martes, 3 de noviembre de 2026

Nador West Med: Marruecos proyecta su poder marítimo hacia Europa y el Atlántico africano


La inauguración de la primera terminal del megapuerto de Nador por el príncipe heredero Mulay Hassan, siguiendo las altas directivas del rey Mohammed VI, marca un nuevo hito en la transformación económica y geoestratégica del Reino. Con inversiones multimillonarias, una red de infraestructuras portuarias de dimensión internacional y una política de integración comercial con África, Europa y Asia, Marruecos aspira a convertirse en uno de los principales centros logísticos y marítimos de las próximas décadas.

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Buenos Aires - La imagen del príncipe heredero Mulay Hassan poniendo en marcha las operaciones de la primera terminal de contenedores de Nador West Med, el pasado 31 de octubre, trasciende el significado protocolario de una inauguración institucional. Representa la continuidad de una política de Estado que tiene en el desarrollo de las grandes infraestructuras una de sus principales herramientas de transformación económica y proyección internacional. Por altas instrucciones de su padre, el rey Mohammed VI, el heredero presidió el comienzo de las operaciones comerciales del nuevo complejo portuario, situado en la comuna de Laâzzanène, en la provincia de Nador, en la fachada mediterránea del noreste marroquí.

El acontecimiento constituye la primera etapa operativa de un proyecto que ha movilizado 54.000 millones de dírhams, aproximadamente 5.000 millones de euros, en inversiones públicas y privadas. Su dimensión no puede comprenderse únicamente desde la perspectiva de la actividad portuaria. Nador West Med forma parte de una concepción estratégica mucho más amplia: dotar a Marruecos de una red de puertos internacionales capaz de articular su economía nacional, facilitar su integración en las cadenas globales de suministro y convertir su posición geográfica en una ventaja competitiva de alcance continental.

La ceremonia adquirió, además, un significado institucional particular. Mulay Hassan ya había representado a su padre en 2019 durante la inauguración de Tanger Med 2. Su presencia en Nador confirma la importancia que la monarquía concede a estas infraestructuras y la continuidad generacional de una estrategia que Mohammed VI ha situado entre las prioridades fundamentales del desarrollo nacional. Apenas tres días antes, el 28 de octubre, el soberano había presidido en el Palacio Real de Rabat una reunión de trabajo dedicada al avance de Nador West Med y a la ampliación de Tanger Med, incluido el lanzamiento de Tanger Med 3.

La primera instalación que ha comenzado a operar es la Terminal Este, dotada de 1.520 metros lineales de muelle, un calado de 18 metros y 70 hectáreas de explanadas para la manipulación y almacenamiento de mercancías. Su capacidad alcanzará los 3,5 millones de contenedores anuales en el horizonte de 2030. La explotación y el mantenimiento, mediante una concesión de 25 años, corresponden a un consorcio integrado por la empresa marroquí Marsa Maroc y Terminal Investment Limited, filial del grupo MSC, considerado el principal operador mundial del transporte marítimo de contenedores.

La segunda terminal, denominada Terminal Oeste, contará con una capacidad de 1,8 millones de TEU —unidades equivalentes a contenedores de veinte pies—, 900 metros de muelles y 38 hectáreas de superficie operativa. Su entrada en funcionamiento está prevista para abril de 2027. La explotación ha sido adjudicada a una asociación entre Marsa Maroc y CMA CGM, otro de los grandes operadores mundiales del transporte marítimo. Cuando ambas instalaciones estén plenamente operativas, Nador West Med dispondrá de una capacidad conjunta de 5,3 millones de contenedores anuales.

Sin embargo, el proyecto excede ampliamente el movimiento de contenedores. El complejo incorpora una terminal de graneles sólidos con capacidad para siete millones de toneladas, cuya puesta en servicio está prevista para junio de 2027, y otra de mercancías diversas que podrá gestionar tres millones de toneladas anuales. También dispone de una terminal de carga rodada, destinada al transporte de vehículos y mercancías sobre ruedas, entregada en septiembre de 2026, con 380 metros de muelle y capacidad para 400.000 unidades.

