jueves, 20 de septiembre de 2018

HANS MORGENTAHU, GEOPOLÍTICO DEL INTERÉS NACIONAL



Fue uno de los teóricos más importantes de la política internacional en el siglo XX. Sus trabajos se corresponden con la tradición realista de la relaciones internacionales, y suele ser considerado, junto con George F. Kennan y Henry Kissinger, como uno de los principales expositores del realismo geopolítico estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial.
         Hans Joachim Morgenthau nació en el seno de una familia judía en Coburgo, Ducado de Sajonia-Coburgo-Gotha, Alemania en 1904. Después de estudiar en el Casimirianum de Coburgo, curso estudios en la Universidades de Berlín, Fráncfort del Menoy, Münich para luego terminar su doctorado en el Instituto de Estudios Internacionales y del Desarrollo de Ginebra, Suiza.

         Terminó su tesis doctoral en 1929, y la publicó bajo el título: The International Administration of Justice, Its Essence and its Limits. Llego a los Estados Unidos en 1937, escapando del nazismo y luego de pasar un tiempo enseñando en Suiza y España. Fue amigo, entre otras personalidades del jurista Hans Kelsen y la politóloga Hannah Arendt y asesor de los presidentes John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson.

Durante los últimos años de su vida fue un importante opositor a las armas nucleares y un censor del papel de los Estados Unidos en la guerra de Vietnam.

Hans Morgenthau falleció después de una grave hospitalización, el 19 de julio de 1980, por una úlcera en el Lenox Hill Hospital de Nueva York.

         El profesor Hans Morgenthau se desempeñó como docente en la Universidad de Chicago y en la Universidad de Nueva York. Ha publicado entre otros: “Politics Among Nations” -1948-, “In defense of the National Interest” -1951-, “The purpose of american politics” -1960-, “Politics in the Twentieh Century” -1962-, “A New Foreign Policy for the United States” -1969- y “Science: servant or master?” -1972-.

         Morgenthau –junto con Henry Kissinger- son los exponentes más destacados de la escuela realista en materia de política internacional, una escuela de pensamiento profundamente imbricada con la geopolítica. En sus escritos el profesor Morgentahau sostenía que para comprender la política internacional había que partir de seis principios básicos, a saber:

         Primero: sugirió que las relaciones políticas están gobernadas por reglas objetivas profundamente arraigadas en la naturaleza humana. Dado que estas reglas son “impenetrables para nuestras preferencias, los hombres las desafiarán sólo a riesgo de fracaso”. Si estas reglas en sí mismas no pueden cambiarse, el determinismo de Morgenthau sostenía que la sociedad puede mejorarse entendiendo primero las leyes que gobiernan la sociedad y luego basando la política en dicho conocimiento.[1]

         Segundo: Morgenthau planteaba que los hombres de Estado “piensan y actúan en términos de interés definido como poder” y que la evidencia histórica prueba su presupuesto. Este concepto, central para el pensamiento de Morgenthau, les da continuidad y unidad a las políticas exteriores aparentemente diversas de naciones - estados ampliamente separadas. Más aún, el concepto de “interés definido como poder” hace posible evaluar las acciones de los líderes políticos en diferentes momentos de la historia.

         En su opinión, la política internacional es un proceso en el cual los intereses nacionales se ajustan. “El concepto de interés nacional no presupone ni un mundo naturalmente armónico y pacífico ni la inevitabilidad de la guerra como consecuencia de la persecución, por parte de todas las naciones, de sus intereses nacionales. Bien por el contrario, supone que el constante conflicto y amenaza de guerra queda minimizado a través del continuo ajuste de los intereses en conflicto por parte de la acción diplomática.”[2]

         Tercero: Morgenthau reconocía que el sentido de “interés definido como poder” es inestable. Sin embargo, en un mundo en el cual las naciones soberanas rivalizan por el poder, las políticas exteriores de todas las naciones deben considerar a la supervivencia la meta mínima de la política exterior. Todas las naciones están forzadas a proteger “su identidad física, política y cultural contra la intrusión de otras naciones.” Así el interés nacional se identifica con la supervivencia nacional. “Tomada aisladamente, la determinación de su contenido en una situación concreta es relativamente simple, pues abarca la integridad del territorio de la nación, de sus instituciones políticas y de su cultura.” En la medida en que el mundo esté dividido en naciones, afirmaba Morgenthau, el “interés nacional es por cierto la última palabra en la política mundial.” El interés, entonces, es la esencia de la política.

         Una vez que su supervivencia está asegurada, el estado - nación puede buscar intereses menores. Morgenthau suponía que las naciones ignoraban el interés nacional sólo a riesgo de destrucción. Sin embargo, en la formulación de la política exterior del siglo XX, los intereses menores a veces precedieron al interés nacional. Si Gran Bretaña en 1939 - 1940 hubiera basado su política hacia Finlandia en consideraciones legalistas - moralistas, respaldadas con una gran ayuda militar contra la agresión soviética, entonces la posición británica se habría visto lo suficientemente debilitada para asegurar su destrucción por parte de la Alemania nazi. Gran Bretaña no habría restaurado la independencia de Finlandia ni salvaguardado su propio interés nacional más vital, el de la supervivencia física. Solo cuando el interés nacional más estrechamente vinculado con la supervivencia nacional ha sido salvaguardado, pueden las naciones perseguir intereses menores.

