sábado, 4 de julio de 2026

Una nueva voz saharaui irrumpe en Nueva York: el Movimiento Saharaui por la Paz afianza su ascenso diplomático ante la ONU


 

Buenos Aires – La delegación del Movimiento Saharaui por la Paz (MSP) ha concluido una intensa visita de trabajo a Nueva York que representa un paso cualitativo en su consolidación como actor relevante en el complejo tablero del Sáhara. Encabezada por su primer secretario, Hach Ahmed Baricalla, la comitiva mantuvo una agenda nutrida de encuentros con misiones diplomáticas acreditadas ante las Naciones Unidas, exponiendo una visión alternativa para resolver un conflicto que, más de medio siglo después de su origen, sigue lastrando la estabilidad del Magreb y la credibilidad del multilateralismo.

Este desplazamiento no constituye un gesto protocolario, sino la manifestación de una dinámica emergente en el seno de la sociedad saharaui. Creado en abril de 2020 por antiguos cuadros del Frente Polisario decepcionados con su inmovilismo estratégico y su estructura de partido único, el MSP se define como una alternativa pragmática que promueve el pluralismo político, la reconciliación interna y una solución negociada que priorice el bienestar de la población por encima de rigideces ideológicas. Su propósito central radica en superar el estancamiento mediante el diálogo constructivo, rechazando tanto la violencia como las posturas maximalistas que han perpetuado el sufrimiento de generaciones enteras de saharauis, atrapadas entre el exilio en los campamentos de Tinduf y un territorio marcado por décadas de confrontación.

La composición de la delegación reflejaba el peso específico del movimiento: junto a Baricalla, veterano diplomático con experiencia previa en el servicio exterior del Polisario, viajaron Hadja Baboit y Mohamed Lamin Nafaa (o Ennafaa), miembros de la Comisión Política Permanente, y Mohamed Cherif, miembro del Comité Central y responsable de Relaciones Internacionales. Esta formación de alto nivel subraya la ambición del MSP de erigirse en interlocutor creíble, representativo de sectores saharauis del interior y de la diáspora que demandan voces plurales y soluciones realistas.

Entre los encuentros más significativos figuraron los mantenidos con Mike Waltz, Representante Permanente de Estados Unidos ante la ONU, y Jérôme Bonnafont, embajador de Francia. Ambas potencias permanentes del Consejo de Seguridad desempeñan un papel pivotal en la arquitectura de paz de Naciones Unidas. En la cita con Waltz, el 30 de junio, los dirigentes saharauis expusieron su análisis del conflicto como legado de la Guerra Fría y entregaron un memorando exhaustivo sobre la evolución del expediente. El diplomático estadounidense expresó su respaldo explícito, publicando en su cuenta oficial de X que había recibido a “voces saharauis comprometidas con la paz, la reconciliación y la búsqueda de una solución duradera”, y añadiendo que “el mundo debería escucharlos”. Un aval que eleva notablemente la credibilidad internacional del MSP.

Fuentes diplomáticas consultadas transmitieron una recepción favorable ante el enfoque constructivo del movimiento, que se ofrece como “socio serio, leal y constructivo” dispuesto a contribuir a los esfuerzos de mediación. El MSP ha cosechado apoyos internacionales crecientes: su integración en la Internacional Socialista, intervenciones en foros multilaterales y contactos con centros de estudio y legisladores en Washington ilustran una proyección que trasciende su juventud. Representa a saharauis que, sin alinearse mecánicamente con ninguna de las partes tradicionales, abogan por garantías internacionales, pluralismo y un futuro de dignidad y progreso económico-social, explorando fórmulas como la autonomía ampliada bajo soberanía marroquí o cualquier acuerdo negociado que respete los derechos originarios de la población.

Esta creciente visibilidad internacional incide directamente en el posicionamiento del Frente Polisario, cuya pretensión de representación exclusiva –forjada en 1973 y sostenida por el apoyo argelino– enfrenta ahora una contestación interna y externa cada vez más articulada. El MSP erosiona ese monopolio al demostrar que existen voces saharauis dispuestas al compromiso realista, cuestionando la capacidad del Polisario para renovarse y ofrecer perspectivas concretas más allá de la retórica independentista. Analistas del Magreb interpretan este proceso como un factor que obliga al Polisario a confrontar sus limitaciones y que, simultáneamente, abre una ventana de oportunidad para la comunidad internacional.

La visita neoyorquina, la segunda de relevancia en Estados Unidos tras los contactos de octubre pasado en Washington y la Cuarta Comisión de la ONU, consolida al MSP como un elemento disruptivo en un conflicto que urge resolución. En un contexto marcado por reconocimientos de soberanía marroquí por parte de potencias occidentales y un cansancio global ante expedientes congelados, la “tercera vía saharaui” propuesta por Hach Ahmed Baricalla –quien conoce de primera mano las dinámicas internas del Polisario– aporta frescura y pragmatismo.

El Sáhara sigue figurando en la agenda del Consejo de Seguridad como uno de los últimos vestigios de la descolonización africana. La irrupción diplomática del MSP recuerda que la paz sostenible no nace de dogmas inamovibles ni de inercias históricas, sino de la voluntad de escuchar a todas las voces legítimas y de construir compromisos con garantías. Si esta dinámica se consolida, podría contribuir decisivamente a cerrar un capítulo doloroso y abrir para los saharauis un horizonte de reconciliación, desarrollo y normalización regional. El tiempo dirá si la comunidad internacional está dispuesta a aprovechar esta oportunidad histórica.

 

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