La
caída de Bakura, el llamado Emir de las Islas, jefe de Boko Haram, y el golpe
silencioso que desnuda los alcances de la cooperación antiterrorista en el
Sahel
La noticia corrió como pólvora por el Sahel: Ibrahim Mahamadou, alias “Bakura” —uno de los jefes más violentos de Boko Haram en la cuenca del lago Chad— fue abatido en una operación “quirúrgica” lanzada por el Ejército de Níger en el archipiélago lacustre.
La
acción, precedida por semanas de seguimiento, eliminó también a varios mandos y
a “decenas de terroristas”, según el parte militar difundido en Niamey.
Medios internacionales confirmaron la versión nigerina; otras fuentes, próximas
a la insurgencia, intentaron sembrar dudas. Pero un dato sobresalió por su
singularidad: servicios de inteligencia marroquíes habrían aportado
información decisiva para localizar y cercar al caudillo yihadista.
Un
golpe a la vieja guardia yihadista del lago Chad
La
figura de Bakura emergió tras la muerte del notorio Abubakar Shekau en 2021,
cuando Boko Haram se fracturó entre la facción leal a su legado (JAS) y el
rival Estado Islámico en África Occidental (ISWAP). El control de las “islas”
del lago —un laberinto de canales, juncos y comunidades ribereñas entre Níger,
Chad, Nigeria y Camerún— quedó en disputa. Bakura, curtido en secuestros
masivos, extorsión y asaltos a aldeas de pescadores, se ganó fama de señor
de guerra anfibio, capaz de golpear y desvanecerse en el mosaico
fronterizo. Su caída, por tanto, tiene un valor simbólico y operativo:
desarticula una red con mando territorial y logística propia.
El
hilo marroquí en la telaraña del Sahel
La
mención a Rabat no es casual ni oportunista. Marruecos ha construido en
la última década un ecosistema de lucha antiterrorista que combina
inteligencia, policía judicial y diplomacia preventiva. Sus agencias —con el Buró
Central de Investigaciones Judiciales (BCIJ) como punta de lanza— han
desmantelado células, compartido alertas estratégicas y profesionalizado la
cooperación con socios africanos y europeos. En febrero, el BCIJ frustró
atentados de una célula fiel al IS del Sahel, subrayando que la amenaza “rebota”
desde el corazón del desierto hacia el Magreb. Que Rabat haya aportado
inteligencia de valor añadido en un teatro tan complejo como el lago Chad encaja
con su patrón de cooperación discreta, según medios marroquíes y regionales
que cubrieron la operación.
Más
allá del parte de guerra, el mensaje político es nítido: el Sahel no se
estabilizará con operaciones solitarias ni con vacíos de coordinación. La
eliminación de Bakura requiere continuidad —presión territorial, control de
rutas, justicia y reintegración— para impedir que otro caudillo ocupe su lugar.
Un
historial de crímenes que hiela la sangre
Boko
Haram —surgido en 2009 como grupo yihadista que combatía al Estado nigeriano—
ha dejado una estela de matanzas, secuestros y terror sexual. El mundo conoció
su barbarie con el rapto de 276 alumnas en Chibok (abril de 2014), pero ese fue
solo el episodio más visible de una campaña sistemática contra la educación y
la infancia: más de 1.000 menores han sido secuestrados desde 2013, y decenas
de niñas y niños fueron utilizados como bombas humanas en mercados y
estaciones. En la memoria negra de Nigeria figura también la masacre de Baga
(enero de 2015), con centenares —tal vez miles— de civiles asesinados y
localidades arrasadas. La violencia forzó el desplazamiento de más de dos
millones de personas en la región del lago Chad, generando una de las peores
crisis humanitarias del continente.
Dudas,
propaganda y realidades contrastadas
Como
ocurrió tras la muerte de Shekau, la niebla de la guerra se cierne sobre
cada anuncio de “líder abatido”. Un cercano al aparato de Boko Haram
intentó negar la baja de Bakura. No sería la primera vez que un
cabecilla es dado por muerto y reaparece meses después, o que la jefatura se
atomiza en comandantes locales. Con todo, varias cabeceras internacionales
reportaron la operación nigerina y la muerte de un alto jefe; en
paralelo, medios marroquíes subrayaron el aporte de inteligencia de
Rabat. Para separar propaganda de hecho, los próximos 60–90 días serán clave:
si caen las capacidades de extorsión, los peajes a pescadores y los ataques a
aldeas en el archipiélago, el golpe habrá sido real y profundo.