         Cuarto: Morgenthau afirmó que “los principios morales universales no pueden aplicarse a las acciones de los Estados en su formulación abstracta y universal, pero debe filtrárselos a través de circunstancias concretas de tiempo y lugar.” En su búsqueda del interés nacional, los estados están gobernados por una moral que difiere de la moral de los individuos en sus relaciones personales. En las acciones de los hombres de Estado, en tanto que estadistas, las consecuencias políticas de una política particular se convierten en los criterios para juzgarla. Confundir la moral de un individuo con la moral de un Estado es atraer el desastre nacional. Dado que la responsabilidad oficial primordial de los hombres de Estado es la supervivencia del Estado mismo, sus obligaciones respecto de la ciudadanía exigen una modalidad diferente del juicio moral que la del individuo.

         Quinto: Morgenthau afirmó que el realismo político identifica las “aspiraciones morales de una nación particular con las leyes morales que gobiernan el universo.” De hecho, si la política internacional se ubica dentro de un marco de intereses definidos en términos de poder, “podemos juzgar a otras naciones como juzgamos la propia.”

         Sexto: Morgenthau subrayaba la autonomía de la esfera política. Las acciones políticas deben juzgarse con criterios políticos. “El economista pregunta: ¿Cómo afecta esta política el bienestar de la sociedad o a un segmento de ella? El abogado se pregunta: ¿Es esta política acorde con las reglas del derecho? El realista se pregunta: ¿Cómo afecta esta política el poder de la Nación?” Nosotros podríamos agregar que el geopolítico también se hace esta pregunta en forma permanente.

         En las luchas de poder, las naciones siguen políticas diseñadas para preservar el statu quo, lograr expansión imperialista o ganar prestigio. En opinión de Morgenthau, la política interna y exterior puede reducirse a una que corresponda a alguno de estos tres tipos básicos: “Una política busca mantener el poder, ya aumentar el poder, ya demostrar poder.”

         Si bien el fin de una política de statu quo es preservar la distribución de poder existente, la nación que adopta semejante política no necesariamente actúa para impedir todos los cambios internacionales. Por el contrario, las naciones que buscan el statu quo se proponen coartar el cambio que pueda producir transformaciones fundamentales en la distribución internacional del poder. Morgenthau cita la Doctrina Monroe como ejemplo de una política statu quo que satisface sus dos criterios. Primero, se la diseñó para mantener el equilibrio de poder prevaleciente en el hemisferio occidental. Segundo, expresaba la disposición de Estados Unidos a no impedir todo cambio en la región. Por el contrario, Estados Unidos sólo actuaría contra cualquier modificación que amenazara la distribución del poder existente. De igual forma, los tratados concluidos al finalizar guerras invariablemente modifican el statu quo prevaleciente en ese momento. 

         El imperialismo es la segunda alternativa principal a disposición de las naciones. Se trata de una política diseñada para lograr una “reversión de las relaciones de poder existentes entre naciones.” Las metas de las potencias imperialistas incluyen preponderancia local, imperio continental o dominio mundial. Las naciones pueden adoptar políticas imperialistas como resultado de la victoria, la derrota o la debilidad de otros estados. Un Estado cuyos líderes esperan la victoria puede alterar sus objetivos desde la restauración del statu quo a un cambio permanente en la distribución del poder. Más aún, una nación derrotada puede adoptar una política imperialista para “dar vuelta la balanza del vencedor, para derrocar el statu quo creado por su victoria y para cambiar su lugar por el de él en la jerarquía del poder.” Finalmente, la existencia de estados débiles puede demostrar ser irresistible para un Estado fuerte.

         Para lograr objetivos imperialistas, los estados pueden recurrir a la fuerza militar o a medios culturales y económicos. La conquista militar es la más antigua, más obvia y más efectiva forma de imperialismo. El imperialismo económico no permite una absoluta dominación. Sin embargo, si un Estado imperialista se ve imposibilitado de obtener el control sobre otro por medios militares, puede intentar obtenerlo a través del empleo de sus capacidades económicas. El imperialismo cultural constituye un procedimiento para intentar influir en la mente humana “como instrumento para cambiar las relaciones de poder entre dos naciones.”

         Según Morgenthau, los estados pueden seguir una política de prestigio. Esta puede ser “uno de los instrumentos a través de los cuales las políticas de statu quo e imperialismo tratan de lograr sus fines.” Su objetivo es “impresionar a otras naciones con el poder que la propia nación concretamente posee o con el poder que cree o quiere que otras naciones crean que posee.” Morgenthau sugirió dos técnicas específicas de esta política: la diplomacia y el despliegue de fuerzas. Una política de prestigio tiene éxito cuando una nación gana semejante reputación de poder que el uso concreto de poder se vuelve innecesario.