Una de las dimensiones más relevantes es la energética. Nador West Med contará con una terminal de gas natural licuado, con capacidad para procesar hasta 5.000 millones de metros cúbicos anuales, y una terminal de hidrocarburos con capacidad para 25 millones de toneladas. Estas instalaciones pretenden reforzar la seguridad energética marroquí, diversificar las vías de aprovisionamiento y ofrecer nuevas posibilidades para el almacenamiento y la distribución de productos energéticos en el Mediterráneo occidental. La zona industrial y logística asociada abarcará 700 hectáreas y contempla inversiones privadas de aproximadamente 12.000 millones de dírhams.

La dimensión territorial constituye otro elemento esencial. El Gobierno marroquí pretende que Nador West Med no sea simplemente un enclave de tránsito de mercancías, sino el núcleo de un nuevo polo industrial, comercial y logístico capaz de modificar la estructura económica de la región Oriental, históricamente menos favorecida que otras áreas del país. Para ello, se proyectó una conexión ferroviaria de 49 kilómetros entre Selouane y el complejo portuario, así como una autopista de 105 kilómetros desde Guercif. La articulación con las redes nacionales de transporte permitirá vincular las instalaciones marítimas con los centros industriales, agrícolas y comerciales del interior.

Las previsiones oficiales apuntan a la creación, a corto plazo, de 14.000 empleos directos y 20.000 indirectos. El proyecto contempla, además, programas específicos de capacitación profesional para que los jóvenes de la región puedan incorporarse a las nuevas actividades industriales, energéticas y logísticas. El desafío consistirá en conseguir que las inversiones se traduzcan efectivamente en desarrollo territorial, transferencia tecnológica, formación de capital humano y oportunidades económicas para la población local. El propio Rey Mohammed VI ha insistido en que los beneficios sociales de estas grandes infraestructuras deben alcanzar a las comunidades de los territorios donde se construyen.

Una red portuaria para transformar la posición geográfica de Marruecos

Nador West Med debe interpretarse en relación con el precedente de Tanger Med, cuya evolución demuestra la capacidad marroquí para atraer a los principales operadores internacionales y conquistar una posición relevante en las rutas marítimas mundiales. Situado junto al estrecho de Gibraltar, Tanger Med gestionó durante 2025 más de 11,1 millones de contenedores, con un crecimiento del 8,4% respecto del ejercicio anterior, y movilizó 161 millones de toneladas de mercancías. Estas cifras lo consolidan como uno de los principales centros de transbordo del Mediterráneo y de África.

Pero Rabat no pretende detenerse en esos resultados. La reciente reunión presidida por el Rey Mohammed VI confirmó la ampliación del complejo mediante Tanger Med 3, una nueva instalación que incorporará 1.200 metros de muelles y una capacidad adicional de 4,5 millones de contenedores anuales. El proyecto contará con una inversión de 8.000 millones de dírhams y su explotación se apoyará en un acuerdo de concesión con Maersk-APM. Con las nuevas ampliaciones, Tanger Med podría alcanzar una capacidad global de 20 millones de contenedores, situándose entre los diez mayores complejos portuarios del mundo.

La complementariedad entre Tanger Med y Nador West Med constituye, por tanto, una decisión estratégica. El primero ocupa una posición privilegiada en el acceso al Atlántico y al Mediterráneo occidental, mientras que el segundo refuerza la fachada mediterránea oriental y amplía la capacidad marroquí para captar tráficos procedentes de Europa, Oriente Medio y Asia. El Reino construye así una red de infraestructuras que permite diversificar los puntos de entrada y salida de mercancías, mejorar la conectividad industrial y reducir su dependencia de un único centro portuario.