Boko
Hama tras la caída de Bakura
- Mapa del terror en las
islas. La pérdida de un mando con anclaje
local debilita las redes de suministro (combustible, munición, alimentos)
y reduce la capacidad de ataques relámpago por canales y pantanos. Si no
hay relevo inmediato, aumenta la deserción y el bandidaje sin bandera.
- Competencia con ISWAP.
Con Boko Ham acefalo, su rival yihadista el Estado Islámico de Africa
Occidental (ISWAP) puede intentar cooptar combatientes y controlar las rutas
de tráfico, reconfigurando el mercado criminal (pesca, madera, ganado) y
la recaudación mediante “impuestos”. La rivalidad histórica
entre ambas ramas seguirá marcando el terreno.
- Cooperación regional.
El éxito operativo refuerza a Níger y reivindica la cooperación
transfronteriza —inteligencia, vigilancia aérea, interdicción fluvial— que
promueven actores africanos y socios externos. Rabat aparece aquí como
proveedor de inteligencia confiable y formación que complementa el músculo
militar local.
Marruecos,
un socio que combina teología, policía y datos
La
marca registrada marroquí en contraterrorismo no se limita a la
detención de células: incluye la formación de imames, la supervisión de contenidos
religiosos y un intercambio de inteligencia cada vez más denso con
África occidental. El BCIJ ha acreditado capacidades de investigación
técnica (análisis de dispositivos, trazado de contactos, lectura de
señales) que alimentan operaciones dentro y fuera de su territorio. En
el caso Bakura, la pista marroquí —según fuentes periodísticas— habría
contribuido a reducir la incertidumbre en un espacio geográfico
extremadamente poroso, permitiendo un golpe de precisión.
¿Quién era
“Bakura”?
- Nombre:
Ibrahim Mahamadou (apodado Bakura).
- Zona de influencia:
Islas del lago Chad (frontera Níger–Nigeria–Chad–Camerún).
- Modus operandi:
Secuestros, peajes a pescadores y comerciantes, ataques a aldeas
ribereñas, uso de lanchas rápidas y guías locales.
- Rango:
Jefe de alto nivel de Boko Haram tras la muerte de Shekau.
- Cómo cayó:
Operación aérea y de precisión del Ejército de Níger, tras semanas de
seguimiento; apoyo de inteligencia marroquí, según medios.
Por
qué importa para la seguridad de la región
El
magnetismo de la violencia en el Sahel no se disipa con la muerte de un líder:
depende de economías criminales, vacíos estatales y fronteras líquidas. Pero
cuando una operación logra correlacionar inteligencia útil, coordinación
regional y precisión táctica, el resultado salva vidas: menos aldeas arrasadas,
menos niñas convertidas en rehenes, menos niños forzados a detonar explosivos.
Esa es la medida humana del golpe contra Bakura. Y ahí la colaboración discreta
de Marruecos sí marca una diferencia.
Cronología
mínima de horror atribuida a Boko Haram
- 2014 – Chibok (Nigeria):
Secuestro de 276 escolares; más de un centenar siguen desaparecidas.
- 2015 – Baga (Nigeria):
Masacre masiva de civiles; localidades arrasadas.
- 2017–2018:
Incremento de niños usados como bombas; ONU habla de una tendencia
“devastadora”.
- 2013–hoy:
dos millones de desplazados en la cuenca del lago Chad.
El
día después: tres tareas impostergables
- Explotar la operación:
capturar dispositivos, interrogar a detenidos, mapear redes financieras y saturar
el terreno para impedir reagrupamientos.
- Blindar a la población:
reforzar puestos fluviales, escoltar a comunidades de pescadores y asegurar
mercados y rutas de abastecimiento.
- Diplomacia y desarrollo:
combinar la presión militar con servicios públicos, escuelas y
justicia en las islas, y mantener viva la cooperación de
inteligencia —incluida la marroquí— que ha demostrado ser palanca
de eficacia.
Conclusiones:
La
caída de Bakura no es el epílogo de Boko Haram, pero sí un capítulo que ilustra
cómo debe combatirse: con precisión, alianzas reales y foco en las víctimas.
Marruecos, desde su doble anclaje magrebí y africano, ha demostrado que su
contribución puede inclinar la balanza cuando la información correcta llega al
lugar correcto en el momento exacto. El desafío, ahora, es convertir un éxito
táctico en un avance estratégico y humanitario en el corazón del Sahel.
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