         Morgenthau se preocupaba no sólo por la búsqueda de poder, sino también por las condiciones de la paz internacional. Su concepto de orden internacional está estrechamente vinculado con su concepto de interés nacional, La búsqueda de intereses nacionales que no son esenciales para la supervivencia nacional contribuyen al conflicto internacional. En el siglo XX, especialmente, las naciones han sustituido los objetivos globales por metas más limitadas que, en opinión de Morgentahu, constituyen la esencia del interés nacional. El nacionalismo moderno, combinado con las ideologías mesiánicas del siglo XX, ha oscurecido el interés nacional. Bajo pretexto de extender el comunismo o “hacer el mundo seguro para la democracia”, las naciones intervienen en los asuntos de regiones que no son vitales para su seguridad. Por ejemplo, Morgenthau, al igual que Kennan, se oponía a la intervención militar americana en Vietnam del Sur, porque el sudeste asiático supuestamente queda más allá de los intereses vitales de Estados Unidos y, porque este país encontraría imposible, excepto, quizás, con un amplio gasto de recursos, mantener un equilibrio de poder en el sudeste asiático. Por contraste, manifestó gran preocupación acerca de la influencia soviética en Cuba, debido a su ubicación geográfica en estrecha proximidad al territorio americano.

         Aun en un sistema internacional sin políticas exteriores ideológicamente motivadas, la competencia entre naciones - estado opuestas, es probable. Como muchos otros realistas, Morgenthau consideraba el equilibrio de poder como la técnica más efectiva para manejar el poder en un sistema internacional basado en relaciones competitivas entre estados. Definía el equilibrio de poder como:
         1.- Una política orientada a cierto estado de cosas.
         2.- Un estado de cosas concreto.
         3.- Una distribución de poder aproximadamente igual.
         4.- Cualquier distribución de poder.

         Sin embargo, no es el equilibrio de poder en sí mismo sino el consenso internacional sobre el cual está construido lo que preserva la paz internacional. “Antes de que el equilibrio de poder pudiera imponer sus restricciones sobre las aspiraciones al poder de las naciones a través del juego mecánico de fuerzas opuestas, las naciones en competencia primero tuvieron que restringirse a sí mismas aceptando el sistema de equilibrio de poder como el marco común de sus empresas.” Semejante consenso “mantuvo bajo control el deseo de poder ilimitado, potencialmente propio, como lo sabemos, de todos los imperialismos, e impidió que se volviera una realidad política.”

         Al igual que el equilibrio de poder, la diplomacia juega un papel crucial en la preservación de la paz. De hecho, una condición previa para la creación de un mundo pacífico es el desarrollo de un nuevo consenso internacional en el siglo XX. El papel del diplomático se ha visto disminuido por el desarrollo de las comunicaciones avanzadas, por el descrédito público de la diplomacia y los diplomáticos y por la tendencia de los jefes de gobierno a conducir sus propias negociaciones en conferencias cumbre. El aumento de importancia de las asambleas internacionales, la sustitución de la diplomacia abierta por la secreta y la inexperiencia por parte de las superpotencias contribuyó a la decadencia de la diplomacia durante gran parte del siglo XX. Morgenthau claramente prefería una diplomacia similar a la del sistema internacional anterior al siglo XX.

         Si se la ha de revitalizar como una técnica eficaz de manejar el poder la diplomacia debe responder a cuatro condiciones:
         A) Debe apartársela de su espíritu de cruzada.
         B) Los objetivos de política exterior deben ser definidos en términos de interés nacional y debe apoyárselos con un poder adecuado.
         C) Las naciones deben considerar la política exterior desde el punto de vista de otras naciones.
         D) Las naciones deben estar dispuestas a transar en temas que no son vitales para ellas. Si la diplomacia puede elevarse a una posición de importancia de vuelta, creía Morgenthau, no sólo podría contribuir a “la paz a través de la adaptación”, sino también a crear un consenso internacional sobre el cual se puedan construir instituciones políticas mundiales más adecuadas.[3]



[1] MORGENTHAU, Hans J.: Política entre las naciones. La lucha por el poder y la paz.  Sexta edición revisada por Kenneth W. Thompson. Grupo Editor Latinoamericano. Bs. As. 1986. Pág. 123.
[2] DOUGHERTY, James E. y Robert L. PFALTZGRAFF: Teorías en pugna en las relaciones internacionales. Grupo Editor Latinoamericano. Bs. As. 1993. Pág. 64.
[3] DOUGHERTY, James E. y Robert L. PFALTZGRAFF: Ob. cit. 110.

domingo, 16 de septiembre de 2018

ARGELIA RUMBO A UN NUEVO FRAUDE ELECTORAL




La constitución de Argelia establece un máximo de dos periodos presidenciales de cinco años, pero el presidente Abdelaziz Bouteflika, de 81 años y postrado en una silla de ruedas desde 2013, se presentará para un quinto periodo consecutivo en elecciones sin ninguna supervisión internacional.

