Buenos Aires – La delegación del Movimiento Saharaui por la Paz (MSP) ha concluido una intensa visita de trabajo a Nueva York que representa un paso cualitativo en su consolidación como actor relevante en el complejo tablero del Sáhara. Encabezada por su primer secretario, Hach Ahmed Baricalla, la comitiva mantuvo una agenda nutrida de encuentros con misiones diplomáticas acreditadas ante las Naciones Unidas, exponiendo una visión alternativa para resolver un conflicto que, más de medio siglo después de su origen, sigue lastrando la estabilidad del Magreb y la credibilidad del multilateralismo.
Este
desplazamiento no constituye un gesto protocolario, sino la manifestación de
una dinámica emergente en el seno de la sociedad saharaui. Creado en abril de
2020 por antiguos cuadros del Frente Polisario decepcionados con su inmovilismo
estratégico y su estructura de partido único, el MSP se define como una
alternativa pragmática que promueve el pluralismo político, la reconciliación
interna y una solución negociada que priorice el bienestar de la población por
encima de rigideces ideológicas. Su propósito central radica en superar el
estancamiento mediante el diálogo constructivo, rechazando tanto la violencia
como las posturas maximalistas que han perpetuado el sufrimiento de
generaciones enteras de saharauis, atrapadas entre el exilio en los campamentos
de Tinduf y un territorio marcado por décadas de confrontación.
La
composición de la delegación reflejaba el peso específico del movimiento: junto
a Baricalla, veterano diplomático con experiencia previa en el servicio
exterior del Polisario, viajaron Hadja Baboit y Mohamed Lamin Nafaa (o Ennafaa),
miembros de la Comisión Política Permanente, y Mohamed Cherif, miembro del
Comité Central y responsable de Relaciones Internacionales. Esta formación de
alto nivel subraya la ambición del MSP de erigirse en interlocutor creíble,
representativo de sectores saharauis del interior y de la diáspora que demandan
voces plurales y soluciones realistas.
Entre
los encuentros más significativos figuraron los mantenidos con Mike Waltz,
Representante Permanente de Estados Unidos ante la ONU, y Jérôme Bonnafont,
embajador de Francia. Ambas potencias permanentes del Consejo de Seguridad
desempeñan un papel pivotal en la arquitectura de paz de Naciones Unidas. En la
cita con Waltz, el 30 de junio, los dirigentes saharauis expusieron su análisis
del conflicto como legado de la Guerra Fría y entregaron un memorando
exhaustivo sobre la evolución del expediente. El diplomático estadounidense
expresó su respaldo explícito, publicando en su cuenta oficial de X que había
recibido a “voces saharauis comprometidas con la paz, la reconciliación y la
búsqueda de una solución duradera”, y añadiendo que “el mundo debería
escucharlos”. Un aval que eleva notablemente la credibilidad internacional
del MSP.
Fuentes
diplomáticas consultadas transmitieron una recepción favorable ante el enfoque
constructivo del movimiento, que se ofrece como “socio serio, leal y
constructivo” dispuesto a contribuir a los esfuerzos de mediación. El MSP
ha cosechado apoyos internacionales crecientes: su integración en la
Internacional Socialista, intervenciones en foros multilaterales y contactos
con centros de estudio y legisladores en Washington ilustran una proyección que
trasciende su juventud. Representa a saharauis que, sin alinearse mecánicamente
con ninguna de las partes tradicionales, abogan por garantías internacionales,
pluralismo y un futuro de dignidad y progreso económico-social, explorando
fórmulas como la autonomía ampliada bajo soberanía marroquí o cualquier acuerdo
negociado que respete los derechos originarios de la población.
Esta
creciente visibilidad internacional incide directamente en el posicionamiento
del Frente Polisario, cuya pretensión de representación exclusiva –forjada en
1973 y sostenida por el apoyo argelino– enfrenta ahora una contestación interna
y externa cada vez más articulada. El MSP erosiona ese monopolio al demostrar
que existen voces saharauis dispuestas al compromiso realista, cuestionando la
capacidad del Polisario para renovarse y ofrecer perspectivas concretas más
allá de la retórica independentista. Analistas del Magreb interpretan este
proceso como un factor que obliga al Polisario a confrontar sus limitaciones y
que, simultáneamente, abre una ventana de oportunidad para la comunidad
internacional.
La
visita neoyorquina, la segunda de relevancia en Estados Unidos tras los
contactos de octubre pasado en Washington y la Cuarta Comisión de la ONU,
consolida al MSP como un elemento disruptivo en un conflicto que urge
resolución. En un contexto marcado por reconocimientos de soberanía marroquí
por parte de potencias occidentales y un cansancio global ante expedientes
congelados, la “tercera vía saharaui” propuesta por Hach Ahmed Baricalla
–quien conoce de primera mano las dinámicas internas del Polisario– aporta
frescura y pragmatismo.
El
Sáhara sigue figurando en la agenda del Consejo de Seguridad como uno de los
últimos vestigios de la descolonización africana. La irrupción diplomática del
MSP recuerda que la paz sostenible no nace de dogmas inamovibles ni de inercias
históricas, sino de la voluntad de escuchar a todas las voces legítimas y de
construir compromisos con garantías. Si esta dinámica se consolida, podría
contribuir decisivamente a cerrar un capítulo doloroso y abrir para los
saharauis un horizonte de reconciliación, desarrollo y normalización regional.
El tiempo dirá si la comunidad internacional está dispuesta a aprovechar esta
oportunidad histórica.

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