Esta política se inscribe en la Estrategia Portuaria Nacional para 2030, concebida para anticipar las necesidades de la economía, mejorar la competitividad de las cadenas logísticas, garantizar los suministros estratégicos y aprovechar las oportunidades derivadas de las transformaciones del comercio internacional. No se trata solamente de construir muelles y terminales, sino de desarrollar ecosistemas económicos en los que converjan transporte marítimo, ferrocarriles, carreteras, industria, almacenamiento, energía y servicios financieros.

La proyección atlántica y la dimensión africana

La estrategia marroquí adquiere todavía mayor profundidad cuando se observa su proyección hacia el océano Atlántico. El Rey Mohammed VI ha planteado reiteradamente que la fachada atlántica constituye una oportunidad geopolítica para conectar África con Europa, América y los grandes mercados internacionales. En su discurso del 6 de noviembre de 2023, con motivo del aniversario de la Marcha Verde, el monarca expresó su voluntad de transformar el espacio atlántico en un ámbito de integración económica, cooperación y desarrollo continental.

En aquella intervención, el soberano defendió la necesidad de facilitar a los países africanos sin litoral, particularmente los del Sahel, un acceso estructurado al océano Atlántico mediante infraestructuras portuarias, corredores terrestres y plataformas logísticas. La iniciativa refleja una concepción del desarrollo africano que vincula la seguridad y la estabilidad regionales con la creación de oportunidades económicas, la integración comercial y la mejora de las comunicaciones.

En ese contexto se inscribe el proyecto Dajla Atlántico, una de las grandes apuestas de infraestructura de las provincias meridionales. Situado aproximadamente a 40 kilómetros al norte de la ciudad de Dajla, está concebido como un puerto de aguas profundas que combinará actividades comerciales, pesqueras e industriales, con una plataforma logística e industrial asociada. Su construcción permitirá desarrollar nuevas capacidades de almacenamiento, procesamiento de productos pesqueros, actividad manufacturera y transporte marítimo.

La importancia de Dajla Atlántico reside también en su potencial para convertirse en una puerta de acceso a los mercados internacionales para los países del África occidental y del Sahel. La conexión entre el puerto, las redes terrestres y los corredores comerciales regionales podría favorecer el intercambio de materias primas, productos agrícolas, manufacturas y recursos energéticos. De esta manera, Marruecos busca que su fachada atlántica desempeñe una función que trascienda sus propias fronteras y contribuya a la integración económica de una parte sustancial del continente.

La estrategia también contempla el fortalecimiento de la cooperación entre los Estados africanos ribereños del Atlántico y el desarrollo de proyectos de interconexión energética, entre ellos el gasoducto África Atlántica, concebido para vincular a países productores y consumidores de África occidental y favorecer, potencialmente, el abastecimiento de los mercados europeos.

Europa, socio comercial y espacio de proyección

La dimensión europea de esta política resulta particularmente significativa. La Unión Europea constituye el principal socio comercial de Marruecos y representa un destino fundamental para sus exportaciones. Según las estadísticas de la Comisión Europea correspondientes a 2025, el intercambio de mercancías entre ambas partes alcanzó los 62.200 millones de euros. La Unión concentró el 33,7% del comercio exterior marroquí, mientras que el 33,2% de las exportaciones del Reino tuvieron como destino los mercados europeos.

La existencia de instalaciones portuarias modernas y competitivas facilita la integración de Marruecos en las cadenas industriales europeas, particularmente en sectores como la automoción, la aeronáutica, los componentes electrónicos, la industria agroalimentaria y los fertilizantes. La reducción de los tiempos de transporte, la disponibilidad de terminales especializadas y la proximidad geográfica permiten fortalecer los vínculos entre las empresas marroquíes y los centros productivos europeos.

Esta transformación tendrá también consecuencias para el sistema portuario español. La expansión de los puertos marroquíes incrementará la competencia por los tráficos de transbordo y las rutas comerciales del Mediterráneo occidental y del Atlántico. Sin embargo, también abre oportunidades para la cooperación empresarial, la prestación de servicios marítimos y el desarrollo de cadenas logísticas compartidas. La participación de compañías internacionales y la presencia de empresas españolas en actividades vinculadas a los nuevos complejos muestran que competencia y cooperación pueden desarrollarse simultáneamente.