Recordando a Winston Churchill y su célebre discurso de Fulton, podríamos decir que una suerte de “Telón de Acero” cubre a Argelia permitiendo que las potencias occidentales, al mirar a una dictadura militar que viola sistemáticamente los derechos humanos y burla los más elementales principios del sistema republicano, vean tan solo a un gobierno presidencialista perfectamente democrático.

Es que Occidente, en general, y la Europa comunitaria en particular, necesitan de Argelia por diversas razones y, como le repugna a su conciencia demoliberal el trato con las dictaduras, simulan que no ven los inocultables abusos cometidos por el régimen de Argel.

El gas y petróleo argelino sirve a Europa para atenuar su dependencia de los hidrocarburos rusos y así escapar del chantaje a que frecuentemente la somete el presidente Vladimir Putin.

Por otra parte, el régimen de Argel ha sabido instalar en los dirigentes occidentales la extraña idea de que constituye una suerte de “barrera natural” que protege a Occidente presencias indeseables como las que constituyen los yihadistas o inmigrantes subsaharianos.

Aunque para ello deba cada tanto violar la legislación humanitaria internacional. Nadie pregunta si la temible Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN), la policía militarizada argelina, detiene ilegalmente, tortura y luego ejecuta a los sospechosos de yihadismo.

Después de todo a quien le preocupa la suerte de un terrorista que podría detonar automóviles, ametrallar gente en teatros y restaurantes o embestir con un camión a los transeúntes en mercados navideños o calles peatonales. Un terrorista muerto es un terrorista menos, aunque no sea realmente un yihadista sino un simple opositor cuyas actividades molestan al régimen y a sus personeros.

Aunque, Occidente debería comenzar a preguntarse que garantías puede ofrecer, frente al terrorismo, un régimen que no solo protege y financia al Frente Polisario sino que aprueba los vínculos que los separatistas mantienen con Irán, quien entrena a sus milicianos y los abastece de armamento sofisticado que luego termina en manos de grupos yihadistas.

Tampoco preocupa a la sensibilidad humanitaria de Europa lo que ocurra con esos molestos inmigrantes subsaharianos que insisten en llegar como una incesante oleada a sus playas.

Si Argelia abandonó en el desierto del Sáhara a 13.000 inmigrantes subsaharianos en tan sólo 14 meses “protegiendo” sus fronteras, da igual, sigue siendo una democracia respetuosa de los derechos humanos.

Sin importar que los inmigrantes hayan sido arrojados a las ardientes arenas del desierto desprovistos de agua, mapas o celulares -para que no registrasen el tratamiento que estaban recibiendo por parte de la policía argelina- a decenas de kilómetros de cualquier poblado. Si los frustrados inmigrantes mueren allí, pronto el desierto borrará todas las huellas de la tragedia.

Mientras el periodismo no registre este genocidio, Occidente podrá seguir mirando para otro lado.

Como mira para otro lado cuando en Argelia se intenta reelegir por quinta vez consecutiva a un presidente de 81 años que desde 2013 -fecha en que sufrió un serio ACV- está postrado en una silla de ruedas, no puede casi hablar, no pronuncia discursos, no recibe a mandatarios extranjeros, ni sale del país.

Aunque la reforma constitucional de 2016 reduce los mandatos presidenciales a solo dos periodos de cinco años cada uno, Abdelaziz Bouteflika, anunció en abril pasado que se presentará para un quinto periodo. Inmediatamente, la candidatura de Bouteflika recibió el apoyo de sus aliados.

El primero en pronunciarse fue el Frente Nacional para la Justicia Social, a través de su líder Khaled Boundejna, quien se expresó en favor del presidente diciendo gráficamente que “los argelinos comían pasto debido a la pobreza antes de que Bouteflika se convirtiera en presidente”.

Luego se hizo oír el Secretario General del oficialista Frente de Liberación Nacional (FLN), Djamle Ould Abbes, declarando: “Voy a votar por el presidente, aunque esté en la tumba. El FLN es el Estado y la elección del presidente es un asunto de Estado.”

En este contexto, en octubre de 2019, se realizarán nuevamente elecciones presidenciales en Argelia. Elecciones sin ningún tipo de garantías ni supervisión internacional y en las cuales, probablemente, como ocurrió en 2014, volverá a ganar el presidente Bouteflika por más del 80% de los votos.

Para asegurarse de ello, el entorno presidencial encabezado por el impopular hermano menor de Bouteflika, Said y el Consejo Militar, han comenzado a eliminar todo rasgo de disidencia en las filas de las Fuerzas Armadas y a impedir que la oposición se organice.

