Las
crecientes tensiones entre la exrepública soviética de Moldavia y Rusia
amenazan con crear un nuevo escenario bélico en Europa.
Contenido:
En
la estrecha geografía que separa a Rumanía de Ucrania, Moldavia vive desde hace
tres décadas con una astilla clavada: Transnistria, franja separatista amparada
por la presencia militar rusa desde 1992. La invasión a gran escala de Ucrania
en 2022 convirtió aquella “conflictividad congelada” en un foco caliente
de la seguridad europea.
Desde
entonces, Chișinău (la capital de Moldavia) denuncia injerencias, campañas de
desinformación y chantaje energético; Moscú acusa a las autoridades moldavas de
“rusofobia” y se presenta como garante de las minorías. El tablero se
tensó aún más en 2024 y 2025: el proceso de adhesión de Moldavia a la Unión
Europea arrancó formalmente, la región autónoma de Gagauzia se convirtió en
epicentro de la pugna política, y Transnistria volvió a pedir “protección”
al Kremlin.
¿Cuál
es el origen del conflicto?
La
guerra de 1992 enfrentó al joven Estado moldavo con secesionistas prorrusos del
Dniéster, apoyados entonces por la 14.ª Armada soviética. El alto el fuego dejó
dos herencias: una misión de “fuerzas de paz” y el Grupo Operativo de
Fuerzas Rusas (OGRF), que conserva y custodia depósitos de munición
(Cobasna) y mantiene una presencia estimada en torno a entre mil y mil
quinientos efectivos —una cifra que oscila según las fuentes— en territorio
internacionalmente reconocido como moldavo. Chișinău jamás autorizó esa
permanencia; su Constitución proclama la neutralidad permanente y prohíbe
tropas extranjeras en su suelo.
La
neutralidad, asumida en 1994 tras la derrota militar, marcó durante años la
brújula de seguridad. Pero la guerra en Ucrania la ha puesto bajo escrutinio:
la presidenta Maia Sandu ha admitido que, en la práctica, lo que ha protegido
al país del ejército ruso no es tanto la neutralidad como el parapeto
ucranio al este. Aun así, cambiar el estatus exige un referéndum.
Aspectos
que incrementan las tensiones
- Transnistria agita el
árbol. En febrero de 2024, el congreso de
Tiráspol solicitó a las cámaras rusas “medidas para proteger” a la
región ante la “presión” de Moldavia, reactivando la retórica de
auxilio.
- Gagauzia, válvula de
presión. La autonomía prorrusa en el sur se
ha vuelto laboratorio de influencia: su gobernadora, Evghenia Gutsul, fue
detenida e imputada por financiación ilícita de la política, y este agosto
fue condenada a siete años por canalizar fondos rusos hacia
estructuras políticas prohibidas. Moscú lo denuncia como persecución;
Chișinău, como lucha contra el crimen organizado.
- Energía y cuentas
pendientes. El viejo contencioso de la deuda con
Gazprom —centenares de millones reclamados por la gasista frente a
una auditoría que apenas reconoce unos millones— sigue siendo palanca de
presión y disputa regulatoria, incluso sobre el control de redes.
- La vía europea, cuesta
arriba. La Unión Europea abrió las
negociaciones de adhesión en junio de 2024 y ha desplegado una misión
civil (EUPM) para robustecer a Moldavia frente a amenazas híbridas;
Bruselas prolongó su mandato en 2025.
- Temor a un refuerzo ruso.
El primer ministro Dorin Recean advirtió en junio que Moscú busca incrementar
su contingente en Transnistria —hasta 10.000 hombres— mediante la
instalación de un Gobierno afín; Ucrania cifró recientemente entre 1.000 y
1.500 los efectivos actuales.
- Apoyo político europeo
visible. El 27 de agosto de 2025, los líderes
de Francia, Alemania y Polonia viajaron a Chișinău para apuntalar a Sandu
y su agenda proeuropea ante unas elecciones cargadas de desinformación y
dinero ilícito.
¿Pueden
soldados moldavos combatir en Ucrania?
La
cuestión es delicada y, por ahora, improbable como política de Estado. La Constitución
impide compromisos militares y la presencia de tropas extranjeras sin una
reforma refrendada en las urnas. Las autoridades han sido claras: no
enviarán fuerzas a combatir; lo que sí existe —y se ha reconocido— es la
presencia de voluntarios moldavos incorporados individualmente a las Fuerzas
Armadas ucranias. El encaje legal ha sido objeto de controversia en Chișinău. No
obstante, Moscú insiste en que se prepara un contingente de 700 soldados
moldavos para ser enviados a Ucrania.
En
el plano práctico, además, Moldavia dispone de un ejército pequeño —en el
entorno de entre 6.000 y 8.500 efectivos activos— y un presupuesto de defensa
reducido, en modernización acelerada con ayuda europea. Su contribución más
plausible, si la guerra finalmente estalla tendrán predominio las operaciones
de inteligencia, ciberdefensa, control del espacio aéreo y cooperación
fronteriza, no un despliegue de grandes masas de tropas de combate.
Tres escenarios probables
- Contención tensa.
Moldavia sigue estrechando lazos con la Unión Europea y blindando su seguridad
interna mientras Rusia mantiene un perfil militar contenido en Transnistria (1.000
a 1.500 efectivos), amplifica la propaganda y explota palancas energéticas y
judiciales a través de actores prorrusos (Gagauzia, redes asociadas al fugitivo
Ilan Șor). Habrá episodios de sabotaje informativo, litigios energéticos y
pulsos regulatorios, pero sin salto cinético. Este es el escenario más probable
para los próximo 12 a 18 meses.
- Escalada contenida en el
Dniéster.
Incidentes
en la zona de seguridad (ataques con drones, explosiones controladas,
ciberataques) elevan el riesgo de error de cálculo. Ucrania presiona para
neutralizar depósitos o infraestructura dual en Transnistria; Chișinău refuerza
defensas y coopera con la EUPM y socios europeos. Se evita el combate abierto,
pero se militariza la vigilancia y crecen los costes económicos y políticos.
Probabilidad media si Moscú intensifica su campaña de interferencia o
intenta rotar personal en el OGRF.
- Desestabilización
política y giro de timón.
Una
coalición prorrusa capitaliza el descontento social y frena reformas
pro-UE, abre la puerta a “normalizar” la presencia rusa en Transnistria
y bloquea la cooperación con Bruselas. Ello permitiría a Moscú ampliar su
presencia militar (objetivo declarado por Chișinău como riesgo) y usar el
territorio como palanca contra Ucrania y Rumanía. Es un escenario de menor
probabilidad, pero con alto impacto.
La
evolución más verosímil
A
corto plazo, Moldavia seguirá jugando a la resiliencia: reforzará su seguridad
interior, saneará el sector energético para reducir dependencia, y escalará en
capítulos técnicos de la adhesión europea, con el paraguas de la misión civil
de la UE y apoyos financieros.
La
presión rusa continuará mediante desinformación, financiación clandestina y
lawfare, con picos puntuales en Transnistria y Gagauzia. La opción de un envío
oficial de tropas moldavas a Ucrania seguirá fuera de la mesa salvo un cambio
constitucional o un deterioro dramático que implique amenaza directa e
inmediata —escenario que hoy no es el más plausible—. Mientras, el factor
disuasivo principal seguirá estando del lado ucranio: mientras Ucrania
contenga al ejército ruso en su frente sur y este, Transnistria permanece
aislada, y Moldavia, aunque vulnerable, no será el frente principal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario