Hija de un marino alemán y de una
madre estadounidense con vínculos con la inteligencia aliada, superviviente de
Bergen-Belsen, amante de Fidel Castro y pareja del dictador venezolano Marcos
Pérez Jiménez, informante ocasional para la CIA y el FBI, testigo incómoda del
ecosistema anticastrista y figurante habitual en teorías sobre el magnicidio de
Kennedy. La vida de Marita Lorenz —entre el fulgor romántico y la hipérbole—
sigue desafiando las fronteras entre memoria y leyenda.
Una
biografía en clave de novela de espías
Ilona
Marita Lorenz nació en Bremen el 18 de agosto de 1939, tan solo trece días
antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Su infancia, marcada por la
guerra —ella y su madre pasaron dos años en el campo de concentración de
Bergen-Belsen— y por una familia con la vista puesta en el Atlántico (su padre
fue capitán de grandes trasatlánticos), anticipó una vida errante. Tras la
guerra, emigraron a Estados Unidos. A finales de los cincuenta, un encuentro
fortuito la empujó al corazón del torbellino caribeño.
En
febrero de 1959, con 19 años, llegó a La Habana a bordo del MS Berlin.
Fidel Castro, recién encaramado al poder, subió al barco; hubo cena,
conversación y, según su propio relato, un flechazo. Días después la llamó por
teléfono a Nueva York y la hizo volar de regreso a Cuba. Lorenz aseguró que
vivió meses con él en el Habana Hilton, entre pasillos convertidos en cuartel y
el magnetismo del líder triunfante.
La
relación se quebró en 1960. Ya integrada en el hervidero anticastrista de
Florida, Marita aceptó —según su versión— una misión para envenenar a Castro
con píldoras suministradas por intermediarios de la CIA. Cuando lo tuvo
delante, dijo, no pudo hacerlo y le confesó el complot. La escena —los
frascos de veneno, el reencuentro, la renuncia— se convirtió en el núcleo de su
mito personal. Obituarios y crónicas han repetido la historia, con matices y
escepticismo: fascinante, sí; del todo verificable, no.
El
espejo de Mata Hari
Las
comparaciones con Mata Hari —Margaretha Zelle, ejecutada por espionaje
en 1917— son inevitables: seducción, guerra, fronteras borrosas entre vida
íntima y razón de Estado. Pero ahí empiezan también las diferencias. Mata Hari
fue fusilada y su culpa sigue discutida un siglo después; su fama se forjó
tanto en los escenarios como en los sumarios militares. Lorenz, en cambio,
transitó por el ecosistema de la Guerra Fría sin condena judicial por
espionaje: fue informante ocasional, protagonista de operaciones grises y
testigo de tertulia conspirativa. Una encarnó el arquetipo trágico; la otra, el
melodrama geopolítico de la segunda mitad del XX.
Castro:
romance, intriga y una escena fundacional
La
“Marita que amó demasiado a Fidel como para matarlo”, como tituló un
perfil británico, sedimentó su leyenda en entrevistas y memorias. El relato
incluye un embarazo en 1959, una misteriosa droga en un vaso de leche y un
abrupto final con vuelo de salida. La prensa y los investigadores han
documentado la relación y el contacto con el ambiente anticastrista; el resto
—detalles clínicos, órdenes, nombres en clave— oscila entre lo plausible y lo
inverificable. Ann Louise Bardach, de Vanity Fair, dedicó una investigación de
fondo a separar dato de aderezo y describió a Lorenz como “centro de teorías
en remolino”.
Lo
indiscutible: Lorenz estuvo muy cerca del poder cubano en el momento más
febril de la Revolución y, poco después, muy cerca de quienes querían
destruirlo. Ese vaivén, más que cualquier pistola humeante, explica su
perdurable aura.
Marcos
Pérez Jiménez: pasión, dinero y tribunales
Tras
su deriva anticastrista, Lorenz conoció en Miami al exdictador venezolano Marcos
Pérez Jiménez, derrocado por una revolución en 1958 y en plena batalla para
evitar la extradición. La relación —apuntalada por recursos, chóferes y
abogados— la convirtió por un tiempo en primera dama oficiosa de un
autócrata en tránsito. En 1962 nació en Nueva York Mónica Mercedes Pérez
Jiménez, la hija de ambos. Un año después, una demanda de paternidad presentada
por Lorenz llegó a entorpecer temporalmente la extradición del
exgeneral. La prensa de la época y reportajes posteriores recogen ese episodio,
así como los enconados pleitos por fideicomisos y manutención. Pérez Jiménez
terminaría extraditado en agosto de 1963 y, tras cumplir condena en Caracas, se
refugió en la España del “caudillo” Francisco Franco Bahamonde.