En definitiva, la inauguración de Nador West Med representa mucho más que la puesta en funcionamiento de una nueva terminal de contenedores. Constituye una expresión material de la visión estratégica de Mohammed VI, que ha convertido la infraestructura marítima en uno de los instrumentos centrales de la modernización económica y de la proyección internacional del Reino.

Marruecos aspira a aprovechar su posición entre el Mediterráneo y el Atlántico para convertirse en una plataforma de intercambio entre Europa, África, América y Asia. Nador West Med, Tanger Med y Dajla Atlántico son piezas de una misma arquitectura geoeconómica, destinada a reforzar la soberanía logística y energética del país y a ampliar su participación en el comercio mundial.

La operación inaugural presidida por Mulay Hassan, siguiendo las directrices de su padre, simboliza precisamente esa continuidad. Detrás de los grandes muelles, las grúas y las terminales se encuentra una concepción del desarrollo nacional que vincula infraestructura, industria, empleo, conectividad y diplomacia económica. El propósito de Rabat no consiste únicamente en disponer de puertos capaces de competir con los grandes centros marítimos internacionales, sino en convertirlos en motores de una nueva relación entre Marruecos y África y entre el continente africano y los mercados mundiales. Una apuesta cuyo alcance definitivo dependerá de la capacidad de transformar las inversiones en productividad, prosperidad compartida e integración regional.

 

lunes, 2 de noviembre de 2026

El fin de la MINURSO y el nuevo escenario del Sáhara: Marruecos interpreta el cierre de una etapa de 35 años


 

La falta de acuerdo en el Consejo de Seguridad para renovar el mandato de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental abre una nueva fase en el contencioso. El comunicado del Gabinete Real del 30 de octubre de 2026 presenta el desenlace como un avance hacia la consolidación de la soberanía marroquí sobre sus provincias del Sur. Detrás de esta interpretación se encuentra una estrategia política y diplomática impulsada por Mohammed VI desde el comienzo de su reinado, orientada a transformar los términos internacionales de la controversia, ampliar los apoyos al Plan de Autonomía y reforzar la integración económica, institucional y territorial del Sáhara en el Reino.

 

Buenos Aires - La decisión de no renovar el mandato de la MINURSO constituye un acontecimiento de especial trascendencia para la diplomacia del Magreb y para el sistema de Naciones Unidas. No resuelve automáticamente el diferendo, pero modifica sustancialmente las condiciones institucionales en las que se había desarrollado durante más de tres décadas. Para Rabat, representa el agotamiento de un mecanismo internacional que, desde su perspectiva, había terminado por perpetuar una situación de bloqueo en lugar de facilitar una solución política definitiva.

El comunicado difundido por el Gabinete Real el 30 de octubre expresa esa valoración con particular claridad. El Palacio considera que la no renovación constituye «una evolución importante y un paso significativo hacia el cierre definitivo del expediente del Sáhara marroquí en las Naciones Unidas». La declaración vincula el acontecimiento con la Fiesta de la Unidad, instituida por el rey Mohammed VI, y lo presenta como la culminación de un cambio de orientación: abandonar una política centrada en administrar indefinidamente el conflicto para avanzar hacia una transformación de sus parámetros políticos y diplomáticos.

La formulación no es meramente protocolar. Expone la interpretación que la monarquía hace de un proceso que ha ocupado un lugar central en la política exterior marroquí y que, durante el reinado de Mohammed VI, ha pasado a constituir uno de los principales ejes de su proyección internacional.

De una misión de paz a un mecanismo de negociación bloqueado

Para comprender el alcance de la decisión es necesario remontarse a 1991, cuando el Consejo de Seguridad aprobó la Resolución 690 y estableció la MINURSO, en aplicación del plan de arreglo elaborado conjuntamente por Naciones Unidas y la entonces Organización para la Unidad Africana. El acuerdo contemplaba un período transitorio y la celebración de un referéndum en el que la población del Sáhara pudiera optar entre la independencia y la integración en Marruecos. La misión debía supervisar el alto el fuego y organizar las condiciones necesarias para realizar aquella consulta.

