos órdenes globales que han existido.
“Con el objetivo de identificar los ejemplos históricos relevantes, y fiel a su estilo enciclopédico, Kissinger recorre 2.000 años de historia y cubre la práctica totalidad de la geografía mundial. Nos lleva desde los orígenes del islam hasta la fundación de Estados Unidos, pasando por la Europa de la Reforma y destila la esencia de dos milenios de política exterior china.
“La conclusión fundamental de ese recorrido es que han existido, y en cierto sentido siguen existiendo, cuatro grandes modelos de orden global: el orden westfaliano europeo con los conceptos de soberanía nacional y equilibrio de poder como ejes centrales; el modelo islámico de régimen religioso global; el orden global chino que posiciona al “Reino del Medio” en el centro cultural y político de la comunidad internacional y; en último término, el orden global americano, basado en la creencia en ciertos valores y derechos inherentes al hombre y en la superioridad, práctica y moral, de la democracia como sistema de gobierno. Kissinger considera que estos cuatro modelos son globales porque tienen vocación de generalidad y se constituyen en auténticos códigos de conducta internacional.
“Las cuatro cosmovisiones (término que no utiliza Kissinger pero que tiene un significado análogo al concepto de orden global), difieren en cuanto a aspectos básicos de la comprensión del mundo. Las diferencias son sustantivas, pues afectan a la forma en que los poseedores de cada una de ellas abordan la realidad que les rodea, bien a través del prisma de lo objetivo y empírico, o bien a través de lo subjetivo y teológico. Esas diferencias se manifiestan (esto es lo que realmente interesa a Kissinger) en la forma que han dado a las sociedades en las que son hegemónicas y en sus pretensiones a la hora de definir el orden internacional. 
Orden europeo
“Kissinger mantiene que el orden europeo tiene su origen en la caída del imperio Romano en el siglo V. Con el fin del poder central del emperador romano se inicia un fraccionamiento de la autoridad política, y emerge la que el autor considera característica central de la política europea de los siguientes 1.500 años: la imposibilidad de que una única unidad política imponga su voluntad sobre el resto. Nace así la necesidad de construir equilibrios de poder y de respetar la existencia, autonomía y preferencias de otros. Esta realidad se termina codificando en los tratados de Westfalia del siglo XVII que a ojos de Kissinger recogen el orden global europeo; un orden compuesto por Estados soberanos y en permanente búsqueda de equilibrios de poder que garanticen la paz.
 Orden islámico
“La cosmovisión islámica del orden internacional descrita por Kissinger es radicalmente distinta de la europea, al dividir el mundo en dos realidades: la Casa del Islam, dar-al Islam, y el resto o dar-al harb. En la primera rige la ley de Alá y se vive en paz bajo la autoridad del califa, el heredero del profeta Mahoma. Fuera de sus fronteras la Casa del Islam debe luchar contra los infieles y extender la ley de Dios a todos los rincones de la Tierra. Ese esfuerzo sostenido de expansión de las fronteras del islam se denomina yihad y, aunque no implica un estado constante de guerra con otras culturas, sí prohíbe (así lo interpreta Kissinger) acuerdos de paz duraderos entre regímenes musulmanes y terceros.
“Según esta interpretación del mundo islámico, la creación de Estados en Oriente Próximo tras la caída del Imperio Otomano supuso una imposición del modelo europeo-westfaliano en una región donde el criterio definitorio de comunidad política había sido de corte estrictamente religioso. El islamismo moderno, e incluso la versión más radical del mismo que representa el Daesh, no se­rían pues más que intentos de recuperar una cosmovisión puramente islámica de la comunidad política, regida por un califa, y por principios religiosos y en constante conflicto con el infiel.
“El régimen de los ayatolás en Irán y su política internacional son para Kissinger ejemplos del carácter revolucionario de la cosmovisión islámica y de su objetivo último de, a través de acciones subversivas y amparándose en las garantías que le ofrece el sistema westfaliano, suplantar ese orden por uno de corte religioso.
 Orden chino
“Kissinger describe la génesis de la China moderna en términos similares al caso del nacimiento de los Estados de Oriente Próximo. Existía en Asia hasta el siglo XIX un orden regional, con pretensiones de globalidad, del que China ocupaba el centro y que se vio alterado por la llegada de los poderes europeos y su imposición de un modelo westfaliano.
“El emperador chino que gobernaba “Todo Bajo el Cielo” se vio obligado, después de repetidas derrotas militares a manos de los británicos, a aceptar el estatus de China de mero Estado en un orden internacional poblado por muchos otros. Tras las Guerras del Opio no volvería China a ser el centro de su propio orden global, ni a ocupar su cultura la centralidad que había creído ocupar durante más de 2.000 años. Kissinger alega que China no olvida el origen violento de su actual condición y deja la puerta abierta a que se convierta en un actor revisionista con deseos de recuperar la centralidad política.
 Orden americano