La purga en las filas del Ejército se inició con el desplazamiento del general Abdelghani Hamel, Hasta ese momento jefe de la temible DGSN, quien tenía públicas diferencias con el hermano del presidente y a quién se vincula con el decomiso del mayor embarque de drogas hallado en el país hasta este momento.

Un cargamento de 701 kilogramos de cocaína, disimulada en un embarque de carne congelada proveniente del Brasil, capturado en el puerto de Orán en mayo pasado. La cúpula gobernante argelina es conocida por su voracidad para todo tipo de negocios, como así también por resolver sus disputas comerciales a través de purgas y encarcelamientos de exfuncionarios.

Junto con Hamel perdió su cargo el comandante de las fuerzas terrestres, mayor general Ahcene Fater, el comandante de la primera zona militar el mayor general Habib Chentouf, el mayor general Abderrazak Cherif, jefe de la cuarta zona militar en Ouargla, el mayor general Meftah Souab, jefe de la sexta zona militar en Tamanrasset y el director de la Comisión de Mercados en el Ministerio de Defensa, el funcionario encargado de efectuar las compras para las fuerzas armadas, mayor general Boudouaour Boudjemaa.

Seguramente, la depuración no se detendrá allí. Hay que crear nuevas vacantes para premiar la lealtad de los cuadros jóvenes que en las filas castrenses aguardan ansiosos su turno para participar en el reparto del botín.

En cuanto a la oposición externa al régimen el procedimiento a seguir consiste en extremar la intimidación y cuando esto no es suficiente se recurre al encarcelamiento bajo cualquier pretexto.

A Nacer Boudiaf, hijo del fallecido expresidente Mohamed Boudiaf, y posible candidato presidencial, el ministerio de Asuntos Exteriores comenzó por retirarle su pasaporte diplomático como un adelanto del destino que le aguarda si persevera en su intento de llegar al palacio de “El Mouradia”.

Mientras que los activistas político s de grupos opositores, como el movimiento “Muwatana” (Ciudadanía), creado en junio de 2017 por diversas personalidades políticas, son hostigados, perseguidos en sus actos callejeros y sus dirigentes encarcelados.

Algo similar ocurre con las organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos humanos y los sindicatos, cuyas actividades sufren toda suerte de restricciones legales y sus dirigentes frecuentemente son sometidos a juicios amañados.

Curiosamente, el gobierno de Argelia, que como hemos mencionado sostiene al separatismo de los saharauis marroquíes, combate por medios legales e ilegales a sus minoría amazigh (bereber) que constituyen entre el 20 y el 30% de la población total del país. Estas minorías son representadas por el Movimiento de la Autonomía de Cabilia y el Movimiento por la Autonomía de Mzab. La persecución se produce aun cuando estas organizaciones actúan pacífica y legalmente pidiendo tan sólo autonomía para sus regiones.

Recordemos que todo esto ocurre en un país que ha perdido desde 2014 la mitad de sus reservas en divisas (de 178.000 millones en 2014 a 85.000 millones en 2018), donde la economía dependen por entero (95%) de las exportaciones de gas y petróleo y se encuentra agobiado por la miseria, las desigualdades, la corrupción y el nepotismo.

Esta situación se prolongará hasta que haya una auténtica renovación del liderazgo que cambie el rumbo del país e instale una auténtica democracia. Algo que parece que no ocurrirá en octubre de 2019 y sobre lo cual las potencias occidentales que pasan por alto los abusos de la dirigencia argelina tienen gran responsabilidad.

jueves, 6 de septiembre de 2018

PARAGUAY E ISRAEL AL BORDE DE LA RUPTURA DIPLOMÁTICA




Un insólito conflicto diplomático ha estallado entre el nuevo gobierno de Paraguay y el Estado de Israel sobre el lugar de emplazamiento de la sede diplomática guaraní.

En Asunción es un secreto a voces el enfrentamiento entre el actual presidente Mario Abdo Benítez y su predecesor el empresario Horacio Cartés por el control del Partido Colorado. Enfrentamiento que por momentos toma el carácter de una auténtica “guerra sucia”.

Benítez se unió al opositor Fernando Lugo para impedir que el presidente saliente asumiera como senador y en esta forma logra los fueros que lo protegerían de las diversas causas que debe enfrentar en la justicia por cargos de corrupción y contrabando.

El nuevo presidente también ha buscado revertir algunas de las medidas adoptadas por el exmandatario durante su gestión.

En ese contexto se encuadra la reciente decisión de trasladar la embajada de Paraguay en Israel de la ciudad de Jerusalén a la de Tel Aviv que ha derivado en un conflicto internacional.

Es una antigua reivindicación de los israelíes convertir a Jerusalén en la capital del Estado judío.

Cuando se creó el Estado de Israel, en 1947, la resolución estableció que “La ciudad de 
Jerusalén se establecerá como un corpus separatum bajo un régimen internacional especial y será administrada por las Naciones Unidas”.

