El
rey Mohammed VI inauguró el viernes 9 de octubre de 2026 la primera sesión del
primer año legislativo de la 12.ª Legislatura con un discurso que reafirma el
compromiso institucional del Reino con los principios democráticos, traza
prioridades claras para el trabajo de los legisladores y aborda con firmeza y
experiencia diplomática la gestión del fenómeno migratorio, en particular a la
luz de la crisis que afectó a Ceuta el pasado verano, proponiendo una nueva
orientación estratégica para las relaciones con España y los socios europeos.
Contenido:
Buenos
Aires - En el hemiciclo de Rabat, acompañado del príncipe heredero Moulay El
Hassan, del príncipe Moulay Rachid y del príncipe Moulay Ahmed, el monarca
comenzó por felicitar a los miembros de la Cámara de Representantes “por la
confianza que el electorado ha depositado en ellos”. Esta referencia
explícita al mandato popular, pronunciada en la apertura de una legislatura
surgida de las elecciones del 23 de septiembre, subraya la adhesión del
Soberano a los mecanismos de representación democrática y a la legitimidad que
confiere el voto. El Rey situó esta nueva etapa en una “coyuntura
excepcional, rica en oportunidades únicas”, y expresó su expectativa de que
el periodo legislativo y gubernamental marque “un verdadero punto de
inflexión en el avance de las aspiraciones de Marruecos como potencia económica
emergente y fiable, conciliando el crecimiento económico con el fortalecimiento
de la justicia social y espacial”.
Desde
el atril, el Rey Mohammed VI recordó las palabras que pronunció en 2014 —“El
sentimiento más valioso que albergo en mi vida es el orgullo que siento por mi
identidad marroquí” y afirmó que ese sentimiento “no hace sino
fortalecerse y arraigarse más profundamente con el paso de los años”.
Vinculó este orgullo nacional, anclado en la antigüedad de la monarquía y en la
identidad religiosa y cultural bajo el Emirato de los Creyentes, no a la
autocomplacencia, sino a una fuerza motriz que transforma “el sentido de
pertenencia en responsabilidad, y la confianza en un deber nacional”. Esta
reflexión enmarca las orientaciones que el monarca dirigió a los
parlamentarios.
El
Soberano exhortó a los legisladores a colocar en el centro de las políticas
públicas las cuestiones relativas a la juventud, mediante “un enfoque
integral que garantice la igualdad de oportunidades y abarque la educación, la
capacitación en competencias y la integración económica”. Este enfoque,
precisó, debe fomentar la confianza de los jóvenes “en su capacidad para
lograr el ascenso social, así como la confianza en las instituciones de la
nación y en las oportunidades existentes para construir un futuro mejor,
cimentado en la libertad, la dignidad y la estabilidad”. Al mismo tiempo,
llamó a lanzar una nueva generación de grandes estrategias en materia de
seguridad hídrica, energética y alimentaria, desarrollo industrial, economía
digital e inteligencia artificial, y a que el sector privado asuma un papel de
actor estratégico, con mayor iniciativa, innovación y capacidad de creación de
empleo, inversión y exportación.
El
desafío territorial ocupó un lugar destacado. El Rey Mohammed VI insistió en
que el desarrollo integrado, la mejora de los servicios públicos y el estímulo
de la inversión productiva están estrechamente vinculados a la regionalización
avanzada y a la desconcentración administrativa. Declaró inaceptable “todo
retraso o demora en la plena implementación de la Carta de la desconcentración”,
lo que implica la transferencia de competencias y de los recursos humanos y
financieros necesarios desde el centro hacia las provincias y regiones. Exigió,
asimismo, una definición más clara de las competencias de las instituciones
regionales y el establecimiento de mecanismos de coordinación y contratación
que les otorguen el poder de decidir y materializar proyectos. Estas
orientaciones fijan el marco concreto en el que los parlamentarios deberán
ejercer sus funciones de legislación, control y evaluación de las políticas
públicas.