“El orden americano es descrito por Kissinger con clara pasión. Se refiere el libro a la importancia del concepto de la “ciudad que brilla en la cima de la colina”; la idea de que América es una sociedad excepcional, llamada a superar las limitaciones de anteriores comunidades políticas, sobre todo las europeas, y a guiar a otros pueblos hacia la libertad, la prosperidad y la democracia. Kissinger navega con inteligencia los matices en la historia de la política exterior de EEUU y dibuja dos grandes corrientes: una pragmática, encarnada por Theodore Roosevelt, que sin dejar de buscar la difusión de la democracia y los derechos individuales, entiende el equilibrio de poder y hasta cierto punto lo sostiene a través de una política exterior que busca no alterar el statu quo de forma acelerada, y otra, de tipo idealista, representada por Woodrow Wilson que desea transgredir y transformar el orden internacional a través de la creación de una comunidad de naciones con normas e instituciones internacionales.
“La tensión entre esas dos formas de hacer política exterior dio origen a una disciplina del conocimiento, las relaciones internacionales, y a sus dos escuelas principales, el realismo y el liberalismo. Por sus orígenes, esas escuelas tienden a reflejar las tensiones dentro de la cosmovisión dominante en esa parte del mundo. Cabe pues preguntarse si la propia disciplina, el marco heurístico bajo el cual se estudia el orden internacional, no es más que un producto de un orden específico, de una forma de aproximarse a la realidad y que, por tanto, ignora otras formas de entender el mundo. El intento de Kissinger es por ello particularmente valiente, ya que busca desbordar la hegemonía occidental y mostrar otras formas de hacer política internacional.
“La capacidad de síntesis de Kissinger es extraordinaria. Extrae de 2.000 años de historia cuatro grandes cosmovisiones que han dado forma a las relaciones internacionales.
“El libro suscita, sin embargo, algunas dudas, entre las que destacaría dos. La primera es de tipo empírico, y es que obvia una cosmovisión central para la comprensión del orden internacional moderno: el orden postulado por Francia a finales del siglo XVIII. De hecho, muchas de las características que el autor atribuye a los órdenes westfaliano y americano son de claro corte francés. Los conceptos de Estado moderno, de libertad, dignidad humana, derechos universales o democracia representativa son desarrollados en gran medida por pensadores franceses como Montesquieu, Diderot, Rousseau o Voltaire. El origen mismo de la Ilustración, una de las referencias del orden global americano que Kissinger describe, tiene un claro carácter francés. Si bien es cierto que estos órdenes se gestan antes y que América ha sido desde principios del siglo XX el gran defensor de aspectos fundamentales de ambos, su gestación se produce en la Francia revolucionaria.
“La segunda duda es de tipo conceptual, y se debe a la rigidez y falta de detalle en la definición de los órdenes globales. Kissinger enuncia grandes cismas entre culturas y los describe como hechos estáticos. Llega a decir que la historia es para los paí­ses lo que la personalidad es para los individuos: un corsé dentro del cual cada uno opera. No sorprende, por tanto, que su análisis histórico sirva para apuntalar la idea de que sus cuatro cosmovisiones han sobrevivido durante muchos siglos con cambios más bien superficiales.
“Sin embargo, si algo parece enseñarnos la historia es la mutabilidad de las comunidades políticas, así como de sus objetivos en las interacciones con terceros. Hay momentos en los que la propia argumentación de Kissinger parece doblegarse a esta realidad, como cuando acepta que Europa vivió periodos prolongados en los que fue dominante una visión acerca del orden mundial nada westfaliana. Los ejemplos que cita el propio Kissinger son los reinados de Carlos I y Felipe II de España, líderes que en muchas ocasiones se autodefinieron como la cabeza de una monarquía cristiana global. Algo similar sucede cuando Kissinger describe la aceptación por parte de China del orden westfaliano impuesto por los imperios occidentales. De hecho, China es hoy uno de los grandes defensores en el orden internacional de los principios de soberanía nacional, y de no injerencia en los asuntos internos de otros Estados, el corazón mismo de ese modelo. Esto podría cuestionar la sabiduría de dedicar una porción tan extensa del libro a un orden global, el chino, que parece ser significativo tan solo en términos históricos y deja al lector con dudas acerca de la perdurabilidad de estos órdenes, su fortaleza o fragilidad.
“El caso de la Europa contemporánea viene a ilustrar el problema de definición enunciado arriba. Es evidente que Europa, el lugar donde nace la cosmovisión westfaliana, lleva inmersa más de medio siglo en un proceso de construcción de un ente político, la Unión Europea, cuyo eje fundamental es la disolución de Estados soberanos en una unidad superior, que desactive cualquier fuente de conflicto entre ellos; es decir, en superar el modelo westfaliano. Es asimismo evidente que esa Unión tiene una clara cosmovisión, basada en la defensa de los derechos humanos, el derecho internacional y el libre mercado. Esto no solo demuestra la capacidad evolutiva de los órdenes globales promovidos por distintos actores políticos en distintos momentos de su historia, sino que además es una muestra de la interconexión, e incluso confusión, entre los órdenes sugeridos por Kissinger, ya que el orden europeo moderno tiene grandes similitudes con el orden americano. No es esto sorprendente, pues EE. UU. fue uno de los principales promotores del proceso de integración europea, sin duda una empresa que, a la vista de los hechos, debe entenderse como una gran victoria de la cosmovisión americana”.
Para cerrar esta revisión del pensamiento geopolítico de Henry Kissinger no podemos dejar de expresar nuestra admiración por un pensador que a los 91 años todavía tiene cosas por decir con coherencia y elegancia. Como los vinos de buena calidad, Kissinger parece mejorar con el paso del tiempo por lo tanto esperamos que aún pueda sorprendernos con un próximo trabajo.








[i] ESPASA CALPE: Espasa biografías: 1.000 protagonistas de la Historia.  Ed. Espasa Calpe. Madrid 1993. Pág. 237.
[ii] DOUGHERTY, James y Robert L. PZFALTZGRAFF: Op. Cit. Pág. 118. Ver también Daniel CASTAGNIN: Henry Kissinger y las bases de un nuevo sistema de política exterior norteamericana.  Artículo publicado en la revista Geopolítica. Bs. As. Págs. 62 a 65.
[iii] DOUGHERTY, James E. y Robert L. PFALTZGRAFF: Op. Cit. 119.
[iv] DOUGHERTY, James E. y Robert L. PZALTZGRAFF: Op. Cit. 112.
[v] DOUGHERTY, James E. y Robert L. PFALTZGRAFF: OP. Cit. Pág. 118.
[vi] KISSINGER, Henry: DiplomaciaEd. Fondo de Cultura Económica. México 1996.

martes, 18 de octubre de 2016

MACRI EN MEDIO DE UNA BATALLA EDUCATIVA

Por el Dr. Adalberto C. Agozino

La Argentina se ha convertido en un país paradojal donde la simple administración de una prueba de calidad educativa a los estudiantes primarios y secundarios se convierte inmediatamente en una contienda ideológica y política.

El operativo APRENDER 2016, aprobado por los 24 ministros que forman el Consejo Federal de Educación, para medir los conocimientos de los alumnos que finalizan la enseñanza primaria y media, ha desatado la fiera oposición de los gremios docentes que decidieron sabotear la medida desalentando la participación de sus afiliados y de los alumnos, revelando las preguntas del cuestionario, ocupando los establecimientos educativos y realizando protestas callejeras cortando el tránsito en la ciudad de Buenos Aires.

