sábado, 30 de agosto de 2025

Crecientes tensiones entre Rusia y Molavia


 

 

Las crecientes tensiones entre la exrepública soviética de Moldavia y Rusia amenazan con crear un nuevo escenario bélico en Europa.

Contenido:

En la estrecha geografía que separa a Rumanía de Ucrania, Moldavia vive desde hace tres décadas con una astilla clavada: Transnistria, franja separatista amparada por la presencia militar rusa desde 1992. La invasión a gran escala de Ucrania en 2022 convirtió aquella “conflictividad congelada” en un foco caliente de la seguridad europea.

Desde entonces, Chișinău (la capital de Moldavia) denuncia injerencias, campañas de desinformación y chantaje energético; Moscú acusa a las autoridades moldavas de “rusofobia” y se presenta como garante de las minorías. El tablero se tensó aún más en 2024 y 2025: el proceso de adhesión de Moldavia a la Unión Europea arrancó formalmente, la región autónoma de Gagauzia se convirtió en epicentro de la pugna política, y Transnistria volvió a pedir “protección” al Kremlin.

 

¿Cuál es el origen del conflicto?

 

La guerra de 1992 enfrentó al joven Estado moldavo con secesionistas prorrusos del Dniéster, apoyados entonces por la 14.ª Armada soviética. El alto el fuego dejó dos herencias: una misión de “fuerzas de paz” y el Grupo Operativo de Fuerzas Rusas (OGRF), que conserva y custodia depósitos de munición (Cobasna) y mantiene una presencia estimada en torno a entre mil y mil quinientos efectivos —una cifra que oscila según las fuentes— en territorio internacionalmente reconocido como moldavo. Chișinău jamás autorizó esa permanencia; su Constitución proclama la neutralidad permanente y prohíbe tropas extranjeras en su suelo.

La neutralidad, asumida en 1994 tras la derrota militar, marcó durante años la brújula de seguridad. Pero la guerra en Ucrania la ha puesto bajo escrutinio: la presidenta Maia Sandu ha admitido que, en la práctica, lo que ha protegido al país del ejército ruso no es tanto la neutralidad como el parapeto ucranio al este. Aun así, cambiar el estatus exige un referéndum.

 

Aspectos que incrementan las tensiones

  • Transnistria agita el árbol. En febrero de 2024, el congreso de Tiráspol solicitó a las cámaras rusas “medidas para proteger” a la región ante la “presión” de Moldavia, reactivando la retórica de auxilio.
  • Gagauzia, válvula de presión. La autonomía prorrusa en el sur se ha vuelto laboratorio de influencia: su gobernadora, Evghenia Gutsul, fue detenida e imputada por financiación ilícita de la política, y este agosto fue condenada a siete años por canalizar fondos rusos hacia estructuras políticas prohibidas. Moscú lo denuncia como persecución; Chișinău, como lucha contra el crimen organizado.
  • Energía y cuentas pendientes. El viejo contencioso de la deuda con Gazprom —centenares de millones reclamados por la gasista frente a una auditoría que apenas reconoce unos millones— sigue siendo palanca de presión y disputa regulatoria, incluso sobre el control de redes.
  • La vía europea, cuesta arriba. La Unión Europea abrió las negociaciones de adhesión en junio de 2024 y ha desplegado una misión civil (EUPM) para robustecer a Moldavia frente a amenazas híbridas; Bruselas prolongó su mandato en 2025.
  • Temor a un refuerzo ruso. El primer ministro Dorin Recean advirtió en junio que Moscú busca incrementar su contingente en Transnistria —hasta 10.000 hombres— mediante la instalación de un Gobierno afín; Ucrania cifró recientemente entre 1.000 y 1.500 los efectivos actuales.
  • Apoyo político europeo visible. El 27 de agosto de 2025, los líderes de Francia, Alemania y Polonia viajaron a Chișinău para apuntalar a Sandu y su agenda proeuropea ante unas elecciones cargadas de desinformación y dinero ilícito.

 

¿Pueden soldados moldavos combatir en Ucrania?

La cuestión es delicada y, por ahora, improbable como política de Estado. La Constitución impide compromisos militares y la presencia de tropas extranjeras sin una reforma refrendada en las urnas. Las autoridades han sido claras: no enviarán fuerzas a combatir; lo que sí existe —y se ha reconocido— es la presencia de voluntarios moldavos incorporados individualmente a las Fuerzas Armadas ucranias. El encaje legal ha sido objeto de controversia en Chișinău. No obstante, Moscú insiste en que se prepara un contingente de 700 soldados moldavos para ser enviados a Ucrania.

En el plano práctico, además, Moldavia dispone de un ejército pequeño —en el entorno de entre 6.000 y 8.500 efectivos activos— y un presupuesto de defensa reducido, en modernización acelerada con ayuda europea. Su contribución más plausible, si la guerra finalmente estalla tendrán predominio las operaciones de inteligencia, ciberdefensa, control del espacio aéreo y cooperación fronteriza, no un despliegue de grandes masas de tropas de combate.

 

Tres escenarios probables

  1. Contención tensa.


Moldavia sigue estrechando lazos con la Unión Europea y blindando su seguridad interna mientras Rusia mantiene un perfil militar contenido en Transnistria (1.000 a 1.500 efectivos), amplifica la propaganda y explota palancas energéticas y judiciales a través de actores prorrusos (Gagauzia, redes asociadas al fugitivo Ilan Șor). Habrá episodios de sabotaje informativo, litigios energéticos y pulsos regulatorios, pero sin salto cinético. Este es el escenario más probable para los próximo 12 a 18 meses.

 

  1. Escalada contenida en el Dniéster.

Incidentes en la zona de seguridad (ataques con drones, explosiones controladas, ciberataques) elevan el riesgo de error de cálculo. Ucrania presiona para neutralizar depósitos o infraestructura dual en Transnistria; Chișinău refuerza defensas y coopera con la EUPM y socios europeos. Se evita el combate abierto, pero se militariza la vigilancia y crecen los costes económicos y políticos. Probabilidad media si Moscú intensifica su campaña de interferencia o intenta rotar personal en el OGRF.

 

  1. Desestabilización política y giro de timón.

Una coalición prorrusa capitaliza el descontento social y frena reformas pro-UE, abre la puerta a “normalizar” la presencia rusa en Transnistria y bloquea la cooperación con Bruselas. Ello permitiría a Moscú ampliar su presencia militar (objetivo declarado por Chișinău como riesgo) y usar el territorio como palanca contra Ucrania y Rumanía. Es un escenario de menor probabilidad, pero con alto impacto.

 

La evolución más verosímil

A corto plazo, Moldavia seguirá jugando a la resiliencia: reforzará su seguridad interior, saneará el sector energético para reducir dependencia, y escalará en capítulos técnicos de la adhesión europea, con el paraguas de la misión civil de la UE y apoyos financieros.

La presión rusa continuará mediante desinformación, financiación clandestina y lawfare, con picos puntuales en Transnistria y Gagauzia. La opción de un envío oficial de tropas moldavas a Ucrania seguirá fuera de la mesa salvo un cambio constitucional o un deterioro dramático que implique amenaza directa e inmediata —escenario que hoy no es el más plausible—. Mientras, el factor disuasivo principal seguirá estando del lado ucranio: mientras Ucrania contenga al ejército ruso en su frente sur y este, Transnistria permanece aislada, y Moldavia, aunque vulnerable, no será el frente principal. 

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