Décadas
más tarde, Mónica —radicada en Costa Rica— contaría su propia versión familiar:
madre espía enviada a matar a Castro; padre, un expresidente latinoamericano.
La hipérbole, de nuevo, parecía perseguir a la saga.
La
pista Kennedy y el escepticismo oficial
En
los años setenta, Lorenz declaró ante investigadores y periodistas que había viajado
a Dallas poco antes del asesinato de John F. Kennedy con un grupo de
anticastristas que incluía a Frank Sturgis y E. Howard Hunt. Su
testimonio, cambiante en detalles, fue escuchado por la HSCA (la
comisión del Congreso que reexaminó el caso en 1978). El veredicto no despejó
dudas: se admitió la probabilidad de alguna conspiración en el
magnicidio, pero la fiabilidad de ciertos testigos —entre ellos Lorenz— quedó sin
corroborar. Aun así, su nombre quedó para siempre pegado al rosario de
caminos secundarios que llevan a Dallas.
Vida
después del huracán: del FBI a la cultura popular
En
los setenta, ya casada con el encargado de un edificio en Nueva York, trabajó
como informante del FBI espiando a diplomáticos del bloque del Este que
residían en su inmueble. Su figura inspiró la tv movie My Little Assassin
(1999) y dos memorias —Marita (1993) y Lieber Fidel (2001)—,
además de un proyecto cinematográfico anunciado con Jennifer Lawrence
que nunca terminó de materializarse. Murió el 31 de agosto de 2019, a los 80
años, en Alemania.
¿Mito
o verdad? La batalla por el relato
El
magnetismo de Lorenz descansa en un triple anzuelo: el amor con un líder
revolucionario; la proximidad a un dictador latinoamericano; y el papel —real o
supuesto— en el bajo mundo de la Guerra Fría: operaciones encubiertas,
armas, exiliados, cafés de Miami, agentes con alias. Parte de su historia está
documentada; otra parte carece de pruebas independientes o contradice
expedientes y cronologías. La prensa seria —de The New York Times a The
Telegraph— repasó su vida con mezcla de fascinación y cautela; la
investigación de Bardach en Vanity Fair estableció un estándar crítico:
atender sus datos útiles y desconfiar de sus adornos. Esa tensión —entre lo
que fue y lo que quizá no— es, al cabo, su gran legado narrativo.
Epílogo
“La
espía que amó a Castro” ha sido un titular irresistible durante décadas.
También un recordatorio: en la historia del espionaje, la frontera entre hechos,
propaganda y auto-mito es porosa. Marita Lorenz vivió en esa frontera y
aprendió a habitarla. Entre La Habana y Miami, entre los pasillos del Hilton y
las celdas de Dade County, entre la pasión y la conspiración, bordó una vida
que aún hoy reclama ser leída con el pulso del reportaje… y la prudencia del
archivo.
Cronología
esencial
1939
Nace en Bremen, Alemania.
1944 Es enviada con su madre al campo de concentración de Bergen-Belsen.
1947-48 La familia se traslada a Nueva York; sus padres colaboran con la
CIA.
Febrero 1959 Conoce a Fidel Castro en La Habana; inicia romance de ocho
meses.
Mayo 1959 Queda embarazada; poco después, sufre un supuesto parto
inducido.
1960 Reclutada por la CIA para asesinar a Castro; aborta la misión.
1961 Conoce en Miami al exdictador venezolano Marcos Pérez Jiménez; nace
su hija Mónica.
Década de 1970 Actúa como informante del FBI y declara sobre el
asesinato de Kennedy.
1993 Publica Lieber Fidel – Mi vida, mi amor, mi traición.
2002 Estreno de la película Querido Fidel.
31 agosto 2019 Fallece en Oberhausen, Alemania, a los 80 años.
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