Los argumentos de los sindicalistas contra la evaluación son por lo demás precarios. El secretario general de SUTEBA, Roberto Baradel ha declarado: “Las pruebas fueron confeccionadas utilizando ítems de respuestas cerradas, condición que reduce al mínimo la retroalimentación (sic.) en las escuelas”.

La profesora Natalia Stoppani, desde el diario Página 12, cuestiona la evaluación por ser “una propuesta neoliberal” y agrega que una evaluación es correcta si la lleva a cabo el “ministro de Educación de Bolivia, Roberto Gómez Aguilar” y no lo es si la lleva a cabo “el ministro Esteban Bullrich”. Curiosos argumentos estos.

Es decir que para esta docente, un gobierno populista puede evaluar la educación y por el contrario, si la evaluación la lleva a cabo un gobierno legítimo y democráticamente elegido pero de otro signo político es “un golpe de la educación pública” que “no sirve de ninguna manera valorar los procesos de enseñanza”, tal como afirma Jorge Adaro, secretario general del gremio Adamys.

Quienes cuestionan, por ejemplo, la evaluación estandarizada a nivel nacional debido “a la diferencia de contextos socioeconómicos de los alumnos” parecen olvidar que los egresados del sistema educativo (tanto público como privado) reciben el mismo título nacional conforme al nivel que cursaron.

Acaso están sugiriendo que un alumno debe tener diferente nivel conocimientos sí egresa en Jujuy capital, en Ushuaia o en la ciudad de Buenos Aires. Siguiendo este razonamiento debería aceptarse que alguien ejerciera la medicina con diferente nivel de conocimientos e idoneidad debido a que egreso de una Facultad de Medicina en la provincia de La Rioja, en el Chaco o en Buenos Aires.

Si a todos los alumnos se les otorgan títulos nacionales de igual validez, que los habilitan para trabajar o seguir sus estudios en cualquier parte del territorio y en cualquier contexto socioeconómico del país, por qué no se los puede evaluar con el mismo cuestionario.
Acaso se ésta sugiriendo que los títulos nacionales tienen distinto nivel de exigencia conforme a la situación socioeconómico de los alumnos. Esto sería admitir que si un alumno es pobre, por su mera condición socioeconómica, obtendría su título con menores conocimientos de los que serían exigibles a un alumno de mayores recursos económicos.

Tal consideración sería cuando menos prejuiciosa y discriminatoria. Todo esto es poco serio. El problema con algunos sectores del progresismo en Argentina no son sus ideas sino la falta de idoneidad y el “infantilismo revolucionario” que impera en sus planteos.

En realidad, lo que ocurre es que los gremios docentes en Argentina están absolutamente ideologizados y en manos de dirigentes que hace décadas no pisan un salón de clase.
La oposición a la evaluación de la educación es parte del sabotaje sistemático de aquellos que pretenden ocultar la herencia educativa dejada por más de doce años de un ineficaz gobierno populista.

Son los mismos gremios que toleraron con un silencio cómplice la pauperización de los docentes durante los gobierno de Néstor y Cristina Kirchner.

Para la administración de Mauricio Macri resulta muy difícil avanzar en la solución de los problemas del país cuando cualquier medida de gobierno dispara sistemáticamente la oposición militante de los gremios y de los sectores de izquierda.

Cristina Fernández de Kirchner busca lograr la impunidad por los hechos de corrupción ocurridos durante su presidencia, para ello incita a sus militantes a que ataquen sin descanso al actual gobierno.

En consecuencia, los militantes kirchneristas apelan a prácticas de resistencia civil para jaquear al gobierno nacional y no darle descanso.

Esta conducta constituye un ataque a la gobernabilidad del país, un acto antidemocrático y hasta golpista.


El boicot a APRENDER 2016 no pretende cuestionar una medida desacertada o rectificar una política pública. Este comportamiento se inscribe dentro de un plan de más largo plazo: impedir que el gobierno de Mauricio Macri termine su mandato constitucional.