martes, 26 de agosto de 2025

Cae Bakura, el sanguinario jefe del grupo yihadista Boko Haram


 

La caída de Bakura, el llamado Emir de las Islas, jefe de Boko Haram, y el golpe silencioso que desnuda los alcances de la cooperación antiterrorista en el Sahel

La noticia corrió como pólvora por el Sahel: Ibrahim Mahamadou, alias “Bakura” —uno de los jefes más violentos de Boko Haram en la cuenca del lago Chad— fue abatido en una operación “quirúrgica” lanzada por el Ejército de Níger en el archipiélago lacustre.

La acción, precedida por semanas de seguimiento, eliminó también a varios mandos y a “decenas de terroristas”, según el parte militar difundido en Niamey. Medios internacionales confirmaron la versión nigerina; otras fuentes, próximas a la insurgencia, intentaron sembrar dudas. Pero un dato sobresalió por su singularidad: servicios de inteligencia marroquíes habrían aportado información decisiva para localizar y cercar al caudillo yihadista.

 

Un golpe a la vieja guardia yihadista del lago Chad

La figura de Bakura emergió tras la muerte del notorio Abubakar Shekau en 2021, cuando Boko Haram se fracturó entre la facción leal a su legado (JAS) y el rival Estado Islámico en África Occidental (ISWAP). El control de las “islas” del lago —un laberinto de canales, juncos y comunidades ribereñas entre Níger, Chad, Nigeria y Camerún— quedó en disputa. Bakura, curtido en secuestros masivos, extorsión y asaltos a aldeas de pescadores, se ganó fama de señor de guerra anfibio, capaz de golpear y desvanecerse en el mosaico fronterizo. Su caída, por tanto, tiene un valor simbólico y operativo: desarticula una red con mando territorial y logística propia.

 

El hilo marroquí en la telaraña del Sahel

La mención a Rabat no es casual ni oportunista. Marruecos ha construido en la última década un ecosistema de lucha antiterrorista que combina inteligencia, policía judicial y diplomacia preventiva. Sus agencias —con el Buró Central de Investigaciones Judiciales (BCIJ) como punta de lanza— han desmantelado células, compartido alertas estratégicas y profesionalizado la cooperación con socios africanos y europeos. En febrero, el BCIJ frustró atentados de una célula fiel al IS del Sahel, subrayando que la amenaza “rebota” desde el corazón del desierto hacia el Magreb. Que Rabat haya aportado inteligencia de valor añadido en un teatro tan complejo como el lago Chad encaja con su patrón de cooperación discreta, según medios marroquíes y regionales que cubrieron la operación.

Más allá del parte de guerra, el mensaje político es nítido: el Sahel no se estabilizará con operaciones solitarias ni con vacíos de coordinación. La eliminación de Bakura requiere continuidad —presión territorial, control de rutas, justicia y reintegración— para impedir que otro caudillo ocupe su lugar.

 

Un historial de crímenes que hiela la sangre

Boko Haram —surgido en 2009 como grupo yihadista que combatía al Estado nigeriano— ha dejado una estela de matanzas, secuestros y terror sexual. El mundo conoció su barbarie con el rapto de 276 alumnas en Chibok (abril de 2014), pero ese fue solo el episodio más visible de una campaña sistemática contra la educación y la infancia: más de 1.000 menores han sido secuestrados desde 2013, y decenas de niñas y niños fueron utilizados como bombas humanas en mercados y estaciones. En la memoria negra de Nigeria figura también la masacre de Baga (enero de 2015), con centenares —tal vez miles— de civiles asesinados y localidades arrasadas. La violencia forzó el desplazamiento de más de dos millones de personas en la región del lago Chad, generando una de las peores crisis humanitarias del continente.

 

Dudas, propaganda y realidades contrastadas

Como ocurrió tras la muerte de Shekau, la niebla de la guerra se cierne sobre cada anuncio de “líder abatido”. Un cercano al aparato de Boko Haram intentó negar la baja de Bakura. No sería la primera vez que un cabecilla es dado por muerto y reaparece meses después, o que la jefatura se atomiza en comandantes locales. Con todo, varias cabeceras internacionales reportaron la operación nigerina y la muerte de un alto jefe; en paralelo, medios marroquíes subrayaron el aporte de inteligencia de Rabat. Para separar propaganda de hecho, los próximos 60–90 días serán clave: si caen las capacidades de extorsión, los peajes a pescadores y los ataques a aldeas en el archipiélago, el golpe habrá sido real y profundo.