Sin embargo, el desacuerdo sobre la identificación de los votantes, la delimitación del cuerpo electoral y las condiciones políticas de la consulta impidió que el referéndum llegara a celebrarse. Las sucesivas negociaciones tampoco consiguieron establecer un procedimiento aceptado por las partes. De esta manera, la MINURSO fue prolongando su existencia mediante renovaciones periódicas de su mandato, mientras el objetivo fundamental que había justificado su creación permanecía incumplido.

Con el transcurso de los años, la misión adquirió una función adicional: observar la situación militar y contribuir a evitar una escalada de las hostilidades. El alto el fuego de 1991 proporcionó un marco de relativa estabilidad durante casi tres décadas, aunque nunca resolvió las diferencias políticas de fondo. Su ruptura, en noviembre de 2020, modificó considerablemente el escenario. Desde entonces, la región quedó expuesta a incidentes militares, operaciones de baja intensidad y una creciente utilización de medios tecnológicos, incluidos drones.

La misión continuó desempeñando tareas de observación, pero su capacidad para garantizar efectivamente la estabilidad se vio condicionada por el deterioro de las relaciones entre las partes y las restricciones operativas. La ausencia de avances en la solución política, unida a la persistencia de las tensiones militares, alimentó las dudas sobre la eficacia del dispositivo internacional.

En este contexto, la decisión de octubre de 2026 no surgió de manera repentina. Fue el resultado de una evolución diplomática en la que también influyó el cambio progresivo de las posiciones de los principales actores internacionales.

Un antecedente decisivo fue la presentación, en 2007, de la Iniciativa Marroquí para la Negociación de un Estatuto de Autonomía para la Región del Sáhara. La propuesta planteaba establecer instituciones regionales con competencias legislativas, ejecutivas y judiciales en materias determinadas, manteniendo las atribuciones soberanas fundamentales en manos del Estado marroquí. Rabat defendió que este modelo permitiría compatibilizar la unidad nacional con un amplio régimen de autogobierno territorial.

La iniciativa modificó el planteamiento diplomático marroquí. Hasta entonces, la controversia había permanecido estrechamente vinculada al marco de autodeterminación establecido en los acuerdos de 1991. Con el Plan de Autonomía, Marruecos procuró trasladar el centro de gravedad de las negociaciones hacia una solución política basada en el autogobierno bajo soberanía nacional.

La propuesta no produjo un acuerdo inmediato, pero adquirió progresiva relevancia en las discusiones internacionales. Su importancia quedó especialmente reflejada en la Resolución 2797, aprobada por el Consejo de Seguridad en octubre de 2025, que prorrogó el mandato de la MINURSO hasta el 31 de octubre de 2026 y respaldó la iniciativa marroquí como base para las negociaciones. El texto reconoció que una autonomía genuina podía constituir el resultado más viable, sin abandonar la referencia a una solución política mutuamente aceptable.

El desenlace en el Consejo de Seguridad

El episodio definitivo se produjo el 30 de octubre de 2026, durante la reunión del Consejo de Seguridad convocada para decidir el futuro de la misión. Estados Unidos presentó un proyecto de resolución que pretendía renovar el mandato durante un año, pero introducía modificaciones sustanciales en su orientación política. La iniciativa buscaba adaptar la misión al nuevo escenario diplomático, reducir la centralidad de la preparación del referéndum y establecer el Plan de Autonomía marroquí como referencia principal de las negociaciones.

La propuesta estadounidense recibió once votos favorables, pero fue vetada por Rusia. China, Pakistán y otro miembro del Consejo se abstuvieron. Posteriormente, Moscú presentó un proyecto alternativo que proponía una prórroga técnica de la misión hasta octubre de 2027, sin introducir los cambios impulsados por Washington. Esta segunda iniciativa obtuvo solamente tres votos favorables, mientras Estados Unidos votó en contra y once miembros se abstuvieron. Al no alcanzar los nueve votos necesarios, tampoco fue aprobada.

El resultado fue una situación institucional excepcional: el Consejo de Seguridad no consiguió aprobar ninguna resolución y el mandato vigente expiró a la medianoche del 31 de octubre. No hubo, por tanto, una resolución que decretara expresamente la supresión de la MINURSO. Lo que se produjo fue la expiración de su autorización operativa sin que existiera una mayoría suficiente para renovarla.

El 1 de noviembre, Naciones Unidas anunció el comienzo del período de liquidación. Un equipo reducido, bajo la supervisión del Departamento de Apoyo Operacional, quedó encargado de organizar la retirada del personal y de los recursos, devolver los equipos pertenecientes a los países contribuyentes y disponer de los bienes de la organización. El secretario general, António Guterres, solicitó la cooperación de las partes para garantizar un repliegue ordenado

El desenlace refleja también las divergencias entre las grandes potencias. Washington considera agotado un mecanismo que durante 35 años no consiguió organizar el referéndum y busca favorecer una salida política basada en la autonomía. Moscú, por el contrario, sostiene que no debe imponerse una fórmula sin el consentimiento de las partes. Las posiciones de ambas potencias terminaron bloqueándose mutuamente y dejaron a Naciones Unidas sin un instrumento de observación sobre el terreno.

La estrategia de Mohammed VI: de la reivindicación territorial a la consolidación institucional

Para Marruecos, el desenlace constituye la expresión de una transformación diplomática que no comenzó en 2026, sino con la llegada del Rey Mohammed VI al trono, en julio de 1999. Desde el inicio de su reinado, el monarca convirtió la cuestión del Sáhara en una prioridad de Estado y articuló una política destinada a reforzar simultáneamente la presencia institucional del Reino, su desarrollo económico y su reconocimiento internacional.

La estrategia se ha desplegado en diferentes planos. En el ámbito diplomático, Rabat intensificó sus relaciones bilaterales, particularmente con los países africanos, árabes, europeos y las principales potencias internacionales. En el económico, promovió inversiones en infraestructuras, transportes, energía, pesca, agricultura y comunicaciones. En el institucional, impulsó la regionalización avanzada como instrumento para dotar a las provincias del Sur de mayores capacidades administrativas y de gestión.

Uno de los momentos más significativos de esta política fue el discurso pronunciado por el Rey Mohammed VI con motivo del 40.º aniversario de la Marcha Verde, en noviembre de 2015. El monarca anunció la puesta en marcha de un nuevo modelo de desarrollo para las provincias meridionales, concebido para transformar su estructura productiva y convertirlas en una plataforma de conexión entre Marruecos, África occidental y los mercados internacionales.

El programa presentado entonces contemplaba una inversión de 77.000 millones de dírhams y tenía como objetivos incrementar la actividad económica, generar oportunidades laborales y mejorar las infraestructuras y los servicios públicos. El proyecto incorporaba iniciativas vinculadas con los puertos, las carreteras, la energía, la formación profesional y la modernización de las ciudades. Su dimensión estratégica trascendía la política regional: pretendía integrar el Sáhara en una estructura económica de proyección atlántica y africana.

La importancia de esta política reside en que Marruecos no ha limitado su estrategia a la reivindicación diplomática de sus derechos históricos y territoriales. Ha procurado acompañarla con una transformación material del territorio y con la consolidación de instituciones administrativas integradas en la estructura constitucional del Reino. Para Mohammed VI, la legitimidad de la posición marroquí debía sustentarse también en la capacidad del Estado para promover el desarrollo, garantizar servicios públicos y generar perspectivas económicas para la población.

La diplomacia real ha sido otro instrumento fundamental. La intensificación de las relaciones con los países africanos, el regreso de Marruecos a la Unión Africana en 2017 y la apertura de representaciones consulares de numerosos Estados en las provincias meridionales contribuyeron a modificar el contexto internacional de la controversia.

