viernes, 17 de abril de 2026

África se alinea con Rabat: el plan de autonomía para el Sáhara gana terreno diplomático


 

El respaldo creciente de países africanos, reforzado desde el retorno de Marruecos a la Unión Africana y acompañado por señales de apoyo europeo, consolida el impulso internacional a una solución bajo soberanía marroquí

Buenos Aires — La cuestión del Sáhara, uno de los contenciosos más prolongados del sistema internacional, atraviesa una fase de renovado dinamismo diplomático en favor de Marruecos. El plan de autonomía presentado por Rabat ante Naciones Unidas, durante años defendido como una vía pragmática para cerrar el conflicto, está encontrando un respaldo cada vez más amplio en África, donde el regreso del reino a la Unión Africana en 2017 ha actuado como catalizador de una estrategia de reintegración política y económica que hoy comienza a rendir frutos visibles.

En las últimas semanas, dos países africanos han reiterado de manera explícita su apoyo a la posición marroquí, subrayando una tendencia que Rabat presenta como irreversible. La República Gabonesa reafirmó su respaldo a la “marroquinidad” del Sáhara y calificó el plan de autonomía como la única solución “creíble y realista”, en línea con la adopción de la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU, que consolida este enfoque como base de negociación.

En términos similares se pronunció Santo Tomé y Príncipe, cuya diplomacia reiteró su apoyo a la soberanía territorial de Marruecos sobre el Sáhara y destacó los avances socioeconómicos impulsados por Rabat en las denominadas Provincias del Sur, un argumento recurrente en la narrativa marroquí para legitimar su propuesta de autonomía.

Estos posicionamientos no constituyen episodios aislados. Forman parte de una estrategia más amplia desplegada por el rey Mohammed VI, basada en una intensa actividad diplomática en el continente africano, con acuerdos de cooperación, inversiones y una creciente red de alianzas políticas. Desde su retorno a la organización panafricana, Marruecos ha buscado reposicionarse como un actor clave en África occidental y central, desplazando progresivamente apoyos históricos al Frente Polisario y erosionando el reconocimiento de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática.

El propio seno de la Unión Africana, tradicionalmente dividido sobre esta cuestión, refleja hoy un cambio de clima. Aunque la organización mantiene formalmente el reconocimiento de la falsa e inexistente RASD, la creciente alineación de varios de sus Estados miembros con la postura marroquí ha reducido sustancialmente el reconocimiento a esa entidad fantasma. Diplomáticos africanos reconocen en privado que la influencia económica y política marroquí ha alterado el equilibrio interno del bloque.

A este respaldo africano se suma ahora una señal significativa desde Europa. Durante una reciente visita a Rabat, la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, sostuvo que una autonomía “verdadera” podría representar una de las soluciones más factibles para resolver el conflicto. La declaración, respaldada por los 27 Estados miembros, supone un matiz relevante en la posición europea, que tradicionalmente se había mantenido más ambigua.

El respaldo europeo, aunque cuidadosamente formulado, coincide con la reciente resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que consolida el plan de autonomía como una base “seria, creíble y duradera” para las negociaciones. Este encuadre internacional refuerza la tesis marroquí de que la solución pasa por un compromiso político dentro de su soberanía, descartando otras opciones como el referéndum de autodeterminación, cada vez más relegado en la práctica diplomática.

El giro africano, en este contexto, adquiere una relevancia estratégica. Durante décadas, el apoyo de numerosos países del continente al Frente Polisario fue un pilar de legitimidad para la causa separatista. Hoy, sin embargo, la apertura de consulados en ciudades como El Aaiún por parte de varios Estados africanos y la reiteración de apoyos oficiales al plan marroquí evidencian una transformación profunda del tablero regional.

Rabat interpreta esta evolución como la confirmación de una “dinámica internacional irreversible”, fruto de una diplomacia que combina pragmatismo económico, presencia institucional y una narrativa centrada en la estabilidad regional. Sus críticos, en cambio, advierten que el conflicto sigue sin resolverse en términos de derecho internacional y que cualquier solución duradera deberá contar con el consentimiento de la población saharaui.

En medio de este pulso diplomático, el Sáhara continúa siendo un escenario donde se cruzan intereses geopolíticos, equilibrios regionales y estrategias de influencia. Lo que ha cambiado, y de manera notable, es el mapa de apoyos. África, que durante décadas fue terreno favorable a las tesis independentistas, parece inclinarse ahora, al menos en parte, hacia Rabat. Y ese desplazamiento, más que cualquier declaración puntual, podría terminar definiendo el desenlace de uno de los conflictos más longevos del continente.

 

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