La partición prevista por la ONU nunca se llevó a cabo a efectos reales, debido a la guerra árabe – israelí durante la cual Jerusalén fue ocupada por las tropas de Jordania e Israel, haciéndose los primeros con la ciudad vieja y los últimos con los barrios modernos. El conflicto dejó a la ciudad dividida en dos; hasta su reunificación tras la Guerra de los Seis Días, el 7 de junio de 1967, cuando las Fuerzas de Defensa de Israel conquistaron el sector oriental de la misma, conocido como “Jerusalén Este”, que incluye la Ciudad Vieja y los lugares santos de las tres religiones monoteístas.

El 30 de julio de 1980, Israel declaró a la totalidad de la ciudad como su “capital eterna e indivisible”. Pero la anexión fue inmediatamente rechazada por el Consejo de Seguridad de la ONU que aconsejó a los estados miembros mantener su representación diplomática en Tel Aviv.

En 1995, el Congreso de los Estados Unidos aprobó una resolución que declaraba que “Jerusalén debe ser reconocida como la capital del Estado de Israel; y que la embajada estadounidense en Israel debería establecerse en dicha ciudad no más tarde del 31 de mayo de 1999”. Sin embargo, el traslado no se efectuó hasta que el 6 de diciembre de 2017, el presidente Donald Trump reconoció oficialmente a Jerusalén como capital de Israel, convirtiendo a su país en el primero del mundo llevar a cabo ese reconocimiento. Pronto siguieron igual criterio Guatemala y finalmente Paraguay.

Inmediatamente, en la Asamblea General de la ONU, 128 países votaron a favor de que Washington revertiese su decisión sobre Jerusalén. Otros 35 Estados se abstuvieron, 21 no asistieron a la votación y siete votaron en contra.

Los intentos por modificar el status de Jerusalén fueron acompañados de violentas protestas en todo Medio Oriente que dejaron un importante saldo de muertos y heridos.
Horacio Cartés tomó la decisión de trasladar la Embajada de Paraguay a Jerusalén hacia el final de su mandato, sin consultar ni a su propio partido, ni a la oposición o al presidente electo. El canciller Luis Alberto Castiglioni definió la decisión de Cartés como “visceral y sin fundamento”.

Cuatro meses más tarde, el presidente Mario Abdo Benítez decidió retrotraer la medida de Cartés y situar la embajada de su país nuevamente en Tel Aviv.

Pero si la decisión de Cartés fue imprudente e inconsulta la resolución de Benítez fue tanto o más inconveniente porque generó un profundo malestar tanto en Israel como en los Estados Unidos.

Los estadounidenses, al menos por el momento, no han comentado la medida adoptada por Paraguay, pero el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu reaccionó con su habitual dureza ordenando el cierre de la Embajada que Israel tiene en Asunción desde 2015.

Ahora, el flamante presidente paraguayo tiene entre sus manos un innecesario y estéril conflicto internacional.

Si retira su embajada de Jerusalén se disgusta con Israel y los Estados Unidos y si no lo hace se gana la hostilidad del mundo árabe y musulmán en un país donde esa colectividad es numerosa e influyente.

Este tipo de conflictos suelen aparecer cunado se pretende utilizar a la diplomacia y la 
política internacional para resolver diferendos de política doméstica.

Todos los presidentes en sus primeros meses en el cargo suelen cometer algún desliz en asuntos internacionales, veremos cuando le cuesta a Mario Abdo Benítez esta equivocación.

Además, el presidente paraguayo puede haber actuado sin conocer los más íntimos entretelones que precedieron a la decisión de Cartés y cuales fueron los beneficios y compromisos que acompañaron la medida. En política internacional rara vez lo público es toda la realidad.

  

lunes, 3 de septiembre de 2018

MACRI Y LA MALDICIÓN DEL PERONISMO



El gobierno argentino sigue sin encontrar las claves para controlar la crisis financiera y política que comienza a afectar la gobernabilidad del país.

En octubre de 2017, la coalición oficialista Cambiemos obtenía una clara victoria en las elecciones legislativas de medio término. El presidente Mauricio Macri parecía tener asegurada su reelección en 2019.

Pero, en política nada puede darse por sentado. Los mismos analistas que auguraban cuatro años más de gobierno de Cambiemos, hoy se preguntan si logrará completar su actual mandato o sucumbirá a la maldición del peronismo.

Desde que Juan D. Perón obtuvo la presidencia en las elecciones de marzo de 1946, ningún presidente que no pertenezca al Partido Peronista ha logrado completar el período presidencial previsto en la Constitución Nacional.

¿Qué ocurrió este año para que Argentina se asome nuevamente al precipicio?

En esencia diversos factores se combinaron para generar la actual crisis. En primer término, una herencia de desquicio administrativo, aislamiento internacional, la segunda tasa inflacionaria más alta después de Venezuela, cepo cambiario, precios subsidiados de combustibles, energía eléctrica y gas, una política social dispendiosa que insumía en jubilaciones, pensiones, asignación universal por hijo, apoyo alimentario y otros subsidios el 58% del gasto fiscal, recesión económica, etc., etc.