En diciembre de 2020, Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara, Posteriormente, otros gobiernos expresaron su respaldo a la propuesta de autonomía, con distintos grados de formulación diplomática. Francia, en 2024, manifestó que el presente y el futuro del Sáhara se inscribían dentro del marco de la soberanía marroquí y consideró el Plan de Autonomía como la única base para alcanzar una solución política. La evolución de estas posiciones fortaleció la iniciativa de Rabat, aunque no supuso un reconocimiento universal ni eliminó las diferencias existentes en Naciones Unidas.

El comunicado del Gabinete Real del 30 de octubre recoge precisamente esta dimensión internacional. Según la declaración, más de dos tercios de los Estados miembros de Naciones Unidas, incluidos miembros permanentes del Consejo de Seguridad y otras potencias influyentes, respaldan la autonomía bajo soberanía marroquí como marco de solución. Esta cifra corresponde a la valoración expresada por las autoridades marroquíes y refleja la importancia que Rabat atribuye a la acumulación de apoyos diplomáticos.

En esta perspectiva, Mohammed VI ha conseguido consolidar progresivamente el ejercicio de los derechos de Marruecos sobre sus provincias del Sur, reforzando su administración, su integración económica y su reconocimiento político internacional. La monarquía interpreta que el resultado de octubre constituye un nuevo capítulo de ese proceso.

El significado político de la decisión para Rabat

El comunicado real contiene una afirmación particularmente relevante: la no renovación de la MINURSO debería significar también el final del tratamiento periódico de la cuestión en el Consejo de Seguridad, la desaparición de los informes específicos del secretario general y la suspensión de las reuniones estatutarias dedicadas al Sáhara.

Esta aspiración revela que Marruecos pretende modificar no solamente el instrumento de Naciones Unidas, sino también el marco institucional en el que se ha desarrollado el contencioso. Su objetivo es trasladar progresivamente la cuestión hacia un escenario de negociaciones políticas y diplomáticas en el que la propuesta de autonomía constituya el punto de partida y la soberanía marroquí no sea objeto de discusión.

Para Marruecos, la prioridad consiste en preservar la estabilidad de sus provincias meridionales, mantener el compromiso con el alto el fuego y evitar que el nuevo escenario pueda comprometer la seguridad nacional. La declaración del Palacio Real insiste expresamente en esos principios y ofrece cooperación para facilitar la retirada ordenada de los efectivos internacionales.

Una nueva etapa, no todavía el cierre jurídico del contencioso

La decisión del Consejo de Seguridad representa, desde la perspectiva marroquí, un cambio de considerable importancia. El Reino considera que ha llegado el momento de superar una estructura internacional que durante 35 años no consiguió cumplir su objetivo originario y que terminó convirtiéndose, a su juicio, en un mecanismo de prolongación del conflicto.

Para Mohammed VI, el acontecimiento se inscribe en una estrategia de largo alcance: consolidar la presencia del Estado en las provincias del Sur, ampliar los apoyos internacionales, desarrollar una infraestructura económica de proyección atlántica y conseguir que el Plan de Autonomía sea reconocido como la fórmula de referencia para una solución política.

El verdadero alcance del acontecimiento se medirá, por tanto, en la capacidad de transformar este nuevo escenario institucional en un proceso político estable. Marruecos considera que la acumulación de reconocimientos, inversiones y respaldos diplomáticos ha modificado sustancialmente la correlación internacional de posiciones. La desaparición de la misión constituye, para Rabat, la culminación de una etapa y la apertura de otra en la que pretende que la autonomía bajo soberanía marroquí sea el fundamento de cualquier negociación.

La política impulsada por Mohammed VI desde 1999 encuentra así un nuevo punto de referencia. Su objetivo consiste en que la consolidación territorial, el desarrollo económico y la legitimidad diplomática avancen de manera convergente. La cuestión del Sáhara deja de estar condicionada por la continuidad de una misión internacional que no pudo cumplir su cometido original.