El
núcleo del análisis que el discurso invita a realizar se concentra, sin
embargo, en la dimensión internacional y, de modo particular, en la gestión
migratoria. El Rey afirmó que “el Reino ha logrado consolidar su posición en
el ámbito internacional en tanto que socio responsable y fiable, comprometido
con el cumplimiento de sus obligaciones y que espera de sus socios un trato
análogo”. Recordó que el enfoque equilibrado adoptado por Marruecos para la
gestión del fenómeno migratorio “ha dado resultados concretos”. A
continuación, con la objetividad que caracteriza su estilo diplomático,
reconoció que “el actual modelo de cooperación en este ámbito ha quedado
obsoleto, y la mejor prueba de ello son las crisis que se han producido de
manera recurrente”.
Aplicó
este diagnóstico de manera explícita a España: “Esto mismo se aplica a
nuestro país vecino, España, con quien nuestra cooperación ha experimentado
importantes avances, en diversos ámbitos, incluida la lucha contra la migración
irregular. Sin embargo, esta cooperación se enfrenta hoy a grandes desafíos
relacionados con determinadas disposiciones legales superadas y con decisiones
judiciales alejadas de la realidad, que, lamentablemente, impiden la
repatriación de menores y de personas que adoptan actitud de refugiados,
alimentando así las codicias de las redes criminales”. La referencia,
aunque no cite nominalmente a Ceuta, alude con claridad a la entrada masiva de
decenas de miles de personas —la mayoría de ellas marroquíes— que se produjo a
finales de julio, y a las dificultades posteriores para gestionar los retornos,
especialmente de menores.
Ante
lo que calificó de “declaraciones irresponsables y la flagrante explotación
de la cuestión por parte de determinados sectores políticos y mediáticos”,
el monarca reafirmó un principio fundamental de su política exterior: “afirmamos
que la asociación es una opción soberana y un compromiso voluntario, que de
ningún modo será sujeta a cualquier presión, amenaza o chantaje”. Esta
formulación, producto de una larga experiencia diplomática, sitúa la relación
con España en el terreno de la reciprocidad y del respeto mutuo, lejos de
cualquier lógica de instrumentalización o subordinación. Al mismo tiempo,
anunció que “Marruecos presentará a sus socios un documento que contiene una
visión estratégica, clara y práctica, que funda una nueva orientación destinada
a consolidar el desarrollo compartido, la competitividad económica y la
estabilidad regional”.
Esta
propuesta refleja la preocupación constante del Soberano por el lugar que
Marruecos debe ocupar en el escenario internacional: el de un actor responsable
que cumple sus compromisos, protege a las personas vulnerables frente a las
redes criminales y promueve soluciones estructurales basadas en el
codesarrollo. El enfoque marroquí, como se desprende del discurso, no renuncia
a la cooperación, sino que busca actualizarla para que resulte eficaz,
equitativa y sostenible. La protección de los migrantes, en esta lógica, pasa
tanto por el combate a las redes que los explotan como por la creación de
oportunidades en origen y por una cooperación que no quede bloqueada por marcos
jurídicos o judiciales desfasados.
El
discurso se cerró recordando a los parlamentarios que “el mandato
parlamentario constituye un compromiso político y un contrato ético que os
vincula con los ciudadanos”, y exhortándolos a estar a la altura de esa
responsabilidad “ante Dios, ante los ciudadanos y ante la historia”. En
su conjunto, la intervención del Rey Mohammed VI articula con coherencia la
adhesión a los principios democráticos de representación, las prioridades
internas de desarrollo territorial y social, y una visión internacional que
privilegia la soberanía, la reciprocidad y la búsqueda de soluciones
compartidas. En el ámbito de las relaciones con España, el monarca ha dejado
claro tanto el valor de los avances logrados como la necesidad de superar un
modelo que ha demostrado sus límites, abriendo la puerta a un diálogo renovado
fundamentado en el respeto mutuo y en una agenda de desarrollo conjunto.

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