Luego un contexto internacional donde el aumento de las tasas de interés en los Estados Unidos, el resurgir del proletariado y las turbulencias operaron en detrimento de los países emergentes y tornaron obsoleta la apertura de la economía y la recepción de inversiones extranjeras que pretendía lograr el presidente Macri.

A ello se agregó una sequía récord que redujo drásticamente los ingresos provenientes de las exportaciones agropecuarias y llevó a la quiebra a muchos pequeños productores.

El gobierno de Cambiemos también tiene una gran responsabilidad en la crisis. Sus cuadros dirigentes conformados por jóvenes empresarios carente de experiencia en la gestión pública aportaron una buena cuota de errores de todo tipo.

La frutilla del postre fue la aparición de los denominados “cuadernos de la corrupción”. Un exchofer y custodio de funcionarios kirchneristas aportó pruebas irrefutables del sistema de recaudación de sobornos durante los años de gobierno del matrimonio Kirchner.

La corrupción en el otorgamiento y control de las obras públicas se había convertido, con el paso de los años, en una aceitada maquinaria que dejaba en manos de los políticos kirchneristas un promedio de tres millones de dólares diarios. El progresismo populista en Argentina devino en una cleptodemocracia.

Y los cuadernos del chófer sólo describían uno de los circuitos de corrupción. Los analistas sospechan que existían otros circuitos similares en diversas áreas del Estado.

Pronto los empresarios imputados de pagar sobornos comenzaron a declarar y a cambio de ser admitidos en la causa como “imputados colaboradores” (arrepentidos) aportaron nuevas pruebas que expandieron geométricamente las investigaciones.

Así, comenzó a evidenciarse que las imputaciones no se detendrían en las principales figuras del gobierno kirchnerista: Cristina Fernández de Kirchner, Julio de Vido, etc. Las imputaciones se expandirían hasta involucrar a gobernadores, intendentes y legisladores peronistas en ejercicio, a los directivos de las grandes empresas nacionales e internacionales que operan en el rubro de las obras públicas e incluso a algunos bancos locales involucrados en las maniobras de cohecho y lavado de dinero de la corrupción.

En ese contexto, la depreciación de la moneda argentina, que había comenzado gradualmente en diciembre de 2017, comenzó a acelerarse. El gobierno de Cambiemos se puso nervioso y comenzó a gastar sus reservas en un estéril intento por contener la “corrida del dólar”. El presidente reformuló su equipo económico pero pronto se hizo evidente que los nuevos funcionarios tampoco lograban insuflar confianza a los mercados y controlar al dólar.

Para mayo, el peso había perdido el 25% de su valor. Entonces el presidente decidió recurrir al FMI. El organismo financiero internacional otorgó un sustancial crédito de 50.000 millones de dólares pero demandó la implementación de un duro plan de austeridad fiscal que aumentó la recesión económico y la inflación, sin resolver ninguno de los problemas que generaban la crisis.

El mundial de futbol y las vacaciones de invierno le dieron al gobierno una tregua, pero el 1° de agosto detonó el affaire de los “cuadernos” y el dólar comenzó nuevamente su escalada. Para la última semana de agosto el dólar alcanzó los $42, perdiendo en un año el 50% de su valor y en algunas provincias se produjeron saqueos a supermercados. El ambiente político se llenó de toda clase de rumores.

La tormenta política sacudió fuertemente al gobierno sin lograr que se le cayera una sola idea.

El presidente decidió implementar un ajuste fiscal aún más violento, acompañado de un cambio de gabinete que diera una aire de “refundación” a su gestión. Pero la intransigencia de sus aliados de la Unión Cívica Radical y de la Coalición Cívica que responde a la diputada Elisa “Lilita” Carrió lo impidieron. Los aliados del gobierno pretendían participar en el proceso de toma de decisiones y ocupar algunos ministerios claves. Macri no estaba dispuesto a ceder el control.

La iniciativa terminó en una reducción cosmética de once ministerios que pasaron a ser “secretarías de Estado” sin que ni un solo funcionario perdiera su cargo. El gobierno intento presentar la reducción de ministerios como un gran ajuste del gasto fiscal.

Por el momento al menos, las únicas medidas económica realmente implementadas fue el crear un impuesto a la exportación de productos primarios del 10%, y al resto de las exportaciones del 7,5%.

La medida lejos de aportar soluciones a la crisis hará aún más difícil la relación del gobierno con el campo y con los sectores empresariales.

Los mercados tampoco tomaron en serio la reforma. Pese a que en los Estados Unidos era feriado, el dólar, que había bajado a $38 el viernes 31, el lunes 3 de septiembre subió a $39. Aunque el Banco Central vendió cien millones de dólares para hacer descender la cotización de la divisa estadounidense al final de la jornada cambiaria.

