En diálogo con el periodista Javier
Fernández Arribas, director de Atalayar, el primer secretario del Movimiento
Saharauis por la Paz (MSP) analiza el histórico espaldarazo diplomático de
Washington y la necesidad de consolidar una tercera vía pragmática frente al
inmovilismo del Polisario
Intervención
de Hach Ahmed Bericalla, primer secretario del Movimiento Saharaui por la Paz
(MSP), durante la Cuarta Comisión de la Organización de las Naciones Unidas.
Las
gestiones diplomáticas para alcanzar una solución definitiva en el conflicto
del Sáhara Occidental han experimentado un giro histórico.
Con
la propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí como el único camino viable,
la diplomacia de Estados Unidos ha dado un paso de gigante al respaldar
oficialmente en las Naciones Unidas al Movimiento Saharauis por la Paz
(MSP) como interlocutor legítimo.
El
embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, ha sido explícito al señalar
que el mundo debe escuchar a las voces saharauis que apuestan por el pragmatismo,
rompiendo así el histórico monopolio de representación autoproclamado por el
Frente Polisario.
En
este contexto de profunda reconfiguración política, el primer secretario del
MSP, Hach Ahmed Baricalla, analiza los detalles de su reciente
ronda de contactos de alto nivel en Nueva York y traza la hoja de ruta
del movimiento para desbloquear un conflicto enquistado desde la
Guerra Fría.
El
impacto de la diplomacia estadounidense y la apertura de una nueva vía
¿Qué
representa para su organización el histórico respaldo y reconocimiento
explícito que la administración de los Estados Unidos acaba de brindar al
Movimiento Saharauis por la Paz?
Representa
un hecho de una enorme trascendencia, no solo por lo que implica
para el crecimiento de nuestra organización tras seis años de intenso trabajo
político, sino porque introduce un elemento de genuino optimismo en
el tablero del Sáhara Occidental. Por primera vez en casi medio siglo, el
proceso político se abre a un nuevo protagonista, a una voz
alternativa decidida a romper el estancamiento crónico en el que ha estado
atrapada la población.
El
hecho de que se nos abran las puertas de la diplomacia de la mayor
superpotencia del mundo —que lidera activamente el proceso de mediación en la
ONU— demuestra que entramos en un terreno definitivo hacia una
solución que solo puede ser política, consensuada y respaldada por sólidas
garantías internacionales.
Además
de este crucial encuentro con el representante de EE.UU., ustedes mantuvieron
contactos clave con otras delegaciones del Consejo de Seguridad, como Francia.
¿Qué agenda internacional han desplegado?
Efectivamente,
nuestra delegación ha mantenido un intenso programa de reuniones con diversos
interlocutores, incluyendo a miembros permanentes del Consejo de Seguridad que
apoyaron la última resolución 2797, como Estados Unidos, Francia y Gran
Bretaña. Asimismo, hemos extendido nuestros contactos hacia países miembros no
permanentes, tanto en Nueva York como en otras capitales aliadas. El mensaje
que estamos trasladando es sumamente claro y directo.
¿Cuál
es el núcleo de ese mensaje y por qué consideran indispensable que la ONU
amplíe la mesa de negociaciones a otros actores saharauis?
El
núcleo es que llevamos más de tres décadas esperando que la MINURSO y
los esfuerzos de la ONU destraben el conflicto sin éxito, debido a la enorme
brecha que separa las posiciones maximalistas tradicionales.
Para
salir de este bucle, era obligatorio el surgimiento de una fuerza
moderada, una tercera vía que actúe como puente. Nuestros interlocutores
internacionales coinciden en que un enfoque realista, flexible y de
compromiso mutuo —donde cada parte ceda en algo para salvar lo
sustancial— es la única vía de salida. Aspiramos y exigimos legítimamente ser
convocados por Naciones Unidas para sentarnos en la mesa de negociación.
La
aceptación del Plan de Autonomía y el papel de las tribus
Bajo
el marco de la resolución 2797, la base de discusión internacional gira en
torno al Plan de Autonomía bajo soberanía marroquí. Ustedes ya lo han aceptado.
¿Consiste el reto actual en negociar las condiciones de ese plan para los
saharauis?
Exactamente.
El nacimiento del MSP es fruto de una profunda e histórica autocrítica.
Muchos de nosotros formamos parte en su momento del Polisario, luchamos
militarmente por la independencia y enterramos a seres queridos en esa causa.
Sin embargo, la madurez política exige aplicar el sentido común.
Dado
que la solución militar es absolutamente inviable y que este conflicto está
condicionado por rivalidades geopolíticas regionales heredadas de la Guerra
Fría, decidimos explorar con realismo lo que ofrece la propuesta
marroquí.
Existe
un amplio margen para diseñar un estatuto autonómico donde los
saharauis gestionen su destino y se ponga fin a medio siglo de exilio y
precariedad. Desaprovechar esta coyuntura, respaldada por más de 120
democracias occidentales, sería un error histórico imperdonable.
Para
consolidar esta postura, el MSP cuenta con una baza de gran relevancia interna:
el apoyo explícito de los líderes tribales y notables. ¿Cómo valora este respaldo social?
El
respaldo de los notables tribales es un pilar fundamental debido
al inmenso peso sociopolítico que conservan en la estructura tradicional
saharaui. No ha sido un proceso sencillo, ya que romper con un relato dogmático
y pretendidamente épico que el Polisario ha sostenido durante cincuenta años
cuesta mucho esfuerzo.
Pero
las fantasías revolucionarias ya sabemos a qué realidades conducen si miramos
los ejemplos históricos de Cuba, Nicaragua o la Libia de Gadafi. Los saharauis
necesitan soluciones tangibles en el presente, no utopías
destructivas.
Un
llamamiento al Polisario y el desafío de seguridad en el Sahel
¿Qué
hitos esperan en el corto plazo y cómo plantean la relación con el Frente
Polisario de cara a un futuro acuerdo?
El
próximo mes de octubre, cuando se reúna nuevamente el Consejo de Seguridad,
será un momento de gran relevancia. Nosotros no buscamos una confrontación
interna cainita; de hecho, invitamos formalmente al Polisario a sumarse a
un gran consenso saharaui para negociar conjuntamente los
términos de la autonomía.
Deben
abandonar la pretensión anacrónica de que existe un “representante único”.
La representatividad exclusiva no existe en ninguna democracia
moderna. Si persisten en imponer sus criterios unilaterales, seguirán
conduciendo a su propio pueblo a la nada.
Más
allá de la política institucional, existe una crisis humanitaria y de seguridad
acuciante en la región. ¿Por qué es urgente acelerar una solución en clave
regional?
La
situación es crítica y urge una reagrupación familiar que
permita a miles de saharauis salir de la precariedad de los campamentos de
Tinduf para asentarse en su territorio con plenos derechos bajo el nuevo marco
autonómico.
Pero
hay un factor geopolítico aún más peligroso: la inestabilidad en el
Sahel. Nos encontramos a escasos kilómetros de una zona devastada por el
yihadismo y la violencia, con focos muy activos en países vecinos como Malí.
Mantener
a miles de jóvenes saharauis en campamentos de refugiados sin un horizonte de
vida, sin empleo y sin futuro es un caldo de cultivo idóneo para que sean
captados por el extremismo armado. Solucionar el conflicto del
Sáhara no es solo un acto de justicia humanitaria, es una prioridad
absoluta para garantizar la seguridad nacional del norte de África y
del sur de Europa.
Gentileza:
Atalayar.com

No hay comentarios:
Publicar un comentario