sábado, 31 de enero de 2026

Bruselas se alinea con Rabat



La Unión Europea avala la autonomía para el Sáhara y consolida a Marruecos como socio clave de estabilidad regional

La 15ª sesión del Consejo de Asociación entre Marruecos y la Unión Europea ha dejado algo más que un comunicado diplomático. Por primera vez, los Veintisiete han asumido de forma explícita que el plan marroquí de autonomía para el Sáhara constituye una de las soluciones “más realizables” al conflicto, al tiempo que han reconocido el papel del rey Mohammed VI como actor central en la estabilidad de Oriente Próximo. El gesto confirma un giro estratégico de Bruselas hacia Rabat en un contexto internacional marcado por la fragmentación y la incertidumbre.

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Buenos Aires.— El lenguaje de los comunicados europeos suele ser prudente, a veces deliberadamente ambiguo. Por eso, el texto adoptado al término de la 15ª sesión del Consejo de Asociación entre el Reino de Marruecos y la Unión Europea marca un punto de inflexión político. Al asumir que “una autonomía verdadera podría representar una de las soluciones más realizables” al conflicto del Sáhara, la UE abandona la equidistancia retórica y se sitúa, por primera vez de forma colectiva, en el terreno de las soluciones concretas.

La declaración, firmada por el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, y la alta representante de la UE para Política Exterior y de Seguridad, Kaja Kallas, recoge la exhortación del Consejo de Seguridad de la ONU a avanzar en negociaciones “sin condiciones previas” sobre la base del plan de autonomía presentado por Rabat. Pero su relevancia va más allá de la literalidad del texto: traduce el consenso político de los 27 Estados miembros y fija un nuevo marco de referencia para el debate europeo sobre el Sáhara.

Un respaldo con lectura estratégica

Hasta ahora, el apoyo al plan marroquí se había expresado de forma fragmentaria, país por país. España, Alemania, Francia o Países Bajos habían dado pasos significativos en esa dirección, pero Bruselas evitaba asumir una posición común. La adopción de este lenguaje supone, en la práctica, un aval político a la tesis de que el conflicto solo encontrará una salida realista dentro de la soberanía marroquí.

El movimiento no es ajeno al contexto internacional. La guerra en Ucrania, la inestabilidad persistente en el Sahel y la presión migratoria en el Mediterráneo han llevado a la UE a priorizar socios previsibles y estables en su vecindad sur. En ese esquema, Marruecos aparece como un actor indispensable: controla rutas migratorias clave, coopera en materia de seguridad y se ha convertido en un nodo energético y logístico de creciente importancia.

Para Rabat, el respaldo europeo se inscribe en una estrategia diplomática de largo aliento impulsada personalmente por el rey Mohammed VI. La cuestión del Sáhara se ha convertido en el eje estructurante de la política exterior marroquí, articulada en torno a reconocimientos graduales, alianzas estratégicas y una narrativa de estabilidad regional. La adopción de la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad en octubre de 2025 fue un primer hito; la posición común de la UE, un paso más en esa misma dirección.

El rey Mohammed VI y la proyección regional

El Consejo de Asociación también sirvió para reforzar el reconocimiento europeo al papel del monarca marroquí en escenarios más amplios. El comunicado conjunto subrayó el apoyo de la UE a la labor del Comité Al-Qods, presidido por Mohammed VI, y destacó su contribución a la búsqueda de una paz duradera en Oriente Próximo, basada en la solución de dos Estados.

En un momento en que la diplomacia internacional en la región parece atrapada entre la escalada militar y la parálisis política, Marruecos ha optado por una estrategia de mediación discreta y continuidad institucional. Para Bruselas, ese perfil refuerza la imagen del rey como un interlocutor fiable, capaz de mantener canales abiertos en un entorno volátil.

La UE también valoró positivamente la Iniciativa para los Estados Africanos Atlánticos, lanzada por Rabat en 2022, que reúne a 23 países ribereños con el objetivo de estructurar el Atlántico africano como un espacio de cooperación, seguridad y codesarrollo. La iniciativa encaja con las preocupaciones europeas sobre el Sahel, el Golfo de Guinea y las rutas marítimas estratégicas, y refuerza la percepción de Marruecos como proveedor de estabilidad regional.

Treinta años de asociación y un nuevo ciclo político

La reunión de Bruselas coincidió con el 30º aniversario del Acuerdo de Asociación UE-Marruecos, firmado en 1996. Tres décadas después, ambas partes coinciden en que el marco sigue siendo válido, pero necesita una actualización acorde con los nuevos desafíos geopolíticos, energéticos y de seguridad.

Marruecos se ha consolidado como socio privilegiado en la gestión migratoria, como destino prioritario de inversiones europeas y como referente regional en energías renovables. Para la UE, profundizar esta relación implica asumir también una mayor claridad política en cuestiones sensibles como el Sáhara.

Un mensaje político inequívoco

El comunicado del Consejo de Asociación no resuelve el conflicto saharaui, pero redefine los términos del debate europeo. Al respaldar la autonomía como solución “realizable” y reconocer el papel del rey Mohammed VI en la estabilidad regional, Bruselas envía un mensaje político inequívoco: la relación con Marruecos ya no se limita a la cooperación técnica, sino que se asienta sobre una convergencia estratégica cada vez más explícita.

En un Mediterráneo atravesado por crisis superpuestas, la UE parece haber optado por reducir ambigüedades y apostar por quienes ofrecen previsibilidad. Marruecos, gracias a una diplomacia paciente y sostenida desde el trono, emerge así no solo como vecino, sino como socio central del nuevo equilibrio euro-mediterráneo.

 

 

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