Esto hace que la crisis financiera que afecta a la gobernabilidad de Argentina siga estando con un final abierto. ¿Logrará Mauricio Macri finalmente terminar con la maldición del peronismo y completar su mandato o sucumbirá en el intento?


sábado, 1 de septiembre de 2018

LA DERECHA SE REORGANIZA EN ARGENTINA



Siguiendo el modelo de la “derecha alternativa” estadounidense y de otras corrientes ideológicamente afines de Europa, así como del fenómeno del ex militar Jair Bolsonaro al frente de las encuestas presidenciales en Brasil, los grupúsculos de centro derecha en Argentina están tratando de construir una opción electoral.
La crisis económica que sacude a la Argentina erosiona las posibilidades del presidente Mauricio Macri de acceder a un segundo mandato y ha activado a todas las fuerzas políticas del país.

Algunos analistas políticos incluso no dudan en señalar que la crisis ha anticipado el comienzo de la campaña presidencial que culminará en octubre de 2019.

En los últimos días, los “mentideros” políticos se han llenado de las versiones más disparatadas. Están quienes proponen como candidato presidencial a algún economista de nota. Otros haciendo gala de cierto tremendismo no dudan en augurar un eventual adelantamiento de los comicios presidenciales. Esto ha disparado la actividad de los políticos que buscan definir candidaturas y alianzas electorales.

El frenesí electoral ha llegado incluso a los grupúsculos de centro derecha que por primera, vez desde la restauración de la democracia en 1983, intentan construir una oferta electoral unificada.

La derecha local se siente inspirada por el éxito de la llamada “derecha alternativa” en los Estados Unidos al impulsar la candidatura presidencia de Donald Trump y de partidos como Alternativa para Alemania (AfD); Partido Nacional Demócrata de Alemania (NPD); el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ); Vlaams Belag (VB) de Bélgica, el Frente Nacional de Marine Le Pen, en Francia, y hasta el populismo italiano del “Movimiento 5 Estrellas”; al alcanzar una importante representación parlamentaria.

La derecha espera que el resurgimiento de las fuerzas de este signo ideológico en otras partes del mundo lleguen también al Río de la Plata.

Por otra parte, los grupos de derecha esperan captar una parte de los votantes de la coalición oficialista Cambiemos desilusionados con el desempeño del gobierno para lograr por primera vez representación legislativa.

Por primera vez grupos de ideología liberal, nacionalista católica, conservadora, autonomistas e independientes han olvidado sus históricas rencillas para confluir en una coalición denominada “Encuentro de Centro Derecha” o ENCENDER.

El nucleamiento se presentó en público el pasado 6 de junio, en el Círculo de Legisladores de la Nación. Los grupos representados fueron Nueva Unión Ciudadana, Organización Líderes para el Cambio, Movimiento para la Reconstrucción de la República Argentina; el Partido Autonomista que conduce el ex gobernador de Corrientes, José Antonio “Pocho” Romero Feris, el Partido Autonomista de la Provincia de Buenos Aires, que responde a Gastón Pérez Izquierdo y el Frente Patriótico Federal que lidera el teniente coronel Enrique Venturino. A ellos se agregan diversas ONG que son poco más que sellos de goma, grupos de ex combatientes de Malvinas y decenas de militares en retiro.

El centro derecha en Argentina no suele presentar los mismos rasgos racista y xenófobos que en otras latitudes. Se trata más que nada de pequeños grupos conservadores refractarios del populismo y el marxismo que pretenden reformar el sistema político argentino para terminar con la corrupción, combatir más eficazmente al delito, luchar por la vida desde el mismo momento de la concepción, reconstruir y jerarquizar a las fuerzas armadas y defender la soberanía nacional frente a lo que consideran el accionar insidioso del imperialismo.

Para competir con algún éxito en las próximas elecciones, la derecha argentina tiene por delante una ardua tarea. No sólo deben conformar una auténtica coalición nacional superando sus diferencias y acordando candidaturas a nivel provincial y municipal sin que se produzcan fracturas en sus filas.

También deberán superar las resistencias que despiertan en los medios de comunicación y entre muchos periodistas que no simpatizan con su ideario.

Por último deberán superar un estigma histórico. La centro derecha, cuando se presentó a los comicios en soledad y no formando coaliciones con otras fuerzas, nunca superó la barrera del 1% de los votos emitidos. Para lograr representación parlamentaria, ENCENDER deberá cosechar al menos un 5% de los votos emitidos.

Por el momento, la dirigencia de ENCENDER se encuentra abocada a establecer vínculos con otras fuerzas de derecha y conservadoras en otros países, comenzando con el candidato presidencial que encabeza las encuestas en Brasil, el pintoresco y misógino ex militar Jair Bolsonaro.

Debido a que cuenta con reducidos recursos financieros, ENCENDER desarrolla sus actividades proselitistas especialmente a través de las redes sociales y multiplican sus reuniones y contactos personales.