 

Boko Hama tras la caída de Bakura

  1. Mapa del terror en las islas. La pérdida de un mando con anclaje local debilita las redes de suministro (combustible, munición, alimentos) y reduce la capacidad de ataques relámpago por canales y pantanos. Si no hay relevo inmediato, aumenta la deserción y el bandidaje sin bandera.
  2. Competencia con ISWAP. Con Boko Ham acefalo, su rival yihadista el Estado Islámico de Africa Occidental (ISWAP) puede intentar cooptar combatientes y controlar las rutas de tráfico, reconfigurando el mercado criminal (pesca, madera, ganado) y la recaudación mediante “impuestos”. La rivalidad histórica entre ambas ramas seguirá marcando el terreno.
  3. Cooperación regional. El éxito operativo refuerza a Níger y reivindica la cooperación transfronteriza —inteligencia, vigilancia aérea, interdicción fluvial— que promueven actores africanos y socios externos. Rabat aparece aquí como proveedor de inteligencia confiable y formación que complementa el músculo militar local.

Marruecos, un socio que combina teología, policía y datos

La marca registrada marroquí en contraterrorismo no se limita a la detención de células: incluye la formación de imames, la supervisión de contenidos religiosos y un intercambio de inteligencia cada vez más denso con África occidental. El BCIJ ha acreditado capacidades de investigación técnica (análisis de dispositivos, trazado de contactos, lectura de señales) que alimentan operaciones dentro y fuera de su territorio. En el caso Bakura, la pista marroquí —según fuentes periodísticas— habría contribuido a reducir la incertidumbre en un espacio geográfico extremadamente poroso, permitiendo un golpe de precisión.

 ¿Quién era “Bakura”?

  • Nombre: Ibrahim Mahamadou (apodado Bakura).
  • Zona de influencia: Islas del lago Chad (frontera Níger–Nigeria–Chad–Camerún).
  • Modus operandi: Secuestros, peajes a pescadores y comerciantes, ataques a aldeas ribereñas, uso de lanchas rápidas y guías locales.
  • Rango: Jefe de alto nivel de Boko Haram tras la muerte de Shekau.
  • Cómo cayó: Operación aérea y de precisión del Ejército de Níger, tras semanas de seguimiento; apoyo de inteligencia marroquí, según medios.

 

Por qué importa para la seguridad de la región

El magnetismo de la violencia en el Sahel no se disipa con la muerte de un líder: depende de economías criminales, vacíos estatales y fronteras líquidas. Pero cuando una operación logra correlacionar inteligencia útil, coordinación regional y precisión táctica, el resultado salva vidas: menos aldeas arrasadas, menos niñas convertidas en rehenes, menos niños forzados a detonar explosivos. Esa es la medida humana del golpe contra Bakura. Y ahí la colaboración discreta de Marruecos sí marca una diferencia.

 

Cronología mínima de horror atribuida a Boko Haram

  • 2014 – Chibok (Nigeria): Secuestro de 276 escolares; más de un centenar siguen desaparecidas.
  • 2015 – Baga (Nigeria): Masacre masiva de civiles; localidades arrasadas.
  • 2017–2018: Incremento de niños usados como bombas; ONU habla de una tendencia “devastadora”.
  • 2013–hoy: dos millones de desplazados en la cuenca del lago Chad.

El día después: tres tareas impostergables

  1. Explotar la operación: capturar dispositivos, interrogar a detenidos, mapear redes financieras y saturar el terreno para impedir reagrupamientos.
  2. Blindar a la población: reforzar puestos fluviales, escoltar a comunidades de pescadores y asegurar mercados y rutas de abastecimiento.
  3. Diplomacia y desarrollo: combinar la presión militar con servicios públicos, escuelas y justicia en las islas, y mantener viva la cooperación de inteligencia —incluida la marroquí— que ha demostrado ser palanca de eficacia.

Conclusiones:  

La caída de Bakura no es el epílogo de Boko Haram, pero sí un capítulo que ilustra cómo debe combatirse: con precisión, alianzas reales y foco en las víctimas. Marruecos, desde su doble anclaje magrebí y africano, ha demostrado que su contribución puede inclinar la balanza cuando la información correcta llega al lugar correcto en el momento exacto. El desafío, ahora, es convertir un éxito táctico en un avance estratégico y humanitario en el corazón del Sahel.

 

No hay comentarios: